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miércoles, 1 de julio de 2020

Kryptograf : el retorno de la obscuridad y el misterio del sonido noruego


Los sonidos imperecederos del rock obscuro que ha sido rozado por el hedor del maligno han logrado penetrar por los pasillos de la creación de infinidad de bandas por el planeta, pero quizá sean pocos los que han tenido la habilidad para descifrar sus características y terminar logrando la construcción de melodías con aquella esencia mientras proponen algún elemento que despierte el interés más allá de lo conocido y esperado. Aquí es el lugar donde hemos tenido la suerte para encontrarnos con Kryptograf y su hermoso álbum debut que es obligado degustar con detenimiento y deleite.

Con anterioridad, Noruega nos ha ofrecido a varias bandas que han sabido recuperar aquel tufo misterioso ahogado de maldad y obscuridad que el proto-doom propuso a principios de la década de los setentas del siglo pasado. De manera inmediata nos llegan los nombres de grupos como Dunbarrow, Tempelheks, Saint Karloff o Magmakammer, pero lo logrado por Kryptograf requiere ser valorado en su justa dimensión gracias a este material que sabe alimentarse de los clásicos del género como Black Sabbath o Pentagram mientras recupera algunos elementos recién establecidos por gente comoWitchcraftKadavar o Uncle Acid & the deadbeats.


El homónimo álbum debut de Kryptograf fue develado con anticipación a través de dos singles que de manera inmediata despertaron el interés de los amantes de los ritmos ahogados en zozobra y veneno adictivo. Al buscar información sobre los culpables, nos encontramos con cuatro jóvenes de la ciudad noruega de Bergen que han logrado retomar la fuerza tóxica de los riffs del hard rock vintage para crear temas hipnóticos que al mismo tiempo desarrollan historias que rondan el mundo del ocultismo y el misterio literario. Los cuatros jinetes que doman a esta bestia hechicera son Vegard Strand y Odd Erlend Mikkelsen en las guitarras, Eirik Arntsen en la batería y Eivind Standal Moen en el bajo.

Kryptograf se distingue por sus sombrías atmósferas creadas a través de riffs de guitarra que atrapan de manera inmediata con sus ganchos infecciosos, pero al mismo tiempo podemos encontrar melodías adictivas creadas a través de una serie de acordes bien seleccionadas a partir de despertar el interés del oyente entre la tensión creada entre el misterio y las armonías múltiples que tres voces pueden lograr dentro de su combinación que no busca el protagonismo. Para identificar estas característcas, nos acercamos a la onírica "Seven", track de tiempos contradictorios que en su mística podemos saborear la vieja psicodelia envolvente transformándose en los primeros instantes del rock progresivo espacial mientras el mundo se desmorona a su alrededor entre explosiones cósmicas y suaves entonaciones que permiten apreciar todas las posibilidades sonoras de la banda.


Aunque bien podríamos calificar a "Seven" como el tema central del álbum, Kryptograf  ofrece muchos más matices que requieren su detenida escucha si se desea aprovechar y disfrutar lo mejor de ellos. Aprovechando el sesgo interestelar de dicho track deja, la banda noruega nos regala "Crimson horizon", una melodía rabiosa de acordes concretos que logra crear un estribillo infeccioso que obliga a corear junto con la banda. Sin embargo, Kryptograf puede elegir el espectro contrario para regalarnos una armonía maldita bajo el nombre de "Omen" con ese sabor al proto-doom que sólo los escandinavos saben crear a través de una colección de acordes sombríos y aquella densa neblina sonora que se filtra por las bocinas que sabe nublar todo el audiorama.

Los sonidos más densos del álbum los podemos localizar en "New colossus" y sus distorsiones que asemejan a una tormenta eléctrica imposible de detener por su poder y contundencia. Para sorprendernos, el cuarteto de Bergen nos permite escuchar algunas figuras acústicas en su "Ocean", un tema que se hace sublime con su onírico juego vocal y sus tenues teclados atmosféricos pero que tan sólo sirve como puente sonoro dentro de la fuerza sonora de la totalidad del material. Esa suavidad también la podemos oír en la introducción de "Sleeper", pero el tema rompe con un riff asesino que desgarra por su síncopa precisa que sabe inyectar su veneno y su pesada atmósfera que ahoga. Finalmente, Kryptograf cierra con una sonora neblina enigmática titulada "Infinite", la cual sirve como último toque para un álbum mágico lleno de posibilidades.


Quizá el tema más directo y sin ninguna contemplación sea "The veil", track inaugural del álbum debut de Kryptograf que también sirvió como primer single de la banda noruega. Su riff de guitarra seca sabe erizar la piel y al mismo tiempo sabe dotar de sentido al ambiente tétrico que sólo el cuarteto de Bergen sabe construir a su alrededor, algo que termina coronado con una armonía infecciosa que obliga a ser seguida por sus acordes tan logrados y la intensidad de la voz. Por si fuera poco, el grupo tienen la capacidad de cambiar el ritmo acompasado para crear un bólido de velocidad alta y sostenida que servirá de refugio para un obligado solo de guitarra explosivo. El track es veneno puro, pero sí aun queremos sorprendernos más, todas estas maravillas se encuentran contenidas en una pequeña cápsula de tres minutos y diecisiete segundos.


El virus mortal ha comenzado a ceder y está permitiendo que las bandas muestren sus trabajos sonoros sobre el escenario, así que en breve tiempo tendremos la oportunidad de escuchar el álbum debut de Krytograf en directo y plenitud. Por lo pronto es necesario regresar a sus surcos para internarnos en sus abismos y ensoñaciones que permiten sembrar de nuevo las esperanzas de escuchar aquellos sonidos sombríos y místicos que el reciente proto-doom escandinavo prometió y se estaba quedando estancado sin posibilidad de nuevos ingredientes. Kryptograf ha logrado crear un disco poderoso y mágico, así que está en nosotros sólo la opción de escucharlo y descubrir en él como han confluido los sonidos de dos épocas separadas por el tiempo pero re-encontradas por la imaginación y el ruido que provoca la obscuridad.


jueves, 25 de junio de 2020

Parahelio : entre atmósferas instrumentales y viajes mentales


Una vieja fotografía nos muestra una humilde construcción olvidada en algún paraje rural. Un extraño brillo sobre la lente y un doblez sobre el papel fotográfico provoca el retorno del observador, pero una vez con el aguijón de la duda dentro del cuerpo, el espectador muta hacia un escucha deseoso de saber que resguarda aquella portada sin mayor datos y señas. Sin embargo, el reto es lanzado cuando se observa que en su interior existen tan sólo tres largos temas que bien podrían atemorizar al impaciente, al inexperto y al insensible; pero una vez desarrolladas las primeras líneas melódicas, todo se desvanece tras un dulce velo de ruido que es necesario descifrar para encontrar su melancólica belleza.

En mayo de 2019 fue publicado por LaFlor Records y lanzado de manera digital el álbum Surge Evelia, surge, el primer álbum completo de la banda peruana Parahelio que ahora está por ser editado de manera física en vinilo por la disquera Necio Records durante los últimos días de junio de 2020. Aquella colosal obra sonora ha soltado su brisa ruidosa durante un largo tiempo, pero ahora es necesario regresar a ella para degustar esos sabores olvidados, colores ambiguos que han sido difuminados y hoy vuelven a levantar el vuelo para ser escuchados sin prisa y con la atención sensible de quien desea recorrer un laberinto auditivo construido a partir de esencias y movimientos contradictorios entre sí.


