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viernes, 31 de enero de 2020

Satánico Pandemoniun : entre máscaras y blasfemias


Escribir sobre el álbum debut de Satánico Pandemonium a partir de la obvia referencia a la película de 1975 dirigida por Gilberto Martínez Solares sería muy sencillo. Más allá de influencias e inspiraciones a través de una obra cinematográfica, la propuesta sonora hecha por esta banda de la Ciudad de México tienen los elementos suficientes para ser analizados por ellos mismos gracias a su densa interpretación y la atmósfera ritual que les acompaña.

Para aquellos que no están empapados de la escena underground mexicana alrededor del doom psicodélico, desde a mediados de 2018 se fue corriendo de boca en boca el rumor de una banda de enmascarados que se habían juntado para crear un nuevo proyecto más allá de lo que cada integrante hacía en otras agrupaciones con un nombre propio forjado. Una vez preparado su poderoso trabajo sonoro, el grupo aprovecho cada una de las oportunidades para presentarse para construir una leyenda a partir de ásperas interpretaciones y una presencia escénica digna de la música que ofrecían y precisa con respecto al mensaje.


Con integrantes de Chacal, Rivers of Gore, La Prístina Stereotipia y La Maquinaria del Sueño, nos encontramos con un salvaje combo aferrado al doom más lisérgico que tiene en la obsesión de las atmósferas saturadas e instrumentales su soporte sonoro para desarrollar un viaje tóxico por senderos obscuros que remiten a rituales satánicos, posesiones demoníacas y sacrificios dedicados al maligno. Satánico Pandemonium nos había amenazado en un primer momento con demo Sexxxorcista lo que podríamos esperar con su propuesta: un material alucinógeno acompañado de extractos sonoros de películas serie B y bajo presupuesto donde el común denominador era la sexualidad y la muerte.Sin embargo, las cosas fueron desarrollándose de manera rápida hasta llevar al grupo a los estudios Grábele Grábele a finales de 2019 para registrar su álbum debut con la supervisión técnica de Héctor Fernandez Mosqueda, mismo que fue presentado de manera digital en enero de 2020 bajo el nombre Culto suicida y que en breve será editado en versión física a través de LSDR Records.

Los largos temas que lo conforman se transforman en difíciles pesadillas que toman nuestras fantasías para convertirlas en negros paseos por nuestros demonios internos, aquellos que toman extrañas formas para disfrazarse al igual que los integrantes del Satánico Pandemonium Miguel Castro en la guitarra, Daniel García en el bajo, José Morán "Cosmo" en la batería y Sergio Oscura en los efectos de sonido; cuatro tipos enfermos que utilizan las sesiones canábicas para abrir las puertas que resguardan la ultratumba y compartir lo que se oculta en ella.


Como una boluta de humo que sale tras una bocanada y se expande a nuestro alrededor hasta saturar el ambiente, la inaugural "Las suertes de la magia negra" se desarrolla por medio de una figura de bajo saturado hasta que la melodía cae en un letargo hipnótico del que será imposible escapar gracias a su tentador sabor a aquelarre. Una vez infectados por el veneno de este animal rabioso, Satánico Pandemonium nos ofrece un tema lento y pesado que asemeja el difícil arrastre de un grillete amarrado al tobillo que deja escuchar el lamento de un muerto viviente que poco a poco nos relata su desesperación y coraje; un track que le de nombre al disco.

Las vibraciones de un acorde seco y desgarrador se escapa por las bocinas hasta hacerla tronar, momento ideal para que un ritmo infeccioso nos obligue a danzar alrededor de un fuego ritual en honor del caballero de las tinieblas. Sin embargo, la melodía calma su ímpetu para ofrecernos un himno dedicado al regreso de aquellos que habitan el averno titulado de manera correcta "Olor a muerte". Finalmente, Culto suicida nos regala una poderosa oda viscosa dedicada a un trace desesperado llamado "Mal viaje" que intenta mandar todo al demonio mientras la tétrica música nos ahoga en una fosa de brea de la cual será imposible escapar.


Como si se tratara de una pesada losa que se lleva en la espalda, los cuatro temas del Culto suicida se arrastran de manera penosa hasta que es imposible soportarlos. Sin embargo, y lejos de lo que se podría pensar, el gusto por escuchar estos himnos a la maldad y la muerte está en esa sensación de letargo e hipnosis que provoca la abducción sin opción de evasión. Aquellos cuerpos que cuelgan según la inspiración de Francisco González (el famoso Don Peterete, bajista de la banda chilena Arteaga) nos advierten lo que resguardan al interior del material discográfico, pero una vez rebasado el límite de la imagen, el sonido explota sin mediación en una ácida mezcla de ruido y depravación que sólo estos extraños personajes pueden crear gracias al poder de la música distorsionada y la fértil imaginación que ha sufrido una desviación tras la excesiva exposición a esas viejas películas y aquellas melodías dedicadas al diabólico caballero de las tinieblas...


martes, 28 de enero de 2020

Visdom : el sonido vintage de la mano cornuta


A lo largo de los varios años de vida que tiene Earthquaker: rocky letras como espacio dedicado al rock, siempre Suecia ha tenido un lugar muy importante dentro de la escena del revival, vintage y retro. Teniendo como referentes obligados a Graveyard y Witchcraft, el país nórdico se ha distinguido por ser una fuente inagotables de bandas que recuperan los viejos sonidos que dieron origen al hard rock como género a finales de los años sesenta y principio de los setentas; pero ahora es momento de regresar la mirada a Escandinavia para encontrar nuevos tesoros sonoros dentro de su constante pléyade.

Sin embargo, el caso del quinteto Visdom es especial: aunque los integrantes del grupo son alemanes radicado es Mainz, el grupo bebe directamente de los sonidos retros que han inspirado a las tierras vikingas, pero al mismo tiempo recupera los turbios sonidos que se han gestado durante la última década en el territorio germano a través de su propio punto de vista sobre los sonidos vintage.


Luego de su debut titulado Black soul publicado en julio de 2015 que estaba orientado hacia un hard rock básico, la banda presentó en diciembre de 2019 su segundo álbum bajo el nombre de White heart, material que rescata las raíces del rock fundamental a través de una obvia inspiración en gente como Black Sabbath, Wishbone Ash, Uriah Heep y Deep Purple pero con el impulso del nuevo siglo muy cercano a lo hecho por Rival Sons y, como lo mencionamos antes, en Graveyard.

