Páginas vistas en total

viernes, 29 de noviembre de 2019

Hazemaze : un densa neblina se posa sobre la ciudad


Cuando vaticinamos que Hazemaze podría ser la nueva banda favorita de los amantes del proto-doom, no nos equivocamos. El trío de Estocolmo ha publicado su segundo álbum y con él han confirmado aquella magia mística creada sobre acordes lentos y pegajosos que terminan arañando la piel a su sombrío paso. Sin embargo, para esta ocasión tenemos rabia, intensidad y maldad, lo que termina añadiendo a su propuesta sonora el toque ideal que requería para hacerlo genial.

Si aquel álbum debut publicado de manera digital en febrero de 2018 fue una afilada daga cruzando el cuerpo de todo aquel incauto que cayó en sus redes (reseña-review), su segunda oda titulada Hyms of the damned  presentada en noviembre de 2019 termina por hacernos caer rendidos a sus pies dispuestos a ser la ofrenda en su obscuro ritual. Editado por Cursed Tongue Records en vinil y por Ripple Music en CD, el último material de Hazemaze nos ofrece una colección de tétricas pero ácidas atmósferas que lo convierten en una referencia obligada para su género.


Hyms of the damned es un álbum que logra dar un paso adelante en la propuesta sonora de Hazemaze gracias a dos claros motivos. En primera instancia, tenemos una gran calidad en la producción técnica del material grabado, permitiendo al sonido una mayor profundidad más allá del impenetrable muro de ruido que levanta la banda frente a sí. En segundo lugar, el disco ofrece más sensaciones que en el anterior, pues a la zozobra general de aquel plato ahora tenemos una ira que se funde en una mezcla perfecta con el tufo lisérgico que ha identificado a la banda desde sus inicios en 2016.

La influencia de bandas como Electric Wizard, Beastmaker o Uncle Acid and the deadbeats junto con la omnipresencia del primer Black Sabbath se observan claramente en el sonido del trio sueco, pero al afinar un poco más el oído sobre los ocho tracks que componen el Hyms of the damned podemos detectar rasgos propios como en la gran imaginación para crear riffs adictivos, en la intensidad de las figuras melódicas que van más allá de la atmósfera densa que se narra en las líricas, y en el timbre que tiene cada instrumento que al final rompe con los esterotipos del doom como género sin salir de sus estructuras compositivas.


El segundo disco Hazemaze tiene la capacidad de llevarnos a diferentes escenarios a la más mínima provocación, logrando de esta manera que el álbum rompa con la monotonía del género y hasta sea un material dinámico lleno de colores dentro de su obscuridad. "Thrill seeker" arranca con una figura asesina que poco a poco hechiza hasta la hipnosis, pero conforme avanza nos ahoga en múltiples posibilidades que van desde un espectro metalero lleno de agresividad hasta hasta un ambiente lisérgico que permite la improvisación. De la misma manera, "Morbid lust" nos ofrece un ingenioso doom metal que a pesar del uso de silencios en su línea melódica, el áspero zumbido de sus distorsiones mantiene una capa ríspida de sonido que no cesa de salir por las bocinas.

 Conforme pasan los pesados himnos de la maldición, Hazemaze logra establecer su sonido entre densas nieblas que combinan la alucinación y la zozobra. Como primer single del álbum se presentó "Green river", que es un hipnótico riff construido de manera concreta bajo la más estricta escuela fundada por Toni Iommi y sus seguidores. Sin embargo, el segundo disco de la banda sueca nos ofrece diversas tonadas cavernarias como "Solicitor of evil" con su figura que nos hace recordar el paso de un mastodonte mientras la maldad se posa en cada uno de sus rincones sonoros y los tonos graves del bajo juegan de manera bilpolar con el arenoso fuzz y el psicotrópico wahj. De igual manera, "Forever trapped in hell" está creada alrededor de un estruendo que demuestra la fuerza por medio de una rabia eléctrica y las psicotrópicas voces que emulan almas en pena mientras nos hacen llegar sus lamentos entre el ensordecedor ruido.

Y si pensáramos que el trío de Estocolmo sólo basa su estilo en largas melodías de grávida esencia, el grupo nos aplica un duro golpe a la mandíbula con tracks directos como "Reverend death" con su hard psych que alimenta con colores a la base doomy que se filtra por los altoparlantes. Si esta idea no quedara del todo clara, Hazemaze nos regala en "Lobotomy" una colección de acordes afilados que diseccionan el cerebro a través de la guitarra de Ludvig Andersson que son seguidos de manera reptante por el bajo de Estefan Carrillo mientras las percusiones de Nils Ein toman el control bajo un diluvio de meteoritos salvajes fuera de control.


"La neblina está rodeando convirtiendo las calles en un gris lechoso.
Un hombre en gabardina se sorprende alrededor de la obscura bahía
mientras observa a una mujer parada, una dama de la noche
y agarra su espada de fatalidad, esparciendo el malvado temor.

Las calles están hirviendo, un loco está suelto.
Una sombra en la noche  jugando con el abuso.
Él clava su cuchillo en la profundidad y te gira al revés.
Cuando su mente está decidida, tú morirás sin duda.

Cuchillo en la noche
Asesinando a plena vista
Tú morirás
De nada sirve llorar

La ley lo intenta pero el destripador está libre.
Un ser mítico con una parranda sangrienta y asesina.
Las historias son muchas pero el temor sigue siendo un hecho.
No se logró justicia para las muchas vidas que él arrebató..."

El segundo sencillo que publicó Hazemaze para promocionar su Hyms of the damned fue el tema inauguaral del disco, "Shadow in the night". Bajo un halo espeluznante en tributo a la conocida historia del Jack el destripador (Jack the ripper), una lúgubre melodía basada en el referente himno doom que es "Black Sabbath" creado por la banda de Birmingham nos ofrece la atmósfera necesaria para relatar esta sangrienta historia. Aun así, los suecos se las arreglan para dotar de acidez al track sin abandonar el poder que los distingue hasta lograr una amalgama perfecta entre fuerza y alucinación. Mientras observamos el trabajo visual hecho por Carolina Haward, la melodía incrementa de intensidad en un frenesí eléctrica que nos obliga a bailar junto con el asesino como si se tratara de un mágico aquelarre.