Surge Evelia, surge nace como una percepción que brota del pueblo más alto del mundo, aquel lugar minero conocido como La Rinconada, en el departamento de Puno, Perú. Aquel tímpano que sabe escuchar a los Andes busca reflejar en el material discográfico el poder de las grandes montañas nevadas, el constante soplar del helado viento y la insistencia humana por sacar brillantes tesoros ocultos en las inhóspitas tierras. De esta manera, se obtiene una extraña mezcla entre música experimental con los paisajes sonoros del drone para lograr ambientes mágicos y oníricos llenos de sensaciones hipnóticas bajo melodías que bordan el post-rock y las ensoñaciones progresivas.

Tres guitarras eléctricas se fusionan entre sí para construir densas murallas sonoras que se desmoronan poco a poco mientras los golpes de batería anuncian el trabajo humano que no cesa frente a los regalos de la madre naturaleza y el bajo dota de plataforma y sustento al desarrollo armónico que sale de los altoparlantes. La desolación se palpa a cada paso, pero al correr de los segundos podemos detectar angustia y desazón frente a instantes de euforia y frenesí, logrando de esta manera recrear una colección de sensaciones que te transportan hasta aquella altura frente a los congelados muros rocosos con su silencio eterno y el ruido que el hombre algún día generó en búsqueda de saciar su ambición.


Los tenues y fríos acordes con los que inicia el Surge Evelia, surge dan forma de manera detenida al tema que le dará nombre al álbum. Tras aquella neblina de languidez que deja un sabor de pesar, Parahelio nos toma de la mano para iniciar un melancólico y lento baile que suavemente va torna en una barrera de sonidos que ahogan el cuerpo de los danzantes. Sin perder su esencia, el track se desarrolla hasta levantar la mirada para emprender el vuelo hacia aquellos hermosos cielos que casi tocamos con los dedos.

Enseguida nos encontramos con "Gestos y distancia", una lenta melodía de tenue arpegio concreto que logra conformarse en una melodía definida que enamora con su paulatino fluir. Sin embargo, el tema comienza a tomar intensidad con la insistencia de sus guitarras que rasgan sin freno mientras sobrevolamos los barrancos y abismos de los Andes peruanos. Pero quizá lo más bellos del track se encuentra entre su quiebre constante que compara la vehemencia frente a la pasividad, sensación que despierta la posible mueca de quien escucha un imponente ambiente que poco a poco se levanta frente a él.


"Ha'Adam" nos recibe con una tormenta eléctrica que hace vibrar las bocinas como si se tratara de un estertor, quizá un aviso apocalíptico de final y destrucción, pero una vez que los fuertes vientos que laceran la piel han sido sosegados, Parahelio nos deja desnudos ante una bella y tenue melodía donde las guitarras logran construir un ambiente onírico que poco a poco van agarrando intensidad hasta ofrecer una extraña mezcla entre rabia y contención como si se tratara de alguien a punto de arrojarse al precipicio. Tras aquel zumbido incesante, la calma regresa como si se tratara de un momento de reflexión que conlleva a regresar los pasos por aquel camino andado, un respiro luego de una violenta huida para levantar la mirada y observar todo lo que rodea. El audiorama jamás dejará de recrear densos muros sonoros que como un salvaje enjambre satura el horizonte ótico, pero la banda sabe encontrar los momentos precisos para cambiar la intensidad y lograr un equilibrio entre el ruido y el silencio con la finalidad de otorgar diversas texturas a su múltiple ambiente acústico.


¿Cómo será la experiencia de vivir directamente el Surge Evelia, surge en el escenario? Aunque la posibilidad de los medios videográficos nos ofrecen la opción, la insustituible vivencia presencial exige su encuentro frente a los cinco cuerpos que dejan su emoción ante nosotros. La única opción que queda ante la situación de un mundo ensimismado y enclaustrado es bajar la aguja sobre el negro plato de vinilo para permitirle escarbar sobre sus surcos aquel sonido que nos provoque un intenso viaje donde la imaginación suelte sus amarras y logre sobrevolar los precipicios que resguarda en su interior. Parahelio nos ofrece el sonido como un acontecimiento, pero somos nosotros los que debemos dejarnos seducir por aquella invitación hasta lograr el despegue de los pies por esos ventosos e internos acantilados escondidos en nuestra mente...

Parahelio a través de Necio Records:
https://neciorecords.bandcamp.com/album/parahelio-surge-evelia-surge-nr-lp-009


martes, 23 de junio de 2020

The Same River : el misterio que resguardan las sombras


Existen muy pocas bandas que tienen la posibilidad de tomar en sus manos la zozobra para inyectarla en su sonido con la intención de crear un muro impenetrable lleno de misterio y temor. Realmente son escasas las agrupaciones que logran recrear los sombríos ambientes que la madre naturaleza puede ofrecer dentro de aquel debate que es la vida tratando de mantenerse frente a la constante amenaza que es la muerte, aquella sombra agazapada entre la obscuridad que espera la mejor oportunidad para lanzar sus fauces sobre el aliento que mantiene al cuerpo dentro de este plano de la realidad. Uno de aquellos grupos que lo han logrado es The Same River.

Tenemos pocas referencias sobre lo que es el hard blues electrificado en las tierras e islas griegas, pero lo hecho por The Same River en su EP debut puede ser incluido dentro de este concepto sonoro, aunque el resultado logrado por esta nueva banda vaya mucho más allá. Su historia se remonta al encuentro de los guitarristas Diamond Pr y Dimitris Georgpoulos en aquel misterioso combo que fue Cyanna Mercury basado en densas atmósferas de psicodelia obscurecida. A ellos se sumó el baterista Fivos Katsifloros de los aletargados One Man Drop y el bajista Theodore Ntilgeris de la banda garage y shoegaze The Great Black Shark, logrando así a partir de a mediados de 2019 conformar una alineación dedicada a inspeccionar los abismos del ser humano frente a su lucha contra el mundo que le rodea.


El resultado de su encuentro es una colección de cuatro temas colosales que fueron registrados de manera directa en el Blackbox Studio de Atenas, Grecia que han sido encapsulados bajo el obvio nombre de Live at The Blackbox, material publicado de manera digital en marzo de 2020. Teniendo como concepto básico la creación sonora a partir del hombre oponiéndose a la crueldad del mundo, pero al mismo tiempo retomando aquella imagen de Heráclito de que "nadie se baña en el mismo río dos veces", The Same River nos ofrece un material lleno de miedos, melancolías y reflexiones que finalmente logra erizar la piel gracias a sus densos ambientes que por instantes explotan frente a nuestra atónita mirada.

Con el resguardo técnico de George Filikozis, Live at The Blackbox logra colarse por las neuronas como si se tratara de un tenue pero constante viento que sopla sobre el rostro con toda su frialdad y magia. Cada track nos atraviesa hasta hechizar, quizá como una hipnosis que asemeja a una densa niebla que poco a poco nos captura hasta dejarnos inmovilizados ante el temor y la incertidumbre de lo que resguarda. Sin embargo es inevitable no recordar los primeros instantes de All Them Witches y su Our mother electricity (reseña-review), pero lo alcanzado por The Same River logra dar un paso más allá a través del uso de la rabia stoner que busca sacudirse de las sombras que acechan a cada rincón.


