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miércoles, 11 de marzo de 2020

Sleepwulf : el innegable sabor del proto-doom sueco


Suecia se ha distinguido durante el presente siglo por aquella pasión hacia el hard rock vintage inspirado en los principios de la década de los setenta de la centuria anterior. A partir de las dos sendas marcadas por las míticas bandas Witchcraft y Graveyard, el país escandinavo ha definido su propio sonido sin abandonar esa esencia retro entre suciedad y obscuridad que dota de sabor a su música en las últimas dos décadas. A las últimas joyas que han salido a la luz como Stew, Svvamp o Svartanatt, una nueva criatura maligna con la letra S en su nombre se ha unido a la mágica prole: Sleepwulf.

La pequeña ciudad de Kristianstad al sur de Suecia ha sido el lugar que ofreció cobijo a cuatro jóvenes amantes del hard rock obscuro, aquel sonido que en su momento sembró las semillas de lo  que un tiempo después se bautizaría como doom. Owen Robertson, Sebastian Ihme, Victor Sjöström y Carl Lindberg se han encontrado bajo un gusto sonoro para a partir de él crear nuevas cosas sin perder es acre tufo a lo viejo.


El álbum debut de Sleepwulf es proto-doom de principio a fin, y como buen intento por recuperar las raíces de un género que estaba en gestación, se puede saborear en el material algunos elementos de hard blues, psicodelia y rock intenso. Bien podemos escuchar en un primer momento un tema en constante búsqueda lleno de riffs incipientes y adictivos de hard rock como en "Beast of collision", un track que por momentos recuerda a los primeros instantes de Kadavar pero sin aquella distorsión que nubla todo el panorama acústico; sin embrago los suecos nos pueden ofrecer una melodía obscura de figuras reptantes como en el single "Lucifer's light", tema que bien sirve como declaración de intenciones más allá de su tenue puente que nos demuestra a una banda multifacética.

Quizá el pecado del primer disco del cuarteto de Kristianstad es precisamente halo vintage que cubre sus nueve temas, que si bien por un lado muestra unidad sonora, por el otro podría espantar a los oídos desesperados por la búsqueda de constantes cambios. Aun con esta situación, cuando escuchamos el fluir natural de cada una de las composiciones sabemos que estamos frente a una banda que puede hacer cosas importantes. Tan sólo es posar la bocina sobre "Standing stones" para saber que la banda bebe directamente de las figuras armónicas de gente como Black Sabbath o Pentagram pero que al mismo tiempo no se dejan arrastrar por las guitarras desgarradoras para dejar todo bajo una tónica mágica llena de misticismo.


Como podría ser obvio pensarlo, el homónimo álbum de Sleepwulf fue grabado en directo con instrumentos análogos y cintas de carrete abierto para su registro. Una vez que cruza por las bocinas el sublime pasaje instrumental que es "God of the gaps", la banda nos ofrece nuevamente otra tormenta imposible de no tomarla en cuenta. "Tumbling towers" se va desarrollando frente a nosotros mientras sus figuras nos hipnotizan poco a poco bajo un recuerdo innegable a lo hecho por los franceses Doctor Doom, pero cuando escuchamos la hiriente "Misty mountain" es cuando podemos definir lo que es el proto-doom y cómo es entendido en el siglo XXI gracias a sus notas afiladas y su nebulosa atmósfera que hechiza y eriza la piel hasta que un solo de guitarra nos hace perder la razón.

Si hasta este momento el primer álbum de los suecos no nos ha convencido, Sleepwulf nos ofrece un rebuscado riff que sabe beber directamente del blues psicodélico llamado "Wicked man" para construir una base sólida para la divagación y la improvisación ácida. Finalmente, el disco concluye con la sombría "One eyed Jailor", tema de melodía ahogada en zozobra que nos relata una tétrica historia mientras nos confiesa los orígenes escoceses del vocalista de la banda sin que por un instante se pierda ese sabor que recorre cada track del álbum.


El álbum debut de Sleepwulf arranca de manera magistral a través de "Wizard slayer", el tercer single promocional del material que termina por definir el estilo vintage del cuarteto balo los cánones melódicos del proto-doom. Un riff aletargado lleno de fuerza se arrastra por el suelo hasta que nos toma del tobillo para jamás soltarlo, pero una vez que se hacen escuchar sus voces, la intensidad disminuye hasta convertir la atmósfera en un ambiente frío y sombrío que intimida a quien ose posar sus tímpanos sobre la sobrecogedora oda. Magos, sombras y rituales malignos concentrados en un tema directo que recorre los conocidos senderos del rock obscuro...


