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viernes, 16 de diciembre de 2016

Tierra Tribal : desenterrando los demonios internos


La distorsión de los instrumentos se siente en el piso, quizá un temblor que sacude la tierra desde sus cimientos. El sonido no es artificial, no es un estilo impuesto aunque su natal ciudad de La Plata siempre se ha identificado por una movida musical considerada como pesada. Argentina ha creado desde hace muchos años un rock crudo, fuerte y estridente, por lo que escuchar una banda con dicha herencia no tendría que resultarnos extraño. Aún así, una recomendación en la bandeja de espera nos hace poner por algunos instantes atención en el tema que sirve de muestra y ¡sorpresa! una poderosa granada explota en las manos que nos obliga a escribir sobre ella.

Los segundos se fueron extendiendo hasta que la necesidad nos lleva a escuchar la propuesta con mayor detención. La calma nos hace descubrir la intensidad de tres chicos que disfrutan de lo que hacen, proyecto personal que bien puede ir desde la balada más amarga hasta la figura más cruda llena de notas desgarradoras. Bajo el nombre de Tierra Tribal descubrimos a una banda que rescata el hard rock y el metal que se hacía en la Argentina de los noventas, aunque en un ejercicio de sinceridad, descubrimos un estilo que busca ser propio y que termina por condensar sus objetivos en una misma dirección.


El denso triplete tiene su origen en la ciudad de La Plata durante el año de 2012, cuando el baterista Nico del Río se decidió a aceptar la insistente propuesta del guitarrista Germán Aragón a formar una banda que hiciera música original. Con el tiempo llegó el bajista y vocalista Cristian Montero, chico de larga cabellera que había migrado a la ciudad y que encontraría en la música de la banda una identidad. Tras un fuerte trabajo de composición, ensayo y grabación de su material, el grupo presentó de manera totalmente independiente su álbum debut en julio de 2015.

A pesar de la variedad sonora que nos ofrece la placa, se saborea en cada acorde la naturalidad de los temas. Sin presión y sin obligación, los tracks fluyen uno tras otros de manera orgánica, lo que nos habla de la capacidad interpretativa que el trío argentino tiene. Heavy, trash, grunge y metal fundidos en un tridente que se clava hasta lo más hondo del cuerpo moribundo de los amantes de la música pesada quienes se encontraban en el limbo a falta de nuevas propuestas fresca y con excelente construcción.


Con el tiempo, los siete temas originales y el personal cover a Soda Stereo fueron llevados al fuego sagrado de los escenarios, al escrutinio público donde sólo las buenas cosas permaneces intactas. Evento tras evento llevaron a Tierra Tribal a ganar respeto, experiencia y seguidores. Sin embargo, para saber de lo que acabamos de escribimos, tenemos la suerte de escuchar el EP En vivo en El Teatro Argentino y podemos comprobar la poderosa máquina que es este power trio. Luego de varias decenas de presentaciones, la banda decidió plasmar en un material su capacidad sonora en directo que, sin desearlo, ha logrado cruzar las fronteras físicas hasta llegar a los tímpanos extranjeros.

Y con tan sólo un click rompemos miles de kilómetros de distancia para pararnos frente a Tierra Tribal mientras ellos truenan las bocinas del local. Quizá tendríamos que agradecer a Brian Bopp y a AG Sonido por su trabajo en el audio, pero por mayor que sea el esfuerzo en el trabajo técnico, sin una banda que deje el alma sobre las tablas jamás lograríamos escuchar un buen material en vivo. Lo que podría quedar en la memoria de los afortunados que siguen a su banda local por los pequeños antros de su pueblo, hoy se desliza por la posibilidad electrónica que registra el instante fugaz y propaga la fuerza del momento para gozarlo repetidamente una y otra vez.


Un bajo de cinco cuerdas entona una figura mística, notas que reptan sobre el suelo mientras su sonido hace tétrico el ambiente gracias a su reverberación. El feedback de una guitarra rompe con la sensación y todo se convierte en una tormenta eléctrica donde la fuerza y la potencia iluminan la obscuridad a fuerza de intensos relámpagos que azotan a la noche. Los instantes luminosos nos muestran lo que la cueva de nuestro interior oculta en sus paredes, golpes ruidosos que indagan sobre la conciencia y cuestionan el tiempo perdido. El demonio escondido entre las neuronas es desencadenado y una loca persecución agita al cuerpo en conflicto. La guitarra le da voz a esa guerra interna mientras la batería imita el impacto sufrido, pero la salvaje explosión no tiene marcha atrás.

Así es como "Caverna" arranca el primer disco de Tierra Tribal, al igual como inicia el En vivo en El Teatro Argentino. Su abismal riff es ideal para captar nuestra atención, pero cuando la melodía logra su implosión, sabemos que todo está perdido y tan sólo queda estar rendidos ante su colosal sonido. Bajo esta estruendosa base, la banda nos ofrece una lírica de frases sueltas que buscan reflejar lo que la mente de cada individuo guarda, pasillos al interior individual que reflejan el deseo por salir a flote desde su profundidad. 