Sin lugar a dudas, Hyms of the damned  es la consolidación de Hazemaze como referente obligatorio del doom lisérgico del nuevo siglo en Escandinavia. El trabajo logrado por la banda en el estudio Underjord  realmente provoca que la piel se erice mientras al mismo tiempo gozamos de un disco áspero con múltiples facetas melódicas, algo que fue logrado por el control técnico de Joonas Hassinen (quien ha trabajado con The Dahmers, Alastor y Saint Karloff). Con todos los elementos para convertirse en uno de los mejores discos del año dentro de su género, Hyms of the damned merece la atención de los amantes del viejo doom y de quienes buscan nuevos elementos dentro de la escena del hard psych obscuro...



martes, 26 de noviembre de 2019

Nightstalker : la áspera leyenda europea


Cuando se habla de Nightstalker se hace sobre una verdadera leyenda en Grecia. Con el resurgimiento del stoner como género en lo que va del siglo XXI, varias bandas helénicas se han sumado a los sonidos distorsionados hasta alcanzar un nombre en la escena europea como 1000mods y Godsleep; pero el grupo ateniense es el referente obligado cuando se habla de música fuerte en dicha zona del mundo. Sin embargo, es necesario dejar claro que a los integrantes de la agrupación jamás les han agradado las etiquetas y éso queda claramente plasmado en sus ochos producciones discográficas; así que más allá del grunge, stoner y heavy metal, Nightstalker es puro y simple rock.

Desde que la banda de Atenas presentó el Dead rock commandos en 2012, Nightstalker ha mantenido una estable alineación con la que ha fundamentado un estilo propio inspirado en el hard rock del eterno Black Sabbath, en la violencia e intensidad sonora de Mötorhead, en los sonidos crudos y alternativos de Monster Magnet y en las armonías arenosas de Kyuss; creando así una amalgama única que le dota a la banda una identidad inconfundible al grado de convertirse al mismo tiempo en una influencia para el rock áspero de toda Europa.


As above, so below de octubre de 2016 fue el álbum que terminó por colocar a Nightstalker dentro del escenario mundial gracias al auge de la escena griega, de la cual siempre se ha desmarcado la banda.Más allá de etiquetas y regionalismos, el cuarteto mantuvo su trabajo sonoro que terminó siendo firmado por la reconocida disquera Heavy Psych Sounds que dirige el guitarrista de Black Rainbows, Gabriele Fiori. De esta manera, nos ha llegado a los tímpanos a partir de octubre de 2019 su Great hallucinations, el octavo álbum de la banda que requiere su escucha obligatoria para todo aquel amante de los densos sonidos del rock.

Siendo fieles a sus preceptos, Nightstalker ha construido un versátil álbum que toma como base los ásperos sonidos para crear una colección de temas con diversas atmósferas que jamás escapan del estilo propio de la agrupación. Simplemente, Great hallucinations es una granada de fragmentación que requiere ser digerida poco a poco para sacarle el mayor jugo posible, una tormenta eléctrica que descarga su furia sin control, una muestra de lo que una banda puede hacer más allá de clichés y prejuicios.


Great hallucinations es un disco sin contemplaciones que de principio a fin nos golpea con sus azotes sonoros llenos de distorsión y figuras llenas de imaginación que logran jugar con la intensidad. En un primer momento nos enfrentamos contra "Black cloud", tema saturado que cimbra los cimientos con su vigor mientras nos rodea con el zumbido surgido de sus amplificadores. Bajo el  mismo tenor, la fuerza del fuzz queda demostrada en "Cursed" con aquel maravilloso solo en manos de Tolis Motsios, aunque lo que más nos sorprenda sea la línea melódica construida por las vocales de Argy con ese color que recuerda al Ozzy Osbourne de su etapa solista.

Sin embargo, el último álbum del cuarteto de Atenas se permite crear temas con diversos cambios de ritmo que logran despertar el interés de quien ha escuchado su propuesta durante tantos años. "Seven out of Ten" alterna la pasividad de sus estrofas frente a la potencia de su estribillo mientras su instrumentación sube y baja de volumen, aunque la banda logra el extremo de esta intención gracias a la magia mística de "Hole in the mirror" con aquellas increíbles figuras de bajo en manos de Andreas Lagios que no para ni por un segundo. Asimismo, "Sad side of the city" nos ofrece una melodía más cercana al rock alternativo donde destaca las posibilidades vocales de Argy con su insistente I need your love mientras la incansable batería de Dinos Roulos nos marca los fuertes cambios de tiempo.


Y si aún nos queda alguna duda de todo el potencial que tiene Great hallucinations para convertirse en uno de los mejores materiales de Nightstalker, el álbum nos ofrece temas rabiosos como tormentas de arena como "Half crazy" que se acercan peligrosamente a lo que muchos conciben como stoner, pero que al final termina siendo una poderosa melodía construida a partir de un muro de sonido impenetrable que reta a más de uno para que lo intente cruzar. Finalmente tenemos al tema que da nombre al disco, un track de inicio terso y hasta quizá lisérgico que al transcurrir los segundos se transforma en una melodía hipnótica ahogada en wah que simplemente provoca que los pies despeguen del suelo sin retorno posible mientras ofrece un terreno fértil para la improvisación de las cósmicas guitarras y el reptante bajo eléctrico.


"No trates de volver a mí, estoy muy lejos.
Manteniendo lo mejor de mí, de todos modos me falta algo todavía.

Todo el tiempo aquí y allá, pero jamás a tiempo.
y  a pesar de lo que le pasó a mi cabeza, aun sigo perdiendo mi mente.

No puedo dormir en la noche
El aire es tan espeso que puedes cortarlo con un cuchillo
No puedo dormir en la noche
El dolor es tan profundo como si me cortaras con un cuchillo 
No puedo dormir en la noche
Mi dolor es tan dulce como si me cortaras con un cuchillo

Y estoy pensando, sí, estoy pensando 
¿Qué demonios es lo que me pasa?
Y me estoy hundiendo, me estoy hundiendo
así que ven y toma lo que queda de mí 
ven y toma lo que queda de mí..."

