Una de las bandas más emblemáticas del siglo pasado es The Beatles. Por su influencia en la música, han sido versionados en infinidad de ocasiones por una amplia gama de agrupaciones de los más diversos géneros, desde la música clásica hasta el heavy metal.
Incluída en el clásico White album de 1968, Why don't we do it in the road? es una simple rola de solo dos frases hecha por Paul McCartney con toda la intención de parodiar algunos conceptos musicales de John Lennon. En su sencillez, la canción abre muchas interrogantes a través de una pregunta que covierte en una plegaria. ¿por qué no lo hacemos en el camino?
Esta canción fue escrita en el viaje que realizaron The Beatles para hacer un curso de Meditación Trascendental con el maharishi Mahesh Yogi. Cuenta la leyenda que Paul creo la idea luego de ver unos monos aparándose en medio de una las transitadas calles de Rishikesh. En una entrevista que dió a la revista Rolling Stone dijo "pensé que para ellos era muy simple el acto de copular, mientras que nosotros los humanos tenemos terribles problemas emocionales para ello".
Esta invitación al sexo espontaneo, visceral y sin compromiso generó cierta tensión en las grabaciones del disco entre los integrantes de The Beatles, debido a que fue interpretada casi en su totalidad por McCartney, dejando sólo la batería a Ringo. A partir de este hecho, las sesiones de grabación del resto de la obra se vió fragmentada, rompiendo el concepto grupal que había mantenido la banda.
Para su disco Handmade Heavy Blues de 2013 , la banda noyorkina Geezer realizó un cover a esta canción. En esta versión, la guitarra del zurdo Pat Harrington lograr transformar la rola en un blues áspero gracias a una mezcla de profunda distorsión y slide. Como ellos mismos se han calificado, Geezer suena a una mezcla entre el hard blues de Five Horse Johnson y la alternatividad de The Black Keys.
Why don't we do it in the road? nació en las sesiones de jamming que tuvieron Pat y el baterista Chris Turco durante el año 2010, la cual fue terminada en su concepción sonora con la inclusión del poderoso bajo interpretado por Freddy Villano. Si nos apegamos a su descripción, ellos suenan a el viejo blues del delta del Mississippi tocado por el mismísimo diablo.
Hard blues sureño de sabor áspero que logra crear otra atmósfera al juego musical de Paul McCartney al final de su época con el cuarteto de Liverpool. Una prueba nada más de la recuperación del blues como género musical y su mezcla con la pesadez de las guitarras distorsionadas y los bajos atascados de fuzz. Rebautizada como Do it in the road?, aquí está Geezer.
Al leer Kamchatka en la portada del disco a uno
le viene a la mente una remota península rusa ubicada en Siberia. Observamos el
arte de la tapa y nos encontramos un trío de águilas sobrevolando una zona
montañosa en unos vivos colores naranjas que sobresaltan las pupilas. Le damos
play al reproductor y en los primeros segundos escuchamos guitarras en wah que sirven
de base melódica para un cántico adolorido y fuerte. Sin embargo, todo cambia
un minuto después… un hard blues se apodera de la escena para no dejarnos ni un
solo instante.
El álbum debut de este
power trío sueco, publicado el 1° de enero de 2005, llegó como agua fresca a la
palestra musical que tenía en el revival su piedra de toque. Europa se rendía
al resurgimiento del hard rock tal y como fue concebido a finales de los años
sesenta y principios de los años 70. Mas toda esa pléyade de grupos estaba
dejando a un lado las verdaderas raíces de esos sonidos: el blues.
Tras la grabación de
esta placa, que a falta de un título se le conoció como Vol. 1, Kamchatka se hizo de un nombre en el ambiente musical de su
natal Suecia, situación que aprovecharon para tocar en todos los festivales de
Escandinavia y lograr así llamar la atención de bandas y productores en Europa
y en Estados Unidos.
¿Pero
quién carajos son estos tipos?
Varberg es una pequeña
ciudad mercantil al suroeste de Suecia. A finales de los 90, poco a poco se
había forjado un pequeña escena rockera, la cual no permitía el suficiente
crecimiento musical a los chicos que forman parte de ella. Es por ello que en
2001 se convocó a las bandas del lugar a un festival en tributo a Jimi Hendrix,
permitiendo que bandas de otras partes de Suecia participaran, con la condición
de que entre sus miembros se encontrara alguien nacido en el “lugar más feo de Suecia” (conocido así
por encontrarse en una zona rocosa sin áreas verdes, en contraste al resto del
país).
Fue en dicho festival
donde se encontraron unos jóvenes que
eran conocidos entre sí desde la infancia y que habían coincidido en algunas
bandas locales. Decidiendo presentarse, montaron
un “palomazo” con rolas de su ídolo y terminaron haciendo una improvisación
sobre el escenario. Tal fue el éxito de la presentación que era irremediable
unirse como una banda formal.
