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viernes, 30 de noviembre de 2018

IAH : los ocultos sonidos instrumentales de la Argentina


Desde hace algunos años hemos sido testigos del nacimiento de varias bandas que han utilizado a la música instrumental como medio de expresión, así como un mecanismo para producir sendos viajes que alcancen los profundos abismos de la mente o de plano provoquen una explosión cósmica. Sin embargo, existen pocas bandas que logren equilibrar estas dos posibilidades sin traicionar a la atmósfera creada por sí mismas. Hoy tenemos la oportunidad de escuchar a un grupo que con su segundo material discográfico ha confirmado que su estilo logra condensar la contradicción para asegurarnos una experiencia auditiva más allá de cualquier prejuicio: IAH.

Mientras los sonidos se escapan por las bocinas, amplios paisajes se abren frente a nosotros entre suaves oleadas de notas y mágicos acordes; pero a la menor provocación, el horizonte se transforma en una explosión eléctrica. Lejos de cualquier palabra escrita, el trío argentino radicado en Córdoba tiene la capacidad interpretativa para tomarnos de la mano y llevarnos de paseo por el cosmos por medio de sus introspectivas odas y sus furiosos arranques de ruido y energía pura. Y aunque la banda nos había dejado una excelente opinión con su álbum debut, la publicación de su continuación bajo el obvio título de II nos permite comprender de manera más profunda todas sus posibilidades auditivas y su insaciable búsqueda experimental.

Fotografía: @guilhem_s
Bajo encriptados títulos, IAH nos abre su acontecer sonoro para dejarnos varados en el vacío total, abandonados en obscuros parajes con tan sólo algunas pistas de las cuales asirnos para intentar con ellas encontrar un sentido... quizá uno propio, quizá uno predispuesto por la banda. Las posibilidades de interpretación se abren hasta el infinito como un reto para el oyente, pero la propuesta construida por el intérprete no recae en simples improvisaciones. II es un conjunto de panoramas auditivos que se proponen como una serie de acontecimientos bien definidos que buscan despertar la sensibilidad de quien se permite sorprender y hechizar.

El extraño encuentro entre las tersas figuras y los violentos acordes en la guitarra de Mauricio Condon puede resultar desconcertante a la primer escucha, pero luego de varias vueltas al álbum todo cobra sentido si se analiza el álbum desde el punto de vista de la paradoja y la coincidencia entre opuestos. Los suaves juegos en el bajo de Juan Pablo Lucco Borlera permiten a la propuesta sonora de IAH tener un soporte, quizá una plataforma para provocar tanto dulces ensoñaciones o ruidosas detonaciones llenas de furia. Finalmente, la batería de José Landín consigue crear el puente de comunicación entre las cuerdas por medio de percusiones precisas y ritmos ambivalentes que lograr orientar al osado oyente.

Foto: Romi Sundberg
II fue grabado de manera directa en el 440 Estudio bajo la supervisión técnica de Mario Carnerero. A través de sus seis introspectivos temas nos encontramos con un amplia gama de géneros que rompen con cualquier etiqueta, pues bien podemos pasar de un hard psych heredero del space rock hasta el más denso stoner metal y a la mitad del camino escuchar algunos elementos del llamado post-rock, el metal progresivo y el ambient. Más allá de las cadenas impuestas por los nombres y los conceptos, IAH nos arranca los pies del suelo para elevarnos hasta el espacio sideral y acercarnos lo más posible a un horizonte de sucesos para que cada quien tome la decisión de cruzar la última frontera.

El material discográfico nos lleva por pasillos ahogados de misticismo que poco a poco despiertan nuestro interés hasta la obsesión, ya que sus intempestivas transformaciones y melodías mutantes logran atrapar al oyente y dejarlo a la expectativa en todo momento. Los remansos sonoros de "HH" permiten plantar los pies para admirar toda la atmósfera que rodea a IAH, aunque los tonos oníricos de "La niña del rayo" logra hacerla sublime. "Nihil novum" elimina la gravedad para poder observar la hermosura del universo, pero "Pri" logra crear una implosión con sus guitarras desgarradoras que puede sorprende a más de uno. Luego de atravesar la Vía Láctea y acercarse a los confines de galaxias desconocidas, "Sheut" nos regresa a la Tierra al reflejar sobre su suelo la sombra que siempre ha acompañado al hombre desde su nacimiento, una imagen que refleja su figura a través de la luz emitida por los astros celestes.


