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sábado, 24 de agosto de 2019

King Gizzard & The Lizard Wizard : la auto-inmolación del camaleón


Cuando una banda de rock realmente es multifacética, cualquier cosa es posible con ella. Los australianos de King Gizzard & The Lizard Wizard pueden un día hacer un disco estructurado como un loop sin fin como en Nonagon infinity (reseña-review), al otro hacer un disco bonito de soft pop como en el Fishing for fishies o de manera sorprendente publicar cincos álbumes en tan solo un año donde podíamos encontrar jazz, ejercicios microtonales y hasta un disco conceptual (reseña-review).

Sin embargo, el combo de Melbourne ha logrado romper con sus propios criterios al modificar la lógica promocional para la publicación de un material discográfico. El mismo día en que fue presentado el Fishing for fishies en abril de 2019, la banda liberó el video del primer single de su siguiente álbum. Lo que podría ser un suicidio comercial, para King Gizzard & The Lizard Wizard se convirtió en una nueva oportunidad para sorprender a sus seguidores y detractores. En lugar de mantener aquel sonido suave por momentos blusero y en otros retro-electrónico, el grupo quebró cualquier quiniela para ofrecernos una granada sonora que explotó en el rostro de todo aquel temerario que se animaba entrar en sus ásperas y agresivas aguas.


King Gizzard & The Lizard Wizard era arrodillada en el suelo y obligada a ladrar como perros mientras se les aplicaba la famosa "ley fuga". Mientras aquellos tipos en pantaloncillos corrían en campo abierto, un enfermo franco tirador les disparaba hasta darles muerte en un sorprendente baño de sangre. Esta escena que formó parte del video promocional de "Planet B" fue la advertencia de lo que sería Infest the rats' nest, el décimo quinto disco de los australianos bajo el auspicio de Flightless Records.

Sin embargo, la sorpresa no quedaba en la violencia de las imágenes ni en el supuesto suicidio comercial de su antecesor Fishing for fishies. Para esta ocasión, la camaleónica banda cambió los pedales de distorsión fuzz por los de metal-zone para crear un álbum totalmente inspirado en el viejo trashmetal de los años ochentas, rock sucio y acelerado que ya había sido profetizado por algunos momentos en su Murder of the universe de 2017. Si bien podría ser considerada una parodia o realmente un divertido tributo al género, King Gizzard & The Lizard Wizard logra asimilar los diversos estilos para terminar adaptándolos a su propio sonido registrado de melodías vocales enfermas y sonido áspero que por momentos desafina por la magia de la distorsión y los efectos cósmicos.


El ruidoso y nervioso Infest the rats' nest es un disco que juega con las diversas tonalidades del metal basura para ofrecer una variedad estilística dentro de la monotonía sonora, pero para quien lo escuche por encima, no tendrá los suficientes elementos para sumergirse realmente en los ásperos océanos que relatan enfermedades, desastres ecológicos, éxodos extraterrestres y sacrificios realizados como negras ofrendas de redención dentro de una lógica de exterminio de la raza humana.

Debido a los diversos proyectos en los que se encuentran los integrantes de la banda, Infest the rats' nest fue creado y grabado materialmente por Stu Mackenzie, Joey Walker y Michael Cavanagh, pero el resto del grupo participó finalmente de alguna manera en el material terminado. Mientras las fauces de un extraño animal nos ofrece la bienvenida, una colección de nueve salvajes temas cabalgan como los jinetes de la apocalipsis para azotar con su sonido sobre la humanidad.


En los surcos Infest the rats' nest se puede respirar el tufo de bandas clásicas como Motörhead en el uso del doble pedal en la batería, las líneas melódicas del primer Metallica, la violencia de Slayer y hasta la imaginación lírica inspirada en el cataclismo humano de Megadeth. Los tambores de "Planet B" anuncian el primer ataque mientras las salvajes guitarras desgarran sin piedad hasta que todo se acelera entre los forzosos cambios descendentes de armonía ya fundamentales en el estilo sonoro de King Gizzard & The Lizard Wizard. La intensidad baja al escuchar "Mars for the rich", la cual se distingue por aquel solo de bajo eléctrico de gran poder. Sin embargo, el álbum regresa a la furia desbocada con "Organ farmer" para terminar irremediablemente con un track aletargado cercano al proto-doom llamado "Superbug".

Como si se tratara de una segunda parte, el Infest the rats' nest nos narra la historia de un grupo de rebeldes que deciden escaparse del planeta Tierra para establecer una colonia en Venus tras la destrucción de su hogar. Así es como escuchamos dos agresivas odas bajo el nombre de "Venusian" que encuentra en "Perihelion" un puente de comunicación basado en una figura adictiva y sucia que recuerda por momento la magia melódica de los noruegos de Tempelheks. El disco cierra con la violenta "Hell", una furiosa tormenta que narra el fatídico final de aquellos humanos que no lograron cumplir su cometido mientras terminan en un nido infestado de ratas.


El segundo single promocional del Infest the rats' nest fue "Self-immolate", un track que nos cuenta sobre el muro de fuego encontrado por aquellos rebeldes humanos al llegar a Venus mientras comprendemos la metáfora sobre la auto-destrucción de la humanidad. Los tambores de la guerra suenan, las guitarras asesinas entonan el himno de la frustración y la muerte hasta que todo se convierte en una desenfrenada persecución y llamas que destruyen aquel sueño de escape y nuevo futuro lejos del hogar original.

John Angus Stewart nuevamente coloca a  King Gizzard & The Lizard Wizard bajo un nuevo suplicio mientras el manto de la noche se posa sobre sus imágenes. El perpetrador enciende una bengala que no sólo ilumina dentro de la obscuridad, sino también enciende la mecha que produce la hoguera de quienes se han decidido inmolar por un sueño imposible.


Los treinta y cinco minutos que dura Infest the rats' nest pueden resultar monótonos si no se le permite hablar por si mismo. Su historia sobre hecatombe y final irremediable puede explicar que el álbum guarde la misma atmósfera, pero tras una escucha detenida no sólo se pueden identificar sus cambios de intensidad sino también cada una de las influencias que en él viven como si fuera un cuerpo invadido. Por lo pronto, King Gizzard & The Lizard Wizard ha cumplido el deseo de sus fanáticos al regalarles un disco basado en el viejo trash metal, aunque al mismo tiempo abre la posibilidad a que otros oídos se acerquen a la mutifacética propuesta sonora de los australianos. Mientras ésto ocurre, esperemos la siguiente mutación del ya mítico combo de Melbourne.



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