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martes, 2 de junio de 2020

Rider Negro : entre amaneceres, introspecciones y demonios internos



La música puede ser concebida como un viaje, un paseo sonoro que permite internarse en los ambientes internos del ser teniendo como únicos compañeros al ruido y al ritmo. A base de audioramas, el jinete obscuro penetra las neblinas que resguardan y ocultan aquello que desea escondite y secreto; quizá un sentimiento que busca ser guardado, quizá un pensamiento que no quiere ser rebelado. La introspección comienza con el estruendo tormentoso que toma forma hasta convertirse en una melodía, un mapa que guía sobre los laberinto del alma, una brújula que señala un punto de ubicación en el interior de aquel cosmos que habita en nosotros...

Tras años de esfuerzo, integrantes itinerantes y una búsqueda incesante por encontrar el mejor medio para seducir el alma, Rider Negro ha logrado desembocar en un álbum mágico que sabe exorcizar sus demonios internos, contenidos en tiempo pero expuestos a la menor provocación. Al fin, The echo of the desert está aquí, y ahora es el momento para degustarlo lentamente, para descubrir lo que resguarda en su interior, más allá de influencias y tendencias; pues el resultado final e íntegro es lo que nos interesa junto con esa sensación de viaje, introspección y cura que genera tras su escucha profunda y atenta.


La esencia de Rider Negro está en Tlaca Serrano, guitarra y voz que se ha convertido con el pasar de los años en la columna vertebral de la banda hasta convertirse en su alter-ego. La leyenda cuenta que todo comenzó en alguna parte de la extensa zona conurbada de la Ciudad de México, teniendo en el norte una referencia obligada y en el blues psicodélico un soporte sonoro de inspiración y punto de partida. Ahora sus compañeros de viaje son Zaid Gutiérrez en la batería, el bajista Miguel Vázquez Rescalvo (miembro de Whitecrow y ex-integrante de Pirámide) y el tecladista Israel Baez, tres músicos que soportan sobre sus hombros el día de hoy lo que es la historia de Rider Negro como alusión forzosa del rock psicotrópico y reflexivo en la escena underground de la capital mexicana.

En primera estancia, Rider Negro había mostrado a forma de declaración de intenciones su Psychodelic rock, una compilación publicada en mayo de 2018, pero no es sino hasta The singles cuando pudimos comprender hacia donde se dirigía la larga travesía de Tlaca Serrano como guía eterno de su jinete obscuro. El largo recorrido ha alcanzado puerto seguro con la publicación en mayo de 2020 del álbum debut titulado The echo of the desert, un material místico que rescata las raíces del blues electrificado a partir de los viajes psicotrópicos de la psicodelia, las posibilidades y variantes sonoras del jazz y la multiplicidad de construcciones armónicas y riqueza melódica del rock progresivo.


Sin embargo, The echo of the desert respira a través del alma de los antiguos ritos chamánicos y los brujos indígenas de nuestra tierra, logrando así una construcción sonora de rock vibrante y mágico que busca provocar en el oyente un escape de la realidad circundante para divagar en su obscuro interior. Al escuchar el track que bautiza al álbum, detectamos el vibrar de los cascabeles mientras una guitarra repta sobre el suelo de manera hipnótica hasta que todo se convierte en un ritual que nos habla del poder del desierto como límite entre el día y la noche. Si bien todo queda sumergido en las tinieblas con la sombría "Tehran conjuring", el álbum debut de Rider Negro es una colección de melodías hechizantes que provocan la introspección por medio de una mordida al peyote, un viaje psicotrópico que requiere un guía místico que nos dirija los pasos para descubrir los mensajes; algo que definitivamente queda claro con "The wizard", track dividido en cuatro secciones ahogadas en la visión del rock progresivo desde los mexicanos Chac Mool hasta los eternos Pink Floyd que termina conformando una melodía infecciosa de teclados atmosféricos y ritmo venenoso.

 Si bien The echo of the desert contiene esta parte mística, es necesario resaltar que el álbum contiene otras dos secciones muy claramente definidas. En primera instancia tenemos el blues como soporte vital para la constitución de dos temas alucinantes como son la arrabal "El buitre" con su obvio tufo a Real de Catorce y la colosal "In an ancient Ziggurat" con su tenue toque jazz que permite crear un ambiente onírico a su alrededor y sirve al mismo tiempo para mostrar la capacidad interpretativa de los integrantes de Rider Negro. En segunda instancia podemos detectar una atmósfera cósmica contenida en el conteo regresivo de "Dry and soft" y aquella sensación que nos recuerda el mirar al manto estelar mientras el poder de la noche nos engulle de una sola mordida y el pop psicodélico al estilo innegable de The Doors con su mítico Jim Morrison nos sacude la memoria.


"¿Olvidaste tu nombre a la mitad del desierto?
¿Olvidaste tu alma a la mitad de un ferrocarril?
Deja que la zorra roja te lleve al siguiente episodio...

Espero que recuerdes el momento
cuando fuimos arrojados
entre estas dos montañas
Un camino estrecho parecía ser nuestra coordenada
Deja que el escarabajo dorado nos guíe al siguiente episodio
¡Oh salve a la mañana! ¿Este es el final del camino?

Fuegos en el amanecer cósmico..."

