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viernes, 12 de junio de 2015

“Lights out” de Graveyard: Despertando conciencias a base de hard rock revival


Una sirena se escucha y nos hace poner alerta. Afinamos el oído y las notas comienzan a golpear hasta crear un sonido que nos despierta la añoranza por bandas de hard rock de principios de los años 70. Pero no, no es un disco viejo re-descubierto y desempolvado del estante olvidado de nuestros padres o abuelos. Volteamos la tapa y vemos el año de producción: 2012.

Como si se hubiera quedado atrapada en el tiempo, Suecia se ha convertido en un semillero de grupos con ese sabor a rock pesado y blues, baja fidelidad en la producción y líricas mágicas que hablen sobre el mundo, la sociedad, el amor y los problemas humanos. Precisamente, Graveyard se ha convertido en la banda principal de dicho movimiento gracias a excelentes discos e incendiarias presentaciones en vivo.

Lights out es un disco redondo, pero polémico. Con la intensión de ampliar la gama de sonidos, Graveyard no se quedó encerrado en un esquema sonoro y musical conquistado en sus primeras dos producciones con las que tuvieron una excelente recepción con el público y la prensa del cual hubiera sido muy difícil de escapar. A tan sólo 18 meses después de haber publicado su Hisingen blues, sacaron esta placa con una idea muy clara: experimentan con otros ritmos y poner mayor atención en las líricas. La fuerza no estaría ahora sólo en la música, sino en un mensaje que sacudiera las conciencias de sus escuchas. Una apuesta difícil de la cual salieron bien librados.


¿Pero quién carajos son estos tipos?

A mediados de los años 90 del siglo pasado, en Gothenburg, la segunda ciudad más importante Suecia, se estaba formando una importante escena musical que tenía en el blues su soporte e inspiración. La banda más importante de dicho movimiento era Norrsken, la cual se terminó desintegrándose sin grabar nada oficial en el 2000. Sin embargo, sus integrantes formaron diferentes bandas que a futuro establecieron el sonido revival en el país escandinavo: el guitarrista Magnus Pelander fundó la banda de hard rock doom Witchcraft, el baterista Kristoffer Sjödahl se integró a la banda de rock psicodélico Dead Man, y el vocalista Joakim Nilsson y el bajista Rikard Edlund formaron Graveyard en 2006, quizá la más cercana al sonido original de Norrsken.


Joakim Nilsson es el vocalista y guitarrista de acompañamiento de la banda. Él hace todas las letras de las canciones y, finalmente, termina siendo la cara más visible de Graveyard. Tiene una característica voz pedregosa que se convierte en una delicia cuando la sube de tono, transformándose en un grito de protesta, de demanda.

 El sonido del bajo de Rikard Edlund es la base para el grupo. Crea figuras a partir de las cuales se construyen las melodías de la banda. Un músico que gracias a su amplia gama de gustos puede crear diferentes conceptos melódicos: desde el blues de Robert Johnson hasta la brutalidad de Slayer. Armado con su Rickerbacker al hombro, su sonido es completo, una mezcla entre sobriedad y exactitud. Una pérdida sensible a la banda cuando decidió bajarse del barco a finales de 2014 para ser sustituido por Truls Mörck, quien fuera el primer guitarrista de Graveyard (de hecho, él grabó el primer disco de la banda).


En 2007 se integró al grupo Jonatan “Svala” Larocca-Ramm como guitarrista para las presentaciones en vivo del disco debut. Su estilo es muy limpio, con una claridad en las notas que hacen brillas sus riffs en contraste a la rasposa voz de Nilsson. Su equipo se conforma de guitarras Gibson amplificadas con los fundamentales combos Orange.


La batería corre a cargo de Axel Sjöberg, una copia calca del legendario John Bonham en la época de los primeros discos de Led Zeppelin. Ingenioso músico que juega con los ritmos, los remates de tarola y sus platillos hasta lograr atmósferas poderosas que arropen las creaciones de Joakim y Rikard.


El concepto

Estamos frente una obra como pocas en la escena del rock revival y de la música en general en lo que va de esta década. El tercer disco de Graveyard es claro en su idea y directo en su mensaje: estamos en la más profunda obscuridad, en una ceguera social que permite al poder y al sistema que lo ostenta hacer lo que desea con todos.

Es el momento de sacudirse la opresión, pero éste no es un llamado a una revolución violenta. Más bien estamos ante una solicitud muy clara: el cambio comienza desde el individuo. Es necesario primeramente quitarse la venda de los ojos y observar detenidamente lo que pasa a nuestro alrededor. En el camino se perderá nuestro pasado, nuestros temores, nuestras confusiones y hasta nuestros amores. Una vez sacudidos de todo aquello que nos aprisiona, tendremos la posibilidad de encender la luz del cambio, la luz del interior que cada persona tiene.