Cuando el II abre sus puertas, IAH nos enamora con una suave figura de bajo que de manera tenue se toma de la mano con la guitarra para hacernos sentir el fluir del vital líquido en nuestro recuerdo. Su sonido es tan sólo es un recuerdo, un tesoro guardado en la memoria que la música busca arrancar del olvido. Violentos remolinos y tormentosas cascadas se vuelcan sobre las neuronas, pero al final todo regresa a su cause para hacernos entender su hermoso ciclo. Bajo e nombre "El silencio del agua" se refugia la exploración por las aguas abismales de la mente, una reminiscencia que flota por su propio peso, un eco perdido entre las lagunas del ser.

Foto: Nico Merlo

El trío de Córdoba ha logrado creado un onírico álbum que logra condensar en sí mismo las ensoñaciones más sublimes y las pesadillas más ruidosas. Sin embargo, y lejos de lo que se podría esperar, el segundo disco de IAH es un material sencillo de escuchar; aunque requiere el tiempo suficiente para su comprensión y su deleite. Si buscan un punto de comparación dentro de su estilo sonoro, ellos han sido abridores de Earthless y al mismo tiempo comparten disquera con Ancestro por medio de Necio Records; mas su sonido bien podría encontrar coincidencias con Viaje a Ixtlán o con Bordelique, además que también serán editados por la disquera alemana Kozmik Artifactz. El espectro musical de IAH es muy amplio, pero sólo animándose a entrar a sus aguas se lograr entender su estilo y su magia...


viernes, 16 de noviembre de 2018

Greenleaf : bajo el dulce sonido de un río abismal


Poco a poco la vibración sube por las paredes del gran abismo que tenemos frente a nosotros hasta que los pies sienten el temblor. Las turbulentas aguas del río que corre e su interior resuenan hasta que el ruido se hace espectacular, casi monstruoso. Sin embargo en cuanto ponemos atención en el sonido, todo se torna preciso, melódico, dulce. Excavamos en la tierra para conocer a los culpables del estruendo y encontramos el nombre de una banda que al día de hoy es toda una institución: Greenleaf.

Lo que comenzó entre el término de siglo y el inicio del siguiente como un proyecto alterno del guitarrista y el bajista de la banda sueca de stoner metal Dozer, con el tiempo fue tomando forma hasta convertirse en un poderoso grupo que ha servido de referencia cuando se habla de hard rock estridente dentro de Escandinavia. Mucha gente ha pasado por las filas de Greenleaf (entre ellos Oskar Cedermalm de Truckfighters, Karl Daniel Lidén de Demon Cleaner y Fredrik Nordin también de Dozer), pero el soporte durante los 18 años de existencia del grupo está en la potencia de las cuerdas del barbado Tommi Holappa.


Tras varias mutaciones sonoras, Greenleaf encontró su estilo propio hasta el año 2014 gracias a la incorporación del vocalista Arvid Hällagård y el baterista Sebastian Olsson con quienes se grabó el Trails & passes. A partir de ese instante, la banda basó su concepto sonoro a partir de un conjunto de melodías infecciosas construidas sobre poderosas murallas de sonido que terminan por convertirse en una tormenta auditiva de proporciones colosales.

Sin embargo, el gran responsable del sonido de Greenleaf es Karl Daniel Lidén, quien dejó la batería de la banda tras su segundo material discográfico en 2003 para convertirse en realizar la grabación, mezcla y masterización de cada álbum. Para este noviembre de 2018 ha sido presentado el Hear the rivers, un monumental disco editado por Napalm Records que se distingue por potenciar el ruido sin perder la esencia de cada instrumento con la intensión de asestar un golpe directo a partir del volumen y la melodía.


Con tan solo los primeros segundos del álbum a partir de su inaugural "Let it out!", sabemos que Hear the rivers tiene todsos los elementos para volarnos las neuronas gracias a su mezcla de stoner metal con el hard rock clásico y hasta los elementos alternativos del género en su paso por la última década del siglo pasado. La furia y la potencia intempestiva del material nos recuerda por momentos a lo alcanzado por los noruegos de Spidergawd, pero lo que construye Greenleaf son un conjunto de armonías que se levantan poco a poco desde el fondo de algún abismo olvidado como si se tratara de un murmullo hasta que toman forma propia para conformar una hermosa y adictiva melodía; como queda claramente demostrado en "Sweet is the sound".

