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sábado, 29 de febrero de 2020

Arteaga : tentando al diablo y al destino


"Cuando el diablo se mezcla en nuestros asuntos,
no es fácil deshacerse de él..."
Erckmann-Chatrian, El ojo invisible (1857)

Si existe una banda que con esfuerzo, trabajo y una propuesta sonora concreta se ha convertido en referente obligado del doom lisérgico en América Latina es Arteaga. Aquellos ritmos aletargados que han sido ahogados en psicotrópicas sustancias con la intención de construir himnos dedicados al maldito y que al mismo tiempo sirven como fondo sonoro para místicos aquelarres, han regresado nuevamente a nuestros tímpanos con toda la intención de despertar la lujuria y abrir un portal hacia los obscuros dominios del príncipe de las tinieblas.

Para esta ocasión, el mítico trío chileno ha decidido fraccionar lo que será el lanzamiento de su siguiente álbum titulado Vol. IV en tres mórbidas partes que serán publicadas durante este 2020 por medio de Interstellar Smoke Records. Así es que en primer instancia, el día de hoy se ha abierto el umbral para liberar el Season of the witch, un material conformado por tres bestias de paso lento y abismal esencia que poco a poco intoxica la sangre hasta reducirla en unas cuentas gotas de ácido lisérgico que hace explotar las neuronas.


"El eco de la noche retumba en el sueño de las brujas.
Enciende la flama azul que habita en sus ojos 
y las lleva flotando a las entrañas del bosque maldito.
Delirio y muerte, alaridos nocturnos.
Los cuerpos se agitan al ritmo del fuego
y los demonios escapan por el iris de sus ojos
Una danza eterna invocando a los dioses de extasis.
Beber y fumar.
El señor de las sombras nos ha llamado..."

El primer sorbo a este nuevo brebaje ritual es "Brujo", una rabiosa oda que nos toma de la mano para bailar frente al fuego sacro donde se toman de la mano los demonios y las brujas. La grave voz de Cosmo (baterista de La Maquinaria del Sueño y Satánico Pandemonium) recita una serie de versos malditos que nos preparan el terreno pedregoso que se encamina a la zona mística resguardada por la densidad del bosque maldito. Bajo aquella estética sonora que la banda ha llamado "dance doom", las percusiones tribales acompañan al venenoso ritmo que intoxica de manera inmediata a las células hasta lograr un extraño éxtasis que provoca baile y lujuria. Mientras escuchamos una psicotrópica lírica sobre una posesión dirigida por un brujo con la intención de abrir el portal hacia ultratumba, a cada segundo que pasa la melodía se torna más y más densa hasta dejarnos abandonados en una pegajosa fosa de brea de la cual será muy difícil de escapar. La guitarra ahogada en wah de Sebastian Morales logra transportarnos a lugares llenos de zozobra mientras la hipnótica batería de Domingo Lovera se permite mantener los tiempos para jamás perder el enfermo ambiente lleno de sopor y enfermedad.

"Secretos ocultos te harán buscar
Rumores de un dios que te hará levitar
El bosque es eterno si no sabes buscar
La flama del diablo comienza a brillar.

El brujo y la cabra dan paso al ritual
con drogas del bosque, catarsis total
mujeres desnudas, sexo infernal
tu vista se nubla, empieza a flotar.

Tus ojos desean la perdición
y arder en el abismo
El brujo condujo la posesión
Tu cuerpo arderá en el infierno...

El brujo abrirá el portal
Mil ojos adorando a Satán
Ya nada volverá a importar
Tu mente nunca más volverá."


Tras los ocho minutos y medio de aquelarre y alucinación, Arteaga nos arrastra a los abismos con un track que simula el paso aletargado de un condenado a muerte que arrastra un grille amarrado a su tobillo. La densa "Chacal" decide pasearse por las tumbas abiertas a la mitad de la noche para ofrecernos una sensación de frío mórbido mientras una bestia enferma es liberada para saciar su sed de sangre. El ritmo infeccioso es ofrecido nuevamente y dejamos que nuestro cuerpo baile entre líricas que hablan sobre asesinatos en serie, calles abandonadas por el temor y notas psicotrópicas donde el preponderante bajo de Francisco González satura todo el ambiente a nuestro alrededor.

Finalmente, Season of the witch nos sorprende con un track acústico titulado "Ríos de sangre" lleno de atmósferas sombrías que hablan de ausencia mientras su sepulcral frase hay cosas que no cambiarán nos eriza la piel cuando es susurrada por las bocinas. Como si nos encontraras frente a los restos de aquella fogata ritual de origen desgraciado, las guitarras acústicas rasguean su lamento melancólico mientras esperan que los primeros rayos de día iluminen aquello que queda regado sobre el suelo y confiesa lo ocurrido en el lugar bajo el manto protector de la noche.