Por si fuera poco todo lo que contiene en su interior el Great hallucinations, Nightstalker escogió como single promocional el tema que podría ser el más experimental de los ocho tracks que lo conforman. "Sweet knife" tiene una melodía basada en un melancólico blues electrificado que con sus suaves acordes iniciales abren la herida para que con la sangre que fluya de ella puedan escapar las dolencias de una alma atormentada. Obviamente los griegos no podrían quedarse con aquella atmósfera deprimente, por lo que se permiten explotar con toda su capacidad de ruido y estruendo en un tormentoso estribillo lleno de insomnio y desgarre desbocado. Mientras observamos a una despechada seguidora de la banda en un intento por escapar de sus propios demonios a través del trabajo visual realizado por Aggelos Vinieratos, "Sweet knife" es expulsada por las bocinas con toda su desesperación contenida a punto de rabia y arrebato.


Si lugar a dudas, el retorno de Nightstalker es triunfal gracias al excelente trabajo logrado en sus más de 40 minutos de rock sincero que, a pesar de buscar romper con los estereotipos, termina por confesar algunas tendencias sonoras que más de uno logrará detectar y disfrutar. Great hallucinations es un  manto de niebla espesa que con su aspereza cubre todo el panorama acústico a nuestro alrededor, pero más allá del simple ruido envolvente, la banda nacida en Grecia sabe equilibrar el ritmo y el sonido para crear ocho temas concretos en su individualidad que al mismo tiempo en su conjunto funcionan como una unidad igual de alucinante que la portada creada por Jon Toussas. Mientras las ensoñaciones lisérgicas se mezclan con el estruendo eléctrico de Nightstalker, nosotros tenemos la oportunidad de disfrutar de uno de los materiales discográficos más completos que han logrado en este 2019 alcanzar el equilibrio sonoro y la calidad interpretativa en una obra potente con un excelente trabajo de producción técnica...


viernes, 22 de noviembre de 2019

Vvlva : el retorno de los eléctricos peregrinos cósmicos


Aquí tenemos el retorno de aquella promesa del hard rock vintage alemán. Sin embrago, el regreso discográfico de Vvlva resulta de manera irónica en un sorbo de agua fresca dentro de la escena europea que se ha estancado en el desarrollo del stoner metal y otros sonidos más saturados lejos de los esfuerzos por crear nuevas melodías a través de los viejos ambientes llenos de riffs de guitarra y teclados atmosféricos. Aun así, es necesario repasar de manera detenida cada uno de los surcos del vinil para descifrar cuáles son los nuevos aportes que ha hecho el quinteto bávaro a su estilo.

Cuando escribimos sobre Path of virtue, el álbum debut de la banda (reseña-review), nos encontramos de manera grata con una banda que recuperaba los antiguos sonidos del hard rock setentero en coincidencia con el krautrock, teniendo como obvios referentes a Uriah Heep y Deep Purple. Ahora que tenemos en los tímpanos su Silhouettes, disco publicado en octubre de 2019 a través de la disquera World of sound, seguimos detectando la influencia de Jon Lord y Ken Hensley, pero ahora podemos saborear algunos tintes progresivos cercanos a gente de la talla de Keith Emerson y Rick Wakeman.


En una primera escucha, Silhouettes es un disco más directo gracias a la definición de cada uno de sus elementos acústicos frente al sonido nebuloso del Path of virtue más allá de sus juegos teatrales y cambios de tiempo. Para este segundo material del quinteto de Aschaffenburg, cada uno de sus siete tracks se encuentran construidos a través de conceptos concretos que evitan la divagación y se concentra en melodías definidas que hasta por momentos se aleja de aquel tufo vintage que por momentos se convierte en un estigma difícil evitar.

A pesar de la salida de Johannes Seidel y su sustitución por Julian Rocco en la batería, la banda mantiene su esencia a través de un estilo definido que al mismo tiempo se permite navegar en otros océanos sonoros. De manera clara escuchamos el poder del órgano Hammond de Christian Karl en "What do I stand for" con aquella intensidad que remite a épocas anteriores o en la aletargada "Dance of the heathens" con su ligero toque a blues que logra mutar en un violento heavy psych por medio de los cambios marcados por el bajo de Dr. Michael Hock y las figuras rebuscadas de la guitarra de Philipp Muschal que jamás abandonan a los teclados omnipresentes.


Sin embargo, Vvlva se permite en su segundo álbum algunas fugas sonoras para abrir su campo compositivo más allá de las definidas fronteras del hard rock fundamentado en la vieja psicodelia: "Tales told by a gray man" surca misteriosas aguas que aprovechan al máximo las cualidades de su nuevo percusionista bajo un ritmo entrecortado que poco a poco sube de intensidad, "Hobos" se soporta en un hard rock básico que logra desmarcarse por instantes gracias a ciertos ritmos que podríamos calificarlos de "latinos", "Night by night" arranca con un sabor acústico progresivo que finalmente regresa al poder interpretativo que distingue a la banda y "Gomorrha" con la sustitución del Hammond por sintetizadores cósmicos que provocan un verdadero escape de nuestros límites terrestres mientras escuchamos una lírica cantada en alemán.

Sin lugar a dudas, Silhouettes logra desarrollar la plataforma melódica de Vvlva para catapultarlos hacia nuevos horizontes. Ahí están las dramáticas texturas vocales de Tobias Ritter, pero ahora podemos escuchar una colección de líricas misteriosas y hasta oníricas que hacen coincidencia con aquella apocalíptica portada creada por Lenna Richter o los desbocados teclados que escuchamos en "Night by night" o los rituales bailes que recuerdan a un aquelarre o a un sacrificio ofrecido por alguna secta olvidada que están en "Tales told by a gray man". Algo es cierto, Silhouettes rompe con los prejuicios creados por todo aquel que se enamoró de la banda tras el Path of virtue.