Si buscáramos una diferencia clara entre este nuevo álbum y el anterior Rise above the meadow de 2016, en esta ocasión se le ha dado prioridad a la armonía estridente sobre la melodía. En varios momentos del Hear the rivers escuchamos la batería golpear como si fuera un río salvaje sobre las piedras de su lecho como en la áspera "A point of a secret" o en la frenética "High fever", sin embargo en este material se rescata algunos elementos del viejo rock setentero que distinguió al Agents of Ahriman de 2007 como lo demuestra "Oh my bones" con su ligero tufo a Deep Purple difuminado entre la ruidosa neblina que la rodea.


A pesar de lo que hemos escrito hasta este momento, Hear the rivers no es un disco que entre desde el primer instante de manera sencilla en los oídos poco entrenados, ya que su estridencia supone un reto como aquel que vive su primera tormenta de arena en el desierto. Sin embargo, este último disco de Greenleaf tiene algunos temas que permiten digerir su estilo sin colocar los pies en el abismo como en "We are the pawns" con su ligero toque stoner y su suave línea melódica o en la sombría "The rivers lullaby" que aprovecha su atmósfera misteriosa para irnos adentrando en su ruidosa lógica, aunque el tema termina acercándose al primer material de All Them Witches. Aun así, Hear the rivers tiene la capacidad de convencer al cualquier incauto que se arriesga a nadar dentro de sus turbias aguas como ocurre con "In the caverns below" con su progresivo avance que logra mostrar el poder de la banda bajo un halo de zozobra que obliga a preguntar qué más sigue hacia adelante...


Hear the rivers se distingue por ser el primer álbum que cuenta con la participación del bajista Hans Fröhlich, quien ya se había integrado al grupo para cumplir con las fechas programas para la promoción del álbum anterior. Gracias a este elemento, Peder Bergstrand realizó una bizarra historia  sobre las audiciones para ser bajista de Greenleaf en el video del primer sencillo del álbum llamado "Good ol' goat". Hans pierde su vuelo de avión, provocando que la banda busque su sustituto, aunque las cosas no resultan como lo esperado. Luchadores enmascarados, músicos principiantes, mujeres metaleras y hasta padres de familia con sus pequeños acuden al fallido llamado, aunque todo se sale de control cuando un satánico postulante se transforma en el guitarrista Tommi Holappa.

Una cavernaria batería golpea repetidamente para marcar el tiempo mientras la guitarra se suma con una figura sencilla pero adictiva. Arvid comienza a cantar para crear el ambiente perfecto para que el bajo amplifique la potencia sonora por medio de su cuerpo espeso y pesado. Sin embargo, "Good ol' goat" funciona como single porque se permite tener momentos estridentes y al mismo tiempo respiros con los que se logra degustar cada instrumento a través de su muralla sonora. El ritmo asemeja a una marcha militar gracias a su insistente golpe, aunque realmente el track termina siendo un extraño llamado a las fuerzas del mal cuando todo parece indicar que no existen más opciones para alcanzar lo que se quiere...


Greenleaf ha creado un álbum potente lleno de misticismo sin perder aquella esencia que ha construido en los últimos años. Ahora la banda sueca tiene el reto de plasmar ese sonido lleno de ecos mágicos y reverberaciones surgidas en un precipicio perdido en la majestuosidad de la naturaleza sobre los escenarios; sin embargo, es precisamente en su capacidad interpretativa en directo donde el cuarteto escandinavo tiene su mayor fortalezas. Mientras comienza tomar carrera la gira promocional, es obligatorio que escuchemos el Hear the rivers con un mayor detenimiento y atención, pues dentro de sus abismos de sonido se resguardan muchos y misteriosos secretos que pocas bandas han podido lograr dentro del panorama actual...


lunes, 12 de noviembre de 2018

Beastmaker : entre pesadillas, demonios y mariposas malditas


Por fin miré por la ventana y vi dos alas 
que se debatían contra los cristales.
Pensé primero que se trataba de un murciélago 
que había quedado presa en mi habitación;
pero la luna acababa de aparecer 
y vi dibujarse contra su disco luminoso
las alas de una magnífica mariposa nocturna...
(L'oeil invisible ou L'auberge des trois-pendus
 Erckmann-Chatrian, 1857)

Misteriosos seres ocultos bajo las tinieblas de las noches acechan el sueño de los hombres, monstruos y demonios salen de sus guaridas en busca de alimento y sacrificio. Mientras el viento sopla frío y ligero, las pesadillas toman control de los sueños sin importar rezos, conjuros, ni amuletos mágicos. Las larvas han dejado sus capullos para levantar el vuelo nocturno entre las olvidadas criptas ahora que se han transformado en mariposas malditas que anuncian dolor y muerte...

