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jueves, 6 de mayo de 2021

Spelljammer : cuando el ruido muta hacia una cruda travesía

 


Un ruido lento, distorsionado y muy pesado se escapa de aquellas bocinas como si se tratara de un viscoso líquido de fluir calmoso, un tardo paso como si se tratara de una eléctrica marcha funeral que poco a poco nos va atrapando hasta ahogarnos en su pesadumbre. Pero una vez ahogados en esa vibración flemática, cada una de las neuronas logran romper su sinapsis que las unes a otras con la intención de emprender un viaje interno simulando una implosión de la cual es imposible liberarse. De esta manera, semejando a un lisérgico embrujo, el desplazamiento íntimo termina diluyendo las barreras que separan a la realidad de la fantasía mientras el sonido no deja de herir los tímpanos con su volumen, intensidad y aspereza.

Efectivamente, ante tal descripción quizá sea que los oídos sensibles se acerquen a la propuesta sonora de la banda sueca Spelljammer. Sin embargo, para los escuchas aventureros y arriesgados que tienen la capacidad de enfrentarse al sonido violento de velocidad pausada y casi arrastrada, el Abyssal Trip puede convertirse en un gustoso reto gracias a sus escarpadas melodías y abismales profundidades construidas a partir de acordes sueltos que saben aprovechar la distorsión para dejar que las vibraciones floten en el ambiente hasta provocar el extravío. 

El cuarto disco de Spelljammer  fue publicado a finales de febrero de 2021 a través de Riding Easy Records. Sin perder esas espesas atmósferas construidas a partir de densos sonidos y pasmoso andar, para esta ocasión la banda sueca logra condesar su estilo que la identifica por medio de una líricas reflexivas que dotan a su música de un ambienta aún más profundo. Al dejar caer la aguja sobre los surcos que cruzan el track inaugural del álbum, de manera inmediata nos sumergimos en anegadas aguas que poco a poco se van despejando hasta lograr una definida melodía. "Bellwether" se arrastra por los suelos hasta que tras casi cuatro minutos, una voz se escapa del muro de sonido para dejar escuchar su lamento.

Las contundentes guitarras de Robert Sörling encuentran su perfecto complemento con la gravedad del bajo de Niklas Olsson y la precisión de aquellas arcaicas percusiones en manos de Jonatan Rimsbo. Sin embargo, tuvieron que pasar más de cinco años para que el trío de Estocolmo lograra condensar un material discográfico, pero sin lugar a dudas, la espera ha valido la pena al construir una áspera colección de melodías que se levantan frente a nosotros como colosos imperturbables bajo innumerables capas de ruido que son necesarias desprender una a una para lograr desmenuzar su contenido.


 "Abyssal trip", track que le dota de nombre al álbum, es una muestra clara del claro encuentro entre lo pasmoso del doom con la distorsión pegajosa del stoner, lo que nos permite saborear algunos trazos cercanos a bandas como Sleep, Windhand o hasta sus paisanos Monolord. Entre sonidos lisérgicos de contundente fuerza, las líricas se filtran por las bocinas hasta ahogar al escucha a partir de un lento sopor y humo eléctrico del que es imposible quedar impávido, ya sea por la vibración, ya sea por el ruido o ya sea por lo colosal de su brutal encuentro; permitiendo de esta manera que las armonías cambien de intensidad al menor atisbo.

Lejos de lo que podríamos esperar, Abyssal Trip nos regala bellos pasajes que sirven de respiro ante las bestias sonoras que conforman el material discográfico, como bien podemos vivirlo en "Peregrine", aunque todo puede transformarse de manera radical bajo el resguardo frágil de un acorde que sufre su distorsión con tan sólo el anuncio previo de un feedback hiriente. "Silent riff" nos toma de mano para que de manera inmediata todo se torne desgarrador bajo su atmósfera obscura, quizá helada. Su imponente hipnotismo construido a través de figuras concretas y adictivas contrasta con la aletargada "Among the holy" y su terror cósmico que le dota de figura. Sin embargo, estos fuertes contrastes son los que logran que el cuarto álbum de Spelljammer provoque la cruda travesía, ya que a cada uno de sus rincones nos espera un sorpresa inesperada que de nuevo despierta nuestro interés para saber qué es lo que sigue más adelante.

Sin aún toda la descripción hecha hasta este momento sobre el Abyssal Trip no logra despertar un mórbido deseo al lector de estas líneas por ingresar a las aletargadas aguas de Spelljammer, quizá el minimalista video de "Lake" alcance el cometido. Siendo éste el track más violento del álbum, aquel extraño personaje enmascarado y endemoniado que observamos en las imágenes de su trabajo visual logra despertar nuestra intriga mientras el sonido nos destroza poco a poco sin piedad. Si bien el vértigo ocasionado en la visión nos puede perder de momento, "Lake" nos retorna a nuestro centro de gravedad a través de una lenta figura ahogada en doom tétrico como si se tratara de un homenaje al riff lord Tony Iommi. Por si fuera poco, el tema alcanza hacia su parte media un onírico puente sin distorsiones con cierto sabor a medio oriente que logra representar de manera sonora aquella metáfora del lago, un espacio físico líquido que denota tranquilidad; pero en manos de Spelljammer, podría entenderse como vacuidad , un vacío o suspensión ante lo desconocido, ante nuevos mundos. 