Esta primera mordida a lo que conoceremos como Vol. IV se convierte en la primera pieza de un rompecabezas perverso que tiene toda la potencia sonora para desgarrar los altoparlantes y desagarrar las células en nuestro interior. Los culpables de este fenómeno acústicos son dos nigromantes quienes visualizaron cómo debería de gemir esta pequeña alimaña: Vicente Zamorano (quien fue el ingeniero de sonido y mezcló el material) y Esben Willems (baterista de Monolord quien masterizó el álbum). Las vibraciones sonoras se sienten en el cuerpo y las trompas de Eustaquio comienzan a mandar señales demoníacas a un cerebro perturbado por las imágenes relatadas, circunstancias exactas que solo una banda como Arteaga sabe aprovechar para crear su lisérgico y viscoso doom lleno de vicio, maldad y lujuria. Tras la tóxica escucha, no será extraño imaginar mujeres desnudas a medianoche, sesiones espiritistas, posesiones satánicas y aquelarres desenfrenados. El ritual ha ocurrido, ahora sólo debemos gozar de lo acontecido y esperar hasta que todo se repita nuevamente. Y bien sabemos que no falta mucho para ello...

miércoles, 26 de febrero de 2020

UUBBUURRUU : el rabioso hard psych de Montreal


Tras la explosión del hard psych y todos sus derivados sonoros, pocas bandas han logrado despertar verdaderamente el interés gracias a un álbum infeccioso y adictivo. Ya desde aquel viejo EP de 2015 titulado Swamp ritual, esta banda canadiense había llamado la atención y no sólo por su bizarro nombre, sino por su interesante propuesta lisérgica llena de energía y hard rock imposible de no recordar. Sin embargo, tuvieron que pasar varios años para que UUBBUURRUU lograra publicar su álbum debut,un material de escucha obligada y viaje psicotrópico asegurado entre fuzz y melodías crudas.

Con el apoyo de la disquera Mothland Records, en enero de 2020 se publicó el primer disco completo del quinteto de Montreal, pero este lanzamiento se ha quedado rezagado entre otros tantos de gran calidad y una inundación de propuestas que buscan un espacio de difusión más allá de la calidad y la propuesta de ideas frescas. UUBBUURRUU nos ofrece un material inspirado en la áspera psicodelia de los años 60 entre los estilos más contradictorios como el garage de The Seed y The Sonics o la propuesta pro-metalera de Iron Butterfly, pero al mismo tiempo podemos escuchar algunos trazos de proto-doom, stoner y proto-punk. De esta manera, es imposible no recordar a grupos por Black Rainbows, King Gizzard and the Lizard Wizzard, Admiral Sir Cloudesley Shovell o Uncle Acid & the deadbeats, pero al mismo tiempo podemos saborear un estilo propio que convierte a su álbum en una verdadera joya.


La historia de la banda comienza en 2014 con algunas maquetas hechas por el dúo formado entre el baterista Maxime Hébert con el guitarrista y vocalista Joey Napoleon, que tras un tiempo integraron al guitarrista/tecladista Samuel Gemme, al bajista Vick Trigger y al guitarra solista Sean Cary-Barnard. Gracias a la difusión lograda por el , los canadienses pudieron mostrar su propuesta en America y Europa, logrando así colocar los reflectores sobre ellos. El tiempo pasó y las motas de polvo se posaron sobre la memoria de muchos, pero al momento de escuchar las primeras notas afiladas del disco, todo termina por diluirse de manera mágica.

El debut formal de UUBBUURRUU arranca con "Stone men", un curioso track que en tan solo tres minutos podemos saborear el gusto de los canadienses por el rock desértico entrecortado de Brant Bjork y el proto-doom lisérgico de aquellas primeras bandas de metal y punk de los años setenta donde las guitarras hechas bajo tonalidades distintas logra romper con todo. Dentro de una atmósfera más obscura tenemos "Feel alright in hell", tema de notas insistentes hecha bajo la idea de los diversos proyectos del guitarrista Gabrielle Foiri mientras las voces nos remiten directamente a los embrujados coros que hace K. R. Starrs con su Tío Ácido.


Sin clavarse en un género concreto, el quinteto de Montreal logra construir temas más viscosos llenos de mermelada acid-pop como en "Hard love", mientras el el hard rock puro lleno de maldad lo encontramos en "Pentagram" y su obvia referencia a la banda que sentó las bases del primer doom. Quizá el tema que más podríamos identificar con la lógica hard psych es "The fire show" mientras detectamos un ligero tufo a la construcción melódica de lo más clásico de Black Angels mientras el puente sonoro de "Spacecraft to your dream" logra bajar la velocidad para abandonarnos en los infiernos.

