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sábado, 16 de noviembre de 2019

Crypt Trip : cuando el rock sureño se posa sobre el hard rock


Han pasado ya varios meses desde que Crypt Trip publicó su Haze county, el último álbum completo de la banda originaria de San Marcos, Texas que sorprendió a más uno por la recuperación de los viejos sonidos del rock americano y al mismo tiempo romper con lo que la propia agrupación había logrado durante su meteórica carrera. Tras un largo tiempo de escucha y degustación , ha llago el momento de escribir sobre un disco fuera de lo establecido dentro de los cánones del vintage y revival rock.

La historia del trío texano comienza en 2013 tras el encuentro del bajista Sam Bryant, el guitarrista Ryan Lee y el baterista Mario Rodriguez cuando conformaron una banda que desarrollara el hard rock desde aquella venenosa vertiente que mezcla el proto-doom y el heavy psych, logrando así en noviembre de 2014 publicar un demo con ocho temas. Sin embargo, al poco tiempo se integró Cameron Martin como nuevo baterista y su estilo terminó por establecer gracias a la fuerza e intensidad adquiridas que quedaron demostradas en el sorprendente e incendiario EP Mabon songs de abril de 2016.


De manera definitiva, Crypt Trip colocó su nombre entre las bandas más llamativas dentro del género vintage gracias a su debut Rootstock de enero de 2018, disco que presentaba cinco ácidos temas más los tres salvajes animales del EP de 2016. Así fue que cuando se anunció la continuación discográfica del trío texano, todos esperábamos una nueva tormenta de acordes soportados en la fuerza del fuzz, pero las cosas fueron muy distintas...

Al observar la portada del Haze county presentado en marzo de 2019 nos encontramos con la banda montada sobre viejas motocicletas mientras se enmarca un polvoriento camino, lo que nos recordaba a aquellos grupos motorizados que recorrieron las carreteras norteamericanas al estilo de The wild one, pero al bajar la aguja sobre los primeros surcos del vinilo las sorpresas arrancan de manera inesperada. Una balada instrumental hecha a base de guitarras slide bajo un ritmo country nos sacude con su belleza campirana y su sutil tufo a Buffalo Springfield. Esta inicial declaración de intenciones llamada "Forward" terminaría siendo una afrenta directa a los amantes del hard rock lisérgico y el proto-doom endemoniado.


Al dejar fluir cada uno de los temas que conforman el Haze county nos encontramos con un grupo que ha sabido refrescar su estilo al recuperar otros estilos sonoros de la Norteamérica setentera. Sin abandonar ese gusto por aquel primer hard rock, Crypt Trip le ha apostado en esta ocasión para hacer un álbum que recorre la paleta sonora de la antigua radio que en los Estados Unidos se estableció como acompañante de los jóvenes tras el final de la guerra de Vietnam y la administración de Richard Nixon. Desde los sonidos rurales ahogados en folk rock como se escuchan en 16 ounce blues y hasta acústicos como en "Pastures" hasta el rock n' roll lleno de energía e imaginación como queda demostrado en la desbocada "To be whole", el trío texano nos demuestra que ha logrado domar sus impulsos para hacer cosas más tersas sin abandonar su gran capacidad interpretativa.

Efectivamente, Crypt Trip ha dejado a un lado su hard psych que los identificó en un principio con la finalidad de ampliar su panorama sonoro hacia múltiples posibilidades. Aun hay frenéticos momentos instrumentales de gran velocidad e intensidad, pero al mismo tiempo se mezclan  aires tenues de southern rock y baladas campestres como escuchamos en "Free rain". Quizá Haze county encuentra en su propio nombre la definición del nuevo estilo de la banda, pues queda de manera clara esta fusión entre instantes ácidos y pasajes folk, un encuentro entre suaves guitarras slide y pedales fuzz/wah amaestrados. Bajo esta estética escuchamos "Wordshot" con sus claros cambios de ritmo así como el single "Gotta get away" con sus acordes controlados  que terminan fugándose mientras la batería busca cualquier oportunidad para explotar.


Tras esa campestre introducción que es "Forward", Crypt Trip nos muestra de manera formal su estilo sonoro adquirido en Haze county por medio de "Hard times". Tras un pequeño azote de acordes, el tema nos ofrece un riff rebuscado que sirve de soporte para una tenue armonía que roza por instantes a aquellos momentos en que coincidieron el folk con el rock progresivo. Sin embargo, de manera sorpresiva la melodía se transforma en un rock entrecortado que obliga a llevar el tiempo en los pies que poco a poco ofrece el terreno ideal para golpearnos una tormenta de notas que nos remiten a la gran capacidad interpretativa del trío texano mientras un solo de guitarra termina por coronar la obra.  Aunque el grupo ha comentado que la inspiración para este tema se encuentra en algún punto intermedio entre Grateful Dead y The Who, sin lugar a dudas "Hard times" es el track más versátil de todo el álbum gracias a su tendencia a mutar y a su posibilidad de mantener nuestra atención durante sus casi cinco minutos de duración.


Haze county es un giro de 180 grados sin duda alguna dentro del sonido de Crypt Trip. Sin embargo, para el contexto texano donde se han desarrollado sus integrantes, esta transformación sonora es natural más allá del hecho de integrar el pedal-steel como instrumento básico e componer estructuras melódicas inspiradas en el country rock. Aquel rock obscuro y cavernario ha quedado varado en aquel rock sureño que tiene su mirada fija en su entorno campirano. Ahí están aún los instrumentos distorsionados, para ahora se han superpuesto el slide y los acordes ligeros que ofrecen aires más cercanos a The Allman Brothers y The Byrds que a Grand Funk Railroad o a Blue Cheer. Pocos se han animado ha rescatar estos sonidos, pero Crypt Trip no sólo se ha arriesgado a hacerlo, sino que el trio de San Marcos lo ha hecho de manera excelente...


jueves, 14 de noviembre de 2019

El Jefazo : una bestia indomable que nos engulle


La simbiosis se conceptualiza como la asociación íntima de distintos organismos para beneficiarse mutuamente en su relación, especialmente cuando trabajan o realizan algo en común. Bajo esta idea definida, la banda peruana El Jefazo ha regresado con un segundo material discográfico donde de manera clara se logra sumar cada uno de los aportes de sus tres pilares para conformar un colosal trabajo sonoro lleno de furia, precisión y pasión. Tras digerir de manera detenida la nueva y ruidosa afrenta del trío limeño, Earthquaker se permite expulsar entre letras todos los sentimientos que le despiertan esta bomba instrumental sudamericana.

El sur del continente se ha convertido en noticia mundial debido a la convulsión política, económica y social que ha ocurrido en las últimas semanas, arrastrado a las calles a miles de personas entre protestas y enfrentamientos que demuestran su necesidad de expresar su descontento. Bajo este difícil contexto, aquellos que nos dedicamos a escribir y reflexionar sobre la música nos acercamos a las distintas propuestas sonoras con la finalidad de comprender entre las armonías y los acordes todos los sentimientos e ideas que han dado forma a las distintas obras musicales y, quizá de esta manera, comprender sus razones y motivos.