El disco arranca con "Fever", track que fue presentado unos meses antes del lanzamiento del disco como single pero que de manera irónica nos ofrece un sonido grunge gracias a su rabia interpretativa y la fuerza de sus instrumentos bajo una estética moderna. Si uno se queda con esta primera perspectiva, uno podría crear falsas expectativas con respecto al resto del White heart, pero al dejar pasar la aguja sobre los surcos del vinil uno se encuentra con una hermosa sorpresa que crece a cada paso hasta concluir de manera magistral.


White heart dispara su primer dardo vintage a través de la arrolladora "Nightmare queen", canción que también de manera previa se había presentado como single. El track es venenoso gracias a su constante figura que sabe jugar con los cambios de tiempo para dotarla de intensidad mientras remata con un excelente juego sonoro que combina el teclado de Kris Toffersson y las guitarras de Patch Mönstrad y Dennis Litenkräm. La batería de Jan Osk no frena un solo segundo y el profundo bajo de Max Wernersson mantiene de manera constante la línea melódica para de esta manera terminar de construir el incendiario tema.

Enseguida escuchamos el track que le da nombre al segundo disco de Visdom, una tenue melodía compuesta desde los inicio de la banda con claros rasgos que sin duda recuerda a los Scorpions setenteros por medio de fuertes remates y acentos concretos llenos de magia. Enseguida los acordes de guitarra se intensifican en su distorsión para ofrecer soporte a un tema lleno de voces y colores obscuros llamado "Rebels", pero cuando se escapa por las bocinas la incontrolable "Otherside" (también compuesta desde el origen del grupo) todo se transforma en una fiesta de notas  que sabe utilizar los silencios para ofrecer texturas y momentos de intensidad hasta que un estribillo adictivo nos obliga a seguir el canto junto con la banda.


Sin lugar a dudas, White heart va de menos a más. Cuando llegamos a la cerradora "Vidunder" nos encontramos con una melodía desgarradora construida a partir de guitarras entrecortadas mientras la voces hablan sobre el mundo como un sueño frente a demonios que se burlan y monstruos que se acechan. Con todo el sabor vintage, la musicalización de "Vidunder" juega con teclados atmosféricos, duelos a muerte entre las guitarras eléctricas y un ritmo melódico indomable que seduce por su intensidad y su misteriosa magia construida a partir de la intriga que se esconde entre sus rincones.


Lejos de lo que podríamos pensar, varios de los temas que conforman White heart  fueron creados por la banda con anterioridad, lo que nos hace comprender que la precisión de su interpretación sólo se puede lograr con el paso de los años, permitiendo al mismo tiempo que el grupo se concentrara en trabajar su sonido y en la forma de capturarlo en el estudio de grabación. Es obvio que es necesario que el segundo álbum de Visdom madure para que sea digerido con todos los elementos que lo conforman, por ello es necesario compartir este material para permitirle su desarrollo natural y lograr así que la propia agrupación desarrolle nuevas cosas a partir de este hermoso sonido vintage logrado durante su media hora de duración...


viernes, 24 de enero de 2020

Hippie Death Cult : obscuridad, rabia y crítica social


Si hubo un disco que fue reconocido y celebrado durante el 2019 fue el álbum debut de Hippie Death Cult, banda poderosa y obscura nacida en Portland, Oregon que construyó una densa obra sonora indispensable para todo aquel amante del contradictorio pero tóxico ruido áspero en coincidencia con la posibilidad lisérgica y misteriosa. Bajo un tufo al primer doom setentero, nos encontramos con una colección de temas adictivas que despiertan el morbo a través de sus sombrías líricas y al mismo tiempo provocan la adicción con aquel sonido que bien podría ser comparado con un obscuro pozo de brea del que será imposible escapar.

Desde el momento en que fue anunciada la publicación del primer disco de la banda norteamericana a través de la reconocida disquera Cursed Tongue Records, los reflectores se posaron sobre el material discográfico. Más allá de las expectativas sembradas en el álbum, Hippie Death Cult logra dar un paso más allá del doom psicodélico que bien se confiensa en el nombre de la banda, para ofrecernos un verdadero aquelarre de obligatoria escucha donde la fuerza, la zozobra y la imaginación salen a flote de aquella neblina sonora llena de guitarras que sabe encontrar la rabia del fuzz con la viscosidad del wah.


Dentro de la tendencia marcada por los sonidos ásperos del stoner y la parsimonia del viejo doom lisérgico, Hippie Death Cult nos ofrece ambientes profundos que nos transportan a los misteriosos escenarios que describen sus líricas, a las líneas melódicas infecciosas que definen cada uno de los temas, y al consolidado sonido construido por el grupo gracias a la capacidad interpretativa de sus integrantes y a la conjugación de los instrumentos lograda a través de una excelente producción técnica realizada por Eddie Brnabic, guitarrista del grupo.

Presentado como 111, el debut del cuarteto de Portland arranca con "Sanctimonius" y su serie de acordes cavernarios que nos remiten de manera inmediata a tétricos y malignos rituales donde la conjugación entre fuerza y zozobra confiesan lo que podremos escuchar en el resto del material. Sin embargo, el siguiente track del disco rompe con cualquier idea preconcebida gracias a una melodía poderosa de guitarras pastosas y contundentes mientras escuchamos una historia de maldición. Luego de escuchar el poder de "Breeder's curse" y la magia final de aquel profundo teclado de Ben Jackson, sabemos que estamos frente un álbum fundamental para el género.


Si buscáramos un tema que pudiera representar el concepto sonoro de doom psicodélico, "Unborn" serviría de ejemplo perfecto gracias a su pegajosa pero aletargada introducción. Luego de escuchar esta canción que tiene la capacidad de transformarse en un afilado cuchillo que penetra en nuestro cuerpo en honor a aquellos niños que jamás llegaron a nacer, Hippie Death Cult puede dar un giro de 180 grados para ofrecernos una melodía acústica bajo el nombre de "Mrtyu", un respiro sonoro que sirve de puente hacia otra granada de fragmentación llena de maldad titulada "Pigs", crítico track que sirvió en un primer momento de single gracias a su obvio sabor a Black Sabbath y sus corrosivas letras que se quejan de manera amarga de la sociedad y la destrucción del medio ambiente.

Una militar batería a cargo de Ryan Moore delimita el tiempo para "Black snake", tema concluyente del 111 conformado por nueve minutos demenciales que se distinguen por la profundidad de la linea del bajo hecha por Laura Phillips, la demencia guitarra de Eddie Brnabic y los apagados juegos vocales de Ben Jackson que saben filtrarse entre las grietas de los constantes cambios melódicos. Como si se tratara de una continuación lírica de "Pigs", "Black snake" retoma la idea de la aniquilación humana gracias a lujos y la tentación de nos ofrece la lógica capitalista.