Al buscar un nombre
para el grupo, el trío buscó el nombre de algún lugar que lograra captar la
esencia de su música, encontrando en Kamchatka el concepto ideal: un lugar
extraño, mágico y de fantasía natural gracias a sus volcanes, lagos sulfurosos
y verdes montañas con cascadas; en otras palabras, un lugar muy distinto al
paisaje rocoso de Varberg.
La guitarra está a
cargo de Thomas “Juneor” Andersson, músico que tiene en el blues blanco su
influencia más fuerte. Hombre de gran pasión que deja en las cuerdas todo el
sentimiento. Su voz grave contrasta con la suavidad que utiliza para cantar y
su ligera mano para llevar las riendas de la banda. El equipo con el que grabo Vol. 1 está conformado por un amplificador
Fender Dual Showman Reverb, un pedal de multiefectos PUE5 Tube de Ibañez, un
pedal wah y dos guitarras: una clásica SG de Gibson y una Stratocaster 70 de
Fender. “Juneor” es de los pocos guitarristas escandinavos de tener su propio
modelo de guitarra: Beard Bender de Ibañez, la cual utiliza desde 2011 cuando
fue lanzada al mercado.
El bajista del grupo es
Roger Öjersson, un espigado muchacho de lacio y largo cabello que imprime su
fuerza y su magia. Sin embargo, Roger es un multi-instrumentista. Su primer
instrumento fue la mandolina, que tras años de ensayo, cambió por una guitarra
clásica. Al acercarse al rock, fue alternando la guitarra eléctrica y el bajo,
quedándose en éste desde la formación de Kamchatka. Gracias a su amplio
panorama musical, Öjersson escucha todo tipo de música, teniendo en Aston
“Familiy Man” Barrett, bajista de The Wailers, la mítica banda de reggae de Bob
Marley, su mayor influencia. Su equipo consta de un Ibañez BTB-670, un Squire
Jazz y un viejo modelo Dean que amplificó con un equipo Hartke.
Cabe mencionar que fue
en 2012 cuando Roger dejó la banda para incorporarse como guitarrista a la
banda de metal Tiamat. Al quedar vacante el puesto, el resto de la banda
decidió incorporar a Per Wiberg, quien había trabajado con Kamchatka en el
diseño de todas las portadas de sus discos a través de su empresa de diseño
Hippograffix y colaborado en los teclados de los discos Vol. 3 y Bury your roots.
Por si fuera poco, Wiberg había sido tecladista de bandas como Opeth, Spiritual
Beggars y Candlemass; siendo así que su trabajo no quedó reducido al bajo.
La batería corre a
cargo de Tobias Strandivik, el único integrante de Kamchatka que toda su
juventud tocó en el circuito de bandas de su natal Varberg. Su estilo de tocar
deriva directamente por su gusto por el metal, el jazz y el rock progresivo,
pasando desde la música de Frank Zappa hasta King Crimson.
El
concepto
Cuando pensamos en
blues, nuestra mente viaja a la música negra nacida en el delta del río
Mississippi o a la mezcla hecha con el rock blanco, ácido y pesado que hicieron
las bandas británicas a finales de los años 60. Sin embargo, con el paso de los
años, este género musical quedó relegado a obscuros bares de mala muerte de los
Estados Unidos o en bandas empecinadas en rescatarlo, ya sea por vieja añoranza
o por el deseo de crear nuevas cosas a partir de sus estructuras, enseñándole a
nuevas generaciones un sentimiento que engendró muchas variantes musicales
durante el siglo XX.
Sin embargo, el blues
no es sólo música, como género nació del sentimiento y cómo forma para
acompañar las penas y el lamento las comunidades afroamericanas de Estados
Unidos, emoción que fue rescatada por los jóvenes del mundo a finales de los
años sesenta para expresar la incomprensión de los adultos de su época a sus
deseos de libertad, de conocimiento y de
amor. Y de ello nos habla el Vol. 1.
La primera placa de
Kamchatka no es una colección de canciones nacidas de los jam sessions, es una
declaración al mundo de que aquellos sentimientos que crearon y dieron forma al
blues siguen vigentes. El ser humano se siente confundido ante una realidad que
no le es de su agrado. Busca escapar de ella, pero eso le puede crear una
confusión en su mente.
La incomprensión
aparece en escena y no piensa dejarla fácilmente. Se buscan alternativas, pero
no otorgan las respuestas deseadas. La incertidumbre es sembrada en el interior
y la mente comienza a desesperarse. Poco a poco el camino se va haciendo
angosto hasta que al final del camino aparecen las drogas, la soledad y el
escape como única salida. Las consecuencias son graves y, quizá, no exista
escapatoria.
Vol.
1
es una frenética espiral en descenso que nos lleva a momentos de locura, de
melancolía, de dolor y de escape mental. En otras palabras, el blues se
convierte para este disco en forma y fondo, un vehículo para hablar del propio
viaje, un pretexto para tocarlo y seguir hablando de las emociones que de él
emergen.