Cuando un álbum debut es publicado por el oído clínico de Cursed Tongue Records, sabemos que estamos frente un material que realmente vale la pena. El cuarteto de Kristianstad han recuperado ese sonido aletargado y seco de aquella primera recuperación del proto-doom que hizo Escandinavia al principio de este siglo, pero Sleepwulf tiene aún guardado un as bajo la manga. Estos primeros nueve temas a penas  son una amenaza, una advertencia que nos obliga a estar atentos a su siguiente ataque.


viernes, 6 de marzo de 2020

Saturno Grooves : la nueva cabalgata cósmica de la criatura sonora


La mirada se levanta a los cielos para encontrar en ellos las respuestas a preguntas ancestrales, cuestionamientos que quizá siempre han vagado entre las neuronas de aquellos seres reflexivos que han vivido bajo su nocturno brillo somero.  Los sonidos que provocan su encuentro, su nacimiento y su muerte llegan a este confín del Universo y los misterios que producen comienzan a formular interrogantes que quizá jamás serán resultan. Sin embargo, la imaginación torna ante aquellos sonidos siderales hasta que todo se transforma en melodía y armonía que emula un viaje entre esos cuerpos olvidados a su suerte mientras flotan ante la nulidad de la gravedad.

 La exploración sonora de tres chicos registrada durante dos días en un estudio de grabación ha sido encapsulada en un material bautizado como Cosmic echoes, el álbum más reciente de los mexicanos Saturno Grooves que ha sido concebido según sus palabras como una conexión humana con el cosmos. Utilizando como vehículo perfecto el consumo de psicodélicos, la banda ha logrado concebir seis densos asteroides que logran su esencia a través de la improvisación sonora y la búsqueda de respuestas en la inmensidad del Universo que se ofrece ante nosotros.


Aquel sello conseguido por Saturno Grooves en Solar hawk está presente (reseña-review), ese sobrevuelo lisérgico por territorios galácticos que nos hechizan hasta perder el control, stoner y hard psych en coincidencia mientras las posibilidades se abren hasta el infinito estelar, recorridos místicos sin brújula e itinerario quebrado. Sin embargo, Cosmic echoes no es extravío total. La banda sabe tomarnos de la mano para que con su soporte electrificado nos acerquemos a los secretos guardados por el cosmos mientras la imaginación se deleita con diversos sonidos que asemejan a los captados por nuestros radares.

La ciudad que crece en el valle de la Guadiana sirve de guarida para que Adolfo Solis, José Peyro y Oscar Cisneros tomen sus armas musicales y observen el manto estelar que los cubre para inspirarse mientras todo termina en ensoñaciones psicotrópicas. Ambientes cósmicos son sonorizados y la posibilidad de desplazamiento se ofrece en cada armonía creada en sus manos. Naturaleza y cosmos en un torrente eléctrico que cruza los senderos nerviosos para ser reconstruidos entre sinapsis en música y travesía.

Foto: Ana Jimena Tolentino
 Cosmic echoes es inaugurado por medio de "Fire dome", una incendiaria ensoñación de sonidos desgarrados que golpea como una lluvia de meteoritos en campo abierto. Sin embargo, dicho tema se da la oportunidad de divagar con sonidos psicotrópicos que se refugian en los rincones de galaxias desconocidas, algo que también ocurre con "Celestial tunnel" pero que en este caso todo se distingue por sus juegos entrecortados y su radical cambio de melodia que simula el paso de un cuerpo a través del horizonte de sucesos.

De manera obvia, el tema central del Cosmic echoes es el track que lo nombra, un hermoso sueño lleno de ruido que asemeja a una suave oda que poco a poco nos hipnotiza hasta que todo comienza a tomar un rumbo distinto hacia un alucine multicolor que recuerda el fulgor de las estrellas explotando ante el manto sombrío del espacio sideral. Finalmente, el álbum cierra con dos pequeños fragmentos mágicos que salen del estilo construido por Saturno Grooves: primero tenemos aquel pequeño puente acústico llamado "Blind faith" que poco a poco se diluye como un cometa sobre el cielo nocturno y después tenemos una tormenta violenta llamada "Dark matter" que logra desarrollar aquel lado desconocido de la banda lleno de rabia y fuerza indomable que nos obliga a mover la cabeza bajo un clásico headbanging.

"Sin vida, sin muerte, sin comienzo
Nosotros no tenemos fin
Sin amor, sin odio, 
sin luz, sin obscuridad
el eterno nada
siempre cero, eterno cero
el eterno nada..."

