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viernes, 21 de agosto de 2015

“Behind the mountains” de Brutus: el sonido vintage de Escandinavia


La mirada no se puede ignorar una portada tan lisérgica, tan psicodélica y tan espectacular. Una ilustración nos muestra a cinco muchachos observando un volcán en erupción a través de un valle cóncavo lleno de colores y una mágica noche cósmica. El interés crece y nos hace indagar por los creadores de una imagen tan seductora hasta que los ojos se detienen en un extremo de la misma. Una extraña mariposa plasma en sus alas el nombre de la banda: Brutus. 

¿Qué es lo que podríamos escuchar con una portada como ésta? Pues precisamente lo que podría resultar obvio: un hard rock de sabor vintage que nos remita a las bandas psicodélicas de finales de los 60 y aquellas de llenas de guitarras pesadas de principios de los 70, aquel encuentro entre el blues y el rock que sentó las bases para el heavy metal. Y sin duda, este material está lleno de esta atmósfera. Entre amplificadores de bulbos y grabadoras analógicas, Brutus logra transportarnos a ese añorado pasado sonoro donde las bandas tocaban juntas en el estudio de grabación para dejarnos la sensación al escuchar el acetato de estar frente al grupo tocando en vivo para nosotros.


Tres suecos y dos noruegos publicando su disco a través de una marca finlandesa: Escandinavia en pleno. Witchcraft, Graveyard y Horisont han sido la punta de lanza en esta invasión nórdica, sin embargo existen otras bandas vikingas y barbadas como Brutus que nos hacen entender que la recuperación de este hard rock de guitarras no sólo se quedan en una época revival, sino en un movimiento que crea a través del pago de tributo a los dioses (Blue Cheer, Led Zeppelin, Thin Lizzy, Deep Purple, Pentagram o Black Sabbath). Todo esto es Behind the mountains, un disco que no puede decepcionar.

¿Pero quién carajos son estos tipos?

A principios de 2007, tres chicos se reunían regularmente en los bares de la ciudad donde discutían sobre Black Sabbath, Jimi Hendrix y las razones por las cuales los discos se escuchaban mejor que en la actualidad. Sin llegar a alguna conclusión, terminaron por decidirse en hacer una banda ellos mismos. Esos muchachos eran los suecos Johan Forsberg  y Christian “Krille” Hellqvist en las guitarras eléctricas y el noruego Knut-Ole Mathiesen en el bajo. Tras algunos ensayos y con la necesidad de conformar la banda con los instrumentos necesarios de la misma, Knut-Ole se vuelve baterista y “Krille” se transforma en bajista… esta es la semilla que dio origen a Brutus.


Con la obsesión de lograr recrear aquel sonido clásico de las bandas de hard rock que adoraba, Johan Forsberg aprendió a tocar la guitarra eléctrica y con el tiempo se armó de una Gibson Les Paul y un amplificador Orange de bulbos. Siendo originario de Ulricehamn, un pequeño poblado sueco, Johan decidió trasladarse a la cercana Gothenburg para estudiar y acercarse a la escena musical que se estaba gestando ahí. Después de un tiempo, decidió mudarse a Noruega y su destino lo llevó a la formación de una banda con otro migrante sueco.


Christian “Krille” Hellqvist estudiaba en la universidad de la ciudad sueca de Karlstad cuando decidió mudarse a Oslo, lugar donde conoció a Johan Forsberg y con quien inmediatamente encontró una amistad gracias a sus afinidades musicales. “Krille” tocaba la guitarra, sin embargo, por las necesidades que la banda exigía, decidió pasarse al bajo. Con la idea de alcanzar el sonido vintage que deseaban, “Krille” se armó de un clásico Rickenbacker, un Fender Precision y un Gibson EB2, además de un obligado amplificador Ampeg. Sin embargo, su capacidad como guitarrista hizo con el bajo no se quedara de forma pasiva como alguien que solo marcara el tiempo y los tonos, sino que tuviera la posibilidad  de improvisar y se luciera en el escenario tal y como lo hiciera Geezer Butler de Black Sabbath.

Originalmente Knut-Ole Mathiesen tocaba el bajo, pero el trío no lograba encontrar un baterista que quisiera formar parte del proyecto revival que deseaban hacer. Un poco desesperado, Knut-Ole se transformó en baterista. Lejos de ser una pasajera opción o una mala decisión, Mathiesen se convirtió en la base sonora que requería el proyecto y elemento fundamental del grupo.


No fue sino hasta 2008 que la banda comenzó a definir su sonido al integrarse Kim Molander como segunda guitarra. Al igual que Johan, Kim es originario de la pequeña Ulricehamn, Suecia. Él decidió ir a estudiar fotografía a Oslo y ahí fue donde coincidió con el incipiente Brutus. La unión de las guitarras de Johan y Kim logró que el grupo tuviera más colorido en sus composiciones, pasando de una copia sonora de Black Sabbath a un intento por crear el sonido de bandas como UFO y Thin Lizzy.

Ya consolidado el sonido de la banda, Brutus requería de un vocal que lograra plasmar las ideas del grupo y dotara de identidad a la misma. Tras ver un concierto de la banda The Ritual, Krille se acercó a su cantante para convencerlo de que se integrara a su proyecto. El bajista estaba impresionado con el carisma y la diversión que Nils Joakim Stenby irradiaba en el escenario (siempre con una cerveza en la mano), además de su posibilidad de jugar con su voz (su color va desde los tonos chillones de Ozzy Osbourne hasta el grave y rasposo de Johnny Winter). Sin pensarlo dos veces, Jokke aceptó la propuesta e inmediatamente se puso a trabajar en las letras para las estructuras musicales que tenían armadas el resto de la banda.

Para finales de ese mismo 2008 grabaron un demo y en el transcurso de 2009 publicaron su álbum debut tras grabarlo en los legendarios estudios Music-A-Matic en Gothenburg (lugar donde han grabado gente como The Hellacopters) bajo la producción y mezcla de Henryk Lipp y Micke Nilsson (quienes han trabajado con las bandas suecas de Sator, Dead Man y Burst). Luego de un EP compartido con la banda sueca de stoner y doom The Graviators publicado en 2011, Brutus comenzó los trabajos para su segundo disco. Para ello, logró firmar con el sello finlandés Svart Records y se metió a una larga sesión de grabación en los Subsonic Society de Oslo durante dos años. Con las cintas bajo el brazo, la banda decidió entregarlas a Lipp y Nilsson para que las mezclaran y las masterizaran bajo la lógica sonora de los grupos de hard rock de los años 70. El resultado final fue el Behind the mountains publicado en junio de 2013.


