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miércoles, 31 de octubre de 2018

Killer Boogie : el aquelarre electrificado por el poder del fuzz


Killer Boogie es una de esas bandas a las cuales no se les ha dado su justo reconocimiento. Al ser un proyecto alterno de Gabrielle Fiori, el grupo ha sido considerado por unos como el hijo bastardo de Black Rainbows o de plano ha sido ignorado por otros. Lejos de cualquier tendencia, una de las primeras notas escritas por Earthquaker en el ya lejano abril de 2015 fue una reseña completa al Detroit (review), álbum debut de los italianos que logró despertar el gusto por el poderoso fuzz en su intento por recuperar la rabia de aquel sonido crudo creado por las bandas de hard rock directo y sin contemplaciones.

El tiempo ha pasado y ahora tenemos vibrando en los tímpanos el segundo material discográfico de la agrupación fincada en Roma. Bajo el título de Acid cream y publicado en marzo de 2018 por la disquera Heavy Psych Sounds Records (comandada por el propio Fiori), este nuevo álbum logra fusionar el rasposo sonido del fuzz de Blue Cheer con la acidez de la primera psicodelia y la electrificación del sentimiento blusero creado por Cream; sin dejar a un lado el estilo alcanzado en su debut a través del proto-punk de bandas clásicas como MC5 y The Stooges.


Para esta ocasión, Killer Boogie mantiene su soporte por medio de la unión de Gabrielle Fiori con quien fuera el baterista de Wisdoom Luigi Costanzo; pero ahora el grupo cuenta con la participación de Nicola Cosentino como su nuevo bajista. Una vez afianzado el trío gracias a sus presentaciones en grandes eventos como Desert Fest Berlin y Duna Jam donde comprobó la energía de sus nuevos temas, la banda se metió a los estudios de Point of View Records para grabar con el apoyo de Paolo Pierrelli en octubre de 2017 los once tracks que conforman el álbum.

Al bajar la aguja sobre los surcos del Acid cream escuchamos una explosión instrumental llamada "Superpusher '69" que de manera inmediata e innegable nos recuerda lo que ya escuchamos en Stellar prophecy y en Pandaemonium de Black Rainbows gracias a su tufo cósmico, pero al mismo tiempo encontramos sus diferencias a partir de sus acordes más crudos. Tras la pequeña introducción, Killer Boogie nos receta dos píldoras con la misma receta escuchada en Detroit gracias a sus guitarrazos viscerales, lo que en un primer momento produce una de decepción al escuchar una clonación de lo ya hecho sin mayor propuesta; aunque al prestar atención detenidamente a "Escape from reality" y "Atomic race" ya se pueden detectar algunos trazos innovadores sin escapar de su esencia.


No es hasta que los demoníacos tambores tribales de "Am I deamon" se escapan por las bocinas cuando realmente escuchamos un sonido más fresco dentro de la propuesta sonora de Killer Boogie, ya que su hard psych nos invita a bailar con su hipnótico ritmo mientras una densa neblina narcótica se posa sobre nosotros. Sin embargo, al llegamos a "Let the birds fly" con su lisérgico teclado y su ligera sombra blusera es cuando al fin tenemos un remanso que nos arranca los pies de la tierra y abre un universo de posibilidades al trío romano. A partir de este momento, Acid cream se permite jugar entre ritmos pop ("Dino-sour" y "The day of the melted ice cream") y el blues en todas sus expresiones (el negro sonido delta de "Mississippi" y hard blues eléctrico de "I wanna a woman like you").

Uno de los mejores tracks del Acid cream es la mágica "The black widow", aquelarre electrificado que nos narra la historia de la viuda negra, que envuelta entre sombras y obscuridad, espera que caigamos en sus redes mientras todo se derrumba a su alrededor. La noche toma el control y tan sólo la luna nos sirve de referencia ante la ausencia total de luz. La muerte se aproxima mientras el tiempo termina. Aquel espíritu maldito camina lento hasta caer en cuenta de su enfermedad, una locura que gira y gira en búsqueda de alguna manera de saciar su sed.


Demonios y brujas bailan en torno de la hoguera ritual mientras las guitarras explotan con una furia  incontrolable que nos obliga a entonar un agridulce canto de muerte y pasión. Fiori nos regala en "The black widow" quizá uno de sus mejores solos en muchos años mientras el bajo le sirve de soporte perfecto y la batería juega con su tribal ritmo de tambores y panderetas. Un pequeño coro nos obliga a recordar el "Symphaty for the devil" de los Rolling Stones, pero ubicado dentro de la mística atmósfera atascada de zozobra de su final cambio de melodía, nos provoca la remembranza de aquellas aves nocturnas entonando su tétrico canto a medianoche. Por si fuera poco, Fiori nos regala unas últimas figuras de guitarra sobre un tenue teclado hipnótico, logrando con ellas transportarnos a otras galaxias que jamás habíamos escuchado con Black Rainbows y mucho menos con Killer Boogie.


Acid cream es un disco muy degerible, pero para comprenderlo plenamente requiere de varias escuchas. Así como nos ofrece temas rápidos y directos, también se permite explotar nuevos senderos por medio de canciones más largas con diversos matices. Killer Boogie está buscando nuevas alternativas a su estilo, lo cual se agradece cuando escuchamos temas tan venenosos como "The black widow". La banda italiana le ha dado vuelta a la tuerca para crear un álbum más rico y variado, mismo que nos permite disfrutar de un Fiori más versátil e ingenioso. Es momento de permitir que el hechizo de Killer Boogie caiga sobre nosotros y soltemos el alma hacia sus parajes eléctricos...


lunes, 29 de octubre de 2018

Dunbarrow : el sombrío e introspectivo sonido noruego


La pequeña Haugesund es un referente cultural al sur de Noruega gracias a su festivales de cine y de jazz, sin embargo desde hace unos años ha aparecido en los mapas que sirven de referencia para los buscadores de sonidos obscuros inspirados en las primeras semillas del doom. Un grupo de jóvenes han transformado aquel lugar dedicado a la pesca de arenques y a la industria petrolera en una tierra maldita sobre una fría colina donde el mal anida, ahora ha tronado su nombre a Dunbarrow.

La historia de Dunbarrow comienza con cuatro amigos del colegio quienes deciden armar una banda de hard rock inspirada en Black Sabbath, Pentagram y en el mítíco Norrsken, grupo que dio origen a los dos referentes actuales de la movida vintage sueca: Witchcraft y Graveyard. Los guitarristas Kenneth Lonning y Eirik Ovregard, el baterista Sondre Berge y el bajista/vocalista Richard Chapell comenzaron su proyecto musical desde 2008 hasta que su cambio de residencia a la ciudad de Trondheim en 2011 los llevó a establecer su idea musical bajo el concepto de Dunbarrow. Sin embargo, la salida de Chapell en julio de 2014 conllevó en una transformación radical en el sonido de la banda.


Para ocupar aquel lugar vacío, el amigo de la banda Espen Andersen quien fungía como su ingeniero de sonido, se incorporó a Dunbarrow hasta logar darle una personalidad propia basada en su estilo de "cuenta-cuentos" que narra todas las tétricas líricas que habían sido compuestas originalmente por Chapell. Con la finalidad de darle mayor concentración al vocalista, Sondre Berge se convirtió en el bajista del grupo y llegó a los tambores Kim Henry. Finalmente, y con esta alineación de cinco integrantes, Dunbarrow publicó su álbum debut homónimo en enero de 2016 con un resultado favorable gracias a su misteriosa atmósfera sonora y sus historias llenas de seres obscuros y demonios malditos.

