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viernes, 31 de julio de 2020

Maya Mountains : los ásperos sonidos desérticos de Venecia


Al observar aquella montaña de piedra creada por un antiguo pueblo, las nuevas generaciones reflexionan sobre los motivos para construir dicha edificación, aunque lo que intriga con mayor insistencia es cómo lo lograron. Sin embargo, cuando aquella imagen se transforma en la portada para un álbum surgido en Venecia, Italia, las cosas se salen de su contexto original para ofrecer las más diversas posibilidades que retan a la imaginación. No es hasta el momento que se baja la aguja sobre el vinilo para descubrir las sorpresas que se resguardan en dichos surcos...

Una mística guitarra de metálico sonido se escapa por las bocinas hasta que las percusiones rompen con la atmósfera para mutar en una tormenta de meteoritos que cae sobre el polvoriento desierto entre potentes acordes eléctricos. Así es como arranca Era, el segundo álbum del trío Maya Mountains. Su melodía entre cortada titulada "Enrique Dominguez" nos golpea las neuronas a partir de su mezcla entre stoner arenoso y rock crudo que divaga entre melodías encontradas y retazos armónicos ahogados en fuzz. Una vez que ha mordido el pez al anzuelo, es momento de salir a flote para saber que hay más allá de la primera mordida.


Cuenta la leyenda que Maya Mountains nació durante 2004 hasta que logró su conformación final al año siguiente a través de tres columnas fundamentales: el baterista Marco "martinez" Bortoletto, el guitarrista Emanuel "castillo" Poletto y el bajista Alessandro "tanoz" Toffanello. Su debut discográfico fue grabado en 2006 bajo el título de Hash and pornography y editado por Go Down Records hasta 2008. A partir de ese momento, el trío se dedicó a girar por la Italia hasta que la búsqueda de nuevas opciones sonoras llevaron a cada integrante a desarrollar otros proyectos como Tundra y Goliath. Fue hasta 2015 cuando la banda regresó a la composición y grabación, un trabajo que fue capturado en las cintas por Edoardo Dodi Pellizzari y dirigido por Alessandro Siniscalchi que ha sido publicado hasta abril de 2020 también por Go Down Records.

El resultado obtenido en Era es un sonido experimental y agresivo que busca desgarrar las bocinas entre juegos vocales, acordes secos y golpes directos que constantemente cambian de dirección. En "Vibromatic" nos encontramos con sombríos efectos eléctricos que el feedback y el volumen provocan hasta que la banda explota con una melodía fuerte que demuestra sus posibilidades sonoras, algo que termina siendo confirmado en la adictiva "San Saguaro" con su figura tóxica que es destrozada con un estribillo entrecortado y en la obviamente cósmica "UFO" bajo su estética de aquel stoner de finales del siglo pasado.


Durante los diez tracks que contiene el segundo álbum de Maya Mountains podemos escuchar un amplio repertorio de posibilidades a través de lo que es el stoner como género bajo su mirada clásica, ya sea bajo el sabor lisérgico y áspero de melodías hipnóticas de larga duración como la instrumental "Raul" o por medio de sombrías figuras inspiradas en el doom y el hard rock setentero que podemos detectar en "Dead city", tema nebuloso donde el bajo nos sumerge en las profundidades de un abismo lleno de muerte a pesar de que los golpes de batería nos sacuden y las guitarras nos desgarran. 

Por si fuera poco, Era se encuentra lleno de referencias hispanoamericanas, ya sea bajo el nombre de los personajes relatados o por medio de historias que hablan sobre expresiones culturales como la fiesta brava en "El toro". De esta manera, el disco logra desarrollar una riqueza de sonidos sin escapar de la estética de guitarras ásperas, provocando que el material tome su ruta sin desviarse mucho de su destino obvio. La obscura "Baumgartner" busca quebrar nuestros nervios por medio de una insistente figura entrecortada, pero todo es recuperado gracias a los acordes sostenidos de "Extremely high", track que nos retorna irremediable al stoner entendido a la forma californiana. 


Maya Mountains compartió en su canal de videos de YouTube un trabajo visual que recupera parte de los quince años de historia de la banda, lo cual fue aprovechado para acompañar el lanzamiento promocional del track "In the shadow". Un ritmo aletargado en marcado por las percusiones y enseguida las cuerdas electrificadas marcar su melodía tétrica que sin lugar a dudas hacen referencia hacia sombrías ubicaciones. Una voz grave nos habla desde las sombras para extender su mano e invitarnos por un denso paseo a través de almas en pena y tumbas abandonadas. Si bien la banda no pierde su esencia stoner, un ligero toque doom se puede saborear en el track mientras los viejos cortes de video nos muestran el paso del tiempo sobre escenarios y caminos olvidados. 


