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martes, 11 de agosto de 2015

Black Black Black: bailando sobre el pentagrama


Dentro de la fuerte oleada de bandas que han recuperado el hard rock y lo han llevado a nuevos horizontes, encontramos una banda originaria de Brooklyn, Nueva York que ha logrado reconocimiento en aquel circuito gracias a la publicación de su disco homónimo en febrero de 2013. Ellos son Black Black Black.

Bajo la etiqueta de "death rock", este cuarteto neoyorkino poco a poco se ha ido colocando en los escenarios a través de una mezcla de doom, stoner, hard y metal, logrado así que sus presentaciones sean un espectáculo ecléctico al reunir a aquellos sedientos de bandas de sonidos fuertes que recuperen el metal setentero con aquellos que desean escuchar lo que hacía Disengage hace diez años. 

¿Por qué hacemos referencia a esa banda de mediano éxito originaria de Cleveland? Al desintegrarse este grupo, dos de sus miembros buscaron crear un nuevo proyecto que recuperara sus gustos por bandas tan distintas como Black Sabbath o Tool. El vocalista Jason Alexander Byers y el guitarrista Jacob Cox abandonaron Ohio y se fueron a radicar a Nueva York para encontrar nuevos aires, lo que los llevó a formar un nuevo grupo junto con Johnathan Swafford en el bajo y Jeff Ottenbacher en la batería.

Tras varios meses de ensayos y maquetas, los Black Black Black decidieron meterse a los Translator Audio bajo la tutela de Andrew Schneider para grabar su disco debut, el cual fue publicado de manera independiente y promocionado por medio de la página de Bandcamp del grupo. Con la recomendación de Jesse Bartz (vocalista de Lo-Pan) y el reconocido blog The Obelisk, el disco comenzó a difundirse en diversas páginas electrónicas. 
En esta ocasión les compartimos una de las 12 rolas que contiene su disco, quizá la más energética de ella y la más digna de abrir una presentación de la banda. "Pentagram on" es un gancho directo a la mandíbula, una agitado galope de caballo desbocado que tan solo dura 1 minuto y 47 segundos. El estruendo del bajo satura las bocinas para que el grupo termine invocando al poder del pentagrama y no tengamos otra opción de mover el cuerpo al salvaje ritmo, el cual nos deja un poco el sabor a los divertidos Red Fang. Con la idea  de una estrella de cinco picos de referencia satánica, y por otro lado la pauta musical de cinco líneas donde se escriben las notas, el pentagrama se convierte en el motivo ideal para liberar el alma mientras la melodía se repite una y otra vez.


Con la intención de recuperar el espíritu de las bandas de hard rock sin grandes pretensiones, Black Black Black nos ofrece un nicho para los que buscan un grupo que tenga un enorme abanico de posibilidades, fuerza, melodías pegajosas y gran actitud sobre el escenario. 


viernes, 7 de agosto de 2015

The Oath: desde las entrañas de la obscuridad


A primera vista, la portada impacta. Sin palabras y sin íconos… sólo dos rubias envestidas de vinil y cuero negro nos observan de manera directa y sin freno. Sus miradas nos retan a traspasar el límite para entrar a su obscuro mundo de muerte, sombras y demonios. Una noche sin estrellas se postra para dar paso a una lúgubre atmósfera sin salida. Acorralados y sin remedio, nos damos a la tarea de apretar el botón para escuchar sus primeros acordes de ruidosas guitarras. Esto es The Oath.

Los agresivos sonidos nos hipnotizan y caemos rendidos a sus pies por medio de un heavy metal británico al estilo de la llamada “nueva ola” de finales de los setentas (Iron Maiden, Judas Priest, Angel Witch y Witchfinder General), al que se le suma un sabor a doom que varias bandas con mujeres al frente han hecho y que beben directamente del Black Sabbath setentero (Blood Ceremony de Canadá, Mist de Eslovenia, Witch Mountain de Estados Unidos o  Jess and the Ancient Ones de Finlandia).

Igualmente, su nombre nace por el gusto a las bandas clásicas. Recordando el segundo disco de Mercyful Fate, Don’t break the oath, el grupo se bautiza en fuego sagrado y firman su pacto con el demonio. Por si fuera poco, el logo de la banda fue diseñado por Erick Danielsson (bajista y vocalista de la banda sueca de black metal Watain), el cual nos muestra la dualidad que es constante en la magia negra que rodea a The Oath. Cruces encontradas, el nombre del grupo y el uso del simbólico número siete escondido.  
Sin tregua y sin miramientos, el álbum debut de The Oath nos sacude por todo el cuerpo. Ya sea por su sonido a metal antiguo o por sus tétricas líricas, esta placa no puede pasar inadvertida. Rompiendo los cánones del género, dos mujeres forman un concepto a partir de sus gustos, aficiones y vicios. Mórbidas y blasfemas imágenes invaden el ambiente mientras guitarras afiladas entran directamente en nuestro subconsciente. Sólo queda abandonar el cuerpo y permitir que la obscuridad tome su lugar. 


¿Pero quién carajos son est(a)s tip(a)s?