Cuando uno escucha "Phoenix", de manera inmediata se logra viajar hasta alguna zona pantanosa del delta del Mississippi muy lejos del desierto de Arizona, pero su obscuro y aletargado blues nos habla sobre un duelo cara a cara en alguna polvorienta calle como metáfora del enfrentamiento interno que sufre el hombre contra la mentira y el engaño. Pero cuando se encuentra frente a "Voyage/The great sea" todo se convierte en una ensoñación que nos deja varados en la nada sin posible solución entre ecos que se repiten hasta el infinito y una tormenta que nos termina ahogando.

Live at The Blackbox tiene uno de sus mejores momentos cuando la poderosa magia de "After life" se posa sobre las bocinas para que, como un ligero fantasma o quizá un alma en pena, nos tome de la mano para sobrevolar los abismos de lo desconocido tras pasar los umbrales de la muerte. Aquella sensación de misterio y frío jamás abandonará al track, pero al mismo tiempo busca abandonar el dolor de una vida pasada que fue llevada con pesar y sufrimiento. Percusiones sombrías, lineas de bajo que reptan por el suelo, tenues acordes de guitarra que de manera onírica recrean ambientes ahogados en zozobra y una voz que como sentencia deja sus líricas tatuadas en la memoria.


"En constante cambio pero aún permanece
el mismo río sigue rodando.

En constante cambio, se opone a lo mismo,
un mundo de palabras sigue avanzando.

Bueno... nada importa, 
nada debe ser contado.

Esto será dicho: la unidad fallará
si toda la existencia comienza a desvanecerse.

Pero, en constante cambio, nosotros aún permanecemos.
Un mundo de palabras que sigue rodando"


Unos acordes aletargados y oníricos dan comienzo al Live at The Blackbox bajo el nombre de "The Same River", un track que dota de nombre al cuarteto de Atenas mientras ofrece le ofrece al mismo tiempo su concepto sonoro. Las frías aguas corren de manera constante hasta que sentimos el sobresalto dentro de nuestros abismos internos, momento ideal para que la melodía se endurezca y una línea de guitarra nos trasporte a universos imposibles. Sin abandonar su sombría esencia, el tema continúa avanzando hasta encontrar un remanso hecho a basa de arpegios que son quebrados sin piedad por un riff salvaje que nos devora de una sola mordida. Aquel equilibrio entre sosiego y furia, silencio y ruido, luz y obscuridad que dota a la canción de una dulce áurea de contradicción, un símil perfecto de lo que es el alma del ser humano cuando se enfrenta a sus demonios. 


Como si se tratara de la caja de Pandora, el obscuro cofre ha sido abierto y de él se han escapado todos los sentimientos resguardados por el hombre, pero es la naturaleza misma la que le ha mostrado sus propios errores y sus más enraizados demonios gracias a las sombras que le persiguen día a día. Con paso lento pero firme, la zozobra se ha instalado en el mundo para no abandonarlo. El sonido delata lo que ha ocurrido y no existe escapatoria, es momento de mirar hacia adentro y asimilar lo que los abismos propios han intentado ocultar. El audiorama se ha cubierto de tinieblas, quizá sea el instante para frenar y admirarlo en su plenitud...


viernes, 19 de junio de 2020

Mothers of the Land : la magia de un universo instrumental


Luego de la pausa que ha colocado la banda austriaca Pastor a su fugaz camino en el mundo del proto-doom bajo aquel tufo a NWOBHM tras la publicación de su Unveil (reseña-review), era inevitable buscar el rastro de sus integrantes dentro de otros proyectos sonoros. Sin embargo, al indagar sobre el trabajo del guitarrista Georg Pluschkowitz descubrimos que él venía trabajando con una agrupación de heavy rock instrumental desde 2012 llamada Mothers of the Land, quienes ahora tiene la oportunidad de presentar su segundo álbum titulado Hunting grounds.

Además de Pluschkowitz, Mothers of the Land contó en sus líneas desde su origen con Johannes Zeininger en el bajo y Jakob Haug en la batería, pero no fue hasta que en 2015 con la integración de Jack Jindra en la segunda guitarra, cuando la banda de Viena encontró su sonido definitivo a través de un heavy metal concreto que construyera atmósferas envolventes por medio de largos pasajes instrumentales. Sin bien en su debut Temple without walls editado en junio de 2016 se puede detectar esta idea sonora, su estilo más crudo y hasta épico terminaba por acercarse peligrosamente a lo desarrollado por Pastor, pero tras el paso del tiempo el cuarteto logró desarrollar otros senderos que lo dotaran de personalidad propia.


En búsqueda de nuevas opciones y sensaciones acústicas, Hunting grounds se podría definir como un álbum basado en un universo lleno de riffs adictivos inspirados en la rabia de las guitarras gemelas del metal setentero y en la multiplicidad de posibilidades que el hard rock psicodélico y su posterior desarrollo hacia al mundo onírico del rock progresivo y su fusión con el jazz logró hasta crear un complejo audiorama que se desarrolla frente a nosotros. De esta manera, el álbum desarrolla diversos ambientes que de manera sencilla transporta al escucha sin que por un segundo pierda su conexión con el punto de referencia establecido por cada melodía, algo que siempre será complicado para una banda que no cuenta con el hilo conductor de la palabra cantada.

Mothers of the Land nos recibe con un baile con aires medievales llamado "Harvest", track que inicia de manera somera para preparar su posterior carrera desbocada que la combinación de guitarras construye de manera conjunta. Lejos de permanecer en dicha ambientación, Hunting grounds ofrece temas que saben explotar los clichés de los géneros para crear melodías robustas llenas de detalles como en "The beast" con aquel sabor innegable a metal clásico o en la venenosa "Showdown" con sus riffs directos que juegan entre el hard rock incisivo y las armonías constantes que cabalgan para formar un fuerte soporte para que las guitarras exploten en solos que demuestran la calidad interpretativa de sus jinetes.


Sin embargo, Hunting grounds no puede ser digerido en una sola mordida, ya que el material contiene muy diversos elementos que deben ser degustados con detenimiento para poderles sacar todas sus posibilidades acústicas. El tema que nombra al álbum es una prueba de ello, ya que logra crear frente a nosotros un mundo surrealista que requiere ser admirado desde su grandiosidad más allá de la velocidad que el track tiene y los sentimientos que despierta en los abismos internos de aquel que permite adentrarse en sus mágicos terrenos sonoros.

Otro elemento fundamental del segundo álbum de Mothers of the Land en su trabajo de producción técnica realizado por Nino del Carlo, quien logró colocar a cada instrumento en un lugar preciso para que fuera plenamente ubicado, pero al mismo tiempo les dota de integridad que permite al resultado final sentirse como un organismo vivo. De esta manera podemos disfrutar en plenitud las múltiples escenas que nos ofrece "Sanctuary" a través de sus constantes cambios de melodía, además de permitirnos de descubrir todos los detalles armónicos con los que está construida "Queen of the den".