Como lo sugiere su título, "Abyssal trip" es una travesía épica por lugares desolados que son necesarios recorrer de manera lenta debido a la inmensidad que ofrecen, quizá una magnificencia que intimida al viajero pero que al mismo tiempo enamora a quien sabe saborear su ruidosa belleza. Spelljammer no abandona su idea fundamental de la búsqueda del hombre ante su destino final, pero su último álbum lleva esta idea hasta sus últimas consecuencias bajo el hechizo de un sonido contundente que tiene la capacidad de transportar, mutar y romper con todo lo que se encuentre a su paso. Una fuerza eléctrica recorre cada uno de los densos pasillos del "Abyssal trip" bajo la premisa de provocar el extravío del escucha, pero aquel que tenga la capacidad de caminar sobre ellos con pies de plomo, tendrá la posibilidad de descifrar su esencia...



lunes, 3 de mayo de 2021

Kabbalah: un presagio de horror, enfermedad y muerte

 


Las voces de la noche, aquellas que se ocultan bajo el manto de la obscuridad al resguardo de los frondosos árboles del bosque místico, entonan una lúgubre melodía para delatar lo que la mano del hombre ha roto su tranquilidad a través de las máquinas de la muerte y la destrucción. Su desarrollo se ha convertido en enfermedad, su evolución se ha tornado en polución, su crecimiento se ha transformado en su propia sentencia. Un fuego abrasador se extiende hasta donde alcanza nuestra vista mientras todo termina bajo el calor infernal que dejará tan sólo ceniza y polvo. Este es el hedor que provoca la fatalidad y aquellos los ruidos que surgen de la angustia y el dolor ante el final de la madre que los ha cobijado durante la eternidad.

Bajo el título de The Omen, la banda española Kabbalah retorna para ofrecernos sus hipnóticos himnos que invocan misterio, evocan tiempos antiguos y entonan las sensaciones que únicamente podría despertar el velo de la muerte cuando se posa frente a nosotros. Sin embargo, el regreso de las tres obscuras musas no está dedicado a describir esos lúgubres parajes descritos en su espectacular debut Spectral ascent de julio de 2017 (reseña-review), sino que este nuevo trabajo está construido bajo la premisa de ofrecer un presagio ante la llegada de la parca y todo aquello que puede despertar su interés y provocar su tan temida función. 


Si bien es cierto que se mantiene la esencia de occult rock con tintes psicodélicos de su debut, la banda de Pamplona ha madurado su estilo al crear un álbum equilibrado a partir de mantener su sonido consolidado mientras ofrece líricas más profundas a través de mensajes claros y denuncias devastadoras. Ahí está su áurea etérea creada por el juego vocal de las sirenas malditas, pero hoy su canto es más claro que en antaño y su dicho no es alentador, sino al contrario, se transforma en indicio de destrucción, un lamento lleno de dolor y una angustia ante lo irrevocable del destino que nosotros mismos nos hemos construido.

The Omen fue publicado en enero de 2021 a través de las disqueras Ripple Music, Rebel Waves Records y Stoner Witch Records, logrando de esta manera una mayor difusión del mismo. Sin emabrgo, no es sino hasta bajar la aguja en el vinilo cuando descubrimos que el material resguardado encaja a la perfección con la época pandémica y de enfermedad en la que nos encontramos: lo que bien podría convertirse en un soundtrack ideal pensado para provocar zozobra y desazón. La verdad se ha postrado frente a nosotros mientras se muestra con toda su realidad y su fuerza, logrando a través del sonido envolvente de las guitarras desgarradoras y la melodía hipnótica de su inaugural "Stigmatized", la construcción de un ambiente tétrico que sabe erizar la piel ante el macabro entorno que nos envuelve por la enfermedad virulenta.


Aun así, el segundo disco de Kabbalah sabe encontrar el momento preciso para golpear con su fuerza más allá de sus densas melodías ahogadas en pesadumbre. Los poderosos acordes de "The ritual" logran asestar el puñetazo en la cara mientras escuchamos una lírica que habla sobre un aquelarre y la entonación de un hechizo que busca paliar la muerte que acecha paso a paso. De forma similar, "Labyrith" nos hace correr despavoridos sobre los pasillos ruinosos de una estructura que resguarda en su interior a la mítica Ariadna, aunque todo termina desmoronándose sobre un descuidado Teseo gracias a la distorsión eléctrica que simula la fuerza de un imponente minotauro indestructible.

Sin embargo, la esencia del The Omen se encuentra en su mística obscura, en aquellas neblinas sonoras que envuelven al escucha hasta extraviarlo en la nada. Si bien "Duna" nos describe un obvio abandono bajo el asfixio del ardiente desierto, "Night comes near" nos retorna a los bosques encantados resguardados bajo el manto de la noche mientras su melodía no puede romper las cadenas e influencias del ya clásico debut de The Oath (reseña-review) gracias a las guitarras frías, las voces tenues que sobrevuelan el escenario y los cortes secos que cambiar las armonías y dotan de fuerza a la canción misma. Y aunque "Lamentations" trabaja también sobre sonidos lúgubres que nos sumergen sobre abismos hasta abandonarnos en la antesala de ultratumba, "Liturgy" es el tema que logra amarrar el estilo de Kabbalah por medio de una batería tribal y una línea de bajo hechizante que terminan explotando ante la omnipresencia del fuzz y el embeleso de las brujas que ofrecen un sacrificio a las fuerzas del mal.


Esos ojos, rojos y ansiosos ojos
observan orquídeas morir
al borde de la extinción
el gran horror de la humanidad.
La higuera-catedral arde
los prehistóricos se han ido
y las viejas leyendas se han convertido en humo.

La Tierra
y todas sus vidas antiguas
han terminado su tiempo.
Habitantes del bosque 
huyendo del fuego.

Ceibas cayendo, murciélagos ciegos cantando, cavando tumbas para árboles sagrados.
El humo negro se eleva, el perfume mortal, todo infectado por la enfermedad. 
¿Qué viene después de los desastres naturales anunciados por las profecías de Nostradamus?
Fatal humo negro, perfume mortal, la raza humana es la enfermedad.