Bien podría escribirse que la historia de The Oath tiene en Berlín su punto de arranque. Fue en el año de 2012 cuando Johanna Sadonis estaba rondando bares de la capital alemana para conformar un grupo de heavy metal junto con el baterista Vicent Wager, hasta que Henrik Palm, guitarrista de In Solitude, les recomendó a Linnéa Olsson, una chica sueca que había decidido dejar su natal Estocolmo con la intención de reiniciar su carrera musical tras su paso por la banda alterna de Palm como guitarrista de acompañamiento. Las dos chicas comenzaron a platicar, encontrando muchas similitudes en ideas y gustos musicales, además de su parecido físico: una banda se había iniciado.


Johanna Claudia Sadonis es una chica alemana que creció dentro de un ambiente metalero. Se fue vivir a California durante tres años y tras su separación conyugal, decidió regresar a Berlín. Sin dinero, comenzó a trabajar atendiendo una librería de ocultismo, donde se acercó aun más a estos temas. Ahí fue cuando decidió formar una banda donde ella fuera la cantante, por lo que se dio a la tarea de encontrar a gente que compartiera sus conceptos. Ella escribe letras de canciones desde antes de la conformación de The Oath a través de melodías que va creando, las cuales tienen una influencia directa de Ozzy Osbourne en su primera etapa en Black Sabbath.


Linnéa Olsson era la guitarrista rítmica de la banda sueca Sonic Ritual, la cual tenía como base de operaciones su natal Estocolmo. Este grupo era un proyecto de Henrik Palm, quien tenía como objetivo principal a In Solitude. Un poco harta por la escena local de metal de su país y por la falta de actividad con Sonic Ritual, Linnéa comenzó a buscar opciones para salir de esta situación. Tras una visita a una psíquica, encontró la respuesta: escapar de todo, poner distancia y comenzar desde cero. Encontrando en Berlín el lugar ideal, comenzó a componer riffs y a buscar opciones para dar forma a su proyecto. Con la recomendación del propio Palm, Linnéa conoció a Johanna y el clic fue inmediato, ya que las líneas melódicas que había creado en el escaso tiempo que ella tenía en Berlín tuvieron la precisión de clavar en el concepto buscado por Johanna.


Con la idea definida, Johanna propone a su novio para que sea uniera al proyecto. Simon Bouteloup es un músico francés quien fue bajista de la banda stoner Aqua Nebula Oscillator y, como lo hicieran Olsson y Johanna, pensó en Berlín como el lugar idóneo para continuar si carrera musical gracias al reconocimiento obtenido con su primer banda. Su sonido estaba basado en la vieja psicodelia y rock ácido de los sesentas, pero al entrar en contacto con la escena berlinesa, poco a poco fue cambiando su equipo y definiendo la forma en que deseaba escucharse. Ello es claro al comparar los discos que grabó en Francia con lo hecho en The Oath.


Al principio del proyecto, el baterista fue Vincent Wager, músico alemán que ayudó a crear el concepto de la banda junto a Sadonis con la intención de mezclar el sonido de la NWOBHM con la lírica del doom de las bandas de principios de los setentas. Con esta alineación, The Oath grabó a principios de 2013 un single bajo la producción de Tiger Bartelt (baterista de Kadavar) que contenía “Night child” como lado A y “Black Rainbow” en el B. Tras esta publicación, Wagner decidió salir de la banda.

Como trío, The Oath terminó de escribir las canciones que conformarían su álbum debut. Buscaron a un nuevo productor que lograra definir el sonido que tenía en mente el grupo, por lo que Linnéa se acercó nuevamente a Henrik Palm para que los recomendara con Martin “Konie” Ehrencrona (In Solitude, Vampire y Nifelheim). Gracias a sus ideas y dirección, la banda definió su sonido de estudio y tuvieron la oportunidad de trabajar con Andy Prestridge, baterista inglés que formó parte de Winters y de Angel Witch.

A través de las recomendaciones hechas por los diversos contactos, las presentaciones de la banda como grupo abridor de los suecos Ghost y el reconocimiento por parte del blog “Bandoftheweek” de Fenriz (baterista de la banda noruega de black metal Darkthrone) , la disquera Rise Above Records de Lee Dorrian (cantante de Cathedral y antiguo miembro de Napalm Death) decidió firmarlos para editar el álbum debut.

El concepto

Con la idea de hacer un disco de heavy metal que fusionara el sonido de la NWOBHM de los 80 con el hard rock de principios de los 70, la atmósfera doom y los conceptos del black metal escandinavos, The Oath se metió a los Studio Cobra de Estocolmo a finales de 2013 de la mano de Martin “Konie” Ehrencrona. En tan sólo diez días de grabaciones y con la plena intensión de captar un sonido directo, crudo y vintage, el grupo logró captar su esencia obscura en nueve tracks que previamente habían compuesto, pero que terminaron de definir su estructura musical en el estudio.

