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miércoles, 7 de noviembre de 2018

1968 : un ruidoso embrujo inglés


Quizá existan muchas fechas importantes dentro de la historia, pero es muy probable que son acasos los años trascendentales y mucho más dentro de los tiempos modernos. Ha la luz de cincuenta años transcurridos, 1968 se distingue por ser ese periodo de tiempo caracterizado por la lucha juvenil, aquella que comenzó con el intento algunos bohemios por retar a la autoridad y denunciar la tecnocracia pero que terminó bajo los horrores de la guerra de Vietnam, la represión militar y la terrible resaca tras la experimentación psicotrópica. Aunque se develaron nuevas formas de comunidad, nuevas costumbres sexuales y nuevas formas estéticas, la obscuridad se posó sobre el verano del amor para mostrar la cara maldita del vicio, la confusión y el control férreo. 

Ante la depresiva imagen de la realidad tras la desilusión del sueño lisérgico, 1968 sirvió como plataforma ideal para conformación de nuevos sonidos que poco a poco acapararon el gusto de los melancólicos y horrorizados jóvenes. El hard blues electrificado por Hendrix y Cream se encaminó hacia terrenos aún más espesos y sombríos, pero una vez que grupos como Black Sabbath y Pentagram aparecieron en la escena, todo se hizo abismal. Con este punto de referencial conceptual y auditivo, en 2013 se conformó una escandalosa banda bajo el amparo del mítico condado de Cheshire, Inglaterra con el nombre de 1968.


El casual encuentro entre el guitarrista Sam Orr y el vocalista Jimi Coppack se convirtió con el tiempo en una banda musical que tendría su soporte en los riffs ruidosos del hard rock más denso, haciendo coincidir en un mismo espacio la fuerza del grunge noventero con el desértico stoner californiano. El grupo presentó su EP debut en enero de 2016 con fuerte tufo a Soundgarden; pero cuando llegó Fortuna Havana un año después, pudimos escuchar un rabioso disco que añadía algunos vaporosos y narcóticos ambientes.

Los cambios de alineación ocurridos tras el lanzamiento de Fortuna Havana provocaron una transformación en el sonido de 1968, mismos que fueron registrados en diferentes estudios durante 2017 y 2018 hasta que conformaron Ballads of the Godless, primer álbum de larga duración de la banda que sería mezclado por Chris Fielding y Simon Jones, además de masterizado por Vagrant Recordings. La inclusión del bajista Tom Richards y el baterista Dan Amati permitiría a 1968 tomar un rumbo definido en su estilo y crear un disco de gran manufactura por medio de ocho temas concretos bajo una misma atmósfera auditiva.


La banda inglesa había ofrecido por medio de las redes sociales su "Temple of the acid wolf" como primera prueba del Ballads of the Godless, un misterioso track que definitivamente bebe de las pantanosas aguas de Alice in Chains; más allá de sus estridentes guitarras que desgarran los tímpanos sin piedad alguna. Sin embargo, al observar la imponente portada del álbum cuando fue publicado en junio de 2018, cualquier incauto podría esperar encontrar en su interior una colección de temas clavados en el hard psych que ha inundado la escena durante los últimos diez años; pero desde sus primeros acordes el Ballads of the Godless rompe con cualquier prejuicio para ofrecernos un material lleno de rock crudo con la convicción de mostrarnos los horrores ocultos por el peace and love de la filosofía hippie.

El primer álbum completo de los ingleses es multifacético:"Screaming sun" comienza con una figura onírica, pero a los pocos segundos se convierte en una tormenta de arena muy cercana al stoner metal a pesar de sus dulces coros que acompañan cada verso y "Chemtrail blues" es una cósmica melodía que tributa las lisérgicas armonías del hard blues eléctrico pero que al mismo tiempo busca terreno seguro en el stoner más ácido posible, mientras que la cerradora "Mother of God" es un jam instrumental clavado en el stoner más fundamental de inspiración astral. La etérea "McQueen" arranca con un ritmo funky muy digerible hasta que a la menor provocación se transforma en un arranque de rabia, pero su sonido contradictorio recuerda el ambivalente estilo de Stone Temple Pilots ya que los colores vocales de Jimi Coppack nos juegan un engaño al acercarse a los que tuvo alguna vez Scott Weiland; pero al enfrentarnos con "The Haunt", definitivamente encontramos una confesión hecha por 1968 sobre su herencia grunge.


Pero si lo que deseamos es tener en los tímpanos un tema que encapsule el estilo alcanzado por 1968 en su Ballads of the Godless, éste bien podría ser la inaugural "Devilswine". Un eco regresivo de ruido se escapa por la bocinas e inmediatamente un poderoso riff nos degolla de un solo tajo. Mientras sentimos la vibración del fuzz sobre el pecho, la imponente magia del tema nos envuelve hasta absorber las pocas neuronas que resistieron el primer embate. La batería se debate entre un ritmo aletargado y la furia de la figura creada por la guitarra y el bajo, pero al transcurrir los segundos cada instrumento encuentra su espacio hasta crear al unísono un infranqueable muro ruido mientras escuchamos el lamento de quien busca de manera desesperada la forma de salir de un hechizo, del influjo vertido por jeringa a las saturadas venas.


Hace mucho tiempo que las diversas bandas que han jugado con el stoner dentro de todas y cada unas de sus vertientes se habían olvidado de acercarlo con el grunge. 1968 no sólo lo ha hecho en Ballads of the Godless, sino que la banda británica da un paso más allá hasta crear un álbum alucinante que vibra en cada uno de sus acordes. El nombre del grupo quizá sólo sea un pretexto para llamar nuestra atención, misma que ya había sido atrapada previamente con la portada de este álbum, pero cuando sus tracks van explotando uno a uno por los altavoces sabemos que estamos ante una de esas bandas que tienen todo para ser una de las mayores revelaciones de los últimos años... estemos atentos al crecimiento de 1968!!

Página de bandcamp de 1968: https://1968band.bandcamp.com/album/ballads-of-the-godless



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