Sin lugar a dudas, Era es un álbum crudo que requiere ser recorrido con pies de plomo para poder sacarle todo el jugo que contiene. Las múltiples capas de fuzz que lo recubren esconden muchas cosas en su interior, por lo que hace necesario tener la paciencia suficiente para ir desnudándolo hasta descubrir su soporte melódico y su esencia desértica ahogada en arena y soledad. Quizá pasaron muchos años para que Maya Mountains lograra conformar su segundo álbum, pero el resultado ha valido la pena para quienes buscan escuchar a gente que desea ampliar las posibilidades del stoner como género...


jueves, 23 de julio de 2020

Death Plays Guitar : la áspera promesa de un retorno inevitable


Hace algunos años escribimos sobre un trío mexicano radicado en la ciudad de Guadalajara que se distinguía por su áspera rabia, rock n' roll sucio lleno de intensidad que busca rasgar las bocinas mientras las melodías son escupidas sin mediación ni freno. Death Plays Guitar tuvo quizá un momento de silencio discográfico prolongado, mismo que era superado por algunas presentaciones de la agrupación, pero ahora y contra todo pronóstico, la banda ha decido soltar un track como amenaza de lo que vendrá próximamente.

Death Plays Guitar ha publicado tres EP, siendo su debut Deal at yard sale de julio de 2014 una declaración de intenciones desvergonzada que ofrecía dos temas desnudos y probablemente demasiado crudos que mostrarían el denso sentimiento de tres tipos aferrados a realizar ruido sin el temor a quebrar prejuicios. Sin embargo, Double barrel de mayo de 2015 (reseña-review) se convertiría en una referencia sonora para la banda a través de sus ritmos desenfrenados que te obligaban a sacudir la mata mientras las armonías violentas nos llevaban a recrear una desbocada carrera a borde de un V8 sobre alguna olvidada carretera polvorienta hasta abandonarnos ante la implacable fuerza del calor solar.


Cuando Death Plays Guitar presentó su Superfiction de septiembre de 2016, nos encontramos con una banda que había madurado su estilo hasta dejarlo en una poderosa mezcla entre stoner arenoso y blues inclemente donde los instrumentos ahogados en distorsión se convertirían en una marca registrada del power trio. Mientras la rasposa voz de Bryan Rafaello  nos escucpe sus inclemencias, una guitarra saturada por el fuzz nos azota sin clemencia sobre una figura concreta creada por el rastrero bajo insistente de Themo Alonso y la lluvia de meteoritos que sale de las manos de Ciego Sevilla.

Bajo la promesa de un nuevo material discográfico que se ha visto frenado por la pandemia, Death Plays Guitar nos ofrece un poderoso adelanto de riff venenoso y afilado llamado "Chinese fire drill". Por medio de una figura adictiva con cierto tufo misterioso, el track repta por el suelo hasta hipnotizar irremediable y termina por soltar su mordida tóxica. Su rabia es inevitable, pero en aquel momento en que su guitarra se ofrece en sacrificio a través de un solo memorable, la velocidad incrementa hasta arrojarse al precipicio desde lo alto de un poderoso edificio como si se tratara de un desesperado suicidio aunque todo se refiera tan sólo a un simulacro. Aun con ello, el tema tiene la inteligencia suficiente para retornar a su constitución original tras la acelerada y furiosa sorpresa mientras las voces se desgarran ante la irremediable caída.


"Chinese fire drill" fue grabado en el cuarto de ensayos de la banda a través de Fabela Records, lo que asegura aquel sonido crudo que distingue al grupo y que al mismo tiempo se agradece por mantener su esencia. En dicho lugar fue registrado en video el momento, lo que llevó a transformar las imágenes captadas en un trabajo visual realizado por Move On. Entre luces y sobras, los tres miembros de Death Plays Guitar nos recetan su entrecortada melodía como una muestra del poder directo que emanan de los amplificadores, mística magia de la presencia que algún día podremos vivir sobre el escenario hasta saturar de ruido nuestras neuronas.


La promesa está hecha, un nuevo material discográfico se está cociendo lentamente y aquí está tan solo la primera probada. Mientras ello ocurre, dejamos que "Chinese fire drill" se escape por los parlante como un augurio de lo que vendrá y, al mismo tiempo, como una confirmación de lo que es Death Plays Guitar dentro de la escena rabiosa de México. La banda sorprende al desarrollar sonidos más densos que abandonan por un instante aquel obvio stoner arenoso, pero precisamente ahí es donde radica el crecimiento de un grupo, en la posibilidad de desarrollar nuevos sonidos sin abandonar su sabor que los has distinguido...


viernes, 17 de julio de 2020

Horisont : la transformación sonora de una banda sueca


La discusión ha sido colocada en la mesa: si bien es necesario que una banda no se estanque bajo un estilo definido que no le permita avanzan dentro de su desarrollo sonoro, ¿acaso se requiere que un grupo mute hasta separarse de manera irremediable de aquello que lo distinguió durante muchos años y con lo que obtuvo su actual reconocimiento? Existen agrupaciones que deciden con su mismo estilo para editar uno tras otro material sin mayor progreso ni posibilidad de cambio, pero existen otras que buscan en otros géneros la inspiración que provoque una modificación hacia nuevas opciones interpretativas. Quizá esta constante búsqueda aleje a esos primeros fanáticos al quedar decepcionados por no encontrar aquellos sonidos que los enamoraron, pero al mismo tiempo existen los seguidores que permiten la evolución de su banda favorita hacia nuevos senderos musicales.