Bajo el cliché del ocultismo y satanismo, The oath versa sobre el concepto ya masticado por el metal y todas sus variantes desde su creación. Pero al contrario de lo que se pudiera pensar, las temáticas planteadas por Johanna Sadonis nacen directamente de lo vivido por ella durante su obscura vida: creció escuchando a Led Zeppelin gracias a sus padres, tuvo su primer concierto de metal a los 14 años cuando vió a Danzig en Berlín, se volvió fiel seguidora de las bandas de black y death metal europeas, trabajó en una librería de ocultismo, montó un bar metalero llamado Kill’em All Club, etc. Con una difícil atmósfera rodeada de drogas, sexo y muerte, Johanna terminó concibiendo el mundo alrededor del metal en la formación de una banda donde tuviera la posibilidad de expresar todas sus ideas.

Sin embargo, si pudiéramos resumir esta placa en una sola palabra, ella sería obscuridad. Todas las canciones versan bajo las sombras de la noche y aclaman su presencia. Espacio ideal para el demonio, el dolor y la muerte. La lúgubre atmósfera se respira paso a paso hasta ahogarnos por completo. Metáforas, símbolos y enigmáticas imágenes nos envuelven en un halo de ocultismo y misticismo que termina por dotar de un mórbido placer. 

Canción por canción

All must die: No hay estrellas en el cielo y sólo se escucha el estruendo de los truenos. Este es el momento ideal para invocar por el ángel del séptimo amanecer. Todos deberemos morir y hemos tomado la decisión: cerrar los ojos y esperar que Satán nos lleve con él… Unas salvajes guitarras nos dan la bienvenida. La batería remarca los tiempos para explotar junto con la melodía. Johanna nos dice que es momento de invocar al demonio mientras escuchamos cómo Linnea suelta un acorde y Simon bombardea notas en su bajo. El recuerdo del primer Iron Maiden con la influencia punk de Paul Di’Anno llega de inmediato, pero cuando la rola alcanza su puente, el sabor obscuro se postra sobre nosotros sin permitir ni regreso ni arrepentimiento.


Silk road: Simon Bouteloup y Andy Prestridge buscan arrancar nuestra atención amarrada a al par de rubias líderes de la banda a través de una gran introducción de ritmo tribal. Sin  embargo, la guitarra de Linnéa nos sacude con su riff y permite que Johanna nos recite versos sobre una metafórica y onírica ruta de la seda. En su parte media, la canción baja hasta los mismísimos abismos que ya había visitado Tony Iommi, sin embargo, la batería vuelve a marcar un ritmo acelerado para colocarnos en un juego de riffs difíciles de soltar.

Night child: El corazón se quema de deseo, agoniza por la obscuridad en espera a que desaparezca la luz. Cabalgando sobre la bestia que cruza el valle de muerte, se postra ante nosotros el dios, el hijo de la noche… Rola que recuerda al Alice Cooper de sus primeros discos cuando Vicent Funier no se adueñaba del nombre de la banda. Esta canción fue lanzada como single con la producción del baterista de Kadavar, pero en esta nueva versión la mezcla dirigida por “Konie” Ehrencrona termina por colocar cada instrumento en un lugar preciso logrando una mayor intensidad, como si la banda tocara en este momento frente a nosotros. Fuerza, poder y sentimiento en un pedazo canción.


Leaving together: Cuando el alma siente la obscuridad, ella nos abandona junto que ella. El maligno siempre se ha ocultado en la ausencia de luz, pero quizás, los demonios se encuentran en uno mismo… Melancólica melodía donde las seminotas de Linnéa nos dejan paralizados ante un ambiente desolado de obscuridad y muerte. El contrapunteo que hace el bajo termina fortaleciendo la sensación de abandono que busca la canción. Cuando la rola rompe en su coro, ésta se convierte en un clamor al demonio para que éste tome el alma de quien se ha quitado la vida. Hacia el final, este himno termina en un demoniaco vals de notas descendentes donde compiten la guitarra y el bajo mientras el solo de Henrik Palm, guitarrista de In Solitude, nos marca el obvio desenlace. La letra de esta rola fue hecha por Johanna inspirada en el suicidio de un amigo de ella unos años antes.

Black rainbow: Cuando muere la noche, se puede ver al final del camino el arcoíris negro, aquel que te podrá llevar al otro lado. Despertando de las profundidades del sueño, el arcoíris negro te permitirá atravesar la obscuridad de los valles como si se tratara de un alma en pena. Todos hemos nacido para morir. No duermes, estás muerto y tu espíritu se ha percatado de ello…Quizá sea la rola más cercana de todo el disco al sonido del NWOBHM, que gracias a su agitado ritmo nos hace correr sobre un caballo desbocado en la noche más obscura. Si ponemos atención en sus líricas, descubrimos en “Black rainbow” una metáfora del eterno sueño y el despertar de la muerte a un vagar eterno.


Silver & dust: Todo es soledad y abandono. Toda la gloria termina con la irremediable muerte. La búsqueda ha terminado… Rola inspirada en los riffs de Tony Iommy de Black Sabbath, aunque termina con un irremediable sabor a los suecos de In Solicitude. La combinación de guitarras en tonos diferentes, acusan innegablemente la influencia de la  NWOBHM. Cabe destacar el gran trabajo de Simon Bouteloup en el bajo, donde sus arreglos logran hacer despegar la rola a lugares insospechados.