Como prueba de lo que contiene Hunting grounds, la disquera Stone Free Records compartió en su canal de videos de YouTube el tema "The beast", un track que encapsula de manera concreta y clara lo que es el álbum y la propuesta sonora de Mothers of the Land: riffs asesinos que alternan con tenues arpegios  que te toman de la mano de manera suave para invitarte a un extraño baile. Sin emabargo, en varias ocasiones encontramos al paso acordes secos que nos rompen el tiempo hasta que una distorsionada guitarra ahogada en wah es paneada y pasa frente a nosotros por todo el horizonte acústico para ofrecernos un solo criminal y es rematada con figuras clásicas del metal a través de un ritmo que cabalga de manera salvaje.


Mientras observamos el impresionante arte del Hunting grounds creado por Dr. Knoche donde un misterioso personaje oculto en una túnica pelea contra una bestia animal, los paisajes musicales de Mothers of the Land construyen historias claras donde la magia se mezcla con la leyenda para soltar nuestra imaginación hacia amplios terrenos fértiles llenos de posibilidades. Una vez definido el estilo de la banda austriaca, el material logra crear atmósferas que sirven de plataforma concreta para un escucha deseoso de viajar por los universos sonoros y sus armonías fluctuantes. Es momento de bajar la aguja sobre el vinilo para permitir que el sonido nos tome de la mano y nos muestre estas hermosas historias resguardadas... les aseguro que no se arrepentirán.


miércoles, 17 de junio de 2020

Arteaga : Sexo, drogas y doom 'n' roll



"Pero la serpiente era astuta, 
más que todos los animales del campo que Dios había hecho;
la cual le preguntó a la mujer:
¿con que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?"
Génesis, 3:1

La tentación vuelve a reptar por los suelos con la intención de verter su veneno a través de una seductora mordida. La sustancia tóxica corre por las venas hasta que el torrente sanguíneo se contagia de adicción y deseo, pecados agolpados en el vital flujo viscoso transformando la carne en un ente apoderado por la maldad. La dulce bestia ha infectado otra alma más mientras la muerte ronda expectante la caída inminente. El paraíso se ha perdido de manera definitiva e irreversible, pero el deseo ha sido saciado entre pasión, alucinación y baile... salvajes actos de un ser que ha abandonado la fe y la obediencia tras la fascinación de lo prohibido.

Nuevamente Arteaga lo ha hecho otra vez. Aquel combo lisérgico que mezcla doom con sensualidad ha regresado con otra manzana llena de tentación para volarnos las neuronas a través de sus acordes infecciosos que producen adicción y pecado. El pasado 15 de junio de 2020, la banda chilena publicó en distintas plataformas Serpiente, un track alucinante que sirve de adelanto para lo que será su esperado Season of the witch chapter 2, una mordida a la fruta prohibida que nos muestra placeres, conocimiento y arrepentimiento.


Cuando escuchamos los tres temas que conformaron el Chapter 1 (reseña-review), el veneno ya había sido inyectado y era inevitable esperar con ansiedad su continuación. La enfermedad virulenta que azota como peste a los continentes ha detenido su trabajo de creación, pero los animales malditos que dotan de cuerpo y alma a Arteaga han sabido sortear a la suerte para ofrecer una pequeña dosis de lo que siguen surgiendo de aquel fuego ritual dedicado al maligno mientras las hermosas damas ofrecen su tesoro carnal entre baile y deseo. 

Serpiente ha sido presentada como single a través de la página de bandcamp de la banda chilena y al mismo tiempo forma parte de un split compartido con el grupo italiano Atomic Mold; un material editado de manera conjunta por las disqueras Interstellar Smoke Records y Electric Valley Records bajo los sugerentes nombres de Flesh of Evil y Deadly  & Pervers. De esta manera, en dicho combo podemos encontrar en un mismo vinilo erotismo, ritos malditos, ensoñaciones psicotrópicas y pesadillas inspiradas en el viejo cine B.


Para esta sesión de grabación realizada directamente en el cuarto de ensayo de Arteaga y bautizada como C-19, podemos escuchar las bases sonoras realizadas por los graves de sonidos de Francisco González y las tormentas eléctricas de Sebastian Morales, quienes ahora son acompañados en las percusiones por Jorge Habach y los místicos teclados de Oriana Portus. Por si fuera poco, la mezcla y masterización del tema fue realizada por Esben Willems, baterista de Monolord, quien le ha dado un toque de profundidad y misticismo a los sonidos analógicos hechos por los chilenos de manera directa y sin mediación.

El track en cuestión es un conjuro contenido que sabe esperar para encontrar el momento ideal de su explosión definitiva. Sus lentos y oníricos acordes se arrastran por el suelo al acecho de su próxima víctima. La atmósfera que se levanta frente a nosotros ahoga en zozobra todo aquello que nuestra vista y tímpano puedan alcanzar. De manera desprevenida, una guitarra metálica y misteriosa suelta su lamento mientras el eléctrico bajo entona una línea venenosa que invita al baile y la alabanza ante la fogata ritual dedicada al maligno. Las voces lisérgicas se pierden entre las densas neblinas technicolor que el sonido construye a su alrededor, envolviendo al escucha entre sopor y confusión que sólo lograrán el extravío de su mente mientras se sacia su deseo y perversión. 


"Busqué en sus brazos lo que había perdido
y sin pensarlo me entregué al olvido.
Su falso amor utilizó mis sentidos.
Me embriagó y sepultó mi destino.

Y con mi mente comenzó a jugar.
Serpiente hábil, quebró mi voluntad.
Ahora sin fuerzas,convertida en un ente
fui programada para sembrar la muerte.

Fuiste la droga que corrió por mis venas,
borrando el rastro que jugó mi condena, 
hogar sin puertas que mató la inocencia,
la luz murió y detonó mi demencia"


Serpiente cuenta con todos los elementos necesarios para provocar el extravío de las almas y el arder de los pecados ante el frenético aquelarre resguardado por la obscuridad. Sus hipnóticos acordes están hechos con el único propósito de inducir al éxtasis mientras el señor de las tinieblas se regocija ante el himno hecho a su honor. Demonios y brujas se toman de la mano mientras la tentación ha hecho nuevamente caer al hombre seducido por la mujer... la historia se ha vuelto a repetir.


lunes, 15 de junio de 2020

The Dark Silence of Death : el retorno desde la decadencia



"La música es hoy, en muchos aspectos, 
anuncio lancinante de la muerte"
Jacques Attali, Ruidos, 1977

Los umbrales de la muerte se han abierto nuevamente para permitir la salida de una de sus criaturas más salvajes, una sombra llena de maldad y coraje que en su interior se respira podredumbre y enfermedad.  El eterno vacío muestra su rostro siniestro mientras presenciamos el comienzo del final. Demonios y espíritus del mal resguardan su terrible presencia mientras la sangre se agolpa en aquellos que se aferran a los últimos instantes de vida, pero la realidad les muestra el cierre de un ciclo fatídico sin remedio ni salvación. Ruidos y gemidos emitidos desde el más allá traspasan los límites para hacerse escuchar con toda su fuerza y atormentado lamento. Ha llegado el momento...

Tras el lanzamiento de su debut en marzo de 2019 (reseña-review), The Dark Silence of Death ha trabajado en nuevas composiciones que terminaran por definir su desgarrador estilo, algo que ha terminado transformándose en The unliving, el segundo material de la banda regiomontana publicado en junio de 2020. Bajo una escucha detenida de sus ocho tracks podemos detectar el sabor a tierra podrida que ha resguardado cuerpos en descomposición y que ahora exigen su regreso a este plano de la realidad, pero es necesario resguardar las palabras para que cada frase tenebrosa y cada acorde afilado puedan ser degustados como es debido.