Finalmente podemos destacar que UUBBUURRUU logra en su primer álbum completo desarrollar más opciones sonoras gracias a impredecibles instantes que logran, por lo menos, la grata sorpresa. Los tambores tribales de "Sacred mountains" nos remiten a un salvaje aquelarre del que será imposible escapar, "Chaos riders" nos ofrece un riff afilado mientras sus voces etéreas nos transportar a vaporosas atmósferas y "Expending forces" construye un track crudo de guitarras concretas que navega en una melodía onírica que sirve de excelente base para una explosivo solo de guitarra lleno de fuzz y rabia.


El track más adictivo del álbum es la acelerada "Ice head", aquel dardo envenenado de riff pegajoso y voces que juegan entre la aspereza y ambigüedad mientras nuestros recuerdos vuelan directamente al reciente Holy shit de Nebula (reseña-review). Las guitarras francamente rockeras logran transmitirnos la violencia e intransigencia de una figura que desea desgarrarnos, pero en el momento en que los impresionantes teclados se escapan por las bocinas, todo se torna lisérgico hasta provocar la pérdida de los cimientos. UUBBUURRUU resume su estilo poderoso e infeccioso en una breve pero intensa cápsula de dos minutos y medio.

El álbum homónimo del quinteto canadiense es una granada de fragmentación que sabe explotar desde su primer instante. Es obvio que bebe directamente de la psicodelia áspera y de los primeros instantes del metal, pero al mismo tiempo se abre las posibilidades para divagar por otros senderos melódicos que saben alimentar perfectamente a su propuesta sonora. Sus diez pistas se van como arena entre las manos, provocando que una y otra vez se pulse de nuevo el botón de play para escuchar cada track. Sin lugar a dudas es uno de los mejores materiales que ha sido publicados en el aún joven 2020...


viernes, 21 de febrero de 2020

Acid Mammoth : el aquelarre y la maldad más allá del escándalo


Luego de lo ocurrido con Stoner Meadow of Doom tras una serie de comentarios racistas y homofóbicos en redes sociales, ha quedado en el olvido aquella banda contra la cual fue vertido dicho mensaje de odio en un intento por realizar un chantaje mediático. Más allá de la denuncia contra este tipo de gente que en lugar de ayudar a la escena busca su beneficio propio, creo que nuestro papel como amantes del stoner, doom y hard psych es escribir y compartir la música que vale la pena más allá de prejuicios y falsos posicionamientos.

Algunas semanas antes de que la bomba estallara, Earthquaker se encontraba disfrutando del obscuro pero al mismo tiempo ácido segundo álbum de los griegos Acid Mammoth, una banda con un sonido muy interesante que bebe directamente del doom lisérgico para crear una densa atmósfera a su alrededor con la intención de atrapar a la bestia prehistórica que la identifica dentro de una fosa de brea pegajosa de la cual es imposible escapar.


La historia de Acid Mammoth nace en 2015 cuando el guitarrista Chris Babalis y el bajista Dimosthenis Varikos decidieron hacer una banda que recuperara su pasión por aquellos primeros grupos que dieron origen al metal como Black Sabbath. Una vez que definieron lo que desaban crear, decidieron invitar a otro amigo suyo en la bateria, Marios Louvaris. Finalmente, la agrupación terminó su conformación al integrar al papá de Chris como segunda guitarra; lo que hizo que definitivamente Acid Mammoth se convirtiera en una familia.

La banda de Atenas comenzó su camino con el lanzamiento independiente de su álbum debut en octubre de 2017, una material nebuloso de temas aletargados y tonos cavernarios que lograban recrear un ambiente lúgubre digno del género. Gracias al poder de este material y al nombre que comenzó la agrupación a crear a su alrededor en su natal Grecia, la reconocida disquera italiana Heavy Psych Sounds decidió ficharlos para publicar su segundo disco con la intención de posicionarlos más allá de su país.


Under acid hoof fue presentado en enero de 2020 acompañado de una imponente portada realizada por los españoles Branca Studio, lo que le brinda de manera inmediata un gancho visual que invita a escuchar su interior. Y si aún quedara alguna duda tras la ilustración, una vez que escuchamos los primeors acordes del material sabemos que hemos llegado al lugar correcto si lo que buscamos es aquel doom lisérgico que se ha desarrollado por todos lados durante los últimos años.