El primer sencillo del Cosmic echoes es "Forever zero", una obvia referencia a la ausencia de gravedad que nos ofrece una tenue línea de bajo que construye el sendero por el cual la guitarra suelta sus suaves figuras hasta tomar confianza y agarrar fuerza para hacer escuchar su riff definitivo. Como si se tratara de la odisea de las conocidas Voyager, esta cápsula de metal es lanzada al espacio para ofrecer la música terrestre al Universo. Las posibilidades sonoras se va abriendo poco a poco hasta que todo se desboca entre ruido y magia estelar que intenta develar los secretos ocultos en las nebulosas por tiempo, espacio y sonido.


Exploración de los sentidos a través de la exaltación psicotrópica, una mirada al universo desde el divague ruidoso, la enfermedad del cuerpo sublimada en sonido e introspección... Esto es Cosmic echoes, quizá el material más concreto de Saturno Grooves gracias a su coincidencia entre dinamismo y reflexión lograda a través de su hermosa metáfora sobre la recepción acústica que hacemos en nuestro planeta de todo lo que ocurre fuera de él. El Universo y el ser condensados en la improvisación sonora, una posibilidad entender su conexión y lograr explicar aquellas preguntas milenarias... sean bienvenidos al viaje por el cosmos.


miércoles, 4 de marzo de 2020

Grey Mantis : el blues vaporoso de Melbourne


Bajo la premisa de hacer coincidir en un mismo espectro sonoro a Black Sabbath y a Tame Impala, una banda australiana nacida en Melbourne se dedicó a componer varias cosas hasta que encontró en su blues vaporoso el espacio ideal para desarrollar su propuesta sonora. En los últimos días del año 2019 recibimos la publicación de Reflections, el tercer EP de Grey Mantis, por lo que es necesario escribir lo que podemos encontrar en su interior.

El trío conformado por Rebecca Cooper en la batería, Hannah Mawson y Jake Carmichael en la guitarra y voces han trabajado desde hace varios años con un sonido onírico que confiesa su gusto por las texturas ácidas mientras interpretan melodías densas e hipnóticas. En 2017 presentaron su crudo y sombrío Foundations, material al que le siguió en octubre de 2018 el insistente y hasta garage "Steppeing stones". La evolución entre cada producción muestra los senderos que Grey Mantis ha decido tomar para definir su sonido, logrando con su último EP un claro despegue con respeto a los dos anteriores.


Mientras un cuerpo meditabundo sostiene a una cabeza fraccionada que se parte para buscar en su interior, el trío de Melbourne nos ofrece cinco misteriosos temas donde el áurea de la densidad y la zozobra intentan atraparnos desde el primer instante. Bajo una atmósfera lisérgica de blues psicodélico y electrificado, la banda nos toma de la mano para llevarnos de paseo por los laberintos de la mente junto con nuestros demonios internos, quizá un intento por recrear una introspección que termina por arrancarnos los pies de la tierra y provocar una inevitable levitación. 

Reflections inicia con la escalofriante "Circle of trees", un tema de riff tóxico que envenena el alma mientras nos hipnotiza. La guitarra hiriente logra desgarrarnos el alma mientras el soporte rítmico de la batería y el bajo ofrecen una alfombra mágica lista para sobrevolar los abismos más profundos. Una vez declaradas las intenciones de Grey Mantis, la banda nos ofrece "Set the soul free", una sentencia sonora de tenue figura que por su melodía infecciosa ataca inmediatamente a las neuronas hasta ahogarlas en notas seductoras llenas de sentimiento y pasión.


El track que le da nombre al EP es un aletargado andar instrumental que termina por saturar las bocinas sin abandonar su esencia impregnada de dormidera y pasiflora. Aquí es donde nos damos cuanta de la capacidad de Grey Mantis para trabajar a partir de una idea central que luego es desarrollada a través de la improvisación y el alucine descontrolado. Finalamente, Reflections cierra el viaje con un track más directo llamado "Break through", una explosión de rabia que rompe con la cadencia alcanzada por los temas predecesores pero que al mismo tiempo no termina por eliminar el sopor psicotrópico y más bien provoca la desconexión total con la realidad circundante.


Si Earthquaker se quedara con una canción del Reflections para identificarlo y explicar sus características y alcances sonoros, "The day is yours" sería la elegida. Con un riff vaporo donde la guitarra se aparece frente a nosostros como si se tratara de un espejismo, el track nos ofrece un golpe certero que termina por ser redondeado en el momento en que se integran el resto de los instrumentos. Sin lugar a dudas, Grey Mantis es un power trio de hard rock psicodélico y con aquella mezcla entre wah y fuzz lo terminan confesando. Hay espacio suficiente en sus cuatro minutos de duración para un canto desgarrador, un solo de guitarra cósmico, instantes instrumentales que permiten identificar plenamente la melodía básica, y finalmente, explosiones emotivas que logran levantar de su asiento a cualquiera.