Tras el excelente recibimiento del debut de El Jefazo publicado en junio de 2016, el trío de Lima conformado por Bruno Sánchez en la guitarra, Carlos French en el bajo y Renán Monzón en la batería se dedicaron a rescatar todas sus influencias y tendencias sonoras para construir un segundo material que terminara por establecer la búsqueda acústica de aquella bestia instrumental que colocara a Perú en el mapa mundial del ruido áspero, la psicodelia pesada y el stoner del nuevo siglo. Los resultados finales quedaron condensados en Simbiosis, álbum publicado en agosto de 2019 grabado por Edward Plenge en Dragón Verde Producciones.

Mientras un monstruo multiforme surgido de la imaginación de Andrea Nakasato nos observa de manera penetrante entre elementos de toxicidad y terror cósmico, los siete temas de Simbiosis se filtran de manera reptante para explotar a través de la bocinas para demostrar la rabia contenida ante un mundo que implosiona a razón de sus propias enfermedades. De esta manera, la continuación discográfica del trío limeño navega entre los nebulosos y oceánicos abismos que hacen coincidir al hard psych con el doom mientras algunos elementos violentos del metal y sus derivaciones que oscilan entre el stoner y el thrash logran romper el misterio para convertirse en convulsiones de un cuerpo moribundo que se agita a grandes velocidades como si se tratara de un poderoso bólido V8 a la mitad del desierto.


Cierto, Simbiosis es un disco ambivalente que nos muestra claramente dos rostros: por un lado el de la música pesada y áspera que ronda por los pasillos de la obscuridad y la zozobra en confrontación directa con la velocidad y los arranques de furia que provocan la huida desbocada frente a los horrores de la realidad. Sin perder el poder de los riffs llenos de pasión que se clavan de manera infecciosa en la memoria, El Jefazo construye cada uno de sus temas a través de líneas melódicas que juegan con la intensidad como se escucha en "El hedonista" con su gallardo y arrogante paso, armonía que sin duda logra recrear un equilibrio sonoro con la adictiva "Serpiente" con su atmósfera arenosa que ahoga el panorama sonoro con su sutil figura, la cual de manera mágica se torna en una mística y lisérgica forma cósmica que provoca el abandono de este plano de la existencia.

La densidad alcanzada en su álbum debut (reseña-review), El Jefazo la recupera en "El daño está hecho", track melancólico más allá de su ruidosa y distorsionada línea armónica. Si con lo escuchado pudieramos pensar que los peruanos buscaran el camino fácil del acorde directo y rápido, "Drone Gato" nos regresa al suelo con su tiempo aletargado con cierto tufo a doom, algo que ocurre por algunos instantes en "Uranai Baba!". Sin embargo, si buscáramos algún rasgo distintivo a Simbiosis frente al primer disco de la banda, el elemento obligado a destacar sería la rabia reflejada en la velocidad. Tras sus primeros minutos, "Uranai Baba!" muta en una bestia indomable que corre tras nosotros para engullirnos. Como obvia continuación, "Poltergeist" se muestra como un coloso imponente de sonido penetrante que termina por golpear sin piedad sobre nuestros tímpanos hasta la destrucción de todo lo conocido.


Quizá el track que refleja más este nuevo giro torno a los sonidos alcanzados por El Jefazo hasta el día de hoy es "Pulsión de muerte", una granada de tres minutos y diecinueve segundos que tras la tormenta de asteriodes provocada por Monzón, la gravedad de los tonos graves de French marcan la melodía como si se tratara de la cabalgata desbocada de los jinetes del Apocalipsis mientras los acordes de Sánchez nos remiten hacia la violencia de un mundo que termina por explotar en un millón de pedazos. Solo de guitarra de alto octanaje, un doble bombo infernal y una línea de bajo incontenible que en conjunto logran la simbiosis necesaria para construir a un engendro rabioso que demuestra su furia contenida como si se tratara de una explosión nuclear.


El retorno de El Jefazo coincide con la crisis política de su país y la convulsión social de sus vecinos, circunstancias que han logrado construir un entorno que hace escuchar a su Simbiosis bajo una escucha distinta con la cual fue concebida. Quizá algunos busquen una coincidencia en las constantes búsquedas sonoras hechas por King Gizaard and the Lizard Wizard en su Infest the rats' nest (reseña-review), y quizá otros detecten una predicción adivinatoria de la ira social contenida en la Sudamérica; pero de lo que podemos estar seguros es que el segundo disco de El Jefazo es una coincidencia en la búsqueda sonora de tres personas que ha logrado por simbiosis una colección de temas llenos de intensidad que saben viajar desde las profundidades abismales hasta la desazón cósmica provocada por la cruda realidad de todos los días...


martes, 12 de noviembre de 2019

Crobot : cuando la sangre refresca al fuerte sonido


Cuando en su momento escribimos sobre Crobot, aquella banda de Posttville, Pennsylvania que logró obtener buenos comentarios gracias a su infeccioso Something supernatural (reseña-review), Earthquaker valoraba el ingenio que tuvo el grupo para crear una buena colección de temas llenos de riffs infecciosos mientras nos contaban historias mágicas y misteriosas que jugaban con la imaginación. Sin embargo, el tiempo ha pasado y la agrupación ha sufrido varios cambios en su alineación como en su disquera que han provocado de manera irónica una definición en su estilo.

En agosto de 2019 fue presentado Motherbrain, un conjunto de once temas que demuestran la consistencia poderosa de su desgarrador sonido mientras las líricas han tornado desde aquellos seres místicos hacia diversas historias sobre la difícil vida cotidiana y la lucha diaria por la supervivencia, demostrando de esta manera una madurez que se ve reflejado en el resultado final. Sin embargo, la banda norteamericana no ha abandonado ese sabor a hilaridad e ironía que los ha distinguido mientras los riffs logran aferrarse a las neuronas junto con ciertos estribillos bien logrados.


Del Something supernatural de 2014 al recién publicado Motherbrain, Crobot pasó por el desapercibido Welcome to fat city de 2016, un álbum que sirvió de transición para la banda que al final del día derivó en un cambio de disquera (de Nuclear Blast a Mascot Group Label) así como de de integrantes (la salida de los hermanos Figueroa trajeron con el tiempo al bajista Eddie Collins y al baterista Dan Ryan). Sin embargo, más allá de las mutaciones, Crobot ha guardado su soporte a través de la imaginación melódica de Chris Bishop en las guitarras y la imponente figura del frontman que de manera indudable tiene Brandon Yeagley.

Desde los primeros segundos que escuchamos el Motherbrain, sabemos que las cosas irán por buen camino. La furiosa "Burn" nos sacude los tímpanos a partir de la poderosa voz de Yeagley y ese riff de guitarra que sabe cimbrar los cimientos del suelo, algo que ocurre de manera similar con "Alpha dawg" con aquel juego vocal grave en la estrofa que termina explotando en el estribillo alcanzando rangos muy cercanos a Chris Cornell. Sin embargo, Crobot no sólo se acerca al grunge debido a esta similitud sonora, ya que la banda retoma a dicho género distintivo de los 90's para inyectarles la frescura del nuevo siglo en temas como "Blackout" y "The Hive", o como en "Drown" con aquel tufo a Stone Temple Pilots en sus estrofas.