El rostro de la parca nos observa con su terrible mirada para anunciarnos su fatídico cumplido, uno provocado por el propio género humano contra el mundo que lo rodea y contra sí mismo. Mientras las ilustraciones de David Bermúdez nos muestran aquel ardiente horror entre poderosos colores rojos y negros, una tenue guitarra inicial nos ofrece la línea melódica de "Ceibas"  para después explotar en un conjunto de sonidos fuertes que poco a poco te hechizan hasta atraparte en su densa atmósfera. La guitarra fuzz de Alba y el bajo profundo de Marga se unen para crear una estridente figura al unísono mientras la batería de Carmen golpea, pero en el momento que las voces se unen para hablarnos de como la humanidad se ha transformado en la plaga de su hogar hasta dejarlo en cenizas, es cuando alcanzamos el clímax del tema. Esas tres siluetas misteriosas bajo un tétrico manto son imponentes, que como si se trataran de tres sacerdotes malditos dispuestos a dirigir una liturgia obscura, logran despertar una sensación de temor y misterio frente a un sonido hipnótico del cual es imposible escapar ante su embeleso.


Sin lugar a dudas, The Omen termina por confirmar la calidad de las tres chicas españolas gracias a sus líricas afiladas y su mórbida atmósfera sonora. Kabbalah se ha convertido en un referente obligado de los sonidos más tétricos del hard psych a partir de su pesado manto que cubre su obra de horror, enfermedad y muerte. Bajo una producción técnica que saben colocar cada elemento en su lugar, el segundo disco del grupo de Pamplona tienen todas las características necesarias para colocarse entre uno de los fundamentales del género mientras uno puede desgranar de manera detenida y gustosa cada uno de sus tracks sin perder su esencia. Los tres cráneos tienen entre sus restos aquel presagio que es obligatorio escuchar hasta el cansancio, o por lo menos, hasta que la pandemia nos permita escapar de nuestros aposentos y logremos zapar los océanos maldecidos con la intención de encontrarnos con el canto de aquellas tres negras sirenas... 


lunes, 28 de diciembre de 2020

Hypernaut : la magnificencia del estruendo del sonido

 


La ópera prima de una banda es la primera probada ofrecida al oyente ansioso, una muestra que servirá como referente obligado para todo lo que se ofrezca en el futuro. Existen trabajos que se elaboran de forma rápida con la intención de captar el dinamismo y la energía del momento como si se tratara de un producto crudo y sin pulir, pero también existen materiales que requieren de una mayor maduración con la finalidad de construir una obra definida a través de una expectativa concisa. Sin embargo, el uso de las redes sociales y la transformación del mundo musical ha quebrantado las reglas y los caminos establecidos para provocar que cada agrupación tome en sus propias manos la orientación de los pasos a seguir.

El arranque del camino de la banda peruana Hypernaut ha sido sinuoso entre esfuerzo por conformar una alineación definida que al mismo momento logre construir un estilo sonoro que le dote de identidad y unidad a sus composiciones. Si bien la semilla del grupo se encontraba en Bad Hombres, el contaste cambio de integrantes que a su vez modificaban el sonido terminaron por encaminar lo que hoy podemos escuchar en el recién publicado Ozymandias, pero es necesario comprender el largo recorrido de un tenaz joven para comprender por qué escuchamos lo que está contenido en el material discográfico que hoy es descrito en estas líneas.

Santiago Echecopar sembró la semilla de lo que se convertiría con el tiempo Hypernaut a través del objetivo de crear una banda que desarrollara gustos musicales como el thrash, el grunge y el proto-metal. Bajo esta premisa, poco a poco se han ido sumando a su larga travesía una serie de músicos que han añadido elementos como el hard psych y stoner que terminaron conformando la salvaje amalgama que es su álbum debut: el baterista Gary Saavedra, el bajista Mike Yugra y los guitarristas Martín Cardich y Giancarlo Yepez, quien a su vez a sido sustituido por Juan Diego Stein.

El primer contacto que tuvo Earthquaker con Hypernaut fue a través de la publicación de "Multiverse... battleword" (reseña-review), el rudo track incluído en el compilado Doomed and Stoned Latinoamérica Vol. II de septiembre de 2018 que se distinguía por su melodía entrecortada saturada de imágenes cósmicas y realidades alternas a través de obvias referencias metaleras y un sucio grunge. El tiempo pasó y la banda fue grabando toda la instrumentación de su primer disco, pero en el momento en que iban a ser registradas las vocales, la contingencia mundial de salud retrasó las grabaciones. Sin emabargo, aprovechando las bondades de la tecnología, el trabajo a distancia fue desarrollando el material sonoro que faltaba hasta que se logró el resultado final que hoy podemos escuchar bajo el nombre de Ozymandias.

El álbum debut del quinteto de Lima arranca de manera directa a través de un riff acelerado y áspero llamado "Panic attack" donde podemos escuchar todas las influencias musicales de la banda y, de manera irónica, podemos detectar algunos elementos propios que lograr conformar su identidad. De manera inmediata recibimos una dosis de metal directo por medio "Bad hombres", un track que confiesa su pasado inmediato y que de manera inevitable identificamos estructuras armónicas que recuerdan a "Multiverse... battleword" pero en una versión jucho más breve gracias a sus riff entrecortados y la melodía contundente. Pero si estuvieran esperando que el álbum se mantuviera en la misma intensidad, "Atomic breath" reduce el octanaje para ofrecernos un tema que recuerda el hard rock ochentero del estilo Guns 'n' Roses bajo una estética sonora llena de efectos de guitarra que nos alojan de manera directa en la década de los 90's. 