El sonido del disco es mucho más sombrío que los anteriores de la banda, con la obvia intensión de reflejar el concepto que está plasmado en sus líricas. Hay momentos que hasta el denso y aletargado blues toma por asalto al hard rock violento, lo que provoca que el mar de sensaciones llegue a oleadas a nuestra revuelta y pedregosa playa. Muchos acordes en cada canción y pocos solos de guitarra como podría esperarse en un disco de rock vintage. El juego de voces en doble track ayuda a crear la idea de discusión con uno mismo, y en algunos momentos, hasta de doppelgänger (un doble de sí mismo, un desdoblamiento que hace cosas contrarias a nuestros deseos).


Esta es una crítica a la sociedad. Gente ciega y adiestrada por la lógica teledirigida. Policías, oficinistas administrativos y jueces que sólo buscan hacer cumplir lo establecido como una forma de vida que les garantice dinero para la adquisición de bienes materiales. La aristocracia y el “sistema” tienen el poder en sus manos y sólo busca la forma de mantenerlo a costa de una sociedad servil y agachada.

¿Tendremos la oportunidad de despertar del mal sueño? Según Graveyard la respuesta en sacudir al ser desde sus cimientos para comenzar un verdadero cambio social. Pero el riesgo está que la realidad puede ahogar al individuo, quien al verse solo en una titánica pelea consigo mismo, termine ahogándose en los vicios que el propio sistema ofrece como gustos, distractores y escapes.

Canción por canción

An industry of murder: la muerte acecha como buitre y no existe algún lugar donde uno se pueda esconder. Se ha sellado un pacto terrible: Dios y dinero. Todo el ambiente huele a dolor, guerra y asesinato. Los viejos amigos ahora son enemigos. Sin embargo existe la posibilidad del cambio, un contraataque que logre derrumbar el actual imperio: la industria del homicidio… Las sirenas se escuchan, el toque de queda ha sido anunciado. Una reptante guitarra se arrastra y sigilosamente el resto de los instrumentos se van sumando hasta convertirse en un bloque que se levanta. La voz de Joakim entra con fuerza y denuncia el asco que siente ante una sociedad sitiada por los horrores del mundo actual. El sistema apaga las luces, pero desde la obscuridad se fragua la rebelión.


Slow motion countdown: así como es de profundo y enorme el mar, así son los problemas que nos rodean. Todo parece despedazarse ante los ojos, pero seguirá existiendo algo que podrá mantenerse en pie: uno mismo. A pesar de la obscuridad que nos rodea, la luz interior no se apagará… Lenta melodía que nos toma de la mano para bailarla como un vals. Poco a poco va ganando fuerza gracias a la intensidad que le dan los arreglos de cuerdas (mellotrón) y los teclados. Rola que permite entender que siempre nos podemos tener a nosotros mismo.


Seven seven: las cosas tienen que cambiar y en nosotros está la posibilidad de hacerlo. Es el momento de dejar las cosas en el pasado para vivir el presente, es el momento de atravesar los límites que nosotros mismos nos hemos impuesto. Todos tenemos una razón para hacerlo, pero a veces es difícil realizarlo cuando se está solo. Lo único que nos queda es tomar la decisión para llevarlo a cabo… Rola directa que recuerda el hard rock de los primeros discos de Graveyard. Las voces en doble track que combina una grave y rocosa con otra alta son la marca del disco y el coro de esta rola gana en intensidad gracias a ello.


The suits, the law & the uniforms: una oda a la conciencia de clases. Sólo los que forman parte de la base de la pirámide social saben lo que es vivir en carne propia el control que impone el “sistema”. Desde abajo se observa a los que reciben las órdenes del poder y a sus íconos: trajes (oficinistas), uniformes (policías) y la ley (abogados y jueces). Al adquirir conciencia de su posición social, una cosa es clara: no se quiere estar en los zapatos de aquellos subordinados que reciben órdenes y las ejecutan para mantener el control, dado que ellos no están arriba de la escala pero someten a los de abajo por unos cuantos centavos... Melodía de guitarras contagiosas que acompañan una fuerte voz de protesta. Rola centrada en la lírica que termina explotando musicalmente por medio de un tenue solo de guitarra y un saxofón que juega sobre el ritmo.



Endless night: el individuo se ha deshecho de todo lo que tenía, lo que hace pensar a la gente que él es el hombre, el elegido, el indicado. Sin embargo, ellos están en un error. Este hombre ha nacido en una noche sin fin, está en guerra y su enemigo es él mismo. A pesar de que ha perdido batallas una y otra vez, éste es su último intento antes de que todo haya sido en vano… Las cuerdas de las guitarras se raspan mientras un bajo marca un riff como si de una marcha fúnebre se tratara. La batería remarca el ritmo hasta que todo queda en silencio. Tras el mudo momento, todos los instrumentos entran en un frenético ritmo como si se tratara de un automóvil deportivo corriendo sobre la carretera a media noche. La voz de Joakim canta en dos tonos distintos y son mezclados en un doble track para reforzar la idea de la disputa de uno contra sí mismo. La melodía del coro es realmente un gancho al oído gracias al sentimiento con el que es cantado y la guitarra de acompañamiento que logra hacer escuchar como la plumilla pasa sobre las cuerdas. El solo de guitarra slide y efectos nos hace volar. Esta rola es el segundo sencillo del disco y para ello se grabó un video donde se muestra al vocalista de Graveyard montado sobre un Pontiac GTO (auto deportivo que sólo se construyó entre 1964 y 1974) mientras una serie de imágenes de películas antiguas realizan un collage como si de un viaje ácido se tratara.