"No te olvides de soñar y déjalo ser.
No te olvides de respirar y agradece al árbol.
Tal vez no necesites todas esas cosas insignificantes
Salvajes pueden liberarte.
No sociedad...ustedes dos están combinados.
No te quedes atrás, no te olvides de brillar.
Tú vas a morir.

No muerdas la mano que te da de comer
No confíes en lo que piensas sobre todas tus sucias obras.
No vengas de manera barata.

Sentado junto a un arroyo puede que no tengas éxito
bajando por un camino solitario haciendo lo que te dijeron..."

El último sencillo promocional del 111 ha sido "Treehugger" a partir del lanzamiento de un trabajo visual realizado por el multifacético Eddie Brnabic, guitarrista del grupo. Mientras observamos difusas imágenes de la banda entre efectos vintage en simetría, Hippie Death Cult nos ofrece una melodía sombría que se permite a sí misma explotar cuando es necesario; lo que permite comprender las posibilidades sonoras de la banda más allá de la etiqueta del doom lisérgico. Sin embargo, y como podría esperarse, la banda transforma el track por medio de un riff sabbathico que bien podría servir de fondo musical para un aquelarre a la mitad de la noche frente a una fogata ritual mientras la muerte se acerca paso a paso.


111 es un álbum ambivalente, dos rostros de una misma moneda que demuestra la versatilidad de una banda poderosa en su interpretación musical e ingeniosa en su composición. El disco es una muestra de lo que se puede hacer más allá de las etiquetas impuestas al doom, el hard psych y el stoner durante la última década sin abandonar los logros obtenidos dentro del sonido que la ha distinguido. Sus más de cuarenta minutos requieren ser explorados detenidamente para descubrir en ellos todo lo que resguardan a través de la cortina ruidosa y sus adictivas líneas melódicas. Sin lugar a dudas, la propuesta de Hippie Death Cult capturada en su debut permite guardar esperanzas dentro de la áspera escena obscura, por lo que desde ya estamos esperando su continuación...



martes, 21 de enero de 2020

Pink Cigs : alcohol y rock sucio sobre Inglaterra


En una época llena de revival, tributos y recuperación de viejos estilos, el hard rock ha virado a sus orígenes con la intención de encontrar la frescura y energía perdidas con el paso de los años y la mezcla de géneros. Sin embargo, muchas bandas han dado un paso más allá de la simple tendencia vintage y se han decido a construir un sonido propio sin perder aquel encanto cuando el rock se endureció a principio de los años setentas con la intención de reflejar intensidad, inconformidad o hasta rabia. Obviamente será necesario rescatar de entre la paja a los grupos que realmente valen la pena haciendo a un lado las modas y las tendencias pasajeras.

Una de esas agrupaciones que requieren ser reconocidas para disfrutar de su estilo desenfadado y directo es Pink Cigs, banda originaria de Sheffield, Inglaterra basada en un ejército de riffs incendiarios y ásperos que todo el tiempo mantienen la intensidad para obligarnos a llevar el ritmo de principio a fin mientras disfrutamos de una buena bebida alcohólica. Más allá de etiquetas, este cuarteto británico nos ofrece un rock n´roll crudo y rasposo de melodías insistentes que no van más allá de los tres minutos y medio.


Si bien Pink Cigs había lanzado su primer zarpazo por medio de un EP llamado Vol. 1 en diciembre de 2018, la banda logró llamar la atención de los amantes del rock distorsionado y sin contemplaciones por medio de su single Dirty trick publicado en julio de 2019; tema venenoso que se distinguía por su figura desgarradora construida a partir de la potencia del fuzz y notas afiladas que logran quebrar las bocinas sin mayor mediación. Tras la buena recepción del track gracias a su certera armonía llena de energía pura que recupera el hard rock crudo, la banda tuvo los elementos suficientes para meterse a grabar de manera formal.

Durante el mes de noviembre de 2019, Cris Law y James Fidler en las guitarras, Ben Babinski en el bajo y Kyle Hall en la batería entraron al 1in12 Studio con el soporte técnico de Bri Doom para registrar su álbum debut titulado de manera homónima que sería publicado en enero de 2020. Recuperando "Night stalker" de aquel EP y obviamente el single "Dirty trick", Pink Cigs se tomó la libertad de volverlas a trabajar en el estudio para darles otro toque gracias a la experiencia y el uso de equipo profesional de grabación; sumando de la misma manera otras melodías que ya conformaban parte de su repertorio.


Si bien la portada realizada por Dan Diaz que nos muestra una valiente dama con el pecho desnudo mientras sostiene una amenazante espada logra atrapar la mirada de manera inmediata, cuando escuchamos el riff con el que inicia la inaugural "Noose" sabemos que estamos frente a un potente material que no pueda pasar desapercibido. Aún así es necesario deja pasar el resto de los directos track para descubrir su esencia más allá de un estilo por demás definido que podría encapsular al trabajo bajo una sola perspectiva sin posibilidad de despegue o alguna sorpresa escondida entre los diez temas que lo conforman.

Efectivamente, no esperemos que Pink Cigs sea un álbum mutifacético. Al contrario, el disco es una colección de salvajes temas inspirados en el viejo y clásico hard rock y en el primer punk setentero que se distingue por riffs adictivos en cada track y su energía constante que bien podría convivir por momentos con lo que hace Admiral Sir Cloudsley Shovell o quizá los primeros instantes de Red Fang.  "Low blow" azota con sus figuras el espacio sonoro que nos rodea, "Lazy lover" rompe con todo lo que encuentra a su paso, "Devils grip" nos hace escuchar la parte más heavy de la banda con sus acordes entrecortados y "Black widow" nos sube a un V8 que no sabe poner freno a su acelerada carrera. Aun así podemos escuchar temas más concretos como "Leecher"creada con furia incontrolable, "Whiskey woman" con manejo de silencios bien manejados a pesar de la lluvia distorsionada, o "Shiver" con ese antojo a cerveza corriendo en los eternos pubs.y su cambio de ritmo que provoca la agitación completa como si se tratara de un orgasmo.


Con la intención de que ustedes tenga una idea aproximada de lo que se podrán encontrar en el álbum debut del cuarteto británico, Pink Cigs presentó el video de "Dirty trick", un trabajo visual psicodélico realizado por Matthew Tully conforme a la grabación original del tema cuando fue lanzado como single. Más allá de lo que se muestra en este link, el tema que fue nuevamente registrado en noviembre de 2019 para el álbum debut evita que la distorsión de los instrumentos se escuche saturado en las bocinas, logrando que todo quede integrado como su se tratara de una cápsula sonora concreta y bien definida que tienen la intensión de hacernos distinguir sus elementos distintivos sin que por ello se pierda su poder explosivo y el dinamismo de sus figuras que suben y bajan sobre las cuerdas sin piedad.