En primera instancia, Ozymandias pareciera ser una obra incontenible y desbocada que sólo ofrecería granadas de fragmentación que irremediablemente nos dejaría exhaustos auditivamente, pero el material tiene track que saben domar la intensidad para que el oído preste atención a la propuesta sonora; algo que ocurre de manera indudable en "Swamp thing" con su velo de zozobra y su fuerza atroz. Sin embargo todo regresa a la carrera desenfrenada a través de la incontrolable "Cynicism is self-harm" con aquel tufo hard-core y quizá proto-punk que poco a poco baja la velocidad hasta los abismos del proto-doom. Bajo la misma tesitura y desenfreno podemos escuchar a la áspera "Worlogog" con su lírica de tecnología apocalíptica o a la brevemente salvaje "(There is where I) Draw the line" de melodía concreta donde su salvaje solo de guitarra sebe hacer explotar las bocinas en mil pedazos.


Uno de los temas más propositivos e interesantes del debut de Hypernaut es precísamente la concluyente "Ozymandias", que además de bautizar al material discográfico, ofrece una tormenta de sonidos que sabe jugar con los acordes sueltos, las distorsiones vibrantes y las melodías desbocadas para construir una pieza megalítica de proporciones farónicas. El riff que acompaña a las líneas vocales de cada estrofa asemejan al correr de los caballos del Apocalipsis, pero cuando llegamos al estribillo tenemos la oportunidad de frenar para tratar de identificar el monstruo sonoro que se ha posado frente a nospstros como una infranqueable muralla de ruido áspero como las arenas del desierto. En inevitable que no tomemos la referencia histórica del antiguo Egipto a través de la figura de Ramses II gracias al nombre del track, pero dicho dato que nos remite al pasado nos ayuda para colocar el bombardeo de verbos que nos atacan sin cesar dentro de un contexto de megalomanía, grandiosidad y magnificencia que obliga al escucha a rendir culto ante el poderoso gigante de sonido que atraviesa la carne hasta alojar su escándalo en nuestro interior. 


El ser descarnado creado por el artista de Indonesia Steven Yoyada y que sirve de portada para el debut de Hypernaut se transforma en un cyborg que observa el espectáculo multicolor del universo mientras el ruido satura el vacío, quizá una significación gráfica de lo que podemos encontrar en el interior que resguarda la ilustración. El primer acercamiento para muchos será a través de esta efigie impresionante, un gancho visual que asemeja al bombardeo sonoro que se esconde en cada uno de los tracks del Ozymandias; pero quizá la mejor recomendación que se puede hacer para ingresar al cosmos acústico de la banda peruana es hacerlo con pies de plomo, la paciencia y el oído fino, pues si realmente se quiere descubrir todos los secretos que existen en su interior, será necesario resistir a la tormenta de arena que el ruido y la distorsion que se ofrece en un primer plano para espantar a los tímpanos temerosos... 

jueves, 24 de diciembre de 2020

Tripping Haze Ceremony : el primer golpe del emperador malayo del doom

 


Gracias al universo de la música y su difusión a través de las redes electrónicas de comunicación, hemos tenido la oportunidad de conocer propuestas sonoras de todo el planeta; pero de la misma forma, también hemos sido testigos de cómo ciertos géneros y estilos han cruzado fronteras hasta alojarse en sitios inimaginables. Quizá por cuestiones de costumbres y rasgos culturales nos parezca imposible que los sonidos primitivos y obscuros del proto-doom occidental pudiera establecerse en los países del sudeste asiático como lo podremos comprobar en estas líneas.

La historia de Tripping Haze Ceremony nace en Selangor, un estado de la Federación de Malasia. En los últimos días de diciembre de 2018 fue publicado a través de bandcamp un demo conformado por tres temas que fueron realizados por el guitarrista y vocalista Epulyard, quien poco a poco conformó un power trio para establecer su sonido a través de la llegada de Sara en el bajo eléctrico y Lim en los tambores. De manera irónica, los tracks subidos a la página de la banda fueron compartidas por diversos programas de podcasts hasta crear una espectativa a su alrededor que ha sido satisfecha con la publicación de su álbum debut titulado de manera homónima y publicado en noviembre de 2020.


Lo primero que nos encontramos en el Tripping Haze Ceremony es una imponente portada realizada por Fugigaz que nos muestra un murciélago, aquel ser vivo que representa la noche, la muerte y la maldad, pero que par las condiciones de salud de este fatídico año de pandemia mundial, se ha establecido como el portador de un virus que ha sido recibido por el hombre. Con estos antecedentes visuales llenos de representación, lo único que podemos esperar dentro de su interior es un álbum denso y obscuro que nos arrastre hacia referentes sonoros asociados con los abismos y la ultratumba.

Una vez que la aguja toca los surcos del vinil, las espectativas son cumplidas al escuchar un tétrico canto de campanas lleno de misticismo que a los pocos segundos es oculto por el eco de unos secos y desgarradores acordes distorsionados que marcar una breve introducción aletargada y tenebrosa bajo el título de "Sativa's trip". Tras esta bienvenida lúgubre, Tripping Haze Ceremony nos ofrece algunas líneas de alguna vieja película norteamericana de serie B para después explotar sobre las bocinas una melodía fuerte de tempo lento llamada "Panhead dreams" donde podemos escuchar las obvias referencias sonoras a Black Sabbath, Flower Travellin' Band o Saint Vitus, aunque también podemos detectar los ácidos y desgarradores acordes al puro estilo de Church of Misery y, sobretodo, Electric Wizard.