El cambio de residencia de Guillermo Uribe a San Francisco, provocó cambios en la alineación que compuso el primer álbum de la banda, logrando así la llegada de Miguel "Vader" Paz en el bajo y Juan Carlos Delgado en las baterías. De manera obvia, la nueva formación llevó al sonido del grupo hacia nuevos senderos sin perder aquel sello distintivo obtenido por las guitarras agresivas herederas del primer doom en manos de Jesús Osuna "Viejo Macabro" y por las voces surgidas de ultratumba creadas por Javier Monzón. 

De manera inmediata se puede escuchar una diferencia marcada entre The unliving y su antecesor, ya que en el debut de The Dark Silence of Death encontramos temas melódicos muy concretos hechos a través de acordes sueltos que permiten a la voz escupir sus lamentos entre las grietas que el silencio abre entre los muros ruidosos; sin embargo en el nuevo material discográficos escuchamos una inquebrantable muralla de sonido donde aquel doom cercano a Mercyful Fate se ha endurecido para crear cosas mucho más agresivas mientras las voces relatan historias tétricas a manera de frases y sentencias fatídicas. 


La rabia se puede detectar desde los primeros segundos del disco, logrando en temas como "No escape" una violencia que golpea las neuronas entre una veloz percusión y acordes secos que desgarran la piel; sin embargo The unliving se distingue por sus certeros riffs que sirve de telón de fondo perfecto para crear ambientaciones tétricas ahogadas en zozobra que son aprovechadas por el narrador para hablarnos del retorno de los sin vida como si se tratara de aquellas viejas películas del cine giallo italiano de Mario Bava y Darío Argento o aquel sangriento pero sensual concepto visual de Jesús Franco, algo que queda demostrado de manera clara en la atormentada melodía que le da nombre al disco.

Sin lugar a dudas el metal pesado se detecta en cada rincón de The unliving como una forma de demostrar la furia y el terror. Por un instante podríamos esperar una voz gutural explotando por las bocinas en "New flesh", pero todo queda contenido por el filo de las guitarras, las pausadas percusiones que asemejan pasos que arrastran pesadas cadenas y las precisas líneas de bajo que mantienen todo en su centro de gravedad. De la misma manera, "They shall feast" busca ofrecer la misma lógica sonora, aunque su figura rastrera sabe construir un velo de misterio a su alrededor hasta que todo se deslumba con aquel ataque violento de batería y constante rasgueo. Aun así, el segundo disco de la banda mexicana sabe jugar con los cambios melódicos como escuchamos en la sosegada "Hear their screams" o en aquellos juegos libres y sombríos que los instrumentos de cuerda nos han regalado como una forma de respiro ante la constante huída que escuchamos en "Transformación" (con un Viejo Macabro demostrando su magia y capacidad interpretativa en la guitarra) o en "Aftermath" (la herencia que Guillermo Uribe dejó tras su salida).


"Las calles son ríos de sangre
Esto es una zona de guerra
La muerte está asesinando a la vida
La muerte se está comiendo a la vida
El vecino está asesinando al vecino
Los padres se están comiendo a sus niños
El vecino está asesinando al vecino..."

La primera mordida que podemos darle al The unliving es "From decay", track inaugural del álbum construido a partir de una serie de acordes descendentes de gran intensidad acompañados con el ruido de voces emitidas por algún televisor antiguo con sintonización deficiente. Tras este antecedente sonoro, Javo Monzón comienza a hablarnos sobre cómo la muerte se apodera de las calles a partir de la violencia, la guerra y el asesinato mientras todas las calles se tiñen en sangre y dolor. Acordes disonantes acompañan la decadencia que nos muestran los noticieros, melodía melancólica de una realidad que se muestra todos los días, un temor que ha superado cualquier película, una historia que que se muestra cada amanecer tras la disipación de las tinieblas.


The Dark Silence of Death ha creado una obra concreta, cruda y desgarradora. La maduración de sonido ha llegado muy pronto, pero no por ello han abandonado sus preceptos originales, logrando así un material equilibrado y potente no recomendado para oídos sensibles. Aunque la fantasía tenebrosa se escapa por todos los poros del The unliving, sus líricas nos demuestran que la realidad supera a la imaginación. Sus sonidos son afilados y primitivos, lo que conforma una colección de temas precisos que logran su objetivo desde el primer instante, pero es necesario tener pies de plomo para saborear cada uno de sus elementos y detectar así el verdadero mensaje tras las densas atmósferas de muerte de terror que ahogan al material...


sábado, 13 de junio de 2020

Fabricantes : el ruido como medio para la sanación



El poder del sonido brinda la posibilidad del escape, quizá para la salvación y el alivio. Las vibraciones que provocan el ruido construyen escenarios propicios para que el alma encuentre refugio y un medio para descargar su furia, pero también la posibilidad para encontrar la sanación. Los audioramas se levantan salvajes, colosales, completos... pero esos fragmentos sonoros son tan sólo un pedazo pequeño y breve de todo lo que busca expulsar el cuerpo, una catarsis escandalosa al encuentro de la resistencia, la contemplación y la introspección. Todas las circuntancias se conjugan en una combinación de elementos que dotan de sentido al momento que explota en una colección de sonidos con un mismo sentido, aquel que se transforma en melodía y lamento, aquel que no requiere palabras ni más explicaciones.

El difícil sendero que llevo a la banda argentina de Fabricantes para crear su más reciente álbum es quizá una tortuosa historia de enfermedad, transformación y recomposición que terminó reflejada en la composición de nueve tracks que divagan entre el escándalo y la reflexión, la vieja fórmula del ruido frente al silencio que busca crear armonías que reflejen lo que resguarda el alma y expresen lo que las neuronas desean trasmitir. Bajo el nombre de El alquimista encontramos un disco definitivo que sirve de punto de fuga para múltiples posibilidades, que lejos de extraviar la brújula, condensan las diversas atmósferas que puede sobrevolar el hombre tras el cruce de la adversidad.


Tras la publicación del poderoso y concreto La selva incrustada, la banda originaria de Córdoba, Argentina recibió a principios de 2017 a Javier Bochaka en las percusiones, convirtiéndose en cómplice perfecto para las ideas que desarrollaban Gabi Díaz en el bajo y Manu Montoya en las voces y cuerdas; sin embargo el desgaste en las cuerdas vocales en éste a finales del mismo año provocó un cisma de larga duración y difícil asimilación. Luego de una intervención quirúrgica, Fabricantes se quedó sin la posibilidad del uso de líricas y la obligatoria reformulación de su concepto tras dos materiales definidos por los sonidos distorsionados y los rugidos intencionados.

Lejos de significar el final de Fabricantes la banda tomó la restricción como una posibilidad, lo que focalizó los esfuerzos en la construcción de audioramas que reflejaran ideas definidas y atmósferas mágicas. Sin embargo, la sombra se postró nuevamente sobre Manú Montoya al vivir un duelo relacional, provocando un prologando momento de reflexión e introspección que se ve reflejado en el material definitivo que conformó a El alquimista, un disco grabado a mediados de 2019 en Lvto Recordings. Y si aún fuera esto poco, tras las sesiones de grabación, Gabi Díaz abandonó a la banda, dejando a Fabricantes en un dúo con el árduo trabajo de terminar su siguiente álbum.