Las cámaras de Paula Mastoria y Ana Cerelli captan a través de sus lentes los momentos en que Tierra Tribal interpretan su "Caverna" en el Teatro Argentino. La fotografía de Nicole Seoane nos muestra entre sombras a los tres responsables. Entre luces multicolores y sombras enigmáticas, el trío muestra lo que sabe hacer hasta despertarnos el deseo por colocar nuestra presencia junto con ellos, por sentir la vibración del sonido en el cuerpo y escuchar la potencia expulsada por los parlantes del local. El sangrar de la tarola, el llorar de la guitarra y el deambular del bajo nos dejan simplemente pasmados, interpelados y francamente vapuleados. Las luces del lugar se encienden en su totalidad y simplemente nos queda aplaudir a los guerreros que clavaron sus lanzas contra el individuo ensimismado.


La razón es puesta en tela de juicio, el pensamiento puesto en duda y la verdad cuestionada. Tierra Tribal escarba en los huecos del ser para interrogar por lo que hay en los abismos de la mente y de la conciencia, para mostrarnos las opciones del individuo que están ocultas en él mismo. Metáforas y palabras que bifurcan el sendero de la interpretación hacia un laberinto infinito de posibilidades que quedan encapsuladas un poderoso tema que rescata aquellos sonidos agresivos que muchos olvidaron. Afortunadamente no todo ha quedado plasmado en estas grabaciones y los caprichosos ecos nos susurran al oído que algo nuevo vendrá el próximo año. Por lo pronto, volvemos a pulsar el botón para escuchar otra vez aquel instante de la noche del 18 de junio de 2015 hecho por uno de los power trio con más futuro de la Argentina...

Foto: Nicole Seoane

miércoles, 14 de diciembre de 2016

La Chinga : entre el hard rock y la libertad


Cuando escribimos la palabra "Chinga", podemos hacer referencia hacia muchas cosas: a) una cosa molesta o fastidiosa, b) algo que se quiere inmediatamente, c) una tremenda golpiza, d) una gran cantidad de esfuerzo. Sin embargo, cuando nos enteramos que una banda de Vancouver, Canadá se pusieron "La Chinga" nos hace preguntarnos por qué decidieron ese nombre y cuál uso será el que se acerque más al concepto del grupo. En lo que lo descubrimos, dejemos que exploten las bocinas con su magia eléctrica y nos lleven de paseo por el cosmos psicodélico que hacen con su música.

Todo comenzó en el año de 2012 en la capital de la Columbia Británica, cuando le propusieron al bajista Carl Spackler a participar en un festival. Él tenía ya varios temas listos para salir a la luz, pero no tenía a la banda para poder interpretarlos en vivo, por lo que dio a la tarea de buscar a los mejores músicos de Vancouver hasta que coincidió con el guitarrista Ben Yardley y el baterista Jay Solyom. Unos cuantos ensayos y preparados para el debut, al poco tiempo después, una segunda presentación y el nombre del grupo llegarían de la mano.


Para abril de 2013, La Chinga publicó de manera independiente su álbum debut, disco lleno de energía pura y directa que expresa la química entre los integrantes y el ingenio para crear temas infecciosos. Quizá la única explicaión que podríamos encontrar para la creación de un disco tan fresco y a la vez surgido del amor por el hard rock y la psicodelia de finales de los sesentas, es que el power trío haya vendido su alma al diablo en un cruce de caminos. Una vez en posesión demoníaca, todo fluyó gracias al poder interpretativo sobre los escenarios y la capacidad de concretar su salvajismo dentro de los estudios de grabación.

En las venas de dicho material se puede ver correr la sangre de Led Zeppelin, Blue Cheer, Grand Funk, Cactus, MC5, The Jimi Hendrix Experience, Thin Lizzy y el primer Rush. Sus diez temas logran enamorar  a aquellos buscadores de tesoros llenos de verdadero rock n' roll, a los "sommeliers" que rastrean los sabores vintage de la más alta calidad y a los locos aferrados que desean alcanzar un orgasmo a través de un riff, un beat o un track.


Finalmente, la granada explotó y sus esquirlas llegaron a muchos lugares. La Chinga salió de Canadá para presentarse por todos lados y su disco fue re-editado a través de Red Sun Records, disquera española radicada en Barcelona. El ruido alrededor de la banda fue creciendo hasta que tuvieron la oportunidad de firmar con la reconocida Small Stone Recordings, marca de discos asentada en Detroit, Estados Unidos. 

Entre gira y gira, el grupo compuso nuevo material y lo fue grabando bajo la batuta del propio Jay Solyom gracias a su capacidad en los controles técnicos del estudio. Por medio del jamming psicodélico y la constante escucha del space rock de UFO, la banda construyó la base para los nuevos temas, mismos que fueron puestos a prueba con el público directamente en los escenarios. Una vez definidas las canciones, dos o tres tomas con la banda tocando junta en la sala de grabación y uno que otro overdub sobre las cintas y listo... el segundo disco de La Chinga salía a la venta en marzo de 2016.


Bajo el nombre de Frewheelin' nació el nuevo hijo del power trio canadiense, un bólido estelar que revienta galaxias a punta de guitarrazos. Sin parar un segundo, este material nos muestra la energía interna de una banda ya consolidada en su estilo propio, un grupo que aprovecha sus capacidades al máximo y que termina logrando el objetivo principal: hacernos gozar con un excelente disco de hard rock directo lleno de magia poderosa, psicodelia ácida y buen humor.

