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lunes, 30 de diciembre de 2019

Nocturnalia : cuando el invierno toca a tu puerta


Erase una vez una banda sueca que se llamaba Nocturnal, la cual fue conocida en el mundo del hard rock subterráneo gracias a una pequeña joya sonora que se llamó "Until the morning light"; tema que dio pie a la construcción del álbum debut del grupo en mayo de 2013 (reseña-review). Sin embargo, el tiempo transcurrió hasta que fue modificando la propuesta acústica de la agrupación para transformar aquel rock vintage de líricas lúgubres hacia otro senderos llenos de zozobra por medio de otros géneros más crudos; provocando de esta manera que su nombre mutara al de Nocturnalia.

Above below within de marzo de 2015 nos mostró cuáles eran las nuevas intenciones sonoras de la banda, la cual había tenido varios cambios de alineación que provocaron una mayor intensidad en el concepto sin perder aquel sabor retro que les conocimos en su principio. Tras el lanzamiento de este álbum, cada uno de los integrantes se dedicó a otros proyectos: el baterista Dennis Skoglund se dedicó a Night, el guitarrista Linus Lundgren se integró a Year of the Goat y el vocalista Linus Ekermo se convirtió en bajista de Oblivious. Pero lejos de significar el final de la banda, el tiempo transcurrido ayudó para que Nocturnalia se replanteara su estilo y compusiera una obra íntegra conforme a las grandes capacidades compositivas ya demostradas previamente... ¡¡y aquí está el resultado!!


En noviembre de 2019 fue presentado III:Winter, álbum publicado por The Sing Records que fue grabado en octubre de 2018 en los estudios The End. A partir de las bases rítmicas de Martin Blomberg en el bajo y Kalle Elfvin, Nocturnalia nos regala nuevamente una colección de temas adictivos que hacen coincidir el misterio que resguarda la obscuridad con aquel velo melancólico que trae consigo el eterno invierno de Escandinavia. Por lo anterior, no es de extrañarnos que las líricas que versan en cada uno de sus ocho tracks nos hablen sobre las dificultades del tan severo clima, la escasez de alimentos, la falta de luz solar y la lucha extrema por la sobrevivencia.

El misticismo que ha construido la banda sueca para dotar de identidad a su III:Winter se respira de manera inmediata en la inaugural "The calling", tema que simula un intento fallido por escapar de las inclemencias del tiempo mientras la nieve cae sin piedad hasta acumularse por los caminos para evitar cualquier escapatoria. Llevando a un nivel aun más gélido, Nocturnalia nos regala la cuasi-medieval "Come alive", una canción basada en una línea de guitarra acústica que logra remitirnos al abandono que sufren los territorios azotados por el frío que poco a poco sube de intensidad hasta congelar nuestra alma con su perspicaz melodía de voces fantasmales.


Si buscamos los temas con mayor derroche de hard rock lo podemos encontrar en "Forsaken" y su ritmo que semeja a un corcel cabalgando a la mayor velocidad posible sobre los nevados campos de la Europa congelada. De manera continua nos enfrentamos a "Beyond the white", una canción salvaje que impacta por las figuras desconcertantes de su guitarra que realmente logran crear un halo sombrío imposible de eliminar; aunque es necesario resaltar sus arreglos de piano que indudablemente cierran aquel círculo de zozobra necesario en el tema.

Uno de los tracks más interesantes del III:Winter es "By nature", canción que sorprende por su figura inicial construida a partir de una guitarra penetrante y una línea melódica entrecortada que es aprovechada al máximo por Linus Ekermo bajo un cierto sabor lejano al Sting de sus primeras épocas con The Police. Por si fuera poco, Nocturnalia busca que su tercer álbum ronde por diversas sensaciones dentro de los gélidos climas que los han inspirados sin perder aquel toque de obscuridad, algo que queda definitivamente claro en la proto-doom "Winter hyms" con su aletargada y doliente melodía; además de la nebulosa "The son" con aquel tiempo de marcha fúnebre que poco a poco nos arrastra en océanos helados de acordes interminables que provocan nuestro irremediable extravío.


Sin lugar a dudas Nocturnalia no ha abandonado aquel tufo a rock vintage que en algún momento se convirtió en su característica principal, y el primer single del III:Winter es prueba de ello. "Spell of the night" nos golpea de manera directa con aquel acorde resbalado fuera de tono de sus guitarras, algo que de manera inmediata despierta la atención y nos atrapa; pero una vez que escuchamos la línea melódica en las voces de Linus Ekermo mientras los instrumentos suben y bajan de intensidad para construir una tensión perfecta, sabemos que estamos frente a un track sencillo ideal. Por si fuera poco, "Spell of the night" tiene un trabajo visual realizado por Hugo Kalm que nos muestra  a la banda bajo una estética blanco y negro que calza de forma exacta con la esencia del tema entre misticismo y obscuridad mientras disfrutamos de la magia de sus solos de guitarra.

En palabras de la propia banda, "Spell of the night" está inspirada en el Bäckahästen, una criatura que según las leyendas nórdicas se resguarda en las corrientes de agua helada. Este espíritu toma la forma de un bello caballo que atrae a los niños para hacerlos caer en las frías corrientes y provocarles una muerte segura.


Ha valido la espera y  III:Winter es un hermoso regalo a nuestra paciencia. Nocturnalia está de regreso y hace obligatoria la escucha detenida y atenta de su tercer álbum. Es imposible no detectar algunos ingredientes sonoros retomados de gente tan variada como Rainbow y Black Widow, además de las referencias obligadas en el hard rock sueco como lo son Graveyard y Witchcraft; pero lo hecho por Nocturnalia va un paso más allá al dotar de sentido temático a dichos sonidos mientras las adictivas líneas melódicas se aferran a nuestra memoria sin soltarla. Dejemos que sus gélidas notas ingresen a nuestro hogar por las bocinas mientras el frío nos cala hasta los huesos...


jueves, 26 de diciembre de 2019

Blackwater Holylight : los etéreos velos de invierno


Cuando escribimos sobre el álbum debut de la banda norteamericana Blackwater Holylight (reseña-review) vaticinamos que aquella magia onírica desarrollada en sus surcos tendría que seguir su desarrollo hasta construir un estilo propio más allá de la influencia de las ya diversas bandas del hard psych obscuro conformado por mujeres. El tiempo ha pasado desde aquella producción de abril de 2018 y el grupo de Portland se ha reconfigurado en su alineación para que finalmente en octubre de 2019 presenten su Veils of winter, un disco de repaso obligatorio.

Como recordarán, Blackwater Holylight nació en 2016 por la idea original de su vocalista y bajista Alison "Sunny" Farris de conformar una densa banda a partir de mujeres como integrantes de la misma. Ahora para su segunda producción, "Sunny" sigue acompañada por la tecladista Sarah Mackenna y la guitarrista Laura Hopkins, pero se han sumado a su onírica tripulación la baterista Eliese Dorsay y la guitarrista Mikayla Mayhew.