El tiempo ha pasado y en septiembre de 2018 el grupo ha presentado su Dunbarrow II, un álbum que mantiene aquel sonido ya característico del quinteto pero con un cambio muy claro en las temáticas abordadas durante sus nueve tracks. Richard Chapell sigue muy unido a la historia del grupo noruego, ya que nuevamente fue el encargado de escribir las letras de la mayoría de los temas del nuevo álbum bajo la idea del amor y la desesperación del hombre como individuo; aunque en esta ocasión el toque de zozobra lo otorga las ideas inspiradas en Carl Jung sobre el reconocimiento de los lados obscuros propios y el desarrollo de las sombras en algo que se puede controlar.


Dunbarrow II fue grabado durante los últimos días del 2017 bajo la producción técnica de Christer Cederberg, reconocido por trabajo con Anathema y Tristania; sin embargo, fue el propio Espen Andersen quien nuevamente fungió como ingeniero de sonido y mezcló el material obtenido en las sesiones de grabación. El sombrío sonido vintage que escuchamos en su debut alcanza en esta ocasión un clara definición en cada uno de los instrumentos sin perder su obscura magia distintiva, logrando además cambiar aquellos riffs basados en acordes concretos en unos soportados en figuras incisivas como anzuelos que permiten romper la monotonía que por instantes pesaba sobre el primer disco.

Desde el momento que bajamos la aguja y por las bocinas se escucha aquel tétrico sonido insistente con el que comienza la inaugural "On your trail", sabemos que Dunbarrow ha dado un gran paso al frente sin perder su esencia inicial.  Dunbarrow II distingue por ser un álbum muy reflexivo al colocar a la mente humana bajo un análisis propio sobre los monstruos que se resguardan es un interior pero que al mismo tiempo son aceptados y hasta liberados como se escucha en la plegaria "Please let me be". Algunos temas pueden pasar de una dulce melodía en desgarradores lamentos como en "Ode to the moon", aunque la vibra principal del disco gira entorno a una mezcla entre un hard folk obscuro y los primeros momentos del doom como queda de manera demostrada en "The demon within". 


El segundo disco de Dunbarrow es claramente una continuidad de su debut, y bien se puede demostrar en la construcción melódica de "Weary lady" que persigue algunos trazos de uno de sus primos singles "Lucifer's child", aunque "Witches of the woods, pt. II" confiesa de manera obvia el seguimiento que los noruegos hacen de su propio trabajo. Sin embargo, Dunbarrow II no puede ser reducido a una simple continuación de lo ya hecho, pues el álbum se permite realizar algunos deslices acústicos con sabores esotéricos como en "Feberdrom" o bien algunos viajes oníricos por medio de temas mórbidos que te arrastran a sus abismos como en la concluyente "On this night" con todo su macabro vals que termina convirtiéndose en un endemoniado solo de guitarra con la suficiente intensidad para volarte la tapa de los sesos.

El primer tema que sirvió como prueba al Dunbarrow II fue "The wolf", un single publicado en julio de 2018 que de manera perfecta logró sus dos cometidos: 1) introducirnos dentro de la nueva atmósfera temática de la banda y 2) despertarnos el deseo por degustar lo más pronto posible el álbum en su totalidad. El feroz riff nos arroja la mordida desde su inicio para acorralarlos poco a poco hasta que de manera tranquila y rapaz lanza el ataque certero y mortífero. La maldad interior es reconocida y se declara la advertencia, pero la contradicción entre la pasión y la crueldad que habitan en el ser provoca la indecisión y el sufrimiento. El juego instrumental de intensidad que utiliza "The wolf" logra sumergirnos en los misteriosos pasillos de la mente humana, provocando al mismo tiempo poder entender los momentos contradictorios de rabia y melancolía por los que puede transitar nuestro personaje,


"Puede que no tenga mucho sentido para tí pero estoy por irme. Encantadora como eres tú, querida, sé que te extrañaré demasiado. Daría el mundo para gastar otro día contigo, pero tengo miedo que ese día que ponga pálida y azul. Tú comenzarás a darte cuenta y será muy pronto. Me escucharás aullar cuando la luna esté llena. Así que es mejor que esté en mi camino, odiaría verte llorar. Y si me quedo otro día, odiaría verte morir. Esta extraña sensación, la vibración de la luna mientra la siento brillar. Mi tiempo se acerca... Ven, acércate conmigo a lo salvaje. Si lo deseas lo podrás observar en lo profundo del bosque encondido entre los árboles. Pero ten cuidado si vayas ahí, ya que ellos sólo van porque deben. Cuando la luna llena brilla sobre sus ojos no podrán controlar su lujuria... Estas son mis lamentaciones. Nuestro tiempo fue tan dulce. Mi corazón se rompe porque mi fuerza de voluntad fue muy débil. Me enamoré de tí y te mentí. Sí, es verdad, pero ¿qué podría hacer cuando la belleza golpea como tú?


Aquí este el regreso de Dunbarrow y lo han hecho conforme a un material introspectivo de gran manufactura e intensidad. El ingreso del baterista de Pal Gunnar Dale ha terminado por establecer su tan buscado sonido, así que hoy tenemos a una alineación precisa tras años de cambios y mutaciones. La bestia salvaje que duerme en el interior del quinteto ha salido dispuesta a devorarnos sin freno ni arrepentimiento. Es momento de dejarla llegar hasta nosotros para permitirle que nos seduzca con su misterio y los sombríos pasajes que de manera sublime recrea con su hermosa música y profundas líricas... La luna llena se ha posado sobre el manto nocturno, es momento de escuchar nuestros lamentos internos!!


jueves, 25 de octubre de 2018

Pushy : cuando el hard rock recuperó el áspero boogie


La atmósfera que rodea a toda la actual generación de rock revival y sonidos vintage es obscura y llena de maldad. La zozobra ha ahogado al sonido de nuestro tiempo, dejando a la vez en olvido que el rock alguna vez fue interpretado para otros fines. Sin embargo, allá a lo lejos de aquella densa y maldita neblina se puede percibir la tenue luz de algunas bandas que se han animado a recuperar el gusto por tocar ese boogie derivado de las salas de bailes que con el tiempo se fue engrasando en los garages olvidados de las grandes ciudades industriales de los Estados Unidos. 

Entre esas escasas bandas de rock crudo lleno energía y ritmo motorizado encontramos a Pushy, grupo originario de la ciudad de Portland, Oregon que desde el año 2014 se han dedicado a fundir el sonido áspero de las guitarras cortantes de Billy Gibbons con su ZZ Top y el sucio sentimiento blusero de cuando Peter Green comandaba a Fleetwood Mac antes de que se convirtiera en el meloso bodrio que todo mundo conoce. Y si aún con este descripción no se anima el lector a dar click sobre el botón de play, quizá la recuperación del sonido clásico de aquellas bandas setenteras de hard rock esencial como Aerosmith, Alice Cooper, UFO o Scorpions se convierta en el empujón necesario para lanzarse al vacío.


A pesar del tiempo que llevan como banda el guitarrista Adam Burke, el bajista Neal Munson, el baterista Travis Clow y el guitarrista Ron Wesley, de manera formal Pushy no había lanzado algún álbum de larga duración. Ya desde hacía algunos años había pasado por el radar de Earthquaker el single "If I cry" que había sido grabado en una cinta de cuatro tracks y publicada en enero de 2015, tema que de manera inmediata enganchaba en los tímpanos gracias a su sonido aceitoso en el que cada instrumento encuentra su espacio necesario para explotar. La agonía por no tener un material completo continuó con el lanzamiento del EP Pushy splits conformado por cuatro temas rugosos herederos del hard blues electrificado de finales de los años 60's y el árido rock sureño de los 70's. 

No fue sino hasta julio de 2018 que el cuarteto norteamericano se decidió publicar su primer álbum completo bajo el nombre de Hard wish a través de la disquera Who Can You Trust? Records, un disco basado en la amplia baraja de sonidos del rock tosco y sin pulir que distinguió a las bandas de los años setentas en oposición a los grandes exponentes del rock de estadio como Led Zeppelin, Kiss o Queen y en contra del rebuscado estilo progresivo de Pink Floyd o King Crimson.  


