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lunes, 13 de agosto de 2018

Saint Karloff : rindiendo culto a la obscuridad


La noche es densa y la obscuridad lo ha cubierto todo bajo un halo de misterio y zozobra. Los cuervos graznan mientras los truenos anuncian la lluvia inminente. La amenaza de algo terrible que se avecina nos obliga a afinar los sentidos, un estado de alerta domina al cuerpo mientras el alma espera lo peor. Un sombrío riff de guitarra nos remite hacia aquellos tiempos en los que el rock se endureció para reflejar los horrores que guarda lo desconocido, el miedo contenido en la mente del ser humano ante lo maligno, el poder contenido en la magia negra y la incertidumbre encubierta por las tinieblas.

Lejos de lo que imaginábamos, aquella espesa neblina que ha aglomerado decenas de bandas clavas en el sonido del proto-doom fundado por Black Sabbath y Pentagram sigue en irremediable expansión. Entre sus seres que aprovechan el crepúsculo para reptar por el suelo y rendir culto a la maldad nos encontramos a Saint Karloff, un grupo formado en Oslo, Noruega que se interna por las grutas de padre tiempo para ofrecernos un cúmulo de melodías arcaicas llenas de misterio y obscuridad que logran erizar la piel a fuerza de hipnóticos riff y tenebrosas líricas.


Saint Karloff es un power trío por el que respira aquel hard rock de antaño lleno de maldad e intensidad. Por la guitarra de Mads Melvold se filtran las míticas figuras de Toni Ioomi, aunque quizá sea su voz la que tenga más deuda con el cuarteto de Birmingham. Los lamentos que atraviesan cada uno de sus temas te obligan a recordar al Ozzy Osbourne de los primeros álbumes de Black Sabbath. Mientras los infernales riff de guitarra Gibson SG ahogan las bocinas, las líneas de bajo hechas por Ole Sletner construyen un soporte rítmico que de manera contradictoria mezcla la fuerza de melodías furiosas y un sonido alucinatorio que fluye de manera viscosa para penetrar cada poro de la piel. Sin embargo, la batería no podía quedarse atrás dentro de esta máquina de maldad gracias a sus percusiones insistentes que por momentos recrean a su alrededor el sonido ideal para acompañar a un aquelarre a la mitad del bosque. 

Por medio de las disqueras Twin Earth Records y Hellas Records, Saint Karloff a editado en julio de 2018 su álbum debut, un sombrío material hecho a base de un sólido hard rock heredero del más denso blues eléctrico y la más ácida psicodelia bajo el nombre All heed the black god. Con una estética sonora lo-fi lograda por Bjorn Larsen y Magnar Martinsen en el Blitz Lydstudio, el trío noruego nos sumerge en los pantanos de una música intensa con un tufo a hierba, maldad y obscuridad. Y sí, efectivamente este disco bien podría ser un tributo a esos momentos en que el rock se internó en la noche para recuperar de ella el misterio y los terrores que en en ella se resguardan como si se tratara de una sórdida película llena de muertos vivientes, rituales satánicos y demonios bailando alrededor de una gran fogata con la finalidad de liberar los poderes del mal. 


All heed the black god arranca con el riff asesino de "Ghost smoker", tema que crea un hipnótico ritmo clavado en el Black Sabbath más fundamental pero que logra desarrollar establecer la magia de la psicodelia en su estribillo hasta alcanzar un sonido propio dentro del panorama "revival". Tras esos siete minutos iniciales, de manera sorpresiva las bocinas explotan con un ritmo acelerado llamado "Space junkie" por medio de una figura acelerada que no frena ni un segundo y una voz alucinante, pero quizá lo mejor del tema sea en su parte final y su intensidad enferma que por momentos podría definida como proto-metal. Para calmar las aguas, Saint Karloff toma las guitarras acústicas para crear un remanso auditivo (aunque no por ello sombrío y misterioso) llamado "Ganymides" que obviamente nos recuerda a "Orchid" o "Sleeping village" del Sabbath. 

Tras el respiro, la guitarra nos receta otra figura infernal llena de aquel primer doom bajo el nombre de "Dark sun", tema denso que te atrapa de manera inmediata y te arrastra hasta los abismos sin remedio. Quizá uno de los elementos que más distinga a Saint Karloff es la capacidad que tiene para cambiarte la jugada por medio de bruscos cambios de melodías para llevarte a otros terrenos. Desde el final de la propia "Dark sun" hasta el término del disco nos encontramos con estos juegos que poco a poco transforman al disco en una maravilla. "Radioactive tomb" inicia con una frenética figura descontrolada que logra convertirse en un sacrificio ritual gracias a sus percusiones demoniacas o hasta en una ensoñación cósmica con su puente onírico lleno de magia; pero "When the earth cracks open" logra definir el estilo de Saint Karloff con sus acordes asesinos de su introducción, su entrecortadas figuras llenas de hard blues eléctrico y su definición rítmica de hard rock que te obliga a unirte al aquelarre maldito para adorar a la maldad mientras una guitarra ahogada en wah te vuela las neuronas del cerebro. 

 

La mejor manera como Saint Karloff podría terminar su All heed the black god es con su alucinada "Spellburn", un jam psicodélico que te arranca los pies de la tierra para hacerte besar las estrellas. Una vez que la banda te deja suspendido sin gravedad a la mitad de la nada, todo se transforma en un monstruo sonoro de ásperas guitarras y manos cornutas levantadas contra el cielo. Hacia la mitad de la oda, de nuevo los noruegos nos recetan una metamorfosis cósmica a través de un lisérgico vals que termina acelerándose en el hard rock más venenoso que podrías imaginar hasta que todo termina de manera abrupta luego de un orgasmo sonoro. En pocas palabras, "Spellburn" es una joya de ocho minutos que logra resumir todo lo que tiene Saint Karloff bajo su poder.


Quizá lo hecho en All heed the black god no sea original y termine en un homaneje al proto-doom de principio de los años setentas, pero lo hecho por Saint Karloff en este material es recuperar la esencia de una música mágica y obscura llena de intensidad y maldad que poco saben hacer. Mas allá de lo que han logrado crear bandas como Orchid, Demon Eye, Freedom Hawk o Beastmaker con este sonido, Saint Karloff tiene la capacidad de arrancarte el corazón y obligarte a danzar a la mitad de la noche con sus melodías llenas de poder y maldad, sabe conjurar al demonio y arrastra a las almas condenadas bajo himnos obscuros sacados de los abismos para elevarlos hasta galaxias olvidadas...


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