Dentro de dicha atmósfera interestelar, el track inicial del The echo of the desert es quizá la que más nos deja aquel sabor a magia, noche y viaje cósmico. Un caracol resuena mientras un baile indio mueve las arenas del desierto, los instrumentos eléctricos van preparando el camino para que una melodía se convierta en un ente orgánico lleno de vida. "Fires at the cosmic dawn" está conformada por una tersa armonía hipnótica que es coronada por un estribillo contundente, aunque todo termina por implosionar sobre las neuronas gracias a su armónica que nos transporta a remotos tiempos mientras observamos como el sol le ha ganado nuevamente la batalla a las tinieblas. Por si fuera poco, el tema contiene un ligero teclado hechizante, un solo de guitarra mágico, una línea de bajo de juega con la melodía y una batería que sin perder el tiempo logra marcar el paso como si estuviéramos sobre un ferrocarril que poco a poco deja el suelo para dejarnos abandonados ante la ausencia de gravedad a la mitad de la nada espacial.


Sin lugar a dudas, The echo of the desert tiene todos los elementos para convertirse en un álbum fundamental en la historia del rock en México, pero al mismo tiempo, muestra todas las posibilidades que tiene el blues psicodélico más allá de las cadenas y grilletes que se ha impuesto con el paso de los años. Este disco es rico en opciones sonoras y propone nuevos senderos para utilizar a la música como medio ideal que provoque un viaje hacia nuestro interior. Es necesario destacar que el álbum debut de Rider Negro tiene una producción técnica que logra contener en una misma burbuja todos los instrumentos, creando la sensación de un sonido terso que sabe controlar la multiplicidad de sonidos. El resultado final es un material mágico, psicotrópico y místico que se hace fundamental para quien desea conocer sus demonios internos en búsqueda de respuestas...


sábado, 30 de mayo de 2020

The Sonic Dawn : atrapados en la psicodélica realidad



Junto con Uffe Lorenzen de Baby Woodrose, las únicas referencias de la psicodelia en Dinamarca son The Sonic Dawn, un trío de Copenhague que recupera la esencia del pop lisérgico de los años sesenta gracias a sus ácidas melodías de oníricas rítmicas que jamás se exceden de fuerza o volumen para mantener una atmósfera retro y alucinógena difícil de imitar. Ahora nos ofrecen un nuevo álbum donde buscan afianzar su estilo sonoro en un material que requiere pasos de plomo para no perder la gravedad ante sus sonidos delirantes.

The Sonic Dawn nació en el verano de 2013 en la capital danesa por el encuentro entre el guitarrista Emil Bureau, el bajista Neil "Bird" Fugdele y el baterista Jonas Waaben quienes buscaron desde su álbum debut publicado en octubre de 2015 titulado Perception crear un áurea vintage inspirada en el pop de la segunda mitad de los años sesenta a través de la recuperación del rock ácido, el blues electrificado y los lisérgicos divagues sonoros que remiten a la música oriental, quizá de la India principalmente. Los años han pasado y la banda ha compartido Into the long night de abril de 2017 con algunas variantes sonoras hacia el jazz, la balada acústica y hasta algo de folk rústico que fue finalmente totalmente olvidado con el salvaje rock garage de inunda el Eclipse de febrero de 2019.

 
Sin perder la esencia de aquel Eclipse, The Sonic Dawn ha decidido explorar aún más sobre las ácidas aguas del pop psicodélico para crear un álbum denso y onírico titulado Enter the mirage, publicado en mayo de 2020 a través de la disquera Heavy Psych Sounds Records. Las guitarras lisérgicas y las múltiples voces llenas de ecos que escuchamos en la inicial "Young love, old hate" nos amenazan con lo que escucharemos en el resto del material: canciones breves y directas donde el viaje hacia el interior del ser a través de la alucinógena música provocará el cambio de percepción de la realidad entre cientos de colores y distorsiones que nos harán dudar de lo que observamos alrededor de nosotros.

El primer single del cuarto álbum del trío danés es "Hits of acid", un track de suaves melodías que sin lugar a dudas nos ahora en una atmósfera vintage de psicotrópicas guitarras colocadas en reversa, teclados profundos y arco iris liberados sin remedio. Inmediatamente después recibimos una dosis de garage lisérgico por medio de la infecciosa "Loose ends", pero de manera inesperada una guitarra acústica azota las bocinas hasta que los teclados nos retornar al aire psicotrópico del álbum, logrando así que "Children of the night" nos ofrezca una riqueza sonora más allá de las obvias influencias de la banda. 


En el álbum se saborea la esencia sonora de gente como Jefferson Airplane o Strawberry Alarm Clock, pero Enter the mirage tiene el suficiente espacio para desarrollar ideas frescas sin perder su gusto por los sonidos retros de melodías sosegadas bajo efectos psicotrópiocs que provoquen la introspección. La onírica "Shape shifter" sobrevuela los abismos internos de manera tenue hasta contraponerse a sí misma con un final más crudo, algo que nos sorprende tras la escucha de la funky "Join the dead" con aquellos  arreglos de teclado en manos del sorprendente Erick Errka Petersson de Siena Root

Asimismo, el material discográfico provoca el viaje alucinógeno sobre antiguas y misteriosas tierras como ocurre con "Enter the mirage", tema que le da nombre al disco entre místicos acordes orientales que por instantes recuerda algunas cosas probadas por la etapa ácida de The Byrds o por el primer álbum de Kula Shaeker. De todos modos, el cuarto álbum de The Sonic Dawn ofrece múltiples opciones para lograr un retorno al verano del amor, ya sea a través de "Sun drifter" y su contradictorio encuentro de guitarras acústicas y atmosféricos teclados o con "UFO" y su obvio pasaje cósmico de suave melodía que sabe alcanzar una intensidad gravitatoria mientras expresa un plegaria para retornar a casa y colocar los pies de nuevo en la tierra.  