 
Con el trabajo de mezcla y materización de Exequiel Sticca más el sorprendente arte visual de Pelvh, El alquimista fue finalmente presentado en junio de 2020. Tras una primera escucha del material, nos enfrentamos con una multiplicidad de opciones sonoras que requieren una segunda mordida para degustarlo realmente. Aquella rabia que se respiraba en los discos anteriores ahora era dirigida hacia otras sensaciones sin perder su esencia, logran crear un álbum rico, versátil y ambiental. El ruido inicial de "La épica del bien común" podría anunciar un material ahogado en distorsiones, su paso lento y denso ofrece obscuridad y dolor que sabe aprovechar los espacios de silencio entre eco y virtuosismo, pero al escuchar "Deux Ex-machina" sabemos que Fabricantes ha abierto sus posibilidades compositivas hacia otros horizontes más allá del hard rock y el stoner para adentrarse al los derroteros progresivos y, ¿por qué no?, hasta psicodélicos.

La onírica "Oleaje" nos ofrece un remanso de notas y un sublime paseo interior, la colosal "La marcha roja" se impone con fuerza a través de acordes definitivos sin posibilidad de escape, y la breve "Aparición" nos sumerge en los abismos del ser entre tormentas eléctricas y vacío; tres temas que nos permiten apreciar todas las posibilidades armónicas que Fabricantes tienen ahora en su baraja. Y aunque luego de conocer la historia que precedió a El alquimista, encontramos en "Loop ácido" un track con lírica que refleja el deseo de evasión de la realidad mientras el sonido lisérgico rescata la energía para levantar el vuelo hacia otros horizontes. Finalmente, el disco nos regala dos divagaciones auditivas totalmente intimistas tituladas "Mantra" e "Introspectiva": la primera un mágico viaje aletargado que busca construir una burbuja que divida al ser frente al mundo exterior y la segunda una breve caída hacia el interior del individuo donde la guitarra toma el control completo de las bocinas para tomarnos de la mano y abandonarnos a nuestra suerte en algún punto desconocido del universo.

 
El track que ha servido de primera prueba de El alquimista es "Arde", una melodía que arrebate en fuerza y violencia más allá de sus posibilidades oníricas derivadas de una guitarra que sobrevuela un vólcan en erupción. El riff inicial es lava corriendo sin freno mientras las percusiones cimbran el suelo en sísmicas sensaciones que denotan la destrucción y el final de lo que conocemos previamente, ofreciendo de la misma manera la posibilidad de un viraje total hacia una armonía hermosa que sabe alzar la mirada para observar los astros aunque por debajo todo es corroído. La sangre se agolpa entre desgarre y dolor, pero el alma resguardada dentro del cuerpo clama por salvación a través del fuerte ruido de estertores y gemidos acallados. 


El alquimista se ofrece ante nosotros como una herida abierta que sangra sin control, pero al mismo tiempo como una cicatriz que se muestra con orgullo donde el tiempo y la reflexión conviven hasta crear una obra hermosa, multifacética y abismal. Los demonios internos han fluido por los parlantes para demostrar que la enfermedad, el abandono y la transformación son semillas para el sentimiento, el pensamiento y la creación, todas ellas distintas miradas de un mismo ser que se enfrenta al simple hecho de vivir. Una vez sanado el individuo, la magia se filtra por los poros hasta ofrecernos un regalo sonoro lleno de posibilidades resguardadas en cada acorde, una posibilidad para asimilar las sombras que nos acompañan y una opción para gritar de nuevo...


miércoles, 10 de junio de 2020

Mooch : unos perros desérticos que saben observar el cielo



Hay materiales que llegan a tus oídos debido a recomendaciones, otros por su gran difusión en los medios electrónicos, y otros por la gente de renombre que ha colaborado en ellos. Quizá para un álbum debut pueda ser difícil colocarse ante tantas opciones sonoras rondando por el aire, pero el empuje de alguien que ya está colocado en el gusto de la gente pueda servir para atraer la atención y brindar algunos segundos a su propuesta. Este es el caso del primer disco de los canadienses Mooch, así que les damos la oportunidad de que suenen por las bocinas...

Diversos medios comenzaron a escribir y hablar sobre Hounds, el álbum debut de un trío originario de Montreal que había sido grabado en el desierto de Joshua Tree por Brant Bjork, el mítico integrante de las arenosas bandas Kyuss, Fu Manchu y Vista Chino. Sin embargo, quizá toda la atención queda atrapada en esta referencia y no permite escuchar con detenimiento la propuesta sonora del grupo, por lo que es momento de permitir al disco que hable a través de su música para luego rescatar el trabajo técnico de tan memorable personaje de la escena stoner californiana.


Lejos de lo que se podría esperar, Hounds no es un álbum de rock desértico ni de stoner. El primer material discográfico de Mooch es una colección de temas versátiles construidos desde diversas perspectivas y atmósferas que son alimentadas por la esencia y la magia del desierto californiano. Con tan solo bajar la aguja sobre la inaugura "Mantra" sabemos que estamos frente a una banda que busca crear sensaciones místicas más allá de estilos pre-establecidos o de clichés provocados por la participación de una leyenda. Este onírico track de tiempo lento edifica poco a poco un denso ambiente en búsqueda de una hipnosis provocada por una dicotomía entre la luz y la obscuridad, el sonido y el silencio que nos toma de la mano para invitarnos a un viaje intenso que requiere paciencia y atención. 

Sin embargo, es imposible no detectar el toque místico de Brant Bjork y su inseparable Bubba Dupree en el sonido final del disco, algo que podemos detectar en aquel contradictorio encuentro entre la suavidad de los ritmos que embelesan por su terso toque y la explosión definitiva de los acordes que es contenida de manera inteligente en las bocinas sin que se permita su desgarre irreversible. Esto lo podemos degustar de manera plena en "Blues man's face" con su reptante inicio por medio de una guitarra de rasgueo controlado, una línea de bajo intrigante y una percusión tribal que terminan creando una tormenta eléctrica a su alrededor sin perder por un sólo segundo el beat pegajoso (¿quizá funky?) que ha distinguido al estilo armónico de Brant Bjork en sus últimos discos como solista. 



Es necesario aclarar en este punto que el Hounds no fue grabado en una sola de sesión de grabaciones, ya que la primera parte fue registrada en California durante agosto de 2018 cuando Mooch era un dúo conformado por el baterista Alex Segreti y el guitarrista y vocalista Ben Cornel. Las lineas de bajo fueron añadidas unos meses después por Joe Sagreti al integrarse a la banda Julian Iacovantuono como miembro definitivo. El resultado de su trabajo lo podemos escuchar claramente en la intensidad de "Super big things" o en los golpes secos de "Feel good" con aquel juego en las notas hecho en los espacios brindados por eco de los acordes distorsionados de la guitarra.