Las bases están plantadas si las intenciones de Grey Mantis eran consolidar su estilo. Blues lisérgico que permite la hipnosis como el escape, magia y furia sensorial que provocan un paseo hacia el interior de la mente, electricidad y sueño que intentan llegar lo más profundo del individuo. Es momento de que el mundo lo sepa, Australia tiene a un tesoro en sus manos... Bajemos la aguja sobre los surcos de Reflections y permitamos que sus acordes entren por los poros de la piel hasta saturar el alma. ¡Vale la pena hacerlo!



sábado, 29 de febrero de 2020

Arteaga : tentando al diablo y al destino


"Cuando el diablo se mezcla en nuestros asuntos,
no es fácil deshacerse de él..."
Erckmann-Chatrian, El ojo invisible (1857)

Si existe una banda que con esfuerzo, trabajo y una propuesta sonora concreta se ha convertido en referente obligado del doom lisérgico en América Latina es Arteaga. Aquellos ritmos aletargados que han sido ahogados en psicotrópicas sustancias con la intención de construir himnos dedicados al maldito y que al mismo tiempo sirven como fondo sonoro para místicos aquelarres, han regresado nuevamente a nuestros tímpanos con toda la intención de despertar la lujuria y abrir un portal hacia los obscuros dominios del príncipe de las tinieblas.

Para esta ocasión, el mítico trío chileno ha decidido fraccionar lo que será el lanzamiento de su siguiente álbum titulado Vol. IV en tres mórbidas partes que serán publicadas durante este 2020 por medio de Interstellar Smoke Records. Así es que en primer instancia, el día de hoy se ha abierto el umbral para liberar el Season of the witch, un material conformado por tres bestias de paso lento y abismal esencia que poco a poco intoxica la sangre hasta reducirla en unas cuentas gotas de ácido lisérgico que hace explotar las neuronas.


"El eco de la noche retumba en el sueño de las brujas.
Enciende la flama azul que habita en sus ojos 
y las lleva flotando a las entrañas del bosque maldito.
Delirio y muerte, alaridos nocturnos.
Los cuerpos se agitan al ritmo del fuego
y los demonios escapan por el iris de sus ojos
Una danza eterna invocando a los dioses de extasis.
Beber y fumar.
El señor de las sombras nos ha llamado..."

El primer sorbo a este nuevo brebaje ritual es "Brujo", una rabiosa oda que nos toma de la mano para bailar frente al fuego sacro donde se toman de la mano los demonios y las brujas. La grave voz de Cosmo (baterista de La Maquinaria del Sueño y Satánico Pandemonium) recita una serie de versos malditos que nos preparan el terreno pedregoso que se encamina a la zona mística resguardada por la densidad del bosque maldito. Bajo aquella estética sonora que la banda ha llamado "dance doom", las percusiones tribales acompañan al venenoso ritmo que intoxica de manera inmediata a las células hasta lograr un extraño éxtasis que provoca baile y lujuria. Mientras escuchamos una psicotrópica lírica sobre una posesión dirigida por un brujo con la intención de abrir el portal hacia ultratumba, a cada segundo que pasa la melodía se torna más y más densa hasta dejarnos abandonados en una pegajosa fosa de brea de la cual será muy difícil de escapar. La guitarra ahogada en wah de Sebastian Morales logra transportarnos a lugares llenos de zozobra mientras la hipnótica batería de Domingo Lovera se permite mantener los tiempos para jamás perder el enfermo ambiente lleno de sopor y enfermedad.

"Secretos ocultos te harán buscar
Rumores de un dios que te hará levitar
El bosque es eterno si no sabes buscar
La flama del diablo comienza a brillar.

El brujo y la cabra dan paso al ritual
con drogas del bosque, catarsis total
mujeres desnudas, sexo infernal
tu vista se nubla, empieza a flotar.

Tus ojos desean la perdición
y arder en el abismo
El brujo condujo la posesión
Tu cuerpo arderá en el infierno...

El brujo abrirá el portal
Mil ojos adorando a Satán
Ya nada volverá a importar
Tu mente nunca más volverá."


Tras los ocho minutos y medio de aquelarre y alucinación, Arteaga nos arrastra a los abismos con un track que simula el paso aletargado de un condenado a muerte que arrastra un grille amarrado a su tobillo. La densa "Chacal" decide pasearse por las tumbas abiertas a la mitad de la noche para ofrecernos una sensación de frío mórbido mientras una bestia enferma es liberada para saciar su sed de sangre. El ritmo infeccioso es ofrecido nuevamente y dejamos que nuestro cuerpo baile entre líricas que hablan sobre asesinatos en serie, calles abandonadas por el temor y notas psicotrópicas donde el preponderante bajo de Francisco González satura todo el ambiente a nuestro alrededor.