Gracias a la nueva alineación, Blackwater Holylight ha creado un atmosférico disco lleno de ambientes tétricos donde la zozobra se respira a cada rincón. Grabado por Dylan White en los estudios Red Lantern, Veils of winter se distingue de su antecesor debido a sus densas neblinas etéreas de sonido hipnótico que embelesan mientras congelan el alma. Más allá de aquellas tenues cantos de sirena que hechizan al oyente, las mareas acústicas del disco logran construir un ambiente sombrío del que es imposible escapar mientras las encriptadas líricas provocan una mayor desazón a cada melodía escuchada.

El álbum arranca con "Seeping secrets", una obscura melodía de distorsionadas guitarras aletargadas que habla sobre el miedo que recorre la noche mientras extrañas voces que filtran ciertos secretos. Desde el momento que escuchamos esta introducción, sabemos bien que nos enfrentaremos a una sombría obra que jamás despejará los nubarrones que pesan sobre ella, algo queda claramente plasmado en la melancólica "Daylight" y su lamento que anhela la llegada de mejores tiempos.


Veils of winter tiene instantes hechizantes creados a partir de buenas melodías misteriosas que despiertan el morbo como lo hace "Spiders" con su rastrera figura que logra enganchar las neuronas por medio de sus guitarras fuzz. Sin embargo, el segundo álbum de Blackwater Holylight se distingue por su fría somnolencia construida a través de temas oníricos de suaves armonías que fluyen de manera somera como ocurre en "Moonlit" y sus divertimientos sonoros que se mecen hasta lograr el despegue de nuestros pies como si se tratara de un tenue sueño.

La frialdad se puede escuchar en cada una de las notas del segundo disco de Blackwater Holylight, siendo quizá la más tétrica "The protector" con su melodía de paso lento que poco a poco deja absorto al escucha hasta provocar su congelamiento; algo que pasa también en "Lullaby" con su helada brisa que eriza la piel para provocar el arrullo de la mente con la intención de provocar la perdición. Quizá "Death realms" nos retorna a la psicodelia onírica del debut de la banda a partir de sus concretas figuras de guitarra, aunque al final de cuentas todo termina obscurecido bajo aquella neblina impávida que logra bajar la temperatura de todo lo que toca.


"Cortada es la cabeza de tu impotente locura redimida.
Está arruinada, está hirviendo. 
Un desperdicio de piel y huesos.

Después de las heladas montaremos hacia la luz del sol pateando el polvo.
Después de las heladas montaremos hacia la luz del sol vengando al final..."

El track más ácido del Veils of winter es "Motorcycle" gracias a sus afiladas guitarras de su introducción que se convierten en un tema lisérgico y constante que de forma instantánea muerde y no suelta. Acordes secos y desgarradores que semejan un cortejo fúnebre y logran recrear a su alrededor una estética doom, pero al mismo tiempo el tema tiene la capacidad de mutar a una adictiva melodía psicotrópica que ofrece el terreno fértil para un precioso solo de guitarra. Los cúmulos de nieve se posan sobre el suelo obstaculizando el correr de los vehículos sobre los caminos, pero una vez que el hielo se derrita por la luz del sol, las llantas volverán a rodar sobre el asfalto.


Es necesario ser categórico con el juicio del Veils of winter: el disco es tan sombrío y aletargado que no será sencilla su escucha, ya que requiere tener el oído muy fino para detectar sus elementos acústicos más allá de su helada estética y se necesita tener mucha perspicacia para saborear sus etéreas atmósferas. El segundo disco de Blackwater Holylight es onírico sin lugar a dudas, pero se precisa tener pies de plomo para descifrar sus mensajes y lograr el deleite dentro de su denso recorrido. Sin embrago, si eres uno de aquellos arriesgados que gustan de adentrase a los profundos pero tenues laberintos del inconsciente, este disco te será fundamental...


viernes, 20 de diciembre de 2019

Looprider : una ruidosa cajita de sorpresas japonesa


Navegando en las infinitas aguas del ruido y la distorsión, nuestro navío ha llegado a buen puerto nuevamente. Ahora hemos tenido la fortuna de encontrarnos con un monstruo sonoro nacido en la gran isla japonesa que ha logrado construir un impresionante muro de sonido a su alrededor a partir de la recuperación del noise-rock, el shoegaze, el metal alternativo y el stoner metal. A través del antiquísimo símbolo de la serpiente que devora su propia cola, Looprider ha publicado su cuarto álbum de estudio por medio de la disquera independiente Call and Response Records y estas son las palabras que hemos podido escribir tras el poderoso golpe acústico recibido.

Luego de un ecléctico álbum experimental y atomosférico llamado Umi presentado en marzo de 2017 y en el cual se podían detectar influencias tan variadas como King Crimson o Earth, Looprider fundamentó su alineación a través del guitarrista y vocalista Ryotaro, la guitarrista Haruka y el baterista Sean con la intensión de tornar su estilo sonoro hacia aguas mucho más turbias. Una vez logrado el cometido, la banda originaria de Tokio se metió al estudio Chaosk de la mano de Taka Kubo para grabar lo que sería Ouroboros, álbum que se publicaría hasta octubre de 2019 acompañado por una maravillosa portada realizada por Christopher Caterall.


A diferencia de sus discos anteriores, Ouroboros es una granada que explota frente a nosotros sin piedad. Inspirado en los ásperos sonidos de Kyuss, Electric Wizard y la mítica banda nipona Boris, el cuarto álbum de Looprider nos interna en una poderosa tormenta eléctrica saturada de ruido y distorsión de la cual será imposible salir impune. Bajo una hermosa estética acústica basada en una impresionante guitarra de tonos graves y pesados en conjunción perfecta con una guitarra fuzz mientras la batería recrea una lluvia de meteoritos, el trío de Tokio nos ofrece una ruidosa obra de arte que será necesario escuchar con toda la paciencia y agudeza si se desea detectar son elementos fundamentales más allá de sus infinitas capas de sonido.

Looprider nos da la bienvenida con "Sunn", un vómito acústico que inevitablemente recuerda las ruidosas posibilidades de la mítica banda de drone doom que nombra al tema, aunque sus atmósferas melódicas se acercar al rock noise más allá de su estética stoner metal. De igual forma nos encontramos con "Heavenless", una melodía cavernaria revestida en interminables capas de ruido distorsionado que sólo terminan haciendo que el tema se haga aun más impresionante gracias a esas guitarras que se deshacen a través de su propio efecto desgarrador.


Sin embargo, quizá el sello distintivo del Ouroboros está en ese regreso al stoner en su faceta más escandalosa. Para ello  tenemos "Reactor", un infeccioso track de velocidad sostenida y estilo arenoso que ahoga e hipnotiza de manera inmediata e irremediable. Bajo la misma intensidad escuchamos "OK!", otro track rabioso que corre a toda velocidad sobre los polvorientos senderos desérticos; así como "RnR" con su figura soportada en notas constantes y un ruido que se transforma en una tormenta de arena que cubre todo el panorama. De la misma forma nos encontramos con "Dunes" y su riff de ahogado fuzz que se permite mantener la armonía por medio de una cruda línea grave y una batería aferrada que muerde para no soltar jamás.