Motherbrain es un álbum que logra definir el estilo de Crobot al confesar sus influencias con la intención de construir su forma de asimilar sus gustos y afinidades. Para nadie es una sorpresa su cercanía con Clutch, pero al mismo tiempo se puede detectar un pequeño acercamiento a lo que hacen otras bandas reconocidas como lo escuchamos en "Gasoline" y su armonía que recuerda a The Vintage Caravan. Aun con lo anterior, Crobot logra abrir su propio panorama sonoro al ofrecer tracks más arriesgados dentro de lo hecho hasta el día de hoy, lo que queda demostrado en el single "Low life" con aquella estrofa que navega por atmósferas misteriosas que por instantes nos recuerda esa energía mística del Aerosmith clásico.

Como muestra de todo lo que conforma el último disco de la banda de Pennsylvania, escuchamos el primer single llamado "Keep me down". El track arranca con una serie de notas insistentes que suben de volumen hasta explotar en un riff crudo y entrecortado ideal para que la peculiar voz de Brandon Yeagley mientras nos encara con una lírica retadora que pelea contra la conformidad. La batería no cesa de golpear mientras cada uno de sus elementos se distinguen con toda claridad en el espectro estereofónico de la grabación. La impresionante presencia del bajo soporta con sus graves tonalidades la potencia del tema hasta que logra ofrecer a la guitarra la plataforma ideal para crear sus figuras fuera de la linea principal de la melodías y construir finalmente un solo de guitarra cósmico; el cual se ha convertido en la marca personal de Crobot a lo largo de los años.


Si lo que tienes no es suficiente entonces prepárate para rendirte. Aprendí a caer antes de saber correr. ¿Qué es una pelea sin un poco de diversión? El amor es un juego vicioso en el que nunca se gana. Sólo el tiempo te dirá si te rindes, pero lo que quiera tomar nunca podrás saberlo, así que veamos si te puedes entregar. ¿Quieres un poco de sangre? Cava un poco más profundo, empuja un poco más fuerte, patea un poco más y golpea un poco más fuerte... No puedes mantenerme abajo!!

Con un trabajo visual realizado por Mike Danger, Crobot publicó unos meses antes del lanzamiento de su Motherbrain el video promocional de "Keep me down". En dicho material podemos ver a Brandon Yeagley enfundado en su playera de Clutch mientras revisa la tormenta de críticas que le llega a la banda vía Twitter. Con un estilo jocoso, el grupo critica las famosas "shitstorms" que se llevan acabo en las redes sociales mientras observamos sus consecuencias como si se tratara de una afrenta que habría que tomar como si se tratara de una batalla. Sin embargo, el video lo podemos interpretar como una sátira a las opiniones realizadas por los primeros fans de la banda quienes se quedaron clavados en aquella etapa del grupo donde jugaban con seres míticos y fantásticos que no han recibido del todo bien el cambio en la temática de sus líricas.


Más allá de influencias y estilos, Crobot le ha dado la vuelta a lo alcanzado hasta este momento para ofrecer un disco con mayores posibilidades sonoras dentro de lo que se ha convertido en su sonido. Motherbrain  tiene mayor aspereza en sus instrumentos y sus líricas han tornado hacia la crítica y el enfrentamiento a la vida diaria frente a las fantasías y leyendas que formaban parte de su itinerario. El cuarteto norteamericano alude a un proceso de madurez, pero al escuchar detenidamente el álbum se puede detectar más bien una sinceridad frente a lo que les gusta hacer más allá de etiquetas y clichés; logrando así un disco fresco sin perder la fuerza y la energía de una buena banda de hard rock...


jueves, 7 de noviembre de 2019

Jangar : los ásperos sonidos de la isla de Bali


La historia de la isla de Bali ha estado relacionada con la colonización holandesa y la conformación de Indonesia como nación. Descrita como paraíso turístico con una gran tradición cultural propia donde destaca la danza, el vestido, la joyería y la música gracias a un estilo particular conocido como gamelán; en este rincón del mundo ubicado entre Asia y Oceanía también a sucumbido frente a los procesos de transculturización que el Occidente ha desarrollado a través del uso incesante de las redes sociales y las tecnologías de la información, provocando que otros géneros musicales sean desarrollados sobre la los estilos tradicionales.

Sin embargo, dentro de estas situaciones de encuentro y desencuentro cultural, existen agrupaciones que han logrado asimilar aquellos géneros musicales ajenos a sus territorios para construir una propuesta sonora desde su propia perspectiva y su propia lengua. Aprovechando los grades flujos de datos que contiene la Internet es como hemos llegado a las aguas de Jangar, una banda de Bali que ha utilizado el hard rock y algunas de sus variantes cercanas al stoner metal y el doom para componer una serie de canciones interesantes que ahora han sido encapsuladas en un álbum titulado Jelang Malam, publicado el 1° de octubre de 2019.


Jangar se conformó en el año de 2015 a través de Gusten Keniten en las vocales, Dewa Adi en la guitarra, Rai Biomantara en el bajo y Pasek Darmawaysya en la batería, quienes en el año 2016 publicaron un EP homónimo que les sirvió como una declaración de intenciones a partir de cuatro tracks rabiosos que demuestran el gusto de la banda por hacer temas con acordes fuertes y juegos corales que invitan al canto y al headbanging. Sin embargo, el estilo mostrado por el cuarteto fue en dicho momento muy cercano al metal alternativo de finales del siglo pasado, por lo que su propuesta quedaba reducida a una recuperación de aquellos sonidos.

No es sino hasta la publicación de su álbum debut Jelang Malam cuando podemos escuchar en Jangar a una banda con una propuesta sólida sin abandonar sus marcadas influencias en el stoner desértico californiano, el stoner metal del nuevo siglo y otras variantes. Aunque el grupo busca respetar el sonido "occidental" de dichos géneros muy lejos a lo hecho por sus compatriotas de Mooner con su mezcla de proto-doom y hard psych basado en sonidos representativos de Indonesia, Jangar construye un estilo muy concreto sin caer en los regionalismos mientras nos hace recordar  al mismo las aportaciones hechas al género por bandas importantes como Kyuss, The Sword o Monolord; pero sin caer en el cliché de cada uno de ellas.


Jelang Malam es un disco directo con un gran trabajo técnico que permite identificar cada uno de los elementos que lo integran mientras disfrutamos de un sonido desgarrador que invita al movimiento de cabeza y al canto unísono. Para crearnos una idea clara de lo que podemos encontrar en el disco, escuchemos sus singles promocionales: si bien nos podemos encontrar con la furia y la rabia contenida dentro de los acordes violentos de "Negeri nego", el cuarteto de Indonesia puede ofrecer temas más retenidos que no pierden su poder natural como en "Kami Tahu" y su misterio inherente o propuestas más aceleradas que juegan con la intensidad como en "MSG" y sus interesantes figuras de guitarra que saben aprovechar los tiempos entrecortados de su melodía.