Sin lugar a dudas, Pink Cigs es una banda para pasar un buen rato mientras sus ritmos venenoso se filtran por las venas junto con el correr del alcohol. La palabra precisa para describir su propuesta es intensidad, pero quizá el valor agregado para el cuarteto de Sheffield es la honestidad con la que realizan su trabajo sonoro sin posturas ni falsas expectativas. Es cierto que su debut no va más allá de un puñado de rolas aceleradas que te harán mover la cabeza durante toda una noche de cervezas en algún bar, pero realmente vale la pena recuperar a este tipo de bandas que buscan hacer rock n' roll sincero y directo que provocan diversión a través de acordes venenosos e imaginación en sus certeras melodías...


viernes, 17 de enero de 2020

ESTADOShUNDIDOS : climas sonoros y la invitación al goce


¿Es el fin o el comienzo?
Bienvenidos al tercer mundo,
a los Estados Hundidos de Sudamérica.
El tiempo es un ladrón y un villano.
La gran fuente de poder del reloj de todos los tiempos...
"Asesinando utopías", Nadir Águila.

Ha transcurrido un año desde que una pareja argentina decidió utilizar al ruido y la distorsión como mecanismo para el encuentro, un escandaloso puente de comunicación que se lanza al vacío intentando llegar al otro lado del abismo. Aquí está su eléctrica atmósfera acústica que satura el ambiente para envolvernos en aquello que trata de convertirse en un acontecimiento, quizá un suceso que rompa con la fragilidad del instante y logre aferrarse a la memoria dispersa. Los climas sonoros se posan sobre el ambiente hasta que las frecuencias ingresan poco a poco a las neuronas distraídas para tomarlas de la mano y llevarlas por un paseo auditivo lleno de texturas y posibilidades. Aquí está la invitación para abrir los tímpanos y lograr el escape...

Cuando llegó Fragmentos a los oídos de Earthquaker la obvia pregunta fue formulada: ¿la sonora propuesta experimental del proyecto ESTADOShUNDIDOS merece ser compartida? Tras un tiempo de reflexión y deleite obligó ha responder afirmativamente, aunque el temor por lo desconocido y lo desconcertante provocó postergar la redacción, misma que sufrió fluidez una vez que alcanzó el arrojo por escribir sobre lo inexplicable, aquello que es inefable gracias a la fugacidad de una sensación acústica que requiere un millón de palabras para ser descrito y que a final de cuentas se escapa de cualquier tipo de expresión porque requiere de vivir la experiencia ruidosa.


Tras el debate y la complicación expresiva, todo terminó en permitir que el sonido fluyera por sí solo para que las palabras intentaran reflejar aunque fuera un poco sobre aquellas capas de sonido creadas de manera íntima, improvisada e ilusoria. Las vibraciones sonoras oscilan por los nervios acústicos para construir una imagen en la mente sobre algún lugar, alguna momento, quizá alguna persona... Todo se resume en una colección de texturas que hacen coincidir a la naturaleza con el tecnológico paisaje urbano para recrear una experiencia sensorial que sirva como viaje psicodélico y como una forma de ambientación que nos hace patente la importancia del ruido a nuestro alrededor.

ESTADOShUNDIDOS nace a través del encuentro entre Joe Transmision (guitarrista de Los Planeta Rojo) y Yam Cammardella (fotógrafa y artista gráfica de Sueños Siameses) en un intento por realizar ejercicios ruidosos que logren estremecer a los tímpanos sensibles y provocar el desarrollo de sinapsis que tiendan puentes de comunicación hacia los recuerdos sonoros alojados en los distintos rincones del cerebro.  A las pocas semanas de trabajo, la pareja tuvo la oportunidad de editar su primer trabajo bajo el nombre de Fragmentos, un EP conformado por tres extractos atmosféricos que fueron publicados en la página de bandcamp de dúo a partir de enero de 2019 y por distintos sellos sudamericanos como Capitan Mou Ediciones, Kadath Rekords o Lou Fai Discos en fechas posteriores.


En la América Latina existen diversos proyectos que podrían considerarse como ruidistas, aunque sus propuestas se basan composiciones musicales instrumentales decoradas con sonidos atmosféricos que remiten a diversos entornos acústicos, como ocurre con Vago Sagrado, Viaje a Ixtlán, Bordelique o IAH. Sin embargo, este término podría ser utilizado para describir los ejercicios de ESTADOShUNDIDOS y al mismo tiempo describir otros proyectos basados en crear climas sonoros a través del ruido, la distorsión y extractos ambientales grabados previamente con franca influencia de reconocidos personajes de la historia musical como Brian Eno o Sonic Youth.

Por lo pronto, más allá de las muestras sonoras experimentales y las improvisaciones realizadas sobre escenarios dispuestos a recibir las descargas ruidosas, el barullo intencional creado por la pareja argentina ha sido registrado en materiales que permiten su reproducción a disposición más allá de la fugacidad del instante en que fue creado. Aquel collage que termina construyendo bullicios concretos para despertar sensaciones ha sido encapsulado para su deleite, quizá como una pócima al alcance para crear una realidad alterna.


Un ejemplo de lo que pueden conformar ESTADOShUNDIDOS lo podemos escuchar en "Nudo", un ejercicio construido a partir de misteriosas capas de sonido atmosférico a las cuales se superponen tenues acordes de guitarra que provocan una sensación onírica y permite al mismo tiempo un escape mental. Sin lugar a dudas, la propuesta de la pareja argentina es ofrecernos un dilema, pues nos colocan ante una bifurcación entre la realidad y la ensoñación, entre la naturaleza y la urbanidad, entre el control y la multiplicidad de opciones frente a nosotros. Ahí está el nudo, el conflicto imposible de resolver que dentro de la indecisión encontramos el deleite, un goce frente a la conflagración...

Por si fuera poco, ESTADOShUNDIDOS nos ofrece un acompañamiento visual de "Nudo" a través una colección de imágenes tomadas en la visita que hizo la pareja a Chile, específicamente en el Cerro San Cristobal en Santiago y en el Festival Sinquicio llevado a cabo en La Serena. Una mirada que se deleita ante el paisaje reflejado durante un trayecto realizado, naturaleza en movimiento que acompaña al viaje. Un hermoso valle a nuestros pies, un loop multicolor, la gente alrededor a un mirador, luces y feedback en mezcla con la única finalidad de despertar sensaciones...