La canción que nos puede servir de puente entre el álbum debut de La Chinga y Frewheelin' sin lugar a dudas es "Gone gypsy", tema de riff sin inhibiciones que cae del cielo como metal pesado, pero que irónicamente tiene la capacidad de subirnos al cielo con la ligereza de su adictiva melodía. Una pizca de Led Zeppelin, unos gramos de Aerosmith, un toque de Jimi Hendrix y unas gotitas de UFO se convierten en los ingredientes de la receta que conforman a este manjar inicial, canción ideal para abrir el disco. Si el ritmo del tema es una delicia, el puente central es un lisérgico paseo por las estrellas del que sólo la fuerza de la banda nos logra sacudir para regresar sanos y salvos a la realidad.

"Mujer, tengo que dejar este lugar, no quiero estar amarrado a esta tierra. No llores, mujer, las ruedas tienen que seguir rodando, los días tienen que seguir pasando. El camino abierto es mi único amigo, aunque quizá eso no sea suficiente...Tengo que seguir en movimiento!!"

En los primeros días de octubre nos encontramos entre el océano de imágenes que nos ofrece YouTube, una historia gráfica que nos narra la aventura de un tercio de greñudos que tienen la fortuna de ser encontrados por una banda de hippies a bordo de furgonetas. La invitación se convierte en una fiesta llena de mujeres, alcohol, fogatas, motocicletas y buen rock n' roll. La noche va reclamando su dominio y el poder de las guitarras Gibson y del Fender Precision bass toman el control de un caos generalizado. La búsqueda de la libertad a través del eterno viaje por los caminos, el rock al aire libre y la bebida calentando la garganta y los corazones en las frías madrugadas.


¿Tendremos la oportunidad de ver a La Chinga en México? Algunos elementos de "Gone gypsy" nos pueden hacer pensar en la posibilidad: a lo mejor los coloridos sarapes mexicanos que aparecen misteriosamente en su video como cortinas en las camionetas o debajo de los amplificadores, quizá la referencia al tequila como "enguaje bucal mexicano" en la letra de la canción. A final de cuentas, jamás pudimos saber cual es el uso que hace la banda canadiense a la idea de "La Chinga", pero luego de escuchar su fabuloso Frewheelin' sabemos que su música puede ser una verdadera molestia sonora contra los que no gustan del rock, que deseamos tenerlos en nuestros escenarios para saber cómo suenan con su nuevo baterista Jojo Jones, que la sacudida en las neuronas ha sido inevitable y que significará un gran esfuerzo esperar la publicación de su próximo material... ¡Viva La Chinga!


lunes, 12 de diciembre de 2016

SVVAMP : el verdadero rock vintage sueco


Tenemos que aceptarlo, estamos en la época de oro del rock vintage. Las primeras dos décadas del siglo XXI han servido de escenario para que diversas bandas de todo el planeta regresen las manecillas a sus amplificadores con la intención de crear nueva música a través de los sonidos de antaño. Tomando como punto de partida los finales de los 60 y los principios de los 70, los grupos retoman aquella música hecha a partir de la unión del blues, el rock, la psicodelia y el folk, logrando así crear nuevas maravillas, pero con un sabor a clásico. 

Cada banda a tomado una vertiente distinta según sus preferencias musicales, pero existe en Suecia una banda que ha logrado fusionar todos aquellos ritmos que formaron parte de la generación Woodstock. Al sur de enorme lago de Vätternn, en la ciudad de Jönköping, se conformó un power trío bajo el nombre de SVVAMP, grupo que tiene cinco años tocando juntos hasta el día de hoy que tenemos en los tímpanos su álbum debut publicado por la norteamericana RidingEasy Records.


Tres amigos se juntaron para hacer música a través del sonido de las bandas que más les gustaban: Cream, The Jimi Hendrix Experience y el Thin Lizzy de sus primeros tres discos con el guitarrista Eric Bell. Por medio del jamming fueron encontrando su estilo propio hasta comenzar a componer sus propios temas, mismos que fueron grabados en los distintos locales de ensayos que tuvieron en una grabadora de cassette PortaPro de cuatro canales, haciendo prácticamente demos con grabaciones en vivo.

Gracias al dicho material grabado fue como SVVAMP descubrió su sonido, uno donde pareciera que estuviéramos parados frente a la banda en el cuarto de prácticas o en el estudio. Sin embargo, a esa sensación de inmediatez, la banda fue trabajando en el estudio para que la producción musical fuera realmente analógica, utilizando escasos overdubs y capas de pistas sobre pistas con la intención de mantener la sensación de "en vivo y en directo".


Sin embargo, esta idea de registrar en cinta lo creado en el cuarto de ensayo alargó el proceso de grabación del disco debut de la banda por tres años, pero gracias a la perseverancia y la paciencia, el resultado sonoro es espectacular. Adam Johansson en la batería y vocales, Henrik Björklund en el bajo y Erik Stahlgren en las guitarras eléctricas crearon una obra de 11 temas que sin duda podría haber sido firmado a principio de los años setentas, pero que en su elaboración tiene su valor, sin demeritar a la calidad de las canciones en su composición y en su interpretación.