Como era de esperarse, el segundo disco de Acid Mammoth presenta tracks con diversos tempos que logran darle versatilidad al álbum para que éste sea digerido completamente desde su primera escucha. Aunque el paso lento de "Tusks of doom" nos ubica en los primeros instantes del metal cuando buscaba su definición sobre los sonidos abismales, el tema tiene la capacidad de atraparnos para desarrollar un ácido viaje de sencilla degustación  mientras escuchamos una tétrica lírca sobre la destrucción de la Tierra. Bajo la misma lógica armónica, "Jack the riffer" nos ofrece una aletargada melodía hecha a base de frases arrastradas que hablan sobre los demonios que se resguardan en el interior las mentes enfermas hasta que todo se vuelve confuso a través del muro sonoro que levanta frente a nosotros de manera inquebrantable.


Sin embargo, Under acid hoof se distingue por ser un disco hecho por largos temas psicotrópicos que tienen la capacidad de saturar las bocinas con tóxicos sonidos llenos de veneno que hipnotizan hasta hacernos caer en su influjo. El track que bautiza al álbum es una cavernaria oda que nos hace recordar por momentos a poderosas bandas como Monolord o Sleep debido a la densa neblina que construye a su alrededor bajo la cual todo desaparece pero al mismo tiempo provoca visiones apocalípticas de destrucción. Siguiendo la misma tónica escuchamos "Tree of woe", un himno dedicado a satánicos rituales y aquelarres malditos que suelta toda la furia sonora de Acid Mammoth bajo insistentes figuras y lamentos resguardados entre el constante ruido.


"Bajo los cielos sin estrellas
hay sangrientos, relajados y estridentes llantos.

Arriba sobre su trono
los ojos del mago brillan sobre la locura

Demonios y brujas alrededor del fuego
invocando a su maestro a través de la pira
para llenar la noche con sangre y violencia
implorando al señor de la obscuridad

Ellos!!"

El primer sencillo del Under acid hoof  es "Them!", tema atascado de distorsión que aprovecha el poder del fuzz para desgarrar las almas mientras provocan una danza irreverente dedicado al maldito. La rabia de su melodía permite ofrecer un riff incendiario rodeado entre pequeños lapsos de tensa calma que jamás permite al silencio tomar control de la escena. Un bajo eléctrico francamente atascado construye la poderosa base acústica que es aprovechada por las percusiones tribales y una vocales espectrales. Por si fuera poco, el solo de guitarra está hecho por el señor Babalis, razón con la cual entendemos la razón de su lugar dentro de la banda. Humo, obscuridad y maldición para crear un verdadero clásico dentro del doom lisérgico si lugar a dudas...


El nombre de la banda griega se ha filtrado dentro del escándalo provocado por las incomprensibles acciones de personas sin escrúpulos que buscan obtener ventaja ante cualquier situación, pero al final del día Under acid hoof terminó siendo escuchado por más oídos de los que hubiera logrado dentro de la difusión de un canal de videos amañado y chantajista. Sin embargo, el papel que tenemos otros medios para compartir el trabajo honesto de muchas bandas es más importante mientras coloquemos nuestro tímpano en las propuestas que nos llegan más allá de clichés y posturas de momento. El segundo álbum de Acid Mammoth requiere su justo reconocimiento gracias a su concreta propuesta sonora, así que sólo basta pulsar sobre el link para dejar que la música hable por sí sola... sólo ustedes tendrán la mejor opinión al respecto.



lunes, 17 de febrero de 2020

SuuM: la melancolía que brota de las bóvedas


Cuando te recomiendan el lanzamiento de un álbum a través de sus influencias sonoras, uno deposita
 todas sus esperanzas sobre dicho material deseando encontrar en él aquello con lo que fue comparado. Esto es lo que pasó en el momento en que Seeing Red Records hizo correr la noticia del retorno de la banda italiana SuuM, haciendo un símil de su estilo con lo que hecho por reconocidos grupos dentro del doom metal como Candlemass, Memento Mori, Solitude Aeturnus, Krux o Reverend Bizarre.

El pasado 14 de febrero de 2020 fue publicado Cryptomass, segundo álbum dentro de la discografía de aquella banda originaria de Roma abocada a mostrarnos todo lo que resguarda la obscuridad mientras nos abre el umbral que separa a la vida de la muerte. Su debut Buried into the grave (reseña-review) resultó ser un certero golpe para aquellos que buscan la recuperación del olvidado doom denso y pastoso que desde hace varios años ha quedado varado entre el stoner lisérgico y el metal aletargado, pero ahora es momento de afianzar esos primeros pasos con la intención de definir un estilo propio construir su horizonte sonoro.