Canción
por canción
Out
of my way: ¿cómo debería de ser uno? ¿qué es lo correcto?
¿cuál es la mejor forma de vivir? La gente se cree muy inteligente y ante su
mirada los demás son unos perdedores. Aun con esfuerzo y trabajo, la opinión no
cambiará. Lo mejor será dejar a todos atrás, soltar las amarras y abrirse a los
cambios que deparará el futuro… Guitarras que juegan con su ritmo cortante y
efecto wah que lograr liberar la mente del cuerpo. Sin embargo, al llegar al
término de cada estrofa los remates de los acordes nos dejan un dulce sabor a
psicodelia pop. La parte media de la canción explota en una pequeña
improvisación con un duelo entre la guitarra y el bajo en salvaje persecución
entre sí. La voz “amarrada” de Thomas “Juneor” Andersson recuerda al Clapton de
sus épocas en Creem
Seed:
siempre hemos creído que al ver la mirada del otra persona podremos entrar en
ella para saber lo que hay en su mente, para tratar de entender sus sentimientos.
Al no lograrlo, una semilla de incertidumbre se siembra en nuestro interior y
poco a poco crece la curiosidad. Es necesario que el otro nos de algo para
saciar la duda, y quizá, para sorprendernos…Bluesecito donde se luce la
suplicante voz de Roger Öjersson y el gran trabajo de estudio de ecos y
reverberaciones sobre ella. El solo de guitarra muestra toda la técnica de
“Juneor”, aunque es innegable la influencia de Jimi Hendrix.
No:
el hombre da rienda suelta a sus preocupaciones en la soledad de cuarto: una
vida llena de obligaciones, incertidumbres, frustraciones y expectativas que no
se lograrán por falta sustento. El sueño no llega porque se busca la luz que
nos muestre el camino para encontrar las grietas del muro y atravesarlo por
ellas. Sin embargo, entre el letargo y la reflexión, la respuesta llega: se
tiene que aprender a decir que no… Un riff de notas descendentes se repite
insistentemente para dar paso a la voz de “Juneor” con líricas de Öjersson.
Tras un tímido teclado, se deja escuchar un solo de guitarra de gran
sentimiento. Mención aparte merece los remates de batería que demuestran el
gran baterista que es Tobias Strandivik.
Mnemosyne
waltz: fácilmente la mente se puede perder en el tiempo.
¿Qué fue pasado y que ocurre en estos momentos? Todo entra en duda hasta el
grado de no saber qué es lo real. Mnemosine, la personificación de la memoria y
madre de las musas, nos da las armas para luchar contra esta situación; pero el
hombre, desconfiado y desesperado como siempre, opta por el camino errado… Blues
de ritmo lento e instrumentos en sonido saturado que al acercarse al final se
transforma en una cascada de notas descendentes que rematan en un sincronizado
riff de la guitarra y el bajo digno de admirar. Rola nacida directamente de las
jam session que dieron origen a la banda.
Mixed
emotions: los pensamientos giran y giran sin permitir pensar
claramente. A veces, uno desería no haber nacido. Hablamos con los demás para
encontrar respuestas y salidas, pero nada logra orientarnos hacia la salida. Emociones
encontradas que dejan la mente en confusión… Hard blues de acordes sueltos y
melancólicos que nos remiten a Jimi Hendrix. El solo de guitarra es una larga
cadena de bendings en tono agudo que hace sentir todo el poder de la Fender
Stratocaster. Un bajo atasado de fuzz y un acompasado ritmo de batería terminan
formando este verdadero power-trio.
Wrong
end…: todo cambia. La consciencia nos quema por dentro y
aun así nunca aprendemos las lecciones en su momento. Nos encontramos rodeados
de muchas personas, y en lugar de encontrar consuelo y entendimiento con los
demás, todo termina en un sinsentido, en falta de comunicación, en una
colectividad solitaria. Todos opinamos al respecto, pero seguimos sin actuar… Melodía
de guitarra wah insistente sobre redobles de batería que encuentran sosiego en
cada coro. Trasmitiendo la sensibilidad del blues blanco, la improvisación de
la parte media de la cacnción termina en un clásico duelo de riffs entre la
guitarra y el bajo.
Eggshell: el mundo real se termina: lluvia radiactiva, químicos, microndas y un espacio
disminuido. La corteza es tan delgada como un cascarón y fácilmente se puede
romper. Estamos en la época de reflexión y de sensibilización. Este es el
momento de drenar y no repetir las cosas… Rolita de acordes en seminotas de
blues y juegos vocales que hacen recuerdar a Eric Clapton y Jack Bruce de
Cream. El coro se escapa del tufo sesentero al encontrarse con un enganche
sencillo de línea melódica ascendente que realmente atrapa. El teclado crea una
atmósfera relajada que termina siendo rota por una frenética coda de plegaria
desesperada y solos de guitarra acelerados e insistentes.