"He viajado por millones de millas a través de millones de diferentes momentos donde las estrellas caen a los mares. Camino a través de galaxias. 
Los destellos son mis caballos, los cuales siguen mis viejos rumbos nacidos en singularidades. Bailo a través de galaxias.
Adornado con cientos de plumas y con una armadura hecha de pieles, la fortuna se siente en el viento y se conecta con las galaxias.
Estrella peregrina, el trueno golpea cuando llego...Peregrino observa hacia la luz que cae.
Esta noche, observa. Las batallas me dan como un impulso. Tiempo de sanar. Deberías creer en mis habilidades"

Como una forma de darle seguimiento a lo escuchado en Path of virtue, Vvlva arranca su Silhouettes con un track venenoso que hace coincidir el riff asesino de la guitarra eléctrica con las etéreas atmósferas del órgano Hammon bajo una melodía astral llamada "Cosmic pilgram". Mientras observamos ilustraciones realizadas por Joel Fischer , escuchamos una lírica que habla sobre el universo y el hombre .El tema sabe jugar con los velocidades y las intensidades gracias a su armonía heredera del hard rock clásico, pero quizá su valor agregado se encuentra en aquel puente musical que, por medio de tiempo controlado, los instrumentos se permiten divagar por el universo hasta lograr un encuentro fortuito entre vocales y figuras melódicas que provocan el orgasmo inmediato.



Vvlva se encuentra de manera definitiva entre aquellas bandas que han recuperado los viejos vientos del hard rock saturado de teclados como Vinum Sabbatum, Siena Root o Ruby the Hatchet; pero al mismo tiempo es claro que la banda alemana se ha desmarcado de dichas agrupaciones gracias a un trabajo discográfico fresco que se permite salir de los cánones establecidos por el género para buscar nuevas posibilidades compositivas. Silhouettes no es un álbum sencillo, por lo que hace necesario su detenida degustación para lograr desmenuzar cada uno de sus elementos hasta alcanzar una comprensión de sus intenciones. 



martes, 19 de noviembre de 2019

Stew : el retorno del insaciable rock vintage sueco


Suecia se ha distinguido durante las dos primeras décadas del siglo XXI por ser una pródiga tierra de hard rock inspirado en los viejos sonidos de los años sesenta y setenta del siglo anterior. Sin embargo,  la constante producción sonora declinó en los últimos años hasta dejar en la palestra sólo a las bandas ya establecidas con su propio estilo. Aun así, el país escandinavo no ha abandonado esta formación acústica y sigue permitiendo que se tengan las condiciones necesarias para que nuevas agrupaciones surjan con la intención de ofrecer un nuevo panorama a dicha esencia vintage.

 Dentro de la última camada de bandas suecas podemos destacar a una que se formó durante 2016 en la ciudad de Lindesberg, Örebro. Bajo el nombre de Stew encontramos a un power trio amante del primer hard rock conformado por Markus Asland en el bajo y voces, Nicklas Dahlgren en la batería y Nicklas Jansson en las guitarras. Ellos ya habían llamado la atención de los buscadores de tesoros retro con su EP de junio de 2018 titulado Hot, un pequeño e incendiario material lleno de blues que electrificado que confiesa la pasión por referentes obligados del género como Jimi Hendrix, Rory Gallager y hasta Led Zeppelin.


Para octubre de 2019, Stew ha publicado su álbum debut titulado People a través de Ripple Music, un trabajo compuesto por diez temas que intentan dar un paso hacia adelante sobre la base del hard blues para acercarse al hard rock más crudo bajo la escuela fundamental de Deep Purple. Este paso dado por el trío sueco quizá lo acerca peligrosamente a las propuestas sonoras de Spiritual Beggars o Siena Root, pero la valía de este material discográfico radica en su capacidad de ofrecer una colección de melodías sinceras gracias a la sensación que dejan en el oído de banda directa que logra despertar el interés a partir de su capacidad interpretativa bruta sin retoque de estudio ni sobre-producción; algo logrado gracias a la grabación del álbum en vivo dentro del estudio.


Tras un ruido recursivo que sirve de introducción, la banda de Lindesberg nos ofrece un riff crudo y concreto llamado "Right on time" que nos remite al Deep Purple y hasta por momentos al Whitesnake más denso gracias a los colores vocales de Markus Asland cercanos a los de Dave Coverdale, pero no por ello People deja el tufo a revival sino sólo a inspiración e influencia. Siguiendo la misma línea melódica, el disco nos ofrece la funky "Sweet and true" y el track que bautiza al disco, temas que nos permiten identificar la característica fundamental que tiene la banda: precisión en las figuras creadas y una integración ideal entre sus tres miembros bajo una base de hard rock con inspiración blusera.


"New born" rescata el espíritu que logró imprimir Stew en Hot, algo que termina siendo sublime en "Goddess" con aquel sabor misterioso que sube poco a poco hasta llenar todo el espacio auditivo mientras nos deleitamos con un mágico solo de guitarra digno del género. Sin embargo, People contiene elementos más densos que quedan claramente plasmados en la intensidad "Fruits" y en la poderosa "Play the fool" con su cascada de notas interminable.

Y aunque el álbum debut de Stew podría estancarse en ese sabor a hard rock, la banda sueca se permite dos divertimientos que escapan de la atmósfera general del material. En primera instancia tenemos esa poderosa balada llamada "Afraid of getting nowhere", que además de su tufo blusero, logra ofrecer un aire propio a través de los juegos armónicos  que dota de versatilidad al track. En segundo lugar tenemos a "Morning again", tema acústico que por medio de su ambientación natural ofrece un toque folk que logra ampliar las posibilidades sonoras de la banda hacia nuevos senderos que bien podrían ser explotados en un siguiente disco.


La primera probada al People la tuvimos desde septiembre de 2019 a través de "Endless journey", tema de figura entrecortada que infecta la atención con su poderosa voz y su repaso por diversos estilos del rock setentero que derivan entre el hard rock hasta algunas líneas de southern y la power-balad que logra enriquecer al track hasta separarlo definitivamente del resto del disco. Por si ello fuera poco, "Endless journey" nos ofrece una tenue línea de teclados que refrescan  los tímpanos y un sorprendente solo de bajo que es una verdadera delicia.