"Déjame decirte algo
porque he visto el final:
hay ciertas reglas en el mundo
que ni siquiera el dinero podrá doblar.

Estamos sellando todas nuestras salidas,
cerrando todas nuestras puertas,
no hay vuelta hacia atrás y no hay salida nunca más.

Levántate todas las mañanas,
llega a tiempo al trabajo.
Pierde otro día,
Es sólo otro precio que tienes que pagar.

Desperdiciando todos tus momentos
moliendo en los engranajes
de alguna gran máquina...
éso te ha llevado a todos tus mejores años

Estamos atrapados.
Nunca saldremos vivos de aquí.
Un alma en sacrificio
sólo esperando morir"

Para comprender todas las posibilidades sonoras del Enter the mirage, escuchar "Soul sacriface" puede ser la mejor opción. Tras su alucinante introducción de teclados ambientales en las manos de Erick Errka Petersson y una onírica línea de guitarra, el track rompe nuestros sentidos con un ritmo tribal que invita al baile mientras entregamos el alma. Mientras la batería sostiene el contagioso tiempo, el bajo juega sobre el soporte sonoro, la guitarra hace sus rasgueos cortantes y el teclado provoca la ensoñación lisérgica. Algo que es necesario destacar es aquel solo de guitarra atascado de efectos y opciones que tan solo aprovecha la venenosa melodía que la banda ha creado mientras los misterios de la muerte son revelados.


Sin lugar a dudas, Enter the mirage reafirma el estilo de The Sonic Dawn, quienes bajo la estética vintage del pop psicodélico, han construido un viaje lisérgico de diez temas que muestran las diversas posibilidades del género para crear distintas atmósferas introspectivas. Más allá del sonido, el trío danés ha desarrollado un universo lírico propio donde podemos observar un puente multicolor entre la realidad y la fantasía, colocando el énfasis en el deleite y el goce de la vida más allá de la reflexión frente al esfuerzo cotidiano. The Sonic Dawn no es una sorpresa, es una referencia obligada de la nueva psicodelia del siglo XXI.


miércoles, 27 de mayo de 2020

Vitskär Süden : el lento rastro del temor y la obscuridad


Los senderos de la sonoridad son múltiples gracias a que éstos tratan de reflejar las infinitas posibilidades que ofrecen los sueños, las memorias y el pensamiento. Quizá un recuerdo, quizá una vivencia o quizá un instante pueden servir para la inspiración y la música se desarrolla hasta crear una escena propia más allá de aquello que sirvió de soporte. Como si fuera un guión, el ruido toma forma y se materializa en un ente, en una atmósfera, en una obscura historia...

Hace unos días fue publicado el álbum debut de Vitskär Süden, una banda originaria de Los Ángeles que merece ser degustado de manera detenida y pausada. Su propuesta sonora está basada en la creación de ambientes sombríos a partir de tenues capas que se sobreponen una tras otras hasta construir un dulce velo hipnótico de oníricos resultados y sombrías esencias. Su magia nace de aquella ciudad que le da la espalda al desarrollo tecnológico para mirar al cielo mientras cae la noche sobre el desierto californiano, aunque la inspiración surge de la imaginación literaria de la llamada "weird fiction" que han confeccionado escritores como Robert W. Chambers con su The king in yellow hasta Laird Barron con su The imago sequence & other stories.


Vitskär Süden nace del encuentro musical del bajista y vocalista Martin Garner con el baterista Christopher Martin luego de dos décadas de coincidencias y trabajo sonoro compartido. A ellos se unieron los guitarristas Justin Goldberg y TJ Webber logrando así el equilibrio entre armonía y ritmo que distinguen a la agrupación entre largos pasajes atmosféricos que rondan entre el introspectivo rock progresivo y la psicodelia mística.

Más allá de la tenue luz que tratan de provocar temas como "Ice & haze" con sus escalofriantes juegos vocales o los intensos ecos y reverberaciones de "Painted faces",  el debut de Vitskär Süden es una mezcla entre ciencia ficción con historias de terror y fantasía que construyen una densa atmósfera ahogada en largas pesadillas y misterios interminables. La inicial "War machine crimson" con aquel bajo saturado y guitarras distorsionadas parecen marcar un camino de sonidos agresivos controlados por el velo de los sueños terribles, algo que continúa en la estremecedora "Blue alley filth" con sus sintetizadores y frías voces, pero cuando llegamos a "Dark passages" con aquella estela de  sombríos pasajes sabemos que el álbum nos mantendrá bajo ese sosiego del que será imposible desprenderse. Los sonidos insistentes de "Heatens" buscarán otorgar al disco un dinamismo más allá de la sensación general de desesperación y obscuridad, pero al escuchar la concluyente "Dawn of the monolith" terminamos por comprender que el anhelo por escapar de la melancolía y el temor no llegará junto con las primeras luces del amanecer.