El pretexto para desarrollar ruidos puede ser el menos esperado, quizá un poema desconocido o quizá una secuencia improvisada. Podemos nombrar a estos ejercicios acústicos y encerrarlos en géneros caducos como noise, shoegaze o ambient... No importa, los climas sonoros han sido arrojados por las bocinas y las atmósferas que construyen se han ofrecido más allá de clasificaciones y palabras. Probablemente sea un error este ejercicio de escritura, esta búsqueda por anclar y aterrizar lo escuchado en metáforas insistentes; pero al mismo tiempo sirve de muestra y ejemplo de las múltiples posibilidades que ofrece su escucha, una experiencia propia que intenta despertar el morbo en el otro por tener la vivencia. Aquí está la invitación, ahora es su turno de saltar al abismo...



miércoles, 15 de enero de 2020

Denizen : el ruido arenoso de Montpellier


Cuando una banda ha logrado consolidar su estilo propio pero sufre la salida de uno de sus pilares, la incertidumbre se posa sobre su panorama sonoro. La banda francesa de heavy stoner rock Denizen vivió dicho trance, pero los cambios sirvieron para definir los objetivos de la agrupación y finalmente consolidar su sonido. Los resultados los podemos disfrutar en su High winds preacher, álbum publicado en los últimos días de noviembre de 2019 a través de Argonauta Records.

Por las letras de Earthquaker ya habíamos pasado revista a esta agrupación originaria de Montpellier cuando analizamos su ruidoso Troubled waters editado en abril de 2015 (reseña-review). En aquella redacción mencionábamos la salida del guitarrista Ludovic Barbeiro y la llegada de Yann Chinette, lo que significaba una reconstrucción forzosa del ruido en el seno de Denizen. Una primera prueba de los cambios se pudieron escuchar en el EP de octubre de 2017 Songs from the kraken, pero todo a quedado definido en su última producción, la cual fue grabada por Colin Trogée (bajista del grupo) durante el verano de 2018 y masterizado por Kent Stump, guitarrista y vocalista de Wo Fat.


Como siempre ha sido un elemento distintivo en los álbumes de Denizen, nos enfrentamos en un primer momento con el arte del material creado por el ilustrador Brice Cossu, quien en esta ocasión nos ofrece una bella estampa desértica donde un poderoso V8 se coloca sobre el borde de un abismo mientras su flamante conductor recibe todo el poder y la energía de aquel impresionante lugar.

En la parte musical, High winds preacher es un recetario de lo que ha sido el stoner como género durante su existencia, ya sea desde su vertiente arenosa surgida en la California de finales del siglo pasado hasta su reconstrucción con la intensidad de la costa este norteamericana y su re-afirmación con su encuentro con el metal, el hard psych y el doom durante la última década. Con esta descripción, lo que podemos esperar del último disco del cuarteto francés es una colección de temas ásperos construidos bajos distintas perspectivas que no pierden su coherencia sonora.


Cuando escuchamos "The beast" nos queda claramente entendidas las intenciones de Denizen gracias esa melodía hipnótica y rasposa que nos arrastra poco a poco a la desolación del desierto hasta que todo se torna ilusorio y pesado. Sin embargo los franceses tienen bien amarrado su estilo como queda demostrado en la rabiosa "Chasing the guru", en la acelerada "White flaimingo" y en la potente "Mandrake is everywhere", aunque si buscáramos una diferencia entre el Troubled waters y el High winds preacher estaríamos obligados a decir que la nueva entrega está orientada a bajar las revoluciones para construir melodías aletargadas llenas de distorsión y misterio como se escucha en "Among the trees", en la escandalosa "Deaf  taint" o en la envolvente "Ears wide opened".

High winds preacher cierra de manera violenta con la fugaz "Punch out" y su malintencionada figura que busca ser el punto de fuga y explosión del disco, pero la poderosa "Tomahawk" nos toma de la mano para ofrecernos un track rabioso que nos golpea sin piedad a través de lineas melódicas insistentes que se suceden una tras otras mientras la áspera voz de Fabien Aletto escupe palabras hasta que todo cae finalmente en un obscuro abismo lleno de zozobra que es iluminado por un solo de guitarra ahogado en wah y la fuerza de las percusiones avasalladoras a cargo de Andreas Goumy.


Mientras escuchamos un diálogo entre Richard Harrison y Baron de la clásica película de 1985 Ninja Terminator,  los salvajes y ásperos acordes de "Shadow dancer" explotan en las bocinas para dar la bienvenida al High winds preacher. Sin embargo, tras el meteórico arranque, el track se transforma en un melodía limpia que roza por momentos con un funk rock y que brinda tan sólo un ligero soporte para un canto rabioso sin freno. Gracias a estos sonidos, el primer sencillo de último disco de Denizen se permite ofrecer un solo de guitarra ahogado en wah mientras agitamos la cabeza con su ritmo desenfrenado e infeccioso que nos obliga a conocer el resto del álbum.


High winds preacher es sin lugar a dudas un álbum arenoso que se permite recrear diversos paisajes sonoros por medio de las diferentes intensidades desarrolladas en el mismo. Si uno tiene la capacidad de enfrentarse contra constantes los zumbidos de guitarras distorsionadas, el último disco presentado por el cuarteto de Montpellier se convertirá en uno de los obligados para su revisión. Mágico e hipnótico, este material discográfico regresa a Denizen bajo los reflectores de las mejores bandas stoner de Europa gracias a la frescura inyectada al clásico rock desértico del siglo pasado. ¿Ustedes qué opinan?



lunes, 13 de enero de 2020

Marijannah : los ruidosos chupasangre de Singapur


Desde hace unos meses hemos tenido la oportunidad de escuchar las propuestas sonoras de diversas bandas del sudeste asiático, algo que hubiera sido impensable hace poco tiempo. Ahora tenemos el privilegio de escuchar a un grupo de la insular Singapur, un cuarteto rabioso que se aferra al metal bajo la estética escandalosa y distorsionada del stoner y el doom para crear una colección de temas bien definidos pero difíciles de asimilar en una sola escucha. Conozcan a Marijannah...

 Conformados en 2016, el cuarteto asiático se ha dedicado a hacer ruido en su país natal bajo una marcada línea lírica que habla sobre ocultismo inspirado en las clásicas películas de horror y suspenso que al mismo tiempo son revestidas con densas capas de sonido áspero que por momentos se puede tornar lisérgico y onírico. Tras la publicación de su debut titulado Till Marijannah en febrero de 2018 con el que se ganó el reconocimiento de toda la zona asiática como una ácida potencia sonora de escucha obligatoria, la banda firmó con la reconocida disquera Cursed Tongue Records para la edición de su continuación.