Los suecos de Horisont presentaron en mayo de 2020 su sexto álbum de estudio titulado Sudden death a través de la disquera Century Media Records, un material que ha olvidado el hard rock de siamesas guitarras afiladas para dar paso a la tenue magia del soft rock setentero de pianos melodiosos. Sin bien ya podíamos escuchar alguno atisbo de sintetizadores cósmicos en el Odyssey de septiembre de 2015, para esta ocasión la banda de Gotemburgo desarrollaría un pop melódico muy cercano a las armonías propuestas por Electric Light Orchestra o ABBA.


Efectivamente, muchos seguidores han quedado sorprendidos con la transformación melódica que ha creado Horisont en su último material discográfico, una revolución como lo es el título del tema inicial del álbum con aquellos juegos armónicos y la anulación de las guitarras desbocadas a lo que estábamos todos acostumbrados. Ya en el About time de febrero de 2017 habíamos escuchado algunos instantes cercanos al AOR (Adult Oriented Rock) (reseña-review), pero al oír detenidamente la inauguración del Sudden death mientras observamos animaciones que critican a la sociedad explotada por el trabajo insistente y el manejo del tiempo para la obtención de un capital insuficiente, nos encontramos con un tema de coros suaves, arreglos muy ornamentados y una melodía pop rebuscada que rompe completamente con el NWOBHM de sus primeros álbumes.

Si en "Revolution" podemos detectar algunos vientos escondidos entre sus arreglos, en la arriesgada "Into the nigth" toma el control un saxofón insistente mientras los suecos rescatan algunos elementos de su hard rock atenuado muy cercano al UFO de mediados de los setentas o a las figuras marcadas del acelerado rock de sus compatriotas The Hellacopters. Sin embargo, Sudden death es un muestrario de experimentaciones sonoras dentro del estilo de Horisont que por momentos corre el riesgo de perder coherencia, pues podemos encontrar sintetizadores ahogados en el space rock como en "Reign of madness" o "Breaking the chain" a pesar de contener aquella figura central basada en el ritmo constante de acordes directos que son la marca de la banda, pero a los pocos segundos podemos escuchar una divagación bajo una lógica de progresivo espacial de sesgo misterioso sin lírica como en "Archaeopteryx in flight".


Por si fuera poco, la estética visual del Sudden death también sorprende gracias a aquel concepto sobre un violento y golpeado equipo de hockey sobre hielo; pero todo termina roto con aquel piano acústico que ofrece un esqueleto a la rebuscada "Free riding" o que sostiene a "Hold on", una melodía melodramática que termina por definir los nuevos sonidos de Horisont. Aun así podemos escuchar la inconfundible voz de Axel Söderberg explotando con su característico timbre en "Sail on" o jugando con una sorprendente balada cantada en sueco como lo es "Gråa dagar".

Si aún estamos preparados para más experimentos, el sexto álbum de Horisont nos puede ofrecer teclados atmosféricos cercanos a cuerdas de cámara en "Standing here", soft rock con elementos electrónicos y percusiones forzadas en "White light" bajo la más clavada estética setentera, y la adictiva figura de "Runaway" creada a partir de acordes de guitarras limpias que poco a poco se descontrolan en un anhelado solo.


"Entonces, ¿qué es lo que estás haciendo?
sigues empujando la línea 
y sabes que lo harás del todo
para no quedarte atrás.
Y luego, antes de que te des cuenta
sabrás que tendrás de tomarlo para desconectarte
y después de otra vuelta
mi cuerpo comenzará a gritar y gritar

No me importa lo que digas
de todos modos no importa
tal vez otro día

Señora Operadora
deme conexión por favor
sólo tengo que regresarme a la realidad 
¿no puede verlo?
Y a medida que pasa el tiempo
nunca me pude detener y mirar a mi alrededor
ahora después de la última carrera 
me estoy cansando de escuchar el sonido"

El primer single del Sudden death que escogió Horisont fue la adictiva "Pushin' the line", quizá el track más cercano al viejo sonido de la banda con respecto a sus discos anteriores en un intento por ofrecer a sus seguidores una dosis de algo ya conocido para tomarlo como gancho hacia su nuevo horizonte sonoro. Un directo remate de batería da la entrada perfecta para que las guitarras siamesas de David Kalin y Charles Van Loo nos regalen su riff venenoso dentro del clásico estilo de los suecos. Una vez declaradas las intenciones, la banda nos ofrece un tema directo lleno de rabia que habla sobre la presión que puede recibir un individuo al que se le exige el mayor esfuerzo sin ninguna retribución mientras observamos un curioso trabajo visual donde los integrantes de Horisont se preparan en los vestidores al formar parte de un bizarro equipo de hockey sobre hielo. Vale la pena resaltar el gran trabajo de Pontus Jordan en eso tambores que jamás dejan de golpear, además de las líneas de bajo hechas por Magnus Delborg que construyen la base del tema mientras las guitarras explotan de manera irremediable en las bocinas bajo el más puro hard rock vintage.