I
love everybody: Cover al grandísmo bluesero albino
Johnny Winter a una rola contenida en su Second
Winter de 1969. Respetando el mágico sonido del slide sobre el brazo de la
guitarra eléctrica, “Juneor” tributa a una de sus mayores influencias. La única
diferencia de la versión de Kamchatka con la original es el aumento de ritmo
transformando el blues hacia un poderoso southern rock que termina siendo muy
cercano al sonido de Winter en sus discos posteriores.
Auto
Mowdown - Spacegirl blues: Par de covers a la banda
norteamericana de new wave Devo, ambas canciones originales de los demos de la
banda hechos en 1974 y que fueron publicados hasta 1990 en el disco
recopilatorio Hardcore Devo: Volume one.
En este caso, Kamchatcka transforma el art punk de las versiones originales en
hard blues que domina la banda. Auto mowdown es cantada por Roger, intentando
respetar la melodía original. En cambio, Spacegirl blues, cantada por “Juneor”
se convierte en un blues puro de solo de guitarra que nos vuelve a demostrar el
poder del grupo con su jam session obligatoria.
Sing
along song: ante una realidad que disgusta, uno se
puede acercar al doctor y pedir una prescripción especial: píldoras. Comienza
el escape y termina uno cantando en su soledad. Un frasco tras otro y las cosas
no parecen mejorar del todo… Rock de riff acelerado que asemeja a alguien que
cae por una escalera, donde se puede sentir escalón por escalón. La canción se
transforma en un viaje ácido que mezcla psicodelia y blues a través de una
guitarra llena de flanger, la cual logra hacernos despegar y escapar de la
realidad.
Incognito:
el viaje psicodélico no ha terminado. Colores e imágenes siguen danzando en
nuestra mente a través de una travesía luminosa. Un escape de la realidad que
logra ocultar la identidad de quien lo realiza… Divertimiento melódico con
tarareo al más puro estilo del medio oriente que rompe en un rock de energía
contenida.
Daddy
says: tras el viaje ácido, seguramente uno no se ve bien.
La infección intravenosa fue severa. Se busca ayuda, una cura, pero quizá
demasiado tarde. El monstruo es está adentro y dice que esta es la forma de
hacerlo… Un blues de suave sabor funky que permite lucir las capacidades de
“Juneor” Andersson en la guitarra. La voz de Öjersson desquebraja el ritmillo
para crear un hard blues de sabor desesperado. Casi al final se puede escuchar
una curiosa guitarra metálica y slide que deja un sabor pantanoso y el deseo de
que hubiese estado en el resto de la rola.
Squirm:
Melodía
instrumental que busca hacer un digno final para el escape mental. La marca de
la casa: un jamming que haga entender que el individuo no regresará a la
realidad, que el individuo se perderá en un viaje retorcido. En la parte media
de la rola, ésta se transforma en un rápido jazz que dejaría entrever que Kamchatka
no sólo es blues y que, quizá, en discos posteriores, el camino sería mucho más
amplio.
Como detalle curioso,
este Vol. 1 tiene una pista escondida al termino de la última canción registrada
en la tapa del disco. Esta rolita es un track de guitarras acústicas creada por
“Juneor” y Roger en una de las noches de la grabación del disco, que durante un
descanso agarraron los instrumentos y se fueron a una cochera tras el estudio
para distraerse. Tal fue la intensidad del momento, que decidieron grabarlo y
mantener el sonido que generaba el lugar.
Dentro de la pequeña escena stoner que existe en Dinamarca, hay una banda que tiene todo para sobresalir y convertirse en su estandarte: Hjortene. De la mano con la publicación de su primer disco en abril de 2014, esta banda ha estado rodando en toda Escandinavia para buscar un espacio en el tan competido ambiente hard rock que existe en ese lugar de Europa.
Esta placa de presentación es un perfecto combo de rock desértico cantado en danés y que en momentos recuerda el sonido de Fu Manchu mezclado con el hard rock revival de bandas nórdicas como Graveyard y Horisont. Sin embargo, con la intención de alcanzar una penetración en otros mercados, Hjortene presenta algunas canciones en inglés y la colaboración de gente como Lorenzo Woodrose (guitarrista y vocal de Baby Woodrose), President Fetch (la mejor banda de punk en Dinamarca) y Valient Himself (vocalista de Valient Thorr, banda de heavy metal y southern rock de Estados Unidos).
Y es precisamente de la participación de Valient Himself con Hjortene lo que presentamos el día de hoy, una poderosa rola que abre la opera prima de la banda y que nos deja claro quienes son estos muchachos. Un tímido conteo en español es interrumpido para comenzarlo nuevamente, pero ahora en inglés y con voz potente. Un golpe de los instrumentos nos sacude y sabemos que estamos ante algo que vale la pena. Un riff de guitarra ahogada en fuzz y feedback nos agita y nos deja desnudos sobre la carretera. La velocidad se hace dueña de todo y sólo queda dejarnos ir con ella.