Los ritmos pesados que se arrastran como grilletes atados al tobillo dominan en su totalidad al debut de Tripping Haze Ceremony, pero dentro de sus muros ruidosos que parecen derruirse podemos encontrar interesantes solos de guitarra, que lejos de ser virtuosos, podemos escuchar unos lamentos que de manera pausada se van deshojando hasta hipnotizar al escucha. Así como lo escuchamos en el alucinante final de "Panhead dreams", este concepto sonoro define a "Night of  the damned", aquel track que había sido lanzado previamente y que se convirtió en la culpable de hacer girar los reflectores hacia Malasia. Bajo su hechizo somnoliento, el trio asiático se va arrastrando de manera sosegada hacia los abismos mientras la guitarra entona su gemido lastimero para construir una atmósfera llena de zozobra de la que será imposible escapar. Si bien el Tripping Haze Ceremony desarrolla su fórmula sonora bajo distintos modelos de similar manufactura como en la lisérgica e instrumental "Space cat" o en la impresionante "Dead man's terror" con su espectacular riff etéreo que sabe clavar su daga de manera tranquila sobre el cuerpo hasta volarnos las neuronas con un cambio de ritmo muy al estilo de Sabbath, el trio malayo ofrece la otra cara de la moneda proto-doom a través de un onírico track acústico llamado "Ratapan anak"

Este tema es un cover a una balada ochentera realizada por la cantante Mona Fandey (aka.  Fendi), la cual tienen una mórbida historia debido a que esta artista pop también es conocida por haber sido ejecutada debido a que asesinó al político Mazlan Idris. La leyenda cuenta que Mona dejó su carrera musical para dedicarse a la magia negra, sobretodo vendiendo talismanes a políticos y gente de la alta sociedad; ahí fue cuando ofreció a Idris una serie de amuletos creados a partir de los objetos personales del presidente de Indonesia Sukarno por una alta cantidad de dinero. Al no cumplir con el pago, se convenció al político de hacerse un ritual en casa de la cantante, donde fue decapitado y desollado. 

Uno de los momentos más interesantes del álbum debut de Tripping Haze Ceremony es "Big red machine", un track de melodía densa que semeja a una marcha fúnebre por su paso lento y pesado donde su insistente nota golpea sin cesar bajo el influjo de una melodía hipnótica y dolorosa mientras escuchamos una advertencia: correr si queremos salvar nuestra vida. Tras sentir esa losa sonora por varios minutos, el bajo cambia la figura a una interesante figura que permite a una guitarra paneada completamente a la izquierda ejecute un solo seco que es rematado con una línea poderosa llena de distorsión que asemeja a una caida imparable a través del uso de acordes descendentes que se repiten constantes. Finalmente, la canción regresa a su estructura original hasta desfallecer en una cortante repetición del acorde principal que se deshace frente a nosotros mientras las bocinas se derriten ante el estruendo.

El proto-doom acidificado del trio malayo ofrece, más allá de su definido estilo, agua fresca a un género por demás visitado, ultrajado y olvidado. El álbum debut de Tripping Haze Ceremony retorna a la construcción de largas melodías y sensaciones fantasmagóricas donde la zozobra y la angustia se respiran en todos sus rincones, pero que al mismo tiempo, recrea un hechizo hipnótico heredero de la psicodelia más pesada. Este disco es un excelente augurio para el futuro, ya que si pensamos este material como el primero dentro de la conformación del trío como una agrupación, esperamos que la banda se afiance con el tiempo y la experiencia sobre los escenarios con la finalidad de crear una obra aún más interesante de lo obtenido en este momento.


miércoles, 23 de diciembre de 2020

Red Spektor : el estridente retorno de un power trio británico

 


Siempre se ha considerado como un verdadero reto realizar un segundo álbum tras los logros obtenidos por una primera placa que obtuvo excelentes resultados y reconocimiento. El debut de Red Spektor, publicado en mayo de 2016 (reseña-review), alcanzó los aplausos gracias a aquel énfasis en el hard rock psicodélico salpicado de sonidos vintage que lo convertía en un objeto entrañable desde su primera escucha. Sin embargo, el tiempo ha pasado sobre aquel directo y envenenado dardo sonoro, lo que ha obligado al power trio de Trent a reconstruir su estilo para ofrecer un siguiente paso sin perder lo alcanzado hasta el momento.

Es así como en octubre de 2020 Red Spektor presenta su Heart of the renewed sun, un material de sonidos más obscuros que mantienen la energía de su predecesor pero que al mismo tiempo logra tomarnos de la mano para sumergirnos en aguas pantanosas que saben desaparecer por momentos la luminosidad psicodélica que distinguió a la banda en su origen. Bajo el concepto del ave fénix que renace de sus cenizas, la segunda placa del trío británico logra recuperar sus esencia blusera para alimentar su hard psych distintivo hasta lograr un resultado de claros obscuros sonoros que saben transformar sensaciones de formas inesperadas.

Desde el instante que sentimos el primer golpe bajo el nombre de "Warflower" sabemos que estamos de nuevo frente a la energía y la estridencia de John Scane en la guitarra y voces, Rob Farrel en el bajo y Darren Bowen en la batería, pero al ir fluyendo los segundos descubrimos que hay nuevas cosas con ausencia de color que provocan pasajes llenos de zozobra que provocan la obligación de regresar sobre nuestros propios pasos. Luego de pasar por aquellas zonas densas, la música retorna a su muro de sonido estridente para ofrecernos nuevamente un puerto seguro.

Sin embargo, una vez lanzado aquel peligroso anzuelo, la banda ofrece un segundo track a partir de un andar aletargado escondido entre el ruido que provoca el extravío frente a una melodía ahogada en blues obscuro donde destaca el uso de teclados atmósfericos colocados en sitios precisos. La fuerza sonora de "Revol" contrasta con su armonía melancólica, pero es precisamente en esta contradictoria mezcla donde radica el ingrediente principal del Heart of the renewed sun, provocando que la placa navegue sobre aguas turbulentas donde el escucha estará obligado a prestar atención para no extraviarse durante la travesía.