El disco publicado en agosto de 2016 es un compilado de todas las influencias musicales de los suecos, desde el hard blues en la escuela de Led Zeppelin y Blue Cheer hasta el folk rock atascado de mandolinas y guitarras acústicas  al estilo de Crosby Still Nash & Young, los últimos discos de The Byrds y hasta el clásico de Rod Stewart "Maggie May". Tal es la facilidad con la que se puede digerir el material que sus 35 minutos se escapan como agua entre las manos, obligando a quien lo escucha a repetirlo sin duda para disfrutarlo con mayor calma, para desmenusarlo y saber de qué está hecho.


El álbum debut de SVVAMP abre con "Serpent in the sky", golpe directo a los tímpanos provocado por su infeccioso riff heredero del hard blues electrificado. Su ritmo sincopado nos muerde para no soltarnos, el bajo serpentea sobre el mástil mientas la guitarra corta el tiempo como si fuera una filosa cuchilla, pero cuando llega al puente, un genial solo sale de sus cuerdas ahogadas en un fundamental pedal wah. Este tema es sin duda una pequeña cápsula de dos minutos y medio que nos hace volver en el tiempo cuando las canciones en el radio eran directas en su intención, diminutas en su extensión y explosivas en su emotividad.

Sin lugar a dudas, el sonido de SVVAMP nos obliga a remitirnos a los padres del rock retro en Suecia: Graveyard y Witchcarft. El recuerdo por sus primeros discos publicados al inicio de este siglo guardan aquel tufo a viejo, a memoria y a vivo; pero lo logrado hoy por la banda de Jönköping nos sumerge en una neblina vintage que cubre todo a nuestro alrededor  hasta no dejar otra opción más que caer rendidos a sus pies gracias a su estilo propio. Este disco es su primer paso, ya preparan la promoción del disco para todo el 2017 y están aprovechando esta pausa para tomar nuevos bríos y componer nuevo material. Jamás han salido de la península escandinava, pero ya en otras partes del mundo estamos deseando que pisen nuestros escenarios para escuchar esta pequeña joya en vivo...


viernes, 9 de diciembre de 2016

Los Bluyines : tras las huellas de Tomás Vilche


Hace algún tiempo recordábamos el primer disco de La Patrulla Espacial, de aquel sabor a memoria y a nostalgia por ese rock nacido por la pasión al blues eléctrico y la psicodelia de finales de los 60 y principios de los 70 (reseña-review). En dichas líneas nos preguntábamos sobre la prematura salida de su vocal y guitarrista que provocó una nueva configuración en el concepto sonoro de la banda, aunque las respuestas las pudimos contestar con el paso del tiempo. Para este 2016 nos llega a los tímpanos el álbum debut de Los Bluyines, nuevo proyecto de Tomás Vilche que nos sirve de pretexto para repasar sobre su carrera y sus pasos que lo llevan hasta esta producción musical.

A finales de 2011 ocurrió la salida de Vilche de la banda que le otorgó reconocimiento y le puso los reflectores sobre su capacidad lírica y compositiva. Más allá de cualquier expectativa o suposición, los rumores se cumplieron cuando en febrero de 2012 se publicó a través de Mandarinas Records su primer disco titulado Ella, material grabado en su totalidad en su propia casa acompañado Martín "Chavo" Romero en las armónicas y Julian Rossini en los teclados, además de contener en la portada a su musa inspiradora, María Soledad. Los sonidos vintage que recordaban al viejo rock argentino eran hechos a un costado para acercarse a un proyecto experimental de pop etéreo lleno de ambientes y matices oníricos, aunque con uno que otro guitarrazo que delataba su pasado.


Lejos de lo que se pudiera esperar, este primer material solista de Tomás Vilche sirvió como plataforma para su siguiente proyecto musical. A finales de aquel 2012 el guitarrista formó en la ciudad de La Plata, Argentina a Los Bluyines, banda que buscaría rescatar el gusto por el rock psicodélico y el blues eléctrico que distinguía a Vilche junto con La Patrulla Espacial, pero ahora con toque de rock n' roll a la Rolling Stones muy de la escuela argentina de grupos como Los Ratones Paranoico y Viejas Locas, o más recientemente Callejeros, Intoxicados y Guasones.

Para esta nueva idea musical, Vilche se acompañó nuevamente de Rossini y Romero, pero complementó la alineación con el guitarrista Marco Domini, el baterista Imanol Sánchez y Sergio Caparelli en el bajo. Tras un año de ensayos y trabajo de composición, publicaron su primer EP El tiempo vuela, una breve prueba del sonido de la banda a través de cuatro temas a la cual le siguieron en 2015 el single Shattered (cover a The Rolling Stones) y Caminando/Bestial (adelanto al primer disco completo del grupo).


Ahora para 2016, la espera ha terminado y al fin ha sido publicado el álbum debut de Los Bluyines, disco titulado Rockdelia Guitarra que en un primer momento fue publicado por Mandarinas Records y que hace poco fue editado por South American Sludge Records, la disquera independiente fundada por Sergio Ch (Ararat, Soldati y ex-Natas) que ha buscado la difusión del rock sudamericano más allá de sus fronteras.