El concepto

Fácilmente uno podría esperar que un disco obsesionado con la recuperación del sonido y las técnicas de grabación hechas en décadas pasadas tendría que quedar atrapado en tan solo una colección de canciones. Dos años en los estudios de grabación nos darían la razón en ello, pero afortunadamente nos equivocamos con esta creencia.

Behind the mountains escudriña, rasca y desentierra las verdaderas intenciones que tienen todas las cosas a nuestro alrededor, y ¿por qué no?, de nosotros mismos. Arranca la careta para mostrarnos el verdadero rostro del individuo que se esconde tras de ella. Es la búsqueda de luz que despejen las sombras, aquellas que ocultan y esconden todo a su paso. Al fin desnudo y liberado, el individuo irremediablemente se dejará ver tal cual es.


El disco busca ser una droga introspectiva que se interna en el ser para develar todos sus secretos. Sobrevuela el alma y echa un vistazo a la confusión, el dolor, la tristeza y la maldad con la intención de desmarañar el interior para sacarlo a flote y comenzar a buscar respuestas y alternativas.

Es por ello que a cada paso que da el Behind the mountains, encontramos una puerta que se abre y una sorpresa atrás de ella. Una vez eliminados los misterios, todo es aclarado y liberamos la mente de sus ataduras. El amor, la pasión, la naturaleza y la humanidad pueden tomar otro rumbo si el individuo traspasa los muros y los desmenuza en su interior. Esa es la apuesta que hace Brutus con este disco, una obra que habla de los misterios que nublan al hombre y su intento por abrir la percepción y encontrar las respuestas a sus secretos.


Canción por canción

The witches remains: El momento es ideal para que las brujas salgan a lanzar gritos, maldiciones y hechizo. A la sombra del bosque y con la tenue luz de la luna, la mágica mujer de fuego en los ojos y que se oculta en las montañas se muestra ante nuestra mirada  con su negro vestido… Unos golpes de batería abren paso a una fúnebre marcha, que tras algunos segundos, se agita y nos relata una historia sobre brujas y mujeres que hechizan. Inmediatamente nos viene a la mente aquel Black Sabbath de melodías aletargadas de sus primeros discos, pero esta sensación aumenta todavía más con el efecto de “double track” en la voz de Jokke.


Personal riot: La gente te observa y se burla de ti y sólo queda preguntarse por las razones. No es fácil pelar con los demonios que tiene uno adentro. Miedo, soledad y confusión golpean la mente. El mundo se colapsa a nuestro alrededor y el alboroto se arma en nuestra cabeza. El final está cerca… Un contagioso riff de guitarra hecho por Johan nos engancha sin remedio a la melodía. Las líricas siguen exactamente la misma idea de “Paranoid” de Black Sabbath, aunque la esperanza por salir de aquel trance quizá sea menor en la versión de Brutus. Canción del Behind the mountains escogida por la banda como sencillo debido a que en ella se resume el sonido de la banda y el concepto del disco. Con el objetivo de tener difusión, se elaboró un video promocional con la canción donde podemos observar chamarras de mezclilla, barbas, cabellos largos, cervezas y a Brutus durante las grabaciones del disco y explotando en los escenarios.


Big fat boogie: ¿Qué pasa por la mente del gordo que se ha dado cuenta de su propia fuerza? Una rola que parece dedicada a Christian “Krille” Hellqvist, bajista de la banda… Riff agitado que guarda la misma intensidad al de “Personal riot”, por lo que sirve perfectamente como continuación de la misma. Las guitarras de Johan y Kim se alternan en figuras que terminan en un ritmo tribal alrededor de la repetición de la frase que da título a la canción.


Blues pills: La píldora azul ha hecho su efecto y ha liberado el alma del amargo sentimiento que la tenía atada. Se puede observar en los ojos que se ha dado cuenta de ello. La tormenta se acerca… Melodía de ritmo pasmado que deja su poder en la voz de Jokke y en un sentido solo de guitarra salido de las manos de Johan muy el estilo del irlandés Gary Moore (aquel que tocara con Thin Lizzy).

Square headed dog: Vagando por las solitarias calles, la mente se agita ante el abandono y la soledad. El individuo ha cerrado los ojos para escuchar aquellos sonidos y voces encerradas en su cuadrada cabeza… Hard blues de denso paso con un solo de guitarra de Johan ahogado en pedal wah y un eco distorsionado, tal y como si estuviera escondido en la mente de aquel solitario al que hace referencia la letra de la rola.

Mistery machine: Industria, tecnología y maquinaria dejan caer sus pesadas manos sobre el hombre. La ciencia al servicio de la rápida máquina como si de gasolina, con la intención de acelerar su paso. El destino es ahora… Pesado riff de cinco tiempos que rompe el plano mientras el bajeo se luce en escalas y figuras. La voz es un pleno tributo a Ozzy Osbourne en su efecto sonoro y remarcada melodía. Sorprendente duelo de solos de guitarra entre Johan y Kim sobre un ritmo cortante semejante al de una máquina pesada, lo que recuerda el origen del sonido de Black Sabbath hecho por Tony Iommi y la famosa historia de la pérdida de sus falanges.


Crystal parrot: ¿Esto es la realidad o sólo un sueño? Los problemas en la mente fluyen a través de un viaje ácido que atraviesan la obscuridad gracias al loro de cristal…  Un sucio rock nacido directamente de los locales de ensayo de The Rolling Stones o de Led Zeppelin gracias a la armónica de Per Riihiaho, músico invitado. Esta rola puede ser en la que Jokke se acerque más al color de voz de Ozzy Osbourne, aunque el ritmo sea el más alejado a Black Sabbath de todo el disco. Realmente genial el duelo final entre la armónica y el solo de guitarra el cual realmente nos hace levantar el vuelo.

Reflections: El sol se ha ido a dormir. La obscuridad se postra sobre las almas. Ha llegado el momento para que las reflexiones del ser se agolpan en su mente. La verdad se sabrá… Este es el punto climático del Behind the mountains: un pesado blues de guitarra eléctrica que llora y un atmosférico teclado que logra llenar todos los vacíos posibles. Como en una caída libre, la rola se va acelerando y nos arrastra a su caos y explosión, jugando con nuestras sensaciones y llevándonos al éxtasis total. Finalmente, la canción termina en una loca persecución donde el solo de guitarra es espectacular.