Una vez firmado este apoyo discográfico, Marijannah se dedicó a trabajar en la grabación de un material con mayor madurez que su predecesor que poco a poco fue mostrado a la luz publica hasta que el 6 de diciembre fue publicado en su totalidad. Bajo el nombre de Istanah encontramos a una bestia furiosa de seis cabezas que retoza salvaje en una poza de brea, un abismo obscuro y pegajoso del que será imposible escapar.

Los artífices de este demonio incontrolables son Rasyid Juraimi y Nicholas "Skinny" Ng en las sucias guitarras, Muhd Azri en el sísmico bajo y Nicholas Wong en las estruendosas percusiones; cuatro jóvenes inspirados en el stoner más asqueroso y el doom lisérgico con la intensión de construir melodías viscosas y pesadas que poco a poco logren fluir por nuestros tímpanos para destrozarlos tras adueñarse de las neuronas enamoradas con sus líneas fuertes e infecciosas.


Si bien nos podemos encontrar con líneas melódicas llenas de intensidad y toxicidad imposible de abandonar como en "Spiderwalk with me" con aquel ritmo satánico y tribal que hace mover el cuerpo hasta provocar un influjo hipnótico que se ve reflejado con el cambio radical que torna hacia lo misterioso, Istanah puede ofrecernos cosas directas llenas de zozobra como "Full moon" con su serie de acordes concretos que sólo buscan hacernos entender que las criaturas de la noche se han hecho dueñas de la atmósfera sonora.

Aunque la banda de Singapur busca establecer un estilo propio, de manera clara se pueden identificar sus influencias como  en "Shapeless" y su innegable referencia al doom lisérgico de Electric Wizard, aunque al mismo tiempo se logran detectar algún tufo a Sleep, Goatsnake o hasta Acid King. Por ejemplo, "Pluto" esta construida a través de un riff heredero del Black Sabbath más clásico, aunque la estética acústica está basada en el estilo creado por Monolord más allá de su historia de obvia referencia planetaria.

Marijanah calentó los ánimos de los amantes de los sonidos pesados y distorsionados a través del lanzamento de dos singles previos a la publicación de su Istanah. En un primer momento se liberó "Bloodsucker" con su indudable stoner metal lleno de posibilidades armónicas, para que en un momento posterior se presentara "1966", un track de acordes sostenidos y armonía concisa que acompañan a una plegaria amorosa que poco a poco se transforma en un aquelarre que obliga a llevar el ritmo con el cuerpo.

Recorro las alas de la noche en busca de mi novia
400 años de mi espera pasan de mi largo
Todo lo que llevé a mi tumba, los poderes del tiempo
expiar la vida y el amor que dejé atrás
dejando atrás otra vida.

Sigue las nubes mientras se separan sobre los cielos carmesí
Océanos de tiempo he cruzado, alineando décadas
Cuando mis dientes se hundan en tu cuello te quedarás
Quienes se oponen perderán su cabeza, tú serás mía,
tú fuiste mía en otra vida.

Cuando el sol muere yo regreso a la vida.
Acercándose al amanecer de la tierra.
Mi deseo por sangre no eliminará esta maldición.
Acercándose al amanecer de la tierra.
Moriré con mi maldición.

Quizá el tema más interesante del Istanah es precisamente "Bloodsucker", track inspirado en el clásico de Bram Stoker. Una guitarra afilada marca las primeras líneas para clavar su aguijón, pero a los pocos segundos todo se convierte en una sonora tormenta que levanta un muro de sonido inquebrantable. Mientras en su video promocional observamos imágenes de la clásica película Grave of the vampire de John Hayes, escuchamos una melodía ruidosa que poco a poco nos embelesa con su irónica métrica suave. Hacia su parte media, un bajo ahogado en fuzz rompe con todo para ofrecernos un tétrico conjunto de notas lleno de obscuridad y ritmo tribal que logra erizar la piel hasta obligarnos a ofrecer nuestra sangre a los seres malignos que nos rodean en la densa noche.


Tratar de valorar un buen material de stoner metal y sus derivados en la actualidad puede resultar en una empresa llena de riesgos y con una amplia posibilidad de extravío, sin embargo el Istanah tiene los elementos suficientes para ser celebrado gracias a la gran imaginación para escribir sobre las temáticas por todos abordadas y a la capacidad de ofrecer ese ligero toque tóxico a cada una de sus melodías para que se transformen en adictivas odas llenas de aspereza y acidez. Las cartas están sobre la mesa, así que dejemos nuestra atención sobre el trabajo de Marijannah y todo lo que está ocurriendo en el sudeste asiático... 


viernes, 10 de enero de 2020

A lo lejos el jinete : el arranque de una travesía por el espacio sonoro


Una densa nube de polvo y estrellas se levanta ante el paso lento y pesado de una bestia y aquella silueta que la dirige durante su recorrido por el vacío eterno del universo. Ante el cabalgar que deambula entre los planetas se ha presentado una lluvia de asteroides que modifica el itinerario hasta que la maquinaria pierde su orientación, pero la memoria de este misterioso personaje toma las riendas para retomar el rumbo tras enfrentar las vicisitudes que la travesía le ha presentado. Aquí está el relato sobre la ruta iniciada y el aterrizaje de A lo lejos el jinete...

¿Cuándo se ha visto que el álbum debut de una banda está conformado en su totalidad por el registro de una presentación en directo? Quizá ello podría significar un suicidio ante el riesgo de abandonar el refugio seguro que es un estudio de grabación y la producción técnica que conlleva. Sin embargo, el trío argentino de A lo lejos el jinete se ha arriesgado a lanzar la apuesta publicando un material discográfico para hacernos entender que la música se hace en vivo, se crea y se desarrolla en la fugacidad del instante, a lo mejor con la misma velocidad y posibilidad de escape de una estrella fugaz sobre el firmamento.


El andar de A lo lejos el jinete comenzó con un video de una patinadores descendiendo por los caminos alrededor de San Carlos de Bariloche, lugar de residencia de los integrantes de la banda en la Patagonia argentina. La pluma de Juan Inzunza ofrece el concepto gráfico para "Despegue", sin embargo este primer trabajo visual tan sólo fue una primera probada del trabajo musical que el bajista Fernando "Moro" Valeria junto con el guitarrista Emilio Contissa estaban creando tras la pausa que tuvo su proyecto anterior Comeculebras (reseña-review), pero que para esta ocasión contaban con el apoyo en los tambores de Víctor Contreras.

