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jueves, 26 de diciembre de 2019

Blackwater Holylight : los etéreos velos de invierno


Cuando escribimos sobre el álbum debut de la banda norteamericana Blackwater Holylight (reseña-review) vaticinamos que aquella magia onírica desarrollada en sus surcos tendría que seguir su desarrollo hasta construir un estilo propio más allá de la influencia de las ya diversas bandas del hard psych obscuro conformado por mujeres. El tiempo ha pasado desde aquella producción de abril de 2018 y el grupo de Portland se ha reconfigurado en su alineación para que finalmente en octubre de 2019 presenten su Veils of winter, un disco de repaso obligatorio.

Como recordarán, Blackwater Holylight nació en 2016 por la idea original de su vocalista y bajista Alison "Sunny" Farris de conformar una densa banda a partir de mujeres como integrantes de la misma. Ahora para su segunda producción, "Sunny" sigue acompañada por la tecladista Sarah Mackenna y la guitarrista Laura Hopkins, pero se han sumado a su onírica tripulación la baterista Eliese Dorsay y la guitarrista Mikayla Mayhew.


Gracias a la nueva alineación, Blackwater Holylight ha creado un atmosférico disco lleno de ambientes tétricos donde la zozobra se respira a cada rincón. Grabado por Dylan White en los estudios Red Lantern, Veils of winter se distingue de su antecesor debido a sus densas neblinas etéreas de sonido hipnótico que embelesan mientras congelan el alma. Más allá de aquellas tenues cantos de sirena que hechizan al oyente, las mareas acústicas del disco logran construir un ambiente sombrío del que es imposible escapar mientras las encriptadas líricas provocan una mayor desazón a cada melodía escuchada.

El álbum arranca con "Seeping secrets", una obscura melodía de distorsionadas guitarras aletargadas que habla sobre el miedo que recorre la noche mientras extrañas voces que filtran ciertos secretos. Desde el momento que escuchamos esta introducción, sabemos bien que nos enfrentaremos a una sombría obra que jamás despejará los nubarrones que pesan sobre ella, algo queda claramente plasmado en la melancólica "Daylight" y su lamento que anhela la llegada de mejores tiempos.


Veils of winter tiene instantes hechizantes creados a partir de buenas melodías misteriosas que despiertan el morbo como lo hace "Spiders" con su rastrera figura que logra enganchar las neuronas por medio de sus guitarras fuzz. Sin embargo, el segundo álbum de Blackwater Holylight se distingue por su fría somnolencia construida a través de temas oníricos de suaves armonías que fluyen de manera somera como ocurre en "Moonlit" y sus divertimientos sonoros que se mecen hasta lograr el despegue de nuestros pies como si se tratara de un tenue sueño.

La frialdad se puede escuchar en cada una de las notas del segundo disco de Blackwater Holylight, siendo quizá la más tétrica "The protector" con su melodía de paso lento que poco a poco deja absorto al escucha hasta provocar su congelamiento; algo que pasa también en "Lullaby" con su helada brisa que eriza la piel para provocar el arrullo de la mente con la intención de provocar la perdición. Quizá "Death realms" nos retorna a la psicodelia onírica del debut de la banda a partir de sus concretas figuras de guitarra, aunque al final de cuentas todo termina obscurecido bajo aquella neblina impávida que logra bajar la temperatura de todo lo que toca.


"Cortada es la cabeza de tu impotente locura redimida.
Está arruinada, está hirviendo. 
Un desperdicio de piel y huesos.

Después de las heladas montaremos hacia la luz del sol pateando el polvo.
Después de las heladas montaremos hacia la luz del sol vengando al final..."

El track más ácido del Veils of winter es "Motorcycle" gracias a sus afiladas guitarras de su introducción que se convierten en un tema lisérgico y constante que de forma instantánea muerde y no suelta. Acordes secos y desgarradores que semejan un cortejo fúnebre y logran recrear a su alrededor una estética doom, pero al mismo tiempo el tema tiene la capacidad de mutar a una adictiva melodía psicotrópica que ofrece el terreno fértil para un precioso solo de guitarra. Los cúmulos de nieve se posan sobre el suelo obstaculizando el correr de los vehículos sobre los caminos, pero una vez que el hielo se derrita por la luz del sol, las llantas volverán a rodar sobre el asfalto.


Es necesario ser categórico con el juicio del Veils of winter: el disco es tan sombrío y aletargado que no será sencilla su escucha, ya que requiere tener el oído muy fino para detectar sus elementos acústicos más allá de su helada estética y se necesita tener mucha perspicacia para saborear sus etéreas atmósferas. El segundo disco de Blackwater Holylight es onírico sin lugar a dudas, pero se precisa tener pies de plomo para descifrar sus mensajes y lograr el deleite dentro de su denso recorrido. Sin embrago, si eres uno de aquellos arriesgados que gustan de adentrase a los profundos pero tenues laberintos del inconsciente, este disco te será fundamental...


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