Sin embargo, el primer álbum completo de Jangar no se queda tan sólo en definir su estilo propio, ya que también se da la oportunidad de experimentar otros panoramas sonoros como queda claramente demostrado en la figura insistente pero adictiva de "Kesurupan" más allá de sus ocho minutos de duración o en los obscuros ambientes de las dos partes de "Haerath" que bien logran sumergirnos en densos abismos para finalmente construir una forma para rescatarnos y levantar el vuelo. Aun así, Jelang Malam contiene otros tracks que tienen la capacidad de sorpresa dentro de un estilo definido por la banda durante sus años de formación, como en la concreta "Aum Cilengkrang", la hiriente "Proklamator" con sus interesantes cambios de tiempo y en la concluyente "Sangkala" con sus ásperas guitarras.


El primer single de Jelang Malam es su inaugural "Konstan", un track venenoso provocado por su figura insistente que confiesa su gusto por el stoner metal cercano al estilo desértico. Mientras una animación nos muestra a un motociclista levantando el polvo de los arenosos caminos, escuchamos un tema poderoso que habla sobre la constancia necesaria para lograr una verdadera transformación, quizá una que logre llevar a otra dimensión distinta a las conocidas. Áspera voz, guitarra desgarradora, bajo sostenido y batería constante... combinación ideal para atrapar y despertar el interés por el resto del material.


Si aun no nos quedara claro lo que busca Jangar con su propuesta sonora, la banda de Bali publicó hace unas semanas un documental sobre todos los elementos que forman parte de su Jelang Malam: su cuarto de ensayo montado dentro de un taller de reparación para motocicletas, el ambiente cultural de su isla, el poder de sus amplificadores Orange, la importancia de la parte gráfica que forma de su material discográfico, entre otras cosas contenidas en sus 18 minutos de duración.  Por lo pronto, que sirvan esta líneas para invitar al lector a introducirse a la propuesta sonora de una banda de stoner metal hecho bajo la óptica de Indonesia, quizá un acercamiento intercultural que nos permite comprender otra visión del mundo a partir de un género sonoro en común... y Jelang Malam contiene los elementos suficientes para iniciar el diálogo.


viernes, 18 de octubre de 2019

Kadavar : el murmullo de los demonios de la mente


Cuando una banda cuenta con cuatro discos de estudio y dos álbumes en vivo, sabemos que estamos frente una institución sonora que ha logrado establecer su estilo hasta convertirlo en un referente obligatoria de una época. Sin lugar a dudas Kadavar ha logrado ésto con casi una década de carrera, pero es necesario saber que no todo ha sido terso durante su camino ni tampoco una monótona travesía sin propuestas, mutaciones ni experimentos. Sin embargo, es ahora momento de recapitular para comprender qué es lo que puede ofrecer una banda tan establecida como este power trío arraigado en Berlín.

En el transcurrir del tiempo, Kadavar se ha distinguido por una esencia vintage que buscaba crear temas adictivos a través de la fuerza de la distorsión y venenosos riffs. Tras establecer este principio sonoro por medio de dos discos ejemplares, la banda sufre un cambio en su alineación que le permitió romper sus propias cadenas para buscar nuevos horizontes. Desde entonces, sus siguientes dos materiales tomaron los senderos de la búsqueda hasta alcanzar la saturación auditiva como su principal característica. Berlín (reseña-review) y Rough times (reseña-review)terminaron por ser dos materiales ruidosos que llevaron a la banda a establecer al áspero barullo como un estandarte propio que cubriera sus composiciones como un velo perenne, quizá obligatorio. Pero las cosas tomarían otro curso en su último álbum...


Luego del anuncio en donde se notificaba la firma de la banda con la disquera Nuclear Blast, Lupus Lindemann, Tiger Bartelt y Dragon Bouteloup se encerraron en Neukölln (su sala de grabación)  para aprovechar un momento creativo dentro del grupo y registrar así lo que sería su quinto disco, el cual sería presentado de manera íntegra hasta el 11 de octubre de 2019 bajo el sugerente título de For the dead travel fast. Tras la publicación de dos singles previos, el álbum compuesto por ocho temas que obligan al oyente a desarrollar una apreciación detenida si se desea encontrar la novedad dentro del estilo patentado por el grupo.

Tras una introducción sombría que eriza la piel entre el helado viento que se filtra por las bocinas, las voces internas de la mente comienzan a gritar al ritmo de los eléctricos gemidos de los desgarradores instrumentos de cuerda y los tormentosos golpes de percusión bajo el nombre de "The devil's master", primer sencillo del  For the dead travel fast que se distinguió por su sorprendente video promocional grabado en áridas tierras mientras se observaba una misteriosa historia sobre tortura, muerte y religión.


Como si se tratara de una búsqueda dentro de las diversas posibilidades sonoras de la banda, Kadavar retorna al uso de riffs afilados bajo una atmósfera sombría que se permite aprovechar de la vieja dicotomía entre el ruido y el silencio para construir un álbum lleno de intensidad e intención. El power trio de Berlín nos ofrece en su For the dead travel fast temas con melodías someras como en "Dancing with the dead" que permiten la escucha precisa de cada uno de los instrumentos sin la omnipresencia de la distorsión, y al mismo tiempo retorna a sus viejos preceptos compositivos como en "Children of the night" sin abandonar los arreglos de teclados mostrados en su disco anterior o la melancolía del viejo blues eléctrico como se escucha de manera clara en la cerradora "Long forgotten song" con todos y sus obligadas explosiones de intensidad previamente mostradas en "The devil's master".

Si estuviéramos buscando un línea temática para el quinto disco de Kadavar, forzosamente llegaríamos al concepto de la muerte y toda aquella obscuridad que se esconde dentro de la mente del ser humano. Aun así, el trío barbado se escapa de los ritmos aletargados para ofrecernos dardos envenenados como la acelerada y proto-metal "Evil forces" donde se hace referencia a los miedos internos y las murmullos que nublan el pensamiento entre sorprendentes juegos vocales jamás escuchado en "Lupus", o en "Poison" con su fuerza entrecortada que de manera indudable nos regresa a los primeros tiempos del grupo. Pero si aún estuviéramos esperando un tema fuera completamente del ambiente general del For the dead travel fast, Kadavar nos regala la mórbida "Saturnales" bajo una melodía onírica de guitarra limpia y teclados inertes que logran el quiebre del álbum como si se tratara de un freno de mano.


"Puedo sentir a la tormenta llegar, siento electricidad, algo que pon en fuego a mi mente. Ceder ante un extraño deseo a través de los muros del espacio y el tiempo, una gravitación de la manera más fuerte. Los demonios toman control de mí, me dicen a dónde ir y qué decir. Desearía que me dejaran caer al océano y sumergirme y viajar con demonios en mi mente. No hay futuro..."

Como si se tratara de un registro visual para el Duna Jam, el video promocional realizado para "Demons in my mind" coloca a Kadavar en la playa mientras un poderoso tema ahogado en distorsión y wah lisérgico. Las capas de sonido se superponen una sobre otra mientras las voces etéreas poco a poco se acercan hasta nosotros con la intención de dictarnos a qué lugar dirigirnos y qué acciones llevar acabo. Aquel sonido vintage de antaño sólo muestra su influencia original, pero lo que ahora ofrece la banda berlinesa es un estilo propio dificil de no identificar en el panorama sonoro actual. Una vez al borde del abismo tras un frenético baile, nos dejamos caer sobre él hasta caer desnudos al agua.