Hard wish es uno de esos discos que te invitan a disfrutar simplemente del buen rock n' roll mientras te tomas una buena cerveza, pero lejos de lo que podríamos esperar, Pushy nos ofrece un álbum equilibrado que jamás cae en la monotonía y mucho menos en la simpleza. Desde los primeros acordes de "Fannys" se escapan por las bocinas, de manera inmediata sabes que estás a punto de entrar a vivir un buen material como de aquellos que ya no se hacen. Con un sonido infeccioso que por momentos nos recuerda los álbumes debut de La Chinga y Svvamp o lo que ha grabado Hot Lunch, Bionic Caveman y Amplified Heart desde hace años, el debut del cuarteto de Portland se incrusta en las neuronas para desgarrarlas sin piedad alguna.

Los tribales cánticos de "Nasty bag" bien nos podrían recordar a un grupo de motociclistas borrachos entonando su agria melodía frente a una fogata a la mitad de la noche, pero una vez que se escuchan los eléctricos lamentos de las guitarras, sabemos que la rabia puede ser expulsada en una rítmica catarsis como ya lo han hecho anteriormente Admiral Sir Cloudesley Shovell o Cherry Choke. Y si por si fuera poco esta exhibición, Pushy puede dar un paso más allá para regalarnos otra irascible muestra de su capacidad y energía con "Lonesome entry" con su extraña mezcla entre el primer Aerosmith y hasta el AC/DC de Bon Scott.


Aun con lo que hemos escrito hasta este momento sobre el Hard wish, todavía quedamos cortos con todas las sorpresas que nos aguarda en su interior. El ácido funky de "El hongo" nos muestra la cadencia que puede crear el cuarteto de manera sensual hasta llegar a lo tóxico, aunque el punto máximo de dicho estado se puede escuchar en el caníbal inicio de "Lay of the land" con su atmósfera heredera de aquel Santana del festival Woodstock; aunque dentro de sus diez minutos y medio de duración tiene el suficiente espacio para transformarse en un monstruo bicéfalo que nos devora sin piedad o hasta bajar la velocidad para mutar en una dulce bestia decidida a seducirnos.


Quizá el mejor ejemplo de lo que podemos escuchar en el debut formal de Pushy se concentra en "Blacktop", tema que arranca con una misteriosa figura de bajo que permite sumar a las guitarras con tenues acordes muy al estilo de los primeros materiales de UFO o Scorpions. Una vez rendidos ante su tersa propuesta, la melodía se transforma en un caballo que corre desbocado en campo abierto por medio de sus rasgueos electrizantes hasta que de manera imprevista el track se convierte en una  ruidosa tormenta basada en la magia del jam. Existen pocas bandas que le otorgan un espacio propio para el bajo, pero en "Blacktop" podemos escuchar un buen solo que permite presumir la capacidad interpretativa e imaginación de Neal Munson. Cambios de tiempo, figuras interesantes y un adictivo fraseo que sirve de anzuelo perfecto para el distraído escucha ocasional.

Sin lugar a dudas, Pushy está llamada ha ser uno de los grupos más frescos (de manera irónica) dentro del gran cúmulo de bandas basadas en el sonido vintage. El trabajo realizado por Will "Iceman" Klintberg consigue rescatar aquel ambiente directo y sin mediación de los viejos viniles creados a partir de grabaciones hechas de manera análoga con la agrupación tocando junta en un mismo espacio y en un mismo momento. Pero más allá de lo alcanzado al calor de la sala control técnico, Hard wish es el resultado de un esfuerzo tras años de ensayos, presentaciones y vivencias relaizadas por cuatro personas que han creído en su proyecto hasta convertirlo en una de las mejores propuestas de retro-rock norteamericano...


martes, 23 de octubre de 2018

Burning Saviours : la transformación de los hijos del Norte


A lo lejos podemos escuchar unas tenues campanillas, metálico sonido que entona una misteriosa melodía que poco a poco nos eriza la piel. El viento sopla mientras la zozobra incrementa hasta abrirle paso a las hirientes guitarras con sus figuras directas y tenebrosas. Indagamos sobre sus responsables y encontramos a los hijos del Norte, aquellos que en el pasado dedicaron sus odas a  Lucifer y relataron los contenidos del libro de la maldición. El día de hoy dirigen sus cánticos a la muerte y el silencio, pero encontramos una mutación dentro de su terrible cofradía...

En el correr del año 2017, los rumores relataban que un gran cambio al interior de la banda sueca Burning Saviours se estaba gestando. Poco a poco las cosas se fueron confirmando hasta la confesión: el guitarrista y vocalista Mikael Monks se había queda abandonado con el proyecto y ahora era momento de rescatarlo de las cenizas como el ave fénix. Ya con todo el control en sus manos, Monks reformó a la banda en compañía del guitarrista Erik Svedberg (con quien grabó el sombrío álbum Unholy tales from the north) con la intención de recuperar la esencia doom con la que la banda había iniciado su andar en el año 2003 en la mística ciudad de Örebro.


Para completar la alineación de Burning Saviours, Monks dejó la guitarra para dedicarse a las voces y los teclados ocasionales, además de sumar al bajista Erik Collin, al baterista Stefan Rågelid y al guitarrista principal Fredrik Löthfors. Una vez con los elementos necesarios, la banda se encerró en los estudios Mothervan Records y MTS para grabar un nuevo álbum bajo el control técnico de Tobhias Ljung, mismo que vería la luz hasta marzo de 2018 por medio de la disquera Transubstans Records bajo el nombre de Death.

Conformado por ocho temas, el último disco de Burning Saviours regresa a sus orígenes como banda enclavada en el doom de finales de los años setentas y principios de los ochentas, logrando retomar aquel sonido fuerte de melodías aletargas pero sin perder aquella esencia obscura de líricas mórbidas que los ha distinguido con el paso de los años. Desde que escuchamos las densas atmósferas de "Draug" con las que comienza el álbum, sabemos que nos encontramos ante un material lúgubre más allá de su título; pero cuando nos encontramos con una re-grabación de la poderosa "Crusade of evil" (originalmente estaba registrada en un demo de 2004), entendemos que Monks busca retornar a lo que fue la base sonora del grupo.


Death se debate entre temas abismales surgidos de alguna cripta olvidada como "Nothing after" y riffs de guitarra venenosos que delatan su herencia de aquellos primeros momentos de conformación del metal como en "Lamentations" con su suave tufo al primer Judas Priest que ya habíamos escuchado en "I am Lucifer" contenida en el Boken on Förbannelsen (reseña-review). La contradicción sonora del álbum es notoria al trascurrir sus temas, pues bien podemos enamorarnos de la adictiva melodía de "Häxnatten" como nos puede hipnotizar con la monotonía de un ritmo que no ofrece el más mínimo cambio como en el track que le da nombre al disco, aunque finalmente Death se permite sondear nuevos senderos como en la agridulce balada "Finally free" que sirve de cierre un tanto incierto.