Hard times lovin’: al desprenderse de todo lo que es, el individuo también deja a un lado a los seres queridos. La separación no significa rompimiento, pero ella es necesaria para encontrar la paz interior y comenzar la reconstrucción personal. Los sentimientos están seguros, ¿pero el otro lo comprenderá y tendrá la paciencia para esperar y mantener su cariño intacto?... Un blues en toda la extensión de la palabra, donde el teclado juega un papel fundamental para crear el ambiente sombrío y depresivo.


Goliath:. Los lobos están en la puerta disfrazados de ovejas, tratando de esconder la sangre de la multitud. El mundo está lleno de serpientes que murmuran en nuestro oído, tratando de seducirnos con falsas palabras. El sistema intenta vendernos la esclavitud como un ideal, manejando el miedo para convertir la guerra en un producto de consumo. Haciendo referencia a la historia bíblica, un gigante nos tiene asustados; esta es la sociedad teledirigida que no tiene forma de ver el engaño… Primer sencillo del Ligths out. Los instrumentos entran en un sospechoso ritmo hasta que se arrancan el velo de misterio y muestran su verdadero rostro. Nuevamente se escucha la voz de Joakim con su intensión de denuncia y reclamo. Es de llamar la atención la suave guitarra que deja escapar pequeños juegos tras el coro de la canción. Cascadas de acordes que giran alrededor del multifacético rostro del sistema demoledor. El último y pequeñísimo solo de guitarra de la rola es una joyita que nos demuestra la calidad de Jonatan Larocca-Ramm.


Fool in the end: la lógica de la vida actual nos dicta que todo se merece y que por ello debe ser sencillo, gratis y sin esfuerzo. Sin embargo, es la presión y el miedo lo que realmente marca el camino. Es necesario cambiar la forma de ver las cosas, aunque la realidad sea amarga y dura. Los que se queden con la visión impuesta por el sistema se perderán en la profunda obscuridad sin la posibilidad de encontrar una salida... Rolita basada en un hard rock que nuevamente se convierte en reclamo, pero ahora contra los que no quieren aceptar que su vida es una basura.


20/20 (Tunel vision): el individuo está solo en este mundo, está preso en sí mismo y fue encerrado por todo lo que lo rodea. No ha tenido la fuerza suficiente para sostener la batalla contra el sistema, contra la sociedad, contra todo aquello que insiste en mantener las cosas como están. No hay luz al final del túnel y sólo se puede ver el diente de oro en la sonrisa del diablo. El individuo está derrotado y su única salida será el alcohol y la música. ¿Acaso éste será nuestro destino? ¿Moraleja o resignación?... Suave ritmo con sabor a blues blanco que crece para marcar su desesperación. El solo de guitarra de Jonatan se queda bajo el ambiente de la rola, pero hacia el final de la misma, termina explotando junto a un teclado eléctrico que se incorpora mientras los coros se quedan entonando la melodía.



Éstos son los escasos 36 minutos del Lights out de Graveyard, hard rock vintage lleno de crítica a la sociedad actual y búsqueda del despertar del individuo. Disfrútenlo…


miércoles, 10 de junio de 2015

"61 SG" de Wedge: rock revival al estilo alemán


Con la ola de bandas de rock vintage que han azotado en Europa, Alemania no se ha escapado de la inundación. Desde 2010, poco a poco se ha formado una escena de heavy psych en la ciudad de Berlín, donde podemos encontrar a grupos como Kadavar (con una ácida mezcla entre Black Sabbath y el sonido cósmico del Krautrock) o Heat (con una herencia innegable a las guitarras dobles estilo Thin Lizzy).

Nacidos también en la capital alemana, a finales del 2014 conocimos a Wedge gracias a la publicación de su primera placa a través de Heavy Psych Sound Records. Tal ha sido el éxito del disco que gracias a él se han convertido en la banda abridora de la banda americana Orchid en Europa junto con Blues Pills, lo que nos da una idea clara a lo que suena el grupo.


Wedge está conformado por Kiryk Drewinsky en las vocales y guitarras, Holger "The Holg" Grosser en la batería y David Götz en el bajo y los teclados. En otras palabras, este grupo es un power trío y se puede notar en el disco y en los escasos videos que se comienzan a colgar en la red. Aquí se degusta el sabor a bandas de pop psicodélico de finales de los 60 y al poder del hard rock de principios de los 70. Guitarras Gibson llenas de rápidos solos, un bajo lleno de fuzz amplificado por medio de Ampeg, teclados de atmósferas mágicas y baterías que galopan desbocadas.


