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martes, 2 de junio de 2020

Rider Negro : entre amaneceres, introspecciones y demonios internos



La música puede ser concebida como un viaje, un paseo sonoro que permite internarse en los ambientes internos del ser teniendo como únicos compañeros al ruido y al ritmo. A base de audioramas, el jinete obscuro penetra las neblinas que resguardan y ocultan aquello que desea escondite y secreto; quizá un sentimiento que busca ser guardado, quizá un pensamiento que no quiere ser rebelado. La introspección comienza con el estruendo tormentoso que toma forma hasta convertirse en una melodía, un mapa que guía sobre los laberinto del alma, una brújula que señala un punto de ubicación en el interior de aquel cosmos que habita en nosotros...

Tras años de esfuerzo, integrantes itinerantes y una búsqueda incesante por encontrar el mejor medio para seducir el alma, Rider Negro ha logrado desembocar en un álbum mágico que sabe exorcizar sus demonios internos, contenidos en tiempo pero expuestos a la menor provocación. Al fin, The echo of the desert está aquí, y ahora es el momento para degustarlo lentamente, para descubrir lo que resguarda en su interior, más allá de influencias y tendencias; pues el resultado final e íntegro es lo que nos interesa junto con esa sensación de viaje, introspección y cura que genera tras su escucha profunda y atenta.


La esencia de Rider Negro está en Tlaca Serrano, guitarra y voz que se ha convertido con el pasar de los años en la columna vertebral de la banda hasta convertirse en su alter-ego. La leyenda cuenta que todo comenzó en alguna parte de la extensa zona conurbada de la Ciudad de México, teniendo en el norte una referencia obligada y en el blues psicodélico un soporte sonoro de inspiración y punto de partida. Ahora sus compañeros de viaje son Zaid Gutiérrez en la batería, el bajista Miguel Vázquez Rescalvo (miembro de Whitecrow y ex-integrante de Pirámide) y el tecladista Israel Baez, tres músicos que soportan sobre sus hombros el día de hoy lo que es la historia de Rider Negro como alusión forzosa del rock psicotrópico y reflexivo en la escena underground de la capital mexicana.

En primera estancia, Rider Negro había mostrado a forma de declaración de intenciones su Psychodelic rock, una compilación publicada en mayo de 2018, pero no es sino hasta The singles cuando pudimos comprender hacia donde se dirigía la larga travesía de Tlaca Serrano como guía eterno de su jinete obscuro. El largo recorrido ha alcanzado puerto seguro con la publicación en mayo de 2020 del álbum debut titulado The echo of the desert, un material místico que rescata las raíces del blues electrificado a partir de los viajes psicotrópicos de la psicodelia, las posibilidades y variantes sonoras del jazz y la multiplicidad de construcciones armónicas y riqueza melódica del rock progresivo.


Sin embargo, The echo of the desert respira a través del alma de los antiguos ritos chamánicos y los brujos indígenas de nuestra tierra, logrando así una construcción sonora de rock vibrante y mágico que busca provocar en el oyente un escape de la realidad circundante para divagar en su obscuro interior. Al escuchar el track que bautiza al álbum, detectamos el vibrar de los cascabeles mientras una guitarra repta sobre el suelo de manera hipnótica hasta que todo se convierte en un ritual que nos habla del poder del desierto como límite entre el día y la noche. Si bien todo queda sumergido en las tinieblas con la sombría "Tehran conjuring", el álbum debut de Rider Negro es una colección de melodías hechizantes que provocan la introspección por medio de una mordida al peyote, un viaje psicotrópico que requiere un guía místico que nos dirija los pasos para descubrir los mensajes; algo que definitivamente queda claro con "The wizard", track dividido en cuatro secciones ahogadas en la visión del rock progresivo desde los mexicanos Chac Mool hasta los eternos Pink Floyd que termina conformando una melodía infecciosa de teclados atmosféricos y ritmo venenoso.

 Si bien The echo of the desert contiene esta parte mística, es necesario resaltar que el álbum contiene otras dos secciones muy claramente definidas. En primera instancia tenemos el blues como soporte vital para la constitución de dos temas alucinantes como son la arrabal "El buitre" con su obvio tufo a Real de Catorce y la colosal "In an ancient Ziggurat" con su tenue toque jazz que permite crear un ambiente onírico a su alrededor y sirve al mismo tiempo para mostrar la capacidad interpretativa de los integrantes de Rider Negro. En segunda instancia podemos detectar una atmósfera cósmica contenida en el conteo regresivo de "Dry and soft" y aquella sensación que nos recuerda el mirar al manto estelar mientras el poder de la noche nos engulle de una sola mordida y el pop psicodélico al estilo innegable de The Doors con su mítico Jim Morrison nos sacude la memoria.


"¿Olvidaste tu nombre a la mitad del desierto?
¿Olvidaste tu alma a la mitad de un ferrocarril?
Deja que la zorra roja te lleve al siguiente episodio...

Espero que recuerdes el momento
cuando fuimos arrojados
entre estas dos montañas
Un camino estrecho parecía ser nuestra coordenada
Deja que el escarabajo dorado nos guíe al siguiente episodio
¡Oh salve a la mañana! ¿Este es el final del camino?

Fuegos en el amanecer cósmico..."

Dentro de dicha atmósfera interestelar, el track inicial del The echo of the desert es quizá la que más nos deja aquel sabor a magia, noche y viaje cósmico. Un caracol resuena mientras un baile indio mueve las arenas del desierto, los instrumentos eléctricos van preparando el camino para que una melodía se convierta en un ente orgánico lleno de vida. "Fires at the cosmic dawn" está conformada por una tersa armonía hipnótica que es coronada por un estribillo contundente, aunque todo termina por implosionar sobre las neuronas gracias a su armónica que nos transporta a remotos tiempos mientras observamos como el sol le ha ganado nuevamente la batalla a las tinieblas. Por si fuera poco, el tema contiene un ligero teclado hechizante, un solo de guitarra mágico, una línea de bajo de juega con la melodía y una batería que sin perder el tiempo logra marcar el paso como si estuviéramos sobre un ferrocarril que poco a poco deja el suelo para dejarnos abandonados ante la ausencia de gravedad a la mitad de la nada espacial.


Sin lugar a dudas, The echo of the desert tiene todos los elementos para convertirse en un álbum fundamental en la historia del rock en México, pero al mismo tiempo, muestra todas las posibilidades que tiene el blues psicodélico más allá de las cadenas y grilletes que se ha impuesto con el paso de los años. Este disco es rico en opciones sonoras y propone nuevos senderos para utilizar a la música como medio ideal que provoque un viaje hacia nuestro interior. Es necesario destacar que el álbum debut de Rider Negro tiene una producción técnica que logra contener en una misma burbuja todos los instrumentos, creando la sensación de un sonido terso que sabe controlar la multiplicidad de sonidos. El resultado final es un material mágico, psicotrópico y místico que se hace fundamental para quien desea conocer sus demonios internos en búsqueda de respuestas...


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