Can´t help wondering why: Todo ha sido muy rápido y la vida se ha escapado como arena entre las manos de manera estúpida y alocada. Es momento de recuperar el tiempo perdido y la capacidad de sorpresa y asombro ¿Cómo podemos describir un pedazo de canción como este donde la piel se eriza en cada nota? El ritmo marcado por las guitarras “muteadas” y su riff de cinco notas ascendentes simplemente te vuelan la cabeza. De la nada surge un teclado eléctrico en manos de Gustaf Gimstendt y ¡kabum!, todo se convierte en un terremoto que sacude todo a su paso: guitarras en desenfrenados solos que chocan entre sí, un bajo que serpentea por todo el mástil y una batería que golpea salvajemente. Esta es la forma perfecta de terminar de sacudir la cabeza tras una revisión a ella.


Esto es el Behind the mountains, un poderoso disco lleno de hard rock vintage y letras que buscan desenterrar los misterios que cunden a nuestro alrededor...




martes, 18 de agosto de 2015

“Electric mistress” de Stoned Jesus: la forma en cómo se toca el stoner en Ucrania


Cuando hablamos de rock stoner  y sus diversas variantes (desert, metal, doom…) pensamos en Estados Unidos con el lugar de origen para dicho género y después damos espacio a Inglaterra, Alemania y hasta Argentina  como países donde existe un nicho para su creación y sus seguidores. Pero si rascamos un poco en el panorama, podemos localizar excelentes propuestas. Una de ellas nos llega desde Kiev, Ucrania: Stoned Jesus.

Conformados desde 2009 alrededor de la figura de Igor Sydorenko, guitarrista y vocalista del grupo, Stoned Jesus se fue abriendo paso en los escenarios europeos de la mano de la publicación en 2010 de su First communion.No fue sino hasta 2011 que la banda estableció su sonido y su concepto a través de la inclusión de Sid en el bajo y a Vadim Matiiko en la batería. Con esta alineación, Stoned Jesus se metió a grabar durante los meses de agosto y septiembre de 2011 lo que sería su segundo álbum completo, el cual llevaría por nombre Seven thunders roar y que sería publicado hasta marzo de 2012 a través de Moon Records. Con sesiones de grabación en los Destroy the Humanity Studios de Moscú, Rusia y en Zvukocech de Kiev, Ucrania, el grupo conformó el disco que terminó por llevarlos a gira de promoción en los Estados Unidos, permitiéndoles una difusión en los diferentes medios de comunicación.

Precisamente del Seven thunders roar se desprende el sencillo “Electric Mistress”, una rola poderosa donde la guitarra Gibson les Paul de Igor juega con diversas distorsiones en su figura principal hasta que truena sin freno a la par del resto de los instrumentos. Un impresionante bajo sacude el terreno como un trueno que cae sobre la tierra. Las percusiones retumban y nada puede quedarse en calma. Escalas pentatónicas suben y bajan hasta que todo se vuelve grave, pesado, lento y misterioso.


Siguiendo los cánones del stoner, “Electric Mistress” es una canción de fuerte estructura musical que versa sobre la metáfora de una mujer mágica que comparada con lo deslumbrante de las luces generadas en la tormentas desérticas. Ella será la dama que logre liberar el alma a través de su encantador embrujo, su pasión carnal y su fugaz paso por nuestros brazos. La obscuridad que lo envuelve todo sólo podrá ser eliminada por la amante eléctrica. Ella viene hacia nosotros y no tenemos opción.

Más de nueve minutos de un fuerte viaje ácido donde la melodía básica es rota por una ensoñación densa de la cual podemos escapar por medio de una dosis más fuerte de guitarrazos de volumen alto. Sin embargo, para la publicación de esta rola como single en abril de 2013,  “Electric Mistress” fue editada en unos cortos 4 minutos (sin la impresionante parte media) para la grabación de un video promocional elaborado por Victor Priduvalov donde podemos ver a Stoned Jesus tocando en un obscuro antro mientras vemos una fantasmal historia de amor con imágenes inspiradas en David Lynch y un Igor Sydorenko sirviendo tragos ataviado de un penacho de plumas como un viejo indio americano.

Este es el video dirigido por Victor Priduvalov con la versión editada de “Electric Mistress”:


Y con la intención de que tengan la oportunidad de disfrutar esta rolota, les compartimos la versión completa de “Electric Mistress” de nueve minutos incluida en el Seven thunders roar:

viernes, 14 de agosto de 2015

El primer EP de Desert Suns: el nuevo stoner californiano


Un aparato radiofónico intenta captar alguna señal. Vuelta tras vuelta sobre el dial hasta que un feed back se deja escuchar y nuestros oídos prestan atención. Las guitarras se dejan oír en un riff fuerte con la intención de atravesar la atmósfera, de cruzar la galaxia y de dejarse escuchar hasta el infinito. Así es como abre el EP que sirve de debut discográfico a Desert Suns.

Un extraño ritual de personas encapuchadas frente a un calavérico y fálico templo durante una cósmica noche nos recibe como portada del disco. El logo de la banda nos ubica en la ilustración y nos anuncia de qué va esta placa: un rock stoner mezclado con la acidez psicodélica y el misticismo doom  que es inundado de referencias desérticas y galácticas.


Las rolas se van dejando escuchar y es inevitable recordar a bandas californianas como Kyuss o a Sleep, pero una vez saboreado el primer trago, un tufo a Black Sabbath aparece por medio de los riff de guitarra inspirados en el omnipresente Tony Iommy. Seis cortes que nos sirven de aperitivo para despertar nuestro deseo por escuchar más y lograr un ascenso mayor.

La advertencia está hecha: el viaje será fuerte y no será sencillo regresar los pies a la tierra. Desert Suns muestra sus cartas con una fuerte mano. El ritmo se acelera a cada segundo hasta que las alucinaciones atascarán el ambiente. Sólo quedará soltar el cuerpo y permitir que la mente vuele sin remedio.

¿Pero quién carajos son estos tipos?

Desert Suns se formó en San Diego, California a mediados de 2013. Chicos con la inquietud de crear música, formaron parte de diversas bandas hasta que coincidieron en una donde pudieron concretar sus gustos musicales y sus ideas. Sin esperar un segundo, la banda se metió a los American Sound Studios y publicó en enero de 2014 a manera de sencillo la rola “Burning temples”, utilizando la plataforma de Bandcamp para difundirla. Con esta carta de presentación, el grupo tuvo la oportunidad de tocar en diversos foros de la Costa Oeste de los Estados Unidos, afinar los detalles de lo que habían grabado y firmar con la pequeña disquera independiente Ripple Music Records para la publicación del EP en agosto de 2014.