Sin abandonar la esencia visual de Comeculebras trabajada por el propio Juan Inzunza, la nueva banda retoma la imagen del obscuro corcel para bautizar al proyecto bajo el nombre de A lo lejos el jinete; pero para esta ocasión las voces serían silenciadas para dejar en el poder de la instrumentación la capacidad de relatar una historia propia más allá de las palabras. De esta manera, la crudeza sonora de un auto-denominado sludge progresivo instrumental nos toma de la mano para desplazarnos por planetas desconocidos en búsqueda constante por encontrar un espacio ideal.


Aquel misterioso tema de figuras llenas de zozobra que se arrastran por el suelo hasta que logran el ascenso terminó por darle soporte al concepto de la banda y hasta nombrar al álbum debut. Según lo comentado por el propio Valencia en entrevistas, Despegue tiene su inspiración en el libro Estrella Roja del autor ruso Alexander Bogdánov donde se narra la experiencia de un humano que viaja a Marte para conocer cómo se desarrolla su organización social en una búsqueda de encontrar un estado ideal.

Tras esta idea general, A lo lejos el jinete comenzó a trabajar con sus nebulosas melodías que navegan entre ensoñaciones oníricas que te dejan varado frente a la gravedad cero y la violencia de un traslado mecánico que enfrenta a las fuerzas de la galaxia. Acordes crudos luchan contra figuras etéreas hasta crear una simbiosis contradictoria que nos hace comprender la guerra eterna entre contrarios y la insistencia por construir una revolución que transforme la circunstancia que nos ata en este instante.


Despegue fue grabado directamente en la presentación de A lo lejos el jinete realizó el día 30 de noviembre de 2019 en La Usina Cultural del Cívico (Biblioteca Sarmiento), siendo hasta el 25 de diciembre cuando fue publicado de manera digital. De la misma manera, con la intención de mantener una coherencia entre la fugacidad de la interpretación en directo y el extravío que han tenido los discos como elemento de difusión y soporte para la música en la actualidad de los algoritmos, la banda argentina ha decidido presentar  próximamente su álbum en formato físico a través de un comic realizado obviamente por Juan Inzunza que contendrá códigos de descarga de material sonoro que se liberan conforme transcurre su lectura.

La idea de una historieta gráfica que acompañe a una instrumental lucha acústica podría resultar difícil de hacer coincidir, pero la propuesta musical de A lo lejos el jinete guarda una estética conceptual que logra su soporte argumental a través de impresionantes imágenes cósmicas. El mágico paseo que provoca Despegue a través de su multiforme travesía de 45 minutos provoca que la imaginación juegue con imágenes galácticas y encuentros interestelares, pero el empleo de una referencia física logre orientar a las mentes dispersas como si contaran con una brújula en la mano.


Lo hecho por el trío argentino no puede ser calificado de otra manera que como un verdadero reto. Ofrecer largos contenidos instrumentales que intentan contar una historia quizá sea un desafío para los oídos poco afinados y las neuronas que desean la inmediatez de un producto digerido, pero si a ello le sumamos que la propuesta sonora se ofrece de manera directa como sólo puede ser la música viva, todo termina en una invitación a una travesía que pocos se animarán a realizar. Sin embargo, para aquellos osados que decidan arrancar la ruta, Despegue será un verdadero regalo para la imaginación y el deleite estético que encontrará en el carácter irreductible de la música la posibilidad perfecta para vivir el instante y alimentar el alma... Bienvenidos a la andanza inicial de A lo lejos el jinete!!

Bandcamp de A lo lejos el jinete: https://alolejoseljinete.bandcamp.com/releases


miércoles, 8 de enero de 2020

Crimson Witch : los múltiples rostros de una banda canadiense


Existen muchas bandas dentro de la pléyade que nos ha ahogado durante la última década que buscan de forma desesperada aferrarse a un género sin lograr desarrollar un estilo propio. Sin embargo, hay algunos caso que salen de lo ordinario gracias a que dejan a un lado las cadenas de la terminología musical para componer lo que les nace hasta crear realmente un sonido propio. Ésto es muy difícil y ha muchas agrupaciones les cuesta muchos años de trabajo, pero hoy tenemos a un quinteto canadiense que tan sólo con su debut al logrado dicho objetivo más allá de confesar sus influencias.

En marzo de 2019 fue presentado el primer EP de Crimson Witch, banda originaria de Victoria en la Columbia Británica, Canadá. En dicho material compuesto por dos temas podíamos escuchar a un grupo que a partir del heavy metal desarrollaba su propuesta para crear fuertes melodías llenas de riffs incendiarios de guitarra, un grueso bajo eléctrico, una batería aferrada y una peculiar voz llena de aspereza y personalidad propia. Era obvio tras escuchar la calidad del material que el álbum debut tendría que ser publicado a la mayor brevedad...


Fue así como en octubre de 2019 Satanic panic fue presentado en sociedad, un disco de fácil digestión que entra al tímpano de manera directa para su deleite instantáneo. Para arrancar, el debut de Crimson Witch contiene una remasterización de los dos track incluidos en el EP: "The cursed of the crimson witch" con su tétrica introducción que construye el mejor terreno para que la potencia atascada de heavy metal explote en nuestras neuronas, y "Ride with the flames" con aquel bajo ahogado en fuzz de Gordon Stewart y su desbocada melodía donde podemos deleitarnos con las guitarras gemelas de Kyle Kim y Greg Dawson.

Sin embargo, el álbum debut de los canadienses es tan versátil que puede vagar entre una balada misteriosa y onírica hasta crear un diluvio sonoro imposible de callar en un mismo tema, como ocurre en "Galloping goose"; un track del cual es necesario destacar las figuras de batería hechas por Johnny Van Camp en su inicio como también ocurre en "Phoenix tears" de tiempo acompasado que sabe sumergirte en su atmósfera tribal sin perder la aspereza de sus distorsiones.


Satanic panic también tiene una vena experimental que bien se puede comprobar en "Nibelheim" con aquella zozobra que despierta con su guitarra fantasmal que inesperadamente se transforma en un hard rock alternativo que sin lugar a dudas abre las posibilidades para que el quinteto de Victoria pruebe suerte en diversos estilos, aunque es necesario apuntar que este tema por instantes coquetea con el stoner. Finalmente, el álbum cierra con el tema que le da nombre y que se caracteriza por su velocidad sostenida que sorprende por los juegos de sus guitarras y la potencia de su base rítmica creada a partir de la coincidencia entre el bajo y la batería, los cuales fueron grabados en directo en el estudio como en el resto de los tracks del disco.