De dicho álbum se desprende el sencillo '61 SG, una oda a la guitarra Gibson SG de Kiryk, la cual es adorada como si fuera la mujer perfecta. Pero no sólo es eso esta canción, es un tributo al sonido de una época dorada para el hard rock,

El timbre de la entrada se deja escuchar. Abrimos la puerta y vemos que nos han dejado de manera anónima el acetato de la banda. Prendemos el tocadiscos y colocamos la aguja sobre el LP. En unestante se asoman las portadas de Vanilla Fudge, Cream, Grand Funk Railroad, The Beatles, Uriah Heep, The Trip y Black Sabbath. Un poderoso bajo nos satura las bocinas y una clásica cámara Nikon sirve como arama para perseguir a escondidas a una bella dama. El ritmo se acelera y la persecusión nos lleva a un pequeño bar donde vemos tocando a Wedge. Unos tragos de alcohol directos y comienza la explosión de una guitarra llena de pedal wah y fuzz. Un cuarto obscuro y químicos nos ayudan a revelar las imágenes tomadas: fotografías y fotografías de una preciosa guitarra Gibson SG modelo 61. 

Aquí está el video de la rola, un combo lleno de guitarrazos y velocidad que seguramente nos hará mover la patita y agitar las melenas... 
PD. Por cierto, tengan paciencia y guarden unos segundo al termino de la música para que descubran quien dejó el LP en la puerta!!


lunes, 8 de junio de 2015

En versión lunática: "Paranoid" a través de un viaje ácido


Sin lugar a dudas Black Sabbath ha servido de inspiración para muchas bandas desde que se formó en 1970. Al retomar el blues electrificado que se gestaba en Inglaterra a finales de los sesenta, Black Sabbath formó parte de los grupos que sentaron las bases del naciente heavy metal. Notas de tonalidad grave gracias a su afinación en Mi bemol y obscuras letras con olor a satanismo y muerte son la marca de la casa. 

Del segundo disco de la banda, se publicó como sencillo la rola que daba el nombre a la placa: Paranoid. Canción de ritmo marcado, melodía pegajosa y pequeña duración que permitió que Black Sabbath se escuchara en las estaciones de radio. Cuenta la leyenda que durante un "break" de las  sesiones de grabación, Tony Iommi se quedó en el estudio tocando su guitarra hasta que encontró un riff que le convenciera. Unos momentos antes, Rodger Bain, productor del disco, había comentado al grupo que era necesario que montaran una pequeña canción más, debido a que el tiempo total para la placa no sería el suficiente para lo que requería la discográfica. Al no tener una grabadora en ese momento, Iommi se quedó tocando el riff hasta que regresaran sus compañeros para que no se le olvidara la figura. 

Al regresar el grupo al estudio, escucharon el riff y decidieron armar la canción, mientras Ozzy Osbourne cantaba lo primero que se le venía a la mente. Ya con la estructura musical armada y la melodía hecha, Geezer Butler , bajista de la banda y principal letrista, arregló las líricas para que encajara en el estilo de la banda. Una historia sobre un enfermo mental que habla su desesperación existencial y su inconformidad con la vida.


En varias entrevistas durante su carrera, Iommi ha aceptado la influencia que la guitarra de Jimmy Page en los dos primeros discos de Led Zeppelin en su forma de crear riffs para las melodías de Black Sabbath. Sin lugar a dudas, Paranoid en una de las rolas más zeppelin de su discografía. La figura de la guitarra en la rola de  Black Sabbath es casi idéntica que la de Comunication breakdown del primer disco de Zeppelin, sólo que en la versión de Iommi, la última figura está colocada en las cuerdas de abajo a diferencia de la de Page, con las cuerdas arriba (E-D-G contra E-D-A). Led Zeppelin siempre se acercó hacia lo místico y lo espiritual (hacia arriba), mientras que Black Sabbath mantuvo su visión hacia lo obscuro y lo satánico (hacia abajo). 


Dentro de la explosión musical de principios de los años setentas, Japón se convirtió en un mercado muy importante para los grupos, y especialmente, para las bandas de hard rock como Led Zeppelin, Deep Purple y Black Sabbath. Sin embargo, no sólo Japón recibió este género de manera pasiva, sino poco a poco se fue creando una escena musical que interpretaba las canciones de sus bandas favoritas, sino que componían rolas bajo los esquemas melódicos de dichas bandas. Dentro de esta generación de bandas podemos rescatar a Yuya Uchida and the Flowers y su transformación a Flower Travellin' Band.

Sin embargo, dentro del resurgimiento del hard rock y el movimiento revival en el inicio del siglo XIX, dentro de la escena japonesa podemos rescatar lo hecho por Kawabata Makoto y su Acid Mothers Temple: un excelente guitarrista que ha creado un sonido que fusiona el hard rock de principios de los setentas con la experimentación psicodélica, el space rock de corte progresivo y la improvisación del free jazz. 