Para lograr alcanzar este preciso objetivo, SuuM sufrió algunos cambios a su alineación. A la tétrica voz de Mark Wolf y las dolorosas guitarras de Antonio Painkiller, ahora se han sumado el poderoso bajo eléctrico de Joe Grave y las precisas percusiones de Fed Kemper. Ya con esta formación, la banda italiana entró a los estudios de grabación entre junio y julio de 2019 para registrar lo que hoy podemos escuchar bajo el nombre de Cryptomass, una espesa colección de nueve temas que sabe jugar con los cambios melódicos para provocar en el escucha las más variadas sensaciones bajo el espectro de la zozobra, la obscuridad y la rabia.

Sin embargo, al revisar cada uno de los tracks de dicho material, encontramos en la melancolía el elemento fundamental para su desarrollo lírico como armónico, construyendo al mismo tiempo un disco fundamental para comprender lo que es el doom metal en la Italia del siglo XXI. Desde que escuchamos el tema que le da nombre al Cryptomass sabemos que estamos frente a un álbum sombrío donde todo se hace denso gracias a sus acordes aletargados, a sus voces desgarradoras y hasta a sus desoladoras campanadas que marcan la hora final.


Sin embargo, Cryptomass no se queda bajo la sombra del cliché y los lugares comunes del doom tradicional, pues aunque la construcción armónica no se escapa de los cánones del género, cuando escuchamos el single "The silence of agony" descubrimos una línea melódica que trata de seducirnos más allá de las múltiples capas de sonido sombrío; pero luego de varios minutos bajo la mórbida neblina, SuuM nos ofrece una modificación en el ritmo para dotarle al track mayor dinamismo que lo acerca hacia otras vertientes del metal. Algo similar ocurre con la desgarradora "The failure of creation" con aquel riff inicial que logra sacudirnos la parsimonia y despertar nuestro intereses a hacia los elementos que conforman a su propuesta sonora.

Aunque "Mass in the catacomb" sirve de un breve respiro ante los grotescos rasgueos de las guitarras distorsionadas, el segundo disco de la banda afincada en Roma no termina por escapar del grillete en el tobillo que es el doom: el lento tiempo de "Burial at night" está hecho con toda la intención de sumergimos en las profundidades de ultratumba sin posibilidad de retorno, la intensidad melódica de "Funeral cicle" no ofrece escapatoria dentro sus abismales atmósferas, la rabia de "Claws of evil" termina amarrada bajo la estética de una condenación sonora que se escucha como sentencia, y la concreta armonía de "Reaper looks in your eyes" logra condensar la fuerza de la banda mientras ofrece un ligero toque lisérgico, siendo ésta quizá una de las melodías más interesantes del álbum por su juego sonoro que no termina por escapar de sus obvias influencias.


El track más furioso del Cryptomass es "Creatures from the vault", un tema de guitarras afiladas y un profundo bajo que terminan por saturar todo el espectro auditivo para golpearnos en la cara de principio a fin. Es imposible resistirse a su figura adictiva, la cual tiene  la capacidad de mutar hacia ambientes más sombríos que permiten a la voz relatarnos sobre aquellos demonios que se guardan en en el interior de los hombres mientras escuchamos una metáfora sobre las criaturas que resguardan las criptas. Interesante canción que nos ofrece una especie de estribillo melódico que nos obliga a seguir, nos regala un solo de guitarra maravilloso (el único del álbum), y nos proporciona una sensación que SuuM podría transitar por terrenos más crudos fuera de las cadenas interpretativas del doom tradicional.


Hace unas semanas encontramos una publicación de la banda donde se informaba la salida de Mark Wolf como vocalista de la banda debido a una situación laboral que lo obligó regresar a su ciudad natal al sur de Italia. Sin embargo, SuuM tiene ahora entre sus líneas a Misanthrophil en las vocales, lo que provocarán los aires de cambio en el estilo sonoro de los romanos. Mientras ello ocurre, Cryptomass explota en nuestras bocinas sin piedad como una muestra de lo que se puede hacer más allá de las reglas de un género sin perder su esencia... No apto para oídos sensibles.


viernes, 14 de febrero de 2020

Mount Hush : el blues ambiental que nace en los Alpes


Las atmósferas que se respiran a través del blues como género musical bien nos pueden transportar desde la melancolía hasta la rabia, pasando obviamente por la tristeza. Sin embargo, los sonidos creados por este estilo sonoro han ido tomando distintos senderos con el paso de los años gracias a su fusión con otras ideas armónicas e influencias acústicas. Desde hace varios años, el hard blues ha encontrado una clara zona de desarrollo y experimentación en su encuentro con la psicodelia y el rock progresivo, aunque existen realmente pocas bandas que puedan jactarse de trabajar completamente bajo esta interesante prisma.