"Una reserva final para encontrar algo de paz.
El pacto está roto, la respuesta yace debajo.
Perplejo, temores sinuosos.
El agua golpea tu cuello goteando a través de la cocina
entrando al final.

El término de la locura.
Los vestigios de uno mismo.
Girando al blanco y oro.
El martillo encuentra al clavo.

Adulación temerosa, un caparazón temporal
¿Es ésta la vida que dejas detrás?
¿Es ésta la vida que perdiste?
Una deidad abandonada.
El pasajero, él la rescató.
El buzón aún está vacío.
El rastro del caracol."

Vitskär Süden escogió como tema promocional a la sombría "Trickle of the snail", efectivamente un track de paso lento como el avanzar de un caracol sobre el suelo. De manera irónica, en su trabajo visual que acompaña el lanzamiento podemos observar un sobrevuelo que muestra el follaje de un gélido bosque mientras los sonidos hipnóticos se van levantando hacia ambas posibilidades de la estereofonía entre los lamentos de una guitarra y un ritmo que hechiza y jamás levantará el vuelo. Y aunque el tema no podrá explotar en plenitud, en el track podemos detectar rabia en ciertos acordes y en algunos golpes que marcan su tiempo, pero el velo de los sueños y el temor caerá sobre nosotros como una pesada losa que tendremos que cargar eternamente sobre nuestra espalda.


Las texturas del álbum debut de Vitskär Süden son lo bastante densas para atemorizar al más valeroso escucha, pero al mismo tiempo lograrán extraviar al más experimentado viajero sonoro. Quizá encontremos la brújula ideal en aquella literatura que habla sobre terrores cósmicos y horrores ocultos ante la grandiosidad de nuestro planeta, pero si de algo podemos estar seguros es que será imposible eliminar esa desazón que se respira a cada surco de este material discográfico. Su escucha no es sencilla, pero la primera prueba a Vitskär Süden nos servirá para saber hasta dónde tenemos la capacidad para vacilar entre la zozobra y los oníricos pasajes que provocan las lentas pesadillas que resguardan nuestra memoria...


lunes, 25 de mayo de 2020

Modulator II : el estridente final del Universo


Una sonora tormenta eléctrica cae desde el cielo mientras su anuncio de relámpagos multicolores deslumbran la obscuridad de la noche cósmica. Un transbordador espacial ha posado su metálica estructura sobre terreno desconocido con la intención de desarrollar su estridente estética sobre aquel hostil paraje. Cuatro psiconáutas aprovechan la furia de sus galvánicos instrumentos para implantar su cromática huella mientras crean a su alrededor una hipnótica atmósfera aunque la llegada de la inminente Gran Colapso comienza a reflejar sus destellos fulminantes...

La psicodelia estridente francesa ha encontrado en Modulator II uno de sus principales exponentes, banda de áspera música lisérgica que aprovecha los sonidos lo-fi y la rabia de los pedales fuzz a tope para crear un fuerte viaje cósmico entre neuronas saturadas y galaxias olvidadas. Ahora tenemos la oportunidad de reventar nuestros tímpanos con su segundo álbum titulado Slivered hearse, material publicado en abril de 2020 y editado por la etiqueta inglesa Stolen Body Records.


Teniendo como base de operaciones un ático en la pequeña ciudad de Melun, Modulator II grabó su segundo álbum bajo la lógica DIY en una vieja consola Tascam 388, una máquina que se distingue por registrar las grabaciones de manera directa en cintas de carrete abierto. Con un bunker propio para trabajar tranquilamente con su sonido, la banda francesa confecciono un material lleno de reverberación y viejas referencias sonoras sobre lo cósmico y exploración espacial, algo que se puede detectar desde la inicial  "The big crunch", un track de tiempo lento y ritmo cortado que poco a poco toma el rumbo hacia el centro del universo para mostrarnos la gran implosión que marcará, de manera irónica, el final de todo lo que conocemos.

Sin lugar a duda, Slivered hearse es un álbum hipnótico donde el escucha se puede perder fácilmente, pero una vez que es comprendido esta mezcla ecléctica entre la estridencia de Ty Sygall con la imaginación galáctica de King Gizzard and the Lizard Wizard y un poco de magia lo-fi al estilo de Uncle Acid and the deadbeats para obtener un ruido combo que efectivamente logra provocar el despegue de los nuestros pies hasta expulsarnos de la estratósfera. "Modulation" sirve como himno obligatorio para todo lo que es la banda francesa gracias a sus insistentes notas bajo aquella tormenta de fuzz, aunque el tema halla sido trabajado originalemente bajo el alter-ego de Dusty Mush; aún así quizá "Grey Matter" es donde nos queda aun más claras las intenciones de Modulator II de lo que es su space rock inspirado en el garage y el hard psych sucio.