El cuarto álbum del trío japones logra levantar frente a nosotros un inquebrantable muro de sonido, lo que queda claramente demostrado en el track que bautiza al disco gracias a su instrumental bombardeo que sabe saturar las bocinas y definir el estilo que persigue el grupo en este material discográfico. Aun así, Looprider se permite recuperar sus viejas experimentaciones sonoras como en "Images", el único respiro auditivo del disco construido a partir de oníricos ambientes que nos transportan a lugares fantasmales. Con una sensación de zozobra semejante, "Untitled" comienza ha establecer su sendero hasta lograr una alteración explosiva y definitiva que construye un ruido colosal y rabioso imposible de superar; razón por la cual no se hace extraño que la banda lo haya escogido como conclusión del Ouroboros.


Como primer single promocional del álbum, Looprider ha publicado el video de "NWOBHM", un trabajo visual que nos permite observar a la banda en la plenitud de su capacidad interpretativa mientras su poderoso equipo de sonido conformado por amplificadores Orange y Hiwatt explota en un millón de fragmentos. Con un innegable tufo a stoner, el track avanza como un poderoso V8 sobre el desierto más allá a la vaga referencia en su título al género que transformó al metal al final de los años 70's. No podemos quedar inmunes ante la impresionante belleza de los destiempos en el juego de tambores, los cuales jamás ofrecen tregua a la poderosa combinación de guitarras que entran de manera venenosa al torrente sanguíneo hasta infectar nuestras neuronas de manera irremediable.


Estos es lo que contienen los cuarenta y seis minutos de Ouroboros. Entre aquella mezcla entre stoner y noise, encontramos una colección de melodías bien estructuradas que saben entran al cuerpo más allá del incesante zumbido que no frena un solo segundo. Capas de distorsión que hacen coincidir el desierto y el cosmos mientras el símbolo del eterno retorno a lo mismo nos hace recordar como aquellos viejos estilos sonoros tuvieron su tiempo y espacio, pero que el día de hoy pueden servir para crear nuevas maravillas como esta ruidosa cajita de sorpresas japonesa.


miércoles, 18 de diciembre de 2019

Black Road : obscuridad, magia y humo lisérgico


El mundo del música exige constancia y esfuerzo, elementos ambos que no todos poseen. Aun si ello fuera poco, dentro de la escena del hard rock obscuro la dedicación debe mantenerse con tenacidad ante la inmensidad de opciones que todos los días publican parte de su material. Black Road es una de usa de esas bandas del proto-doom que han ido construyendo su camino poco a poco desde 2015 en base a una red de contactos y amistades en redes sociales con las cuales ha compartido su arduo trabajo hasta lograr la edición de su álbum debut. Finalmente, aquí está Witch of the future...

Cuando escribimos sobre "Bloody Mary", el primer single de la banda originaria de Chicago presentado en marzo de 2017 (reseña-review), sabíamos que estábamos frente a un grupo que tenía en las manos toda la maldad y la magia suficiente para hacer grandes cosas. No todo quedaba reducido a la imagen de su sensual bruja rubia Suzi Uzi en las vocales, Black Road tiene en su soporte instrumental los elementos fundamentales para crear una colección de temas hipnóticos y adictivos dignos de su género sonoro. Los desgarradores riffs de guitarra de Tim Morano, la grave profundidad de las líneas de bajo de Casey Papp y la precisión en las percusiones de Robert Gonzales logran construir a su alrededor la atmósfera perfecta para que la impactante dama nos ofrezza sus aterradoras historias inspiradas en la obscuridad y la maldad de lo desconocido.


Witch of the future fue publicado en día de Halloween del año 2019, tras tres años de mantener una misma alineación y publicar de manera constante una serie de sencillos que fueron mostrando el camino que habría de recorrer la agrupación norteamericana. Aunque su propuesta nace directamente del proto-doom setentero, al ir recorreindo cada uno de los rincones de su debut podemos detectar algunos elementos de la psicodelia pesada, el metal y el stoner, géneros todos que han encontrado en la segunda mitad del siglo XXI un nicho específico de seguidores y críticos.

Como una forma de demostrar que Black Road es más que una imagen sobre el escenario, su álbum debut comienza con una impresionante introducción instrumental llamada "Purgatory" que sabe bien transformar la zozobra en intensidad a través de una soberbia muestra de la capacidad de Tim Morano sobre las seis cuerdas.  Una vez mostradas las aptitudes sonoras, el cuarteto de Chicago nos asesta un certero golpe sobre las neuronas con la tóxica "Radiation" y su distorsionado arranque que tras algunos segundos torna hacia una lisérgica figura de tiempo aletargado. Mientras escuchamos una lírica sobre un extraño poder que crece al interior de la hermosa bruja, el track toma su sendero hasta lograr atraparnos con su cascada melódica de notas en su punto más álgido.


Al conocer los antecedentes sonoros de Black Road y luego de escuchar el inicio de su Witch of the future, uno podría esperar que el tema que le da nombre al álbum fuera otra granada llena de doom pesado, sin embargo la sorpresa se destapa cuando escuchamos en dicho track una onírica melodía que nos hechiza bajo un ligero tufo de tenue blues psicodélico. Aun así, la banda no soporta la tentación de regresar a lo que saben hacer y de nuevo escuchamos una serie de acordes densos y distorsionados llenos de maldad que lograr desgarrar el alma a través de una mística historia sobre una dama dedicada a la adivinación y a mostrar la fortuna próxima.

Llegados a este punto del disco, tenemos más de quince minutos divididos entre dos imponentes temas y una introducción mágica. Para romper dicha sensación de letargo y perdición, Black Road nos presentan dos tracks certeros de menor duración e intensidad explosiva. Primero escuchamos los poderosos acordes de "Torches" como si se trataran de los pasos de un monstruo colosal y luego tenemos una canción que al inicio de año fue presentada como single. "Blood on the blade"  y su riff lisérgico y concreto es recuperado en el disco con toda la intensión de atrapar la atención y despertar el deseo de seguir escuchando que nuevas cosas nos puede ofrecer el grupo bajo su mística áurea.


El disco cierra con la etérea "End of man", una melodía basada en la magia de la guitarra que se mezcla con las oníricas voces de Suzi Uzi en un denso idilio que de manera lenta nos va sumergiendo en las profundidades de la noche. Por si fuera poco, en la versión digital del álbum encontramos un bonus track titulado "Lament", una pequeña oda construida a través de un melancólico piano que logra recrear a su alrededor una desazogada sensación de vacío y deseo por escuchar algo más.


Para continuar con la promoción del Witch of the future, Black Road lanzó hace unos días un trabajo visual para "Hash king", el track más lisérgico del álbum creado a partir de un riff lento y viscoso heredero del más clásico Black Sabbath. Un humo psicotrópico se filtra por las bocinas entre acordes desgarradores y un canto de sirena que nos relata sobre algunas imágenes caleidoscópicas mientras la hierba seca y quemada corre por el tunel de la pipa con la intensión de encontrar una solución. Siete minutos y quince segundos de música tóxica y psicoactiva que fluye de manera lenta entre múltiples colores y sonidos pantanosos que nacen a partir de nuestros demonios internos.