Con todo lo descrito anteriormente, sólo queda estar preparado para los nuevos tiempos que han soplado sobre Horisont. Si alguien espera aún las guitarras rabiosas ofreciendo melodías adictivas llenas de poder y veneno, será mejor que se quede con el single y se refugie en los discos anteriores del quinteto de Gotemburgo. Pero si acaso se tiene la capacidad de escuchar una nueva propuesta más allá de cualquier prejuicio, Sudden death ofrece varios senderos que pueden ser recorridos más allá del hard rock que la banda nos ha ofrecido en más de una década de carrera. El pop melódico de Horisont es de gran manufactura, pero el velo del recuerdo puede nublar nuestra capacidad para disfrutarlo en su magnitud... ¡Ahí está lanzado el reto!



martes, 14 de julio de 2020

Custom Black : el ruido entre bellas guerreras y planetas olvidados


Una hermosa mujer se muestra ante nosotros con un corazón recién arrancado en una mano mientras enfunda una espada con la otra. Aquella imagen onírica sale victoriosa entre cráneos, sepulcros, planetas y cuervos que dotan a la escena de una atmósfera tétrica y, quizá, creada en una edad antigua de nuestra tierra. La mirada ha quedado atrapada ante impactante portada, pero es el tímpano el que desea continuar hacia adelante con la única intención de descubrir que es lo que se oculta tras dicho cuadro que inevitablemente recuerda las leyendas y las fantasías heroicas nacidas de la pluma de Robert E. Howard. Una luz se posa sobre el disco plateado y el ruido se descubre frente a nosotros...

Tras ser hechizados por la magnética portada creada por Shane Horror, la atención busca el sonido oculto ante la impresión visual. Fuertes guitarras entonan melodías agresivas que hacen referencia a antiguas batallas sostenidas entre feroces guerreros y fantásticos mundos lejanos más allá de la estratósfera, música desgarradora que construye escenas quiméricas que así como sacuden brindan un poderoso viaje para la imaginación. Tras este efecto encontramos a Custom Black, una banda norteamericana que retorna a la esencia del heavy metal para alimentarlo de otros sonidos hasta lograr una amalgama compacta e inquebrantable que requiere nuestra atención para descifrarla.


Custom Black es un trío nacido en Kansas City, Missouri gracias al encuentro entre el guitarrista y vocalista Josh Acosta, el bajista Glenn Hall y el baterista Brian Burchfield que desde el lejano 2014 han compartido su metal con la intención de crear un estilo propio. Si bien la banda presentó su debut titulado Smoke shall rise en febrero de 2017 a forma de declaración de intenciones, no es hasta mayo de 2020 cuando el grupo logra crear un material bien estructurado con diversos matices que bien saben despertar la atención más allá de su atractiva portada.

Bajo el nombre de Saxon lady encontramos un álbum adictivo que toma como plataforma el metal clásico para desarrollar diversos senderos a través del doom y el stoner, permitiendo que cada uno de los siete temas que lo conforman muestren las posibilidad compositivas de la banda. Al intentar lo anterior, Custom Black no logra determinar un sonido propio bajo un mismo estilo sonoro, pero bien podemos detectar un halo obscuro a través de canciones rabiosas que mantienen un velo misterioso gracias a líricas definidas por mundos fantásticos y enfrentamientos oníricos que irremediablemente nos retornar a los antiguos comics norteamericanos inspirados en los escritos de la espada y la hechicería que fueron retomados por revistas como Weird tales


Saxon lady arranca de forma demoledora con un tema contundente titulado "Celestial seas" donde observamos las caprichosas formas de los gigantes gaseoso mientras una tormenta sonora nos golpea sin piedad. Tras el primer golpe, el sonido de una batalla nos da la bienvenida al track que dota de nombre al segundo álbum de Custom Black, una canción de riff venenoso y agresivo que habla sobre una reina guerrera que defiende sus tierras entre magia, belleza y misterio; tópicos todos que son vertidos en la portada del disco de manera irremediable.

Quizá con estos dos primeros temas bien podríamos saber hacia dónde se dirige el resto del material, sin embargo el trío norteamericano logra encontrar la vuelta a la tuerca necesaria para ofrecer un álbum con mayores posibilidades dentro de un género severamente recorrido hasta el cliché.  "Tombs" se acerca al doom metal con una melodía tétrica donde los armónicos falsos nos retornan a la esencia del heavy metal, pero dicho estilo podemos también escucharlo en la aletargada "Labored breath" y su denso ambiente que ahoga. Aun así, Custom Black también se da la oportunidad de ofrecer dos relámpagos más a través de temas que cabalgan de manera desbocada en su incontrolable "Neptune" con su deseo voyerista, algo que termina por convertirse muy sucio gracias a "Heavy wheel" con aquel sabor al primer Judas Priest y el famoso NWOBHM.