Heart of the renewed sun está conformado por ocho escandalosos temas donde sus contradicciones armónicas ofrecen respiros para lograr saborear las texturas auditivas y los elementos que las conforman. Si bien "Masquerade" guarda el mismo principio sonoro de "Revol", sus marcadas pausas e insistentes figuras le dotan de personalidad propia; pero es necesario destacar que el segundo álbum de Red Spektor puede ofrecer otros ingredientes más allá de los establecidos en sus primeras tres muestras llenas de intensidad. Si bien "Guided tears" es una onírica y misteriosa melodía donde la obscuridad se torna abismal, "Hell to pay" no recuerda las bluseras influencias innegables que la banda británica adeuda a gente como The Jimi Hendrix Experience o Cream.

Es imposible no reconocer una misma áurea acústica sobre esta placa discográfica, pero también es necesario aceptar que existen algunos temas que deciden ir más allá de su concepto para ofrecer momentos memorables. Si bien "Violent sun" está hecha a través de una obvia estructura armónica, la potencia de sus instrumentos y aquel impresionante solo de guitarra ahogada en efectos cósmicos provocan que situemos a Red Spektor junto a otras bandas del hard psych directo como los norteamericanos Radio Moscow. Cuando los surcos del Heart of the renewed sun están por finalizar, nos topamos con otra ensimismada tonada llamada "Ivory towers" en la que sus adornos psicodélicos ofrecen miradas galácticas más allá de su ritmo aletargado que nos recuerda la atmósfera de angustia y desasosiego que se respira en cada uno de los rincones del disco. 

En agosto de 2020 se presentó como primer single del Heart of the renewed sun el tema "Long way down", track acompañado por un video realizado en blanco y negro que hace coincidencia con su aletargado inicio lleno de zozobra y que a los pocos segundos se transforma en una melodía de constantes cambios de velocidad que acompañan a una lírica apocalíptica, la misma que es acorde a los tiempos pandémicos en los que nos encontramos. El tufo a vintage se siente a cada paso que damos, ya sea en el riff principal de la guitarra cuando desencadena los estribillos acelerados del tema o en la distorsión vibrante del bajo que sabe erizarnos la piel dentro de aquel pasaje abismal que termina explotando en mil pedazos gracias a un solo de guitarra espectacular que es coronado por un concluyente remate de batería que semeja a una lluvia de meteoritos. 

Luego de escuchar cada uno de los elementos que caracterizan al Heart of the renewed sun, el deseo por saber cómo será reproducido sobre los escenarios se convierte en ansiedad, pero hasta que las condiciones retornen a dicha posibilidad, la única opción posible es volver a bajar la aguja sobre el plato negro para permitir que Red Spektor nos sorprenda con más sonidos escondidos dentro de las capas ruidosas que conforman cada uno de sus temas. Quizá la portada multicolor pueda provocar una cierta expectativa sobre lo que se resguarda en su interior, pero una vez que las notas escapan por las bocinas, sabemos que cualquier cosa puede ocurrir y que será necesario estar atentos para aquello que se esconde en sus recovecos y callejones inesperados. 



viernes, 18 de diciembre de 2020

King Gizzard and the Lizard Wizard : el retorno del desafío microtonal

 


¿Cómo es posible que una banda que ha mantenido un sonido durante sus diez años de carrera musical pueda al mismo tiempo revolucionarse en cada material publicado y lograr así jugar con estilos, géneros y ruidos que retan al escucha a través de su atención y paciencia? Los australianos de King Gizzard and the Lizard Wizard son una de las pocas agrupaciones que han logrado crear una atmósfera ótica que de manera inmediata los identifica, pero a pesar de ello han roto con sus propias expectativas para experimentar dentro de distintas tendencias sonoras hasta ofrecer una rica variedad de posibilidades auditivas y, finalmente, convertirse en una referencia obligada en el mundo de la música en la última década.

Quizá podríamos encontrar respuestas a la pregunta arriba formulada escribiendo que la banda originaria de Melbourne aprovechó la fiebre que hace unos años hubo alrededor del hard psych, o que la elaboración de álbumes conceptuales en una época en que pocos se arriesgan a realizarlos provocó la atención a su propuesta sonora, o a lo mejor que esa extraña áurea sonora provocada por sonidos extraños a los oídos occidentales es la fórmula perfecta para llamar nuestra atención, o que aquel reto lanzado en 2017 para publicar cinco discos distintos durante un año jaló los reflectores hacia ellos, o que dejaron de lanzar discos durante el siguiente año para dedicarse a tocar por todo el mundo y terminar publicando parte del material a través de cinco discos y una película, o probablemente la presentación de un disco pop sintético en contradicción con otro de thrash metal fue el motivo por despertar el interés sobre ellos... ufff!! cuántas razones podemos encontrar para llamar la atención del desprevenido y abrumado escucha de la segunda década del siglo XXI para dedicarle unos pocos minutos a la escucha de un grupo ecléctico que de manera inmediata puede provocar que caiga en su anzuelo!!


La salida de baterista Eric Moore para dedicarse al trabajo con su disquera independiente Flightless Records podría suponer un golpe duro dentro del estilo de King Gizzard and the Lizard Wizard, situación que bien podremos conocer una vez que la banda retorne a los escenarios, pero aún y con dicha situación la banda se decidió a embarcarse en construir un nuevo álbum a través de una continuación del místico Flying Microtonal Banana de febrero de 2017. Sin emabrgo, es to no debería resultar una sorpresa, ya que los australianos habían amenazado con una secuela a este material de retadora escucha gracias a la frase "explorations into microtonal tuning, Vol 1".