Slivered hearse contiene tracks venenosos como la incontrolable "Uncanny valley" con aquella linea adictiva de bajo en manos de la bella Mäelle Puligny que terminan destrozadas por las eléctricas armonías disonantes de la guitarra de Romain Duplessier. Sin embargo, cuando escuchamos "Odd harmonic partials" en manos de los místicos sonidos expulsados por el sintetizador modular y las percusiones de Cédric Bottacchi, sabemos que este álbum tiene como punto de referencia la estética sonora de 2001: A space odyssey, el mítico clásico del cine dirigido por Stanley Kubrick.

Aún con todo lo descrito hasta aquí, el segundo álbum de Modulator II contiene momentos que nos devuelven la respiración como en la aletargada "Stopover commander" con sus baterías violentas, lo que al mismo tiempo logra mantener esa atmósfera apocalíptica y de destrucción definitiva del universo. "Solarzed" nos retorna al garage rasposo que ha servido de inspiración interpretativa mientras nos demuestra como los cortes y las pausas pueden servir como herramientas perfectas si la intención es lograr remarcar al sonido como si se tratara de una contraposición perfecta. De la misma manera, "Extinction" nos somete a esa extraña mezcla entre surf y cosmos que el fuzz extremo ha construido a su alrededor como referencia sonora para ambos conceptos, aunque este track tiene la capacidad de romper los prejuicios gracias a sus rabiosas figuras.


El segundo álbum de Modulator II cierra con el tema que le da nombre, una oda escandalosa donde la distorsión nos toma por asalto para abandonarnos a la mitad del espacio sideral ante la ausencia de gravedad. En su trabajo visual que ha sido lanzado como forma de promoción, podemos observar una lluvia tecnicolor ahogada en múltiples colores y una baja calidad, lo que nos remite a la vieja psicodelia; pero lo interesante es como dentro de la saturación de imágenes y luces podemos detectar un mismo concepto sobre universos paralelos y su posible intercomunicación a través de agujeros negros transformados en portales, quizá planteados como una posible escapatoria ante la conclusión de nuestro espacio conocido. Las voces saturadas ahogan las bocinas mientras las guitarras desgarran las neuronas bajo un ambiente de desintegración como si la banda francesa quisiera explicar con sonidos lo que significa un cuerpo celeste atravesando lo que se conoce como "horizonte de sucesos".


La pandemia mundial que azota a este planeta ha provocado que no podamos saber cómo se escucha el Slivered hearse sobre los escenarios de manera directa y sin el cuidado técnico del estudio de grabación, pero bien sabemos que Modulator II se resguarda la espalda al sumar en su fórmula a Ben Firtion como guitarra de acompañamiento. Mientras la oportunidad de vivir esta experiencia llega, es necesario recorrer los estridentes pasillos que la banda francesa ha construido con su segundo material hasta lograr comprender su mensaje de destrucción en este plano de realidad y su posible escapatoria a un universo alterno...


miércoles, 20 de mayo de 2020

Baardvader : una cruda promesa desde La Haya


Extraños ruidos se filtran por nuestras bocinas como si fueran los lamentos de algún ser que se encuentra a la lejanía, quizá una bestia eléctrica que clama por atención a la mitad de la noche. Sin embargo, los sonidos cesan mientras una figura sombría de bajo entona una melodía concreta que termina por ser una colosal armonía de poder destructivo una vez que la guitarra se suma a su canto. Tras este encuentro sonoro de contradicciones que se complementan, nuestra atención queda atrapada y tan sólo resta el deseo por saber quiénes son los culpables de esta venenosa sensación.

Así es como comienza el primer disco de Baardvader, un áspero trío de La Haya, en los Países Bajos. Más allá de toda la pléyade de bandas que han utilizado como fuentes de inspiración el hard rock obscuro de los 70's para hacerlo coincidir con algunos sonidos de los 90's como el grunge, el stoner desértico y el llamado rock alternativo, estos chicos saben tomarte de las manos para llevarte por un paseo denso donde las atmósferas son claramente definidas a pesar del sentido contrario que las distingue a cada una; permitiendo de la misma forma que todo tome sentido hasta sumergirte en las sensaciones que buscan despertar.


El homónimo álbum debut de Baardvader fue presentado el último día de enero de 2020 y en él se puede encontrar una colección de ocho canciones poderosas con melodías bien definidas entre sí donde podemos pasar de ambientes ahogados de zozobra para terminar desgarrados por armonías potentes llenas de rabia. Las concretas voces de J. Aron funcionan de contrapeso para sus guitarras, las cuales pueden ofrecer un fuzz vibrante, un wah pantanoso o una cósmica figura de fugaz paso. Las percusiones en manos de Koen sirven de acompañamiento perfecto gracias a los golpes precisos necesarios en la intención de la banda para hacernos comprender los cambios rítmicos y sus distintos ambientes sonoros, pero es en el bajo de J.P. donde podemos encontrar el soporte que nos sirva de faro en la navegación dentro de las densas aguas del álbum.

Luego de la mística bienvenida que nos ofreció "The great escape" donde queda de manera clara las intenciones de Baardvader, la banda nos comparte "It's all over", un track de riff onírico que logra sumergirnos en un denso abismo lleno de melancolía que finalmente es dinamitado a través de una serie de acordes furiosos. Bajo esta misma estética sonora, el trío neerlandés logra construir espacios sonoros llenos de misterio y frialdad como en "Rewind" que terminan explotando por los aires con fuerza y determinación con riffs directos y sin contemplaciones como en la desbocada "Toxins" y su imparable carrera hacia el vacío.