"Estratósfera ascendente, intenciones mortalmente claras.
Ignición en sobrecarga que hace explotar sus estrellas.

Sobre el vuelo interminable yace la mentira de la noche eterna.
El sonido de los motores rugen.
En búsqueda de un destino, me elevo.

Estratósfera ascendente.
Bueno, sé que lo sabes y lo sabemos desde hace años.
Perdiendo un agarre tan fuerte contra la obscuridad de la noche.

Yo cabalgo en soledad mi fría máquina..."

Quizá el tema más lejano al heavy metal clásico que distingue al Saxon lady lo encontramos en el primer single del álbum, mismo que ha sido lanzado con un video lisérgico realizado por los reconocidos Gryphus Visual, quienes retoman antiguas películas para retocarlas con lisérgicos efectos visuales. "Cold machine" es una oda stoner dedicada a una nave interestelar que vien podría ser comparada con un poderoso V8 corriendo a toda velocidad por las polvorientas carreteras olvidadas en el desierto californiano. Mientras la cápsula espacial sale de los confines de nuestro planeta, un universo entero se encuentra a la espera de un viaje peligroso que espera entre soledad y frialdad. El track es rabisoso en su riff principal bajo la estética del stoner más clásico, pero al mismo tiempo logra construir un puente psicotrópico que hace referencia a la ausencia de gravedad mientras la mente se pierde entre ácidos sueños y galaxias olvidadas.


Saxon lady es un material que abre las posibilidades sonoras de Custom Black, pues más allá del heavy metal clásico la banda de Kansas City puede desarollar su estilo hacia los densos abismos del doom pero al mismo tiempo puede virar al lado contrario para pisar el acelerador y convertirse en una furiosa máquina de stoner cósmico. Ambas posibilidades están plasmadas en el álbum, pero el trío norteamericana bien puede refugiarse en sonidos seguros para continuar con sus fuertes melodías inspiradas en la danza eterna de las galaxias y en historias épicas de antiguas edades de la Tierra que bien construyen una atmósfera ideal entre el ruido ofrecido y las misteriosas líricas entonadas. El álbum es rabioso con varios ingredientes que lo pueden transformar en algo adictivo, pero es necesario recorrerlo con pies de plomo para poder exprimir todas las posibilidades que en él existen...


viernes, 10 de julio de 2020

Witchskull : el ruido que desmorona los obscuros templos malditos


Si hay una banda con un sonido definido esa es Witchskull, aquel trío australiano que tiene su base de operaciones en Canberra y que se distingue por aquella mezcla entre doom y metal áspero con el cual se acerca al mundo obscuro de la maldad, el misticismo y los rituales prohibidos. Sin embargo, para todas esas agrupaciones que han encontrado su concepto es difícil publicar un nuevo álbum que pueda ofrecer nuevas cosas sin perder su estilo, pero tenemos en A drifwood cross un interesante material que busca desarrollar nuevas posibilidades armónicas bajo el distintivo velo ruidoso que ha distinguido al grupo desde su formación en 2015.

Cuando desmenuzamos su debut The vast electric dark (reseña-review), Witchskull vislumbraba que sería una referencia obligada de la música pesada en Oceanía gracias a sus obscuras líricas llenas de referencias bibliográficas y su insistente ruido desgarrador que cae sobre el cuerpo como un rayo, pero cuando escuchamos de manera detenida su continuación titulada Coven's Will (reseña-review) sabíamos que la banda había logrado afianzar su estilo bajo aquel sabor a aquelarre electrificado lleno de rabia del cual es imposible escapar. Aún con ello, las dudas sobre el siguiente paso que darían los australianos hacían temer que el grupo quedara de manera irremediable empantanado en su sonido sin posibilidad de ofrecer algo atractivo... pero afortunadamente estuvimos equivocados.


A drifwood cross se diferencia de los dos discos anteriores gracias a los múltiples y variados riffs que salen de las manos de Marcus De Pasquale, logrando de esta manera una amplia variedad de tiempos y ritmos que atrapan de manera irrevocable al atento escucha como al amante del obscuro heavy metal. Obviamente, las referencias líricas hacia rituales malditos, bizarros hechizos y altares negros se han mantenido, pero lo alcanzado por Witchskull es su tercer disco es ofrecer una colección de temas llenos de matices que permiten mantener el tímpano sobre la tormenta eléctrica que escapa por las bocinas.

Grabado durante los primeros días de diciembre de 2019 y publicado por Rise Above Records en abril de 2020, A drifwood cross es un material que sabe manejar muy bien los tiempos durante sus ocho tracks, logrando de la misma manera un equilibrio entre la rabia y la zozobra que distinguen a esta banda de heavy doom adictivo. Si uno se acerca al álbum a través del tema que lo nombra, podemos encontrar precisamente esta mezcla entre figuras aletargadas llenas de maldad y un armonías desbocadas llenas de furia eléctrica difícil de contener, pero quizá lo más interesante de este disco es la búsqueda de nuevos sonidos que alimenten el estilo de Witchskull como en la constante "The silent place" que logra moderar la fuerza áspera del fuzz para ofrecer espacios que permitan mirar hacia el otro lado de la muralla de sonido.