Tras la desintegración de Revenge Death Ball, el guitarrista Woogie Maggard buscó inmediatamente a gente que comulgaran con él en la intención de crear una banda de rock stoner que tuviera la posibilidad de incorporar algunos elementos de otros géneros musicales para enriquecer el concepto. De esta manera, su guitarra podría tener la posibilidad de explotar a través de las distorsiones, saturar las bocinas con un ácido fuzz o relajar el ambiente con una ligera guitarra electroacústica.


Con esta lógica, David Rusell se integra al proyecto de Maggard. El poder de un salvaje y saturado bajeo está en sus manos en contraste con una voz media y rasposa perfecta para versar sobre mujeres, imágenes psicodélicas y elementos cósmicos.


En la batería encontramos a Ben McDowell, quien formara parte de una pequeña banda amateur de stoner y metal llamada Green Saturn. Estructuras exactas de gran potencia que logran el despegue necesario en cada melodía es su marca personal.


Tras la presentación de single Burning temples, se incorpora como segunda guitarra Anthony Belluto. Su inclusión en Desert Suns es la de dotar de mayor potencia sonora al grupo, logrando crear un muro de sonido al combinarse con Maggard. Así mismo, al tener una guitarra de acompañamiento, Woogie tiene la posibilidad de soltar sus solos sin abandonar los riffs que marcan las canciones.


Con esta formación, Desert Suns terminó de grabar su primer EP de la mano de Brandon Jenson, quien realizó la producción, grabación y mezcla de las seis canciones que lo conforman. Finalmente, con un mágico trabajo, Jimmy Ovadia creó el arte del disco; el cual incluye la portada, un poster y cuatro imágenes más que en la re-edición de la placa en vinil hecha por HeviSike Records fueron incluidas como postcards. Cabe mencionar que precisamente para la publicación del disco en vinil, el trabajo de remasterización fue elaborado por Tony Reed, guitarrista y vocalista de Mos Generator.


El concepto

Si la intención es recuperar el stoner perdido con el cambio de siglo, Desert Suns logran rescatarlo con su EP debut. Para ellos, la banda se dio a la tarea de crear melodías con fuertes ganchos que no son fáciles de soltar a través de ritmos de ácidas atmósferas que permiten divagar a cualquier cerebro que presuma de sano juicio.

Y si de stoner se trata, el grupo construye sus líricas en base a temas ya masticados por las bandas clásicas del género como Kyuss, Sleep, Nebula y Fu Manchu. Tomando como punto de partida el desierto (ya sea como entorno, ya sea como metáfora para las alucinaciones), la banda juega con el concepto del cosmos y el espacio exterior (idea nacida por la magia que se crea al admirar las noches desérticas llenas de estrellas y silencio sepulcral).


Con el ácido y viajado soporte construido, las letras de las canciones del Desert Suns EP versan sobre el abandono del hogar, mujeres que orillan a la lujuria, recorridos astrales y el anhelo de lo perdido. Ahogados en imágenes y palabras, al escuchar la placa nos quedamos con la idea que aventarse un escape psicotrópico puede ser una experiencia liberadora de los sentidos, pero que en él podemos correr el riesgo de perder algunas cosas (la familia, el amor, el control y hasta la memoria).

De esta manera, el coctel explosivo hecho por los californianos termina logrando su objetivo: crear una colección de canciones clavadas en el recuerdo stoner y el sonido de la escena de Palms Desert que buscan despegar los pies de la tierra hasta explotar en un juego de colores e imágenes con ganchos adictivos que irremediablemente provocan que el disco comience una y otra vez.


Canción por canción

Burning temples: Un nuevo sol se levanta en el horizonte y poco a poco se acerca hacia nosotros. Ha cruzado la galaxia para liberarnos de todo, quemando los templos desde sus cimientos. Abandonados ante el astro, sólo queda la resignación. Girando alrededor de este mundo y abrazando todo a su paso, el sol acabará con todo y sólo quedará el polvo de nuestros cansados huesos… Un lento y fuerte riff nos sacude ante la interferencia de sonido, pero tras unos segundos, la rola baja totalmente de intensidad sin cambiar la melodía. El calor desértico se siente a cada paso, a cada nota, a cada sílaba. A la mitad de la rola, el ritmo se acelera mientras todo a nuestro alrededor se quema. Esta una melodía digna heredera del viejo sonido de Black Sabbath.


Space pussy: Paralizados ante su imagen, no queda otra cosa que observar y esperar. Ya sin sangre en las venas, la nave ha perdido el control. Estamos fuera de la atmósfera, estamos enamorados espacialmente… Aprovechando el eco de Burning temples, las guitarras comienza su riff sin piedad y sin freno. Una cascada de notas reptantes se arrastran sobre la base de la melodía. La forma de cantar las estrofas de David Rusell recuerda mucho el estilo característico de Scott Hill, vocalista de Fu Manchu. El repetitivo ritmo se vuelve hipnótico, logrando que nuestra mente se pierda en su pesadez. Gran trabajo de Woogie Maggard en los solos de guitarra. Lanzada como single del EP, Space pussy tiene un video hecho por Stephen Finn donde se puede ver a la banda tocando mientras se mezclan imágenes de luces líquidas muy psicodélicas y el baile sensual de Tori, una modelo de la marca The Seam Ripper.

Passing through: Corriendo a través de la medianoche, apretamos el pedal hasta el fondo  para alcanzar la bóveda celeste. El cielo se ilumina y la tierra explota. Hemos atravesado la atmósfera, pero aún así nos sentimos en casa…Una guitarra distorsionada marca la melodía con un ritmo acelerado, a la cual le sigue otra guitarra ahoga en un pedal fuzz. Tras marcar con los platillos la velocidad, la batería entra para hacernos explotar junto con la rola. La velocidad no cede hasta que cerca del final nos hace sentir que hemos cruzado el límite y hemos dejado atrás la gravedad. Una rola stoner en toda la extensión del género. Vale la pena resaltar el trabajo de Ben McDowell en los golpes de la batería y la voz de David Rusell que busca emular a Ozzy Osbourne.

Ten feet down: Melodía acústica de ritmo relajado, tal y como si unos vaqueros hubieran decidido hacer un poco de southern rock. La guitarra de Woogie Maggard resbala las notas sobre la melodía rasposa de David Rusell y la blusera armónica de Edward Nies. El recuerdo de Led Zeppelin puede llegar a nosotros sin problema alguno.