El álbum debut de Mooch se da la oportunidad de ofrecer espacios introspectivos y sonidos contenidos en temas como en la tenue  "Lucid" o en la sombría "Resident sleepper", aunque esta última termina irremediablemente reventando el volumen sin perder su ritmo aletargado. Aun así, Hounds ofrece claros instantes de stoner clásico como en la sorprendente "Torn up" a pesar de su obvia inspiración en el fuerte blues electrificado o en "Giant lafy fingers" con sus figuras lisérgicas de tiempos lentos. Finalmente, el disco termina con el track que le da nombre, un tema de extrañas guitarras limpias que terminan apretando el pedal de distorsión mientras escuchamos una lírica que habla sobre persecución interna por medio de la metáfora de unos sabuesos que acosan constantemente al protagonista.



"Ella te llena de amor que va con la marea, viene y se va. 
Tú has saltado y te sorprendes como ella te ha tragado en su agujero.
Su fusible es profundo y sus ilusiones te dejan mareado mientras explotan en la noche.
Ella es un agujero negro y sabes que quieres ser llevado hacia adentro.

Es una pena que te balancees sin ver que algo debe estar correcto.
Chica, ¿no ves que estoy sangrando? Así que ven y abrázame bien,
tan bien que sientes que estás perdiendo el control

Sé que no frenarás cuando lo necesite.
Estás corriendo lento, estás escapando.
No lo haré, no voy a frenarte desde este sentimiento
El agujero negro que esconde tu corazón
Puedo ver la forma en que me miras, 
¿puedes sentir la forma en que jalo por tí?
Estoy bajando y te diré lo que necesito:
abrázame muy fuerte... tan fuerte que estás perdiendo el control

Puedo ver la forma en que me miras desde el cielo
con el vacío por dentro y por fuera
¿Puedes ver la forma en que te espero desde este lado?
y de éso se trata todo esto
Puedo ver la forma en que me miras, 
¿puedes sentir la forma en que jalo por tí?
No sabes si es ahora o si será después
No sabes si la amas o la odias

Atravesando como un operador drogado
¿quién tiene el ritmo, quién tiene noticias?
Siéntelo ahora porque no lo sentirás después
El agujero negro jamás perderá..."

Quizá el track más adictivo del Hounds es "She's a black hole" por su tufo a rock desértico infeccioso y su atormentada lírica sobre una mujer tóxica y su metáfora cósmica de atracción y destrucción. A través de un riff hipnótico que avanza de manera sosegada pero sostenida poco a poco vamos acercándonos al horizonte de sucesos que construye la melodía hasta que caemos irremediable en la succión sonora que busca transportarnos a otra dimensión. Su fuerte cambio de armonía y tiempo hace que la atención quede de nuevo atrapada tras un solo de guitarra galáctico, pero la canción encuentra los medios necesarios para retornar a su fuerza demoledora y terminar con su tarea de eliminación de todo lo que pase cerca de ella.


Hounds es un álbum hechizante e hipnótico pero que al mismo tiempo tiene problemas para mantener dicho embrujo, y en su lucha por alcanzar su objetivo termina por caer en lugares comunes que el rock desértico el el stoner californiano tiene muy definidos. Sin embargo, el primer material discográfico de Mooch tiene varios tracks llenos de magia y energía que saben brillar por sí solos; pero si deseamos comprenderlos en el contexto del Hounds, requerimos escuchar el álbum de manera detenida y repetida para lograr descubrir todo lo que se resguarda en sus treinta y siete minutos de duración.





lunes, 8 de junio de 2020

Black Rainbows : la confirmación de una poderosa máquina italiana



En los primeros días de diciembre de 2019 tuvimos la noticia sobre el ingreso de Black Rainbows a los estudios de grabación, lo que supondría sería el registro de su séptico álbum completo de estudio de la mayor referencia italiana en cuanto habla de hard psych y fuzz rock. El resultado del trabajo realizado en los Forward Studios en Roma bajo la supervisión técnica de Fabio Sforza sería publicado en mayo de 2020 a través de Heavy Psych Sounds Records bajo el sugerente nombre de Cosmic ritual supertrip, lo que permitiría desde un principio conocer las intenciones de la banda tras una larga carrera sonora que los ha posicionado como uno de los grupos más importantes dentro de la escena mundial de la distorsión y el ruido.

La historia de Black Rainbows se remonta a 2007 cuando se integró la agrupación bajo la intención de crear una banda que fusionara el stoner y el hard psych bajo una temática cósmica y maldita, algo que con tiempo lograrían definir dentro de un estilo propio e inconfundible a través del sonido de Gabrielle Fiori. Tras la publicación de su Pandaemonium en abril de 2018 (reseña-review), pudimos detectar cómo el grupo buscaba endurecer su estilo con temas poderosos y obscuros sin perder el referente obligado que es la guitarra ahogada en fuzz, sin embargo ahora con su recién estrenado Cosmic ritual supertrip nos encontramos con un álbum que no sólo confirma lo hecho en dicho material anterior, sino que ahora bajo a los últimos círculos del infierno de Dante para construir un álbum incendiario mientras no olvida mirar al manto estelar.


Cosmic ritual supertrip fue grabado por Fiori en las guitarras y vocales, Filippo Ragazzoni en las baterías y Giuseppe Guglielmino en el bajo, pero unas semanas antes del lanzamiento del álbum se anunció la salida de Peppe, quien sería sustituido por Edoardo "Mancio" Mancini, el que fue el bajista de la primera encarnación de Killer Boogie cuando publicó su debut Detroit (reseña-review). Aun con estos cambios en la alineación, en el material se respira la continuación del trabajo sonoro de Black rainbows realizado desde el lanzamiento del Pandaemonium.

El más reciente disco de Black Rainbows es un asteroide que baja del espacio para impactar con toda su fuera en la Tierra, pues desde los primeros acordes de la inaugural "At midnight you cry" tenemos un poderoso riff que sabe golpear mientras otorga el espacio suficiente para que su eco resonante vibre por las bocinas por sí solo, aunque una vez iniciada su melodía todo se convierte en un incontrolable V8 corriendo por los polvorientos caminos olvidados del desierto, lo que provoca que su venenoso ritmo nos muerda y suelte toda su infecciosa ponzoña.


De la misma manera, Cosmic ritual supertrip se hace espacio dentro de sus surcos para ofrecer tracks de los más diversos calibres. Si bien podemos escuchar cosas hipnóticas como la constante "Radio 666" bajo su lógica  de la vieja escuela del stoner desértico, el material discográfico puede romper el molde con la impresionante "Master rocket power blast" y aquel tufo al proto-metal que trae al recuerdo la propuesta de Monster Magnet, o hasta la sombría "Sacred graal" con sus ligeros toques doom más allá de sus impresionantes ataques que logran hacer del séptimo disco de los italianos en un álbum denso que recupera todo lo hecho durante su ya larga historia.  