Uno de esos pocos grupos es Mount Hush, banda alemana que tiene en la impresionante belleza de Los Alpes su inspiración para crear tenues ambientes con el blues como punto de fuga.  Si bien el grupo había llamado la atención con su participación en aquel split de octubre de 2015 junto con Atomic Mold o el "Interstellar  smoke" de diciembre de 2016 publicado junto con Death Proof, no sería hasta ahora con lo que podríamos nombrar su álbum debut cuando al fin tenemos a la banda en su máxima expresión con un material simplemente alucinante.


Si buscáramos algo que identificara al homónimo debut de Mount Hush sería ese afán por construir oníricos ambientes a través de tenues riffs que poco a poco suben de intensidad hasta lograr nuestra abducción y posterior desaparición sin retorno posible. La instrumental "Winter song" resumen muy bien esta idea gracias a su figura hipnótica que permite a cada uno de los integrantes de la banda crear un muro sonoro uniforme que logra el despegue y la inminente perdida dentro de los desconocidos pasillos de nuestra mente a través de la sensación de grandiosidad frente a la fuerza silenciosa de la naturaleza que se postra ante nosotros.

Ya los rumores del primer disco completo que la banda grabó durante diez días en la ciudad austríaca de Graz permitía que las papilas auditivas salivaran por adelantado, pero no es hasta que en los primeros días del febrero de 2020 tuvimos frente a nuestros tímpanos el colosal trabajo de un grupo que forzosamente llamará la atención de quienes buscan frescos sonidos llenos de imaginación. Aquel teclado somero con el que da inicio la inaugural "The ascent" prepara el terreno para las posibles incursiones acústicas nacidas del blues que luego serán desarrolladas por la psicodelia con sus múltiples tentáculos mientras permitimos que el viento sople y nos golpeé el rostro.


Mientras escuchamos ese suave y hermoso lamento llamado "Shinewater", Mount Hush nos muestra sus posibilidades armónica, pero cuando llegamos a "Fuenf" podemos descubrir que la banda puede acercarse a ciertas tonalidades progresivas  mientras con "Black moon" tenemos la oportunidad de escuchar a un grupo más agresivo por medio de un hard blues obscuro que habla de la expansión del universo. Por si fuera poco, el debut de los alemanes se permite hacer otros ejercicios etéreos a través de su "Summer song", track que poco a poco toma su fuerza hasta lograr una explosión de intensidad que demuestra de lo que es capaz la agrupación cuando le sueltan las riendas.


"Oh, te encantó la ilusión de la vida, hermosa maldición retorcida,
atraes con tus encantos de amor, tú concedes esta ilusión con paz...
parece que tomas lo que tomas para ser realmente libre.

Entonces llega tu reino... déjame vivir a través de tus venas
hasta que toda tu vida y todo tu tiempo se transforme en
sangre nueva, vieja montaña
déjame llevarme al otro lado
déjame llevarme a donde me esconda

Nunca pensé que llegaría tan lejos
ni siquiera por un momento

Déjame sentirte 
sangre nueva, vieja montaña
Déjame compartirte
déjame vivir a través de tus venas
hasta que toda la vida y el tiempo se conviertan en piedra"

Uno de los temas que más llama la atención es "Young blood, old mountain", track de guitarras más crudas que dejan caer el peso de una melodía densa llena de fuerza que es aprovechada por la magia atmosférica de los teclados para atraparnos en una sensación de intensidad difícil de ignorar. Las notas caen en cascada hasta por algunos instantes la calma llega para retomar poder y soltar su rabia contra el sorprendido escucha. No se puede negar cierto tufo vintage en la canción, pero quizá sea en ello donde radica el morbo que despierta desde sus primeros instantes. Por si fuera poco, "Young blood, old mountain" tienen la capacidad de transformar su melodía para ofrecernos una especia de vals macabro que logra hacer coincidencia con aquella lírica sobre el encuentro entre el ímpetu de la juventud y la fuerza de la naturaleza, tema preponderante durante todo el debut de Mount Hush.


El quinteto alemán tiene una innegable cercanía sonora con bandas como The Devil & The Almighty Blues, Colour Haze o hasta All Them Witches, pero si tiene algo el grupo que la distingue de ellas es aquella pasión por la naturaleza y su sensación de energía que sólo las montañas pueden ofrecer. Libertad, poder y magnificencia como fuentes de inspiración que terminan condensadas en un álbum bien balanceado que obliga al oyente a regresar la aguja al surco inicial para saborearlo con mayor detenimiento para exprimir mayor jugo de él. Disco de obligatoria escucha...


martes, 11 de febrero de 2020

Mocamas : cuando una promesa se hace realidad


Acordes secos y desgarrados se escapan por las bocinas mientras la aguja desgarra los surcos de vinil a su paso. El recuerdo a viejos sonidos se agolpa en la mente mientras los rascacielos de la enorme Recife sufren las vibraciones en sus cimientos. Imágenes multicolor se enfrentan en un batalla mortal contra la obscuridad abismal que la música construye con sus aletargadas e hipnóticas armonías, tormentas ahogadas en fuzz que miran hacia el mar y le hacen temblar.

