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miércoles, 11 de marzo de 2020

Sleepwulf : el innegable sabor del proto-doom sueco


Suecia se ha distinguido durante el presente siglo por aquella pasión hacia el hard rock vintage inspirado en los principios de la década de los setenta de la centuria anterior. A partir de las dos sendas marcadas por las míticas bandas Witchcraft y Graveyard, el país escandinavo ha definido su propio sonido sin abandonar esa esencia retro entre suciedad y obscuridad que dota de sabor a su música en las últimas dos décadas. A las últimas joyas que han salido a la luz como Stew, Svvamp o Svartanatt, una nueva criatura maligna con la letra S en su nombre se ha unido a la mágica prole: Sleepwulf.

La pequeña ciudad de Kristianstad al sur de Suecia ha sido el lugar que ofreció cobijo a cuatro jóvenes amantes del hard rock obscuro, aquel sonido que en su momento sembró las semillas de lo  que un tiempo después se bautizaría como doom. Owen Robertson, Sebastian Ihme, Victor Sjöström y Carl Lindberg se han encontrado bajo un gusto sonoro para a partir de él crear nuevas cosas sin perder es acre tufo a lo viejo.


El álbum debut de Sleepwulf es proto-doom de principio a fin, y como buen intento por recuperar las raíces de un género que estaba en gestación, se puede saborear en el material algunos elementos de hard blues, psicodelia y rock intenso. Bien podemos escuchar en un primer momento un tema en constante búsqueda lleno de riffs incipientes y adictivos de hard rock como en "Beast of collision", un track que por momentos recuerda a los primeros instantes de Kadavar pero sin aquella distorsión que nubla todo el panorama acústico; sin embrago los suecos nos pueden ofrecer una melodía obscura de figuras reptantes como en el single "Lucifer's light", tema que bien sirve como declaración de intenciones más allá de su tenue puente que nos demuestra a una banda multifacética.

Quizá el pecado del primer disco del cuarteto de Kristianstad es precisamente halo vintage que cubre sus nueve temas, que si bien por un lado muestra unidad sonora, por el otro podría espantar a los oídos desesperados por la búsqueda de constantes cambios. Aun con esta situación, cuando escuchamos el fluir natural de cada una de las composiciones sabemos que estamos frente a una banda que puede hacer cosas importantes. Tan sólo es posar la bocina sobre "Standing stones" para saber que la banda bebe directamente de las figuras armónicas de gente como Black Sabbath o Pentagram pero que al mismo tiempo no se dejan arrastrar por las guitarras desgarradoras para dejar todo bajo una tónica mágica llena de misticismo.


Como podría ser obvio pensarlo, el homónimo álbum de Sleepwulf fue grabado en directo con instrumentos análogos y cintas de carrete abierto para su registro. Una vez que cruza por las bocinas el sublime pasaje instrumental que es "God of the gaps", la banda nos ofrece nuevamente otra tormenta imposible de no tomarla en cuenta. "Tumbling towers" se va desarrollando frente a nosotros mientras sus figuras nos hipnotizan poco a poco bajo un recuerdo innegable a lo hecho por los franceses Doctor Doom, pero cuando escuchamos la hiriente "Misty mountain" es cuando podemos definir lo que es el proto-doom y cómo es entendido en el siglo XXI gracias a sus notas afiladas y su nebulosa atmósfera que hechiza y eriza la piel hasta que un solo de guitarra nos hace perder la razón.

Si hasta este momento el primer álbum de los suecos no nos ha convencido, Sleepwulf nos ofrece un rebuscado riff que sabe beber directamente del blues psicodélico llamado "Wicked man" para construir una base sólida para la divagación y la improvisación ácida. Finalmente, el disco concluye con la sombría "One eyed Jailor", tema de melodía ahogada en zozobra que nos relata una tétrica historia mientras nos confiesa los orígenes escoceses del vocalista de la banda sin que por un instante se pierda ese sabor que recorre cada track del álbum.


El álbum debut de Sleepwulf arranca de manera magistral a través de "Wizard slayer", el tercer single promocional del material que termina por definir el estilo vintage del cuarteto balo los cánones melódicos del proto-doom. Un riff aletargado lleno de fuerza se arrastra por el suelo hasta que nos toma del tobillo para jamás soltarlo, pero una vez que se hacen escuchar sus voces, la intensidad disminuye hasta convertir la atmósfera en un ambiente frío y sombrío que intimida a quien ose posar sus tímpanos sobre la sobrecogedora oda. Magos, sombras y rituales malignos concentrados en un tema directo que recorre los conocidos senderos del rock obscuro...


Cuando un álbum debut es publicado por el oído clínico de Cursed Tongue Records, sabemos que estamos frente un material que realmente vale la pena. El cuarteto de Kristianstad han recuperado ese sonido aletargado y seco de aquella primera recuperación del proto-doom que hizo Escandinavia al principio de este siglo, pero Sleepwulf tiene aún guardado un as bajo la manga. Estos primeros nueve temas a penas  son una amenaza, una advertencia que nos obliga a estar atentos a su siguiente ataque.


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