Para esta ocasión, Black Rainbows nos ofrecen doce tracks concretos con tiempos reducidos en comparación a lo mostrado en sus álbumes anteriores, logrando de esta manera que la atención quede atrapada en pequeñas cápsulas de ruido hechas a través de objetivos precisos. Los secos golpes de percusión de "Insolation" construyen armonías más cadenciosas en comparación con el misticismo cósmico de "Glittereyzed" o la intensidad de "Snowball" y su soporte hecho a través del hard blues electrificado de lento paso. Por si fuera poco, el Cosmic ritual supertrip ofrece pequeños respiros sonoros como en la onírica "The great design" o en la acústica "Searching for satellites" con el obvio recuerdo a The Pilgram, el proyecto folk del Gabrielle Fiori solista bautizado como The Pilgram. Sin embargo, el álbum cierra de manera explosiva por medio de la áspera "Fire breather" con aquel sabor a stoner cósmico inspirado en el clásico estilo del primer Fu Manchu


El tema más representativo de la actual propuesta sonora de Black Rainbows lo encontramos en "Universal phase", el track más doomy del álbum basado en un riff obscuro y denso que sabe cimbrar el suelo hasta sus cimientos. Mientras en si trabajo visual vemos correr un viejo Taunus Ford entre los restos de un deshuesadero, escuchamos un a colección de acordes pesados que convierten al clásico heavy psych de los italianos en una oda muy cercana al stoner metal llena de poder y rabia muy dificil de controlar. Su esencia salvaje se contrapone con las voces grabadas que recuerdan aquellos diálogos de intercomunicación espacial, construyendo de esta manera una atmósfera mágica que permite el viaje de nuestras neuronas hacia galaxias desconocidas. "Universal phase" es un gancho a la mandíbula que sin lugar a dudas provoca el K.O.


Cosmic ritual supertrip tiene la capacidad de resguardar todas las posibilidades sonoras que ha creado Black Rainbows con el paso de los años, desde los tracks más lisérgicos hasta los más rabiosos y sin olvidar a los más introspectivos. Aun así, el sabor de boca que queda tras escuchar detenidamente el último material de la banda comandada por Gabrielle Fiori es de que estamos frente a una de las agrupaciones más importantes del escenario actual, un grupo que ha sabido madurar sin perder su estilo propio y que al mismo tiempo sabe ofrecer nuevas posibilidades. Cosmic ritual supertrip ofrce diversas opciones que sabrán ingresar a los oídos más exigentes, pero al mismo tiempo nos despierta la interrogante sobre el futuro de la banda y los senderos que tomarán para su próximo material...


jueves, 4 de junio de 2020

Blackbird Hill : el nuevo blues electrificado de Francia



Luego de un tiempo siguiendo la escena francesa, hemos tenido la oportunidad de detectar algunas propuestas basada en el blues sucio que algunos se han arriesgado a utilizar como soporte para su estilo sonoro. Por estas líneas hemos analizado a Dirty Deep y a Birdstone, pero ahora toca el momento de reseñar el álbum debut de Blackbird Hill, un proyecto que rescata los ruidos del garage para construir un blues electrificado fuerte, directo y puro que requiere ser digerido y compartido.

Blackbird Hill nace en la ciudad francesa de Bordeaux a través del encuentro sonoro del guitarrista y vocalista Maxime Conan y el baterista Théo Jude bajo el concepto de rescatar el viejo sentimiento del blues negro en manos de gente como Robert Johnson y Blind Willie Johnson para alimentarlo con la potencia y la magia que produce la electricidad que ahoga una guitarra y la fuerza bruta de una batería que sabe jugar con los golpes y las pausas; teniendo como obvios referentes a bandas como The White Stripes, The Picturebooks, Royal Blood, Reignwolf o Blackwater Fever


Sin embargo, y lejos de lo que se podría esperar, el dúo francés nos ofrece en su primer material discográfico en febrero de 2020 un álbum sincero de demuestra la capacidad interpretativa de sus integrantes y la gran imaginación para componer temas afilados bajo una densa neblina que construye a su alrededor una niebla de zozobra y misterio que obliga a colocar la atención para saber qué será lo que ocurrirá a cada instante. Bajo una combinación de riffs asesinos y golpes de percusión contundentes, Blackbird Hill nos ofrece un material rico en posibilidades más allá de lo que puede otorgar la simple combinación de una guitarra distorsionada y una batería poderosa. 

Bajo el nombre de Razzle dazzle tenemos una colección de diez temas interesantes que por momentos repta por las aguas pantanosas del delta de Mississippi hasta que finalmente lanza la venenosa mordida que atrapa e infecta. Desde los primeros acordes de On the rocks sabemos que estamos frente a uno de esos discos de blues grasiento como los que en su momento nos ofrecieron The Bonnevilles en su Arrow pierce my heart (reseña-review) o el Nebula de Muñoz (reseña-review) bajo aquel tufo a Jack White, pero los franceses saben darle vuelta al cliché para crear un material discográfico fresco lleno de ganchos como ocurre en la tribal "Watery eyes" con aquellos juegos de slide sobre el mástil de la guitarra. 


Y si con dichos temas Razzle dazzle no ha terminado de atraparnos, Blackbird Hill guarda otros ases bajo la manga como la distorsionada "Two wolves" con su riff pantanoso y electrizante o la aletargada "Cut the boards", que a pesar de su paso lento, guarda en una rabia en su interior difícil de imitar. Y por si fuera ésto poco, el dúo francés nos regala otra granada llena de adicción titulada "To & Fros" hecha a base de acordes desgarradores y equilibrios perfectos entre sonidos y silencios que son aprovechados por el poder del eco; un elemento bien logrado en el estudio de grabación.

 Aun así, Blackbird Hill se da la oportunidad de regalarnos un track más experimental por medio de una melodía vaquera a través del metálico sonido de un banjo en el tema llamado "Wreckage". Finalmente, el Razzle dazzle cierra con dos canciones contradictorias entre ellas que permiten demostrar las distintas posibilidades sonoras de la banda: por un lado la sombría "The tide" con aquellos arranques de furia que sorprenden a más de uno, y en la otra esquina la melancólica "Breezing away" con su melodía lenta hecha a base de puros acordes si mayores arreglos. 


"Debería haberlo visto venir deslizándose entre las grietas.
Dagas frías y afiladas brillando orgullosamente en mi espalda.
Las mentiras sabían tan diferentes creciendo en mi lengua.
Tus borrosos ojos azules son distantes, ¿cuándo salió todo mal?

Mi corazón es débil y sus manos son frías.
Ella fue la primera en hablar y así fue como ella robó mi alma.

Me sigo preguntando cómo derribar todos los muros.
El polvo nunca se asentaría, nos perderíamos en la niebla.

Hemos comenzado un incendio, ahora nos estamos ahogando con el humo.
Las llamas suben más alto, pero la puerta no se desbloqueará..."

Uno de los temas más interesantes del Razzle dazzle es "Smoke & mirrors", un blues enigmático lleno de sentimiento soportado en esa mágica figura de batería de Jude que es secundada por la guitarra y los lamentos de Conan hasta que todo se convierte en una tormenta eléctrica que cae frente a nosotros, un incendio que crece y es imposible de apagar. Mientras el track explota suavemente en nuestras débiles bocinas, Blackbird Hill nos ofrece un trabajo visual realizado por Joff (Steven Carter) que muestra un extraño encuentro entre un vaquero y una extraterrestre a la mitad de la noche. 


Si tenemos que estar atentos al progreso de una banda, sin lugar a dudas es Blackbird Hill, ya que lo que han logrado con su álbum debut es una excelente mezcla de sentimiento e interpretación que logran alimentar a su blues electrificado de un alma propia. Razzle dazzle sabe darle variedad a un género repasado por muchos en los últimos años, pero lo hecho por el dúo de Bordeaux permite guardar esperanzas sobre un proyecto que puede fructificar si encuentra el mecanismo para desarrollar su blues de garage hacia un estilo propio sin perder la esencia.