Rockdelia Guitarra es un disco lleno de canciones directas y sin pretensiones que entran fácilmente, diez temas construidas bajo la lógica de "lo menos es más". Sin embargo, esta sensación se queda corta cuando nos detenemos a escuchar con calma el material más allá de la primera impresión: la combinación de las guitarras sobre la base melódica, los detalles creados por la armónica y los teclados que adornan los temas, y por si fuera poco, las letras que bajo el velo de la sencillez se ocultan escenas mágicas, historias de amor profundo y tributos llenos de pasión y devoción a la música como maravilloso vehículo que logra tender puentes entre los hombres.


Para demostrar lo que hemos escrito hasta aquí, compartimos el primer track del álbum debut de Los Bluyines es "Manicomio club", canción que va más allá de su obvia referencia al Pescado Rabioso gracias a su lírica que enfrenta a la desidia social, la búsqueda del poder, el ejercicio del control y las falsas creencias. A diferencia de lo planteado por el "Flaco" Spinetta, Vilche tan solo observa locos a su alrededor, gente encerrada en su infierno de ficción, en el olvido de los demás y en su falsa creencia de libertad por tan sólo dejar de pensar. Sin embargo existen algunos que buscan escapar de este manicomio generalizado, aquellos que han logrado huir de la avalancha gracias a la simple búsqueda de razones, a la pasión por la música y al deseo por arder en la hoguera del amor.

Cuatro golpes al unísono sirven para desatar a un potro salvaje que corre sin control y choca contra nosotros sin piedad. El ritmo entra por el torrente sanguíneo y los pies comienzan a moverse al tiempo de la melodía. Una suave pero insistente guitarra nos toma de la mano y nos arrastra al delicioso universo que sólo el viejo rock n' roll puede crear. De la nada surge un puente musical que se escapa por las bocinas, y tal como le ocurrió a la Alicia de Lewis Carroll, por seguir al mágico conejo blanco caemos en profundo túnel hasta caer en un ambiente enrarecido por la queja, la locura y el deseo por romper con todo. Sacudidos hasta la última neurona, nos aferramos a la guitarra eléctrica para que nuestros deseos y nuestras ideas se mantengan firmes, completas y fuertes para continuar el camino que esta aventura llamada vida nos ha trazado.

Los Bluyines han llegado hasta aquí gracias al esfuerzo y la tenacidad que sólo los músicos de cepa tienen en su interior. Sin embargo, todo tiene un costo y en el viaje emprendido por la banda de La Plata han perdido a su bajista original. Hoy han encontrado en Matías "Trop" Lucero a un nuevo marinero decidido a embarcarse en el proyecto que comanda Vilche. Lo que comenzó en Ella hace algunos años, hoy rinde sus frutos en el primer disco completo de grupo. La adaptación de dos viejos temas ("Magia" y "La distancia") se han sumado a las nuevas composiciones para construir lo que hoy es la banda en sonido y en idea, aunque no debemos dejar a un lado la grabación en estudio de Gualberto de Orta y Eduardo Carreras, la masterización de Juan Manuel Cerrotta y el arte de la tapa hecho por Santi Pozzi; elementos todos necesarios para crear una obra redonda en su conjunto.

Rockdelia Guitarra nos catapulta con sus ocho temas hacia el recuerdo de un rock como se hacía antaño, donde el sentimiento bluesero era mezclado con el deseo despierto por la rebeldía, la pasión y imaginación. Música sencilla que logra introducirse en las células directamente y sin freno alguno, notas que pueden despertar los cuerpos dormidos y encender el fuego de las almas congeladas. Pinceladas psicodélicas, suaves ambientes cósmicos y arrebatados instantes rockanroleros hacen del disco una delicia al oído, una golosina para saborear y un sueño hecho realidad que es necesario escuchar una y otra vez... ¡¡Gracias Vilche por no abandonarnos y por permitirnos acompañarte en este nuevo viaje mágico a través de tu música!!



miércoles, 7 de diciembre de 2016

Wolf People : iluminados por la Mano de la Gloria


Hace algún tiempo escribíamos sobre Wolf People como una forma de recordarlos y demostrar nuestro deseo por escuchar algo nuevo de la banda originaria de Bedford, Inglaterra. Nuestras súplicas fueron escuchadas y hace unas semanas fue publicado su tercer disco bajo el nombre de Ruins. A través de su peculiar sonido que ellos mismos han bautizado como "psicodelia folk pagana", nuestra mente se refresca en sabores nuevos que invitan a devorarlos por completo, en un orgasmo auditivo de múltiples posibilidades condensadas en un mismo lugar.

Nuevamente Jack Sharp nos enamora con su peculiar voz entonada bajo melodías de recuerdo medieval, además de mantener a la alineación que grabó los dos discos anteriores: Joe Hollick en la guitarra principal, Dan Davies en el bajo y Tom Watt en la batería. Sin embargo, este nuevo material toma otros rumbos a partir del gusto por la música de finales de los años sesenta.