Quizá el tema más enriquecedor dentro del nuevo panorama de Burning Saviours es sin lugar a dudas "Silence", track que previamente había sido lanzado como adelanto al Death. Su inicial ambiente sombrío nos muestra a una banda sin temor a correr algunos riesgos más allá de su estilo más que definido, mismo que se hace escuchar con todo su esplendor tras unos cuantos segundos de zozobra. Su riff es crudo y directo, pero una vez que llega a su estribillo es cuando realmente clava su aguijón en las neuronas para dejar su veneno que crece sin cesar hasta convertirse en un bucle que no permitirá un sólo segundo entonar su tétrica melodía. Desgarradores acordes de guitarra que tan sólo son seguidos por la apaciguada batería y un tenue bajo, pero al llegar el momento en que la guitarra eléctrica toma el control, todo se torna mórbido hasta que el escalofrío nos eriza la piel. Apagamos las luces como lo solicita la plegaría y el dulce silencio hace su aparición para cubrir con su obscuro manto todo a nuestro alrededor


Si lo que buscas es una banda que recupere el viejo doom, quizá sea Burning Saviours el grupo que mejor lo ha logrado. Sin embargo, dentro de dicho retorno a los orígenes del género, los suecos se han brindado la oportunidad de experimentar con algunos elementos ajenos con la intención de enriquecer su estilo.  Lejos de haber terminado la metamorfosis de la banda de Mikael Monks, el día de hoy continúan los cambios en la alineación. Al poco tiempo de la publicación de este nuevo disco, la agrupación sufrió la salida del guitarrista Fredrik Löthfors, obligando a Burning Saviours regresar a su conformación de cuatro elementos. A pesar de la pérdida, bien podemos calificar el Death como un material de transición para la banda, y al comprenderlo de esta manera, nos obliga a escuchar de manera detenida cada uno de sus detalles para seguir descubriendo todo lo que tiene escondido en su interior...


viernes, 19 de octubre de 2018

Demonauta : entre el fuzz, seres infinitos y pueblos desaparecidos


Al elaborar el antropólogo francés Marc Augé su dura crítica al área de conocimiento donde desarrolló su trabajo de investigación a finales del siglo pasado, logró definir el lugar como aquel espacio cargado de sentido para quien se encuentra en él y para quien se aventura a estudiarlo. De esta manera, el sitio de nacimiento es constitutivo de "lo propio" en contra de aquellos espacios del anonimato que ha creado la modernidad por medio de la tecnología y la aglomeración. Más allá de los límites de un concepto concreto como éste, los pocos pueblos nómadas que aún habitaron el siglo XX encontraron dentro de ciertas áreas de nuestro planeta su "lugar propio". Aquí tenemos una breve parte de la historia de uno de ellos: los selknam.

Con un digno trabajo de recuperación sobre la forma de ver su realidad, el poderoso trío de stoner y hard psych Demonauta ha creado una continuación a su Tierra del Fuego de 2016 (reseña-review) para hacernos entender un poco de los selknam, aquel pueblo nómada del extremo sur de América donde hoy se unen Chile y Argentina que sufrió un exterminio hasta tener en Ángela Loij, su última nativa. Es así que tenemos bajo el nombre de Temaukel: the spirit before time el más reciente material discográfico de la banda originaria de Santiago de Chile, mismo que será editado por la reconocida disquera independiente alemana Kozmik Artifactz.


A través de la idea de Temaukel, el ser eterno que según los selknam creó la cúpula celeste y la tierra primitiva, Demonauta nos plantea aquellos mitos que sirvieron a dicho pueblo para establecer su cosmovisión. El viaje astral que hace el trío chileno por medio de su onírico sonido eléctrico nos obliga a levantar la mirada al cielo para intentar comprenderlo desde el punto de vista de los primeros habitantes de la Tierra de Fuego.

Como una continuación del álbum de 2016, Temaukel: the spirit before time podría correr el riesgo de ser un disco aburrido al repetir la fórmula anterior, pero lejos de dicha posibilidad, el nuevo material que fue grabado y mezclado directamente en el estudio Planetario Fuzz Recs nos ofrece un paso más allá de lo alcanzado por Demonauta, logrando así ampliar sus propios horizontes sonoros y hasta sus líneas compositivas. Durante los más de cuarenta minutos que duran los siete tracks del Temaukel nos permite conocer nuevas facetas de la banda sin que éstas difuminen su estilo ya configurado.


Sumado al stoner desértico y onírico logrado en Tierra del Fuego, Demonauta logra introducir la magia del heavy psych y el sentimiento profundo del hard blues sin abandonar la aspereza del fuzz. Si bien podemos escuchar la fuerza derivada de una tormenta de arena a través de la inicial "Sons of black sun", los chilenos tienen la capacidad de virar al otro extremo del ritmo para sumergirnos en un pantano viscoso por medio de la lisérgica y aletargada "Summer hell". Sin olvidar los paisajes instrumentales como en la ambivalente "Pscilobeat", Demonauta le otorga mayor peso a las líricas para hablarnos del final de un pueblo como en "Planeta muerto" cantada en español o para referirse a la muerte como en "Death as an advisor"; ambos himnos crudos de desgarradoras guitarras y abismales bajeos.


Para ejemplificar el avance estilístico de Demonauta, tomamos como referencia su "Blues para Angela Loij", una eléctrica oda de gran fuerza en las guitarras de David Véliz que de manera inesperada se tornan cósmicas por medio del hechizo de un pedal wah. Blues desgarrador de batería exacta en las manos de Alejandro Sanhueza y ritmo profundo soportado por el bajo de Miguel Quezada que nos habla sobre la última mujer selknam que aún vivió dentro de las viejas costumbres de caza y recolección hasta que fue confinada en una especie de reserva tras el exterminio emprendido por los ganaderos y buscadores de metales preciosos de la Isla Grande de la Tierra del Fuego. Aquellos terrenos que sirvieron alguna vez de lugar propio para un pueblo, hoy se han convertido en territorios dominados por la ambición y la modernidad. Los relatos se desmoronan con el paso del tiempo, pero las entidades que resguardan las montañas, la luna y el sol permanecerán en aquel espacio mágico que se une con el universo para unirse en un abrazo con el mar, la sangre y  el viento.


Temaukel: the spirit before time es un álbum perturbador porque así como nos arranca la visión moderna de explotación de nuestro medio, nos muestra el respeto y adoración del mundo que alguna vez tuvo un pueblo hoy exterminado. Su sonido onírico busca reflejar pensamiento mágico que explicaba el mundo según los selknam, pero al mismo tiempo es una protesta contra la negación de los otros, contra el olvido de quienes piensan diferente y contra os que se atreven a mirar el cielo. Su crudo sonido nos sacude el alma, pero sus ácidos paseos nos hacen pasear por nuestras neuronas hasta que su semejanza con las estrellas nos pueden dejar extraviados. Sin embargo, Demonauta define su mensaje al recuperar el pensamiento de un pueblo desaparecido como un intento por defender lo natural, lo auténtico y lo mágico...


miércoles, 17 de octubre de 2018

Uncle Acid & the deadbeats : la ruidosa neblina que cae sobre la distopía


Aquellas imágenes creadas por los distópicos autores George Orwell o Aldous Huxley en sus míticas obras escritas durante el siglo pasado se han tornado con el paso del tiempo en una realidad palpable. Los horrores que vivimos en la actualidad derivados de la tecnocracia y su dependiente mundo político han conformado una sociedad sin reflexión, sin conocimiento y sin sentimiento. La insistente propaganda reflejada en las pantallas ha configurado a un conglomerado de muertos vivientes confinados a grandes ciudades amuralladas bajo una vigilancia extrema, provocando al mismo tiempo miedo y desconfianza al otro. La ceguera impide observar el infierno en el que se ha transformado el mundo, aquel cúmulo de terrenos baldíos a los cuales el hombre no tiene acceso porque insiste continuar bajo el férreo resguardo del poder y no enfrentar la perturbadora verdad...

Abandonando aquella obscura atmósfera de asesinos seriales y rituales satánicos a los que estábamos acostumbrados, hoy tenemos en los tímpanos el desolador Wasteland, quinto álbum de los míticos Uncle Acid & the deadbeats. La banda es quizá el grupo con el sonido más definido de la escena mundial, lo cual la ha convertido en referente obligado para quien quiere entender lo que es el rock en la última década gracias a su mezcla de áspero hard psych, melodías pop vintage y una mórbida esencia proto-doom a través de un sonido lo-fi que por momentos araña la crudeza.