Si bien los sonidos microtonales que conocimos en aquella ocasión jugaban con obsesivas melodías que se repetían hasta el infinito para provocar una hipnosis que evadía la realidad (qué mejor ejemplo que la adictiva "Rattlesnake"), hoy podemos escuchar en el Vol. 2 titulado como K.G. y publicado en noviembre de 2020 varias odiseas sonoras donde las guitarras acústicas toman el control hasta construir ensoñaciones místicas que sin duda nos llevan a un Oriente mágico para retar auditivamente a nuestros oídos occidentales que no se encuentran acostumbrados a los sonidos escondidos entre las siete notas convencionales de la escala musical.


Cuando fue presentada "Honey" como primer sencillo del K.G., sabíamos que el desafío microtonal que ya nos había ofrecido la banda australiana había regresado bajo una atmósfera acústica e intimista donde no sólo los sonidos extraños a nuestras costumbres sonoras formaban parte de la fórmula del single, sino el constante cambio de tiempo que dificultaría a cualquiera a llevar su ritmo. De la misma manera como ocurre con la inaugural "K.G.L.W" o en la medieval "Straws in the wind", las armonías conformadas por rasgueos envolventes, vientos de flautas que erizan la piel y melodías llenas de zozobra, nos permiten descubrir que los King Gizzard and the Lizard Wizard se han reinventado nuevamente hasta dar un paso hacia adelante dentro de su propuesta sonora.

Aun así es necesario explicar un poco cómo se conforma ese audiorama ajeno a nuestros oídos occidentales: en este lado del mundo estamos condicionados  a organizar los sonidos a través de octavas, derivado de las frecuencias por segundo que podemos captar; es decir, un ciclo de siete notas ascendente que termina con una repetición de la primera pero con un tono mayor, a lo que hemos llamado "escala diatónica" porque una misma nota en dos tonos distintos la delimitan. Sin embargo, el sistema microtonal está construido a partir de frecuencias de sonido ubicadas entre los semitonos de nuestra escala auditiva occidental, lo que obliga a nuestro sistema auditivo a adaptarse ante vibraciones a las que no está acostumbrado.


Sin embargo K.G. no queda bajo el yugo de los sonidos desenchufados y las melodías enigmáticas que nos retrotraen a culturas lejanas y ajenas, ya que la banda de Melbourne desarrolla dicho ambiente para terminar creando escandalosas melodías saturadas de distorsión y electricidad que sirven de paradoja ante su crítica a los procesos de "computarización" de la sociedad humana durante los últimos decenios que han provocado simulación y hasta han transformado al hombre en un cyborg por medio del uso del lenguaje algorítmico, algo que queda demostrado en "Automation". Las bases sonoras creadas a través de loops hipnóticos y electrónicos acompañan a las figuras armónicas microtonales para construir galaxias místicas llenas misterio, paseos oníricos y divagaciones interiores, algo que podemos escuchar con claridad en "Minium brain size".

King Gizzard and the Lizard Wizard no se ha escapado de su escándalo propositivo de melodías repetitivas como bucles infinitos que ya habíamos probado en Nanogon infinity (reseña-review) y que podemos oír en "Some of us", pero para esta ocasión, Stu Mackenzei compuso una serie de temas que desarrollaran lo ofrecido por la banda anteriormente hasta romperlo como en la tenebrosa "The hungry wolf of fate" con su tufo al Murder of the Universe o hasta quizá al Infest the rats' nest (reseña-review). Aún así, donde está la nueva propuesta sonora como un desarrollo obvio a lo hecho en el ambivalente Fishing for fishies lo encontramos en las variaciones electrónicas de "Intrasport" que hasta logran recrear una pista de baile más allá de su armonía oriental que desembocan en la bizarra "Oddlife".


Uno de los tracks más interesantes del K.G. es la adictiva "Ontology", una melodía que juega con una tenue armonía de teclado y flauta que sube poco a poco hasta convertirse en el estribillo que será cantado por la banda mientra escuchamos una lírica que critica a la realidad al poner en duda la razón por la cual se razona y la libertad, aunque finalmente llega al tópico central del álbum: la simulación. Mientras las líneas microtonales que definen al tema nos van hechizando, la base sonora de las secas percusiones y el bajo concreto van creando un sustento vital a la canción para que ésta desarrolle variantes melódicas que son enriquecidas con una impresionante cantidad de detalles que terminan emulando la barroca portada del álbum. Por si fuera poco, al terminar "Ontology" podemos escuchar una especie de bis tras un golpe seco de gong donde las experimentaciones de la guitarra microtónica nos ofrece, quizá, el único solo de guitarra del disco entre juegos de wah, fuzz y reverberaciones. 


Nuevamente, King Gizzard and the Lizard Wizard nos ha lanzado la provocación para escuchar su propuesta con distintas posibilidades acústicas, ya sea través de sonidos poco convencionales que obligan a detenerse para poder detectar todo el espectro auditivo ofrecido dentro del material sonoro, así como también por medio de una reflexión sobre lo que somos los seres humanos ante la invasión sensorial que la tecnología ha desarrollado. Quizá las semanas de encierro producidas por el virus pandémico ha desarrollado estas reflexiones al interior de la banda australiana, pero si uno regresa a las líricas de sus álbumes anteriores, descubrimos que la visión apocalíptica ha estado presente desde hace mucho. Nuestra realidad es puesta a prueba a través del sonido ajeno, así que las posibilidades se abren a la alteridad mientras ponemos en duda la existencia a través de los juegos de simulación...




jueves, 3 de diciembre de 2020

Viaje a Ixtlán : una sonora invitación al extravío


"Pensé en un laberinto de laberintos,
en un sinuoso laberinto creciente
que abarcara el pasado y el porvenir
y que implicara de algún modo los astros.
Absorto en esas ilusorias imágenes, 
olvidé mi destino de perseguido..."
Jorge Luis Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan, 1941

Un paso tras otro y el andar se aventura al riesgo de seguir el camino que se bifurca ante el individuo, aquel ente que debe tomar sus elecciones ante cada quiebre y cruce de caminos. La vieja leyenda que nos habla de esos hombres que ofrecieron su alma en dichos lugares para recibir del ángel caído el privilegio de un don sonoro puede resultar banal ante la libertad y la suerte echada frente el viaje condicionado por los senderos que rompen en curvas y rectas perdidas en figuras sin señales definidas. No hay destino, solo sueños que provocan el olvido mientras los paisajes absorben al vagamundo, al eterno trotador, al pata de perro que en su andar encuentra el motivo y el gusto por el extravío.