Wolf People se ha destacado desde su formación como una banda que rescata lo mejor de los sonidos que surgieron a partir del verano del amor hasta su bifurcación en la siguiente década. En cada una de sus producciones, los ingleses han propuesto una vertiente a través de su estilo ya construido, obteniendo así una serie de matices distintos hasta lograr un panorama amplio lleno de distintas posibilidades. 

Steeple de 2010 es una obra que busca los sonidos que sentaron las bases para el rock progresivo al estilo de Jethro Tull, como si se siguiera la línea interpretativa del folk inglés de franca influencia medieval donde el virtuosismo de los modernos juglares se demuestra en la interpretación (reseña/review). En cambio, Fain de 2013 es un viaje mágico y misterioso donde el hombre regresa a la Madre Tierra a través de la meditación y el uso de alucinógenos naturales, suave psicodelia pop que delata su influencia hippie, orgánica e introspectiva.


Para noviembre de 2016, Wolf People presenta Ruins, disco con dirección contraria a su antecesor gracias a su sonido lisérgico y distorsionado. Producción lo-fi en la que el fuzz es subido al trono para llevarnos por un paseo químico de guitarras fuertes que desgarran las neuronas, quizá inspirada por la escucha constante de Joe Hollick y su Iron Claw (banda pionera del heavy metal que mezclaba el sonido de los primeros discos de Black Sabbath y Led Zeppelin) y el movimiento vintage escandinavo encabezado por Witchcraft.

Líricamente hablando, el tercer disco de Wolf People imagina un escenario apocalíptico donde la humanidad desaparece del planeta para dejar tan sólo ceniza y polvo tras de sí. Luego de llegar a un punto tan alto con Fain, Jack Sharp estaba a punto de terminar con la banda, pero como si se tratara de un ave fénix, el grupo resurgió del fuego para regalarnos una verdadera joya ensordecedora que habla sobre el futuro incierto a partir de los restos de lo que algún día fue grandioso, mágico y poderoso.


Como primera mordida al Ruins tenemos a "Ninth night", tema que nos narra la leyenda del siglo XVIII alrededor de "La Mano de la Gloria" (Hand of Glory) la cual se decía era una vela hecha con la grasa del cuerpo de un ladrón muerto en la horca y que era sostenida por su propia mano cercenada del cadáver. Dentro de sus poderes mágicos se contaba de que podía hacer caer a la gente en un sueño profundo cercano a la muerte, que iluminaba sólo al portador del macabro candelabro y que hasta podía abrir cualquier puerta a su paso. Wolf People desbloquea el cerrojo de la inspiración perdida, ilumina el obscuro camino provocado por la vigilia y ruega porque esta noche el tétrico talismán nos lleve directamente al botín esperado.

Baja la aguja sobre el vinil que gira y a través de las bocinas se escucha un suave rasgueo de guitarra como si se tratara de una vieja melodía de un pasado muy remoto, pero a paso de unos cuantos segundos, todo se transforma en una distorsión que abarca completamente el espectro sonoro. Las cuerdas entonan una figura hipnótica, una espiral enigmática que nos sumerge en el interior de un abismo de incertidumbre, obscuridad y temor. La batería golpea sin piedad a cada tiempo y un gélido ritmo que nos eriza la piel truena en nuestro interior, tal y como si acompañáramos el paso de un condenado a muerte a su destino final. Un estridente solo de guitarra explota para indicarnos que la luz del macabro amuleto nos ha llevado hasta el umbral de algo nuevo e inesperado...

A través del canal de YouTube de la disquera Jagjaguwar, a mediados de septiembre de 2016 se publicó el video de "Ninth night" en donde podemos observa a la banda tocando bajo luces y sombras mientras el arte hecho por el Luke Insect Studio para la portada del Ruins se confunde con los colores secos acordes a la estética vintage del sonido. Este es el trabajo visual que sirve de fiel reflejo al fuzz de la mórbida melodía, nuevos aires para una banda que estuvo al borde de la separación y terminó creado un denso material que cimbra al más experimentado escucha. No queda más remedio que permitir que la luz de Ruins nos ilumine hasta los tesoros que guarda en su interior...


lunes, 5 de diciembre de 2016

Dirty Deep : 1,000 y un formas de abrir una cerveza


Una fría y refrescante cerveza se puede antojar en cualquier momento, en cualquier lugar. El deseo por tomar un sorbo de la amarga bebida puede tomarnos desprevenidos, despertando de esa manera nuestro ingenio para destapar la botella si es que una corcholata se nos atraviesa en el camino con la intención de asustar al deseo. La imaginación vuela y la capacidad humana por encontrar una solución al problema logrará obtener el resultado esperado. Una vez librado el obstáculo, tan sólo queda dar un sorbo y dejar que la vida pase...

Pero si acaso nuestra mente se quedara corta y no lograra encontrar la manera para abrir esa deliciosa cerveza, Dirty Deep nos ofrece diversas opciones a través del video hecho para "Bottleneck", tema que abre el Shotgun wedding de marzo de 2014. Un buen ritmo de guitarra slide, una cerveza espumosa y la tranquilidad del campo para dejar atrás todos los problemas y lograr así encontrar la salida a los "cuellos de botella".