Rodeado de diferentes músicos, Makoto a reencarnado a su Acid Mothers Temple según la tendencia musical que busca alcanzar. A partir de 2013, la banda se transformó en Space Paranoid, una versión del grupo orientada en tributar a Black Sabbath. La intención de Makoto es de dotar a la obra de los de Birmingham, Inglaterra un sabor psicodélico que permita la exploración y la improvisación musical que jamás tuvo la banda en sus presentaciones en vivo. Bajo este concepto, la banda crea canciones bajo los primeros conceptos musicales de Sabbath de blues denso y obscuro para fusionarlo con los viajes sonoros del space rock.


Obviamente, Acid Mothers Temple tendría que tocar covers de la banda que servía de punto de partida para este concepto, tomando a Paranoid como botón de muestra. Una versión que canta todas las estrofas de la original de manera corrida, para dejar al final un original solo de guitarra que permita ser el pretexto para un viaje espacial y muy ácido. Efectos sonoros siderales, una perdida voz llena de fuzz y un explosivo solo de guitarra que permite explayar a Makoto en toda su capacidad. Junto al líder,  Acid Mothers Temple & Space Paranoid se compone de Tabata Mitsuru en la voz (¿escribí voz?) y bajo, Okano Futoshi en la batería e Higashi Hiroshi en los sintetizadores y efectos de sonido.

Incluído en el Black Magic Satori del 2013, les dejamos la versión ácida y espacial de Paranoid, un viaje de cinco minutos de la mano de la guitarra de Kawabata Makoto y su Acid Mothers Temple.


viernes, 5 de junio de 2015

“Time to die” de Electric Wizard: hasta las últimas consecuencias del doom.


Estamos a la mitad del bosque y tan sólo se escucha el agua correr y la tranquilidad del lugar. La atmósfera es rota por uno que otro graznido de cuervos y una enigmática melodía de teclado y batería que sirve de fondo para oír la narración televisiva sobre la historia de Ricky Kasso. Dentro de  la historia del llamado “rey ácido” (por  el gusto al consumo de drogras alucinatorias como el LSD) encontramos la profanación de una tumba del siglo XIX, el asesinato a puñaladas de una persona cuyo cuerpo fue abandonado a la mitad de un bosque, su participación en un grupo satánico llamado “Los Caballeros del Círculo Negro”, su suicidio y el gusto apasionado por el heavy metal, especialmente por Black Sabbath, AC-DC y Judas Priest. Estos elementos son la combinación perfecta para crear un disco de doom… y quién más que Electric Wizard para hacerlo.

Una mirada triste nos observa desde la portada. Las lágrimas salen por sus ojos y la resignación no está cerca. Los caracteres que forman el nombre de la banda, terminan escurriéndose para formar una especie de mariposa nocturna, aquella que simboliza mal presagio y muerte. Pero ello no es todo, en un especie de panóptico, varios ojos de color rojo se asoman en la imagen… la mirada de los que se encuentra en el otro lado nos miran con recelo; sólo esperan el momento para que nosotros formemos parte de ellos.


¿Cómo puede funcionar un proyecto de tales características? El tema de la muerte atrae naturalmente el morbo humano, un poco por su misticismo y obscuridad, un poco por lo irremediable y terrible. Si a ello le sumamos música inspirada en lo más profundo del rock pesado y psicodélico de principios de los setentas como atmósfera que permeé las líricas, el producto resulta redondo.

¿Pero quién carajos son estos tipos?

Electric Wizard se fundó en Doset, Inglaterra en 1993 con Jus Oborn en las vocales y guitarras, Tim Bagshaw en el bajo y Mark Greening en la batería. Con el paso de los años, Jus fue tomando el control de la banda, lo que provocó la salida de Tim y Mark en 2003 y la posterior reconstrucción de la banda.

Jus Oborn no sólo se encarga de ser el frontman del grupo, sino que también es el letrista y productor. Su gusto por las obscuras historias de H.P. Lovecraft, los cultos satánicos-sexuales y el hard rock de principios de los sesentas, lo hizo crear una banda que lograra unir sus gustos, encontrando en el doom el lugar ideal. Además de guitarra principal y voces, Jus interpreta en las grabaciones los teclados que terminan de redondear el sonido de la banda.


Para reformar su banda, Jus se hizo acompañar de su mujer para tener una segunda guitarra y completar el muro de sonido que necesitaba Electric Wizard. Así es como en 2003 Liz Buckingham se vuelve parte de la banda, dotándole ese sonido tan particular de distorsión y ambiente tétrico que han hecho reconocible al grupo dentro de la pléyade doom.