Luego de establecer un estilo propio a partir de dos álbumes concisos y desgarradores, la banda californiana de Beastmaker se dedicó a trabajar con diversos temas sueltos para experimentar nuevos senderos sonoros que le permitieran abrir sus posibilidades compositivas. Sin perder aquel sabor mórbido que los ha distinguido desde su origen, el trío de Fresno lanzó durante el mes de junio de 2018 ocho EP's conformados por cuatro temas cada uno, pequeñas dosis de doom rastrero que golpea los tímpanos mientras nos narran sombrías historias de espectros nocturnos, almas atormentadas y blasfemos demonios que anuncian los horrores que nos esperan al cruzar el umbral de la muerte.


Con la finalidad de promocionar aquel material recetado en enfermas cápsulas diminutas, Beastmaker ha decidido compilar cada dos EP's en un solo disco. Los dos primeros de ellos fueron publicados el pasado 1° de octubre bajo el nombre de Windows of evil con la posibilidad de disfrutar sus mórbidas portadas originales en cada uno de sus lados, trabajos visuales que en esta ocasión fueron realizados por Brouemaster Visual Decay y que se caracterizan por mantener aquella imagen terrorífica demonios y satánicos rituales realizados por misteriosos seres a través de ilustraciones llenas de contrastantes colores.

Las guitarras de Trevor Church se ha recrudecido en un afán de desgarrar las almas perdidas en sus hipnóticas melodías llenas de doom primitivos y proto-metal apocalíptico. Como si se tratara de una sombra, el bajo de John Tucker mantiene las líneas melódicas con la finalidad de construir una sólida base a cada uno de los temas. Finalmente, los golpes de percusión realizados por Andy Saldate logran reflejar la desesperación de los espíritus que buscan abandonar sus frías moradas con la intención de cobrar venganza contra los vivos. Sin embargo, las nuevas porciones sonoras ofrecidas por Beastmaker intentan recorrer nuevos senderos mientras escuchamos extractos de antiguas películas de serie B que resultan fundamentales para la inspiración de cada track.


Windows of evil sirve como prueba de las insistentes figuras que Beastmaker busca construir más allá de la densidad propia del doom como género. La incisiva melodía de "Colors of the dark" provoca inevitablemente que sigamos su ritmo con el pie mientras levantamos la mano cornuta y bebamos del cáliz con la sangre dedicada al maligno. Quizá el riff de "Spread your wings" nos regrese a las básicas melodías aletargadas de esta categoría musical, pero cuando escuchamos "Spike lined coffin"  o "Mortal souls" sabemos que el trío californiano está en búsqueda de nuevas posibilidades que le permitan abandonar los pantanos de la monotonía y el confort alcanzado.

Beastmaker condensa ahora su estilo en temas concretos que no van más allá de los tres minutos y medio cada uno. Al tener este tipo de dardos venenosos, la banda se permite explotar cada idea musical de manera concisa sin rodeos ni densos viajes auditivos que podrían alejar a más de uno en la era de la inmediatez. La brutalidad de los acordes de "Carnaval" son herederos del más concreto Black Sabbath que previamente habíamos escuchado en su debut Lusus naturae (reseña-review), aunque el riff de "Demon witch child" es el que entra directo como cuchillo penetrando la piel, mismo que inmediatamente muta su melodía para ofrecernos una colección de arpegios hipnóticos que nos transportar a místicos ambientes insospechados.


Si bien habíamos escuchado previamente la tentación de la banda por el uso de teclados y efectos sonoros como los temas "Night bird" y "Heaven to hell" del álbum Inside the skull (reseña-review), Beastmaker se permite jugar con ellos para construir pesadas atmósferas que irremediablemente nos remiten hacia aquellas películas de bajo presupuesto filmadas en los años setentas donde veíamos sórdidas historias de muertos vivientes, rituales satánicos y sedientos monstruosos en búsqueda de sangre inocente.