Más allá de lo que podríamos esperar en un primer momento, la banda comandada por Kevin R. Starrs ha creado un álbum bajo un concepto concreto dentro de las composiciones donde además podemos degustar las diferentes etapas sonoras que ha tenido el grupo desde su debut Vol.1 de 2010. Wasteland está pensado como un programa pirata que se oferta en los suburbios no detectados por la mirada omnipresente del sistema que está elaborado con la finalidad de restablecer en el cerebro los conocimientos y las emociones para que con ellos la gente pueda pensar nuevamente por sí misma y así pueda salir de la miseria y luche por libertad de acción y reflexión.

Sin perder por un instante el sonido crudo del grupo, Wasteland se permite explorar diversos terrenos auditivos, bien pueden ser melodías asesinas como aletargados riffs que se repiten incesantemente hasta la hipnosis. Kevin R. Starrs ha mantenido como cómplice al bajista Vaughn Stokes y ha integrado al baterista Jon Rice al equipo de trabajo, el cual se metió a grabar a los legendarios estudios Sunset de Los Ángeles, California para registrar de manera directa en cinta los ochos tracks que conforman el nuevo material; los cuales fueron trabajados con mayor calma en The Overlook Elstree, el estudio personal  de Starrs. 


Desde que los misterios teclados sirven como introducción a la inicial "I see through you", sabemos que Wasteland nos deparará muchas sorpresas durante sus 46 minutos de duración. Este primer tema tiene la rabia suficiente para morder y no soltar, pues una vez inyectado su veneno, de manera inmediata quedamos prendidos a la onírica magia que siempre ha distinguido a Uncle Acid & the deadbeats. Aquellos teclados que no habíamos escuchado con tanta presencia desde el Vol. 1, hoy los sintetizadores y el mellotron se tornan fundamentales para otorgarle al álbum una mística especial sin que ellos sustituyan las afiladas guitarras; como bien se puede degustar en la lisérgica "Bedouin". El denso sopor de "Exodus" y la abismal "No return" irónicamente nos regresan a las épocas del Blood lust del 2013 (reseña-review), pero al mismo  tiempo Wasteland nos golpea con temas iracundos como "Blood runner" (con su tufo a proto-metal que escuchamos en el Mind control con "Evil love") o la adictiva "Stranger tonight" (con su innegable sabor al The night creeper de 2015).

Wasteland ofrece una mayor precisión sonora dentro de la ruidosa neblina que siempre ha caracterizado a Uncle Acid & the deadbeats. La participación de Geoff Neal como ingeniero de sonido (NIN, A Perfect Circle, Fuzz, The Black Keys) ha permitido que cada instrumento encuentre su espacio propio sin perder su fuerza y su capacidad para crear muros de sonido al estilo de Phil Spector. Una capa de sonido sobre otra y otra hasta conformar un símil de aquello a lo que hace referencia Kevin R. Starras en las líricas del disco: una muralla que encierra a los manipulados ciudadanos dentro de un espacio de vigilancia constante. Finalmente el sonido termina de encontrar su potencia gracias al trabajo de masterización de Noel Summerville (Saturn, Rival Sons, Blood CeremonyThe Octopus), intensidad que busca representar la insistencia de la propaganda y la desinformación de los diversos sistemas de control que lavan la mente de los individuos contenidos por el miedo, la violencia y la destrucción.


Sin embargo, no todo es ruido en Wasteland. En algún momento anterior Uncle Acid & the deadbeats ya había paseado por suaves parajes acústicos como en "Black motorcade" o en algunos instantes de "Lonely and strage", pero es ahora en el track que le da título al álbum es donde podemos escuchar una balada agridulce que nos remite de manera extraña a un rancio juglar que nos relata sobre los sombríos paisajes que ha dejado la tecnocracia tras de sí. Aun con dicho intento por relajar los oídos, la banda sucumbe a la tentación y de nuevo nos sumerge en sus escandalosas aguas turbias que arrasan con todo lo que hay a su frenético paso.

El track que mejor resume la temática abordada durante todo el Wasteland es "Shockwave city", tema que fue lanzado precisamente como single y video promocional del álbum a través de apocalípticas imágenes donde la tecnología y el progreso se ha tornado perturbadoras. Sus acordes hirientes entran como puñalada de manera instantánea mientras la batería ametralla sin piedad como si de un bombardeo militar se tratara. Las agudas y espectrales voces relatan lo que ocurre dentro de los muros de las grandes ciudades panópticas mientras todo cae a su alrededor. Un ritmo entrecortado se levanta imponente frente a nosotros mientras una guitarra eléctrica inyecta su tóxico elixir para quebrar las pocas sinapsis que comunican nuestras neuronas...


"Mientras camino por el fuego, volteo mis ojos para observar.
Nos llevaron por el cable, pero eso no importa mucho para mí.
Cabalgamos por terrenos baldíos hacia un lugar al que nunca te llevarán.
Ellos saben que no hay lugar dónde esconderse
dentro de los muros de la ciudad de la onda de choque...

Mientras las nubes caen sobre la medianoche, voltean sus ojos para observar.
El parpadeo del brillo de la pantalla nunca los dejará ser.
Desde las obscuras tierras caemos hacia un vacío que nos espera.
Tienen sus cadenas sobre todos nosotros
dentro de los muros de la ciudad de la onda de choque..."


Uncle Acid & the deadbeats se dedicó a mostrar sobre los escenarios su The night creeper por mucho tiempo, y no será la excepción el Wasteland. Para ello, Starrs ha decidido reclutar al bajista Justin Smith para permitir que Vaughn Stokes se haga cargo de las guitarras de acompañamiento durante la gira; la cual contará con L.A. Witch y Blood Ceremony como bandas abridoras. Algunas voces dicen que el quinto disco del grupo inglés está pensado en su totalidad para ser interpretado de manera íntegra en vivo, pero una vez que arranque la gira sabremos si ello es verdad. Por lo pronto, hoy tenemos la posibilidad de rascar dentro de esta nueva cripta creada por el Tío Ácido y sus secuaces para descubrir en ella todo lo que tiene oculto tras las superpuestas capas de sonido y descifrar los mensajes que en ella se resguardan... 


lunes, 15 de octubre de 2018

Saturno Grooves : los lisérgicos sobrevuelos del halcón solar


La primera visita de los alemanes Samsara Blues Experiment a México ha generado una gran expectativa, pero un evento de este tipo también permite que otras bandas tengan la oportunidad de mostrar su proyecto dentro del mismo espíritu de viaje, experiencia y búsqueda sonora. Aprovechando este pretexto, también Earthquaker regresa sus tímpanos a uno de los grupos que tocarán en dicha presentación con la intención de recuperar todos los tesoros resguardados aún en el interior de su más reciente álbum tras la euforia de su publicación. Este es el momento ideal para retornar a los paisajes cósmicos del Solar hawk de Saturno Grooves.

La presentación de un nuevo disco despierta el interés de aquellos que quedaron prendidos de un material sonoro anterior, quizá de quienes escucharon en directo la propuesta sobre un escenario. Sin embargo, el paso del tiempo va erosionando el recuerdo y todo queda reducido a las cenizas de un nombre a un archivo electrónico perdido entre un millón más. La inmediatez provocada por los medios electrónicos nos ha servido para obtener al instante el disco que has esperado por meses, pero una vez satisfecha la adquisición, todo queda oculto bajo las arenas del olvido. Pero la esperanza del músico queda puesta en cada botella lanzada al mar con el deseo que algún riff o algún estribillo sirva de anzuelo ante la fugacidad del momento.


Solar hawk fue lanzado al espacio sideral por medio de LSDR Records en mayo de 2018, pero sus ondas sonoras están tatuadas en las neuronas del psiconauta melómano. No son necesarias las palabras porque el sonido se ha convertido en acontecimiento a través de su propuesta. Quizá podría ser calificado el álbum de "experimental", pero los oídos más finos pueden degustar el trabajo, la dedicación y el esfuerzo de tres chicos de Durango, México para crear una colección de temas bajo una ruidosa atmósfera galáctica a partir de la furia eléctrica y la imaginación derivada de la mitología ancestral.