Mucha gente ha pasado con Electric Wizard desde su reformulación en 2003, pero para la grabación de este Time to die se anunció que Mark Greening, baterista original de la banda, regresaría a tocar nuevamente con el grupo. Sin embargo, su estadía duró solamente para el trabajo en estudio, ya que una vez terminadas las sesiones de grabación fue echado de la banda. Desde entonces, Mark ha demandado a Electric Wizard por despido injustificado y por violación de los derechos de autor por el uso de los audios de su batería en la producción y mezcla final de la placa. Por si fuera poco, Greening decidió hacer un nuevo grupo llamado With The Dead junto con Tim Bagshaw (bajista original de Electric Wizard) y con Lee Dorrian (ex-vocalista de Cathedral y dueño de la Rise Above Records, con quien Oborn tuvo problemas que provocaron la salida de Electric Wizar de la disquera).
Asimismo, para hacer el Time to die, Electric Wizard contó con Count Orlof, un desconocido bajista de sesión. Por ende, casi todo el sonido grave del disco es creado a partir del muro de sonido de las guitarras distorsionadas y afinadas más debajo de lo habitual.


Con la intención de sacar este disco a la calle, el matrimonio Oborn-Buckingham decidió reclutar a Simon Poole en la batería y a Clayton Burgess en el bajo como miembros de la banda para las presentaciones y los conciertos. Poco a poco estos músicos se han ido integrando al concepto de Jus, por lo que no sería una sorpresa que ellos pudieran entrar a los estudios en futuros proyectos de Electric Wizard.


El concepto

Time to die es precisamente lo que en alguna entrevista declaró Jus Oborn: una obra mórbida que hablaría sobre la muerte. Todos los temas que el grupo había abordado en su vasta obra discográfica podía ser resumida en una sola palabra: muerte. Asesinatos, sacrificios rituales, misas negras, sectas satánico-sexuales, sadomasoquismo, suicidio y drogas alucinógenas: un negro camino que lleva irremediablemente a la desaparición, al vacío, a la nada.

Con una gestación de cuatro años, esta placa no sólo fue creada sobre el eje rector arriba descrito. El ambiente que rodeó a Electric Wizard en este tiempo ha sido propicio para las atmósferas que terminaron siendo grabadas. Primeramente la salida de la banda de su discográfica de toda la vida, Rise Above Records, dentro de un ataque mutuo de recriminaciones entre Jus y Lee Dorrian, dueño de la disquera. Tras la guerra de declaraciones, los miembros del grupo con los que se grabó el Black Masses, Tas (bajo) y Shaun Rutter (batería) tomaron la decisión de abandonar al matrimonio Oborn-Buckingham. Es más, Black Masses recibió críticas encontradas: algunos decían que esta era la mejor obra de la banda, mientras otros decían que la esencia se estaba perdiendo y que musicalmente no tenían nada nuevo. Sólo una mente retorcida como la de Oborn podía utilizar las acusaciones, las críticas y su rencor para renacer como el ave fénix, crear una excelente obra y jalar hacía Electric Wizard los reflectores nuevamente.

El disco es obscuro: temas sobre ocultismo, satanismo y muerte bajo una atmósfera muy densa, llena de coraje y de enfermedad. Doom nacido desde las más hondas profundidades sonoras, aderezado con un ligero toque ácido del stoner y psicodelia en su faceta alucinatoria. La sociedad piensa en el camino hacia la construcción de un mundo mejor; la realidad dice que no y devela la mentira que hay en ese deseo. Time to die quita el velo de nuestra mirada: en esta vida sólo queda sufrir y esperar el momento final. En pocas palabras, el disco es un apocalipsis sónico que galopa directamente desde el odio y el rencor hasta llegar, irremediablemente, a la muerte.


Canción por canción

Incense for the damned: un ritual en honor al desgraciado, una pequeña ofrenda para el maldito. Se puede oler el tufo de  mariguana saliendo de la tumba. No hay lugar en la sociedad para quien desea tener el mundo en sus manos, pegarse un viaje y luego morirse… Los primeros diez minutos del Time to die son una oda al “rey ácido” Ricky Kasso, un tributo muy al estilo de Church of Misery (rolas densas que den voz a asesinos y sus pensamientos). Un tétrico grito da paso a guitarras que se deshacen en su propia distorsión mientras una batería entona una marcha fúnebre. Tras un ruidoso eco, un riff marca el inicio de la melodía en el más denso tributo a Black Sabbath. Un bajo super distorsionado se queda al centro de las bocinas para marcar la diferencia entre las guitarras atascadas del matrimonio maldito. Tras la hipnosis alucinante del ritmo repetitivo, la melodía cambia bruscamente ante una  lenta plegaría que implora la muerte. Sin embargo, como muerto viviente, el riff principal de la canción se vuelve a escuchar tras el feedback que daba la idea del final irremediable. Melodía ácida, psicotrópica y enferma igual que el personaje que la inspiró.


Time to die: odio, codicia y miseria: ésta es una tierra estéril gracias a la mano del hombre que la profana, la viola y la tortura. Nos invade el deseo de gritar, pero será imposible, estamos enfermos ¿Qué destino puede haber si todo muere de cualquier forma? Todas las sombras, los sufrimientos y el dolor podrán quedar atrás: es el momento de morir. A través de la muerte alcanzaremos el “oblivion”, el estado permanente de no existencia, la no consciencia, la nada. Sin embargo, ¿cómo podemos saber que no estamos muertos en este mismo momento?... Tema que le da título al disco basado en un riff lentísimo que se arrastra sobre sí como si de una procesión fúnebre se tratara. El muro de sonido es tan denso que no existe marcha hacia atrás, hemos dado el paso final. En algunos resquicios de la pared sonora se escucha un tétrico mellotrón que semeja instrumentos de cuerda de interpretación tétrica y algunas breves notas de guitarra que se lamentan en su penar. El uso del pedal wah, amplificadores en feedback y un bajo atascado de fuzz sólo logra meternos más en la profundidad y la obscuridad.