Finalmente, Season of the witch nos sorprende con un track acústico titulado "Ríos de sangre" lleno de atmósferas sombrías que hablan de ausencia mientras su sepulcral frase hay cosas que no cambiarán nos eriza la piel cuando es susurrada por las bocinas. Como si nos encontraras frente a los restos de aquella fogata ritual de origen desgraciado, las guitarras acústicas rasguean su lamento melancólico mientras esperan que los primeros rayos de día iluminen aquello que queda regado sobre el suelo y confiesa lo ocurrido en el lugar bajo el manto protector de la noche.


Esta primera mordida a lo que conoceremos como Vol. IV se convierte en la primera pieza de un rompecabezas perverso que tiene toda la potencia sonora para desgarrar los altoparlantes y desagarrar las células en nuestro interior. Los culpables de este fenómeno acústicos son dos nigromantes quienes visualizaron cómo debería de gemir esta pequeña alimaña: Vicente Zamorano (quien fue el ingeniero de sonido y mezcló el material) y Esben Willems (baterista de Monolord quien masterizó el álbum). Las vibraciones sonoras se sienten en el cuerpo y las trompas de Eustaquio comienzan a mandar señales demoníacas a un cerebro perturbado por las imágenes relatadas, circunstancias exactas que solo una banda como Arteaga sabe aprovechar para crear su lisérgico y viscoso doom lleno de vicio, maldad y lujuria. Tras la tóxica escucha, no será extraño imaginar mujeres desnudas a medianoche, sesiones espiritistas, posesiones satánicas y aquelarres desenfrenados. El ritual ha ocurrido, ahora sólo debemos gozar de lo acontecido y esperar hasta que todo se repita nuevamente. Y bien sabemos que no falta mucho para ello...

miércoles, 26 de febrero de 2020

UUBBUURRUU : el rabioso hard psych de Montreal


Tras la explosión del hard psych y todos sus derivados sonoros, pocas bandas han logrado despertar verdaderamente el interés gracias a un álbum infeccioso y adictivo. Ya desde aquel viejo EP de 2015 titulado Swamp ritual, esta banda canadiense había llamado la atención y no sólo por su bizarro nombre, sino por su interesante propuesta lisérgica llena de energía y hard rock imposible de no recordar. Sin embargo, tuvieron que pasar varios años para que UUBBUURRUU lograra publicar su álbum debut,un material de escucha obligada y viaje psicotrópico asegurado entre fuzz y melodías crudas.

Con el apoyo de la disquera Mothland Records, en enero de 2020 se publicó el primer disco completo del quinteto de Montreal, pero este lanzamiento se ha quedado rezagado entre otros tantos de gran calidad y una inundación de propuestas que buscan un espacio de difusión más allá de la calidad y la propuesta de ideas frescas. UUBBUURRUU nos ofrece un material inspirado en la áspera psicodelia de los años 60 entre los estilos más contradictorios como el garage de The Seed y The Sonics o la propuesta pro-metalera de Iron Butterfly, pero al mismo tiempo podemos escuchar algunos trazos de proto-doom, stoner y proto-punk. De esta manera, es imposible no recordar a grupos por Black Rainbows, King Gizzard and the Lizard Wizzard, Admiral Sir Cloudesley Shovell o Uncle Acid & the deadbeats, pero al mismo tiempo podemos saborear un estilo propio que convierte a su álbum en una verdadera joya.


La historia de la banda comienza en 2014 con algunas maquetas hechas por el dúo formado entre el baterista Maxime Hébert con el guitarrista y vocalista Joey Napoleon, que tras un tiempo integraron al guitarrista/tecladista Samuel Gemme, al bajista Vick Trigger y al guitarra solista Sean Cary-Barnard. Gracias a la difusión lograda por el , los canadienses pudieron mostrar su propuesta en America y Europa, logrando así colocar los reflectores sobre ellos. El tiempo pasó y las motas de polvo se posaron sobre la memoria de muchos, pero al momento de escuchar las primeras notas afiladas del disco, todo termina por diluirse de manera mágica.

El debut formal de UUBBUURRUU arranca con "Stone men", un curioso track que en tan solo tres minutos podemos saborear el gusto de los canadienses por el rock desértico entrecortado de Brant Bjork y el proto-doom lisérgico de aquellas primeras bandas de metal y punk de los años setenta donde las guitarras hechas bajo tonalidades distintas logra romper con todo. Dentro de una atmósfera más obscura tenemos "Feel alright in hell", tema de notas insistentes hecha bajo la idea de los diversos proyectos del guitarrista Gabrielle Foiri mientras las voces nos remiten directamente a los embrujados coros que hace K. R. Starrs con su Tío Ácido.