La eléctrica figura de Sirens kiss nos sumerge en los obscuros recuerdos de las viejas salas de cine, pero la misteriosa melodía de "Black buttlerfly" es la que se lleva los aplausos. Tras el tétrico teclado, el bajo nos toma de la mano para llevarnos de paseo por criptas enmohecidas hasta que la guitarra nos desgarra el alma con su furia e intensidad. Siendo quizá el mejor tema del Windows of evil, "Black buttlerfly" es una clara muestra de lo que es capaz Beastmaker al regresar a los cánones clásicos por medio de tres concretas figuras musicales fundamentales: estrofa, coro y puente. Mientras escuchamos una enfermiza lírica sobre la mutación de un insecto en una hermosa crisálida llena de maldad, el track combina líneas hipnóticas con arranques rabiosos de acordes que logran romper la tranquilidad de cualquier ser perdido a la mitad de una obscura noche.


"En una crisálida ella está esperando su transformación. Vacío de luz en la obscuridad donde ella ha nacido. Camuflageada, su hambre deberá ser alimentada. Ha dejado atrás la pupa para extender sus alas. Ella vuela hacia mí para quitarme el dolor y ahora se lleva mi tristeza hacia la tumba. Una lujuria de sufrimiento en búsqueda de miseria. Su tormento sólo significa que tú eres libre. Esta es la pesadilla en la cual ella está viviendo. Ella toma tu pena, tú estás perdonado..."


Los lúgubres parajes de Beastmaker han sido revelados nuevamente, ahora es momento de recorrerlos hasta descubrir en ellos todos los maléficos seres que se esconden en ellos. Mientras el sonido estridente rompe la quietud de una noche fría, escuchamos los lamentos de aquellos que claman venganza y ruegan por el final de su eterno sufrimiento. Las fosas están abiertas y no queda más remedio que recibir los cuerpos moribundos de quienes han sido olvidados. Los seres nocturnos sobrevuelan la espantosa escena hasta que el violento ruido quiebra la imagen y confiesa sus obscuras intenciones...


miércoles, 7 de noviembre de 2018

1968 : un ruidoso embrujo inglés


Quizá existan muchas fechas importantes dentro de la historia, pero es muy probable que son acasos los años trascendentales y mucho más dentro de los tiempos modernos. Ha la luz de cincuenta años transcurridos, 1968 se distingue por ser ese periodo de tiempo caracterizado por la lucha juvenil, aquella que comenzó con el intento algunos bohemios por retar a la autoridad y denunciar la tecnocracia pero que terminó bajo los horrores de la guerra de Vietnam, la represión militar y la terrible resaca tras la experimentación psicotrópica. Aunque se develaron nuevas formas de comunidad, nuevas costumbres sexuales y nuevas formas estéticas, la obscuridad se posó sobre el verano del amor para mostrar la cara maldita del vicio, la confusión y el control férreo. 

Ante la depresiva imagen de la realidad tras la desilusión del sueño lisérgico, 1968 sirvió como plataforma ideal para conformación de nuevos sonidos que poco a poco acapararon el gusto de los melancólicos y horrorizados jóvenes. El hard blues electrificado por Hendrix y Cream se encaminó hacia terrenos aún más espesos y sombríos, pero una vez que grupos como Black Sabbath y Pentagram aparecieron en la escena, todo se hizo abismal. Con este punto de referencial conceptual y auditivo, en 2013 se conformó una escandalosa banda bajo el amparo del mítico condado de Cheshire, Inglaterra con el nombre de 1968.


El casual encuentro entre el guitarrista Sam Orr y el vocalista Jimi Coppack se convirtió con el tiempo en una banda musical que tendría su soporte en los riffs ruidosos del hard rock más denso, haciendo coincidir en un mismo espacio la fuerza del grunge noventero con el desértico stoner californiano. El grupo presentó su EP debut en enero de 2016 con fuerte tufo a Soundgarden; pero cuando llegó Fortuna Havana un año después, pudimos escuchar un rabioso disco que añadía algunos vaporosos y narcóticos ambientes.

Los cambios de alineación ocurridos tras el lanzamiento de Fortuna Havana provocaron una transformación en el sonido de 1968, mismos que fueron registrados en diferentes estudios durante 2017 y 2018 hasta que conformaron Ballads of the Godless, primer álbum de larga duración de la banda que sería mezclado por Chris Fielding y Simon Jones, además de masterizado por Vagrant Recordings. La inclusión del bajista Tom Richards y el baterista Dan Amati permitiría a 1968 tomar un rumbo definido en su estilo y crear un disco de gran manufactura por medio de ocho temas concretos bajo una misma atmósfera auditiva.


