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miércoles, 2 de enero de 2019

Green Dragon : lo que oculta la luna llena


¡Ah cómo crecía esta pasión en su interior como un torrente,
quemándole las entrañas, elevando a la noche el ardiente deseo
que sentía su corazón de la vieja Danza de las Brujas en el Aquelarre!
El torbellino de las estrellas giraba torno a él:
otra vez conoció la magia de la luna.
Ancient sorceries, Algernon Blackwood (1908)

Una vez que el último rayo de luz ha desaparecido, las tierras tornan obscuridad mientras un manto de neblinas comienza a cubrir con su helado presagio todo a nuestro alrededor. Las horas pasan hasta que en lo alto del cielo nocturno una enorme luna llena anuncia el ritual que ocurrirá bajo su resguardo. Una ardiente fogata se levanta en algún rincón perdido del gran bosque sagrado y a su llamado se han reunido brujas y demonios con el deseo devorador de entregar su alma al maligno hasta que la blanca dama de la noche se esconda tras la llegada del nuevo amanecer.

El desgarrador susurro del anochecer comienza a hacerse presente para avisarnos que los poderes ocultos tendrán una nueva oportunidad de mostrar su magia y misticismo. En la pequeña y antigua población de Maplewood (en lo que hoy conocemos como New Jersey) se han reunido cuatro personas amantes de la obscuridad y los terribles sonidos que en ella surgen. Ritos malignos y poderes sobrenaturales se hacen presentes en sus mórbidos himnos, hipnóticas odas que poco a poco hacen sentir su peso y su maldad mientras la danza demoníaca enciende la noche con su enfermo ritmo infeccioso.


Bajo el nombre de Green Dragon encontramos a una pequeña congregación de amantes por las primeras semillas del doom, aquella bizarra mezcla entre hard rock, psicodelia ácida y blues electrificado creada por la eléctrica alquimia de Black Sabbath. Aunque su historia se remonta al 2012, la banda sólo tuvo la oportunidad de presentar un demo en el últmo día del año 2013 que sirvió como una declaración de intenciones y un single de 7" con un tema en cada una de sus caras para demostrar su densa atmósfera acústica y la posibilidad de su fuerza si buscaban probar dicha senda.

Green Dragon es el encuentro de algunos miembros de pequeñas bandas locales como The Plungers, Sweet Diesel, Das Oath o Devoid of Faith. De esta manera es como podemos escuchar a Zack Kurland en la guitarra y voces, Nathan Wilson en la batería, Jennifer Klein en el bajo y Ryan Lipynsky en la guitarra... cuatro almas en pena que deambulan por las noches para observar el cielo estrellado tras abandonar sus pesadas criptas.


Es hasta julio de 2018 que el cuarteto norteamericano tuvo la oportunidad de publicar su álbum debut titulado de forma homónima Green Dragon. El material es una densa tormenta eléctrica que con sus seis latigazos busca iluminar la noche, un espléndido homenaje al género nacido a principios de los años setentas entre maldiciones, brujas y sacrificios rituales. El mago doma al mítico animal mientras escuchamos el crujir de las cuerdas eléctricas en largas notas que simulan en andar de un condenado a muerte con su grillete atado al tobillo. "Eternal pyre" surge desde los abismos para golpearnos desde el primer segundo con su misterio y su depravación, aunque la banda tiene el control para arrastrarnos hasta el vacío espacial y la nula gravedad con su "Dark rider", tema que bien podría servir de fondo sonoro a cualquier historia de horror cósmico nacida de la mente de H.P. Lovecraft.

Si no fuera suficiente la potencia sonora de la distorsión de los instrumentos eléctricos de Green Dragon, el grupo se hace acompañar de uno que otro teclado o efecto de sonido como en la intergaláctica introducción de la instrumental "IV", aunque la esencia doomy de la banda es imposible de abandonar, por lo que a los pocos segundos todo se convierte de nuevo en una áspera lluvia a la mitad de la noche. El trabajo de Anthony Corallo en los controles técnicos y la masterización de Jesse Cannon hacen de Green Dragon una pequeña joya sonora que remite a las viejas grabaciones análogas, ya que respeta a cada instrumento al permitir fusionar su distorsión y acidez; algo que termina demostrado en "Dead space" con su ligero tufo a stoner y su danse macabre con la que cierra.


Sin lugar a dudas, Green Dragon es una banda que adora al mítico Black Sabbath, lo que es confesado en "Poison finger" y su melodía de acordes sueltos y riff infeccioso de tintes malignos; aunque es quizá "Full moon" el tema que mejor nos puede servir para identificar cada uno de los elementos sonoros de la banda. Desde sus primeras notas, el track atrapa nuestra atención hasta crear un loop obsesivo, un bucle enfermo del que será imposible escapar. Su obscuro ambiente nos captura  para dejarnos al borde del abismo y nos habla de aquellas cosas inverosímiles que ocurren bajo su resguardo. Y aunque todo podría quedar eternamente bajo dicho ritmo, todo se transforma en una danza malévola que invita unirse al aquelarre pero que tras unos breves segundos muta en una aletargada melodía de dolor y condena.

Si existe un disco que merece ser rescatado del impresionante océano de opciones y propuestas dentro del proto-doom en los últimos años es este Green Dragon, pues su penetrante y acre sonido logra transportarnos a algún cementerio olvidado a la mitad de la noche, a algún ritual oculto que busca desatar las fuerzas de la obscuridad o simplemente a alguna pesadilla nacida del subconsciente. Material directo que requiere ser escuchado de manera repetida y constante, un tesoro olvidado para los amantes del hard rock obscuro, una promesa para el futuro que varias de las criaturas de la noche esperamos se pueda cumplir...


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