Death delight: La sombras rondan alrededor clamando por un alma que hoy recogerán. Están en cacería y saben que su presa no se escapará. Este es el encanto de la muerte. Aquí está el demonio y viene por tí. … Melodía de gran ritmo y inevitable gancho. Los acordes sueltos de Linnéa y los juegos en el bajo de Simon se convierten en la combinación ganadora. Los muy pequeños arreglos de guitarra son hechos por Henrik Palm, de In Solitude, quien busca seguir las figuras clásicas de Dannis "Piggy" D'Amour de Voivod. 


In dream: Melodía instrumental compuesta por Linnéa y Simon con inspiración directa de los pasajes acústicos de Black Sabbath como “Orchid”, “Embryo” “Fluff” o “Laguna sunrise”, aunque con una cercanía muy estrecha con la atmósfera de “Sleepin village”. Bello pasaje que sirve de pasaje hacia el final de la obra.

Psalm 7: Una oda al número siete, símbolo al cual está obsesionado la vocalista de The Oath, Johanna Claudia Sadonis, tres veces el número siete (“Seven, seven, seven is my name...”, frase en tributo a la canción de Danzig). Canción de siete minutos que representa la lucha entre el bien y el mal, que como habla el Salmo 7 de la Biblia,  es una plegaria de un inocente perseguido donde se reconoce al pecador como autor y víctima de su maldad. Si buscamos referencia en el famoso libro del ocultista Aleister Crowley, 777, el numero es un elemento que representa la búsqueda del control de los pensamientos y las acciones propias. Siete son las virtudes del espíritu y siete los pecados capitales. La marca de Caín, las siete cabezas de la bestia del Apocalipsis y la estructura septenaria del Libro de las Revelaciones: siete sellos, siete trompetas y siete copas. Un número de gran simbolismo que cualquier persona fascinada con el ocultismo y la numerología como Sadonis tendría que dominar.


A unas cuantas semanas de la publicación de The Oath, la banda anunció su separación temporal. Desde entonces Johanna Sadonis y Andy Prestridge crearon Lucifer, una banda de hard rock y doom con Gaz Jennings, ex guitarrista de Cathedral. Simon Bouteloup se incorporó a Kadavar para sustituir al bajista “Mamut” Lippitz. Finalmente, Linnéa Olsson entró a la banda filandesa Beastmilk, la cual se transformó hace unos meses en Grave Pleasures.



Así que sólo tenemos los casi 44 minutos del único álbum de The Oath, hard rock y doom en donde las mujeres toman el control y los hombres dan soporte a sus ideas. Disfrútenlo…


lunes, 3 de agosto de 2015

En versión lunática: "Evil", un clásico del heavy blues


Durante los años cincuenta, un grupo de músicos originarios de Chicago, Estados Unidos fueron construyendo una de las escenas musicales más importantes del siglo XX, siendo además ésta una de las más influyentes desde entonces. En el blues negro de Chicago podemos encontrar a gente como Muddy Watters, Willie Dixon, Howlin' Wolf, Koko Taylor, Buddy Guy, Slim Harpo, Elmore James, Otis Rush, Freddy King, Jimmy Reed y un largo etcétera. Derivado del blues del delta de Mississippi que tuvo su auge en la década de los años 20 y 30, esta generación de músicos de Chicago encontró en la "electrificación" de sus instrumentos una nueva forma expresar el sentimiento negro; además de poder grabar directamente en estudios profesionales como Bluebird, Chess, Cobra y Alligator.


Unos años después, ya en los años 60, los jóvenes blancos de Inglaterra tuvieron la oportunidad de escuchar los discos que se fueron grabando en Estados Unidos gracias a que los marinos norteamericanos traían los discos a los puertos ingleses, lo que abrió la posibilidad a que las estaciones radiofónicas piratas trasmitieran dicho género. Gente como The Beatles, The Rolling Stones, The Animals, The Zombies y The Yardbirds, y después Cream y Led Zeppelin bebieron directamente de esta música, haciendo sus propias versiones de las originales hasta ir moldeando lo que se conocería como hard blues. 


En un verdadero ejemplo de realimentación, la "ola inglesa" que inundó a los Estados Unidos hizo regresar la mirada de las bandas de rock norteamericanas a sus propias raíces, dándole oportunidad a los bluseros de Chicago de tener espacios para la difusión de su música y la posibilidad de re-editar las grabaciones hechas una década atrás con mejores posibilidades técnicas para la grabación y producción.

En el gran repertorio de clásicos del blues de Chicago, podemos encontrar uno que puede ejemplificar la historia arriba contada. En 1954, un grupo de músicos entraron a los Chess Records para grabar "Evil (is going on)", escrita por Willie Dixion, la cual aconseja que un hombre no debe ausentarse mucho de su hogar, ya que pueden pasar cosas "terribles". La sentencia queda dictada con la frase "You better watch your happy home".


Entre esos jóvenes negros se encontraban el propio Dixon en el bajo, Earl Phillips en la batería, Otis Spann en el piano, Hubert Sumlin y Jody Williams en las guitarras, y finalmente a Chester Burnett en la voz y la armónica, quien es más conocido por su nombre artístico de Howlin' Wolf. Una vez lanzada al mercado, no conoció el éxito hasta que fue incluída en el  disco recopilatorio  del propio Howlin' Wolf de 1959 llamado Moanin' in the moonlight. Los aullidos de Burnett juegan entre el tono grave original de su voz y el falsete exagerado que termina en una resonancia nasal. Gracias a su ritmo sincopado, la melodía da espacio suficiente para que el piano y la armónica se luzcan.