En los últimos estertores del año 2019, un disco llegó de casualidad a los tímpanos de Earthquaker. La única referencia era Brasil y un proto-doom que bebía directamente del blues eléctrico. Esa combinación sería un dulce para un niño, una tentación que sería imposible dejar pasar. Fue así como la explosión sonora del Frantic wings light bulb logró enamorarnos desde el primer segundo con aquellas oleadas distorsionadas que inevitablemente hace coincidir al los primeros momentos del hard rock con aquella psicodelia cruda y lisérgica para crear densas atmósferas ambivalentes donde el sentimiento fluye sin control. Bienvenidos a Mocamas...


Lejos de ser este álbum el debut de este trío brasileño comandado por Gil Barros, Mocamas tiene ya un buen camino recorrido conformado por dos materiales discográficos más: el homónimo de agosto de 2015 y el Modern Lulu de diciembre de 2017. En aquel momento, el grupo se distinguía por un hard psych más salvaje y directo donde los track están orientados a otorgarle un peso importante a las melodías para que éstas sirvan de soporte para granadas explosivas creadas a partir del efecto fuzz y a líneas melódicas inspiradas en el Ozzy Osbourne de sus épocas con Black Sabbath.

Manteniendo aquel sabor lo-fi de dichos álbumes, Frantic wings light bulb busca sacudir las consciencias con riffs asesinos sobre bases melódicas concretas, Sin embargo, para esta ocasión Mocamas se permite desarrollar lo que cada track solicita en su interior mientras rescata el antiguo blues eléctrico para dotar de intensidad al material. Tan sólo con escuchar la inaugural Monk Waltz con su atmósfera ruidosa que tienen la capacidad de construir silencios precisos y hasta adentrase a la jungla con sus percusiones rituales, sabemos que estamos frente a un disco que nos calará.


Frantic wings light bulb nos recuerda por algunos momentos a otros disco hermosos del Brasil dentro de estos menesteres como el Handmade de Muddy Brothers, el Neverending cycle de Stone House on Fire o el single Dark redemption de Necro, pero el último álbum de Mocamas se distingue por ese sonido crudo y sin pasteurizar que por instantes pareciera ser sufrido más que gozado. "Please the senses" se va discurriendo poco a poco con aquel lamento que nos arroja en un abismo imposible de abandonar, aunque el tercer disco del trío de Recife nos frece otros temas más venenosos como en la relajada "Molten stones" o en la afilada "I do believe" con su insistente aguacero de figuras.

Por si fuera poco, Mocamas nos ofrece la otra cara de su moneda con dos tracks con aires acústicos que nos remiten a épocas obscuras llenas de misterio y zozobra, algo que queda de manera demostrado en "Said the cow" y su innegable tufo a "Planet caravan" de Black Sabbath. El otro tema con esta sensaciones desenchufadas es "Mariposa", una bella oda de percusiones mágicas que rompen con la esencia de la guitarra acústica que tras algunos minutos se torna en una bestia eléctrica llena de rabia y toxicidad.


Quizá el track más incendiario del Frantic wings light bulb es "The rest you know", una melodía infecciosa de ritmo entrecortado que te obliga a llevar su tiempo con los pies mientras la guitarra nos arranca los pies de la tierra y la batería sacude sus propios cimientos. Efectivamente, el track es rock puro y bebe directamente del viejo sonido setentero, pero también tiene la capacidad de ofrecer cosas propias  gracias a esa armonía que no se puede dejar de saborear. El fuzz es quien toma el control del escenario, pero el tema se brinda así mismo un espacio para la ensoñación lisérgica derivada de la improvisación del antaño hard blues.

Más allá de los gustos y preferencias, el Frantic wings light bulb es un álbum que guarda una misma áurea durante su poco más de media hora de duración. La distorsión nos toma de la mano para llevarnos por una senda llena de melodías adictivas que saben jugar con el blues electrificado y el hard psych con el único objetivo de provocar la elevación. No cabe duda, Brasil está regreso y urge regresar el oído hacia el Sur...





viernes, 7 de febrero de 2020

Desert Colossus : cuando el stoner holandés se torna místico


En el momento en que llegó a nuestros oídos las noticias sobre la publicación del segundo álbum de aquella banda de Países Bajos, toda nuestra atención quedó al pendiente con el deseo ardiente de escuchar la continuación de su incendiario y arenoso debut de enero de 2016 (reseña-review). En aquel momento tuvimos la oportunidad de deleitarnos con un material discográfico que recogía las diversas tendencias de lo que muchos hemos llamado stoner, pero ahora es momento de alimentar al género con una propuesta propia sin abandonar las obvias influencias.