Sin duda, Baardvader es un álbum lleno de tensión que es liberada a la más mínima provocación, por lo que la agrupación tiene bien definido como concepto el crear atmósferas de sonido controlado que terminan derribadas por ásperos acordes con pocas posibilidades de retorno. "Falling down" trabaja muy bien esta idea a partir de sus estrofas que emplean las notas limpias bajo un silencio amaestrado hasta que llega el estribillo para acabar con los tímpanos con su rabioso lamento y la distorsión hasta el tope de resistencia para nuestras bocinas.

El álbum se acerca a su finalización con la extraña "Reclaim your mind" y su línea angustiosa hecha por medio de un teclado, misma que termina pisando una granada para ser fragmentada en mil pedazos con una violenta tormenta de asteroides que nos cae desde el cielo; aunque es necesario rescatar ese solo de guitarra dividido en los dos canales de nuestra audición para demostrarnos el buen trabajo logrado en el estudio de grabación. Para cerrar, Baardvader nos abandona ante la ausencia de gravedad de su "Watching him", un track certero que contraresta la rabia escuchada durante todo el material a través de una melodía entrecortada que equilibra fuerza y paciencia hasta lograr un ambiente onírico de reminiscencias estelares.


Uno de los temas que más llaman la atención del debut de Baardvader es la lisérgica "Walking on the moon", track basado en la tóxica figura de guitarra ahogada en un wah que al llegar a la segunda parte de su estrofa se parte en dos a cada lado de nuestro audiorama. Sin perder la esencia del estilo construido por los neerlandeses, el tema baja la intensidad con un cósmico arpegio que es destruido por el coraje de unos acordes desgarradores. "Walking on the moon" es poderosa y al mismo tiempo nos muestra de todo lo que es capaz Baardvader, pero quizá sea escuchamos su solo de guitarra cuando comprendemos su poder interpretativo que logra al penetrar las neuronas para hacerlas explotar sin remedio.


El álbum debut de Baardvader es tan sólo una muestra de todo el potencial que tiene el trío de La Haya en su poder, y aunque el álbum termina repitiendo la misma fórmula durante sus de duración, el material contiene instantes sorprendentes que bien pueden servir de guía para un próximo disco con mayores posibilidades. Por lo pronto, es necesario recorrer de manera pausada los senderos que nos ofrece este primer registro si uno desea descubrir sus secretos, pero ello requiere paciencia para no quedar atrapado con un estilo definido que por momentos invita al abandono.


lunes, 18 de mayo de 2020

Sky Valley Mistress : arenas del desierto sobre Lancashire


Si existe un estudio de grabación con una gran mística alrededor de él gracias a lo que se ha registrado ahí y, sobretodo, a la magia del lugar donde se encuentra ubicado, es Rancho de la Luna. Tres casas en el desierto a unos cuantos pasos de Joshua Tree, California fueron el refugio perfecto para varios jóvenes exiliados del bullicio de la ciudad de Los Ángeles, pero ese espacio terminó convirtiéndose en el lugar perfecto para registrar lo que una pequeña escena sonora estaba haciendo para salir del fastidio y el calor.  Fred Drake y Dave Catching construyeron un lugar de retiro que sería ideal para dejar constancia de los sonidos de una generación inspirada en el punk rock y la influencia del desierto, logrando así la creación de materiales fundamentales para la historia de la música áspera hechos por gente del calibre de Kyuss, Chris Goss, Mark Lanegan, Queens of the Stone Age y las míticas Desert Sessions, organizadas por el pelirojo Josh Homme.

Tras aquella explosión de experimentación y posibilidad de expresión sin restricciones, muchas bandas se han acercado con la intención de capturar la esencia del desierto y sumarlo en su propio sonido, ya se como medio dotar de ingredientes probados y gustados previamente, así como también como una forma de escapar del rigor que un estudio de grabación convencional ofrece. Fred Drake ya no se encuentra en este plano de la realidad, así que el obvio anfitrión es Dave Catching, guitarrista que es reconocido por su participación con Eagles of Death Metal, junto con Jesse Hughes. Este pequeño rincón del mundo es lo que ha servido de inspiración y refugio para Sky Valley Mistress.


Cuatro chicos de la ciudad industrial de Blackburn, en el condado de Lancashire, Inglaterra, crearon una banda con la intención de recuperar aquel sonido áspero de principios del presente siglo que algunos han bautizado como stoner (a renuencia de quienes lo crearon) para alimentar su hard rock hecho en inspiración a la agresividad sonora de gente como Black Rebel Motorcycle Club o Royal Blood. Así es como comienza la historia de Sky Valley Mistress y su camino hacia aquel paraje resguardado por las arenas.

La banda inglesa se acercó a Dave Catching para grabar su álbum, lo que provocó el viaje de Sky Valley Mistress al Rancho de la Luna. El resultado se puede palpar de manera inmediata gracias a aquel tufo al primer QOTSA con aquel extraño concepto sonoro de robot rock mientras cada track nos ofrece un sonido crudo e insistente que termina enamorado gracias a la voz de la hermosa "Hell Kitten", Kaylen Davies. De esta manera es como tenemos la oportunidad de escuchar el resultado final de esta experiencia bajo el nombre de Faithless rituals, el álbum debut de la banda publicado por New Heavy Sounds.


