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viernes, 21 de junio de 2019

The Devil and The Almighty Blues : una sombría y fría provocación noruega


Los fríos bosques noruegos resguardan la magia de una banda de sonidos enigmáticos mientras  aprovecha la atmósfera que la rodea para crear descomunales melodías que logran desgarrar las neuronas del osado escucha. Si bien con sus dos primeras producciones discográficas The Devil and the Almighty Blues había logrado asegurar un espacio dentro la impresionante escena de hard rock escandinavo, su último álbum tiene los elementos suficientes para considerarlos como una de las bandas más importantes gracias a su estilo definido y a su hipnótico ambiente que atrapar al oyente para ahogarlo en sus densos abismos imposibles de abandonar.

Mientras un ave rapaz sobrevuela un obscurecido y lúgubre firmamento, The Devil and the Almighty Blues nos receta seis temas de dimensiones colosales con la intensión de hacernos perder dentro de sus tinieblas. Las sombras que acechan desde la portada, nos han la advertencia de lo que resguarda en su interior. Bajo el nombre de Tre, escuchamos una serie de sombrías melodías que juegan con la intensidad y el volumen para hechizar a quien se aventura entre sus surcos hasta provocar su pérdida entre ellos sin posible escapatoria. Por medio de la disquera Blues for the Red Sun, desde el último día de marzo de 2019 tenemos la oportunidad de embrujar nuestros tímpanos con el misterio y la zozobra que ha caracterizado al quinteto de Oslo.


Como si se tratara de una pesada neblina que poco a poco se levanta hasta abarcar todo nuestro alrededor, el tercer disco de The Devil and the Almighty Blues construye un áspero muro de sonido que se levanta sigiloso frente a nosotros hasta que es inevitable chocar con él; algo que queda demostrado con los impresionantes doce minutos y medios de la inaugural "Salt the Earth" y su hipnótico riff que se repite como si fuera un insistente loop al cual se agregan instrumentos hasta que nos aplasta sin remedio mientras la letra nos habla sobre lamer las heridas aunque la luz jamás rompa con las sombras que lo cubren todo. De la misma manera, la concluyente "Time ruins everything" conforme un lúgubre ambiente que termina quebrado por los fuertes acordes eléctricos que aprovechan su fuerza para deslumbrar como si fueran relámpagos a la mitad de la noche.

Si bien Arnt Andersen, Petter Suee, Kenneth Simonsen, Kim Skaug y Torgeir Waldermar Engen se han distinguido con el paso de los años por basar su sonido en contradictorio blues enigmático que torna desde la melancolía hacia la explosión como lo ha logrado gente como All Them Witches o The Blackwater Fever; pero los noruegos han aderezado su estilo con algunos elementos del hard rock clásico de los años 70's nacido directamente de la electrificación del blues nacido en el delta del Mississippi. Si bien podemos escuchar los cánticos rituales característicos de las viejas ceremonias dedicadas a lúgubres deidades en "One for sorrow", "Lay down" nos golpea de manera directa como si se tratara de un fuerte viento huracanado mientras nos recostamos en el helado suelo y observamos como los últimos rayos del sol desaparecen entre la obscuridad... Estas son parte de las diversas posibilidades que contiene Tre en su interior.


Quizá para este momento ustedes hayan logrado detectar otro elemento fundamental dentro del tercer álbum del quinteto de Oslo. Cada una de las líricas de los seis temas del Tre contienen referencias directas a la naturaleza y su fuerza sobre el el hombre, ya sea como elemento físico que deja caer su peso o como elemento psicológico que acompaña a una torturada y adolorida alma humana en sus momentos de mayor debilidad emocional. Bien podemos escuchar en "Heart of the mountain" una metáfora sobre el abandono entre melancólicas armonías, ya sean los gélidos ambientes trazados en "Lay down", así como esa mágica referencia sobre el manto estelar y el eterno invierno que cubre los bosques nórdicos que son retratados en "No man's land".

De manera contradictoria, "No man's land" quizá sea el tema más infeccioso del Tre gracias a su riff directo y su ritmo sostenido como si se tratara de una pertinaz y helada lluvia. Ese distorsionado bajo araña el alma mientras la figura de las guitarras nos obligan a seguir con la voz aquel estribillo adictivo, que como plegaria, solicita salvación y destierro. Tras la solicitud, todo se torna obscuridad y misterio como si hubiéramos sido abandonados en algún frío abismo que poco a poco se derrumba ante un impresionante solo eléctrico que sacude los cimientos del suelo.

"Me cubro con un manto de obscuridad, un manto de estrellas.
Me cubro con un manto de luz de luna para cubrir todas mis cicatrices.
Me cubro con un manto de hielo, un manto de nieve.
Me cubro con un manto de invierno que vive donde nada crece.
Me cubro con un manto de colmillos, un manto de cuernos.
Me cubro con un manto de garras y una piel con espinas.
Me cubro con un manto de trueno, un manto de lluvia.
Me cubro con un manto de relámpagos porque las tormentas no sienten dolor.
Mantenme tranquilo, envíame a la tierra despoblada..."


Tre significa para The Devil and the Almighty Blues su consolidación, pues una vez alcanzada la definición de su estilo, la banda ha logrado construir una base para crear una serie de líricas introspectivas donde la naturaleza toma el control de las sensaciones y los sentimientos. El álbum nos toma de la mano de manera sencilla y confiada para dejarnos al filo del precipicio con la intención de provocar el enfrentamiento con nuestros propios demonios, un reto lanzado imposible de evadir, un desafío que nace desde lo sonoro y termina en lo emocional...



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