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miércoles, 13 de mayo de 2020

Lowrider : el bello retorno de una áspera leyenda que mira al cielo


En el año 2000 se publicó un áspero álbum que con el tiempo se convirtió en referencia obligada para el rock desértico, el stoner y todas sus derivaciones en Suecia hasta convertirlo en un material fundamental para el desarrollo de dicho sonido en todo el mundo. Ode to IO es toda una leyenda dentro del fuzz rock y tras veinte años de reventar bocinas, muchos se siguen acercando a este disco para retomar su estilo e inspirarse para crear nuevas cosas. Se puede escribir sin temor que Lowrider es la banda pionera dentro del arenoso género y que luego vendrían otras importantes dentro de distintos estilos como Truckfighters, Graveyard, Monolord o Greenleaf. Sin embargo, no todo ha quedado en esa joya del desierto... la mítica alineación ha regresado!!

Aunque formalmente Lowrider se reintegró en 2013, es hasta febrero de 2020 cuando tuvimos noticias discográficas del cuarteto de Estocolmo. Bajo el nombre de Refractions encontramos un álbum publicado por Blues Funeral Recordings que demuestra la maduración del grupo a través de poderosas melodías que han sabido transformar aquel rock desértico de vena pura heredero de legendario Kyuss que los llevó a publicar un split con Nebula para crear un denso paseo por los estridentes pasillos del stoner metal. Quizá sea una sorpresa para quienes esperaban una obra directa que se refugiara en un sonido comprobado y celebrado, pero Lowrider se ha arriesgado y ha trabajado para crear un disco impresionante que cosecha lo hecho en su país luego de haber sembrado las semillas hace veinte años.


Los poderosos riffs de Lowrider están ahora encaminados ha crear colosales armonías que saben tomar múltiples rumbos más allá de las atmósferas desérticas que colocaron a la banda bajo los reflectores hace dos décadas. Con la confianza de una agrupación reconocida, el cuarteto de Estocolmo han hecho de su Refractions una plataforma ideal para expandir su propuesta sonora hacia las posibilidades estilísticas que nuestra época permite y disfruta. Los tiempos han cambiado y éso permite al grupo explayarse en largas atmósferas instrumentales de múltiples posibilidades, en densos ambientes hipnóticos que saben aprovechar otros sonidos más allá de la fundamental distorsión fuzz, en vibrantes melodías infecciosas que entran al torrente sanguíneo para envenenarlo y hacerlo adicto al sonido y al ritmo propuestos.

Refractions es una obra de tan sólo seis tracks, pero cada uno de ellos contienen un desarrollo propio que bien podrían ser consideradas como pequeñas piezas compactas con una historia qué contar, quizá una colección de suites construidas por diversos movimientos que saben mostrar distintos audioramas dentro de su integridad. Al igual que aquella mirada que observa a los distintos objetos que se muestran ante ella mientras encuentra sus relaciones subyacentes, nuestro oído se afina para seguir el sendero que propone Lowrider con su regreso.


El álbum comienza bajo la escucha de los áridos sonidos referenciales de "Red river", un track potente de acordes desgarrados y constantes que brindan la perfecta posibilidad para que un solo de guitarra ahogado en wah se explaye con toda su esencia lisérgica, pero ya en su misterios puente podemos detectar algunas experimentaciones más allá de lo hecho por la banda en Ode to IO y más cercano a los sonidos de esta década. Quizá de la misma forma, "Ol' mule Pepe" nos ofrece aquel stoner desértico que distinguió a Low Rider hace vente años, aunque ahora los suecos le suben a la potencia hasta acercarse a los terrenos del metal sin perder aquel toque arenoso, algo que queda demostrado cuando detectamos la capacidad que tiene el cuarteto de cambiar de melodía sobrepasando los límites que se ha impuesto el propio género con su atmósfera hipnótica.

 Ahí esté el estilo que consolidó a Lowrider, pero Refractions tiene mucho espacio para construir nuevos sonidos que llevaran al álbum a convertirse en una nueva joya. Desde el riff hechizante y electrónico de "Sernanders krog" que logra mantener una zozobra a su alrededor a través de distintas modificaciones armónicas y una cósmica explosión final hasta la contagiosa figura que soporta a "Sun devil / M87" con su fuerza rabiosa que poco a poco toma su forma para crear un sostenido ritmo venenoso que olvida las voces para dejar que el bajo vibrante de Peder Bergstrand construya su armonía y la guitarra de Ola Hellquist nos tome de la mano por un viaje entre nuestras neuronas intoxicadas. Pero si aún esto fuera poco, el disco cierra con la alucinante "Pipe rider", track que inicia con una constante percusión en manos de Andreas Eriksson que termina quebrándose por los acordes sostenidos de Niclas Stålfors  hasta que la propia melodía comienza ha recorrer distintos trayectos que saben mantener nuestra atención durante sus once minutos y medio de duración entre figuras improvisadas, ensoñaciones constantes y un abandono final ante la ausencia total de gravedad.


Los tambores entonan un ritmo tribal que es transformado por el lamento de una guitarra que guía el canto doloroso sobre Ganimedes, el satélite más grande del sistema solar que acompaña a Júpiter que recibe su nombre tras aquella leyenda griega de amor entre Zeus y un príncipe troyano. La danza planetaria se muestra ante nosotros mientras la melodía juega un influjo hipnótico hechizante que aprovecha cualquier oportunidad para golpearnos. Tras un silencio intrigante, la guitarra toma el control para ofrecerse en sacrificio mortal y un mágico teclado logra filtrase para enamorarnos con sus figuras. Aún así, "Ode to Ganymede" tiene la capacidad de modificar su estructura para mostrarnos una cara más violenta en un giro inesperado hacia el final de su órbita, una furiosa colección de acordes que asemeja la caída de una lluvia de asteroides y nos recuerda los terribles impactos que ha sufrido el satélite sobre su superficie.


Refractions no sólo es el retorno de una banda de stoner y rock desértico, es la muestra fehaciente de lo que puede hacer un grupo cuando rompe con las cadenas de un estilo y se permite mirar al cielo en búsqueda de nuevos sonidos que alimenten lo alcanzado. Sus posibilidades son múltiples y las melodías contenidas en su interior son una colección de furiosas pero hermosas estructuras que enamoran mientras nos desgarran las neuronas, quizá una serie de armonías que hipnotizan y nos despiertan de manera abrupta con un golpe certero. Efectivamente, tuvieron que pasar veinte años para que Lowrider lograra esta obra maestra, pero todo este tiempo ha valido la pena...


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