Sin embargo, para 1969 Howlin' Wolf decidió volver a grabar "Evil" bajo el sonido que estaba manejando con los autollamados "The Electric Niggers", su banda de acompañamiento de ese momento: un blues eléctrico con influencia del rock psicodélico. Para esta versión, podemos escuchar  un cambio radical en el arreglo musical con respecto a la original gracias al uso del pedal wah wah y el efecto fuzz, aunque se respeta la melodía clásica. Esta gración fue el último single de Burnette que llegó a las listas de popularidad, alcanzando el puesto 43 del Billboard R&B.


Muchas bandas han hecho versiones a este clásico del blues, pero la mayoría se han basado en la hecha por el propio Howlin' Wolf en su placa de 1969. En la larga lista podemos citar a gente como The Faces, Derek and the Dominos, Canned Heat, Steve Miller, Gary Moore y hasta Tom Jones (la cual es producida por Jack White). Para este blog rescataremos tres versiones que merecen la pena resaltar dentro de los ritmos que hemos presentamos aquí: Cactus (1971), Monster Magnet (1992) y Mad Shadow (2013).


Para su disco de 1971, Restrictions , la banda norteamericana Cactus decidió hacer su versión de "Evil" . En ella se puede escuchar la fuerza característica del grupo, y que en las presentaciones en vivo fue utilizada para que Carmine Appice hiciera la demostración de su gran técnica como baterista a través de un largo solo muy al estilo de Ginger Baker de Cream o John Bonham de Led Zeppelin. La guitarra wah de la última grabación de Burnette es cambiada por la guitarra distorsionada y pesada de Jim McCarty. Los juegos vocales de Howlin' Wolf son transformados en una fuerte y rasposa plegaria a través de la voz de Rusty Day. Finalmente, el bajo de Tim Bogert otorga una sólida base a la melodía pero que termina haciendo competencia a las figuras de las guitarras. 


Monster Magnet es una reconocida banda que tuvo sus mejores momentos a finales de los noventas que ha sido relacionada con el rock stoner al estilo que se hace en la costa este de los Estados Unidos. Esta etiqueta musical ha sido muy polémica con la banda, pero que gracias a la publicación de sus primeros tres discos, podemos comprender su cercanía con el concepto. Dentro de dicho sonido, podemos escuchar su versión a "Evil" que está incluída en el Superjudge de 1993, además de haber sido lanzada como sencillo. Aquí podemos escuchar a Dave Wyndorf buscando imitar la fuerza de la voz de Rusty Day, pero que termina encasillada en su forma de cantar como lo ha hecho durante de los 25 años de carrera del grupo. La guitarra de Ed Mundell sube la potencia de su pedal fuzz para hacer un viajado solo que hace despegar los pies del suelo. Joe Calandra en el bajo y Jon Kleiman terminan completando una de las mejores alineaciones de Monster Magnet que ha tenido en su historia, la cual hacia un hard rock por medio de los efectos sonoros del stoner de su momento.


Heavy blues es un disco de la banda canadiense Mad Shadow que fue publicado en marzo de 2013. Como lo dice su nombre, esta placa busca rescatar lo hecho por bandas setenteras como Humble Pie, Led Zeppelin, Cream, Rush, Deep Purple y Mott the Hoople. Gracias a la versión de Cactus a "Evil", Mad Shadow decide retomarla, pero al hacerlo termina mezclando la fuerza de la banda de Detroit y el hard blues de los primeros discos de Led Zeppelin. Erik Olufson calca la voz de Robert Plant (además de su imagen) para transportarnos a un rock fuerte de voz aguda y frases arrastradas como si éstas fueran recitadas. El solo de guitarra de Daniel James tiene toda la escuela de Jimmy Page: escalas pentatónicas que terminan en bending, figuras de tres posiciones que se repiten rápidamente y notas descendentes para cambiar de melodía. La batería de Cole George termina siendo un híbrido entre John Bonham y Carmine Appice, pero que en la producción y masterización del material, queda debiendo en los tonos graves de los tambores. 


viernes, 31 de julio de 2015

“Voyage” de The Vintage Caravan: un fuerte viaje ácido desde el ártico hasta el cosmos.


Desde hacía algunos años, ya sea en medios especializados o en aquellos blogs que inundan la red, una banda de Islandia estaba haciendo mucho ruido. Las recomendaciones eran inevitables y la búsqueda de su música comenzaba a ser obligatoria para aquellos que gustan del hard rock con reminiscencias de lo hecho en los años 70. Así fue como nos encontramos con The Vintage Caravan, un power trio que  a fuerza de sus energéticas presentaciones y a su calidad musical se ha ganado un espacio en el cada día más competitivo mundo del rock con sabor retro.

