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viernes, 18 de octubre de 2019

Kadavar : el murmullo de los demonios de la mente


Cuando una banda cuenta con cuatro discos de estudio y dos álbumes en vivo, sabemos que estamos frente una institución sonora que ha logrado establecer su estilo hasta convertirlo en un referente obligatoria de una época. Sin lugar a dudas Kadavar ha logrado ésto con casi una década de carrera, pero es necesario saber que no todo ha sido terso durante su camino ni tampoco una monótona travesía sin propuestas, mutaciones ni experimentos. Sin embargo, es ahora momento de recapitular para comprender qué es lo que puede ofrecer una banda tan establecida como este power trío arraigado en Berlín.

En el transcurrir del tiempo, Kadavar se ha distinguido por una esencia vintage que buscaba crear temas adictivos a través de la fuerza de la distorsión y venenosos riffs. Tras establecer este principio sonoro por medio de dos discos ejemplares, la banda sufre un cambio en su alineación que le permitió romper sus propias cadenas para buscar nuevos horizontes. Desde entonces, sus siguientes dos materiales tomaron los senderos de la búsqueda hasta alcanzar la saturación auditiva como su principal característica. Berlín (reseña-review) y Rough times (reseña-review)terminaron por ser dos materiales ruidosos que llevaron a la banda a establecer al áspero barullo como un estandarte propio que cubriera sus composiciones como un velo perenne, quizá obligatorio. Pero las cosas tomarían otro curso en su último álbum...


Luego del anuncio en donde se notificaba la firma de la banda con la disquera Nuclear Blast, Lupus Lindemann, Tiger Bartelt y Dragon Bouteloup se encerraron en Neukölln (su sala de grabación)  para aprovechar un momento creativo dentro del grupo y registrar así lo que sería su quinto disco, el cual sería presentado de manera íntegra hasta el 11 de octubre de 2019 bajo el sugerente título de For the dead travel fast. Tras la publicación de dos singles previos, el álbum compuesto por ocho temas que obligan al oyente a desarrollar una apreciación detenida si se desea encontrar la novedad dentro del estilo patentado por el grupo.

Tras una introducción sombría que eriza la piel entre el helado viento que se filtra por las bocinas, las voces internas de la mente comienzan a gritar al ritmo de los eléctricos gemidos de los desgarradores instrumentos de cuerda y los tormentosos golpes de percusión bajo el nombre de "The devil's master", primer sencillo del  For the dead travel fast que se distinguió por su sorprendente video promocional grabado en áridas tierras mientras se observaba una misteriosa historia sobre tortura, muerte y religión.


Como si se tratara de una búsqueda dentro de las diversas posibilidades sonoras de la banda, Kadavar retorna al uso de riffs afilados bajo una atmósfera sombría que se permite aprovechar de la vieja dicotomía entre el ruido y el silencio para construir un álbum lleno de intensidad e intención. El power trio de Berlín nos ofrece en su For the dead travel fast temas con melodías someras como en "Dancing with the dead" que permiten la escucha precisa de cada uno de los instrumentos sin la omnipresencia de la distorsión, y al mismo tiempo retorna a sus viejos preceptos compositivos como en "Children of the night" sin abandonar los arreglos de teclados mostrados en su disco anterior o la melancolía del viejo blues eléctrico como se escucha de manera clara en la cerradora "Long forgotten song" con todos y sus obligadas explosiones de intensidad previamente mostradas en "The devil's master".

Si estuviéramos buscando un línea temática para el quinto disco de Kadavar, forzosamente llegaríamos al concepto de la muerte y toda aquella obscuridad que se esconde dentro de la mente del ser humano. Aun así, el trío barbado se escapa de los ritmos aletargados para ofrecernos dardos envenenados como la acelerada y proto-metal "Evil forces" donde se hace referencia a los miedos internos y las murmullos que nublan el pensamiento entre sorprendentes juegos vocales jamás escuchado en "Lupus", o en "Poison" con su fuerza entrecortada que de manera indudable nos regresa a los primeros tiempos del grupo. Pero si aún estuviéramos esperando un tema fuera completamente del ambiente general del For the dead travel fast, Kadavar nos regala la mórbida "Saturnales" bajo una melodía onírica de guitarra limpia y teclados inertes que logran el quiebre del álbum como si se tratara de un freno de mano.