De hecho, las líricas de esta rola nos dice qué es Hjortene: una poderosa banda stoner de explosivas presentaciones en vivo. Rock para agitar la cabeza en una fiesta que dure toda la noche, un viaje sin regreso que sobrepase todas las expectativas, un grito a cientos de millas por hora.
Palle Hjort en la guitarra y vocales, Claus Doomhammer en el bajo y Kim of Death en la batería. Stoner desembarcado desde Copenhagen, energía que muchas bandas desearían tener...
En 1992, Tom Waits publicó su fabuloso Bone machine, placa excéntrica que conjugó misteriosas percusiones, graves y rasposas voces llenas de ecos naturales y mágicos juegos de guitarras y bajos interpretados por grandes personalidades como David Hidalgo (Los Lobos), Les Claypool (Primus) y Keith Richards (The Rolling Stones). Uno de los sencillos de dicho disco se encuentra Goin' out west, rola de sonidos obscuros donde la característica voz de Waits se luce con su fuerza, la guitarra de Joe Gore recrea pasajes de áridos delays, un impresionante cuerpo de percusiones que retumban por todos lados y que son obra del propio Waits y un contrabajo que otorga un gran soporte a la melodía hecho por las manos de Larry Taylor (miembro de Canned Heat en los 70, miembro de la banda de John Mayal en los 70, músico de Waits desde los 80 y hermano de Mel Taylor, baterista de The Ventures). La canción se hizo más conocida gracias a su aparición en el soundtrack de la película Fight club (El club de la pelea, 1999), cinta de David Fincher y protagonizada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter.
Con líricas que versan sobre el chico malo del pueblo, Tom Waits detalla las características que debe tener el hombre para ser visto como un maldito: cicatrices reales, un viejo auto clásico, un rostro duro y con el diablo en una correa. El video de esta rola fue hecho bajo la estética de la portada del disco, la cual fue realizada por Jesse Dylan, hijo del gran Bob Dylan: Tom Waits ataviado con gafas protectoras al estilo aviador, cazadora de cuero y una gorra con cuernos. En las imágenes aparece Tom Waits a blanco negro tocando una guitarra eléctrica de juguete, lo que le otorga un sabor irónico en contraste a la letra de la rola.
Para su disco Era Vulgaris (2007), Queens of the Stone Age grabó durante más de 10 meses una gran cantidad de canciones, siendo publicadas sólo 11. Al tener tanto material enlatado, Josh Homme, líder de QOTSA decidió acompañar el lanzamiento de los singles del disco con varios "lados b". Así es como se publica Goin' out west como parte del sencillo Sick, sick, sick, además de ser incluída en el compilado de rarezas de la banda de 2007, el The definitive collection of B-sides & rarities.
La versión que hace Queensa la rola de Tom Waits es una copia exacta de la original, donde la diferencia radica en el cambio de las percusiones por la poderosa batería interpretada por Joey Castillo; además de incluir un juego de efectos en las guitarras del propio Homme y Troy Van Leeuwen las cuales le dan a la rola un toque mucho más roquero.
De entre otras versiones a las que se le han hecho a Goin' out west, podemos destacar a la que hicieron el dúo australiano Jackson Firebird para su Cock rockin' de 2014, banda de rock n' roll y blues de sabor sureño formado por Dale Hudak en las percusiones y Brendan Harvey en la guitarra y voz.
El video de Jackson Firebird está grabado a dos tomas: en una se encuentra Harvey y en otra Hudak, ambos dentro de una casa ambientada con muebles de los años 60. Harvey toca una Gibson Les Paul conectada a un pequeño amplificador Vox que hace llorar a través de un slide de vidrio, además de tres megáfonos donde se filtra su voz. Hudak no toca la batería en esta canción, tributando las percusiones de la canción original, se arma de cajas, mesas de plástico, tapas de hieleras y botes metálicos para basura repartidos en diferentes lugares de la casa para acompañar el salvaje ritmo de la guitarra. Gran versión que le da un giro de 180 grados a la versión de Tom Waits para convertirla en un rápido blues de excelentes riffs de guitarra.
La ilustración de un
rostro desencajado bajo una estética psicodélica y manchones que semejan sangre
embarrada, sirven de portada para un peculiar disco. Un fantasma, un alma en
pena, un muerto viviente. Esta no es la portada de alguna banda desconocida de
los 60 y olvidada por el tiempo. Estamos frente la segunda placa de un grupo
que logró guardar su identidad bajo un manto de misticismo, obscuridad y
densidad, pero que su propia calidad los arrojó a las luces de los escenarios;
al grado de ser abridores de los conciertos de Black Sabbath: éste es el Blood lust de Uncle Acid & the
Deathbeats.
