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jueves, 14 de noviembre de 2019

El Jefazo : una bestia indomable que nos engulle


La simbiosis se conceptualiza como la asociación íntima de distintos organismos para beneficiarse mutuamente en su relación, especialmente cuando trabajan o realizan algo en común. Bajo esta idea definida, la banda peruana El Jefazo ha regresado con un segundo material discográfico donde de manera clara se logra sumar cada uno de los aportes de sus tres pilares para conformar un colosal trabajo sonoro lleno de furia, precisión y pasión. Tras digerir de manera detenida la nueva y ruidosa afrenta del trío limeño, Earthquaker se permite expulsar entre letras todos los sentimientos que le despiertan esta bomba instrumental sudamericana.

El sur del continente se ha convertido en noticia mundial debido a la convulsión política, económica y social que ha ocurrido en las últimas semanas, arrastrado a las calles a miles de personas entre protestas y enfrentamientos que demuestran su necesidad de expresar su descontento. Bajo este difícil contexto, aquellos que nos dedicamos a escribir y reflexionar sobre la música nos acercamos a las distintas propuestas sonoras con la finalidad de comprender entre las armonías y los acordes todos los sentimientos e ideas que han dado forma a las distintas obras musicales y, quizá de esta manera, comprender sus razones y motivos.


Tras el excelente recibimiento del debut de El Jefazo publicado en junio de 2016, el trío de Lima conformado por Bruno Sánchez en la guitarra, Carlos French en el bajo y Renán Monzón en la batería se dedicaron a rescatar todas sus influencias y tendencias sonoras para construir un segundo material que terminara por establecer la búsqueda acústica de aquella bestia instrumental que colocara a Perú en el mapa mundial del ruido áspero, la psicodelia pesada y el stoner del nuevo siglo. Los resultados finales quedaron condensados en Simbiosis, álbum publicado en agosto de 2019 grabado por Edward Plenge en Dragón Verde Producciones.

Mientras un monstruo multiforme surgido de la imaginación de Andrea Nakasato nos observa de manera penetrante entre elementos de toxicidad y terror cósmico, los siete temas de Simbiosis se filtran de manera reptante para explotar a través de la bocinas para demostrar la rabia contenida ante un mundo que implosiona a razón de sus propias enfermedades. De esta manera, la continuación discográfica del trío limeño navega entre los nebulosos y oceánicos abismos que hacen coincidir al hard psych con el doom mientras algunos elementos violentos del metal y sus derivaciones que oscilan entre el stoner y el thrash logran romper el misterio para convertirse en convulsiones de un cuerpo moribundo que se agita a grandes velocidades como si se tratara de un poderoso bólido V8 a la mitad del desierto.


Cierto, Simbiosis es un disco ambivalente que nos muestra claramente dos rostros: por un lado el de la música pesada y áspera que ronda por los pasillos de la obscuridad y la zozobra en confrontación directa con la velocidad y los arranques de furia que provocan la huida desbocada frente a los horrores de la realidad. Sin perder el poder de los riffs llenos de pasión que se clavan de manera infecciosa en la memoria, El Jefazo construye cada uno de sus temas a través de líneas melódicas que juegan con la intensidad como se escucha en "El hedonista" con su gallardo y arrogante paso, armonía que sin duda logra recrear un equilibrio sonoro con la adictiva "Serpiente" con su atmósfera arenosa que ahoga el panorama sonoro con su sutil figura, la cual de manera mágica se torna en una mística y lisérgica forma cósmica que provoca el abandono de este plano de la existencia.

La densidad alcanzada en su álbum debut (reseña-review), El Jefazo la recupera en "El daño está hecho", track melancólico más allá de su ruidosa y distorsionada línea armónica. Si con lo escuchado pudieramos pensar que los peruanos buscaran el camino fácil del acorde directo y rápido, "Drone Gato" nos regresa al suelo con su tiempo aletargado con cierto tufo a doom, algo que ocurre por algunos instantes en "Uranai Baba!". Sin embargo, si buscáramos algún rasgo distintivo a Simbiosis frente al primer disco de la banda, el elemento obligado a destacar sería la rabia reflejada en la velocidad. Tras sus primeros minutos, "Uranai Baba!" muta en una bestia indomable que corre tras nosotros para engullirnos. Como obvia continuación, "Poltergeist" se muestra como un coloso imponente de sonido penetrante que termina por golpear sin piedad sobre nuestros tímpanos hasta la destrucción de todo lo conocido.


Quizá el track que refleja más este nuevo giro torno a los sonidos alcanzados por El Jefazo hasta el día de hoy es "Pulsión de muerte", una granada de tres minutos y diecinueve segundos que tras la tormenta de asteriodes provocada por Monzón, la gravedad de los tonos graves de French marcan la melodía como si se tratara de la cabalgata desbocada de los jinetes del Apocalipsis mientras los acordes de Sánchez nos remiten hacia la violencia de un mundo que termina por explotar en un millón de pedazos. Solo de guitarra de alto octanaje, un doble bombo infernal y una línea de bajo incontenible que en conjunto logran la simbiosis necesaria para construir a un engendro rabioso que demuestra su furia contenida como si se tratara de una explosión nuclear.


El retorno de El Jefazo coincide con la crisis política de su país y la convulsión social de sus vecinos, circunstancias que han logrado construir un entorno que hace escuchar a su Simbiosis bajo una escucha distinta con la cual fue concebida. Quizá algunos busquen una coincidencia en las constantes búsquedas sonoras hechas por King Gizaard and the Lizard Wizard en su Infest the rats' nest (reseña-review), y quizá otros detecten una predicción adivinatoria de la ira social contenida en la Sudamérica; pero de lo que podemos estar seguros es que el segundo disco de El Jefazo es una coincidencia en la búsqueda sonora de tres personas que ha logrado por simbiosis una colección de temas llenos de intensidad que saben viajar desde las profundidades abismales hasta la desazón cósmica provocada por la cruda realidad de todos los días...


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