Originarios de Álftanes, una pequeña población  ubicada en la bahía humeante de fuentes termales y geisers donde también está la capital Reikiavik, este trío de muchachos comenzaron a tocar hasta que la necesidad de expresar sus propias ideas se dieron a la tarea de escribir su propia música. Con dos producciones hechas a través de Sena, un sello discográfico local, The Vintage Caravan se dieron a conocer en su local Islandia y comenzaron a ser escuchados en otras partes de Europa; pero no fue hasta que los firmó Nuclear Blast en 2014, el grupo logró despegar y ha ser conocidos en otras partes del mundo.

Y gracias precisamente a esta firma, tenemos en nuestras manos la redición del segundo disco de The Vintage Caravan, una obra de potencia musical y grandes letras que invitan a un viaje ácido con un rock pesado del que presumen otras bandas y que al final terminan careciendo. Nos subimos a una antigua carroza que es arrastrada por un par de osos polares para comenzar un fuerte viaje a través del cosmos y la mente de un tercio de chicos que buscan divertirse y hacer excelente música.

¿Pero quién carajos son estos tipos?

Uno podría pensar que estar en una pequeña población dentro de una enorme bahía de una remota isla volcánica podría ser factor para estar alejados del mundo. Sin embargo, un par de adolescentes se encontraron este extraño lugar de lava petrificada y frío constante para conocer música y comenzar a componer. Óskar Logi Águstsson y Gudjón Reynisson coincidieron en la escuela y descubrieron en el rock un punto de encuentro que logró despertar sus anhelos de tocar y de llenar auditorios. Tras cuatro años de aprendizajes y trabajo arduo, lograron publicar The Vintage Caravan en 2011, lo que les aseguró difusión en su país y mayores compromisos con su proyecto.


Óskar es un frontman en toda la extensión de la palabra. Además de componer las líricas de todas las canciones de la banda, él es el guitarrista y el vocalista. Muchacho de largo y lacio cabello con gran carisma en el escenario, quien termina bailando en el escenario emulando a Mark Farner de Grand Funk Railroad, pero que su forma melódica recuerda a Ian Guillan de Deep Purple. Armado con una Gibson Les Paul, Óskar inunda el escenario de riffs y notas que demuestran su calidad interpretativa, pero quizá lo que destaque más sea su fértil imaginación para crear atmósferas melódicas acompañadas de mágicas líricas.

Como compañero en este viaje, Gudjón sirve de soporte, de fuente de poder y de empuje. Baterista de gran fuerza y figuras originales que beben directamente del hard rock y el progresivo de los años setenteros. En contraste a su cara de niño, Gudjón llena el escenario de tambores y ritmos que han logrado llamar la atención de diferentes bandas enamoradas del sonido vintage. Remates, acompañamientos y juegos que complementan el universo paralelo de Óskar.


No fue hasta 2012 y buscando alguien que pudiera redondear el concepto de la banda, que Óskar y Gudjón decidieron cambiar de base de operaciones a Reikiavik, preparar su segundo disco y cambiar de bajista. Así fue que encontraron a Alexander Örn Númason, chico citadino que traía en sus venas la fuerza metalera y que en The Vintage Caravan tiene la oportunidad de explotar. Y la verdad es que Alex no se contenta con ser sólo un apoyo melódico de Óskar, sino tiene la capacidad de crear sus propias figuras hasta abrir un espacio para hacer solos y lucirse en el escenario.



Estos son los miembros de The Vintage Caravan que grabaron el Voyage en 2012, y que tras dos años de presentaciones y giras, lograron llamar la atención de los ejecutivos de Nuclear Blast para obtener mayor promoción, una reedición de este disco y la posibilidad de entrar nuevamente a los estudios de grabación.

El concepto

The Vintage Caravan es un trío de jóvenes, que apenas con 18 años, entraron  a los Studio Reflex para grabar su segundo disco, el primero en estudios profesionales y con el reto de forjar un sonido propio como banda al incorporar a un nuevo bajista. Con la supervisión técnica, producción y mezcla de Flexi, la banda arrancó su Voyage, disco que literalmente los elevó hasta las estrellas, más allá de las referencias oníricas y la acidez de sus letras.


Fue así que Óskar Logi Águstsson se apresuró a componer líricas con una idea muy fija en su mente: describir qué es lo que pasa por el interior de un joven músico que desea hacer un paseo por su mente a través de drogas alucinógenas, con la intención de encontrarse a sí mismo y experimentar nuevas sensaciones que lo transporte a otros universos. Expandiendo las posibilidades, Óskar no sólo lograría escribir un mundo nuevo, sino que podría hacer crecer su música hacia nuevos horizontes; encontrando en Alexander Örn Númason, un aliado que lograría empujar sus conceptos musicales hacia la potencia del hard rock de los setentas, donde el duelo y la improvisación logran revestir las psicotrópicas líricas.

La placa quedó limitada a una promoción dentro de Islandia, pero gracias a su difusión en los medios electrónicos, el disco llegó a los oídos de los ejecutivos de Nuclear Blast, que tras la búsqueda de nuevos valores en Europa donde encontraron a bandas como Kadavar o Blues Pills, inmediatamente les ofrecieron un contrato. Fue así que en 2014 tomaron la decisión de difundir al grupo en Estados Unidos y el resto de Europa con el Voyage, pero en una reedición que cambiara el orden de las canciones y como agregado extra, un bonus track.