Recomendados por Leif
Edling (bajista de la banda sueca de doom metal Candlemass), llegaron a la disquera
Rise Above Records, empresa de Lee Dorrian (vocalista de Cathedral), donde
consiguieron un contrato para grabar su segundo disco tras el reconocimiento alcanzado
con Vol. 1 en el underground europeo.
De esta manera, en 2011 publican sólo 100 copias de esta joya sonora, mismas
que fueron numeradas a mano. Tal fue el éxito que, obviamente, se ha reeditado
en varias ocasiones y en varios formatos.
Con las recomendaciones
arriba mencionadas, esta banda no podía defraudar: un power trío nacido en
Cambridge, Inglaterra que bebe directamente del rock más denso de principio de
los años setentas, una psicodelia dura bajo un sabor terrorífico que busca
sacudir totalmente al oyente. Por si no quedara claro, la propia Rise Above
Records nos explica el sonido de la banda: una mezcla entre la original banda
de Alice Cooper, el primer sonido de Black Sabbath y la agresividad sonora de
The Stooges.
¿Pero
quién carajos son estos tipos?
El misterio y el
anonimato fue el manto que cubrió a los integrantes de Uncle Acid & the
Deadbeats hasta que Blood lust se
convirtió en un suceso en el mundo del doom y el hard rock. Con la poca
información que se obtenía de los discos editados, pudimos saber que tres
personas estaban involucradas en este proyecto, tres pseudónimos que nos daban
una pequeña luz sobre la banda: Uncle Acid, Kat y Red.
Tras el éxito del disco
y el deseo de los organizadores de eventos por contratar al grupo para
interpretar en vivo las canciones, Uncle Acid salió del anonimato para
contestar entrevistas y explicar quiénes o qué era Uncle Acid & Deadbeats.
El productor de los discos, K.R. Starrs, era en realidad Uncle Acid: el
vocalista, el guitarrista, el tecladista, el autor de las canciones…en pocas
palabras, la cabeza del proyecto.
Tomando como base los riffs
de guitarras al estilo Tony Iommi, Uncle Acid crearía atmósferas tétricas y
contagiosas a la vez, a las cuales les sumaría otros instrumentos para crear un
muro de sonido demasiado denso, infranqueable, pesado. Recordando el estilo de
Phil Spector, K.R. Starrs utilizó amplificadores viejos para los instrumentos y
equipos lo-fi para la grabación, superponiendo pistas sobre otras hasta crear
el avasallante sonido de la banda. Por si fuera poco, el estudio de grabación
está colocado dentro de una casa abandonada en los bosques ingleses conocida
como The Barn, provocando una sensación más misteriosa a las sesiones.
K.R. Starrs había
ideado el nombre de la banda a partir de la historia que alguna vez contó Rusty
Day, vocalista de Cactus, aquella banda de hard rock de los 70, quien intentó
realizar un proyecto alterno con el nombre de Uncle Acid and the Permanent
Damage Band y que jamás fructificó en algo formal. La acidez delimitada con el
nombre del grupo sirvió para explicar el sonido que se buscaba con este
proyecto: el viaje psicodélico más fuerte posible de la mano de
instrumentaciones de los primeros momentos doom. Es por eso que los músicos que
acompañan al productor inglés tomarían el nombre de The Deadbeats.
Las voces son otro
elemento primordial del sonido del grupo: juegos corales de tono agudo,
rasposo, decaído y doloso que encuentran influencia en gente como John Lennon, Robert
Plant, Neil Young y Ozzy Osbourne. Brujas en penosos lamentos que dejan caer
sus maldiciones sobre los inquisidores… Para Blood lust, Uncle Acid grabó todas las vocales y las mezcló en
doble track para lograr el efecto tenebroso que él deseaba; aunque en
entrevistas posteriores ha aceptado sus limitaciones como cantante.
Sin ser descubiertos
hasta el momento las personalidades detrás de Kat y Red, Uncle Acid sólo nos ha
dejado saber que fueron músicos de sesión que ayudaron con sus capacidades
interpretativas para alcanzar la atmósfera obscura que traía en mente el
productor; pero que no tenían las cualidades ni los deseos para llevar el disco
a los escenarios, por lo que al término de las grabaciones de Blood lust, fueron contratados Yotam
Rubinger (segunda guitarra y voces), Dean Miller (bajo) y Itamar Rubinger
(batería), convirtiéndose en la imagen de los Deadbeats.
El
concepto
Comienzan los primeros
segundos del Blood lust y un tétrico
teclado da fondo a una televisión que cambia de canales, pero en ellos sólo se
pueden escuchar una sola cosa: diálogos de antiguas películas de terror y
suspenso.