Sin clavarse en un género concreto, el quinteto de Montreal logra construir temas más viscosos llenos de mermelada acid-pop como en "Hard love", mientras el el hard rock puro lleno de maldad lo encontramos en "Pentagram" y su obvia referencia a la banda que sentó las bases del primer doom. Quizá el tema que más podríamos identificar con la lógica hard psych es "The fire show" mientras detectamos un ligero tufo a la construcción melódica de lo más clásico de Black Angels mientras el puente sonoro de "Spacecraft to your dream" logra bajar la velocidad para abandonarnos en los infiernos.

Finalmente podemos destacar que UUBBUURRUU logra en su primer álbum completo desarrollar más opciones sonoras gracias a impredecibles instantes que logran, por lo menos, la grata sorpresa. Los tambores tribales de "Sacred mountains" nos remiten a un salvaje aquelarre del que será imposible escapar, "Chaos riders" nos ofrece un riff afilado mientras sus voces etéreas nos transportar a vaporosas atmósferas y "Expending forces" construye un track crudo de guitarras concretas que navega en una melodía onírica que sirve de excelente base para una explosivo solo de guitarra lleno de fuzz y rabia.


El track más adictivo del álbum es la acelerada "Ice head", aquel dardo envenenado de riff pegajoso y voces que juegan entre la aspereza y ambigüedad mientras nuestros recuerdos vuelan directamente al reciente Holy shit de Nebula (reseña-review). Las guitarras francamente rockeras logran transmitirnos la violencia e intransigencia de una figura que desea desgarrarnos, pero en el momento en que los impresionantes teclados se escapan por las bocinas, todo se torna lisérgico hasta provocar la pérdida de los cimientos. UUBBUURRUU resume su estilo poderoso e infeccioso en una breve pero intensa cápsula de dos minutos y medio.

El álbum homónimo del quinteto canadiense es una granada de fragmentación que sabe explotar desde su primer instante. Es obvio que bebe directamente de la psicodelia áspera y de los primeros instantes del metal, pero al mismo tiempo se abre las posibilidades para divagar por otros senderos melódicos que saben alimentar perfectamente a su propuesta sonora. Sus diez pistas se van como arena entre las manos, provocando que una y otra vez se pulse de nuevo el botón de play para escuchar cada track. Sin lugar a dudas es uno de los mejores materiales que ha sido publicados en el aún joven 2020...


viernes, 21 de febrero de 2020

Acid Mammoth : el aquelarre y la maldad más allá del escándalo


Luego de lo ocurrido con Stoner Meadow of Doom tras una serie de comentarios racistas y homofóbicos en redes sociales, ha quedado en el olvido aquella banda contra la cual fue vertido dicho mensaje de odio en un intento por realizar un chantaje mediático. Más allá de la denuncia contra este tipo de gente que en lugar de ayudar a la escena busca su beneficio propio, creo que nuestro papel como amantes del stoner, doom y hard psych es escribir y compartir la música que vale la pena más allá de prejuicios y falsos posicionamientos.

Algunas semanas antes de que la bomba estallara, Earthquaker se encontraba disfrutando del obscuro pero al mismo tiempo ácido segundo álbum de los griegos Acid Mammoth, una banda con un sonido muy interesante que bebe directamente del doom lisérgico para crear una densa atmósfera a su alrededor con la intención de atrapar a la bestia prehistórica que la identifica dentro de una fosa de brea pegajosa de la cual es imposible escapar.


La historia de Acid Mammoth nace en 2015 cuando el guitarrista Chris Babalis y el bajista Dimosthenis Varikos decidieron hacer una banda que recuperara su pasión por aquellos primeros grupos que dieron origen al metal como Black Sabbath. Una vez que definieron lo que desaban crear, decidieron invitar a otro amigo suyo en la bateria, Marios Louvaris. Finalmente, la agrupación terminó su conformación al integrar al papá de Chris como segunda guitarra; lo que hizo que definitivamente Acid Mammoth se convirtiera en una familia.

La banda de Atenas comenzó su camino con el lanzamiento independiente de su álbum debut en octubre de 2017, una material nebuloso de temas aletargados y tonos cavernarios que lograban recrear un ambiente lúgubre digno del género. Gracias al poder de este material y al nombre que comenzó la agrupación a crear a su alrededor en su natal Grecia, la reconocida disquera italiana Heavy Psych Sounds decidió ficharlos para publicar su segundo disco con la intención de posicionarlos más allá de su país.