I am nothing: el hombre terminó con el tiempo y con los dioses para crear su propio abismo y obscuridad. Lo único que hay son mentes esclavizadas perdidas en lujuría y tecnología. Hondea la bandera del odio contra la raza humana hasta levantarse, matar y limpiar todo vestigio de ella. El hombre es nada, no ha visto ni ha sentido nada… y es la nada quien lo ha asesinado. ¿Acaso el Dios que ofreció salvación y perdón ha cumplido sus promesas al hombre? Después de la muerte, sólo está la nada… Si las melodías no podían ser más lentas, Electric Wizard casi lograr para en seco. Los riff en cámara lenta nos quieren abandonar en el abismo más negro y profundo, nos quieren orillar a olvidar nuestra mente y nuestros sentimientos hasta alcanzar la nada. Sin embargo, la contradicción está en que la melodía nos quiere arrastrar a la falta de conciencia por medio de su ruido infernal, un viaje muy fuerte de odio, densidad y muerte. Poco a poco avanza la canción hasta transformar la aletargada melodía en un infranqueable muro sonoro de reverberaciones y feedbacks sin salida.


Destroy those who love God: unida con el ruido sepucral del final de I am nothing, escuchamos un pesado jamming sin lírica de título blasfemo. Un interludio instrumental donde se escuchan nuevamente las guitarras pesadas, un profundo bajeo y una batería marcando el ritmo mientras seguimos oyendo relatos sobre los motivos que llevaron a Ricky Kasso a asesinar a una persona por no decir “amo a Satán”.

Funeral of your mind: ya no quedan fuerzas para nada. La mente está revuelta y quemada; la culpa es de uno mismo. Todos alrededor te han llamado enfermo, pero de todos modos nunca los necesitado, nunca los has escuchado. Este es el momento para el funeral de mente: ¿olvido? ¿escape? ¿suicidio?...Una pesadas y graves guitarras nos escoltan en cada bocina: una marca la nota inicial para quedarse en su feedback y la otra repite insistentemente un breve riff. Al centro nos quedamos atrapados un tenue bajeo perdido con las percusiones de la batería y una guitarra muy distorsionada y atascada de wah que en lugar de música sólo crea un áspero paisaje duro de asimilar. Hacia el final, un solo de guitarra surgido desde las entrañas del bloque sonoro sólo logra perdernos todavía más en el pesado viaje hasta el final de nuestra consciencia.


We love the dead: se escucha el arrastrar de pies sobre sepulcros y criptas. No más mentiras, no más traiciones; sólo muerte. El hombre se burla de su destino, tratando de evadir su última hora, pero cuando sea alcanzado por ella, no existirá otra opción. Estas son las voces de ultratumba que le recuerdan que su muerte lo está acompañando, esperando su momento para postrar las flores negras en su tumba… Un tétrico órgano se queda atorado en una nota, creando a su alrededor una aterradora atmósfera. Una guitarra impía marca el riff principal a la cual se suman otra guitarra y un bajo terriblemente atascado. Rola de ritmo lento que recuerda los primeros discos de Alice Cooper (además de la irremediable referencia a I love the dead del Billion dollar babies), pero arrastrada hasta el fondo de las profundidades de ultratumba. Poco a poco se va dejando escuchar un solo de guitarra que sirve de compañía a la melodía, pero cerca del final logra explotar hasta lograr una cascada de notas llenas de wah.


SadioWitch: el veneno corre por las venas, una ansiedad por la pasión enferma. La sacerdotisa de la lujuria hace su presencia y ata a sus cadenas para siempre. Obscura droga que tortura y esclaviza. Pasión y sadomasoquismo hasta la muerte… Breve canción del Time to die escogida como sencillo gracias a su riff heredado a Tony Iommi de Black Sabbath y que recuerda al tema que da título al último disco de los propios Electric Wizard, Black masses. Hipnótico ritmo que se balancea entre la fuerza de sus instrumentos y la melodía que habla de satanismo, sexualidad y tortura. El video fue grabado en tétricas locaciones de Bélgica e Islandia y fue dirigido por Shazzula, una artista que ha trabajado con gente como Whjite Hilles y Kadavar.