Witch of the future es un álbum bien logrado no sólo por el poder interpretativo de la banda y su capacidad para llevarnos de la magia onírica a la desazón del ruido y la distorsión, sino también por el gran trabajo de producción técnica que existe en él gracias a la grabación realizada por John Becker y Alec Haley en los estudios Roosterbat, además de la siempre poderosa masterización de Tony Reed, guitarrista de Mos Generator. El doom lisérgico de Black Road mostrado en su álbum debut logra caminar por distintos senderos, obteniendo así la capacidad de mutación necesaria para que una banda no se atasque dentro de su brea obscura sin posibilidad de escape. Sin lugar a dudas, el cuarteto de Chicago ha logrado crear un hermoso y obscuro material, pero ahora será momento de encaminar sus pasos al siguiente nivel...


lunes, 16 de diciembre de 2019

King Hobo : el retorno del rey vagabundo


Cuando se publicó el álbum debut de King Hobo allá por el 2008, el material discográfico se anunció como el encuentro entre Per Wiberg (tecladista de Opeth y Spiritual Beggars) y Jean-Paul Gaster (baterista de Clutch), algo que a primeras luces llamaba la atención. Tras investigar un poco más, otra sorpresa se sumaba al proyecto: la participación del guitarrista de Kamchatka, Thomas Juneor Andersson. Al conocer los antecedentes musicales de cada integrante de la superbanda, la incógnita obligaba a bajar la aguja sobre los intrigantes surcos.

En su momento, aquella placa grabada en tan sólo una semana buscó la recuperación del hard blues de manera obvia por las referencias de cada uno de los miembros, a los cuales se sumaba como bajista Ulf Rockis Ivarsson. Luego de aquella joya perdida entre los grandes océanos del tiempo y el sonido, en el mes de abril de 2019 se anunció el lanzamiento del primer single promocional de lo que sería Mauga, el segundo álbum de King Hobo que sería presentado hasta el último día de mayo de 2019 por medio de la disquera Weathermaker Music.


Mauga fue grabado en el estudio Varberg bajo el control técnico de Tobias Strandvik, quien además de ser baterista de Kamchatka ha trabajado en distintos procesos de grabación con gente del nivel de Witchcraft, Arch Enemy y Dragonforce. Sin emebrago, para esta ocasión la banda se ha reducido a un trío conformado por Andersson, Gaster y Wiberg, donde éste último se ha encargado de grabar los bajos eléctricos junto con los teclados ocasionales.

Esta segunda entrega de King Hobo está pensada a través de la metáfora de una gaviota migrante que viaja sin descanso por el mundo con la intención de observar a su paso todo lo que existe en él. De manera lógica seguimos escuchando la magia del hard blues del siglo XXI, pero la mismo tiempo podemos escuchar la esencia del hard rock cercano al Deep Purple setentero como queda claramente demostrado en la poderosa "Dragon's tail" con aquel intenso solo de guitarra; así como podemos saborear  el stoner concebido a la forma de la costa este norteamericana como lo demuestra la breve pero intensa "Listen here" con este bajo comprimido que es un verdadero caramelo, además de la entrecortada "Move to the city" con su innegable esencia Clutch.


La nueva entrega del super trío está soportada en su interpretación que hacen al blues electrificado, desde la obvia "King blues" con aquel sabor melancólico hasta ese blues moderno que escuchamos en la instrumental "New Or-Sa-Leans", un tema que nos demuestra la gran imaginación compositiva de la que hacen alarde King Hobo. Y por si fuera poco, aquel track que le da nombre al álbum con su ambientación portuaria logra de manera definitiva sumergirnos en los densos sonidos del sentimiento bluesero a través de algunas posibilidades que el jazz moderno

Sin embargo, Mauga se permite explorar otros terrenos sonoros que nos hacen conocer otros gustos musicales de sus reconocidos integrantes. Es innegable el toque funky de "Good stuff"que bien puede surcar las aguas propias de Clutch hasta el repertorio clásico de los Red Hot Chili Peppers, aunque la mayor sorpresa la escuchamos en la tenue balada "How come we're blind" con sus teclados prestados por The Beatles. Finalmente nos encontramos con "Twilight harvest" y aquella sombría melodía que poco a poco sube de intensidad pero que al mismo tiempo se permite un espacio para la improvisación a través de su tersa calma.

"Esperando en la obscuridad, cambio de tripulación.
Información secreta sobre nuestro destino.
Enrollando nuestras mangas, un mal camino.
Los graneros están volando, atrapa uno sobre la marcha.

Con un nuevo par de zapatos y una mente atrevida
prepárate para un paseo vagabundo...
Nosotros siempre viajamos gratis.

Dirigiéndose hacia el oeste, un tiro caliente.
Dura competencia, un vándalo en la misión
Cubiertos por la luna, un sombrero de copa.
No hay toros a la vista, estamos listo para la luz."

Uno de los temas más interesantes del Mauga es "Hobo ride", tema que hace alusión a la estética del álbum realizada por Hippograffix sobre viajes intensos donde el destino es desconocido y lo importante es el trayecto en sí. La itensidad de su riff inicial ofrece la bienvenida ideal al álbum mientras al mismo tiempo construye un soporte perfecto para un track poderoso que bajo sus enormes capas de distorsión podemos saborear un clásico hard blues confesado en la estructura armónica que acompaña al cósmico solo de guitarra. tema directo y sin contemplaciones que en tan solo tres minutos confiesa todo lo que contiene King Hobo bajo su poder.


Debido a los compromisos que tiene cada uno de sus integrantes y a la distancia implantada por el Océano Atlántico, una serie de presentaciones en directo por parte de King Hobo resulta casi imposible. Sin embargo todo es posible, ya que alguna vez el super-trio se reunió para tocar en una mítica sesión en 2012; y como dato anecdótico, es de aquel cartel de promoción de dicho evento de donde salió la inspiración para la portada del Mauga. Quizá los astros se alineen en un futuro y tengamos la posibilidad de escuchar el contenido de este álbum en directo,  pero lo pronto sólo nos queda el consuelo de escuchar esta pequeña maravilla construida por excelentes músicos en un intento por crear cosas distintas a las que nos tienen acostumbrados...


viernes, 13 de diciembre de 2019

Karkara : entre mantras eléctricos y ritmos tribales


"Es de noche:
ahora se despiertan todas las canciones de los amantes.
Y también mi alma es la canción de un amante..."
Friedrich Nietzsche, "Así habló Zaratustra" (1883)

Luego de varios años escarbando entre las distintas arenas esparcidas por el globo terráqueo, la suerte a dirigido a Earthquaker para tocar buen puerto y descubrir verdaderos tesoros sonoros. Dentro de las amplias posibilidades acústicas del hard psych y el garage ácido, existen diversos grupos que se han arriesgado al fusionar la llamada "música del mundo" en un intento intercultural de hacer coincidir las antiguas líneas melódicas de ritos olvidados y pueblos desconocidos con aquel rock lisérgico ávido de inspiración que provoque la construcción de mantras eléctricos.

Nuevamente hoy los vientos de la fortuna han orientado las velas de nuestro barco hacia las turbias aguas de Karkara, banda formada en Toulouse, Francia que ha publicado a finales de octubre de 2019 por medio de la disquera Stolen Body Records su alucinante álbum debut Crystal Gazer. En un intento por mezclar el poder del fuzz y el garage con los exóticos sonidos surgidos en Medio Oriente, el grupo ha logrado conformar un disco hipnótico lleno de magia y poder que provoca el despegue de los pies hacia lejanas constelaciones.