La banda inglesa había ofrecido por medio de las redes sociales su "Temple of the acid wolf" como primera prueba del Ballads of the Godless, un misterioso track que definitivamente bebe de las pantanosas aguas de Alice in Chains; más allá de sus estridentes guitarras que desgarran los tímpanos sin piedad alguna. Sin embargo, al observar la imponente portada del álbum cuando fue publicado en junio de 2018, cualquier incauto podría esperar encontrar en su interior una colección de temas clavados en el hard psych que ha inundado la escena durante los últimos diez años; pero desde sus primeros acordes el Ballads of the Godless rompe con cualquier prejuicio para ofrecernos un material lleno de rock crudo con la convicción de mostrarnos los horrores ocultos por el peace and love de la filosofía hippie.

El primer álbum completo de los ingleses es multifacético:"Screaming sun" comienza con una figura onírica, pero a los pocos segundos se convierte en una tormenta de arena muy cercana al stoner metal a pesar de sus dulces coros que acompañan cada verso y "Chemtrail blues" es una cósmica melodía que tributa las lisérgicas armonías del hard blues eléctrico pero que al mismo tiempo busca terreno seguro en el stoner más ácido posible, mientras que la cerradora "Mother of God" es un jam instrumental clavado en el stoner más fundamental de inspiración astral. La etérea "McQueen" arranca con un ritmo funky muy digerible hasta que a la menor provocación se transforma en un arranque de rabia, pero su sonido contradictorio recuerda el ambivalente estilo de Stone Temple Pilots ya que los colores vocales de Jimi Coppack nos juegan un engaño al acercarse a los que tuvo alguna vez Scott Weiland; pero al enfrentarnos con "The Haunt", definitivamente encontramos una confesión hecha por 1968 sobre su herencia grunge.


Pero si lo que deseamos es tener en los tímpanos un tema que encapsule el estilo alcanzado por 1968 en su Ballads of the Godless, éste bien podría ser la inaugural "Devilswine". Un eco regresivo de ruido se escapa por la bocinas e inmediatamente un poderoso riff nos degolla de un solo tajo. Mientras sentimos la vibración del fuzz sobre el pecho, la imponente magia del tema nos envuelve hasta absorber las pocas neuronas que resistieron el primer embate. La batería se debate entre un ritmo aletargado y la furia de la figura creada por la guitarra y el bajo, pero al transcurrir los segundos cada instrumento encuentra su espacio hasta crear al unísono un infranqueable muro ruido mientras escuchamos el lamento de quien busca de manera desesperada la forma de salir de un hechizo, del influjo vertido por jeringa a las saturadas venas.


Hace mucho tiempo que las diversas bandas que han jugado con el stoner dentro de todas y cada unas de sus vertientes se habían olvidado de acercarlo con el grunge. 1968 no sólo lo ha hecho en Ballads of the Godless, sino que la banda británica da un paso más allá hasta crear un álbum alucinante que vibra en cada uno de sus acordes. El nombre del grupo quizá sólo sea un pretexto para llamar nuestra atención, misma que ya había sido atrapada previamente con la portada de este álbum, pero cuando sus tracks van explotando uno a uno por los altavoces sabemos que estamos ante una de esas bandas que tienen todo para ser una de las mayores revelaciones de los últimos años... estemos atentos al crecimiento de 1968!!

Página de bandcamp de 1968: https://1968band.bandcamp.com/album/ballads-of-the-godless



lunes, 5 de noviembre de 2018

The Hazytones : atravesando el umbral de la muerte


Tuvieron que pasar dos años desde aquel lisérgico y estridente álbum debut de The Hazytones, aquella banda que tomó como estandarte el poder del fuzz para crear una colección de himnos obscuros alrededor de ritos satánicos al borde del abismo. Hace unas semanas fue publicado Monarchs of oblivion, disco donde claramente el grupo canadiense decide atravesar el umbral de la muerte para divagar por los tétricos y olvidados terrenos del purgatorio.

Los cambios en The Hazytones han sido profundos. El guitarrista y vocalista Mick Martel ha intentando mantener en rumbo a su banda desde su conformación en 2015, pero en el camino han decidido renunciar el resto de los integrantes del trío originario de Montreal. Ahora tenemos como compañeros de fórmula al bajista Adam Gilbert y al baterista Victor Tremblay, elementos que han creado el soporte necesario para que el concepto sonoro de Martel de un paso hacia adelante sin el temor de perder su esencia ni tampoco quedarse estancado en lo logrado hasta el momento.