Dirty Deep nació como un proyecto personal de Victor Sbrovazzo en el año 2010 en Estraburgo, Francia, en un intento de recuperar lo más básico del viejo blues negro del delta del río Mississippi, aunque ahora a las orillas del río Rhin. Teniendo como referentes directos a gente como John Lee Hooker y a Robert Johnson, en 2012 publicó su disco debut Back to the roots, material con el que empezó a llamar la atención por su líricas, su ritmo y su poder interpretativo gracias a su capacidad para tocar varios instrumentos al mismo tiempo (guitarra, batería y armónica).

Tras sentar las bases para su carrera artística, Sbrovazzo dió un paso hacia adelante y grabó su segundo material llamado Shotgun wedding, disco que fusiona el blues tradicional norteamericano, el folk a la Dylan, el southern rock de Lynyrd Skynyrd y el nuevo hard blues distorsionado de garage de gente como Left Lane Cruiser, Black Rebel Motorcycle Club y The Black Keys. Con la grabación y mezcla de Antoine "Sam" Ramadour, además de la masterización de Benoit Courribet, Dirty Deep lograba encontrar su concepto propio y ganaba así un espacio en el corazón de los amantes del género y su recuperanción electrificada del siglo XXI.


Sin embargo, para este nuevo peldaño para la carrera de Victor Sbrovazzo se requería un compañero de fórmula, un músico de apoyo y un amigo de confianza, alguien con el cual pudiera depositar parte de la responsabilidad rítmica para soltar toda su capacidad interpretativa en la guitarra. Fue así que de ser tan sólo un músico de estudio para la grabación del Shotgun wedding, Geoffroy Sourp se convirtió en el baterista de Dirty Deep, conviertiendo el proyecto en un dúo a semejanza de diversas bandas como los alemanes The Picturebooks, los irlandeses del norte The Bonnevilles y los norteamericanos The Black Keys.

Un zapato es quemado en las pantanosas aguas, señal de que los cambios en Dirty Deep era inminentes. La fuerte portada hecha a través de la fotografía de Bartosh Salmanski y el diseño de Marlon Saquet servía de telón de fondo para una obra cruda, rasposa y llena de sentimiento desgarrado. El antiguo blues negro ha cruzado el Atlántico para electrificarse y tomar nuevos rumbos, aunque las raíces quedan latentes en el sentimiento, la interpretación y las líricas humanas llenas de dolor y pasión.


"Bottleneck" abre el Shotgun wedding con su encantador riff de guitarra totalmente campirano, sabor sureño que nos hace tomar a nuestra pareja para bailar a su ritmo y mandar todo a volar. Mientras aplaudimos junto con la endemoniada melodía, una armónica explota hasta liberar el alma. Y como si se tratara de una aparición, de repente se escuchan algunas líneas adaptadas al clásico del bluesero Leadbelly, "Black Betty", tema que fue popularizado en los setentas por la banda norteamericana Ram Jam y que luego fuera rescatado por Throttlerod en el fundamental compilado Sucking the 70's de la disquera Small Stone Records, además de la poderosa versión de los australianos Spiderbait para su disco Tonight alright de 2004.

"Hey, nena no eches raíces en los caminos, ayúdame a encontrar mi sendero por mi propia cuenta. Miro al cielo y no veo ninguna luz, estoy yendo hacia abajo. Hey, Señor muéstrame la luz en este problema, me estoy volviendo loco y tan sólo quiero encontrar mi trayecto. ¿Tú puedes ver la luz? Ahora yo ya puedo ver la luz..."

El video de "Bottleneck" fue presentado por Dirty Deep en abril de 2014, el cual fue realizado por Mathieu García por medio de Kinto-mo TV. El trabajo visual comienza con un Ford Mustang corriendo por la carretera mientras se escucha por las bocinas un tema de mariachi, pero un giro al botón mueve el dial y un viejo blues a capella se deja oír. La marcha del bólido se detiene para tan sólo para recoger una preciada mercancía: un six de cervezas en botella (¿por qué Corona? jajajaja). Una zona rural sirve de lugar ideal para beber unas frías cebadas y dejar que la música negra fluya por las venas, así que como aquellos bluseros armados tan sólo con sus guitarras y el ritmo que marca el golpe de sus pies, Victor Sbrovazzo se convierte en todo un "hombre-orquesta" para sentarse sobre una silla mecedora de madera para tocar "Bottleneck".

La sed comienza a quemar la garganta del francés, pero la desesperación por abrir las botellas lo llevan a buscar las más ingeniosas maneras de lograrlo. Un encendedor, una hoz, una cadena, un cuchillo, otra botella, una armónica, una tarola y hasta una guitarra pueden servir de instrumentos ideales para quitar una tapa. Las cervezas se han acabado y con ellas la alegría de la música, pero siempre llegará un amigo con más alcohol y la música regresará con mayor intensidad. La vida puede ser bastante simple: guitarra slide, campos de maíz y la espuma de una buena cerveza saliendo por la botella de vidrio.