Para alcanzar este objetivo sonoro, Karkara suma a la instrumentación tradicional de una banda de rock la magia de las percusiones antiguas y las estremecedoras vibraciones del didgeridoo. El guitarrista Karim Rihani, el bajista Hugo Olive y el baterista Maxime Marouani construyen el soporte eléctrico lleno de distorsión y acidez digna del hard psych mientras las vocales entonan melodías místicas  que poco a poco recrean densas atmósferas imposibles de disipar. Si uno está buscando algo que provoque el viaje interno bajo la sombría estética auditiva del Medio Oriente mientras la electricidad toma el control de nuestro itinerario, el destino seguro sería Crystal Gazer.

Lógicamente Karkara no han encontrado el hilo negro, y al escuchar su debut nos llega a la memoria de manera inmediata las referencias sonoras de King Gizzard and The Lizard Wizard, Thee Oh Sees, Killer Moon y ORB, por tan sólo mencionar a algunos. Sin embargo, el trío francés se distingue por levantar a su alrededor ambientes lisérgicos que logran una abducción del escucha hasta su transportación a realidades alternas. Los paseos son largos e intensos, pero dentro de su recorrido sinuoso se pueden detectar pequeños resquicios que sirven de apoyo entre el ruido y el delirio.


Crystal Gazer es un álbum hipnótico de principio a fin, aunque existen temas en él que logran la perdición total. "Zarathoustra" arranca con una figura francamente oriental que es revestida de fuzz, distorsión y voces etéreas hasta que la velocidad se apodera de ella y todo se transforma en una baile desaforado lleno de intensidad imposible de frenar su orgasmo sonoro. De la misma manera, "The way" nos toma de la mano bajo un monótono ritmo que nos envuelve sin opción de escape hasta ahogarnos en su zumbido eléctrico. Aun así, el trío francés logra ofrecer otras texturas sonoras más cercanas al surf y al garage sin perder la esencia del álbum como en su "Jedid", tema que tienen la capacidad de demostrar la gran calidad interpretativa de cada uno de sus integrantes.

El momento álgido del álbum se encuentra en su parte media a través de la hechizante "Camel rider" con aquella melodía sostenida que poco a poco se transforma en música digna de algún antiguo ritual místico hasta provocar el extravío neuronal por medio de la insistencia de sus acordes y su explosión garage. Luego de escuchar un pequeño puente sonoro titulado "Into orchard" con todo y los arenosos vientos del oriente, nos encontramos con el track que le da título al disco, un tema lleno de zozobra que muta lentamente a un ejercicio musical de figura arabesca que poco a poco se desboca en un aquelarre cósmico lleno de magia y erotismo irremediable.


El primer single promocional del Crystal Gazer  fue "Proxima Centaury", track inaugural del álbum que está inspirado en un viaje astral que busca llegar a la estrella más cercana a nuestro sistema solar. Una figura adictiva que mezcla coros mántricos y un insistente didgeridoo nos sumerge en alguna ceremonia pagana frente a un fuego ritual que logra abrir un portal interestelar y provocar el inevitable paseo cósmico hasta aquel paraje desértico lleno de místicas entidades. Mientras observamos el trabajo visual realizado por Guthio, las percusiones nos transportan hacia místicas atmósferas de tiempos remotos y la distorsión eléctrica provocan el recorrido a través de los pasillos internos más recónditos. El poder del wah se mezcla con las imponentes y saturadas líneas de bajo sobre un incesante ritmo atascado de misterio y poder...


El álbum debut de Karkara es una cascada de acordes intensos que de manera aferrada provocan el extravío de los sentidos y abren la puerta a percepciones desconocidas. Una vez que baja la aguja sobre sus lisérgicos surcos, el Crystal Gazer verte su ácido líquido directo a las venas entre múltiples colores y atmósferas sonoras estridentes que basan su poder hipnótico en la intensidad y la persistencia. Una vez que arranca el alucine, no existe retorno posible... pero no importa, la experiencia habrá valido la pena sin lugar a dudas.


martes, 10 de diciembre de 2019

AyahuascA : la magia lisérgica del número cinco


Un sorbo a la ancestral bebida psicotrópica será suficiente para abrir las puertas de la percepción. Tras una ligera prueba del líquido mágico, el espíritu sale del cuerpo sin que el individuo muera durante el trance. La composición química ingresa al ser con la intención de recorrer los distintos senderos psiquicos hasta alcanzar la cura y el conocimiento interno. El preparado de hierbas está listo... ahora es momento de su degustación y comenzar el viaje por el interior.

Con el nombre de AyahuascA nos encontramos con una banda formada en Parma, Italia en 2017 con la intención de recuperar los viejos sonidos de la psicodelia ácida de finales de los años sesenta, logrando así capturar la esencia de sus referentes sonoros como Greatful Death, Jeffersson Airplane, The Jimi Hendrix Experience o Strawberry Alarm Clock. Sin embargo, esta agrupación construye su estilo al hacer coincidir sus influencias con lo hecho por otros grupos que son referentes dentro de la escena actual del hard psych como Black Angels o King Gizzard and the Lizard Wizard, aunque al profundizar  dentro de sus lisérgicas aguas logramos saborear a otras bandas que poco a poco se han hecho de un nombre dentro de este etéreo formato acústico.


AyahuascA es un grupo construido a partir de oníricas voces femeninas que buscan el embeleso como si se tratara del creul canto de las sirenas, pero para lograrlo cuentan con el apoyo musical de varios marineros embrujados que logran construir las atmósferas sonoras ideales para tal cometido. De esta manera tenemos a Domiziana Pritchard en las voces principales, Becky Sahira en los teclados y voces de apoyo, Mek Spazio en las guitarras, Andrea de Dominicis en el bajo y Matteo Orzi en la batería.

A través de la pequeña disquera Salty Dog Records, AyahuascA publicó en noviembre de 2019 su álbum debut Naad, un disco creado a partir del concepto de una entidad antropomórfica que representa al aparato auditivo y la metáfora de un universo sumergido. Bajo una lógica que enfrenta lo terrible y lo destructivo contra lo afrodisíaco y el éxtasis, la banda italiana desarrolla densos ambientes que invitan a pasear por el inconsciente humano por medio del sonido y la capacidad de escuchar nuestras emociones.


Al bajar la aguja sobre los surcos de Naad, nos encontramos frente a la disyuntiva de la instrumentación ácida y las vocalizaciones oníricas, logrando de esta manera que el álbum construya a su alrededor un efecto narcótico. Por lo mismo, el debut de AyahuascA puede desarrollar temas tersos que poco a poco hechizan como "Masses" con aquel ligero toque pop, pero de manera contradictoria podemos escuchar canciones hipnóticas de teclados profundos como en "The black one" donde se puede detectar algunos elementos garage.