Si en el álbum debut del grupo tuvimos la oportunidad de escuchar densas historias que hablaban sobre personajes tentando a la maldad, los poderes ocultos y la muerte (reseña-review), hoy The Hazytones decide arrojarse al abismo para relatar lo que hay más allá del final de la vida. El resultado se encuentra completamente definido en Monarchs of oblivion por medio de sus odas crudas muy cercanas al primer doom y sus líricas llenas de referencias a seres espectrales en plena lamentación, almas perdidas en la incertidumbre del purgatorio y espíritus resignados a recibir su justo castigo en los fuegos eternos del infierno. 

Aquellos aquelarres basados en psicotrópicos viajes y ácidos bailes frente a una fogata ritual a la mitad de la noche han quedado atrás, tras el sacrificio dedicado al maligno, las almas inocentes vagan por terribles lugares de condena, perdición y obscuridad. Para recrear esta sombría atmósfera, el espectro sonoro hecho por The Hazytones en esta ocasión se ha tornado mucho más sombrío hasta confeccionar panoramas abismales y mórbidas escenas atascadas de dolor y penitencia.


La densidad sonoro que casi roza la zozobra en Monarchs of oblivion contrasta con la ligereza hipnótica del primer disco de The Hazytones, pero la belleza de este nuevo material se encuentra precisamente en dicho cambio conceptual. Sin dejar a un lado su pasión por la grabación análoga, la banda de Montreal nos ofrece un disco desgarrador que nos remite a los primeros momentos de conformación de metal como género, provocando que por momentos escuchemos obscuras melodías aletargas como "The beast" o temas furiosos de guitarras incisivas que atraviesan al igual que filosos cuchillos que podemos detectar en "The hand that feeds". Los canadienses no han olvidado su gusto por el blues más pantanoso y "The great illusion" lo demuestra, aunque su riff decisivo termina ahogándose en las referentes aguas de Black Sabbath.

Lo que eran dos temas independientes, una vez que se les dotó de lírica se convirtieron en dos caras de la misma moneda. Con el título que le da nombre al álbum, las hermanas siamesas "Monarchs of oblivion" nos permiten escuchar una consternada marcha de almas perdidas en el purgatorio que se encuentran en espera del perdón de sus pecados. La muerte ha abandonado en este lugar a dichos espíritus con su castigo pendiente, así que entre la gloria y la maldición, escuchamos los lamentos de quienes esperan el juicio final.


Aunque "Spit you out" podría servir de manera ideal como el track favorito del Monarchs of oblivion por su riff venenoso clavado en los sonidos obscuros del rock vintage sueco o la mística neblina sonora que han creado a su alrededor bandas como Uncle Acid & the deadbeats o Beastmaker, realmente es "Hell" el tema preciso que sirve para enganchar al primer incauto que ose pisar los terrenos del nuevo álbum. Su melodía es fuerte gracias a la fuerza vocal de Martel, pero sus afiladas guitarras son las que terminan por convencer a los amantes del  clásico heavy metal. Cambios de tiempo y juegos irónicos entre estridencia y reserva nos van sumergiendo poco a poco hasta lo más profundo del infierno, aquel lugar de castigo y tormento eterno donde erige su morada el maldito. Cuando escuchamos el solo de guitarra, el sonido se divide de manera mágica en su estereofonía mientras el bajo repta por el subsuelo y la batería mantiene los tiempos... el mejor momento sonoro del álbum sin lugar a dudas!!


Claramente Monarchs of oblivion es una metamorfosis, una transformación natural dentro de la evolución de The Hazytones. Los nuevos compañeros de fórmula que acompañan en este momento a Mick Martel quizá hayan formado parte de la mutación, pero sin lugar a dudas, el guitarrista fue quien decidió arrojarse al abismo para encontrar nuevas posibilidades estilísticas que enriquecieran a lo alcanzado por su grupo con se debut. Este segundo material es sólido y bastante desgarrador, por lo que se escucha no es sencilla y requerirá más de una vuelta para ir digiriendo su contenido. Tras la publicación del disco a través de la disquera californiana Ripple Music, los canadienses se han dedicado a presentarse por Europa; espacio ideal para afinar los temas en directo mientras esperamos que un día se acerquen a la América Latina...