Lucifer’s slave: oda a los muertos en vida sin salvación y que en su sangre sólo corre marihuana y LSD. El rencor y la enfermedad se sienten a cada paso. Aquí están los perdedores y las almas sin vida que no tienen arrepentimiento ni perdón; aquí están los anticristos, los esclavos de Lucifer… Guitarras pesadas que juegan con los feedback creados con sus amplificadores. El riff toma forma y sus figuras se hacen pegajosas, enfermamente infecciosas y adictivas. Los remates de la batería nos hace simplemente recordar a Bill Ward de Black Sabbath. El bajo atascado de fuzz ayuda a crear la atmósfera tétrica ideal para la lírica, pero su momento cumbre llega gracias a algunas notas sueltas de mellotrón en el puente de la rola. Finalmente, los instrumentos explotan para dar mayor intensidad y abrir las puertas a la mismísima muerte. Vale la pena aplaudir el solo de guitarra con pedal de Jus, una verdadera joya psicodélica.


Saturn dethroned: jamming ácido dedicado a Saturno, aquel antiguo dios que fue destronado por su hermano Titán por no cumplir la promesa de no tener hijos varones. Saturno, también identificado como Cronos en la mitología griega, regresó al imperio de los cielos cuando Júpiter, su hijo, derrota a Titán. Sin embargo, Saturno intenta matar a Júpiter (Zeus, para los griegos) para mantener su poder, pero éste lo termina derrotando finalmente, convirtiéndolo en un simple mortal.. Los teclados toman el poder para crear un ambiente sombrío que logre significar el destierro y la finitud de la vida mundana. Al término del pasaje musical, nuevamente nos encontramos con el correr del río y el sombrío graznar de los cuervos en aquel bosque que dio origen a esta obra, cerrando el círculo de esta historia. De la nada, alcanzamos a escuchar un narrador televisivo del programa 20/20 que habla sobre satanismo, pero lo curioso de esta grabación, es que es exactamente la misma con la que inicia el Dopethrone, tercer disco de Electric Wizard.



Aquí van los 64 minutos de Time to die, doom para el presente siglo sobre un tema irónicamente imperecedero: la muerte. Disfrútenlo…


miércoles, 3 de junio de 2015

"One million lovers" de The Growlers: el Beach Goath y su obscura psicodelia



The Growlers son una banda salida de Costa Mesa, un pequeño suburbio de Orange Country de la costa californiana. Bajo la influencia del mar y el sol, además por su gusto por los grupos psicodélicos de los sesentas, estos chicos se juntaron para crear música y divertirse. Junto con otras bandas de la zona, han creado un movimiento llamado Beach Goth (Playa gótica, textualmente): jóvenes que hacen canciones obscuras con sonido sesentero, psicodelia ácida sacada de la playa para escucharla en el tráfico. 


El sonido de estos californianos es un combo de garage, surf, space rock, pop psicodélico y country grabado a través de equipos análogos para crear el ambiente lo-fi muy de moda en la costa oeste de los Estados Unidos. Brooks Nielsen en las vocales atascadas de efectos y reverberaciones, Matt Taylor en la guitarra principal inundada de fuzz, Scott Montoya en la batería, Anthony Braun Peery en el bajo amplificado con el obligatorio Orange y Kyle Straka en los teclados mágicos y alguna guitarra ocasional. 


Los shows de The Growlers son la fiesta total. Dentro de su magia hippie, los integrantes de la banda utilizan disfraces y pelucas para crear ambientes propicios para sus composiciones, además de integrar al público en su puesta en escena. Bailes, mujeres desnudas y luces de colores inundan la visión para lograr un bello viaje ácido.


En 2013 publicaron el Hung at heart, su tercera producción a través de Everloving Records, placa que logró colocarlos en la atención de los diversos medios musicales especializados y que fue catalogado como un viaje comunal donde se mezcla la playa, el espacio y los viajes ácidos ilegales. De dicho álbum, rescatamos el sencillo One million lovers, canción que logra reflejar el concepto musical y escénico del grupo.


Esta rola es una oda a la mujer ideal, aquella que entra en la mente y no escapa de ella. Las posibilidades son infinitas, pero se escoge a ella porque no se necesitan palabras para explicarla y para sentir su ritmo a través de la mente. Nada permanece, todo cambia; pero la unión entre el hombre y su musa permanecerá por siempre. 


Sin embargo, One million lovers  puede interpretarse de otra manera. Existe un millón de cosas que el hombre puede escoger para clavarse, pero aquello que no se puede explicar, que atraviesa su mente de manera borrosa y extraña sólo puede hacer referencia directa a una cosa: las drogas ácidas. Un doble mensaje de las líricas que no se escapa de la atmósfera que crean los californianos.


Un negro universo nos da la bienvenida a un viaje en una camper a través del espacio liberal. Juegos en blanco y negro que logran crear colores en nuestra imaginación. Indumentaria psicodélica de finales de los sesenta y equipos de grabación de la misma época son el único equipaje. Un asteroide rompe la tranquilidad y hace caer la improvisada nave a un extraño planeta de metálica apariencia. Estrellas, máscaras, globos, burbujas espesas, escarabajos y mariposas nocturnas se conjugan con imágenes de la banda tocando sobre el galáctico paisaje. La mujer panóptico hecha de merengue nos conquista con su magnético baile.