Tras un tenue pasaje instrumental llamado "Underwater", nos encontramos con "The seer & the queen" y su misteriosa línea de bajo eléctrico que delimita la melodía hasta que todo se cubre de un halo de zozobra que eriza la piel. De igual manera, AyahuascA  recrea momentos de suspenso que bien pueden dejar a la deriva de la gravedad cero como queda demostrado en "Inner space", pero luego de provocar la elevación, el quinteto italiano nos ofrece en "I wanna fall" un tema teatral de tiempos aletargados que intentan regresarnos los pies a la tierra. El poder de la guitarra wah se puede escuchar como sustitución ideal de la voces en la acompasada "Before death" mientras un  extraño mantra se levanta a nuestro alrededor, lo que nos obliga a comparar el estilo sonoro del grupo de Parma con lo que hacen otras bandas con integrantes femeninas como Kabbalah o Stonefield.


"Cinco pasos para no quejarse
Cuenta hasta cinco y repite: uno, dos
Cinco son los ecos en el valle
Cinco son los años, las horas, los océanos
Oh estrella de la mañana enciéndelos
Ayúdame a aprovechar la caída
Fluyendo de la fuente del mal
El pozo de la sabiduría brilla.

Mujer, madres viciosas
costados viciosos
A la elegida la conozco y siempre lo he sabido

Ella mueve las piezas en el tablero de ajedrez
Los papeles blancos cantan, yo respondo
Han pasado cinco años
Intenta tú mismo juntar
todos los símbolos que dibujo
Dime los números que conozco
Mis ojos se secan y secan 
mientras leo la última página."


El primer single promocional del Naad es "Vicious mothers", un track de lírica esotérica llena de referencias mágicas a través del uso de la numerología, donde el número cinco se hace trascendental a través de sus referencias directas, la duración exacta de cinco minutos de la grabación y los cinco miembros que conforman a AyahuascA. Los hipnóticos teclados se unen con el vapor lisérgico que es inhalado hasta que todo se transforma en una ilusión ahogada en referencias místicas e instrumentos ácidos que se funden con las imágenes caleidoscópicas y el ruido blanco de una antigua televisión sin recepción. Mientras el cosmos es reflejado por los cinco extraños seres cubiertos con una obscura túnica según lo que nos ofrece el video promocional realizado por Andrea Alberici, "Vicious mothers" nos ofrece los elementos primordiales que identifican el estilo sonoro del quinteto italiano: vieja psicodelia hechizante, etéreas voces femeninas y melodías sombrías que de manera inesperada nos atrapan con algún estribillo adictivo.


Así como lo describe directamente la banda, Naad es una invitación a viajar en el interior de uno mismo por medio de la psicotrópica propuesta sonora y el embrujo del canto de sirenas que enamoran y provocan la perdición. Una vez extraviados en los más lejanos rincones del inconsciente, el hechizo construido por AyahuascA permite que aquella extraña bestia acústica tome el control de nuestros sentidos y provoque la ruptura de las riendas con las que intentamos controlar nuestras emociones. Naad entra de manera directa a las trompas de Eustaquio, y una vez en el interior, cualquier cosa es posible...


viernes, 6 de diciembre de 2019

Pseudo Mind Hive : la fluorescente escena psych australiana


Para nadie es un secreto que desde hace algunos años Melbourne se ha convertido en el epicentro del hard psych dentro de sus muy diversas facetas. Los nombres de King Gizzard and the Lizard Wizard, Foot, Stonefield, Devil Electric y Winter Moon llegan de manera inmediata a nuestra mente, sin embargo desde hace muy poco tiempo existe otra agrupación que ha llamado mucho la atención gracias a sus etéreas voces, teclados atmosféricos y sus desgarradoras figuras llenas de energía e imaginación. Bajo la sugerente denominación de Pseudo Mind Hive nos encontramos con un interesante combo que exige nuestra atención...

En junio de 2018 nos llegó desde las lejanas tierras australianas el álbum debut de una banda que jugaba con los sabores ácidos de la psicodelia cósmica bajo la premisa de crear una colección de temas que provocaran la levitación hasta lograr el irremediable choque de nuestras cabezas contra la estratósfera. From elsewhere era un material de acordes rudos que de manera contradictoria se enfrentaba a un conjunto de voces nebulosas, una áspera tormenta de asteroides alucinógenos donde los riffs asesinos clavaban sus uñas en las neuronas mientras el dulce somnífero vocal nos relataba historias sobre extraños planetas.


Una vez sacudidos por los crudos acordes, Pseudo Mind Hive decidió cambiar su ruta sonora hacia aguas mucho más oníricas, por lo que se vio en la necesidad de recurrir a los servicios de Jesse Joannou en los teclados. Sin olvidar la intensidad de la base sonora construida por las guitarras de Chritopher Hockey, Mark Vincini, el bajo de Jack Ainsworth y las percusiones de Samuel Drew Rumoro, la banda de Melbourne se arriesgó a pisar terrenos más atmosférico a través del poder de los viejos órganos y los sintetizadores hasta crear una amalgama que hace coincidir la aspereza del viaje ácido con la tersura de la ensoñación.

Bajo el nombre de Of seers and sirens y su publicación a través de Salty Dog Records, el segundo disco de Pseudo Mind Hive nos toma de la mano para realizar largos paseos instrumentales donde es sencillo extraviarse, aunque su áurea mística logra contener la pérdida y las figuras melódicas de alta potencia nos devuelven al suelo. La colosal "Gaze of Ptolemy" con sus abismales recorridos es quizá el ejemplo perfecto de los nuevos deleites acústicos que ofrece el grupo australiano, algo que pasa de manera semejante con la enigmática "Equinox" con sus laberínticos recorridos que provocan la sensación de abandono en la ausencia de gravedad dentro de algún lugar olvidado entre la inmensidad del Universo.


Sin embargo,  Of seers and sirens es un álbum que sabe ofrecer otros sonidos más allá de sus largas odas llenas de referencias progresivas. La inaugural "Sails at dawn" toma como soporte fundamental la aspereza del efecto fuzz para crear un denso tema con referencias melódicas que divagan entre el stoner clásico y el doom lisérgico, algo que occurre de manera similar con la concluyente "Broken colours" y sus aletargados ritmos que tras varios minutos logran ceder para ofrecernos una melodía hipnótica

Como una forma de contrarrestar los densos sonidos creados en "Equinox", Pseudo Mind Hive nos ofrece en su contraparte "Solstice" un divertimento instrumental que saber probar diversas texturas mientras las banda demuestra la facilidad que tiene para migrar de los suaves pasajes hacia los acordes salvajes mediante la magia astral de los sintetizadores. Pero más allá de la atmósfera electrónica, los australianos nos muestras otras opciones por medio de la introducción del tema que bautiza al disco, un track que se transforma de manea drástica en un ácido himno de notas insistentes y líricas fantásticas donde videntes y sirenas se mezclan con la bruma sonora que sabe construir el grupo australiano a su alrededor.


"En la obscuridad habita el soñador
en la obscuridad reina Hypnos
La luz te aleja
En la luz tu mente despertará.

Las llamas se filtrarán desde abajo
Corrosión y descomposición
El sueño encontrará el camino
El sueño nace en las llamas.