For the dead travel fast es sin duda un retorno a las bases sonoras de Kadavar, sin embargo dentro de este ejercicio encontramos que el trío ha logrado conseguir un sonido propio con el pasar de los años. Una vez identificado ello, el quinto álbum de la banda afincada en Berlín respira una misma atmósfera a través del misterio alrededor de la muerte y los demonios internos, logrando de esta manera que el material sea obscuro a pesar de su áspero estilo. Por lo pronto, bajamos de nuevo la aguja sobre el vinilo y terminemos por descifrar la última propuesta de Kadavar mientras dejamos que la amenazadora vibra de los bosques que resguardan el viejo castillo de Bran en Transilvania se pose sobre las melodías como si se tratara de una densa neblina...


miércoles, 16 de octubre de 2019

The Druids : un viaje lisérgico por los océanos del universo


Bajo la imagen de los antiguos sacerdotes celtas, aquellos personajes que a través de la magia y el conocimiento lograron la capacidad de la profecía y la cercanía con las deidades, una banda de Maryland construyó su imagen y sonido hasta crear un álbum lleno de referencias místicas y armonías megalíticas que son necesarias repasar una y otras vez para descifrar su sentido y sus mensajes ocultos.

The Druids nació en White Oak, una pequeña población cercana a Washington, D.C., con la intención de recuperar los diversos sonidos del doom primigenio y el rock progresivo cercana a la tendencia cósmica para hacerlos coincidir en un mismo lugar. Tomando como referencia a Black Sabbath por un lado y a Hawkwind por otro, el grupo fue conformando un estilo propio hasta dejarlo plasmado en un EP autoproducido que fue publicado en mayo de 2016. Sin embargo, no fue hasta febrero de 2019 que la banda logró presentar su álbum debut titulado Totem, un material digno de reconocimiento que requiere ser digerido lentamente para descubrir todos y cada uno de los elementos que lo conforman.


Grabado de manera directa durante tres días de marzo de 2018 en Baltimore y registradas otras capas de sonido y arreglos durante abril del mismo año en distintos estudios de White Oak y Nashville, Totem lograr recuperar la esencia de las viejas sesiones de grabación de los años setentas cuando el hard rock nacía como género y aún saturaba las bocinas gracias a la distorsión de los instrumentos registrados sin mediación. Sin embargo, este disco no sólo rescata ese ruido orgánico que muchos extrañan frente a la limpia tecnológica, sino también construye su propuesta armónica conjugando la experimentación de la psicodelia espacial, el hard blues ácido y los primeros instantes del rock místico que dió origen al doom como género.

Guitarras y voces a través de la imaginación de Eli Watson y Danny Alger, el soporte grave del bajo de Jeremy Dinges y los golpes de una lluvia de asteroides en manos de Gary Isom. Cuatro entes místicos que se han transformado en druidas cósmicos dispuestos a tomarnos de las manos para mostrarnos la ácida magia del viaje lisérgico por el universo. Perdido entre el vasto paisaje interestelar, una puerta se abre para llevarnos a otras dimensiones como si se tratara de una poderosa entidad que en su interior hace coincidir la luz y la obscuridad, la tierra y el cielo, lo humano y lo animal, lo vivo y lo muerto.


Totem inicia de manera directa con un riff asesino que dota de sentido a una lírica encriptada sobre antiguos planetas y ocultismo llamada "Cruising Astral Skies". Tras un sampleo de un viejo programa de TV, una cruda figura llena de maldad y doom clásico atasca las bocinas bajo el nombre de "Atlantean" mientras escuchamos la historia sobre extrañas religiones establecidas en aquel continente escondido bajo el agua. Y como si se tratara de una declaración de intenciones, el tercer track del álbum nos muestra una poderosa y ácida colección instrumental de armonías inspiradas en la clásica banda Hawkwind, demostrando en un largo tema nombrado de manera homónima toda la influencia que dicha agrupación inglesa dejó en The Druids tanto en lo lírico (sobre el uso de la ciencia ficción como tópico principal) como en lo sonoro (el poder del la instrumentación sobre fuertes bases rítmicas que permiten el viaje psicotrópico a través de las estrellas).

Hard psych, doom y space rock conforman los tres soportes sonoros de Totem, los cuales son desarrollados de manera individual como integrada en el resto del álbum. Aunque el álbum debut de los de Maryland recupera temas de su primer EP (la onírica "Turtles" con sus instantes ácidos que abre paso a la fuerza devastadora del acorde desgarrador y la aletargada "Sorcerers" con su muro de ruido que retorna a los orígenes del heavy metal como género), también podemos escuchar nuevos temas bajo la misma propuesta acústica que dota de identidad a la banda. Si bien "High society" logra saturar los altoparlantes con su psicodelia ahogada en fuzz y melodía hipnótica, "Sky submarine" juega con el misterio y los ritmos lentos del blues eléctrico mientras el volumen incrementa poco a poco hasta sumergirnos completamente en su densa atmósfera.


"Mientras navegabams por la casa astral, estábamos eufóricos por encontrar la piedra. Esto fue alarmante y totalmente loco: ahora las fuerzas naturales no están esclavizadas. Estratósfera interna dentro de la mente. Reflexiona sabiamente el sendero que se mueve como el éter, se tuerce y gira. Sólo toma una poción y quémala. Estos sueños simples han regresado. La piedra está aquí para todos. El brebaje de la bruja ha sido probado a tiempo para siempre. No ha sido muy tarde... Atrapada en la niebla, la bruja del brillo de luna "

Bajo una lírica esotérica que recuerda los pasajes cósmicos de la banda insignia del glam T. Rex, The Druids nos ofrecen en "Moonshine witch" el tema más digerible de su Totem. A través de un ritmo infeccioso sin pretensiones pero con tufo vintage, el track nos envuelve a través de la densa neblina creada por la distorsión del fuzz hasta hechizar las neuronas entre embeleso eléctrico y lírica lisérgica. Hard rock directo que no requiere mayor gancho que el uso de una sencilla melodía de ritmo sostenido que permite la explosión de las guitarras en improvisaciones llenas de rock n' roll y buena vibra.


Más allá de las propuestas sonoras apoyadas por las disqueras, existen diversos proyectos creados de manera independiente que se pierden en la inmensidad del océano mediáticos. La suerte nos ha llevado a las ácidas aguas de The Druids, la cual nos ha permitido disfrutar de un material que, aunque no logra innovar dentro los géneros que emplea, sí ofrece una propuesta auditiva sincera todavía en construcción. Totem es una declaración de intenciones que debe ser tomada tan sólo como el arranque dentro de un plan de viaje, por lo que debemos ser pacientes en el desarrollo de su proyecto mientras permitimos que cada uno de sus ocho tracks fluyan a través de las posibilidades que ofrecen el space rock, el proto-doom y el hard psych.


jueves, 10 de octubre de 2019

Knei : el verdadero rock psicodélico de la pampa argentina


Como todos lo sabemos, Argentina ha sido durante décadas una fuente inagotable de donde surgen distintas bandas de rock dentro de todas las variantes posibles. Sin embargo, hay algunos grupos que saben recuperar la esencia del paso de la historia para que cada uno de sus temas exuden el mismo sudor bajo el sagrado manto de "lo vintage" pero sin quedarse varados en un estilo previamente definido. Efectivamente, suena a viejo y aun en ello existe la frescura de la imaginación fértil para crear melodías adictivas y mensajes dedicados a la nueva generación. Una de esas escasas agrupación que cumplen con estas características es Knei.