De esta manera, Voyage se convierte en un anhelo, en el ansia del músico por encontrarse así mismo para ofrecer algo a los demás, lo que lo obliga a abandonarlo todo: casa, amigos, amores y lugares. Una apuesta fuerte para construir al ser, pero que al final del paseo, sólo puede quedar algo: la música.

Voyage no sólo es un paseo por el subconsciente, en una aventura por los arriesgados deseos de la juventud, que sin freno y reparo, se avienta hacia el abismo de lo desconocido tomando como referencia el único punto fijo que se tiene a la mano: los gustos, las aficiones y los deseos. Así que no será una sorpresa que en esta trayectoria nos encontremos como punto de inicio a Led Zeppelin, a The Jimi Hendrix Experience, a King Crimson, a YES, a Black Sabbath o a Cream. Pasajes líricos, efectos sonoros, riffs de guitarra, improvisaciones y atmósferas ya asimiladas para despegar hacia un nuevo universo personal que abre sus puertas a todas las posibilidades. Eso es Voyage: un sendero que mira hacia las estrellas pero que no olvida la tierra, una trayectoria por el hard rock clásico pero que busca su propio estilo para expresarse, un camino lleno de posibilidades pero que tiene sus riesgos y dificultades.


Canción por canción

Craving: Con la cabeza en la almohada y los ojos cerrados, los sueños llegan a la mente y los anhelos se palpan. Se desea tener sus labios, su dulce voz y su amor. ¿Qué es lo queremos tener a nuestro alcance? Esta es una metáfora que mezcla el deseo sexual con el ansiado estrellato: “Estaremos geniales juntos, como rock y cuero”… Notas fuertes que suben una pendiente para alcanzar el firmamento. Las líricas se recitan tras dejar las notas sueltas, recordando la forma de “narrar” la letra de Óskar como lo hacía el mismísimo Ian Guillan de Deep Purple. Los remates de batería nunca se detienen, logrando el lucimiento de Gudjón y sus capacidades como baterista. Las escalas pentatónicas que suben insistentemente sobre las estrofas nos llevan directamente al recuerdo del riff final de Chindren on the grave de Black Sabbath o las figuras de los solos de guitarra de Mark Farner de Grand Funk Railroad. El agitado cambio del puente logra que la rola termine explotando en un espectacular solo de guitarra lleno de wah. Gran rola abridora del disco.


Let me be: Todos requerimos un momento para estar a solas, un momento para uno mismo y dejar el mundo atrás. Todo lo que se necesita para estar bien es tener la guitarra colgada en el hombro y dejar que las cosas pasen por sí solas… En palabras de Alexander, ésta es una de esas canciones en que necesitas estar listo para tocarla o si no olvidarla por completo. Rola de gran poder a través de sus remates de batería, un bajo lleno de fuzz y energéticas figuras de guitarra, la cual logra resumir en su solo los tres pilares del hard rock inglés: un riff basado en Tony Iommi de Black Sabbath, velocidad y cambios de melodía al estilo de Jimmy Page Led Zeppelin, e ingeniosas figuras y efectos sonoros como los de Ritchie Blackmore de Deep Purple.


Do you remember: La estrella de rock se da un momento de tranquilidad y voltea a su pasado. Aquellos días de los acetatos de Simon and Garfunkel en el tocadiscos, flores en las paredes y de tardes enteras en casa se han quedado atrás. Los recuerdos se agolpan en la memoria, la distancia es enorme y ahora las miradas están puestas hacia el futuro… Baladita con sabor a pop setentero al estilo de bandas como Bread o America en su estrofa, pero con un tufo a rolita noventera a la forma de Creed. Las notas del solo de guitarra fluyen sobre sí mismas, lo que la convierte en un puente entre el pasado y el presente, siendo coincidente con el concepto del disco. Una ligera guitarra electroacústica  y un tenue teclado acompañan toda la melodía, dejando una sensación a melancolía que no lo abandona en ningún momento.


Expand yor mind: Una invitación al viaje, una insinuación al desenfreno, una plegaria a la liberación. La mente está llena de cuestionamientos y las respuestas siempre engañan, pero al romperle sus cadenas podremos encontrar la paz y tranquilizar al corazón. Este viaje será ácido, los colores explotarán y las voces se dejarán escuchar en murmullos… Una introducción de batería  abre la puerta a un pegajoso riff de guitarra y bajo que acompañará cada estrofa. El coro es un verdadero gancho gracias a su melodía que asciende y desciende en cada línea, jugando con la idea de la lírica. La rola comienza su despegue gracias a un espectacular duelo de solos entre Alex en el bajo y Óskar en la guitarra, donde el efecto fuzz satura las bocinas. El ritmo baja en acordes místicos logrando un efecto ácido de viaje, pero este vuelve a tener una subida con un segundo solo de guitarra (muy cercano al sonido de Tony Iommi de Black Sabbath) mientras el resto de los instrumentos golpean sin freno.