Y a través de la noche esto es brillante
Los sueños muertos quedan atrás
La puerta dice tu nombre
Tus ojos se abren de nuevo"

El primer sencillo promocional para Of seers and sirens es la alucinante "The dreamer's burning door", onírico track de hipnótico teclado y figuras melódicas que se desbocan a la menor provocación, algo que de manera inmediata entra en el gusto de quienes buscan hard psych incendiario. Mientras las guitarras cabalgan, los tonos graves del bajo ofrecen profundidad y la batería una tormenta de golpes de percusión que intentan sacudirnos de las imágenes oníricas. Para acompañar este salvaje single, la banda publicó un cómico video realizado por Dylan Murphy y Tom Henry Jones que nos muestra la historia del "chico del sonido" que ha llegado demasiado tarde a una presentación de Pseudo Mind Hive en la cual hay un solo espectador quien no observa a la banda por estar perdido en su teléfono celular.



Efectivamente, Of seers and sirens camina sobre una cuerda floja que deriva entre su distintivo hard psych y los ambientes progresivos del krautrock, pero al final de sus casi 47 minutos, el quinteto australiano deja un buen sabor de boca y hasta la perspectiva de un futuro prometedor para una banda que ha sabido expandir sus horizontes sonoros hacia múltiples posibilidades. Pseudo Mind Hive se ha sumado al ecléctico estilo sonoro de las diversas bandas de hard psych de Melbourne, una caja repleta de sorpresas que logran atrapar la atención de los oyentes quienes buscan rescatar todos y cada uno de los elementos que constituyen su propuesta mientras preparan sus neuronas para la siguiente sacudida acústica...



miércoles, 4 de diciembre de 2019

The Black Furs : el blues de la muerte


Desde varios años, Argentina se ha convertido en un referente obligado para quienes buscan sonidos espesos ahogados en fuzz inspirados en obscuros rituales dedicados al maligno y en mujeres con dudosa reputación. Los nombres de gente como Mephistofeles o Fulanno suenan de manera inmediata en los rincones de nuestras oxidadas neuronas, pero al escuchar la mención a The Black Furs sabemos que estamos frente a una de las bandas más importantes del doom lisérgico de nuestro continente gracias a esa mezcla entre blues electrificado y sonidos atascados en aspereza y maldad.

Si su debut Doomed blues fue una obvia declaración de intenciones y referencias sonoras de 2016 donde se podía escuchar acelerados temas de rock n' roll salvaje inspirados en los viejos sonidos del delta del Mississippi y hasta en el rock desértico que algunos han etiquetado como stoner, la nueva placa de larga duración de la banda argentina es una definición de su estilo hacia las profundidades abismales de los tiempos aletargados y la estridencia auditiva fundamentada en la estridencia de las guitarras.


The Black Furs publicó en agosto de 2019 su Stereophonic freak out vol. 1, un álbum crudo de principio a fin que acaso resguarda algunas trazas de lo que fue su debut. Lejos de ser un rompimiento con su estilo, la banda conformada de manera primaria por el binomio Diego Rey en cuerdas y Eloy Sariego Sierra en percursiones continúa de manera lógica el desarrollo de su sonido hacia elementos llenos de morbidez y lujuria entre una espesa bruma de ruido, feedback y distorsiones tenebrosas. Sin embargo, para logra el registro de la placa el grupo cuenta con las participaciones de diversas personas como Eloy García, Paula Giribaldi, Daniel Gómez, Mariano Decaria o Melissa Spence, quienes colaboran haciendo voces, efectos, percusiones y grabaciones de radio.

Sin lugar a dudas, para esta ocasión The Black Furs nos ha regalado un disco salvaje que nos remite a prehistóricos rituales que mezclan la magia, la obscuridad y la sexualidad para ser dedicados a dioses malignos y entes místicos sedientos de sangre virgen. Bajo un concepto sonoro que la propia banda ha llamado como "blues of death", los argentinos nos recetan una tormenta de meteoritos que caen sobre nosotros con toda su fuerza y gravidez sin piedad alguna.


El escándalo comienza a través de "Smoke it alone", una muestra precisa de lo que debe de ser el papel de las percusiones dentro del doom más ácido y una pequeña advertencia de lo que será el Stereophonic freak out vol. 1: un reto para los oídos sensibles y un oasis para quienes buscan agua fresca dentro de la obscura música estridente. Enseguida podemos escuchar "Shock me cold", un megalítica oda que en lo más profundo de su docena de capas ruidosas se puede saborear la esencia del blues más denso, aquel género que determinó el nacimiento del heavy metal y el futuro doom gracias a las manos mágicas de Toni Iommi y Black Sabbath. En dicho temas podemos disfrutar pequeños instantes tribales, un maravilloso solo de guitarra en wah y hasta un orgasmo construido a través de un acelerado riff que nos arrastra a la destrucción de todo ante nosotros.

Asimismo, Stereophonic freak out vol. 1 desarrolla dos colosos con más de diez minutos cada uno, los cuales son una muestra clara de los nuevos fundamentos sonoros de la banda de aquí en adelante. "Wolfspit" es un aletargado lamento que recuerda a los maestros Electric Wizard gracias a su jadeante melodía y la pesada atmósfera llena de lisérgicos y zumbidos infinitos, aunque al mismo tiempo se permite encontrar un espacio para la improvisación inspirada en el blues electrificado de finales de los años sesenta. De la misma manera, encontramos en "Primitive hell" a un mastodonte tratando de escapar de una fosa llena de brea, un intento frustrado por sacar sus pesadas extremidades de la sustancia viscosa hasta que la muerte se posa sobre la enorme bestia y su alma trasciende a otros planos de la realidad.


Sin embargo, The Black Furs no abandonó del todo sus orígenes y dentro de aquella maraña de ásperos sonidos densos podemos escuchar un blues acústico surgido de lo más profundo de la América negra con su "Don't put so easy my name on a grave", quizá un ligero recordatorio a la poderosa influencia del Led Zeppelin experimental y su "Hats off to (Roy) Harper". Por si fuera poco, los argentinos también nos ofrecen otro breve puente sonoro de transición en "Eucharist of venom", una mística melodía de origen oriental (¿ a lo mejor hindú?) que logra hacer referencia a la portada del álbum creada por ZZ Corpse entre mujeres enigmáticas, magia y serpientes hipnotizadas.


El primer single promocional que se desprende del Stereophonic freak out vol. 1 es "Black Limousine Blues", un track que confiesa su origen genérico a través de su obvia línea melódica mientras juega con la potencia y la distorsión entre referencias a vampiros y demonios. De hecho, los argentinos tienen bien definido lo que podría ser el doom-blues como género musical gracias  a la mezcla de ritmos lentos y adoloridos bajo una atmósfera impenetrable de sonido y efectos que retan al más arriesgado


Mujeres desnudas recortadas de alguna olvidada revista pornográfica a blanco y negro, historias inspiradas en antiguas películas Serie B caracterizadas por malas actuaciones e historias de terror creadas con muy bajo presupuesto, y un sonido áspero que sabe equilibrar los primeros instantes de la música como pesadumbre y dolor frente a la estridencia del nuevo siglo. Eso es Stereophonic freak out vol. 1 y sin contratiempos The Black Furs lo logra. Sin más, el disco se convierte en un material de escucha obligada para los que buscan los nuevos senderos del doom lisérgico, pero de manera  primordial, para los que desean conocer las nuevas posibilidades del rock como medio de expresión sin límites ni cadenas...


viernes, 29 de noviembre de 2019

Hazemaze : un densa neblina se posa sobre la ciudad


Cuando vaticinamos que Hazemaze podría ser la nueva banda favorita de los amantes del proto-doom, no nos equivocamos. El trío de Estocolmo ha publicado su segundo álbum y con él han confirmado aquella magia mística creada sobre acordes lentos y pegajosos que terminan arañando la piel a su sombrío paso. Sin embargo, para esta ocasión tenemos rabia, intensidad y maldad, lo que termina añadiendo a su propuesta sonora el toque ideal que requería para hacerlo genial.