Tras un largo tiempo viendo películas de
horror y serie b de los años 70, K. R. Starrs decidió crear un disco que se
convirtiera en un recorrido por esas cintas, un guión que imaginara escenas y
diálogos. Con esta idea, se refugió en The Barn, un estudio de grabación
instalado en una granja abandonada en la neblina de los bosques ingleses, con
la intención que el ambiente ayudara en el proceso de composición.
De esta manera, las liricas
de Blood lust describen misas negras, ritos satánicos,
brujería, asesinatos y actos de tortura a través de un un hilo conductor: la sed
por la sangre. Pequeñas historias de horror y obscuridad que tienen en el culto
satánico su mayor inspiración. El sacrificio de una joven vírgen desata la
imaginación de Uncle Acid hacia imágenes saturadas de hechicería, sangre y
dolor.
Para lograr este
objetivo, la banda hace de la música su mayor aliado. Al construir un muro
sonoro cimentado en doom de principios de los 70 (Black Sabbath, Pentagram), la
psicodelia más ácida de finales de los 60 (Iron Butterfly) y la fuerza bruta y
de baja fidelidad de las bandas proto-punk (The Stooges). ES por ello que ell
sonido del Blood lust conjuga los 5
discos favoritos de Uncle Acid: el hard rock y la obscuridad del Black Sabbath de Black Sabbath (1970); los
primeros juegos del pop con la psicodelia y los juegos vocales del Revolver de The Beatles (1966); las
voces y la melancolía de las irónicas letras del Tonight’s the night de Neil Young (1975), el denso stoner del Dopesmoker de Sleep (2003) y la psicodelia
total de juegos líricos contenidos en el Are
you experience? de The Jimi Hendrix Experience (1967).
Canción
por canción
I’ll
cut you down: aquí está el hombre lleno de maldad,
sin esperanzas y sin ilusiones. El engaño es su arma principal, ha cambiado lo
dicho por los textos santos para su beneficio. Drogas, riquezas, poder: todo lo
puede ofrecer. Sólo se necesita hacer un sacrificio, se requiere la sangre de
una joven mujer. Ella no lo sabrá, no está en sí misma, no del todo… Los
primeros segundos de esta canción es un tributo directo a Grand Funk Railroad:
los oscuros diálogos tomados de una televisión de cambia de canal recuerdan el
inicio de Paranoid
y
el primer riff es un juego de acordes descendentes muy al estilo de Into the sun, Sin embargo, cuando
comienza propiamente la melodía, la rola explota con todos los instrumentos en
un salvaje ritmo digno de un aquelarre: brujas bailando ante el fuego dedicado
al macho cabrío, hombres encapuchados alrededor de la bella joven que será
sacrificada. El video promocional muestra un baile sobre una pista hacia
finales de los 60 dentro de atascado juego de filtros psicodélicos.
Death’s
door:
la mano del maldito se ha levantado para torturar, para subyugar, para
sacrificar. Tras un sádico rito, queda el cuerpo de la mujer ofrecida moribundo
frente a la puerta de la muerte. Ahora se postra sobre él la fuerza para
dominar ciudades y atormentar a toda la gente que habita en esa tierra, sin
importar clases ni razas. El deseo de sangre nunca terminará… Un riff de
guitarra al estilo de las figuras melódicas de Black Sabbath marca el inicio de
la rola, a la cual se suman otra guitarra repitiendo lo de la primera pero en
un tono agudo. El bajo sólo da unos toques y los platillos de la batería marcan
el acompasado ritmo. Tras la introducción, el cambio melódico nos lleva como
una negra procesión hacia un aletargado camino de pesadez y dolor. El solo de
guitarra rompe con el monótono sonido de marcha fúnebre en un juego psicodélico
de notas que se escapan entre las manos.
Over
and over again: La bruja se encuentra ardiendo sobre la
pira funeraria que se ha colocado al centro del pueblo. Todos la escuchan
gritar una y otra vez, pero las desgracias no terminarán cuando su cuerpo se
consuma. A través de sus ojos se observan cielos obscurecidos, una maldición ha
lanzado sobre todos para vengar su dolor, y ahora lo único que se escucharán
son los gemidos de la gente una y otra vez… El ritmo sube en esta tercer
canción del disco gracias a un riff de guitarra en doble track que gira sobre
sí mismo una y otra vez, tal como sugiere el título de la canción. Un solo de
guitarra quiebra el repetitivo ritmo, figuras que recuerdan las guitarras
siamesas de Tony Iommi, pero que quedan atrapadas en el muro de sonido que crea
el grupo con el resto de los instrumentos tocando al unísono.