Las cosas han cambiado para Dirty Deep, pues de ser una "one man band", ahora para 2016 se presenta como un power trío con la publicación de su tercer disco, What's flowin' in my veins. A la pareja formada por Sbrovazzo y Geoffroy Sourp, se les ha unido el bajista Adam Lanfrey, logrando que la banda tenga mucha más fuerza de la que ya tenía. Mientras digerimos con calma su último disco, nuestro recuerdo rescata el "Bottleneck" y el deseo por abrir una cerveza ahora mismo... Salud!!



viernes, 2 de diciembre de 2016

The Bonnevilles : entre muertos vivientes y hard blues


Si buscamos en internet sobre Lurgan, encontraremos que es una pequeña ciudad de Irlanda del Norte que por muchos años fue reconocida por su producción textil, sobre todo de lino. Sin embargo, a partir de los años 60 el lugar comenzó a tener una mala fama debido a que formaba parte del llamado "triángulo de la muerte" junto con sus ciudades vecinas de Portadown y Craigavon, gracias a la serie de asesinatos políticos y sectarios derivados por el conflicto conocido como "The Troubles". Esta idea llevó a The Bonnevilles a componer un tema a su lugar natal, mismo que serviría de track inicial para su último disco.

A través de Alive Naturalsound Records, a mediados de 2016 fue publicado Arrow pierce my heart, un disco que fue pensado para hablar de amor, y según la banda, terminó hablando de drogas, sexo, alcohol, muertos vivientes, asesinatos y venganza. Aunque el resultado lírico no fuera el esperado, los doce temas de la placa no sólo sacuden el corazón, también el cuerpo y el alma. Bajamos la aguja sobre el vinil y el dolor, el sentimiento y la pasión se escapan por las bocinas sin remedio.


Chris McMullan en la batería y Andrew McGibbon Jr. en la guitarra y vocales nos regalan en su Arrow pierce my heart un viaje eléctrico que recupera las raíces negras del blues nacido en el delta del río Mississippi para fusionarlo con la agresividad de los grasientos sonidos del garage y del punk británico. Al escuchar cada tema, sabemos que estamos frente a una joya sonora llena de coraje y denso amor que inevitablemente nos ahogará en sus pantanosas aguas.

Bajo la escuela del nuevo hard blues construído en parejas como el de los norteamericanos The Black Keys y de los alemanes The Picturebooks, The Bonnevilles explota esa pasión tan poderosa que sólo el blues electrificado tiene en sus venas. Gracias a su sonido, han tenido la oportunidad de alternar con gente como los Left Lane Cruiser, Guadalupe Plata y James Leg, pero ahora con su último disco, todo ha sido consolidado para crear un material completo, maduro y redondo que desde ahora podemos disfrutar.


Un par de voces cantan a cappella hasta crear una atmósfera estremecedora. En sus versos se habla del repiquetear de las campanas del infierno. El eco de la guitarra delata su electricidad y nos pone en aviso de lo que vendrá, quizá un riff ahogado en efecto fuzz, quizá el golpe de una batería que marcará el ritmo hasta final. A nuestra mente llega los primeros discos de The Black Keys y el álbum debut de All Them Witches, pero los segundos corren y descubrimos un estilo propio a través de una melodía más allá del hard blues clásico y el llorar de las cuerdas con su distorsión y su gravedad más allá de lo que podríamos esperar.

"Las campanas del infierno están sonando por tí, pero no por mí... Los pequeños demonios están cantando y la muerte comienza a punzar. Me conozco a mí mismo y sé que me podría de nuevo como estandarte viendo hacia al pueblo, pero en Lurgan no hay ley. Nadie lo sabe como yo, pero no estoy de acuerdo con las 50,000 almas que vagan hacia donde los demonios temen pisar. Más de uno ha terminado muerto y ahora nadie lo echa de menos. Conocí a gente como tú e hicieron un guiso con su carne, pues dijeron que éso tenían que hacer. Abajo en el río hay un hombre muerto, el hijo de una madre, y nadie habla..."

Para contrarrestar una lírica tan cruda y tan dolorosa, The Bonnevilles presentó en septiembre de 2016 un video dirigido por Michael Mormecha a través de Dog Kannel Productions para promocionar "No law in Lurgan" como sencillo para el Arrow pierce my heart, trabajo visual que recurre a la metáfora de los muertos vivientes y los zombies al estilo de The Walking Dead y 28 days after para recordar a todos los caídos en el conflicto de Irlanda del Norte durante las últimas décadas del siglo XX.

Una pareja camina por las calles de Lurgan mientras la banda toca entre la maleza al resguardo de una fogata. De entre los árboles, la bella dama y el caballero salen de su escondite para alimentarse de sangre nueva. La pantalla se llena de color rojo hasta que Chris y Andrew se desangran frente a nosotros, mientras el fuego lo devora todo.


Aunque uno podría esperar que Arrow pierce my heart es todo dolor, venganza y melancolía, The Bonnevilles expían sus pecados al compartirnos "Eroctica Laguna Lurgana",  tema que exorciza los horrores vividos en Lurgan gracias a su sabor relajado, instrumental y despreocupado. Sin embargo, el valor que tiene el último disco de los de Irlanda del Norte es el desgarrado sentimiento impreso en cada acorde y en cada rima. "No law in Lurgan" sólo es el anzuelo para sumergirnos en el nuevo material de The Bonnevilles, pero una vez enganchados, será difícil que soltemos esta maravilla...