Diversas sustancias entran por vena al cuerpo y el ruido comienza a tomar cuerpo en forma de sueño, de viaje y de cosmos. Los desolados paisajes desérticos sirven de plataforma para levantar la vista a la mitad de la noche con la intención de admirar la inmensidad del universo. Tras dos años de girara alrededor de ciertas ideas concretas, la improvisación se condensó hasta convertirse en seis densos meteoritos dispuestos atravesar la estratósfera e impactarse contra el suelo terrestre.


Repitiendo la fórmula de su EP debut (reseña-review), Saturno Grooves mantiene aquella mezcla que explora las aspereza del stoner con las ensoñaciones lisérgicas del hard psych. Sin embargo, Solar hawk encuentra su propio rumbo al tornarse mágico gracias a los ecos y reverberaciones en los instrumentos que terminan por alcanzar un sabor astral que quizá sólo Vinnum Sabathum logra hacer en México. Más allá de cualquier comparación, el trío de Durango logra desprenderse de cualquier referencia al permitir de cada uno de sus temas divague por sus propios senderos sin límites ni restricciones.

Desde el momento en que se escapa el cósmico riff inicial contenido en "Beaumont" por las bocinas, sabemos que Saturno Grooves han roto sus propias cadenas con la intención de explorar por nebulosas desconocidas. Las posibilidades son ampliadas para permitir que la imaginación vuele sin control: desde los misteriosos designios controlados por un chaman que nos guía por experiencias narcóticas que hacen dudar de la realidad como en "Cherna bong" hasta la rabia explosiva contenida en "White sands". El álbum queda definido al derretirse las neuronas de manera irremediable cuando escuchamos "Red sun arising" y su abrasadora energía basada en el devorador ardor de sus notas, aunque la verdadera potencia del disco se centra en el tema que le da nombre gracias a su monolíticos acordes y aquella guitarra que sobrevuela los áridos sitios sin presencia humana.


El primer corte que sirvió de promoción para el Solar hawk fue "Seven hills", tema hipnótico basado en su ritmo adictivo que poco a poco te engulle como agujero negro sin posibilidad de retorno. La fuerza de la guitarra de José Peyro mantiene la melodía por medio de la estridencia, pero al mismo tiempo se permite tragar polvo de estrellas para transformarse en un cohete intergaláctico que nos toma de la mano para dejarnos varados frente al espectáculo del Universo. El bajo de Óscar Cisneros corre desbocado entre juegos y provocaciones, pero finalmente termina regalándonos una soga eléctrica de la cual se puede uno asir para no extraviarse. Sin piedad alguna, Adolfo Solís recrea una tormenta de aerolitos por medio de sus tambores que no cesa de golpear por un segundo, aunque sus percusiones bien podrían formar parte de alguna antigua tribu del pasado remoto humano como a las que hace referencia Robert E. Howart en sus míticas historias de Cónan el bárbaro o Kull de Atlántida. "Seven hills" es un estruendo que rompe el silencio del sistema solar mientras su velocidad constante nos arranca del suelo para alejarnos de nuestro cálido hogar y abandonarnos en lugares desconocidos.


El estudio Band Inc. sirvió de guarida perfecta para la grabación del Solar hawk y los resultados son más que comprobables desde su primer acorde, pero ahora es momento de transportar la magia obtenida al calor de la consola hacia la crudeza de los escenarios. La vista de Samsara Blues Experiment a la Ciudad de México (junto con la participación de Black Overdrive) se convierte hoy en un digno reto, aunque de manera irónica también significa su mejor escaparate. Los densos ambientes instrumentales de Saturno Grooves tienen la capacidad suficiente para preparar el terreno a una banda internacional, pero aquellos que tengan la posibilidad de vivir su ruidosa experiencia cósmica en el Foro Alicia, descubrirán que tenemos entre nosotros a una de las mejores agrupaciones dentro de su género gracias a su eléctrica magia ritual, a su calidad técnica y a su sentimiento psicoactivo... prepárense para el fuerte viaje!!!

Página de Bandcamp de Saturno Grooves:
 https://saturnogrooves.bandcamp.com/ 


viernes, 12 de octubre de 2018

Monster Magnet : cuando golpea el martillo del destino


Si existe una banda reconocida en el mundo del rock áspero es Monster Magnet, agrupación con casi treinta años de trayectoria donde su lema siempre ha sido el sexo, drogas y rock n' roll. Durante todo ese tiempo, el grupo se ha visto envuelta en escándalos y contradicciones, pero al final del día siempre termina con el reconocimiento de los medios especializados y la entrega de su público fiel. En marzo de 2018 presentaron su Mindfucker, décimo álbum de su extensa discografía; así que ahora es el momento perfecto para desmenuzarlo y descubrir qué es lo que pueden ofrecer todavía.

Monster Magnet es una banda difícil de clasificar si queremos insertarla dentro de una categoría. Sus primeros materiales eran muy cercanos al llamado stoner gracias a su estilo lo-fi de hard rock mezclado con psicodelia ácida, pero sus diferencias con el rock desértico californiano eran tan claras que terminó distanciándose del término como ocurrió con otras bandas como Clutch. A finales de los noventas, el grupo originario de Nueva Jersey se acercó a sonidos más comerciales hasta que alcanzó el éxito por medio del Powertrip y la sobre-exposición de su single Space Lord hasta que una sobredosis en 2006 de su líder Dave Wyndorf puso en peligro la subsistencia del grupo. Desde su regreso un año después, Monster Magnet se ha dedicado a probar varios terrenos sonoros, siendo quizá el resurgido space rock el lugar más cómodo para identificar su ecléctico estilo.


Mindfucker significa el primer álbum de Monster Magnet desde 2013, ya que desde su inclusión dentro de la oferta musical de Napalm Records, sólo ha publicado dos regrabaciones a sus últimos dos materiales: Mastermind de 2010 y Last Patrol de 2013. El tiempo ha pasado pero no ha cobrado factura en el estilo sonoro de la banda, ya que al transcurrir los diez temas que conformar el Mindfucker se puede confirmar que más allá de cualquier etiqueta, el grupo de Dave Wyndorf ha definido su sonido hasta convertirse en un sello personal.

Desde que observamos al God Bull en la portada del disco, sabemos que estamos frente a una marca registrada. Sin embargo, Mindfucker tiene suficientes elementos para destacar dentro de la extensa discografía de Monster Magnet más allá de que sea su más reciente publicación. Tres tiempos y un rasgueo son suficientes para nos encontremos en el potente cohete espacial del grupo por medio de un tema sostenido titulado "Rocket freak" que sin piedad nos eleva hasta las estrellas y al mismo tiempo permite preparar el terreno para una estridente armonía que se aferra a lo más básico que tiene Wyndorf en su interior. "Soul". Una vez establecidas las condiciones, el Mindfucker nos deja escuchar el track que le da nombre por medio de un riff repetitivo y una historia sobre una mujer fatal que sabe volar los sesos de quien osa posar su mirada sobre ella.


Con un titulo como éste, Mindfucker podría ser considerado un disco sin sentido y más aún tras escuchar el tema que lo bautiza. Sin embargo, Dave Wyndorf  se ha dado el tiempo para escribir un manifiesto donde explica que tal nombre hace referencia a cómo la consciencia del ser humano ha sido trastornada por la publicidad y la mediación tecnológica; algo que queda explícito en "Brainwashed" con su tufo a vaquero cósmico que bien podría formar parte de algún viejo disco de Clutch. Sin embargo, Mindfucker es materialmente el regreso de c al rock más allá de posturas y etiquetas, el retorno del demonio de bigote y larga cabellera que ha enfrentado varias batallas hasta entenderse como su propio dios como lo confiesa en la lisérgica "I'm God" mientras su país se cae a pedazos con la llegada al poder de Donald Trump.