Memories of home: Hemos perdido el boleto de regreso a la tierra. Al abandonar nuestro cuerpo, la mente ha quedado abandona en la inmensidad del universo. Sin embargo, los recuerdos se agolpan en nuestra agitada cabeza, los cuales se convierten a final de cuentas en agrios reclamos: “Madre, duermo con arañas”… Hipnótica melodía que en su acidez termina dejándonos a la deriva del espacio sideral. El sonido stoner es utilizado para entonar una melodía totalmente doom como lo estableciera Black Sabbath en sus primeros discos. Aprovechando el cambio de velocidad en el puente de la rola, la guitarra eléctrica explota en un genial solo de galáctico efecto.

Run through my roots: Una tenue guitarra sin efecto entona una sencilla melodía, la cual es interrumpida por un redoble militar que marca su marcha sobre efectos sonoros de viento cósmico y que termina dando entrado a un riff lento de guitarras pesadas y un juguetón bajeo. Con una voz cercana a la de Jack Bruce de Cream en las estrofas, David Rusell transforma la intensión en el coro al seguir los cánones de Ozzy Osbourne. La pesadez del riff inicial es equilibrado con instantes suaves e hipnóticos de guitarras en pedal wah.



Esto es Desert Suns, una banda que regresa a las raíces del rock desértico californiano con la intensión de colocar nuevamente bajo los reflectores al viejo stoner y permitir a las nuevas generaciones gozar de un viaje cósmico a través de su propia mente. Felices 30 minutos de escape…


martes, 11 de agosto de 2015

Black Black Black: bailando sobre el pentagrama


Dentro de la fuerte oleada de bandas que han recuperado el hard rock y lo han llevado a nuevos horizontes, encontramos una banda originaria de Brooklyn, Nueva York que ha logrado reconocimiento en aquel circuito gracias a la publicación de su disco homónimo en febrero de 2013. Ellos son Black Black Black.

Bajo la etiqueta de "death rock", este cuarteto neoyorkino poco a poco se ha ido colocando en los escenarios a través de una mezcla de doom, stoner, hard y metal, logrado así que sus presentaciones sean un espectáculo ecléctico al reunir a aquellos sedientos de bandas de sonidos fuertes que recuperen el metal setentero con aquellos que desean escuchar lo que hacía Disengage hace diez años. 

¿Por qué hacemos referencia a esa banda de mediano éxito originaria de Cleveland? Al desintegrarse este grupo, dos de sus miembros buscaron crear un nuevo proyecto que recuperara sus gustos por bandas tan distintas como Black Sabbath o Tool. El vocalista Jason Alexander Byers y el guitarrista Jacob Cox abandonaron Ohio y se fueron a radicar a Nueva York para encontrar nuevos aires, lo que los llevó a formar un nuevo grupo junto con Johnathan Swafford en el bajo y Jeff Ottenbacher en la batería.

Tras varios meses de ensayos y maquetas, los Black Black Black decidieron meterse a los Translator Audio bajo la tutela de Andrew Schneider para grabar su disco debut, el cual fue publicado de manera independiente y promocionado por medio de la página de Bandcamp del grupo. Con la recomendación de Jesse Bartz (vocalista de Lo-Pan) y el reconocido blog The Obelisk, el disco comenzó a difundirse en diversas páginas electrónicas. 
En esta ocasión les compartimos una de las 12 rolas que contiene su disco, quizá la más energética de ella y la más digna de abrir una presentación de la banda. "Pentagram on" es un gancho directo a la mandíbula, una agitado galope de caballo desbocado que tan solo dura 1 minuto y 47 segundos. El estruendo del bajo satura las bocinas para que el grupo termine invocando al poder del pentagrama y no tengamos otra opción de mover el cuerpo al salvaje ritmo, el cual nos deja un poco el sabor a los divertidos Red Fang. Con la idea  de una estrella de cinco picos de referencia satánica, y por otro lado la pauta musical de cinco líneas donde se escriben las notas, el pentagrama se convierte en el motivo ideal para liberar el alma mientras la melodía se repite una y otra vez.


Con la intención de recuperar el espíritu de las bandas de hard rock sin grandes pretensiones, Black Black Black nos ofrece un nicho para los que buscan un grupo que tenga un enorme abanico de posibilidades, fuerza, melodías pegajosas y gran actitud sobre el escenario. 


viernes, 7 de agosto de 2015

The Oath: desde las entrañas de la obscuridad


A primera vista, la portada impacta. Sin palabras y sin íconos… sólo dos rubias envestidas de vinil y cuero negro nos observan de manera directa y sin freno. Sus miradas nos retan a traspasar el límite para entrar a su obscuro mundo de muerte, sombras y demonios. Una noche sin estrellas se postra para dar paso a una lúgubre atmósfera sin salida. Acorralados y sin remedio, nos damos a la tarea de apretar el botón para escuchar sus primeros acordes de ruidosas guitarras. Esto es The Oath.

Los agresivos sonidos nos hipnotizan y caemos rendidos a sus pies por medio de un heavy metal británico al estilo de la llamada “nueva ola” de finales de los setentas (Iron Maiden, Judas Priest, Angel Witch y Witchfinder General), al que se le suma un sabor a doom que varias bandas con mujeres al frente han hecho y que beben directamente del Black Sabbath setentero (Blood Ceremony de Canadá, Mist de Eslovenia, Witch Mountain de Estados Unidos o  Jess and the Ancient Ones de Finlandia).

Igualmente, su nombre nace por el gusto a las bandas clásicas. Recordando el segundo disco de Mercyful Fate, Don’t break the oath, el grupo se bautiza en fuego sagrado y firman su pacto con el demonio. Por si fuera poco, el logo de la banda fue diseñado por Erick Danielsson (bajista y vocalista de la banda sueca de black metal Watain), el cual nos muestra la dualidad que es constante en la magia negra que rodea a The Oath. Cruces encontradas, el nombre del grupo y el uso del simbólico número siete escondido.  
Sin tregua y sin miramientos, el álbum debut de The Oath nos sacude por todo el cuerpo. Ya sea por su sonido a metal antiguo o por sus tétricas líricas, esta placa no puede pasar inadvertida. Rompiendo los cánones del género, dos mujeres forman un concepto a partir de sus gustos, aficiones y vicios. Mórbidas y blasfemas imágenes invaden el ambiente mientras guitarras afiladas entran directamente en nuestro subconsciente. Sólo queda abandonar el cuerpo y permitir que la obscuridad tome su lugar. 


¿Pero quién carajos son est(a)s tip(a)s?