Bajo el título de Eyes and tongues encontramos una salvaje colección de siete temas que nos arrasan como una tormenta de arena hasta ahogarnos en su sonido áspero tras su paso. Sin duda podemos escuchar en él alguno tufo al rock desértico de la escena de Palm Springs en mezcla perfecta con lo que hecho por bandas europeas como Truckfighters y hasta la vena cruda del stoner metal  pero es necesario rescatar que este segundo álbum de Desert Colossus logra construir su identidad propia gracias a varios elementos experimentales que surgen del progresivo y el hard psych para ofrecer un material que sabe mantener el interés durante sus casi cuarenta y cuatro minutos de duración.


En primera instancia, el Eyes and tongues lo podríamos dividir en dos momentos claros: una primera llena de vitalidad e intensidad que se destaca por tracks tóxicos y directos con poca duración, y una segunda parte donde la velocidad se reduce para permitirse crear un denso ambiente que sabe desarrollar diversas opciones sonoras a través una larga oda de casi trece minutos titulada "The One / Eyes and tongues". Gracias a este par de opciones, la banda de Zaandam abre su horizonte sonoro a múltiples opciones que nos obligan a estar atentos a su desarrollo musical como banda por medio de un proyecto claro hacia futuro.

El primer dardo venenoso que nos lanza Desert Colossus es "Tear me down", un tema rasposo que indudablemente fue compuesto desde las lógicas de Scott Hill y su Fu Manchu en conjunción con algunos elementos del primer  Red Fang. Sin embargo, los holandeses tienen la capacidad de ofrecernos riffs muy originales que mantienen nuestra atención de principio a fin y que al mismo tiempo dotan de personalidad propia a la banda.


Manteniendo la misma lógica de su debut, el segundo disco de Desert Colossus se monta sobre el V8 para correr a toda velocidad sobre las polvorientas sendas del desierto bajo un perspectiva cercana al viejo Queens of the Stone Age como se escucha en la impresionante "Null", track que sabe bajar su intensidad para crear un ambiente abismal que sorprende de manera grata. "Collect call to ready" retorna al stoner instrospectivo de los años noventas estilo Kyuss para sumergirnos en los obscuros océanos de la mente. "Wicked man" juega con los cambios de tempo para ofrecernos la rabia de unos acordes violentos que se enfrentan directamente con una entrecortada figura que bien nos podría colocar frente a un fuego ritual para comenzar una danza cavernaria y mítica.

Eyes and tongues concluye con aquel velo místico que por varios momentos nos mostró la banda en el transcurso del material a través de "The final sing of the end", un largo tema instrumental muy cercanod al doom lisérgico que hemos escuchado durante los últimos años; lo que nos permite pensar que Desert Colossus bien podría orientas sus pasos hacia nuevos derroteros acústicos más allá del stoner desértico que lo caracterizó en un primer momento.


Uno de los tracks más interesantes del Eyes and tongues es "Predicament", tema que sabe alimentar al llamado stoner elementos novedosos para permitirle su crecimiento más allá de los lugares comunes en los cuales muchas bandas han caído con el paso de los años. Obvamente ahí está ese salvaje y áspero riff desbocado que nadie sabe controlar, pero Desert Colossus sabe domesticar su estilo alocado por medio de acordes muy particulares que cortan la dirección y permiten llevar a la melodía hacia otras posibilidades armónicas. Tres minutos y veintidós segundos que demuestran la forma de hacer coincidir intensidad con intención sin que se escuche una fractura en la canción mientras el tímpano cae rendido a los pies de este ingenioso cuarteto holandés.



Desert Colossus había colocado su nombre dentro de las referencias obligatorias del stoner arenoso europeo, pero ahora con Eyes and tongues estamos obligados a abrir nuestra percepción para colocarlos dentro de una de las bandas más interesantes que existen en la actualidad. Las referencias sonoras jamás podrán ser eliminadas, pero el ingenio que puede ofrecer un grupo está en cómo aprovechar estos elementos auditivos para crear nuevas cosas y tomarnos de la mano para llevarnos de paseo por las posibilidades que ofrecen las dunas y lo que pueden inspirar éstas. Zoomer, Frey, Colle y Van Wijk lo volvieron ha lograr!!!