La coincidencia y la suerte lograron que tres chicos de la pampa argentina se encontraran en la gran capital. Amigos en común y distintos proyectos musicales fueron encaminando a dichos jóvenes hacia construir su propio espacio sonoro que terminó por llamarse Knei. Sus orígenes acústicos están en Las Sombras y en Los Siberianos, pero este power-trio ha logrado conformar su propio espacio dentro del rock a través de su alma nacida entre los pastizales y la estepa pero terminada de curtir entre los muros de hormigón de la cuadrícula perfecta de la ciudad de La Plata.


Los inicios de Knei se remontan al 2006, momento en el cual Nicolás Nippoli (guitarra y voz), Mauro López (bajo) y Roberto Figueroa (batería) comienza a ensayar a la par de otros proyectos musicales; pero no es sino hasta finales de 2011 cuando la banda publica su debut formal titulado La puerta del Sol tras un discreto intento discográfico nombrado de manera homónima. Sin embargo, no fue hasta finales de 2016 que el trío argentino obtiene su reconocimiento gracias al material Juventud de la gran ciudad, un álbum editado de manera local por Aquatalan Records y Exiles Records; además de forma internacional con la peruana Necio Records y la alemana Nasosi Records a través de su edición en vinilo.

Tras lo excelentes comentarios, ahora era el momento de consolidar lo alcanzado para crear un álbum que desarrollara un sonido propio y al mismo tiempo lograra confesar sus influencias a través de un leve tufo a pasado. Por medio de composiciones venenosas y una grabación analógica lograda a través de la magia de Patricio Claypole en viejas cintas magnéticas de carrete abierto, Knei presentó en junio de 2019 su III, un álbum crudo que recupera el clásico rock psicodélico argentino para construir una colección de tracks adictivos llenos de mensajes incendiarios que incita a romper el silencio mientras denuncia la inconformidad de una nueva generación que comienza a buscar los mecanismos para hacerse escuchar.


Desde el momento en que arrancan los primeros acordes de III a través de "Vieja mujer" sabemos que estamos frente a un disco de rock n' roll de la antigua escuela. Aquel innegable sabor a clásico que viaja desde Pappo's Blues hasta Los Natas mientras roza a Invisible y Pescado Rabioso, logra transportarnos a una época de denuncia y sonido lisérgico que incita a la reflexión y la revolución por medio de una lírica poética y hermética que crea un velo enigmático y provocador. El aguijón entra de manera directa y sin freno, pero es necesario incursionar en cada una de las propuestas para desenterrar cada uno de los secretos que resguardan en su interior.

III puede ofrece temas rabiosos como "Mensaje eterno" con su esencia proto-metal o "Caso perdido" con su obvia raíz de blues eléctrico que logra transformarse en un monstruo pesado de varias cabezas como en una dócil bestia de rock n' roll, pero al mismo tiempo puede ofrecernos bellos temas llenos de cuerdas como en "Balada para una amiga" con su melancólico mensaje o en "Nuvem Leopardo" con su estilo colosal de breve duración. Por si fuera poco, el álbum nos ofrece sonidos acústicos que irremediablemente recuerda el hippie-folk  de Sui Generis como en "Jardín", así como temas elaborados con diferentes posibilidades sonoras como en "¿Qué está bien y qué está mal?" que demuestran todas las capacidades interpretativas de la banda argentina.

El primer sencillo promocional que presentó Knei para III fue "Vieja mujer (Besos de otros días)", tema inaugural del álbum que a base de riff incendiarios atrapa la atención del escucha hasta que la melodía logra enganchar con sus neuronas. Como si se tratara de una bruja que lanza un hechizo para crear un embeleso, el tema enamora de manera sencilla sin esfuerzo alguno. Pero el trío argentino no queda contento con ello, ya que logra construir en su puente musical una loca carrera de animales desbocados que demuestran el poder interpretativo de la banda. Mientras observamos el registro visual realizado por Seudo Blanco de la grabación del álbum en los estudios El Attic, las múltiples figuras de la canción nos demuestran quizá un fragmento de todas las posibilidades sonoras de Knei para este material mientras escuchamos una misteriosa lírica sobre una mujer varada en los recuerdos del ayer.


Knei ha creado quizá su mejor material hasta el momento, ya que además de ofrecer un álbum de gran calidad sonora lleno de temas infecciosos, logra de manera irónica refrescar los horizontes del rock argentino actual a través de aquellos sonidos que repasan la historia del género en aquel país del cono sur. Sin embargo, III merece una escucha más detenida más allá del halo mágico que lo recubre en un primer momento, más allá del rock crudo que distingue al power trío y más allá de su excelente trabajo de producción técnica. Sin lugar a dudas, el tercer material de Knei tiene todos los elementos para convertirse en un clásico instantáneo del rock argentino...


viernes, 27 de septiembre de 2019

Ancestro : los símbolos de la evolución


Los acordes fluyen sobre las terminales nerviosas del oído hasta que se transforman en impulsos eléctricos que de manera posterior serán traducidos por el cerebro para darles ritmo, coherencia y unidad: los tres elementos fundamentales de la música. Los ruidos coinciden hasta que adquieren un sentido, la fuerza del sonido muta en acontecimiento y las vibraciones acústicas encuentran su equilibrio para despertar sensaciones y motivar el viaje interno...

Luego de un tiempo de reflexión, cambio y silencio, Ancestro ha decidido su regreso sonoro a través de la publicación de su tercer álbum , una poderosa obra que provoca el paseo onírico a través del despertar de diversas sensaciones y la explosión eléctrica de sus instrumentos que ya se encuentra navegando las aguas de los algoritmos mientras espera su lanzamiento físico a través de Forbidden Place Records. Abandonando por momentos sus referencias chamánicas (El regreso de los brujos, 2016)  su esencia desértica (El gran altar, 2017), la banda de Trujillo ha construido un disco lleno de simbolismos que permiten el libre correr de las notas electrificadas dentro de múltiples significados más allá de los conceptos planteados dentro de los significados planteados en su sorprenderte arte.


El correr los tiempos ha provocado varios cambios en la alineación de Ancestro, algo que con la llegada de su tercera entrega titulada de manera homónima termina por determinar los nuevos papeles. Mientras el bajista Boris Baltodano se mantiene en su posición, Diego Cartulín cede las seis cuerdas al recién integrado Jorge Quevedo para ahora quedarse definitivamente tras los tambores y algunos teclados. Bajo esta nueva conformación, el trío peruano ha ganado precisión en los tiempos, fuerza en las melodías y elocuencia en cada uno de sus temas más allá del uso de blasones que les sirven de identificación gráfica y del carácter instrumental que ha distinguido al grupo tras el paso de los años.