Under acid hoof fue presentado en enero de 2020 acompañado de una imponente portada realizada por los españoles Branca Studio, lo que le brinda de manera inmediata un gancho visual que invita a escuchar su interior. Y si aún quedara alguna duda tras la ilustración, una vez que escuchamos los primeors acordes del material sabemos que hemos llegado al lugar correcto si lo que buscamos es aquel doom lisérgico que se ha desarrollado por todos lados durante los últimos años.

Como era de esperarse, el segundo disco de Acid Mammoth presenta tracks con diversos tempos que logran darle versatilidad al álbum para que éste sea digerido completamente desde su primera escucha. Aunque el paso lento de "Tusks of doom" nos ubica en los primeros instantes del metal cuando buscaba su definición sobre los sonidos abismales, el tema tiene la capacidad de atraparnos para desarrollar un ácido viaje de sencilla degustación  mientras escuchamos una tétrica lírca sobre la destrucción de la Tierra. Bajo la misma lógica armónica, "Jack the riffer" nos ofrece una aletargada melodía hecha a base de frases arrastradas que hablan sobre los demonios que se resguardan en el interior las mentes enfermas hasta que todo se vuelve confuso a través del muro sonoro que levanta frente a nosotros de manera inquebrantable.


Sin embargo, Under acid hoof se distingue por ser un disco hecho por largos temas psicotrópicos que tienen la capacidad de saturar las bocinas con tóxicos sonidos llenos de veneno que hipnotizan hasta hacernos caer en su influjo. El track que bautiza al álbum es una cavernaria oda que nos hace recordar por momentos a poderosas bandas como Monolord o Sleep debido a la densa neblina que construye a su alrededor bajo la cual todo desaparece pero al mismo tiempo provoca visiones apocalípticas de destrucción. Siguiendo la misma tónica escuchamos "Tree of woe", un himno dedicado a satánicos rituales y aquelarres malditos que suelta toda la furia sonora de Acid Mammoth bajo insistentes figuras y lamentos resguardados entre el constante ruido.


"Bajo los cielos sin estrellas
hay sangrientos, relajados y estridentes llantos.

Arriba sobre su trono
los ojos del mago brillan sobre la locura

Demonios y brujas alrededor del fuego
invocando a su maestro a través de la pira
para llenar la noche con sangre y violencia
implorando al señor de la obscuridad

Ellos!!"

El primer sencillo del Under acid hoof  es "Them!", tema atascado de distorsión que aprovecha el poder del fuzz para desgarrar las almas mientras provocan una danza irreverente dedicado al maldito. La rabia de su melodía permite ofrecer un riff incendiario rodeado entre pequeños lapsos de tensa calma que jamás permite al silencio tomar control de la escena. Un bajo eléctrico francamente atascado construye la poderosa base acústica que es aprovechada por las percusiones tribales y una vocales espectrales. Por si fuera poco, el solo de guitarra está hecho por el señor Babalis, razón con la cual entendemos la razón de su lugar dentro de la banda. Humo, obscuridad y maldición para crear un verdadero clásico dentro del doom lisérgico si lugar a dudas...


El nombre de la banda griega se ha filtrado dentro del escándalo provocado por las incomprensibles acciones de personas sin escrúpulos que buscan obtener ventaja ante cualquier situación, pero al final del día Under acid hoof terminó siendo escuchado por más oídos de los que hubiera logrado dentro de la difusión de un canal de videos amañado y chantajista. Sin embargo, el papel que tenemos otros medios para compartir el trabajo honesto de muchas bandas es más importante mientras coloquemos nuestro tímpano en las propuestas que nos llegan más allá de clichés y posturas de momento. El segundo álbum de Acid Mammoth requiere su justo reconocimiento gracias a su concreta propuesta sonora, así que sólo basta pulsar sobre el link para dejar que la música hable por sí sola... sólo ustedes tendrán la mejor opinión al respecto.



lunes, 17 de febrero de 2020

SuuM: la melancolía que brota de las bóvedas


Cuando te recomiendan el lanzamiento de un álbum a través de sus influencias sonoras, uno deposita
 todas sus esperanzas sobre dicho material deseando encontrar en él aquello con lo que fue comparado. Esto es lo que pasó en el momento en que Seeing Red Records hizo correr la noticia del retorno de la banda italiana SuuM, haciendo un símil de su estilo con lo que hecho por reconocidos grupos dentro del doom metal como Candlemass, Memento Mori, Solitude Aeturnus, Krux o Reverend Bizarre.