Tampoco es un secreto que Witchskull tendría que ofrecer en su tercer álbum temas clavados en su demonología como en sus materiales anteriores, y éso lo podemos escuchar de manera clara en "Baphomet's child" con sus insistentes rasgueos ahogados en maldad mientras habla del hijo del maldito. Un riff entrecortado y contenido nos da la bienvenida en la consistente "March of winter" mientras el bajo de Tony McMahon mantiene su figura de manera estoica, pero dicha melodía resulta contradictoria ante la desbocada armonía que ofrece "Dresden" con aquella cabalgata descontrolada  muy cercana a la salvaje carrera de los jinetes del Apocalipsis.

Aun con lo descrito hasta aquí, A drifwood cross aguarda más sorpresas en su interior gracias a las dos caras de esa misma moneda que lo conforma. El primer lugar escuchamos esas desgarradoras figuras infernales de "The red altar" con su indudable sabor a doom primigenio entre figuras densas y velocidad aletargada que termina derrocado por esa tormenta de meteoritos que salen de las manos de Joel Green al final del track. Por el otro lado nos encontramos con la mística "Nero order", un tema de figura poderosa que es matizada por la banda a través de un juego de intensidades que se convierte en una delicia mientras ofrece ese fundamental encuentro contradictorio entre la rabia del ruido y el poder del silencio.


A drifwood cross inicia su trayecto tortuoso a través de la infecciosa "Black cathedrals", un tema de riff construido en base a acordes concretos que invitan a unirse al baile macabro del aquelarre que se desarrolla en su interior. La guitarra de Marcus De Pasquale sabe romper con la figura hipnótica que mantiene el resto de la banda, pero es inevitable caer en el embrujo de la áspera melodía mientras se levanta el obscuro recinto frente a nuestra mirada con su sabor maldito. Un explosivo solo de guitarra es expulsado por las bocinas mientras el aposento maldito comienza a desquebrajarse hasta que el ritmo decae en una aletargada y sombría danza macabra.


Los espacios se empiezan a abrir tras el virus pandémico, así que la oportunidad de escuchar el A drifwood cross sobre los escenarios se ha vuelto a abrir, la posibilidad de saber cómo se escucha en directo un álbum polifacético dentro de aquella esencia que ha mantenido el trío de Canberra de sus inicios. El equilibrio entre estruendo y sigilo ha logrado crear un disco atractivo, adictivo y alucinante dentro de la escena del hard rock heredero del antiguo doom, pero el mayor valor del último material discográfico de Witchskull se encuentra en esa magia negra que se resguarda en cada uno de sus rincones sonoros mientras el sonido desgarra los tímpanos sin piedad...


miércoles, 8 de julio de 2020

Huanastone : entre las sombras de la muerte e ilusiones cósmicas


Una vez que una banda encuentra su estilo sonoro de manera definitiva, el siguiente paso consiste en crear una colección de temas que coincidan entre sí para construir una obra bien consolidada bajo una misma atmósfera auditiva. Sin embargo, el riesgo de componer un disco bajo esta lógica puede llevar al grupo en cuestión a sólo repetir constantemente sin ofrecer nada nuevo al escucha. Aun así existen agrupaciones que logran componer álbumes maravillosos que se transforman en verdaderas plataformas sonoras llenas de hermosas posibilidades que no pierden por un sólo instante su esencia... ese es el caso del Third stone from the sun de Huanastone.

El cuarteto de Malmö, Suecia logró el reconocimiento de muchos medios especializados gracias a lo alcanzado en su "Second stone" de septiembre de 2017 (reseña-review), un álbum obscuro que utilizó las densas atmósferas de los bosques escandinavos para crear un stoner cósmico y místico que provocaba fuertes viajes psicotrópicos y crudas ensoñaciones. Luego de definir su sonido con dicho material discográfico, ahora tenemos la oportunidad de escuchar su continuación conceptual y sonora a través del Third stone from the sun, un disco que hace una obvia referencia hacia la posición del hombre dentro del sistema solar como referencia de su lugar en el universo.


Es innegable el tufo que tienen el tercer álbum de Huanastone al los primeros instantes de Queens of the Stone Age, pero el disco tiene una sombría atmósfera que determina su esencia hasta enfriar cualquier resto del desierto que pudiera quedar olvidado. Pero por si fuera poco, Third stone from the sun mezcla en su sonido los característicos tiempos aletargados del proto-doom para mezclarlos con la ácida magia ambiental del hard psych para crear una amalgama onírica que efectivamente te eleva los pies de la tierra para dejarte abandonado en algún rincón de la galaxia bajo la ausencia total de gravedad.