Efectivamente, tras la escucha detenida del People sabemos que estamos frente a una de las grandes promesas del rock vintage escandinavo. Aunque la banda no es de aquellas que buscan el estribillo ideal para quedarse atrapado en la memoria de los escuchas, Stew es un grupo que ofrece melodías bien estructuradas que logran en su unidad despertar un gusto por la calidad y los juegos de intensidad y pasión. Los aires del blues eléctrico y el hard rock soplan sobre los surcos del álbum de manera innegable, pero el trío sueco tiene un claro atisbo hacia la construción de un sonido propio que de manera indudable alcanzarán en su siguiente material discográfico. Ahora es momento de disfrutar lo alcanzado para admirar la calidad sonora e interpretativa del futuro sonoro de Suecia.


sábado, 16 de noviembre de 2019

Crypt Trip : cuando el rock sureño se posa sobre el hard rock


Han pasado ya varios meses desde que Crypt Trip publicó su Haze county, el último álbum completo de la banda originaria de San Marcos, Texas que sorprendió a más uno por la recuperación de los viejos sonidos del rock americano y al mismo tiempo romper con lo que la propia agrupación había logrado durante su meteórica carrera. Tras un largo tiempo de escucha y degustación , ha llago el momento de escribir sobre un disco fuera de lo establecido dentro de los cánones del vintage y revival rock.

La historia del trío texano comienza en 2013 tras el encuentro del bajista Sam Bryant, el guitarrista Ryan Lee y el baterista Mario Rodriguez cuando conformaron una banda que desarrollara el hard rock desde aquella venenosa vertiente que mezcla el proto-doom y el heavy psych, logrando así en noviembre de 2014 publicar un demo con ocho temas. Sin embargo, al poco tiempo se integró Cameron Martin como nuevo baterista y su estilo terminó por establecer gracias a la fuerza e intensidad adquiridas que quedaron demostradas en el sorprendente e incendiario EP Mabon songs de abril de 2016.


De manera definitiva, Crypt Trip colocó su nombre entre las bandas más llamativas dentro del género vintage gracias a su debut Rootstock de enero de 2018, disco que presentaba cinco ácidos temas más los tres salvajes animales del EP de 2016. Así fue que cuando se anunció la continuación discográfica del trío texano, todos esperábamos una nueva tormenta de acordes soportados en la fuerza del fuzz, pero las cosas fueron muy distintas...

Al observar la portada del Haze county presentado en marzo de 2019 nos encontramos con la banda montada sobre viejas motocicletas mientras se enmarca un polvoriento camino, lo que nos recordaba a aquellos grupos motorizados que recorrieron las carreteras norteamericanas al estilo de The wild one, pero al bajar la aguja sobre los primeros surcos del vinilo las sorpresas arrancan de manera inesperada. Una balada instrumental hecha a base de guitarras slide bajo un ritmo country nos sacude con su belleza campirana y su sutil tufo a Buffalo Springfield. Esta inicial declaración de intenciones llamada "Forward" terminaría siendo una afrenta directa a los amantes del hard rock lisérgico y el proto-doom endemoniado.


Al dejar fluir cada uno de los temas que conforman el Haze county nos encontramos con un grupo que ha sabido refrescar su estilo al recuperar otros estilos sonoros de la Norteamérica setentera. Sin abandonar ese gusto por aquel primer hard rock, Crypt Trip le ha apostado en esta ocasión para hacer un álbum que recorre la paleta sonora de la antigua radio que en los Estados Unidos se estableció como acompañante de los jóvenes tras el final de la guerra de Vietnam y la administración de Richard Nixon. Desde los sonidos rurales ahogados en folk rock como se escuchan en 16 ounce blues y hasta acústicos como en "Pastures" hasta el rock n' roll lleno de energía e imaginación como queda demostrado en la desbocada "To be whole", el trío texano nos demuestra que ha logrado domar sus impulsos para hacer cosas más tersas sin abandonar su gran capacidad interpretativa.

Efectivamente, Crypt Trip ha dejado a un lado su hard psych que los identificó en un principio con la finalidad de ampliar su panorama sonoro hacia múltiples posibilidades. Aun hay frenéticos momentos instrumentales de gran velocidad e intensidad, pero al mismo tiempo se mezclan  aires tenues de southern rock y baladas campestres como escuchamos en "Free rain". Quizá Haze county encuentra en su propio nombre la definición del nuevo estilo de la banda, pues queda de manera clara esta fusión entre instantes ácidos y pasajes folk, un encuentro entre suaves guitarras slide y pedales fuzz/wah amaestrados. Bajo esta estética escuchamos "Wordshot" con sus claros cambios de ritmo así como el single "Gotta get away" con sus acordes controlados  que terminan fugándose mientras la batería busca cualquier oportunidad para explotar.


Tras esa campestre introducción que es "Forward", Crypt Trip nos muestra de manera formal su estilo sonoro adquirido en Haze county por medio de "Hard times". Tras un pequeño azote de acordes, el tema nos ofrece un riff rebuscado que sirve de soporte para una tenue armonía que roza por instantes a aquellos momentos en que coincidieron el folk con el rock progresivo. Sin embargo, de manera sorpresiva la melodía se transforma en un rock entrecortado que obliga a llevar el tiempo en los pies que poco a poco ofrece el terreno ideal para golpearnos una tormenta de notas que nos remiten a la gran capacidad interpretativa del trío texano mientras un solo de guitarra termina por coronar la obra.  Aunque el grupo ha comentado que la inspiración para este tema se encuentra en algún punto intermedio entre Grateful Dead y The Who, sin lugar a dudas "Hard times" es el track más versátil de todo el álbum gracias a su tendencia a mutar y a su posibilidad de mantener nuestra atención durante sus casi cinco minutos de duración.