El pasado 14 de febrero de 2020 fue publicado Cryptomass, segundo álbum dentro de la discografía de aquella banda originaria de Roma abocada a mostrarnos todo lo que resguarda la obscuridad mientras nos abre el umbral que separa a la vida de la muerte. Su debut Buried into the grave (reseña-review) resultó ser un certero golpe para aquellos que buscan la recuperación del olvidado doom denso y pastoso que desde hace varios años ha quedado varado entre el stoner lisérgico y el metal aletargado, pero ahora es momento de afianzar esos primeros pasos con la intención de definir un estilo propio construir su horizonte sonoro.


Para lograr alcanzar este preciso objetivo, SuuM sufrió algunos cambios a su alineación. A la tétrica voz de Mark Wolf y las dolorosas guitarras de Antonio Painkiller, ahora se han sumado el poderoso bajo eléctrico de Joe Grave y las precisas percusiones de Fed Kemper. Ya con esta formación, la banda italiana entró a los estudios de grabación entre junio y julio de 2019 para registrar lo que hoy podemos escuchar bajo el nombre de Cryptomass, una espesa colección de nueve temas que sabe jugar con los cambios melódicos para provocar en el escucha las más variadas sensaciones bajo el espectro de la zozobra, la obscuridad y la rabia.

Sin embargo, al revisar cada uno de los tracks de dicho material, encontramos en la melancolía el elemento fundamental para su desarrollo lírico como armónico, construyendo al mismo tiempo un disco fundamental para comprender lo que es el doom metal en la Italia del siglo XXI. Desde que escuchamos el tema que le da nombre al Cryptomass sabemos que estamos frente a un álbum sombrío donde todo se hace denso gracias a sus acordes aletargados, a sus voces desgarradoras y hasta a sus desoladoras campanadas que marcan la hora final.


Sin embargo, Cryptomass no se queda bajo la sombra del cliché y los lugares comunes del doom tradicional, pues aunque la construcción armónica no se escapa de los cánones del género, cuando escuchamos el single "The silence of agony" descubrimos una línea melódica que trata de seducirnos más allá de las múltiples capas de sonido sombrío; pero luego de varios minutos bajo la mórbida neblina, SuuM nos ofrece una modificación en el ritmo para dotarle al track mayor dinamismo que lo acerca hacia otras vertientes del metal. Algo similar ocurre con la desgarradora "The failure of creation" con aquel riff inicial que logra sacudirnos la parsimonia y despertar nuestro intereses a hacia los elementos que conforman a su propuesta sonora.

Aunque "Mass in the catacomb" sirve de un breve respiro ante los grotescos rasgueos de las guitarras distorsionadas, el segundo disco de la banda afincada en Roma no termina por escapar del grillete en el tobillo que es el doom: el lento tiempo de "Burial at night" está hecho con toda la intención de sumergimos en las profundidades de ultratumba sin posibilidad de retorno, la intensidad melódica de "Funeral cicle" no ofrece escapatoria dentro sus abismales atmósferas, la rabia de "Claws of evil" termina amarrada bajo la estética de una condenación sonora que se escucha como sentencia, y la concreta armonía de "Reaper looks in your eyes" logra condensar la fuerza de la banda mientras ofrece un ligero toque lisérgico, siendo ésta quizá una de las melodías más interesantes del álbum por su juego sonoro que no termina por escapar de sus obvias influencias.


El track más furioso del Cryptomass es "Creatures from the vault", un tema de guitarras afiladas y un profundo bajo que terminan por saturar todo el espectro auditivo para golpearnos en la cara de principio a fin. Es imposible resistirse a su figura adictiva, la cual tiene  la capacidad de mutar hacia ambientes más sombríos que permiten a la voz relatarnos sobre aquellos demonios que se guardan en en el interior de los hombres mientras escuchamos una metáfora sobre las criaturas que resguardan las criptas. Interesante canción que nos ofrece una especie de estribillo melódico que nos obliga a seguir, nos regala un solo de guitarra maravilloso (el único del álbum), y nos proporciona una sensación que SuuM podría transitar por terrenos más crudos fuera de las cadenas interpretativas del doom tradicional.


Hace unas semanas encontramos una publicación de la banda donde se informaba la salida de Mark Wolf como vocalista de la banda debido a una situación laboral que lo obligó regresar a su ciudad natal al sur de Italia. Sin embargo, SuuM tiene ahora entre sus líneas a Misanthrophil en las vocales, lo que provocarán los aires de cambio en el estilo sonoro de los romanos. Mientras ello ocurre, Cryptomass explota en nuestras bocinas sin piedad como una muestra de lo que se puede hacer más allá de las reglas de un género sin perder su esencia... No apto para oídos sensibles.