El álbum podría ser entendido como un grito sin consideraciones ni cadenas, como una declaración hecha por un adolescente sin reflexión ni compromiso... es rock crudo que demuestra las ganas de devorar al mundo, que siente rabia por lo jodido de su realidad y mejor decide tomarse una buena cerveza, tener sexo y permitir que todo siga caminando. Por un lado podemos escuchar la melancólica "Drowing" que nos sumerge en un abismo depresivo que termina reclamando a las deidades y a la humanidad entera hasta que todo queda reducido a un desgarrador blues como si se tratatra de agridulce remanso que calma la furia, pero por otro extremo podemos escuchar un intento por sacudir a los ilusos con la intención de rescatar lo último que nos queda de realidad como en la genial "Want some" con su maravilloso solo de guitarra en manos de Phil Caivano.


Como tercer y último sencillo para Mindfucker, Monster Magnet ha presentado hace unas semanas el video con las líricas de "When the hammer comes down", quizá el mejor tema del disco gracias a su riff construido a base de acordes fuertes e hirientes y su cósmica voz donde podemos escuchar la crudeza con la que el destino se cumple y nos cobra todos nuestras malas decisiones. Tarde o temprano, la vida del rockero cobra sus facturas, y ahora es el momento en el cual Dave Wyndorf  deberá pagarlas. Tras alcanzaar su cenit, el tema se convierte lo más cercano al stoner que se le ha escuchado a Monster Magnet en años gracias a su ritmo sostenido y áspero que abandona la estratosfera y finalmente logra recuperar la credibilidad perdida en la banda tras años de senderos extraviados.

"Siento el doble sol levantándose y lo siento quemar la línea. El karma es una perra, chico, y espero que le compres un anillo porque van ha estar por un largo largo tiempo. Tocaste una supernova cuando dejaste que la verdad te ahogara. El universo te tratará bien cuando el martillo caiga. El mundo tiene una forma de hacer pagar a los idiotas, olvidando tontos e imbéciles que dejan todo sobre el pasado. Vive por la espada, hermano... tú sabes el resto de esta línea. Una cosa graciosa sobre la verdad, chico, es que te toma en cualquier momento. Tú amas a esa supernova pero siempre te decepcionará. Dime si eres un mono o un hombre. Estás agitando un trapo desde una camioneta como si fuera la ultima batalla del General Custer. Tú puedes seguir rockando como un alpha desde el lado cabrón de la ciudad, pero te puedo aconsejar que te cubras los ojos cuando el martillo caiga..."


Lejos de la filosofía seguida por Dave Wyndorf  para construir el Mindfucker, este álbum es un golpe a la mandíbula si nos referimos a lo musical. Tras varios años sin ofrecernos material inédito, este disco se permite recorrer sonidos que hace años jamás hubiéramos asociado con Monster Magnet. El trabajo de producción realizado por Morgan Stratton (Wolfmother, Arctic Monkeys y Black Rebel Motorcycle Club) permite colocar cada instrumento en su justo lugar, pero todo termina por encuadrar gracias a la mezcla del material que hizo Joe Barresi (Kyuss, Queens of the Stone Age, Melvins, Fu Manchu y Clutch), permitiendo que el disco tenga la rasposa textura que supone el hard rock del siglo XXI. Monster Magnet no reinventa nada, pero luego de un largo rato, quizá estamos frente a su mejor álbum gracias al ánimo que tuvo su carismático líder para abandonar los terrenos firmes de lo seguro y aventarse al abismo de lo incierto...


miércoles, 10 de octubre de 2018

Magmakammer : un viaje narcótico por el universo interior


Cuando pensamos en el hard rock vintage hecho en Noruega a partir proto-doom y la psicodelia ácida, inmediatamente nos viene a la mente el nombre de bandas como Purple Hill Witch, Tempelheks o Dunbarrow. Sin embargo, este año nos ha regalado dos nuevas joyas como si se tratara de una segunda oleda de grupos surgidos del país escandinavo que merecen toda nuestra atención y un seguimiento constante a su posterior desarrollo: primero llegaron los hipnóticos riffs de Saint Karloff con su espectacular All heed the black god presentado en julio (reseña-review) y hoy tenemos en los tímpanos el aletargado y sombrío estilo del Mindtripper creado por Magmakammer. 

Bajo toda la escuela del rock setentero de melodías sostenidas bajo tiempos lentos y narcóticos, tememos la suerte de encontrarnos con un trío formado en Kolbotn, muy cerca de la zona metropolitana de Oslo. Aquel lugar que vio nacer a bandas reconocidas en otros géneros del metal pesado como Turbonegro o Darkthrone sirvió como refugio ideal para que el guitarrista Ulrik Jacobsen, el baterista Lasse Røed y el bajista Stain Solberg crearan a Magmakammer a través de la magia lisérgica de la psicodelia y los aquilosados acordes que le dieran forma a lo que hoy conocemos como doom. 


Pero lejos de lo que podríamos esperar, Magmakammer no es una banda nueva. El trío publicó a finales de 2015 un material homónimo que le sirvió como carta de presentación. Dentro de los tres temas que lo componen se podía escuchar a un grupo de guitarras crudas y voces fantasmagóricas que de manera directa te transportaba a parajes mórbidos donde se podía sentir el frío de las criptas mientras la mirada trataba de identificar las siluetas ocultas por la tenue luz de la luna y la neblina que lo cubre todo. 

Sin embargo, el trío noruego recreó su estilo para alimentarlo con sonidos lisérgicos que le otorgaran un toque vintage para filtrarse por los oídos con mayor facilidad. Fue así que entre septiembre y noviembre de 2017 la banda grabó con sus propios medios Mindtripper, álbum debut que finalmente fue presentado en septiembre de 2018 por medio de la reconocida disquera alemana Kozmik Artifactz que de manera instantánea llamó la atención de los medios especializados y del público amante de la música que mezcla la acidez y la obscuridad.  


Mindtripper no es un álbum conceptual que cuente una historia, pero sus temas encuentran conexiones y coincidencias hasta alcanzar una temática general. Sin embargo, sonoramente el disco es una verdadera unidad al crear un viaje narcótico por el Universo, un denso paseo entre neuronas y galaxias que aprovecha el misterio que genera el interior de la mente y lo mágico derivado del consumo de sustancias psicotrópicas. Con un sabor lo-fi derivado de las técnicas de grabación que, según mencionó la banda en una entrevista, utilizó Eddie Kramer cuando trabajó con Led Zeppelin y Jimi Hendrix, logrando así que el primer material de Magmakrammer mantuviera su aspereza natural aunque no haya sido grabado de manera directa en el estudio de grabación.

Mientras escuchamos las siniestras historias de un psiconauta que pierde el control durante sus fuertes viajes, poco a poco nos hace preguntarnos la misma pregunta que se formula el protagonista: ¿me estaré volviendo loco? La música entra por vena junto con las sustancias químicas que la componen para arrojarnos a un abismo profundo que logra confundir al espacio sideral con la mente humana. Comienza el onírico recorrido las escenas multicolores que confunden con el vacío y la obscuridad hasta provocar la psicosis del escucha, un siniestro destino para aquel que se atreve a cruzar las puertas de la percepción sin mayor brújula que la intuición y el deseo.