Ancestro arranca de manera sombría a través de la zozobra provocada por unos sintetizadores omnipresentes que confiesan el nacimiento de un nuevo momento para el trío peruano (I), pero cuando pasamos al siguiente tema (II) todo se transforma en una tensa calma que denota el transcurso del alma dentro de este plano de la realidad, energía eléctrica entre diversas intensidades que de manera onírica revela el sentido de esta vida mientras transforma la obscuridad en iluminación.


Sin embargo, dentro de los densas tinieblas sonoras de su tercer álbum, Ancestro logra trascender sus ideas musicales hasta alcanzar momentos de potencia que logran incrustarse en las neuronas como si fuera un veneno fluyendo por el torrente sanguíneo. Aprovechando el poder de la distorsión, el quinto tema del disco (V) destroza aquella atmósfera de misterio para ofrecernos un melodía colosal donde coinciden el orden y el caos en un mismo espacio y tiempo dentro de la inmensidad del universo. La infinitud se muestra en su eterna plenitud mientras una tormenta de acordes nos ahogan hasta crear una marea incontenible que vaga entre el stoner, el metal progresivo y la psicodelia espacial.

La llegada de Jorge Quevedo no sólo ha traído consigo la imaginación lírica que ha alimentado de múltiples pasajes al estilo ya establecido de la banda de Trujillo, sino al mismo tiempo ha logrado construir una nueva posibilidad creativa a través del juego visual construido en la coincidencia de diversas representaciones gráficas de la alquimia y los signos de antiguas culturas que hacen referencias a las distintas concepciones del hombre como un ser en evolución frente al universo. Ya sea que la maldad se pose sobre el humano tras raptar y morder su desnudo tobillo como ocurre en la áspera IV, también podemos escuchar en el álbum la posibilidad de la redención, quizá la fe sobre una posible salvación que a través de VI fluye como un individuo extendiendo sus brazos hacia el cielo en espera del poder celestial hasta que todo explota en un orgasmo sonoro imposible de abandonar.


Como un puente de comunicación entre esta tercera producción y los materiales discográficos anteriores, Ancestro ofrece en III un track potente heredero del stoner que busca nuevos caminos a través de las figuras espaciales del rock progresivo y la psicodelia más densa. Mientras el símbolo de Júpiter se fusiona con el Ojo de Dragón en búsqueda de dominio total y poder supremo que controla los cuatro elementos, un solo de guitarra cósmico nos arranca los pies del suelo para dejarnos abandonados en algún rincón olvidado del manto estelar. Sin embargo, el tema demuestra la evolución sonora alcanzada por el trío peruano gracias al uso del mágico poder que cubre al número tres, una alegoría al equilibrio entre el cuerpo, la mente y el espíritu mientras el ser comprende que su paso el universo no es otra cosa más que aprendizaje perpetuo. El triskelion se posa sobre los tres integrantes de Ancestro y todo su andar toma un nuevo sentido, quizá la muestra de su designio y el trazo que permite comprender su destino...


Tratar de descifrar aquello que resguarda una colección de odas instrumentales puede resultar un afrenta a los oídos poco entrenados, el uso de extraños símbolos en coincidencia y superposición termina por ahuyentar ignoto. Sin embargo, Ancestro tienen la capacidad acústica para romper las fronteras del sonido y el esoterismo que provoca su uso de emblemas misteriosos gracias al poder de construir una colección de himnos sonoros que despiertan diversas sensaciones más allá de los significados y las historias que tan sólo sirven de guías o faros a la mitad de la noche. El trío se encuentra en plena evolución, pero ha alcanzado una idea concreta sobre su estilo y su concepto, una muestra de lo que resguarda el Perú dentro de los paisajes instrumentales del astral rock distorsionado...


miércoles, 25 de septiembre de 2019

ELCHIVO : cuando el metal se abre a todas sus posibilidades sonoras


Como si se tratara de un reguero de pólvora, el nombre de ELCHIVO comenzó a correr de boca en boca en las últimas semanas sin saber bien de qué iba su proyecto y quién formaba parte de él. Poco a poco se fue levantando el velo de misterio hasta que en los últimos días de agosto de 2019  fue liberado su álbum debut para su escucha digital. Luego de dicha publicación, la avalancha de comentarios sobre esta banda tras sus presentaciones, entrevistas y notas en la prensa; lo que obligó al Earthquaker a sumergirse en sus densas mareas para comprender el motivo del alboroto provocado a su alrededor.

Es inevitable escribir sobre esta banda sin hacerlo de sus orígenes. Entre los largos periodos de inactividad de la reconocida banda regiomontana Maligno, su bajista Marco Gil decidió construir con el recién integrado baterista Stefan Berdem un proyecto que buscara desarrollar otros senderos sonoros no alcanzados sin perder aquella esencia metalera y de hard rock que siempre ha caracterizado su gusto musical. En un principio tuvieron como guitarrista Jesús Osuna (quien decidió continuar con otros planes acústicos como The Dark Silence of Death), pero luego de un tiempo se integró Roi Zerda para darle una personalidad propia al sonido de la nueva agrupación; la cual obtuvo su sello final a partir de las líricas y peculiares voces de Viin Angelini.


Querer etiquetar el sonido alcanzado por ELCHIVO sería ocioso y hasta ofensivo. En la búsqueda constante de un estilo propio, de manera ineludible se han filtrado diversos elementos de la historia del heavy metal en todas sus facetas, desde los primeros instantes del género cuando surgió del encuentro entre el hard rock y la psicodelia hasta su desarrollo con el paso de las décadas en otras variantes como el stoner, el doom y hasta el southern  y groove metal. De esta manera, los ocho temas que conforman el debut del cuarteto regiomontano vagan entre diversas posibilidades sonoras sin que ello signifique la pérdida de una esencia definida sobre la totalidad de su propuesta.

El álbum gira alrededor de diversas temáticas que terminan contando historias sobre experiencias (propias o imaginarias, ¿quién podrá saberlo?) en las que el común denominador es el desarrollo de las más variadas emociones humanas. Si uno busca descifrar lo que guarda elchivo en su interior, es necesario escucharlo de manera detenida, desgranar cada uno de sus tracks y permitir que hablen por sí mismos sin prejuicios.


Mientras escuchamos por las bocinas los cantos rituales de algún tiempo pasado, una figura de guitarra entona una cruda melodía que entra a las neuronas como si fuera un afilado cuchillo bajo el nombre "Ayahuasca" y una historia de obvias referencias lisérgicas. Si uno esperar que el tema se quedara en su figura monótona hasta la hipnosis, el track rompe de manera agresiva para obligarnos a bailar alrededor de alguna hoguera sagrada; pero aprovechando la intensidad alcanzada, el cuarteto mexicano nos sumerge dentro atmósferas densas llenas de misterio a través de "Becoming" y sus hirientes acordes de gran fuerza sostenida que saben ofrecer cosas inesperadas.

Dentro de aquellas esencias psicotrópicas, nos encontramos con "Night queen" y su mágica figura descendente que hechiza desde sus primeros instantes, aunque "The oath" también contiene ese mismo ambiente electrizante que por momentos torna a sonidos lúgubres con su lírica sobre un ofrecimiento demoníaco que no pierde ni por un segundo la fuerza que distingue al material en su totalidad. Como lo hemos descrito, elchivo no se encierra en un solo género dentro de las diversas posibilidades del metal, lo que bien podemos escuchar en "Intoxicated" con su tufo al Mötley Crüe de los años noventas, en los latigazos thrash de la acelerada "Psychophrenia" y en la entrecortada "The lost & insane" con aquel devaneo con las figuras densas que recuerdan al Pantera de su "Walk".