Haze county es un giro de 180 grados sin duda alguna dentro del sonido de Crypt Trip. Sin embargo, para el contexto texano donde se han desarrollado sus integrantes, esta transformación sonora es natural más allá del hecho de integrar el pedal-steel como instrumento básico e componer estructuras melódicas inspiradas en el country rock. Aquel rock obscuro y cavernario ha quedado varado en aquel rock sureño que tiene su mirada fija en su entorno campirano. Ahí están aún los instrumentos distorsionados, para ahora se han superpuesto el slide y los acordes ligeros que ofrecen aires más cercanos a The Allman Brothers y The Byrds que a Grand Funk Railroad o a Blue Cheer. Pocos se han animado ha rescatar estos sonidos, pero Crypt Trip no sólo se ha arriesgado a hacerlo, sino que el trio de San Marcos lo ha hecho de manera excelente...


jueves, 14 de noviembre de 2019

El Jefazo : una bestia indomable que nos engulle


La simbiosis se conceptualiza como la asociación íntima de distintos organismos para beneficiarse mutuamente en su relación, especialmente cuando trabajan o realizan algo en común. Bajo esta idea definida, la banda peruana El Jefazo ha regresado con un segundo material discográfico donde de manera clara se logra sumar cada uno de los aportes de sus tres pilares para conformar un colosal trabajo sonoro lleno de furia, precisión y pasión. Tras digerir de manera detenida la nueva y ruidosa afrenta del trío limeño, Earthquaker se permite expulsar entre letras todos los sentimientos que le despiertan esta bomba instrumental sudamericana.

El sur del continente se ha convertido en noticia mundial debido a la convulsión política, económica y social que ha ocurrido en las últimas semanas, arrastrado a las calles a miles de personas entre protestas y enfrentamientos que demuestran su necesidad de expresar su descontento. Bajo este difícil contexto, aquellos que nos dedicamos a escribir y reflexionar sobre la música nos acercamos a las distintas propuestas sonoras con la finalidad de comprender entre las armonías y los acordes todos los sentimientos e ideas que han dado forma a las distintas obras musicales y, quizá de esta manera, comprender sus razones y motivos.


Tras el excelente recibimiento del debut de El Jefazo publicado en junio de 2016, el trío de Lima conformado por Bruno Sánchez en la guitarra, Carlos French en el bajo y Renán Monzón en la batería se dedicaron a rescatar todas sus influencias y tendencias sonoras para construir un segundo material que terminara por establecer la búsqueda acústica de aquella bestia instrumental que colocara a Perú en el mapa mundial del ruido áspero, la psicodelia pesada y el stoner del nuevo siglo. Los resultados finales quedaron condensados en Simbiosis, álbum publicado en agosto de 2019 grabado por Edward Plenge en Dragón Verde Producciones.

Mientras un monstruo multiforme surgido de la imaginación de Andrea Nakasato nos observa de manera penetrante entre elementos de toxicidad y terror cósmico, los siete temas de Simbiosis se filtran de manera reptante para explotar a través de la bocinas para demostrar la rabia contenida ante un mundo que implosiona a razón de sus propias enfermedades. De esta manera, la continuación discográfica del trío limeño navega entre los nebulosos y oceánicos abismos que hacen coincidir al hard psych con el doom mientras algunos elementos violentos del metal y sus derivaciones que oscilan entre el stoner y el thrash logran romper el misterio para convertirse en convulsiones de un cuerpo moribundo que se agita a grandes velocidades como si se tratara de un poderoso bólido V8 a la mitad del desierto.


Cierto, Simbiosis es un disco ambivalente que nos muestra claramente dos rostros: por un lado el de la música pesada y áspera que ronda por los pasillos de la obscuridad y la zozobra en confrontación directa con la velocidad y los arranques de furia que provocan la huida desbocada frente a los horrores de la realidad. Sin perder el poder de los riffs llenos de pasión que se clavan de manera infecciosa en la memoria, El Jefazo construye cada uno de sus temas a través de líneas melódicas que juegan con la intensidad como se escucha en "El hedonista" con su gallardo y arrogante paso, armonía que sin duda logra recrear un equilibrio sonoro con la adictiva "Serpiente" con su atmósfera arenosa que ahoga el panorama sonoro con su sutil figura, la cual de manera mágica se torna en una mística y lisérgica forma cósmica que provoca el abandono de este plano de la existencia.

La densidad alcanzada en su álbum debut (reseña-review), El Jefazo la recupera en "El daño está hecho", track melancólico más allá de su ruidosa y distorsionada línea armónica. Si con lo escuchado pudieramos pensar que los peruanos buscaran el camino fácil del acorde directo y rápido, "Drone Gato" nos regresa al suelo con su tiempo aletargado con cierto tufo a doom, algo que ocurre por algunos instantes en "Uranai Baba!". Sin embargo, si buscáramos algún rasgo distintivo a Simbiosis frente al primer disco de la banda, el elemento obligado a destacar sería la rabia reflejada en la velocidad. Tras sus primeros minutos, "Uranai Baba!" muta en una bestia indomable que corre tras nosotros para engullirnos. Como obvia continuación, "Poltergeist" se muestra como un coloso imponente de sonido penetrante que termina por golpear sin piedad sobre nuestros tímpanos hasta la destrucción de todo lo conocido.


Quizá el track que refleja más este nuevo giro torno a los sonidos alcanzados por El Jefazo hasta el día de hoy es "Pulsión de muerte", una granada de tres minutos y diecinueve segundos que tras la tormenta de asteriodes provocada por Monzón, la gravedad de los tonos graves de French marcan la melodía como si se tratara de la cabalgata desbocada de los jinetes del Apocalipsis mientras los acordes de Sánchez nos remiten hacia la violencia de un mundo que termina por explotar en un millón de pedazos. Solo de guitarra de alto octanaje, un doble bombo infernal y una línea de bajo incontenible que en conjunto logran la simbiosis necesaria para construir a un engendro rabioso que demuestra su furia contenida como si se tratara de una explosión nuclear.