Si aquel álbum debut publicado de manera digital en febrero de 2018 fue una afilada daga cruzando el cuerpo de todo aquel incauto que cayó en sus redes (reseña-review), su segunda oda titulada Hyms of the damned  presentada en noviembre de 2019 termina por hacernos caer rendidos a sus pies dispuestos a ser la ofrenda en su obscuro ritual. Editado por Cursed Tongue Records en vinil y por Ripple Music en CD, el último material de Hazemaze nos ofrece una colección de tétricas pero ácidas atmósferas que lo convierten en una referencia obligada para su género.


Hyms of the damned es un álbum que logra dar un paso adelante en la propuesta sonora de Hazemaze gracias a dos claros motivos. En primera instancia, tenemos una gran calidad en la producción técnica del material grabado, permitiendo al sonido una mayor profundidad más allá del impenetrable muro de ruido que levanta la banda frente a sí. En segundo lugar, el disco ofrece más sensaciones que en el anterior, pues a la zozobra general de aquel plato ahora tenemos una ira que se funde en una mezcla perfecta con el tufo lisérgico que ha identificado a la banda desde sus inicios en 2016.

La influencia de bandas como Electric Wizard, Beastmaker o Uncle Acid and the deadbeats junto con la omnipresencia del primer Black Sabbath se observan claramente en el sonido del trio sueco, pero al afinar un poco más el oído sobre los ocho tracks que componen el Hyms of the damned podemos detectar rasgos propios como en la gran imaginación para crear riffs adictivos, en la intensidad de las figuras melódicas que van más allá de la atmósfera densa que se narra en las líricas, y en el timbre que tiene cada instrumento que al final rompe con los esterotipos del doom como género sin salir de sus estructuras compositivas.


El segundo disco Hazemaze tiene la capacidad de llevarnos a diferentes escenarios a la más mínima provocación, logrando de esta manera que el álbum rompa con la monotonía del género y hasta sea un material dinámico lleno de colores dentro de su obscuridad. "Thrill seeker" arranca con una figura asesina que poco a poco hechiza hasta la hipnosis, pero conforme avanza nos ahoga en múltiples posibilidades que van desde un espectro metalero lleno de agresividad hasta hasta un ambiente lisérgico que permite la improvisación. De la misma manera, "Morbid lust" nos ofrece un ingenioso doom metal que a pesar del uso de silencios en su línea melódica, el áspero zumbido de sus distorsiones mantiene una capa ríspida de sonido que no cesa de salir por las bocinas.

 Conforme pasan los pesados himnos de la maldición, Hazemaze logra establecer su sonido entre densas nieblas que combinan la alucinación y la zozobra. Como primer single del álbum se presentó "Green river", que es un hipnótico riff construido de manera concreta bajo la más estricta escuela fundada por Toni Iommi y sus seguidores. Sin embargo, el segundo disco de la banda sueca nos ofrece diversas tonadas cavernarias como "Solicitor of evil" con su figura que nos hace recordar el paso de un mastodonte mientras la maldad se posa en cada uno de sus rincones sonoros y los tonos graves del bajo juegan de manera bilpolar con el arenoso fuzz y el psicotrópico wahj. De igual manera, "Forever trapped in hell" está creada alrededor de un estruendo que demuestra la fuerza por medio de una rabia eléctrica y las psicotrópicas voces que emulan almas en pena mientras nos hacen llegar sus lamentos entre el ensordecedor ruido.

Y si pensáramos que el trío de Estocolmo sólo basa su estilo en largas melodías de grávida esencia, el grupo nos aplica un duro golpe a la mandíbula con tracks directos como "Reverend death" con su hard psych que alimenta con colores a la base doomy que se filtra por los altoparlantes. Si esta idea no quedara del todo clara, Hazemaze nos regala en "Lobotomy" una colección de acordes afilados que diseccionan el cerebro a través de la guitarra de Ludvig Andersson que son seguidos de manera reptante por el bajo de Estefan Carrillo mientras las percusiones de Nils Ein toman el control bajo un diluvio de meteoritos salvajes fuera de control.


"La neblina está rodeando convirtiendo las calles en un gris lechoso.
Un hombre en gabardina se sorprende alrededor de la obscura bahía
mientras observa a una mujer parada, una dama de la noche
y agarra su espada de fatalidad, esparciendo el malvado temor.

Las calles están hirviendo, un loco está suelto.
Una sombra en la noche  jugando con el abuso.
Él clava su cuchillo en la profundidad y te gira al revés.
Cuando su mente está decidida, tú morirás sin duda.

Cuchillo en la noche
Asesinando a plena vista
Tú morirás
De nada sirve llorar

La ley lo intenta pero el destripador está libre.
Un ser mítico con una parranda sangrienta y asesina.
Las historias son muchas pero el temor sigue siendo un hecho.
No se logró justicia para las muchas vidas que él arrebató..."

El segundo sencillo que publicó Hazemaze para promocionar su Hyms of the damned fue el tema inauguaral del disco, "Shadow in the night". Bajo un halo espeluznante en tributo a la conocida historia del Jack el destripador (Jack the ripper), una lúgubre melodía basada en el referente himno doom que es "Black Sabbath" creado por la banda de Birmingham nos ofrece la atmósfera necesaria para relatar esta sangrienta historia. Aun así, los suecos se las arreglan para dotar de acidez al track sin abandonar el poder que los distingue hasta lograr una amalgama perfecta entre fuerza y alucinación. Mientras observamos el trabajo visual hecho por Carolina Haward, la melodía incrementa de intensidad en un frenesí eléctrica que nos obliga a bailar junto con el asesino como si se tratara de un mágico aquelarre.


Sin lugar a dudas, Hyms of the damned  es la consolidación de Hazemaze como referente obligatorio del doom lisérgico del nuevo siglo en Escandinavia. El trabajo logrado por la banda en el estudio Underjord  realmente provoca que la piel se erice mientras al mismo tiempo gozamos de un disco áspero con múltiples facetas melódicas, algo que fue logrado por el control técnico de Joonas Hassinen (quien ha trabajado con The Dahmers, Alastor y Saint Karloff). Con todos los elementos para convertirse en uno de los mejores discos del año dentro de su género, Hyms of the damned merece la atención de los amantes del viejo doom y de quienes buscan nuevos elementos dentro de la escena del hard psych obscuro...