Bajo estas premisas, bajamos la aguja sobre el álbum editado por Argonauta Records en junio de 2020 con la finalidad de refugiarnos en su mística mientras regresamos la mirada hacia nuestro  pálido punto azul. De esta manera nos encontramos con la sombría guitarra de "Bad blood" que tras su hipnótica figura nos inserta en una melodía rabiosa que poco a poco nos arrebata la atención, razón por la cual no extraña que haya sido elegida como primer single del disco. Así que para mantener la secuencia propuesta por la banda, escuchamos el siguiente single titulado "She's always", un track hecho sobre la base del stoner robótico de Josh Homme, pero es obvio que la banda sueca se sabe desmarcar de su influencia bajo ese sabor a zozobra y vacío que imposible ignorar en cada uno de sus acordes ahogados en ecos y sonidos nebulosos.


Third stone from the sun ofrece en su interior temas concretos dentro de tiempos más reducidos en comparación a su antecesor, pero ello no significa que cada composición tenga diversidad y múltiples posibilidades compositivas. Tras una hermosa introducción de lúgubres guitarras acústicas, nos encontramos con "Oliver" y su rabia contenida que espera de manera ansiosa el momento de descargar su furia pero que al final retiene su impulso bajo el influjo del misterio. De manera opuesta, en "Carnivore" encontramos un obscuro blues eléctrico de tiempo aletargado que sabe esperar el momento preciso su posibilidad para explotar y retornar a su punto original.

El tercer álbum del cuarteto de Malmö ofrece en el track que lo bautiza una melodía sombría de la cual surgen densas neblinas sonoras que van cubriendo nuestro horizonte auditivo bajo una capa difícil de disipar. Finalmente, para cerrar el Third stone from the sun, Huanastone construye una atmósfera de zozobra a partir de dos temas de tiempos retenidos. Primero escuchamos "Neverending" con aquellas percusiones contenidas en manos de Victor Hansson y la figura hipnótica de la guitarra de Carl Lambertus Olofsson, y enseguida nos encontramos con la cruda y desgarradora "Le petite mort" con sus tenues líneas del bajo de Filip Larsson tras la tormenta eléctrica de las guitarras mientras no podemos quitarnos de la mente las semejanzas vocales entre el pelirrojo de Palm Springs y Tobias Gonzalez más allá de la imaginación armónica que el sueco tiene para armar cada track.


El tercer single del Third stone from the sun es una violenta melodía de guitarras desgarradoras que requiere ser tomada con calma si se desea detectar todos los elementos que la conforman. Bajo el nombre de "Viva los muertos" encontramos una oda mórbida que atraviesa el umbral que separa la vida de la muerte que bien podemos identificar entre la intensidad de las primeras figuras del track y las contenidas líneas de sus estrofas. Sin embargo, con esta canción inaugural del álbum tenemos la oportunidad de escuchar la gran imaginación compositiva de la banda y el poder que tienen para transformar las melodías por medio de sus riffs asesinos. Entre planetas fríos y cadáveres olvidados, la banda sueca nos ofrece una colección de acordes hechos bajo distintas posibilidades para que e tan sólo cinco minutos y medio podamos deleitarnos ante su amplia paleta sonora; algo que hasta este momento es logrado por Huanastone en un afán de abandonar la monotonía hipnotizante del stoner y alcanzar la multiplicidad de opciones que ofrece el audiorama universal.


Este el momento preciso para acercarse a la propuesta sonora de Huanastone y conocer así todas las posibilidades acústicas que nos ofrece. Third stone from the sun es un álbum muy interesante y enriquecedor gracias a las sorpresas que se encuentra uno dentro él en cada uno de sus rincones. Sus constantes cambios de melodía logran atrapar la atención sin perder en ningún instante la esencia del track en cuestión, logrando que el material discográfico sea interesante de principio a fin. Es necesario saber cavar entre sus muy diversas capas de sonido y el ineludible velo sombrío que empaña cada uno de sus temas, pero el Third stone from the sun tiene todos los elementos para convertirse en uno de los más interesantes de este año...


miércoles, 1 de julio de 2020

Kryptograf : el retorno de la obscuridad y el misterio del sonido noruego


Los sonidos imperecederos del rock obscuro que ha sido rozado por el hedor del maligno han logrado penetrar por los pasillos de la creación de infinidad de bandas por el planeta, pero quizá sean pocos los que han tenido la habilidad para descifrar sus características y terminar logrando la construcción de melodías con aquella esencia mientras proponen algún elemento que despierte el interés más allá de lo conocido y esperado. Aquí es el lugar donde hemos tenido la suerte para encontrarnos con Kryptograf y su hermoso álbum debut que es obligado degustar con detenimiento y deleite.

Con anterioridad, Noruega nos ha ofrecido a varias bandas que han sabido recuperar aquel tufo misterioso ahogado de maldad y obscuridad que el proto-doom propuso a principios de la década de los setentas del siglo pasado. De manera inmediata nos llegan los nombres de grupos como Dunbarrow, Tempelheks, Saint Karloff o Magmakammer, pero lo logrado por Kryptograf requiere ser valorado en su justa dimensión gracias a este material que sabe alimentarse de los clásicos del género como Black Sabbath o Pentagram mientras recupera algunos elementos recién establecidos por gente comoWitchcraftKadavar o Uncle Acid & the deadbeats.