Bien podría escribirse que la historia de The Oath tiene en Berlín su punto de arranque. Fue en el año de 2012 cuando Johanna Sadonis estaba rondando bares de la capital alemana para conformar un grupo de heavy metal junto con el baterista Vicent Wager, hasta que Henrik Palm, guitarrista de In Solitude, les recomendó a Linnéa Olsson, una chica sueca que había decidido dejar su natal Estocolmo con la intención de reiniciar su carrera musical tras su paso por la banda alterna de Palm como guitarrista de acompañamiento. Las dos chicas comenzaron a platicar, encontrando muchas similitudes en ideas y gustos musicales, además de su parecido físico: una banda se había iniciado.


Johanna Claudia Sadonis es una chica alemana que creció dentro de un ambiente metalero. Se fue vivir a California durante tres años y tras su separación conyugal, decidió regresar a Berlín. Sin dinero, comenzó a trabajar atendiendo una librería de ocultismo, donde se acercó aun más a estos temas. Ahí fue cuando decidió formar una banda donde ella fuera la cantante, por lo que se dio a la tarea de encontrar a gente que compartiera sus conceptos. Ella escribe letras de canciones desde antes de la conformación de The Oath a través de melodías que va creando, las cuales tienen una influencia directa de Ozzy Osbourne en su primera etapa en Black Sabbath.


Linnéa Olsson era la guitarrista rítmica de la banda sueca Sonic Ritual, la cual tenía como base de operaciones su natal Estocolmo. Este grupo era un proyecto de Henrik Palm, quien tenía como objetivo principal a In Solitude. Un poco harta por la escena local de metal de su país y por la falta de actividad con Sonic Ritual, Linnéa comenzó a buscar opciones para salir de esta situación. Tras una visita a una psíquica, encontró la respuesta: escapar de todo, poner distancia y comenzar desde cero. Encontrando en Berlín el lugar ideal, comenzó a componer riffs y a buscar opciones para dar forma a su proyecto. Con la recomendación del propio Palm, Linnéa conoció a Johanna y el clic fue inmediato, ya que las líneas melódicas que había creado en el escaso tiempo que ella tenía en Berlín tuvieron la precisión de clavar en el concepto buscado por Johanna.


Con la idea definida, Johanna propone a su novio para que sea uniera al proyecto. Simon Bouteloup es un músico francés quien fue bajista de la banda stoner Aqua Nebula Oscillator y, como lo hicieran Olsson y Johanna, pensó en Berlín como el lugar idóneo para continuar si carrera musical gracias al reconocimiento obtenido con su primer banda. Su sonido estaba basado en la vieja psicodelia y rock ácido de los sesentas, pero al entrar en contacto con la escena berlinesa, poco a poco fue cambiando su equipo y definiendo la forma en que deseaba escucharse. Ello es claro al comparar los discos que grabó en Francia con lo hecho en The Oath.


Al principio del proyecto, el baterista fue Vincent Wager, músico alemán que ayudó a crear el concepto de la banda junto a Sadonis con la intención de mezclar el sonido de la NWOBHM con la lírica del doom de las bandas de principios de los setentas. Con esta alineación, The Oath grabó a principios de 2013 un single bajo la producción de Tiger Bartelt (baterista de Kadavar) que contenía “Night child” como lado A y “Black Rainbow” en el B. Tras esta publicación, Wagner decidió salir de la banda.

Como trío, The Oath terminó de escribir las canciones que conformarían su álbum debut. Buscaron a un nuevo productor que lograra definir el sonido que tenía en mente el grupo, por lo que Linnéa se acercó nuevamente a Henrik Palm para que los recomendara con Martin “Konie” Ehrencrona (In Solitude, Vampire y Nifelheim). Gracias a sus ideas y dirección, la banda definió su sonido de estudio y tuvieron la oportunidad de trabajar con Andy Prestridge, baterista inglés que formó parte de Winters y de Angel Witch.

A través de las recomendaciones hechas por los diversos contactos, las presentaciones de la banda como grupo abridor de los suecos Ghost y el reconocimiento por parte del blog “Bandoftheweek” de Fenriz (baterista de la banda noruega de black metal Darkthrone) , la disquera Rise Above Records de Lee Dorrian (cantante de Cathedral y antiguo miembro de Napalm Death) decidió firmarlos para editar el álbum debut.

El concepto

Con la idea de hacer un disco de heavy metal que fusionara el sonido de la NWOBHM de los 80 con el hard rock de principios de los 70, la atmósfera doom y los conceptos del black metal escandinavos, The Oath se metió a los Studio Cobra de Estocolmo a finales de 2013 de la mano de Martin “Konie” Ehrencrona. En tan sólo diez días de grabaciones y con la plena intensión de captar un sonido directo, crudo y vintage, el grupo logró captar su esencia obscura en nueve tracks que previamente habían compuesto, pero que terminaron de definir su estructura musical en el estudio.

Bajo el cliché del ocultismo y satanismo, The oath versa sobre el concepto ya masticado por el metal y todas sus variantes desde su creación. Pero al contrario de lo que se pudiera pensar, las temáticas planteadas por Johanna Sadonis nacen directamente de lo vivido por ella durante su obscura vida: creció escuchando a Led Zeppelin gracias a sus padres, tuvo su primer concierto de metal a los 14 años cuando vió a Danzig en Berlín, se volvió fiel seguidora de las bandas de black y death metal europeas, trabajó en una librería de ocultismo, montó un bar metalero llamado Kill’em All Club, etc. Con una difícil atmósfera rodeada de drogas, sexo y muerte, Johanna terminó concibiendo el mundo alrededor del metal en la formación de una banda donde tuviera la posibilidad de expresar todas sus ideas.

Sin embargo, si pudiéramos resumir esta placa en una sola palabra, ella sería obscuridad. Todas las canciones versan bajo las sombras de la noche y aclaman su presencia. Espacio ideal para el demonio, el dolor y la muerte. La lúgubre atmósfera se respira paso a paso hasta ahogarnos por completo. Metáforas, símbolos y enigmáticas imágenes nos envuelven en un halo de ocultismo y misticismo que termina por dotar de un mórbido placer. 

Canción por canción

All must die: No hay estrellas en el cielo y sólo se escucha el estruendo de los truenos. Este es el momento ideal para invocar por el ángel del séptimo amanecer. Todos deberemos morir y hemos tomado la decisión: cerrar los ojos y esperar que Satán nos lleve con él… Unas salvajes guitarras nos dan la bienvenida. La batería remarca los tiempos para explotar junto con la melodía. Johanna nos dice que es momento de invocar al demonio mientras escuchamos cómo Linnea suelta un acorde y Simon bombardea notas en su bajo. El recuerdo del primer Iron Maiden con la influencia punk de Paul Di’Anno llega de inmediato, pero cuando la rola alcanza su puente, el sabor obscuro se postra sobre nosotros sin permitir ni regreso ni arrepentimiento.