Faithless rituals es un álbum directo que sabe alimentar su potente hard rock sucio como la aspereza del stoner arenoso, lo que permite confeccionar un álbum adictivo con diversos matices que al mismo tiempo tiempo logran exhibir la capacidad interpretativa de cada uno de sus integrantes. El primer golpe es su frenética "You got nothin'" con aquella figura sostenida que tras varios minutos se da la oportunidad de tomar un respiro hasta casi alcanzar el silencio absoluto para observar lo que oculta el desierto bajo el poderoso influjo de las estrellas y la magia india. Una vez declaradas las intenciones, la áspera guitarra de Sean "Starsky" Berry construye una melodía rabiosa llamada "Lost in shock" que bien sabe acompañarse de un sólido ejército de cuerdas electrificadas imposible de derrotar mientras nuestra mente vuelva ante la tormenta de arena que lo satura todo a nuestro alrededor.

Más allá de lo que podríamos esperar, el álbum debut de Sky Valley Mistress se permite ofrecer cosas místicas como "It won't stop" con su estilo rastrero que sirve de metáfora perfecta para el arrastrado paso de una víbora sobre el suelo desértico que espera el momento ideal para lanzar su venenosa mordida. De la misma manera, "Blue desert" trata de reflejar aquella esencia hipnótica del lugar que abraza al Rancho de la Luna para crear un largo tema que irremediablemente hechiza hasta lograr su explosión. Sin embargo, Faithless rituals se distingue por sus melodías rasposas donde la insistencia de la batería de Maxwell Harvey Willian Newsome III nos golpea como una lluvia de meteoritos como ocurre en la poderosa "Punk song" con su paso contundente o en la intensidad de "She is so" con sus sorprendentes guitarras distorsionadas, sin olvidar la concluyente "Electric church" con su obvia referencia al track inicial del Songs of the deaf de QOSTA con aquellas imponentes y aceleradas líneas de bajo a cargo de Russell.

El primer single del Faithless rituals es "Skull & pistols", track que cuenta con la guitarra de Dave Catching y un trabajo visual que nos muestra un poco de la magia que significa grabar en el Rancho de la Luna con esta leyenda viva. Un bajo ahogado en un áspero fuzz  marca la línea melódica mientras la batería golpea con rabia en un intento por seguir aquel ritmo furioso. La voz de Kaylen Davies nos toma de la mano para mostrarnos los cielos púrpuras de los atardeceres desérticos hasta que el hechizo del primer stoner se filtra por las bocinas entre sonidos desgarradores que saben aprovechar el silencio para tomar fuerza y lanzarse como un poderoso bólido sobre los olvidados y polvorientos caminos de desierto californiano. Mientras la constancia gráfica nos comparte la experiencia de Sky Valley Mistress que vivió para registrar su álbum debut, el tema explota en nuestros oídos logrando un salto en el tiempo para recordar los primeros sonidos que fueron grabados en el mítico estudio.


Tener la oportunidad de grabar tu álbum debut en un lugar tan respetado como el Rancho de la Luna es algo que poco pueden presumir, y quizá sea que este detalle es el que permite al Faithless rituals recuperar un poco de la esencia de un sonido que distinguió un momento específico del hard rock áspero, mismo que ha servido de inspiración para muchos en la última década. Sky Valley Mistress no termina haciendo un tributo al rock desértico, pero bien sabe destilar aquel ruido para aderezar a su propuesta y lograr así una colección de temas venenosos llenos de intensidad que requieren ser digeridos con paciencia si se quiere descubrir cada uno uno de los elementos que la conforman, mientras esperamos que el tiempo nos permita saber cómo se escucha este material sobre los escenarios...


miércoles, 13 de mayo de 2020

Lowrider : el bello retorno de una áspera leyenda que mira al cielo


En el año 2000 se publicó un áspero álbum que con el tiempo se convirtió en referencia obligada para el rock desértico, el stoner y todas sus derivaciones en Suecia hasta convertirlo en un material fundamental para el desarrollo de dicho sonido en todo el mundo. Ode to IO es toda una leyenda dentro del fuzz rock y tras veinte años de reventar bocinas, muchos se siguen acercando a este disco para retomar su estilo e inspirarse para crear nuevas cosas. Se puede escribir sin temor que Lowrider es la banda pionera dentro del arenoso género y que luego vendrían otras importantes dentro de distintos estilos como Truckfighters, Graveyard, Monolord o Greenleaf. Sin embargo, no todo ha quedado en esa joya del desierto... la mítica alineación ha regresado!!

Aunque formalmente Lowrider se reintegró en 2013, es hasta febrero de 2020 cuando tuvimos noticias discográficas del cuarteto de Estocolmo. Bajo el nombre de Refractions encontramos un álbum publicado por Blues Funeral Recordings que demuestra la maduración del grupo a través de poderosas melodías que han sabido transformar aquel rock desértico de vena pura heredero de legendario Kyuss que los llevó a publicar un split con Nebula para crear un denso paseo por los estridentes pasillos del stoner metal. Quizá sea una sorpresa para quienes esperaban una obra directa que se refugiara en un sonido comprobado y celebrado, pero Lowrider se ha arriesgado y ha trabajado para crear un disco impresionante que cosecha lo hecho en su país luego de haber sembrado las semillas hace veinte años.