"Puedo sentir a la tormenta llegar, siento electricidad, algo que pon en fuego a mi mente. Ceder ante un extraño deseo a través de los muros del espacio y el tiempo, una gravitación de la manera más fuerte. Los demonios toman control de mí, me dicen a dónde ir y qué decir. Desearía que me dejaran caer al océano y sumergirme y viajar con demonios en mi mente. No hay futuro..."

Como si se tratara de un registro visual para el Duna Jam, el video promocional realizado para "Demons in my mind" coloca a Kadavar en la playa mientras un poderoso tema ahogado en distorsión y wah lisérgico. Las capas de sonido se superponen una sobre otra mientras las voces etéreas poco a poco se acercan hasta nosotros con la intención de dictarnos a qué lugar dirigirnos y qué acciones llevar acabo. Aquel sonido vintage de antaño sólo muestra su influencia original, pero lo que ahora ofrece la banda berlinesa es un estilo propio dificil de no identificar en el panorama sonoro actual. Una vez al borde del abismo tras un frenético baile, nos dejamos caer sobre él hasta caer desnudos al agua.


For the dead travel fast es sin duda un retorno a las bases sonoras de Kadavar, sin embargo dentro de este ejercicio encontramos que el trío ha logrado conseguir un sonido propio con el pasar de los años. Una vez identificado ello, el quinto álbum de la banda afincada en Berlín respira una misma atmósfera a través del misterio alrededor de la muerte y los demonios internos, logrando de esta manera que el material sea obscuro a pesar de su áspero estilo. Por lo pronto, bajamos de nuevo la aguja sobre el vinilo y terminemos por descifrar la última propuesta de Kadavar mientras dejamos que la amenazadora vibra de los bosques que resguardan el viejo castillo de Bran en Transilvania se pose sobre las melodías como si se tratara de una densa neblina...


miércoles, 16 de octubre de 2019

The Druids : un viaje lisérgico por los océanos del universo


Bajo la imagen de los antiguos sacerdotes celtas, aquellos personajes que a través de la magia y el conocimiento lograron la capacidad de la profecía y la cercanía con las deidades, una banda de Maryland construyó su imagen y sonido hasta crear un álbum lleno de referencias místicas y armonías megalíticas que son necesarias repasar una y otras vez para descifrar su sentido y sus mensajes ocultos.

The Druids nació en White Oak, una pequeña población cercana a Washington, D.C., con la intención de recuperar los diversos sonidos del doom primigenio y el rock progresivo cercana a la tendencia cósmica para hacerlos coincidir en un mismo lugar. Tomando como referencia a Black Sabbath por un lado y a Hawkwind por otro, el grupo fue conformando un estilo propio hasta dejarlo plasmado en un EP autoproducido que fue publicado en mayo de 2016. Sin embargo, no fue hasta febrero de 2019 que la banda logró presentar su álbum debut titulado Totem, un material digno de reconocimiento que requiere ser digerido lentamente para descubrir todos y cada uno de los elementos que lo conforman.


Grabado de manera directa durante tres días de marzo de 2018 en Baltimore y registradas otras capas de sonido y arreglos durante abril del mismo año en distintos estudios de White Oak y Nashville, Totem lograr recuperar la esencia de las viejas sesiones de grabación de los años setentas cuando el hard rock nacía como género y aún saturaba las bocinas gracias a la distorsión de los instrumentos registrados sin mediación. Sin embargo, este disco no sólo rescata ese ruido orgánico que muchos extrañan frente a la limpia tecnológica, sino también construye su propuesta armónica conjugando la experimentación de la psicodelia espacial, el hard blues ácido y los primeros instantes del rock místico que dió origen al doom como género.

Guitarras y voces a través de la imaginación de Eli Watson y Danny Alger, el soporte grave del bajo de Jeremy Dinges y los golpes de una lluvia de asteroides en manos de Gary Isom. Cuatro entes místicos que se han transformado en druidas cósmicos dispuestos a tomarnos de las manos para mostrarnos la ácida magia del viaje lisérgico por el universo. Perdido entre el vasto paisaje interestelar, una puerta se abre para llevarnos a otras dimensiones como si se tratara de una poderosa entidad que en su interior hace coincidir la luz y la obscuridad, la tierra y el cielo, lo humano y lo animal, lo vivo y lo muerto.