 Como podría resultar obvio por los intereses y gustos de esta página, la favorita del Satanic panic para Earthquaker es la abridora "Dew in the wind", un track hace coincidir el fuzz con el wah a través de una melodía clavada en el stoner clásico. En un primer momento podemos escuchar la influencia innegable de Fu Manchu con aquel estilo de ¿cantar? bajo la escuela de Scott Hill y esa sensación de velocidad que hace recordar a un V8 rodando por las polvorientas carreteras de California. En su segunda parte, el tema aumenta el tiempo tras una violenta figura de bajo que rompe con lo escuchado hasta ese momento; pero luego de dicho climax, todo se hace más lento hasta caer en todo el estilo de los eternos Kyuss, algo que Crimson Witch logra por medio de la áspera voz de Jacob Arnet y su cercanía vocal a la voz del desierto John García. Por si fuera poco, "Dew in the wind" cierra con un duelo cósmico de solos de guitarra que sin duda logran que los ocho minutos de duración del track valgan completamente la pena...


La banda asegura que su debut tiene la capacidad de hacer agitar la cabeza de aquellos amantes del hard rock hasta hacerla rodar por el suelo, algo que ciertamente se logra por momentos. Lo que si debemos reconocer es que Crimson Witch abre tanto las opciones sonoras que por momentos podemos perder la brújula si no tenemos el criterio amplio y el gusto fino. Es innegable que Satanic panic tiene instantes poderosos y crudos que requieren ser escuchados hasta la saciedad, pero quizá sea necesario que los canadienses se hagan un replanteamiento del camino sonoro que desean tomar para que así se puedan enfocar y generen un disco coherente e integrado que logre concretar su gran capacidad interpretativa como compositiva...


lunes, 6 de enero de 2020

Mathis Hunter : el mejor secreto guardado de Atlanta


Buscando algunos tesoros perdidos de lo que pocos hablaron durante el 2019, la suerte o quizá el destino nos llevó a coincidir con un trabajo visual realizado por Ben Coleman llamado "Mother tongue". Al pulsar el botón de play un reproductor de cintas análogas conocidas como "carrete abierto" aparecen ante la pantalla mientras un riff directo y adictivo se hace escuchar por las bocinas... sin lugar a dudas nuestra atención fue atrapada al instante y era inevitable no escribir algo sobre este descubrimiento sonoro.

Mathis Hunter es un músico, cantante y DJ de la enorme escena musical de Atlanta, Georgia en Estados Unidos. A su nombre se encuentran ligadas algunas bandas independientes como The Selmanaires, Noot d' noot y Frosted Orange, pero en lo que va de la presente década se ha dedicado a conformar una colección de temas que recuperan la esencia de los años 60 y 70 a través de composiciones inspiradas en el folk, la psicodelia, el blues electrificado y los primeros instantes del hard rock.


Como resultado final del trabajo de este multi-instrumentalista es una trilogía aferrada a su publicación en el mes de marzo conformada por Soft opening de 2010, Countryman de 2017 y Mother tongue de 2019, éste ultimo publicado a través de Ley Lines Records. Mientras observamos las curiosas ilustraciones realizadas por Essy May, la música fluye sin freno hasta alojarse plácidamente en nuestras neuronas por medio de sus melodías pegajosas, estribillos infecciosos y múltiples posibilidades sonoras que enriquecen al material y lo convierten en una delicia para su escucha gozosa y plena.

Es innegable el sabor a Led Zeppelin en sus riffs de guitarra, pero Mathis Hunter se permite añadir otros elementos que hacen girar a cada tema hacia otros senderos como bien queda demostrado en "Tea for two" con sus estribillos funky en enfrentamiento directo contra las figuras cortantes llenas de  hard rock. De manera multifacética, Mother tongue viaja desde el tenue blues electrificado de "Mrs. Vinegar" hasta el rock desenfrenado que escuchamos en la desbocada "Hobby horse" y su ritmo que no se cansa de cabalgar cuesta bajo.


Para lograr esta maravilla de álbum, Mathis Hunter canta, toca la guitarra, el bajo, las percusiones y el teclado, además de grabar y mezclar el material. Sin embargo, este señor no carga con la totalidad del peso y se hizo acompañar para el registro del Mother tongue del baterista de The Purkinje Shif Lee Corum y de Andy Morrison quien hace las guitarras y una que otra línea de bajo. Finalmente, en el apoyo vocal contó con Pete DeLorenzo, quien también se encarga del bajo eléctrico en las presentaciones en directo.

Mother tongue es un ambivalente en su sonido al saber coincidir la crudeza de las guitarras como en la rabiosa y bluesera "Table turning" con la ligereza que bien podemos escuchar en la concluyente "Even out", aunque bien nos podríamos quedar con esa pequeña joya de rock pop que es "Long in the tooth" con su precisa e impresionante batería que jamás frena ni un segundo. pero si aun deseamos más sorpresas, el álbum nos ofrece la onírica "Liquid lair" con sus mareas sonoras que saben cambiar de dirección a la menor intención, la afilada "Cherokee rose" con su ligero toque southern rock, y la atmosférica "Forever and a day" que se distingue por esa suave guitarra en delay que es un caramelo.


Si se trata de encontrar la joya de la corona, sin lugar a dudas el tema que bautiza al tercer álbum de Mathis Hunter es la que se lleva los honores gracias a ese riff heredero de aquel crudo Jimmy Page de "Immigrant song". "Mother tongue" es una maravilla porque recrea en su línea melódica principal lo que hace impresionante el Led Zeppelin III, es decir la coincidencia en el uso del lap steel (realizada por Andy Morrison y que recuerda el country rock y que sólo ha utilizado en los últimos años la banda texana Chili Cold Blood) con la figura de guitarra seca y afilada (que también el martillo de los dioses repitió en "The wanton song" del Physical Graffiti y que varias bandas han emulado como Salem's Bend en "Mammoth caravan" y Slow Season en "Y'wanna". Sin embargo, el track tiene un as bajo la manga cuando llega a su estribillo gracias a su entrecortada melodía que eleva al tema hacia diversas galaxias sin caer en lugares comunes derivados por la rabia inicial.


Mientras nos aprendemos aquella extraña coreografía bailable que nos muestra Ben Coleman en su video, el single del Mother tongue se repite una y otra vez en el reproductor. Sus dos minutos con cuarenta y seis segundos son adictivos, pero al mismo tiempo despiertan el morbo por devorar el resto del álbum. Lo mejor del caso es que el tercer del álbum de Mathis Hunter no decepciona al dejar abandonado a su track promocional como si se tratara de algo suelto y ajeno al resto del material discográfico, pero al mismo tiempo tampoco es una repetición sin fin que no brinda mayores posibilidades. Sin lugar a dudas, el Mother tongue es un disco que urge rescatar para valorar el tesoro que se resguarda bajo sus surcos...