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martes, 17 de septiembre de 2019

Viaje a Ixtlán : cuando la calma se transforma en un viaje interno


La música fluye sobre aire como si se trata de un río corriendo con paciencia y sin freno. Los acordes llegan a los tímpanos hasta que las vibraciones realizan su metamorfosis y, ahora como impulsos eléctricos, estimulan las sinopsis del cerebro, aquellos puentes de comunicación entre las neuronas llenos de química y electricidad. La atmósfera sonora demuestra la esencia intuitiva de un viaje a través de las sensaciones, ruido hipnótico que no tiene pausa y provoca el mantra del escucha, del músico y del ser humano que busca en su interior una forma de iluminación y reconocimiento...

De manera constante pero de manera pausada, la banda argentina de Viaje a Ixtlán ha ido desmenuzando su tercer álbum con la intención de permitir al oyente tener la paciencia suficiente para descifrar, asimilar y retener cada uno de los temas que lo conforman. Bajo el  nombre de Calma, nos enfrentamos a un disco doble que muestra dos cara distintas de una misma banda como si se tratara de un ente siamés que juega con el sonido eléctrico y las ambientes para construir distintos paisajes imaginarios.


Calma está claramente dividido en dos entidades: una primera conformado por una serie de melodías ligeras y bien definidas que provocan la ilusión de un flotar etéreo sobre un onírico océano,  y una segunda más experimental donde el viaje lúdico divaga entre atmósferas auditivas que simulan a una neblina que poco a poco se acerca hasta ocultar todo bajo su manto misterioso. Como si se tratara de otro amanecer, el más reciente material de Viaje a Ixtlán nos demuestra que la suerte no está echada, sino al contrario, las posibilidades están abiertas hacia nuevos caminos sin recorrer que alimenten al espíritu con infinitas opciones.

Cuando escribimos sobre "Sueño de agua" como adelanto a lo que con el tiempo conoceríamos como Calma (reseña-review), detectamos aquella sensación de paso seguro y firme más allá de que al final de túnel encontrábamos quimeras escondidas en nuestro subconsciente. Bajo la lógica de la primera parte del proyecto en donde un espejo sonoro serviría de reflejo para las sensaciones más elementales del ser humano, aquel primer sorbo nos mostró el sendero a seguir para llegar a los zumbidos enigmáticos de "El puente" con los que pudiéramos cruzar "El río" que nos separa de nuestra realidad y todo aquello que es "Atemporal", aquel lugar donde está resguardado lo desconocido, la incertidumbre y el azar.


Desde que Mariano Bertolazzi lanzó al destino a su Viaje a Ixtlán en 2013, el proyecto se fundamentó en la búsqueda constante y el desafío a lo establecido. Varios compañeros de travesía han acompañado a su navegación con la intención de mantener la misma lógica de cambio y exploración sonora, así que para este nuevo capítulo otros inquilinos han sumado su propio paseo interno para construir juntos una estética acústica muy definida a partir de la experimentación sonora y las fugas eléctricas. Oníricos teclados en manos de Andrés "El Jeque" Raffo, profundas y sostenidas percusiones a cargo de Lionel  Fortunato, y concretas líneas de bajo creadas por Cherman para levantar un muro inquebrantable de sonido y soporte melódico.

Sin embargo, Calma muestra su otra cara de la moneda por medio de largas caminatas que merodean terrenos profundos y abismos que proponen la pesquisa por encima de lo determinado.  A partir de prolongados y sostenidos ritmos rompen la tranquilidad, la furia toma control del sonido para acelerar la marcha y perder la noción entre tormentas eléctricas y vacíos que son llenados por el poder de la música. El individuo se transforma en un vehículo que circula de manera constante por una "Autopista" como si se tratara de un ente "Motórico" que tiene el afán de seguir avanzando aunque desconozca lo que le depara el destino adelante suyo, que como si se tratara de "El Aliado" eterno, acompaña en la ruta y orienta los pasos sin que sepa de su presencia constante.


Calma toma su nombre de la quietud necesaria para la introspección, aunque ella no signifique de manera forzosa silencio o lentitud. Una muestra clara de ello es "Ruhe", track valvular sin posibilidad de freno que crea a su alrededor un mantra ideal para el sobrevuelo interior mientras se devoran kilómetros de asfalto. Utilizando la misma palabra que sirve como título para el álbum pero en idioma alemán, "Ruhe" aprovecha su melodía para inyectar adrenalina en el torrente sanguíneo y provocar el viaje neural hasta que los demonios que habitan los abismos del individuo son desatados finalmente.


Ante la era de la inmediatez y el correr líquido del tiempo, Viaje a Ixtlán nos ofrece su Calma como un remedio ótico que se suministra poco a poco mientras se potencia su efecto narcótico e introspectivo. Contra los materiales discográficos que se absorben en una sola toma como si se trataran de una cápsula instantánea, la banda argentina nos invita a recorrer detenidamente los laberintos de cada uno de ocho tracks que conforman su álbum por medio de la contradicción melódica y la ensoñación provocada por sus constantes ambientes de ruido eléctrico. Su veneno está corriendo por las venas tras el piquete del aguijón, ahora es momento para encontrar la calma y disfrutar la excursión por uno mismo...


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