Totem inicia de manera directa con un riff asesino que dota de sentido a una lírica encriptada sobre antiguos planetas y ocultismo llamada "Cruising Astral Skies". Tras un sampleo de un viejo programa de TV, una cruda figura llena de maldad y doom clásico atasca las bocinas bajo el nombre de "Atlantean" mientras escuchamos la historia sobre extrañas religiones establecidas en aquel continente escondido bajo el agua. Y como si se tratara de una declaración de intenciones, el tercer track del álbum nos muestra una poderosa y ácida colección instrumental de armonías inspiradas en la clásica banda Hawkwind, demostrando en un largo tema nombrado de manera homónima toda la influencia que dicha agrupación inglesa dejó en The Druids tanto en lo lírico (sobre el uso de la ciencia ficción como tópico principal) como en lo sonoro (el poder del la instrumentación sobre fuertes bases rítmicas que permiten el viaje psicotrópico a través de las estrellas).

Hard psych, doom y space rock conforman los tres soportes sonoros de Totem, los cuales son desarrollados de manera individual como integrada en el resto del álbum. Aunque el álbum debut de los de Maryland recupera temas de su primer EP (la onírica "Turtles" con sus instantes ácidos que abre paso a la fuerza devastadora del acorde desgarrador y la aletargada "Sorcerers" con su muro de ruido que retorna a los orígenes del heavy metal como género), también podemos escuchar nuevos temas bajo la misma propuesta acústica que dota de identidad a la banda. Si bien "High society" logra saturar los altoparlantes con su psicodelia ahogada en fuzz y melodía hipnótica, "Sky submarine" juega con el misterio y los ritmos lentos del blues eléctrico mientras el volumen incrementa poco a poco hasta sumergirnos completamente en su densa atmósfera.


"Mientras navegabams por la casa astral, estábamos eufóricos por encontrar la piedra. Esto fue alarmante y totalmente loco: ahora las fuerzas naturales no están esclavizadas. Estratósfera interna dentro de la mente. Reflexiona sabiamente el sendero que se mueve como el éter, se tuerce y gira. Sólo toma una poción y quémala. Estos sueños simples han regresado. La piedra está aquí para todos. El brebaje de la bruja ha sido probado a tiempo para siempre. No ha sido muy tarde... Atrapada en la niebla, la bruja del brillo de luna "

Bajo una lírica esotérica que recuerda los pasajes cósmicos de la banda insignia del glam T. Rex, The Druids nos ofrecen en "Moonshine witch" el tema más digerible de su Totem. A través de un ritmo infeccioso sin pretensiones pero con tufo vintage, el track nos envuelve a través de la densa neblina creada por la distorsión del fuzz hasta hechizar las neuronas entre embeleso eléctrico y lírica lisérgica. Hard rock directo que no requiere mayor gancho que el uso de una sencilla melodía de ritmo sostenido que permite la explosión de las guitarras en improvisaciones llenas de rock n' roll y buena vibra.


Más allá de las propuestas sonoras apoyadas por las disqueras, existen diversos proyectos creados de manera independiente que se pierden en la inmensidad del océano mediáticos. La suerte nos ha llevado a las ácidas aguas de The Druids, la cual nos ha permitido disfrutar de un material que, aunque no logra innovar dentro los géneros que emplea, sí ofrece una propuesta auditiva sincera todavía en construcción. Totem es una declaración de intenciones que debe ser tomada tan sólo como el arranque dentro de un plan de viaje, por lo que debemos ser pacientes en el desarrollo de su proyecto mientras permitimos que cada uno de sus ocho tracks fluyan a través de las posibilidades que ofrecen el space rock, el proto-doom y el hard psych.


jueves, 10 de octubre de 2019

Knei : el verdadero rock psicodélico de la pampa argentina


Como todos lo sabemos, Argentina ha sido durante décadas una fuente inagotable de donde surgen distintas bandas de rock dentro de todas las variantes posibles. Sin embargo, hay algunos grupos que saben recuperar la esencia del paso de la historia para que cada uno de sus temas exuden el mismo sudor bajo el sagrado manto de "lo vintage" pero sin quedarse varados en un estilo previamente definido. Efectivamente, suena a viejo y aun en ello existe la frescura de la imaginación fértil para crear melodías adictivas y mensajes dedicados a la nueva generación. Una de esas escasas agrupación que cumplen con estas características es Knei.

La coincidencia y la suerte lograron que tres chicos de la pampa argentina se encontraran en la gran capital. Amigos en común y distintos proyectos musicales fueron encaminando a dichos jóvenes hacia construir su propio espacio sonoro que terminó por llamarse Knei. Sus orígenes acústicos están en Las Sombras y en Los Siberianos, pero este power-trio ha logrado conformar su propio espacio dentro del rock a través de su alma nacida entre los pastizales y la estepa pero terminada de curtir entre los muros de hormigón de la cuadrícula perfecta de la ciudad de La Plata.