Silk road: Simon Bouteloup y Andy Prestridge buscan arrancar nuestra atención amarrada a al par de rubias líderes de la banda a través de una gran introducción de ritmo tribal. Sin  embargo, la guitarra de Linnéa nos sacude con su riff y permite que Johanna nos recite versos sobre una metafórica y onírica ruta de la seda. En su parte media, la canción baja hasta los mismísimos abismos que ya había visitado Tony Iommi, sin embargo, la batería vuelve a marcar un ritmo acelerado para colocarnos en un juego de riffs difíciles de soltar.

Night child: El corazón se quema de deseo, agoniza por la obscuridad en espera a que desaparezca la luz. Cabalgando sobre la bestia que cruza el valle de muerte, se postra ante nosotros el dios, el hijo de la noche… Rola que recuerda al Alice Cooper de sus primeros discos cuando Vicent Funier no se adueñaba del nombre de la banda. Esta canción fue lanzada como single con la producción del baterista de Kadavar, pero en esta nueva versión la mezcla dirigida por “Konie” Ehrencrona termina por colocar cada instrumento en un lugar preciso logrando una mayor intensidad, como si la banda tocara en este momento frente a nosotros. Fuerza, poder y sentimiento en un pedazo canción.


Leaving together: Cuando el alma siente la obscuridad, ella nos abandona junto que ella. El maligno siempre se ha ocultado en la ausencia de luz, pero quizás, los demonios se encuentran en uno mismo… Melancólica melodía donde las seminotas de Linnéa nos dejan paralizados ante un ambiente desolado de obscuridad y muerte. El contrapunteo que hace el bajo termina fortaleciendo la sensación de abandono que busca la canción. Cuando la rola rompe en su coro, ésta se convierte en un clamor al demonio para que éste tome el alma de quien se ha quitado la vida. Hacia el final, este himno termina en un demoniaco vals de notas descendentes donde compiten la guitarra y el bajo mientras el solo de Henrik Palm, guitarrista de In Solitude, nos marca el obvio desenlace. La letra de esta rola fue hecha por Johanna inspirada en el suicidio de un amigo de ella unos años antes.

Black rainbow: Cuando muere la noche, se puede ver al final del camino el arcoíris negro, aquel que te podrá llevar al otro lado. Despertando de las profundidades del sueño, el arcoíris negro te permitirá atravesar la obscuridad de los valles como si se tratara de un alma en pena. Todos hemos nacido para morir. No duermes, estás muerto y tu espíritu se ha percatado de ello…Quizá sea la rola más cercana de todo el disco al sonido del NWOBHM, que gracias a su agitado ritmo nos hace correr sobre un caballo desbocado en la noche más obscura. Si ponemos atención en sus líricas, descubrimos en “Black rainbow” una metáfora del eterno sueño y el despertar de la muerte a un vagar eterno.


Silver & dust: Todo es soledad y abandono. Toda la gloria termina con la irremediable muerte. La búsqueda ha terminado… Rola inspirada en los riffs de Tony Iommy de Black Sabbath, aunque termina con un irremediable sabor a los suecos de In Solicitude. La combinación de guitarras en tonos diferentes, acusan innegablemente la influencia de la  NWOBHM. Cabe destacar el gran trabajo de Simon Bouteloup en el bajo, donde sus arreglos logran hacer despegar la rola a lugares insospechados.

Death delight: La sombras rondan alrededor clamando por un alma que hoy recogerán. Están en cacería y saben que su presa no se escapará. Este es el encanto de la muerte. Aquí está el demonio y viene por tí. … Melodía de gran ritmo y inevitable gancho. Los acordes sueltos de Linnéa y los juegos en el bajo de Simon se convierten en la combinación ganadora. Los muy pequeños arreglos de guitarra son hechos por Henrik Palm, de In Solitude, quien busca seguir las figuras clásicas de Dannis "Piggy" D'Amour de Voivod. 


In dream: Melodía instrumental compuesta por Linnéa y Simon con inspiración directa de los pasajes acústicos de Black Sabbath como “Orchid”, “Embryo” “Fluff” o “Laguna sunrise”, aunque con una cercanía muy estrecha con la atmósfera de “Sleepin village”. Bello pasaje que sirve de pasaje hacia el final de la obra.

Psalm 7: Una oda al número siete, símbolo al cual está obsesionado la vocalista de The Oath, Johanna Claudia Sadonis, tres veces el número siete (“Seven, seven, seven is my name...”, frase en tributo a la canción de Danzig). Canción de siete minutos que representa la lucha entre el bien y el mal, que como habla el Salmo 7 de la Biblia,  es una plegaria de un inocente perseguido donde se reconoce al pecador como autor y víctima de su maldad. Si buscamos referencia en el famoso libro del ocultista Aleister Crowley, 777, el numero es un elemento que representa la búsqueda del control de los pensamientos y las acciones propias. Siete son las virtudes del espíritu y siete los pecados capitales. La marca de Caín, las siete cabezas de la bestia del Apocalipsis y la estructura septenaria del Libro de las Revelaciones: siete sellos, siete trompetas y siete copas. Un número de gran simbolismo que cualquier persona fascinada con el ocultismo y la numerología como Sadonis tendría que dominar.


A unas cuantas semanas de la publicación de The Oath, la banda anunció su separación temporal. Desde entonces Johanna Sadonis y Andy Prestridge crearon Lucifer, una banda de hard rock y doom con Gaz Jennings, ex guitarrista de Cathedral. Simon Bouteloup se incorporó a Kadavar para sustituir al bajista “Mamut” Lippitz. Finalmente, Linnéa Olsson entró a la banda filandesa Beastmilk, la cual se transformó hace unos meses en Grave Pleasures.



Así que sólo tenemos los casi 44 minutos del único álbum de The Oath, hard rock y doom en donde las mujeres toman el control y los hombres dan soporte a sus ideas. Disfrútenlo…


lunes, 3 de agosto de 2015

En versión lunática: "Evil", un clásico del heavy blues


Durante los años cincuenta, un grupo de músicos originarios de Chicago, Estados Unidos fueron construyendo una de las escenas musicales más importantes del siglo XX, siendo además ésta una de las más influyentes desde entonces. En el blues negro de Chicago podemos encontrar a gente como Muddy Watters, Willie Dixon, Howlin' Wolf, Koko Taylor, Buddy Guy, Slim Harpo, Elmore James, Otis Rush, Freddy King, Jimmy Reed y un largo etcétera. Derivado del blues del delta de Mississippi que tuvo su auge en la década de los años 20 y 30, esta generación de músicos de Chicago encontró en la "electrificación" de sus instrumentos una nueva forma expresar el sentimiento negro; además de poder grabar directamente en estudios profesionales como Bluebird, Chess, Cobra y Alligator.