El retorno de El Jefazo coincide con la crisis política de su país y la convulsión social de sus vecinos, circunstancias que han logrado construir un entorno que hace escuchar a su Simbiosis bajo una escucha distinta con la cual fue concebida. Quizá algunos busquen una coincidencia en las constantes búsquedas sonoras hechas por King Gizaard and the Lizard Wizard en su Infest the rats' nest (reseña-review), y quizá otros detecten una predicción adivinatoria de la ira social contenida en la Sudamérica; pero de lo que podemos estar seguros es que el segundo disco de El Jefazo es una coincidencia en la búsqueda sonora de tres personas que ha logrado por simbiosis una colección de temas llenos de intensidad que saben viajar desde las profundidades abismales hasta la desazón cósmica provocada por la cruda realidad de todos los días...


martes, 12 de noviembre de 2019

Crobot : cuando la sangre refresca al fuerte sonido


Cuando en su momento escribimos sobre Crobot, aquella banda de Posttville, Pennsylvania que logró obtener buenos comentarios gracias a su infeccioso Something supernatural (reseña-review), Earthquaker valoraba el ingenio que tuvo el grupo para crear una buena colección de temas llenos de riffs infecciosos mientras nos contaban historias mágicas y misteriosas que jugaban con la imaginación. Sin embargo, el tiempo ha pasado y la agrupación ha sufrido varios cambios en su alineación como en su disquera que han provocado de manera irónica una definición en su estilo.

En agosto de 2019 fue presentado Motherbrain, un conjunto de once temas que demuestran la consistencia poderosa de su desgarrador sonido mientras las líricas han tornado desde aquellos seres místicos hacia diversas historias sobre la difícil vida cotidiana y la lucha diaria por la supervivencia, demostrando de esta manera una madurez que se ve reflejado en el resultado final. Sin embargo, la banda norteamericana no ha abandonado ese sabor a hilaridad e ironía que los ha distinguido mientras los riffs logran aferrarse a las neuronas junto con ciertos estribillos bien logrados.


Del Something supernatural de 2014 al recién publicado Motherbrain, Crobot pasó por el desapercibido Welcome to fat city de 2016, un álbum que sirvió de transición para la banda que al final del día derivó en un cambio de disquera (de Nuclear Blast a Mascot Group Label) así como de de integrantes (la salida de los hermanos Figueroa trajeron con el tiempo al bajista Eddie Collins y al baterista Dan Ryan). Sin embargo, más allá de las mutaciones, Crobot ha guardado su soporte a través de la imaginación melódica de Chris Bishop en las guitarras y la imponente figura del frontman que de manera indudable tiene Brandon Yeagley.

Desde los primeros segundos que escuchamos el Motherbrain, sabemos que las cosas irán por buen camino. La furiosa "Burn" nos sacude los tímpanos a partir de la poderosa voz de Yeagley y ese riff de guitarra que sabe cimbrar los cimientos del suelo, algo que ocurre de manera similar con "Alpha dawg" con aquel juego vocal grave en la estrofa que termina explotando en el estribillo alcanzando rangos muy cercanos a Chris Cornell. Sin embargo, Crobot no sólo se acerca al grunge debido a esta similitud sonora, ya que la banda retoma a dicho género distintivo de los 90's para inyectarles la frescura del nuevo siglo en temas como "Blackout" y "The Hive", o como en "Drown" con aquel tufo a Stone Temple Pilots en sus estrofas.


Motherbrain es un álbum que logra definir el estilo de Crobot al confesar sus influencias con la intención de construir su forma de asimilar sus gustos y afinidades. Para nadie es una sorpresa su cercanía con Clutch, pero al mismo tiempo se puede detectar un pequeño acercamiento a lo que hacen otras bandas reconocidas como lo escuchamos en "Gasoline" y su armonía que recuerda a The Vintage Caravan. Aun con lo anterior, Crobot logra abrir su propio panorama sonoro al ofrecer tracks más arriesgados dentro de lo hecho hasta el día de hoy, lo que queda demostrado en el single "Low life" con aquella estrofa que navega por atmósferas misteriosas que por instantes nos recuerda esa energía mística del Aerosmith clásico.

Como muestra de todo lo que conforma el último disco de la banda de Pennsylvania, escuchamos el primer single llamado "Keep me down". El track arranca con una serie de notas insistentes que suben de volumen hasta explotar en un riff crudo y entrecortado ideal para que la peculiar voz de Brandon Yeagley mientras nos encara con una lírica retadora que pelea contra la conformidad. La batería no cesa de golpear mientras cada uno de sus elementos se distinguen con toda claridad en el espectro estereofónico de la grabación. La impresionante presencia del bajo soporta con sus graves tonalidades la potencia del tema hasta que logra ofrecer a la guitarra la plataforma ideal para crear sus figuras fuera de la linea principal de la melodías y construir finalmente un solo de guitarra cósmico; el cual se ha convertido en la marca personal de Crobot a lo largo de los años.


Si lo que tienes no es suficiente entonces prepárate para rendirte. Aprendí a caer antes de saber correr. ¿Qué es una pelea sin un poco de diversión? El amor es un juego vicioso en el que nunca se gana. Sólo el tiempo te dirá si te rindes, pero lo que quiera tomar nunca podrás saberlo, así que veamos si te puedes entregar. ¿Quieres un poco de sangre? Cava un poco más profundo, empuja un poco más fuerte, patea un poco más y golpea un poco más fuerte... No puedes mantenerme abajo!!

Con un trabajo visual realizado por Mike Danger, Crobot publicó unos meses antes del lanzamiento de su Motherbrain el video promocional de "Keep me down". En dicho material podemos ver a Brandon Yeagley enfundado en su playera de Clutch mientras revisa la tormenta de críticas que le llega a la banda vía Twitter. Con un estilo jocoso, el grupo critica las famosas "shitstorms" que se llevan acabo en las redes sociales mientras observamos sus consecuencias como si se tratara de una afrenta que habría que tomar como si se tratara de una batalla. Sin embargo, el video lo podemos interpretar como una sátira a las opiniones realizadas por los primeros fans de la banda quienes se quedaron clavados en aquella etapa del grupo donde jugaban con seres míticos y fantásticos que no han recibido del todo bien el cambio en la temática de sus líricas.