Curse
in the trees: el antiquísimo miedo al bosque del
hombre. En su atemorizante obscuridad, un acto de tortura ocurre. Entre los
árboles se puede ver el cuerpo
carbonizado de la bruja quemada que ha logrado su revancha a través de quien
osó pernoctar en el bosque maldito. No hay arrepentimiento ante el dolor, el
sufrimiento y los gritos de horror, sólo hay muerte y venganza…. El recuerdo a
Black Sabbath y su rola homónima es inegable: ritmo lento de notas arrastradas que
dejan atrapado al oyente en una lúgubre melodía. Tras la lenta introducción el
ritmo se acelera hacia un rock pesado que aplasta con su paso fuerte. El
segundo solo de guitarra, cerca del final de canción, nos regala una cascada de
notas cortadas tal como si se lo hiciera
un cuchillo.
I’m
here to kill you: el asesino solitario hace su
declaración antes de cometer su crímen: “estoy aquí para matarte”. Las
estrellas le han dicho qué hacer y él hasta ha visto el futuro: debe cumplir el
destino trazado. Estas son las semillas de lo sembrado: la sed de sangre, la
maldad, las ideas. Sirven de justificación y no hay marcha atrás… Ritmos
agitados, cortantes para una extraña melodía enferma que recrean la atmósfera
de una persecución a muerte. El solo de guitarra flota sobre la estructura
sonora, pero su explosión termina en acordes muy al estilo de los primeros
discos de Iron Maiden. La mención honorífica se la lleva la interpretación de
la batería, que con juegos de redobles y contratiempos de platillos ride logran
crear el ritmo necesario.
13
candles: ha comenzado el ritual del pecado. 13 velas negras
de rojo y ardiente brillo iluminan la obscura noche. Magia negra, demonios
invocados, sombras reptantes, el macho cabrío, un sacrificio y la muerte en un
mismo lugar. Una misa negra ha sido realizada… Los ritmos regresan al sombrío
sonido heredado del Black Sabbath de sus primeros discos, pero alcanza un
despegue al encontrar las armonías vocales un juego de contrapeso. De un solo
golpe, la melodía nos lleva a una macabra danza de muerte y pecado. Hacia el
final de la guitarra se escuchan dos solos de guitarra haciendo un duelo entre
sí con figuras en tonos armónicos que terminan juntándose para la misma figura,
recordando el estilo sonoro de Thin Lizzy o Iron Maiden.
Ritual
knife: el sacrificio de una mujer joven y virgen para ser
ofrecido a una obscura deidad es el referente inmediato cuando nos referimos a
un rito satánico, de magia negra o brujería. El símbolo de pureza es entregado
al espíritu maligno para entregarle su energía, su fuerza y su inocencia.
Resistencia, sangre y dolor son los símbolos del ritual que encuentra su cenit
en la entrada del cuchillo en el cuerpo ofrendado. Pero todo puede ser una
metáfora, porque en esta ocasión no habrá muerte, sólo habrá sexo, violación,
la pérdida de la virginidad; la historia puede ser otra… Los instrumentos
entonan una marcha tétrica de tambores rituales que quiebran en un ritmo pop de
la frase final de cada estrofa. El solo de guitarra logra hacernos volar hacia
un viaje muy ácido hasta la perdición, y si no, escuchen las notas como se caen
idénticas a pedazos de cristal sobre el piso. El video de la canción está hecho precisamente con extractos de la serie de películas que vió K. R. Starrs al componer el disco.
Withered
hand of evil: luego de rituales a su honor, de misas
negras que invocaron su nombre y de sacrificios hechos en búsqueda de su poder
y su gloria, el demonio se hace presente. Es un ángel que hierve por dentro,
una bestia sin jaula cegada por la ira. El mundo será atormentado y aplastado
por el maldito. Aquí está y te tiende su marchita mano… El juego de guitarras
distorsionadas sobre el efecto de cuerdas logrado por el mellotrón crea una
misteriosa sensación de temor al iniciar la rola. Poco a poco la melodía se
queda en un sabor doom de pesadez, de guitarras densas y percusiones que
asemejan pies que se arrastran sobre el suelo. Sin embargo, al final la melodía
se convierte en un melancólico vals que envuelve al escucha lentamente en un
baile tomado de la mano con el propio demonio.
Down
to the fire: el bosque se deja escuchar en su
tranquilidad. Ahí está la joven de ojos hundidos y rostro gris, de larga capa
negra que le cubre su cabello. Su helada mirada se ha fijado sobre el
aventurero y ha quedado atrapado en su embrujo. Ha buscado solución a su
problema en Dios, y él le ha mandado al sacerdote quien sólo le ha dicho la
verdad: esa bella joven practica hechicería y ha quedado bajo su fuego… Track
acústico de regalo en la reedición de la placa en versión CD, el cual nos deja
un agradable sabor a medievo, a gitano y a folk cercano al Battle of evermore de Led Zeppelin. Hermosa magia que embruja al
oyente irremediablemente.
Aquí está el segundo
disco de Uncle Acid & the Deadbeats: Blood
lust. 45 minutos de satánica psicodelia contenida en una joya que tiene
todo para convertirse en un clásico.