Unos años después, ya en los años 60, los jóvenes blancos de Inglaterra tuvieron la oportunidad de escuchar los discos que se fueron grabando en Estados Unidos gracias a que los marinos norteamericanos traían los discos a los puertos ingleses, lo que abrió la posibilidad a que las estaciones radiofónicas piratas trasmitieran dicho género. Gente como The Beatles, The Rolling Stones, The Animals, The Zombies y The Yardbirds, y después Cream y Led Zeppelin bebieron directamente de esta música, haciendo sus propias versiones de las originales hasta ir moldeando lo que se conocería como hard blues. 


En un verdadero ejemplo de realimentación, la "ola inglesa" que inundó a los Estados Unidos hizo regresar la mirada de las bandas de rock norteamericanas a sus propias raíces, dándole oportunidad a los bluseros de Chicago de tener espacios para la difusión de su música y la posibilidad de re-editar las grabaciones hechas una década atrás con mejores posibilidades técnicas para la grabación y producción.

En el gran repertorio de clásicos del blues de Chicago, podemos encontrar uno que puede ejemplificar la historia arriba contada. En 1954, un grupo de músicos entraron a los Chess Records para grabar "Evil (is going on)", escrita por Willie Dixion, la cual aconseja que un hombre no debe ausentarse mucho de su hogar, ya que pueden pasar cosas "terribles". La sentencia queda dictada con la frase "You better watch your happy home".


Entre esos jóvenes negros se encontraban el propio Dixon en el bajo, Earl Phillips en la batería, Otis Spann en el piano, Hubert Sumlin y Jody Williams en las guitarras, y finalmente a Chester Burnett en la voz y la armónica, quien es más conocido por su nombre artístico de Howlin' Wolf. Una vez lanzada al mercado, no conoció el éxito hasta que fue incluída en el  disco recopilatorio  del propio Howlin' Wolf de 1959 llamado Moanin' in the moonlight. Los aullidos de Burnett juegan entre el tono grave original de su voz y el falsete exagerado que termina en una resonancia nasal. Gracias a su ritmo sincopado, la melodía da espacio suficiente para que el piano y la armónica se luzcan.


Sin embargo, para 1969 Howlin' Wolf decidió volver a grabar "Evil" bajo el sonido que estaba manejando con los autollamados "The Electric Niggers", su banda de acompañamiento de ese momento: un blues eléctrico con influencia del rock psicodélico. Para esta versión, podemos escuchar  un cambio radical en el arreglo musical con respecto a la original gracias al uso del pedal wah wah y el efecto fuzz, aunque se respeta la melodía clásica. Esta gración fue el último single de Burnette que llegó a las listas de popularidad, alcanzando el puesto 43 del Billboard R&B.


Muchas bandas han hecho versiones a este clásico del blues, pero la mayoría se han basado en la hecha por el propio Howlin' Wolf en su placa de 1969. En la larga lista podemos citar a gente como The Faces, Derek and the Dominos, Canned Heat, Steve Miller, Gary Moore y hasta Tom Jones (la cual es producida por Jack White). Para este blog rescataremos tres versiones que merecen la pena resaltar dentro de los ritmos que hemos presentamos aquí: Cactus (1971), Monster Magnet (1992) y Mad Shadow (2013).


Para su disco de 1971, Restrictions , la banda norteamericana Cactus decidió hacer su versión de "Evil" . En ella se puede escuchar la fuerza característica del grupo, y que en las presentaciones en vivo fue utilizada para que Carmine Appice hiciera la demostración de su gran técnica como baterista a través de un largo solo muy al estilo de Ginger Baker de Cream o John Bonham de Led Zeppelin. La guitarra wah de la última grabación de Burnette es cambiada por la guitarra distorsionada y pesada de Jim McCarty. Los juegos vocales de Howlin' Wolf son transformados en una fuerte y rasposa plegaria a través de la voz de Rusty Day. Finalmente, el bajo de Tim Bogert otorga una sólida base a la melodía pero que termina haciendo competencia a las figuras de las guitarras. 


Monster Magnet es una reconocida banda que tuvo sus mejores momentos a finales de los noventas que ha sido relacionada con el rock stoner al estilo que se hace en la costa este de los Estados Unidos. Esta etiqueta musical ha sido muy polémica con la banda, pero que gracias a la publicación de sus primeros tres discos, podemos comprender su cercanía con el concepto. Dentro de dicho sonido, podemos escuchar su versión a "Evil" que está incluída en el Superjudge de 1993, además de haber sido lanzada como sencillo. Aquí podemos escuchar a Dave Wyndorf buscando imitar la fuerza de la voz de Rusty Day, pero que termina encasillada en su forma de cantar como lo ha hecho durante de los 25 años de carrera del grupo. La guitarra de Ed Mundell sube la potencia de su pedal fuzz para hacer un viajado solo que hace despegar los pies del suelo. Joe Calandra en el bajo y Jon Kleiman terminan completando una de las mejores alineaciones de Monster Magnet que ha tenido en su historia, la cual hacia un hard rock por medio de los efectos sonoros del stoner de su momento.


Heavy blues es un disco de la banda canadiense Mad Shadow que fue publicado en marzo de 2013. Como lo dice su nombre, esta placa busca rescatar lo hecho por bandas setenteras como Humble Pie, Led Zeppelin, Cream, Rush, Deep Purple y Mott the Hoople. Gracias a la versión de Cactus a "Evil", Mad Shadow decide retomarla, pero al hacerlo termina mezclando la fuerza de la banda de Detroit y el hard blues de los primeros discos de Led Zeppelin. Erik Olufson calca la voz de Robert Plant (además de su imagen) para transportarnos a un rock fuerte de voz aguda y frases arrastradas como si éstas fueran recitadas. El solo de guitarra de Daniel James tiene toda la escuela de Jimmy Page: escalas pentatónicas que terminan en bending, figuras de tres posiciones que se repiten rápidamente y notas descendentes para cambiar de melodía. La batería de Cole George termina siendo un híbrido entre John Bonham y Carmine Appice, pero que en la producción y masterización del material, queda debiendo en los tonos graves de los tambores.