Esta canción fue el primer sencillo del Voyage, para lo cual se le hizo un genial video dirigido por Bowen Staines donde se puede observar el peculiar paisaje de Reikiavik mientras el grupo se dirige a un pequeño bar, lugar que los recibe con unos hongos alucinantes gigantes. The Vintage Caravan entra al bar y de fondo se escucha “Do you remember”, y aquí es donde comienza realmente el viaje. Cada integrante del grupo encontrará el elemento mágico que le permita expandir su mente. Luego de lamer un conejo, Óskar tiene un viaje psicodélico de colores y figuras distorsionadas que lo llevará desde su cerebro hasta el espacio sideral, teniendo a un pez como su guía. Alexander decide comer una hamburguesa psicotrópica que le ofrece una bella mujer, lo que lo trasporta a un viaje de animaciones donde el mismo pez le rememora la emoción del concierto de la noche anterior. Finalmente, Gudjón es devorado por su propia bacteria para sumergirse en un extraño sueño donde observa una lobotomía y recibe una orientación mística por un cuyo que está rodeado por un par de hermosas mujeres, quien además le ofrece unas “baquetas de anfetaminas” con la intención de alejarlo de la maldad. Este fuerte viaje termina cuando el propio cuyo ayuda al grupo a aterrizar a la realidad.

M.A.R.S.W.A.T.T.: ¿Qué pasaría si un día llegara una nave extraterrestre y aterrizara en la plaza central de la ciudad? Algunos gritan asustados, otros desean ser llevados de paseo a través de las estrellas. Mientras tanto, la nave desaparece frente a nuestros ojos… Un bajo inundado de fuzz nos da la bienvenida a una rolita que bebe directamente del sonido que tuvieron en a mediados de los setentas bandas como Aerosmith o Scorpions, aunque el solo de guitarra recuerda en algunas notas a lo que hacía Slash en Guns n’ Roses.


Cocaine Sally: la destrampada vida de una chica “fácil” que vende su cuerpo en la noche de una ciudad cualquiera, un alma perdida que nunca regresará a casa. La cocaína se inhala y solo así se podrá olvidar el aire frío del invierno que sopla en las calles… Un rocknrolito que rememora las estructuras melódicas de Led Zeppelin y que permite fluir una cascada de notas de la guitarra de Óskar.

Winterland: ¿De qué otra cosa podría hablar una banda que vive tan cerca del círculo ártico polar? Una fría canción parta la tierra del invierno eterno… Una lenta balada de sabor melancólico llena de delay y reverb que nos congela hasta los huesos, pero que en el momento más inesperado, el delgado hielo se rompe y nos deja caer en un abismo salvaje y misterioso. El sentimiento que se respire en el solo de guitarra de Óskar es indescriptible.


Midnight meditation: la obscuridad, las estrellas y la luna: la noche es el mejor momento para encontrarse consigo mismo. Ante la inmensidad del universo, el viaje hacia uno puede comenzar… Como caballo desbocado, los instrumentos se sueltan en un ritmo indomable que es adornado con un cencerro que golpea sin piedad. Hacia la mitad de la rola, un redoble de batería sirve de fondo para un solo de guitarra que nos lleva a la estratósfera. Perfecta melodía que sirve como segundo single del Voyage.

The king’s voyage: Islandia fue tierra de vikingos, una isla de hombres de mar que lucharon por conquistar nuevos territorios. Sobre las olas se encuentra el rey junto con cientos de guerreros con la intención de hacer sentir el poder de sus espadas. Sin embargo, esta afrenta no fue alcanzada y ahora abandonado en un ajeno lugar, el líder busca la forma de regresar a su hogar… Melodía épica que narra historias similares a las de canciones como “Immigrant song” de Led Zeppelin o “By-Tor and the snowdogs” de Rush. Los cambios musicales que dotan de atmosferas a la historia del vikingo conquistador son fabulosos: desde el salvaje cruce de olas en un embravecido océano, la batalla con el enemigo, el extravío del guerrero en un mundo tenebroso y el frío regreso a casa. Los efectos de sonidos del puente medio de la canción son un tributo directo a “Whole lotta love” de Led Zeppelin. Doce minutos que narran una odisea a través de una espectacular canción digna para ponerse de pie.



Psychedelic mushroom man: El hombre que regresa de los horrores de la guerra en Vietnam se encuentra con su país en una revuelta juvenil que exige el amor y paz. Los hongos alucinógenos crean su efecto con la intención de escapar del mal sueño y acabar con los fantasmas y los espíritus. Es momento de abrir las alas y salir de este plano de la realidad… Para la re-edición del Voyage con Nuclear Blast, se decidió presentar esta rola como bonus track. Con dos riff que diferencian las estrofas del coro, “Psychedelic mushroom man” nos enfrenta la realidad contra el viaje alucinógeno. Las voces llenas de ecos y los instrumentos en distorsión logran finalmente transportarnos fuera de este mundo. La influencia de Jimi Hendrix en la guitarra de Óskar es innegable.


The Vintage Caravan es una con un gran futuro por delante, aunque la salida de Gudjón Reynisson tras la grabación de Arrival, el nuevo disco de la banda publicado este 2015, pone en duda lo que seguirá en el camino. Por lo pronto, regresamos la mirada a la producción que les hizo dirigir los reflectores hacia ellos... Voyage.