Claramente Mindtripper está dividido en dos partes, una de las cuales enconctramos experiencia, asombro y alucine por medio de la hipnótica "Druggernaut", la aletargada "Fat Saturn" con su propio escape interno al cosmos y la cruda "Acid times" bajo su tufo lisérgico innegable. El tema que le da nombre al álbum sirve de puente para hacer patente la crisis que sufre el psiconauta que bien podría ser aquel personaje identificado en todos los tracks del Mindtripper; pero a partir de "Along  the crooked roads" (con su ligero sabor en su estribillo a los primeros discos de Uncle Acid & the deadbeats) todo se torna sombrío hasta encontrar matices enfermizos donde podemos detectar el trastorno y la pérdida de lucidez. "The voyage" asemeja a un estado de coma alcanzado tras una sobredosis, un melancólico sopor que deja varado al viajero sobre el vacío cósmico; pero como si se tratara de un ave fenix que resurge de sus cenizas, el lisérgico protagonista acepta su fatídico destino y permite que un agujero negro lo engulla por medio de "Cosmic dancers" y su horizonte de sucesos que crea a su alrededor.


Con un título inspirado en el himno de la mítica banda californiana Sleep, la primera cápsula que nos ofrece el Mindtripper es "Druggernaut". Como punto de encuentro entre la aspereza del stoner y la corrosión del hard psych, la melodía te hechiza hasta caer rendido a sus pies mientras escuchas una historia sobre un hombre que busca la perfección a través de un viaje a su interior y termina engañado por los efectos narcóticos de las sustancias que consume como vía de introspección. La ríspida guitarra SG atascada de fuzz desgarra las bocinas mientras un bajo mórbido ahogado en Muff visita las catacumbas de la memoria, un teclado ofrece un ligero aire de misterio y una batería repite la marcha penosa de un condenado a muerte.

Como preámbulo para el lanzamiento de su álbum debut, Magmakammer presentó el video promocional de "Druggernaut", un trabajo visual realizado por Erlend GH que nos sitúa en los obscuros bosques noruegos donde se oculta una cabaña que resguarda un cuarto de ensayos y un laboratorio de sustancias químicas. Entre bromas y alcohol, dos tipos mezclan los diversos elementos hasta crear un líquido lisérgico con la finalidad de entregarlo a miembros de una gran empresa con la intención de probar sus efectos. Tras una fuerte experiencia psicodélica, los resultados de consumo son evidentes...


Mindtripper está llamado a ser uno de los mejores intentos por fusionar las primeras semillas del doom con la psicodelia más ácida, logrando como resultado una fuerte experiencia ambivalente que permite sondear los pasillos escondidos de la mente y al mismo tiempo divagar por los terrenos inexplorados de lejanas galaxias. Quizá el concepto no es nada nuevo, pero la forma en que el trío noruego logra crear una amalgama sonora de gran fortaleza junto con una línea temática consistente en sus líricas, permite colocar a su álbum debut como uno de los mejores dentro de su género. Sombrío por momentos, onírico en otros y mágico en su totalidad, Mindtripper es un material hecho de una sola pieza que sería imperdonable no escuchar...


lunes, 8 de octubre de 2018

Windhand : el regreso del envolvente y sombrío ruido


Cuando una banda ha consolidado su sonido, el riesgo de publicar un siguiente álbum se duplica. Por un lado se torna una obligación mantener lo alcanzado, pero se todo se puede convertir en una repetición; pero si se busca dar un paso hacia adelante para recorrer nuevos senderos se corre el riesgo de extraviarse hasta perder lo alcanzado. Una de las bandas que se encontró ante esta disyuntiva fue Windhand, que tras su maravilloso Grief's infernal flower (reseña-review), tuevieron que pasar tres años para presentar un nuevo material tras un largo proceso de composición y  una reconfiguración de su sonido tras la salida de Asechiah Bogdan, uno de sus guitarristas.

Hace unos días fue publicado por medio de Relapse Records el cuarto álbum de la banda originaria de Richmond, Virginia bajo el nombre de Eternal return, material que desde su primera escucha hace honor a su título al recuperar aquel sonido crudo y desgarrador de sus primeros discos (Windhand de 2012 y Soma de 2013) pero que al mismo tiempo mantiene aquel nivel de composiciones definidas alcanzadas en Grief's infernal flower. Las densas atmósferas lúgubres y pesadas que han distinguido a Windhand han regresado, pero hoy han bebido directamente de las lisérgicas aguas de la psicodelia más pesada sin perder aquel tufo a rock alternativo y grunge noventero.


Los hipnóticos cantos de sirena de Dorthia Cottrell que atraviesan una muralla sonora desgarradora se mantienen intactos para Eternal return, pero lo que quizá hace diferente a este álbum de los anteriores es su ácido sabor que cede espacio sobre sus anteriores terrenos lúgubres para postrarse en paisajes oníricos que por momentos se tornan mágicos. Aquella tormenta de arena que distinguía al Grief's infernal flower continua gracias a la producción técnica de Jack Endino, quien había trabajado también en dicho material y es reconocido por trabajar con las míticas bandas grunge Nirvana, Mudhoney y Soundgarden.

Eternal return funciona de manera inmediata por medio sus riffs concretos hechos por el guitarrista Garrett Morris, los cuales asemejan a loops infinitos que suenan de manera insistente hasta dejarnos varados a la mitad de una nube de sopor como si se tratara de un sueño muy pesado; algo que termina siendo claro en la inaugural "Halcyon". Sin embargo, Windhand se permite bajarle a la distorsión para crear temas suaves y enigmáticos de poca duración como la bella "Pilgrim's rest" para darle equilibrio a los monstruos abismales de más de diez minutos y sonido aletargado como la estruendosa "Eyeshine" o la melancólica "Feather", temas que destacan por la capacidad que tienen el bajista Parker Chandler y el baterista Ryan Wolfe por mantener una base rítmica envolvente sin la menor posibilidad de ruptura.


Tras la lectura de varias reseñas que ya circulan por la web sobre este cuarto álbum de Windhand, muchos lo tachan de repetitivo hasta alcanzar el hartazgo. Eternal return juega con sonidos insistentes para lograr recrear una densa neblina a su alrededor, misma que termina siendo hipnótica hasta hacer perder en un abismo profundo sin posibilidad de escape. Esta fórmula resultó ganadora tras el Grief's infernal flower, pero en esta ocasión Windhand busca condensarla en cápsulas de pequeña duración que finalmente saturan las neuronas. "Red cloud" rompe el monótono ruido alcanzado por la instrumental "Light into dark" para ofrecernos una nueva posibilidad melódica dentro del estilo patentado por la banda de Virginia, algo que también se podía saborear en el sencillo "Diablerie" con esa extraña mezcla que tienen entre la disonancia heredada por su gusto a Electric Wizard y las atmósferas etéreas del rock alternativo de los años noventas al estilo de Silversun Pickups.


El primer single de Eternal return fue "Grey garden", tema que fue lanzado junto con un video promocional realizado por Jordan Vance a principios de agosto de 2018. En sus imágenes podemos observar extractos de filmes antiguos bajo filtros multicolores que logran escapar de la realidad mientras los ásperos acordes rasgan la piel para aferrarse al torrente sanguíneo. Su adictivo estribillo clava sus colmillos hasta aturdir las neuronas, y aunque su onírico puente logra llevarnos por atmósferas enigmáticas, el tema tiene la capacidad de retomar su rabia para explotar nuevamente y terminar con lo poco que nos podía quedar.


Este es el regreso de Windhand, y sin mayores sorpresas, su Eternal return significa una continuación por lo alcanzado en Grief's infernal flower con la intención de dosificar su veneno en cada mordida. Quizá el éxito de esta nueva entrega de la banda de Virginia dependa del paso del tiempo y de su lenta asimilación por parte del público y la prensa especializada, pues el material esconde una belleza tras las espesas capas de ruido y las encriptadas líricas. En lo que madura el álbum, Windhand se prepara para llevar a los escenarios su contenido, lo que nos permitirá generar una mejor crítica al mismo y nos lleve a confirmar que la banda es uno de los mejores exponentes de su género...