 La vida es lanzada a su eterno recorrer sin destino fijo, sin quizá un itinerario que oriente los pasos. La experiencia sonora provoca esa misma sensación cuando posamos los tímpanos por primera vez frente a una nueva obra acústica. La ensoñación provocada ante lo desconocido despierta los sentidos y motiva su atención frente al riesgo, aquel instinto primitivo de supervivencia que con el paso del tiempo se ha convertido en apreciación artística y una estética del ruido. Sin embargo, esa travesía ótica puede construir laberintos irremediables donde el escucha puede perderse y recorrer una y otra vez encontrando en la música una infinidad de posibilidades como si se tratase de un punto de fuga lleno de magia y sentimiento. 


El retorno de Viaje a Ixtlán proponen la quiebre de amarras para que las velas se hinchen con el viento de la suerte para dejarse llevar sin destino predeterminado. El extravío es el riesgo que corremos ante su nueva propuesta, quizá algo que está asegurado; pero en ello está asegurado el simple placer de escuchar el paisaje y seguir. Bajo el sugerente título de Laberintos y Paisajes, la banda argentina nos anima a emprender un paseo sobre insospechados lugares mientras el tiempo se nos escapa de las manos como la arena de aquel viejo reloj de vidrio. 

Luego de digerir lentamente aquella obra doble titulada como Calma y publicada en mayo de 2019 (reseña-review), Viaje a Ixtlán se ha sobrepuesto a la enfermedad y la adversidad hasta reconstruirse en un ente de cinco tentáculos que se adentra a las aguas sonoras y abismos infranqueables. Mariano Bertolazzi se ha hecho acompañar ya durante un largo tiempo por Jeque Raffo en los sintetizadores, Cherman en el bajo eléctrico y Lionel Fortunato en la batería, pero ahora se ha sumado a la tripulación Augusto Coronel Díaz en una segunda guitarra; provocando que el sonido alcance los colores y texturas que fueron recreadas en el último EP.

Foto: Mariano Rodríguez Álvarez

Laberintos y Paisajes es una brevísima cápsula lanzada por Venado Records y conformada por dos temas que deben ser entendidos como circunstancias que sirven de pretexto para el irremediable escape de la realidad. No es extraño encontrase con largas ensoñaciones instrumentales que permiten el desarrollo de imágenes mentales mientras la saturación de nuestras neuronas admiran el espectáculo sonoro en un audiorama atascado de opciones, como ocurre en  "Paisajes", pero si se puede ofrecer un consejo para la escucha de este EP es construir la suficiente apertura sensible para recibir la sorpresa y durante el recorrido saborear las atmósferas ofrecidas en un hermoso universo resonante.

Si bien la figura geométrica de un espacio regido por senderos que se abren y se cierran mientras la tela de Ariadna nos es ofrecido como recurso mágico para evitar el extravío, "Laberintos" conforma un ambiente de sonidos hipnóticos e insistentes que envuelven al escucha ante una tormenta de arena y ambientes esotéricos que provocan el escape de la realidad. Si uno se anima a romper las cadenas, los pies abandonan los cimientos de la tierra para volar entre sueños con la única intención de encontrar olvido. Un riff de guitarra nos lastima al provocar una herida punzante con su agresivo rasgueo, pero el resto de la instrumentación termina suavizando la escena a través de una atmósfera onírica que finalmente termina en un estribillo sublime. Pero si aún así las neblinas del tema no provocan la pérdida, sus acordes finales lograrán de manera definitiva la inmersión en aguas abismales de las que será imposible escapar mientras todo se desvanece a nuestro alrededor.


Viaje a Ixtlán ha decidido lanzar su EP a través de un ejercicio digital al que han llamado Laberintos Live album, que en otras palabras será la presentación de su último material acompañado por un recorrido a su discografía a través de un "video on demand" que se trasmitirá el próximo sábado 5 de diciembre a las 22 hrs de Argentina (GTM - 3). Bajo este concepto, tendremos la oportunidad de escuchar a la banda argentina de manera directa como si nos encontráramos en su sala de ensayos con la única intención de despertar aquellas sensaciones bajo las atmósferas que sólo el sonido y el volumen pueden construir. Sin embargo, si ustedes no podrían conectarse a este momento místico, la banda nos ofrece la opción de revivir el instante de manera diferida desde el momento de su lanzamiento a los senderos electrónicos y hasta el domingo 20 de diciembre. 

Para conocer y poder acceder a este evento, pulsa click en el link y conoce los requisitos y los costos:


Sin lugar a dudas, Viaje a Ixtlán está de regreso. Más allá de la separación física y la imposibilidad del encuentro corporal, la banda argentina nos ofrece la opción virtual para sumergirnos en sus océanos sonoros que, finalmente, son vibraciones electrificadas que de una manera u otra provocarán el escape hacia realidades alternas y mundos desconocidos. La propuesta está lanzada y la puerta que da inicio al laberinto está abierta, en nosotros está la decisión de dar el primer paso y comenzar la travesía, una proposición acústica que ofrece el reto de su recorrido con no más brújula que el propio poder de la música, el ruido y el silencio...