Los inicios de Knei se remontan al 2006, momento en el cual Nicolás Nippoli (guitarra y voz), Mauro López (bajo) y Roberto Figueroa (batería) comienza a ensayar a la par de otros proyectos musicales; pero no es sino hasta finales de 2011 cuando la banda publica su debut formal titulado La puerta del Sol tras un discreto intento discográfico nombrado de manera homónima. Sin embargo, no fue hasta finales de 2016 que el trío argentino obtiene su reconocimiento gracias al material Juventud de la gran ciudad, un álbum editado de manera local por Aquatalan Records y Exiles Records; además de forma internacional con la peruana Necio Records y la alemana Nasosi Records a través de su edición en vinilo.

Tras lo excelentes comentarios, ahora era el momento de consolidar lo alcanzado para crear un álbum que desarrollara un sonido propio y al mismo tiempo lograra confesar sus influencias a través de un leve tufo a pasado. Por medio de composiciones venenosas y una grabación analógica lograda a través de la magia de Patricio Claypole en viejas cintas magnéticas de carrete abierto, Knei presentó en junio de 2019 su III, un álbum crudo que recupera el clásico rock psicodélico argentino para construir una colección de tracks adictivos llenos de mensajes incendiarios que incita a romper el silencio mientras denuncia la inconformidad de una nueva generación que comienza a buscar los mecanismos para hacerse escuchar.


Desde el momento en que arrancan los primeros acordes de III a través de "Vieja mujer" sabemos que estamos frente a un disco de rock n' roll de la antigua escuela. Aquel innegable sabor a clásico que viaja desde Pappo's Blues hasta Los Natas mientras roza a Invisible y Pescado Rabioso, logra transportarnos a una época de denuncia y sonido lisérgico que incita a la reflexión y la revolución por medio de una lírica poética y hermética que crea un velo enigmático y provocador. El aguijón entra de manera directa y sin freno, pero es necesario incursionar en cada una de las propuestas para desenterrar cada uno de los secretos que resguardan en su interior.

III puede ofrece temas rabiosos como "Mensaje eterno" con su esencia proto-metal o "Caso perdido" con su obvia raíz de blues eléctrico que logra transformarse en un monstruo pesado de varias cabezas como en una dócil bestia de rock n' roll, pero al mismo tiempo puede ofrecernos bellos temas llenos de cuerdas como en "Balada para una amiga" con su melancólico mensaje o en "Nuvem Leopardo" con su estilo colosal de breve duración. Por si fuera poco, el álbum nos ofrece sonidos acústicos que irremediablemente recuerda el hippie-folk  de Sui Generis como en "Jardín", así como temas elaborados con diferentes posibilidades sonoras como en "¿Qué está bien y qué está mal?" que demuestran todas las capacidades interpretativas de la banda argentina.

El primer sencillo promocional que presentó Knei para III fue "Vieja mujer (Besos de otros días)", tema inaugural del álbum que a base de riff incendiarios atrapa la atención del escucha hasta que la melodía logra enganchar con sus neuronas. Como si se tratara de una bruja que lanza un hechizo para crear un embeleso, el tema enamora de manera sencilla sin esfuerzo alguno. Pero el trío argentino no queda contento con ello, ya que logra construir en su puente musical una loca carrera de animales desbocados que demuestran el poder interpretativo de la banda. Mientras observamos el registro visual realizado por Seudo Blanco de la grabación del álbum en los estudios El Attic, las múltiples figuras de la canción nos demuestran quizá un fragmento de todas las posibilidades sonoras de Knei para este material mientras escuchamos una misteriosa lírica sobre una mujer varada en los recuerdos del ayer.


Knei ha creado quizá su mejor material hasta el momento, ya que además de ofrecer un álbum de gran calidad sonora lleno de temas infecciosos, logra de manera irónica refrescar los horizontes del rock argentino actual a través de aquellos sonidos que repasan la historia del género en aquel país del cono sur. Sin embargo, III merece una escucha más detenida más allá del halo mágico que lo recubre en un primer momento, más allá del rock crudo que distingue al power trío y más allá de su excelente trabajo de producción técnica. Sin lugar a dudas, el tercer material de Knei tiene todos los elementos para convertirse en un clásico instantáneo del rock argentino...