"Soy la voz que llama desde el otro lado y estoy esperando a un costado de la cama de la moribunda novia. Soy el señor que hará que todo desaparezca. Sólo toma el último sorbo de la bola, la última gota. Mientras bailan alrededor del fuego del sol naciente, soy testigo de la corrupción de la inconsciente alma... tienes que alejarte.  Destruye el lugar, déjalo arder. Todo debe seguir adentro y al final tendrás que enfrentar la muerte de un hijo que ha venido a recoger. La voluntad de la bestia que viene golpeando con su hechizo. Llora tus palabras finales mientras te dejan ir, ayúdanos a cargarlas. Te nombro para el final del sol naciente mientras se pudren y corroen tus huesos rotos. Montarás sobre la serpiente, tienes que montar a la serpiente..."

ELCHIVO desarrolla el track promocional "My demons" a partir de una melodía directa de acordes cortantes y venenosos que encuentran lugar seguro en los amantes del metal ligero de los años ochentas. Sin embargo, la etiqueta que bien podría distinguir al estilo de los regiomontanos es la facilidad para encontrar la forma para romper con las estructuras armónicas de sus temas para otorgarles un mayor colorido. Aunque el peso del track está sobre la obscura lírica donde el señor de las tinieblas toma el control de la escena, "My demons" funciona gracias a su figura concreta y su intensidad que no decae ni por un segundo.


Cuando una banda se encuentra en búsqueda de un sonido propio puede caer en posibilidades: crear un álbum monótono y repetitivo o de plano hacer una colección de temas de divagan sin rumbo fijo. Sin embargo ELCHIVO logra desprenderse de los fantasmas que representan las bandas que preceden a cada uno de sus integrantes mientras construye al mismo tiempo un faro sonoro muy definido que sabe orientar los temas hacia puerto seguro. Siendo éste un álbum debut, elchivo tiene de manera obvia muchas áreas de oportunidad que deberán ser trabajadas en materiales posteriores, pero el disco merece la pena ser valorado gracias a la frescura de su propuesta más allá de aquellos sonidos referenciales de los cuales ninguna banda se podrá escapar...


lunes, 23 de septiembre de 2019

Bretus : el vuelo del cuervo cósmico


Cuando una banda tiene tan asimilado su estilo y éste forma parte de un género tan definido durante el correr de los años, el reto de publicar un nuevo álbum se hace mucho más grande. Los lugares sonoros se hacen comunes y los recursos técnicos se tornan predecibles. Sin embargo, sólo algunos tienen la capacidad de seguir adelante sobre la comodidad de lo alcanzado para arriesgarse y saltar al abismo de la búsqueda y el crecimiento.

La banda italiana de doom Bretus se ha encontrado en dicha encrucijada y la próxima publicación de su Aion Tetra es una muestra de cómo enfrentarla y salir victoriosos de ella. Sin salir de la atmósfera densa y lúgubre que escuchamos en The shadow over Innsmouth (reseña-review) o de los inquebrantables muros de sonido construidos en ...From the twilight zone (reseña-review), para esta nueva entrega del cuarteto de Catanzaro nos enfrentamos a nuevos ambientes llenos de zozobra y senderos jamás recorridos.


Sin embargo, existen algunos cambios dentro de la alineación de Bretus para esta nueva entrega. A las ya conocidas vocales de Zagarus, las afiladas guitarras de Ghenes y las percusiones sacerdotales de Striges se ha sumado Janos en las cuatro graves cuerdas; cuatro entidades bajo las negras capuchas que a finales de 2018 fueron enclaustrados en el estudio de grabación para registrar el Aion Tetra, material discográfico que editará la disquera Ordo MCM.

El cuarto álbum completo de estudio de la banda italiana busca proponer nuevos ambientes de terror, misticismo y muerte sobre el soporte del doom como género musical. Tras algunos segundos de indecifrables sonidos dentro de una marea de inquietud, las guitarras eléctricas encuentran el riff inicial que rompa con el silencio. Así es como arranca Aion Tetra con "The third mystic eye", tema heredero del doom más clásico pero que se permite cruzar el umbral hacia un efímero metal básico mientras escuchamos la historia sobre un mortal dragón.


Lejos de lo que podríamos esperar dentro de la discografía de Bretus, un misterioso teclado sirve de introducción para "Priests of chaos", un track de fuertes figuras que saben herir con sus apocalípticas sentencias y abismales sonoridades. Sin embargo, y como un ejercicio en búsqueda de nuevos terrenos dónde recorrer, el Aion Tetra ofrece a través de "Prisioner of the night" la canción más metalera del álbum por medio de un desbocado ritmo sostenido que infecta las heridas sin perder aquellas líricas inspiradas en el gran H.P. Lovecraft; aunque los sonidos densos de las profundidades no son abandonados del todo cuando la velocidad es domada y caemos rendidos ante un vals macabre.

Tras un breve impase acústico que nombra al álbum, el cuarteto de Catanzaro nos sumerge en las profundidades desconocidas del espacio por medio de "Deep space voodoo" y "Fields of Mars", dos temas aletargados más allá de los esporádicos azotes eléctricos de sus guitarras que de manera contraria sí logran su imposición en "Mark of evil" gracias a su figura llena de maldad que construye sobre sí un poderoso himno dedicado al maligno. Aion Tetra cierra de manera colosal por medio de "City of frost", una ruidosa y helada oda que busca establecer sus dominios por medio de acordes fuertes y ambientes sombríos imposibles de abandonar mientras se escuchan los rugidos de bestias invisibles bajo el refugio de la obscuridad.


El primer single promocional del Aion Tetra fue "Cosmic crow", una canción hecha a través de una serie de acordes básicos sobre el doom clásico que permite a Zagarus expulsar su mística lírica y al mismo tiempo descifrar cada uno de los elementos que conforman el muro de sonido que se levanta frente a nosotros. Una vez que las notas quedan sueltas, Bretus logra domar al ruido para ofrecernos una onírica melodía de suaves pasajes y lúgubres atmósferas que nos transportan a obscuras zonas como si se trataran de algún vacío en la inmensidad del universo. Entre escenas de viajes películas de horror que han inspirado a Bretus y algunos instantes de la banda sobre los escenarios, "Cosmic crow" brota de las bocinas entre el embeleso de la melodía y la fuerza tormentosa de los instrumentos que no cesan de golpear como si de un vendaval se tratara.


Aion Tetra conocerá la luz este viernes 27 de septiembre de 2019, ese será el momento en que el mundo conocerá los nuevos senderos que marcan los pasos de Bretus en búsqueda de nuevas posibilidades sonoras dentro de claros límites del doom clásico. Los referentes acústicos de esta lúgubre bestia abismal vaticinan el estruendo que se resguardará en este nuevo material, una promesa que asegura el deleite de los amantes de los acordes fuertes y aletargados entre líricas tétricas sobre misticismo, horrores cósmicos y criptas abiertas.