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martes, 5 de marzo de 2019

Mooner : los sonidos de la lejana isla de Java


Cuando escuchamos Indonesia llega a nuestra mente tan sólo referencias sueltas de un lugar lejano, exótico y desconocido. Siendo un país ubicado entre Oceanía y el sur del continente asiático, las noticias que llegan de ahí son muy escasas para Occidente, de nos ser la belleza de los paisajes tropicales y los grandes explosiones volcánicas que han dado origen a las islas que conforman la zona. Sin embargo, hoy hemos encontrado entre los mares electrónicos a una banda formada en dicho lugar que mezcla a la perfección lo sublime con el estruendo: Mooner.

Las redes sociales y el desarrollo de los medios de comunicación e información han creado las condiciones necesarias para los encuentros entre distintos pueblos y diferentes culturas. El tsunami creado por el fuerte sismo que ha sacudido al planeta en la última década alrededor del hard psych , el vintage rock y el proto-doom llegó a lugares insospechados, pero una vez asimilado el género, muchas bandas lograron imprimir su propio sello y hasta su forma de ver el mundo. Esto fue lo que ocurrió con Mooner, grupo que mezcla lo ácido de la psicodelia con la distorsión del obscuro rock eléctrico de principios de los años setentas mientras insospechadas líricas cantadas en su propio idioma.


Mooner nació en la ciudad de Bandung a mediados de 2016 a través del encuentro entre el bajista Rekti Yoewano y el guitarrista Absar Lebeh, quienes buscaban llevar el fuerte rock inspirado en el nuevo stoner que hacán en sus respectivas bandas para llevarlo a nuevos terrenos de experimentación. Fue así que llegó la vocalista Marshella Safira y el baterista Pratama Kusuma para terminar de conformar un cuarteto poderoso al que se le ha calificado de "super-grupo" gracias a que cada intengrante ha formado parte en algún momento de distintas agrupaciones importantes en Indonesia como Sarasvati, the SIGIT, The Slave y Signum.

En abril de 2017 el grupo presentó su álbum debut por medio de la disquera Bhang Records titulado Tabiat, material de hard rock directo donde se puede saborear algunas melodías propias de la nación asiática. Sin embargo, al escuchar su sencillo "Ingkar" uno puede detectar fácilmente la omnipresente influencia del Black Sabbath, pero si uno tiene la oportunidad de escuchar todo el disco de manera íntegra uno termina recordando a otras bandas donde las voces femeninas dominan el espectro auditivo como Electric Citizen, Psychedelic WitchcraftDevil Electric o Mount Salem.


A finales de enero de 2019, Mooner presentó su segundo álbum también por medio de Bahng Records llamado O.M., aunque en esta ocasión fue editado para su difusión internacional a partir de febrero con Outer Battery Records.  Para esta ocasión, el cuarteto de Bandung  abandonó los clichés del género para permitir una experimentación por medio de sonidos orientales que lograran transportar a sus oyentes a través del profundo oriente; algo que inevitablemente se vincula con las mezclas sonoras hechas en la primera psicodelia.

O.M. comienza con una breve introducción de cítara llamada "Indo", tema que logra arrancarnos de la realidad para llevarnos a sitios místicos de introspección y reflexión. Sin olvidar los ásperos sonidos alcanzados en Tabiat, O.M. respira directamente de la música indonesa entre percusiones y flautas que construyen un ambiente exótico como el narrado por Emilio Salgari en las distintas aventuras de Sandokan por las islas de Malasia, Sumatra y Java.


Para esta ocasión, Mooner ha dejado a un lado el proto-doom de Tabiat que aun se saborea en algunos instantes como en "Aram" o en la fugaz "Bahala" para regalarnos tenues pasajes nacidos del blues como en "Lamun ombak" o en "Renjana". Sin embargo, O.M. es un álbum de hard rock con tintes psicodélicos que insisten en mostrarnos los sonidos de aquella isla indonesa. "Gasang" juega con la magia del pedal wah sobre ritmos pop, pero Mooner se permite subir el volumen como en la hipnótica "Ilat" o en la múltifacética "Umara" con aquel sublime paseo cósmico que hay en su interior.

Lo que si es claro dentro de O.M. es que el álbum está construido a través de las distintas líneas melódicas creada por la voz de Marshella Safira, que a diferencia del disco anterior, sus líricas buscaban acomodarse en las melodías instrumentales hechas por Lebeh y Yoewano. "Menenggala" es un hechizo eléctrico que nos obliga a soñar en bellas mujeres bailando ataviadas en vestidos tradicionales mientras una línea de flauta al estilo de los alemanes Wucan nos vuela las neuronas. Quizá la luminosidad del segundo material de Mooner se opaca con las insistentes figuras de guitarra de "Kama", aunque ese velo exótico de sonidos entrecortados y cantos hipnóticos nos regresan al ambiente general del disco.


El estilo alcanzado por Mooner en su O.M. queda claramente demostrado en su primer single llamado "Kelana", que a partir del eco sonoro de cítaras entona una melodía infecciosa que poco a poco nos arrastra a su mística construida sobre algunos elementos de hard psych y cantos hipnóticos que hablan sobre un ser errante que vaga por el cielo estrellado mientras difunde su mensaje. Sin lograr separarse de su esencia, la banda de Bandung mezcla el frenesí alcanzado con la zozobra de ritmos aletargados herederos de las primeras semillas del doom. Sin embargo, el trabajo visual realizado por Agung Prawobo y dirigido por Badu Wirandoko a través de Seeds Motion nos ofrece un fuerte viaje ácido que nos muestra a la vida y a la muerte como motores del universo.


Poco a poco, las tendencias musicales nos han atrapado la atención hasta dejarnos encadenados a Europa y América. Sin embargo, en el resto de los continentes están construyendo interesantes fusiones sonoras que tienen los elementos suficientes para envenenarnos y provocar el abandono de la realidad. Sin abandonar su propio idioma, Mooner nos demuestra que se puede utilizar el hard psych y el proto-doom para crear bellas e enigmáticas odas universales. ¡Atención planeta Tierra! Ahora nuestros tímpanos están dirigidos hacia Java...



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