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viernes, 1 de febrero de 2019

Taiga Woods : el retorno del stoner noruego


Luego de varios días dando vueltas y vueltas el mismo álbum, era necesario buscar el pretexto ideal para hablar de él. Inesperadamente, la noticia perfecta aparece para escribir sobre una banda noruega enamorada de aquel stoner de velocidad constante. A unos cuantos clicks de distancia llega la información precisa: ¡¡la re-edición del álbum debut de Taiga Woods en versión vinil de 180 gr. sería publicada por Cursed Tongue Records el primer día de febrero de 2019!!

Ya sea por coincidencia o por casualidad, los frenéticos riffs creados por la banda originaria de Oslo corrían desbocados por las neuronas mientras agitaban el correr de la sangre por las venas. Aquella mezcla de rock desértico galáctico de Fu Manchu con el robot rock de los primeros días de Queens of the Stone Age y el stoner según a la escandinava de Truckfighters no dejó por un segundo de pisar el acelerador del viejo V8 que hacía arder sus neumáticos por los olvidados caminos de algún desierto olvidado. Quizá ésta sea una imagen extraña frente al cliché de los frondosos bosques noruegos, pero lo creado por Taiga Woods en su primer álbum realmente es digno de rescatar.


Lo que comenzó como un intento por crear un stoner que hiciera coincidir algunas de sus diversas tendencias de manera personal por el guitarrista Erik Skundberg, terminó en la conformación de una potente banda que tuviera la capacidad de reproducir lo hecho en los estudios de grabación. A mediados de septiembre de 2017, Skundberg publicó bajo el nombre de Taiga Woods un mágico álbum donde él mismo grabó todos los instrumentos con el apoyo de Eirik Myhrs en las percusiones y Kai Christoffersen en la grabación y mezcla del material capturado en Calmeyer Studio.

Sin embargo era necesario mostrar sobre los esenarios el arduo trabajo logrado en las salas de grabación, lo que llevó a Skundberg a la búsqueda de tres compañeros que lograran comprender la fórmula sonora para reproducirla en directo frente al público. Fue así que Taiga Woods se constituyó en un cuarteto con Skundberg en guitarra y vocales, Jonatan Eikum en la batería, Jøran Normann en la segunda guitarra y Ole Ulvik Rokseth en el bajo, quien fuera miembro de Hymn y Tombstones. 


Taiga Woods es un álbum de alto octanaje que usa el rock desértico de los noventas como punto de partida para crear una colección de canciones infecciosas llenas de guitarras insistentes sobre ritmos incontrolables. Sin embargo, el rasgo característico del proyecto de Skundberg es crear melodías vocales muy armónicas que bien podrían ir desde Greenleaf hasta lo hecho por cualquier banda de new wave ochentero. Con tan sólo siete tracks que se escapan como arena entre las manos, este material tiene todos los elementos para convertirse en uno de los discos más importate del género en Escandinavia, y sin temor a equivocarse, de Europa. 

Desde el instante en que las cuerdas resbalan por el mástil mientras la batería marca el primer tiempo de "Soul transmitter" y un solo de guitarra nos vuela la cabeza, sabemos que estamos frente a un disco importante. El ritmo toma su sendero de indudable stoner arenoso, pero las figuras lisérgicas de la guitarra y uno que otro teclado añadido para darle cuerpo al tema nos hablan de una banda sin temor a romper los cánones establecidos. Los juegos vocales que remite irremediablemente al rock pop son, quizá y de manera irónica, el elemento que atrapa la atención frente a los sonidos ya conocidos del género desértico y su derivación cósmica.


"Epic" es una tormenta de acordes que de manera sencilla se acerca al stoner metal y su derivaciones progresiva, pero una vez más, sus voces etéreas logran transportarnos a sitios insospechados más allá de su violencia sonora llena de rabia. Si bien "Do what you want" es una melodía pop donde el fuzz es silenciado por momentos para mostrarnos su verdadera esencia, "Garbageman" nos asesta un golpe directo a la cabeza a base de distorsión y guitarras psicotrópicas que sin compasión divagan hasta crear de manera fortuita una armonía propia para perderse en el vacío infinito del universo. La tormenta eléctrica de "Track of time" nos regresa al término de robot rock concebido por Josh Homme tras su salida de Kyuss, pero las voces nos recuerdan irremediablemente a los mejores éxitos de The Cars. Para cerrar de manera magistral, Taiga Woods se sube a un cohete de propulsión a chorro para romper la atmósfera y pasear entre los asteroides por medio de su concluyente "The great machine" mientras nos abandona cantando varios de sus pegajosos estribillos. 


Quizá sea su entrecortado ritmo lo que convierte a "Slow burning" en el tema más infeccioso del debut de Taiga Woods compuesta por Skundberg en 2007, pues mientras llevamos su tiempo bajo el recuerdo del primer Queens of Stone Age o hasta sus compatriotas de Spidergawd, los juegos vocales muy cercanos al Greenleaf de sus últimos discos nos remite a una realidad contradictoria bajo los prejuicios que cualquiera puede tener bajo el concepto de stoner. Mientras un conjunto de bestias estallan las bocinas con su melodía adictiva, una guitarra comienza a tomar el control hasta que nos regala un hipnótico solo lleno de hierba y pastillas. En tan sólo tres minutos y medio tenemos todos los elementos para caer rendidos a los pies de la banda noruega, pues una vez arrojados sus elementos constitutivos, Skundberg tiene la capacidad de ofrecernos algunas notas que logran romper con la intensidad para regresar de nuevo a su embrujo original mientras nos habla de la depresión y la forma de salir de ella. 


Mientras observamos el misterioso arte del disco creado por Erik Alm del Trøbbel Design, hoy tenemos una nueva oportunidad para deleitarnos con el debut de Taiga Woods. La banda noruega se dedicó a tocar todo el 2018, lo que los llevó a formar parte del cartel del Festival Høstsabbat junto con Lonely Kamel, Hällas, Domkraft, Elephant Tree y Brutus. El pretexto ha sido encontrado, así que tomemos una buena cerveza, subamos el volumen del stereo y permitamos que Taiga Woods nos ponga en trance con su delirante stoner atascado de estribillos inolvidables...


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