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viernes, 20 de diciembre de 2019

Looprider : una ruidosa cajita de sorpresas japonesa


Navegando en las infinitas aguas del ruido y la distorsión, nuestro navío ha llegado a buen puerto nuevamente. Ahora hemos tenido la fortuna de encontrarnos con un monstruo sonoro nacido en la gran isla japonesa que ha logrado construir un impresionante muro de sonido a su alrededor a partir de la recuperación del noise-rock, el shoegaze, el metal alternativo y el stoner metal. A través del antiquísimo símbolo de la serpiente que devora su propia cola, Looprider ha publicado su cuarto álbum de estudio por medio de la disquera independiente Call and Response Records y estas son las palabras que hemos podido escribir tras el poderoso golpe acústico recibido.

Luego de un ecléctico álbum experimental y atomosférico llamado Umi presentado en marzo de 2017 y en el cual se podían detectar influencias tan variadas como King Crimson o Earth, Looprider fundamentó su alineación a través del guitarrista y vocalista Ryotaro, la guitarrista Haruka y el baterista Sean con la intensión de tornar su estilo sonoro hacia aguas mucho más turbias. Una vez logrado el cometido, la banda originaria de Tokio se metió al estudio Chaosk de la mano de Taka Kubo para grabar lo que sería Ouroboros, álbum que se publicaría hasta octubre de 2019 acompañado por una maravillosa portada realizada por Christopher Caterall.


A diferencia de sus discos anteriores, Ouroboros es una granada que explota frente a nosotros sin piedad. Inspirado en los ásperos sonidos de Kyuss, Electric Wizard y la mítica banda nipona Boris, el cuarto álbum de Looprider nos interna en una poderosa tormenta eléctrica saturada de ruido y distorsión de la cual será imposible salir impune. Bajo una hermosa estética acústica basada en una impresionante guitarra de tonos graves y pesados en conjunción perfecta con una guitarra fuzz mientras la batería recrea una lluvia de meteoritos, el trío de Tokio nos ofrece una ruidosa obra de arte que será necesario escuchar con toda la paciencia y agudeza si se desea detectar son elementos fundamentales más allá de sus infinitas capas de sonido.

Looprider nos da la bienvenida con "Sunn", un vómito acústico que inevitablemente recuerda las ruidosas posibilidades de la mítica banda de drone doom que nombra al tema, aunque sus atmósferas melódicas se acercar al rock noise más allá de su estética stoner metal. De igual forma nos encontramos con "Heavenless", una melodía cavernaria revestida en interminables capas de ruido distorsionado que sólo terminan haciendo que el tema se haga aun más impresionante gracias a esas guitarras que se deshacen a través de su propio efecto desgarrador.


Sin embargo, quizá el sello distintivo del Ouroboros está en ese regreso al stoner en su faceta más escandalosa. Para ello  tenemos "Reactor", un infeccioso track de velocidad sostenida y estilo arenoso que ahoga e hipnotiza de manera inmediata e irremediable. Bajo la misma intensidad escuchamos "OK!", otro track rabioso que corre a toda velocidad sobre los polvorientos senderos desérticos; así como "RnR" con su figura soportada en notas constantes y un ruido que se transforma en una tormenta de arena que cubre todo el panorama. De la misma forma nos encontramos con "Dunes" y su riff de ahogado fuzz que se permite mantener la armonía por medio de una cruda línea grave y una batería aferrada que muerde para no soltar jamás.

El cuarto álbum del trío japones logra levantar frente a nosotros un inquebrantable muro de sonido, lo que queda claramente demostrado en el track que bautiza al disco gracias a su instrumental bombardeo que sabe saturar las bocinas y definir el estilo que persigue el grupo en este material discográfico. Aun así, Looprider se permite recuperar sus viejas experimentaciones sonoras como en "Images", el único respiro auditivo del disco construido a partir de oníricos ambientes que nos transportan a lugares fantasmales. Con una sensación de zozobra semejante, "Untitled" comienza ha establecer su sendero hasta lograr una alteración explosiva y definitiva que construye un ruido colosal y rabioso imposible de superar; razón por la cual no se hace extraño que la banda lo haya escogido como conclusión del Ouroboros.


Como primer single promocional del álbum, Looprider ha publicado el video de "NWOBHM", un trabajo visual que nos permite observar a la banda en la plenitud de su capacidad interpretativa mientras su poderoso equipo de sonido conformado por amplificadores Orange y Hiwatt explota en un millón de fragmentos. Con un innegable tufo a stoner, el track avanza como un poderoso V8 sobre el desierto más allá a la vaga referencia en su título al género que transformó al metal al final de los años 70's. No podemos quedar inmunes ante la impresionante belleza de los destiempos en el juego de tambores, los cuales jamás ofrecen tregua a la poderosa combinación de guitarras que entran de manera venenosa al torrente sanguíneo hasta infectar nuestras neuronas de manera irremediable.


Estos es lo que contienen los cuarenta y seis minutos de Ouroboros. Entre aquella mezcla entre stoner y noise, encontramos una colección de melodías bien estructuradas que saben entran al cuerpo más allá del incesante zumbido que no frena un solo segundo. Capas de distorsión que hacen coincidir el desierto y el cosmos mientras el símbolo del eterno retorno a lo mismo nos hace recordar como aquellos viejos estilos sonoros tuvieron su tiempo y espacio, pero que el día de hoy pueden servir para crear nuevas maravillas como esta ruidosa cajita de sorpresas japonesa.


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