Los poderosos riffs de Lowrider están ahora encaminados ha crear colosales armonías que saben tomar múltiples rumbos más allá de las atmósferas desérticas que colocaron a la banda bajo los reflectores hace dos décadas. Con la confianza de una agrupación reconocida, el cuarteto de Estocolmo han hecho de su Refractions una plataforma ideal para expandir su propuesta sonora hacia las posibilidades estilísticas que nuestra época permite y disfruta. Los tiempos han cambiado y éso permite al grupo explayarse en largas atmósferas instrumentales de múltiples posibilidades, en densos ambientes hipnóticos que saben aprovechar otros sonidos más allá de la fundamental distorsión fuzz, en vibrantes melodías infecciosas que entran al torrente sanguíneo para envenenarlo y hacerlo adicto al sonido y al ritmo propuestos.

Refractions es una obra de tan sólo seis tracks, pero cada uno de ellos contienen un desarrollo propio que bien podrían ser consideradas como pequeñas piezas compactas con una historia qué contar, quizá una colección de suites construidas por diversos movimientos que saben mostrar distintos audioramas dentro de su integridad. Al igual que aquella mirada que observa a los distintos objetos que se muestran ante ella mientras encuentra sus relaciones subyacentes, nuestro oído se afina para seguir el sendero que propone Lowrider con su regreso.


El álbum comienza bajo la escucha de los áridos sonidos referenciales de "Red river", un track potente de acordes desgarrados y constantes que brindan la perfecta posibilidad para que un solo de guitarra ahogado en wah se explaye con toda su esencia lisérgica, pero ya en su misterios puente podemos detectar algunas experimentaciones más allá de lo hecho por la banda en Ode to IO y más cercano a los sonidos de esta década. Quizá de la misma forma, "Ol' mule Pepe" nos ofrece aquel stoner desértico que distinguió a Low Rider hace vente años, aunque ahora los suecos le suben a la potencia hasta acercarse a los terrenos del metal sin perder aquel toque arenoso, algo que queda demostrado cuando detectamos la capacidad que tiene el cuarteto de cambiar de melodía sobrepasando los límites que se ha impuesto el propio género con su atmósfera hipnótica.

 Ahí esté el estilo que consolidó a Lowrider, pero Refractions tiene mucho espacio para construir nuevos sonidos que llevaran al álbum a convertirse en una nueva joya. Desde el riff hechizante y electrónico de "Sernanders krog" que logra mantener una zozobra a su alrededor a través de distintas modificaciones armónicas y una cósmica explosión final hasta la contagiosa figura que soporta a "Sun devil / M87" con su fuerza rabiosa que poco a poco toma su forma para crear un sostenido ritmo venenoso que olvida las voces para dejar que el bajo vibrante de Peder Bergstrand construya su armonía y la guitarra de Ola Hellquist nos tome de la mano por un viaje entre nuestras neuronas intoxicadas. Pero si aún esto fuera poco, el disco cierra con la alucinante "Pipe rider", track que inicia con una constante percusión en manos de Andreas Eriksson que termina quebrándose por los acordes sostenidos de Niclas Stålfors  hasta que la propia melodía comienza ha recorrer distintos trayectos que saben mantener nuestra atención durante sus once minutos y medio de duración entre figuras improvisadas, ensoñaciones constantes y un abandono final ante la ausencia total de gravedad.


Los tambores entonan un ritmo tribal que es transformado por el lamento de una guitarra que guía el canto doloroso sobre Ganimedes, el satélite más grande del sistema solar que acompaña a Júpiter que recibe su nombre tras aquella leyenda griega de amor entre Zeus y un príncipe troyano. La danza planetaria se muestra ante nosotros mientras la melodía juega un influjo hipnótico hechizante que aprovecha cualquier oportunidad para golpearnos. Tras un silencio intrigante, la guitarra toma el control para ofrecerse en sacrificio mortal y un mágico teclado logra filtrase para enamorarnos con sus figuras. Aún así, "Ode to Ganymede" tiene la capacidad de modificar su estructura para mostrarnos una cara más violenta en un giro inesperado hacia el final de su órbita, una furiosa colección de acordes que asemeja la caída de una lluvia de asteroides y nos recuerda los terribles impactos que ha sufrido el satélite sobre su superficie.


Refractions no sólo es el retorno de una banda de stoner y rock desértico, es la muestra fehaciente de lo que puede hacer un grupo cuando rompe con las cadenas de un estilo y se permite mirar al cielo en búsqueda de nuevos sonidos que alimenten lo alcanzado. Sus posibilidades son múltiples y las melodías contenidas en su interior son una colección de furiosas pero hermosas estructuras que enamoran mientras nos desgarran las neuronas, quizá una serie de armonías que hipnotizan y nos despiertan de manera abrupta con un golpe certero. Efectivamente, tuvieron que pasar veinte años para que Lowrider lograra esta obra maestra, pero todo este tiempo ha valido la pena...