El homónimo álbum debut de Kryptograf fue develado con anticipación a través de dos singles que de manera inmediata despertaron el interés de los amantes de los ritmos ahogados en zozobra y veneno adictivo. Al buscar información sobre los culpables, nos encontramos con cuatro jóvenes de la ciudad noruega de Bergen que han logrado retomar la fuerza tóxica de los riffs del hard rock vintage para crear temas hipnóticos que al mismo tiempo desarrollan historias que rondan el mundo del ocultismo y el misterio literario. Los cuatros jinetes que doman a esta bestia hechicera son Vegard Strand y Odd Erlend Mikkelsen en las guitarras, Eirik Arntsen en la batería y Eivind Standal Moen en el bajo.

Kryptograf se distingue por sus sombrías atmósferas creadas a través de riffs de guitarra que atrapan de manera inmediata con sus ganchos infecciosos, pero al mismo tiempo podemos encontrar melodías adictivas creadas a través de una serie de acordes bien seleccionadas a partir de despertar el interés del oyente entre la tensión creada entre el misterio y las armonías múltiples que tres voces pueden lograr dentro de su combinación que no busca el protagonismo. Para identificar estas característcas, nos acercamos a la onírica "Seven", track de tiempos contradictorios que en su mística podemos saborear la vieja psicodelia envolvente transformándose en los primeros instantes del rock progresivo espacial mientras el mundo se desmorona a su alrededor entre explosiones cósmicas y suaves entonaciones que permiten apreciar todas las posibilidades sonoras de la banda.


Aunque bien podríamos calificar a "Seven" como el tema central del álbum, Kryptograf  ofrece muchos más matices que requieren su detenida escucha si se desea aprovechar y disfrutar lo mejor de ellos. Aprovechando el sesgo interestelar de dicho track deja, la banda noruega nos regala "Crimson horizon", una melodía rabiosa de acordes concretos que logra crear un estribillo infeccioso que obliga a corear junto con la banda. Sin embargo, Kryptograf puede elegir el espectro contrario para regalarnos una armonía maldita bajo el nombre de "Omen" con ese sabor al proto-doom que sólo los escandinavos saben crear a través de una colección de acordes sombríos y aquella densa neblina sonora que se filtra por las bocinas que sabe nublar todo el audiorama.

Los sonidos más densos del álbum los podemos localizar en "New colossus" y sus distorsiones que asemejan a una tormenta eléctrica imposible de detener por su poder y contundencia. Para sorprendernos, el cuarteto de Bergen nos permite escuchar algunas figuras acústicas en su "Ocean", un tema que se hace sublime con su onírico juego vocal y sus tenues teclados atmosféricos pero que tan sólo sirve como puente sonoro dentro de la fuerza sonora de la totalidad del material. Esa suavidad también la podemos oír en la introducción de "Sleeper", pero el tema rompe con un riff asesino que desgarra por su síncopa precisa que sabe inyectar su veneno y su pesada atmósfera que ahoga. Finalmente, Kryptograf cierra con una sonora neblina enigmática titulada "Infinite", la cual sirve como último toque para un álbum mágico lleno de posibilidades.


Quizá el tema más directo y sin ninguna contemplación sea "The veil", track inaugural del álbum debut de Kryptograf que también sirvió como primer single de la banda noruega. Su riff de guitarra seca sabe erizar la piel y al mismo tiempo sabe dotar de sentido al ambiente tétrico que sólo el cuarteto de Bergen sabe construir a su alrededor, algo que termina coronado con una armonía infecciosa que obliga a ser seguida por sus acordes tan logrados y la intensidad de la voz. Por si fuera poco, el grupo tienen la capacidad de cambiar el ritmo acompasado para crear un bólido de velocidad alta y sostenida que servirá de refugio para un obligado solo de guitarra explosivo. El track es veneno puro, pero sí aun queremos sorprendernos más, todas estas maravillas se encuentran contenidas en una pequeña cápsula de tres minutos y diecisiete segundos.


El virus mortal ha comenzado a ceder y está permitiendo que las bandas muestren sus trabajos sonoros sobre el escenario, así que en breve tiempo tendremos la oportunidad de escuchar el álbum debut de Krytograf en directo y plenitud. Por lo pronto es necesario regresar a sus surcos para internarnos en sus abismos y ensoñaciones que permiten sembrar de nuevo las esperanzas de escuchar aquellos sonidos sombríos y místicos que el reciente proto-doom escandinavo prometió y se estaba quedando estancado sin posibilidad de nuevos ingredientes. Kryptograf ha logrado crear un disco poderoso y mágico, así que está en nosotros sólo la opción de escucharlo y descubrir en él como han confluido los sonidos de dos épocas separadas por el tiempo pero re-encontradas por la imaginación y el ruido que provoca la obscuridad.