Más allá de influencias y estilos, Crobot le ha dado la vuelta a lo alcanzado hasta este momento para ofrecer un disco con mayores posibilidades sonoras dentro de lo que se ha convertido en su sonido. Motherbrain  tiene mayor aspereza en sus instrumentos y sus líricas han tornado hacia la crítica y el enfrentamiento a la vida diaria frente a las fantasías y leyendas que formaban parte de su itinerario. El cuarteto norteamericano alude a un proceso de madurez, pero al escuchar detenidamente el álbum se puede detectar más bien una sinceridad frente a lo que les gusta hacer más allá de etiquetas y clichés; logrando así un disco fresco sin perder la fuerza y la energía de una buena banda de hard rock...


jueves, 7 de noviembre de 2019

Jangar : los ásperos sonidos de la isla de Bali


La historia de la isla de Bali ha estado relacionada con la colonización holandesa y la conformación de Indonesia como nación. Descrita como paraíso turístico con una gran tradición cultural propia donde destaca la danza, el vestido, la joyería y la música gracias a un estilo particular conocido como gamelán; en este rincón del mundo ubicado entre Asia y Oceanía también a sucumbido frente a los procesos de transculturización que el Occidente ha desarrollado a través del uso incesante de las redes sociales y las tecnologías de la información, provocando que otros géneros musicales sean desarrollados sobre la los estilos tradicionales.

Sin embargo, dentro de estas situaciones de encuentro y desencuentro cultural, existen agrupaciones que han logrado asimilar aquellos géneros musicales ajenos a sus territorios para construir una propuesta sonora desde su propia perspectiva y su propia lengua. Aprovechando los grades flujos de datos que contiene la Internet es como hemos llegado a las aguas de Jangar, una banda de Bali que ha utilizado el hard rock y algunas de sus variantes cercanas al stoner metal y el doom para componer una serie de canciones interesantes que ahora han sido encapsuladas en un álbum titulado Jelang Malam, publicado el 1° de octubre de 2019.


Jangar se conformó en el año de 2015 a través de Gusten Keniten en las vocales, Dewa Adi en la guitarra, Rai Biomantara en el bajo y Pasek Darmawaysya en la batería, quienes en el año 2016 publicaron un EP homónimo que les sirvió como una declaración de intenciones a partir de cuatro tracks rabiosos que demuestran el gusto de la banda por hacer temas con acordes fuertes y juegos corales que invitan al canto y al headbanging. Sin embargo, el estilo mostrado por el cuarteto fue en dicho momento muy cercano al metal alternativo de finales del siglo pasado, por lo que su propuesta quedaba reducida a una recuperación de aquellos sonidos.

No es sino hasta la publicación de su álbum debut Jelang Malam cuando podemos escuchar en Jangar a una banda con una propuesta sólida sin abandonar sus marcadas influencias en el stoner desértico californiano, el stoner metal del nuevo siglo y otras variantes. Aunque el grupo busca respetar el sonido "occidental" de dichos géneros muy lejos a lo hecho por sus compatriotas de Mooner con su mezcla de proto-doom y hard psych basado en sonidos representativos de Indonesia, Jangar construye un estilo muy concreto sin caer en los regionalismos mientras nos hace recordar  al mismo las aportaciones hechas al género por bandas importantes como Kyuss, The Sword o Monolord; pero sin caer en el cliché de cada uno de ellas.


Jelang Malam es un disco directo con un gran trabajo técnico que permite identificar cada uno de los elementos que lo integran mientras disfrutamos de un sonido desgarrador que invita al movimiento de cabeza y al canto unísono. Para crearnos una idea clara de lo que podemos encontrar en el disco, escuchemos sus singles promocionales: si bien nos podemos encontrar con la furia y la rabia contenida dentro de los acordes violentos de "Negeri nego", el cuarteto de Indonesia puede ofrecer temas más retenidos que no pierden su poder natural como en "Kami Tahu" y su misterio inherente o propuestas más aceleradas que juegan con la intensidad como en "MSG" y sus interesantes figuras de guitarra que saben aprovechar los tiempos entrecortados de su melodía.

Sin embargo, el primer álbum completo de Jangar no se queda tan sólo en definir su estilo propio, ya que también se da la oportunidad de experimentar otros panoramas sonoros como queda claramente demostrado en la figura insistente pero adictiva de "Kesurupan" más allá de sus ocho minutos de duración o en los obscuros ambientes de las dos partes de "Haerath" que bien logran sumergirnos en densos abismos para finalmente construir una forma para rescatarnos y levantar el vuelo. Aun así, Jelang Malam contiene otros tracks que tienen la capacidad de sorpresa dentro de un estilo definido por la banda durante sus años de formación, como en la concreta "Aum Cilengkrang", la hiriente "Proklamator" con sus interesantes cambios de tiempo y en la concluyente "Sangkala" con sus ásperas guitarras.


El primer single de Jelang Malam es su inaugural "Konstan", un track venenoso provocado por su figura insistente que confiesa su gusto por el stoner metal cercano al estilo desértico. Mientras una animación nos muestra a un motociclista levantando el polvo de los arenosos caminos, escuchamos un tema poderoso que habla sobre la constancia necesaria para lograr una verdadera transformación, quizá una que logre llevar a otra dimensión distinta a las conocidas. Áspera voz, guitarra desgarradora, bajo sostenido y batería constante... combinación ideal para atrapar y despertar el interés por el resto del material.


Si aun no nos quedara claro lo que busca Jangar con su propuesta sonora, la banda de Bali publicó hace unas semanas un documental sobre todos los elementos que forman parte de su Jelang Malam: su cuarto de ensayo montado dentro de un taller de reparación para motocicletas, el ambiente cultural de su isla, el poder de sus amplificadores Orange, la importancia de la parte gráfica que forma de su material discográfico, entre otras cosas contenidas en sus 18 minutos de duración.  Por lo pronto, que sirvan esta líneas para invitar al lector a introducirse a la propuesta sonora de una banda de stoner metal hecho bajo la óptica de Indonesia, quizá un acercamiento intercultural que nos permite comprender otra visión del mundo a partir de un género sonoro en común... y Jelang Malam contiene los elementos suficientes para iniciar el diálogo.