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miércoles, 7 de noviembre de 2018

1968 : un ruidoso embrujo inglés


Quizá existan muchas fechas importantes dentro de la historia, pero es muy probable que son acasos los años trascendentales y mucho más dentro de los tiempos modernos. Ha la luz de cincuenta años transcurridos, 1968 se distingue por ser ese periodo de tiempo caracterizado por la lucha juvenil, aquella que comenzó con el intento algunos bohemios por retar a la autoridad y denunciar la tecnocracia pero que terminó bajo los horrores de la guerra de Vietnam, la represión militar y la terrible resaca tras la experimentación psicotrópica. Aunque se develaron nuevas formas de comunidad, nuevas costumbres sexuales y nuevas formas estéticas, la obscuridad se posó sobre el verano del amor para mostrar la cara maldita del vicio, la confusión y el control férreo. 

Ante la depresiva imagen de la realidad tras la desilusión del sueño lisérgico, 1968 sirvió como plataforma ideal para conformación de nuevos sonidos que poco a poco acapararon el gusto de los melancólicos y horrorizados jóvenes. El hard blues electrificado por Hendrix y Cream se encaminó hacia terrenos aún más espesos y sombríos, pero una vez que grupos como Black Sabbath y Pentagram aparecieron en la escena, todo se hizo abismal. Con este punto de referencial conceptual y auditivo, en 2013 se conformó una escandalosa banda bajo el amparo del mítico condado de Cheshire, Inglaterra con el nombre de 1968.


El casual encuentro entre el guitarrista Sam Orr y el vocalista Jimi Coppack se convirtió con el tiempo en una banda musical que tendría su soporte en los riffs ruidosos del hard rock más denso, haciendo coincidir en un mismo espacio la fuerza del grunge noventero con el desértico stoner californiano. El grupo presentó su EP debut en enero de 2016 con fuerte tufo a Soundgarden; pero cuando llegó Fortuna Havana un año después, pudimos escuchar un rabioso disco que añadía algunos vaporosos y narcóticos ambientes.

Los cambios de alineación ocurridos tras el lanzamiento de Fortuna Havana provocaron una transformación en el sonido de 1968, mismos que fueron registrados en diferentes estudios durante 2017 y 2018 hasta que conformaron Ballads of the Godless, primer álbum de larga duración de la banda que sería mezclado por Chris Fielding y Simon Jones, además de masterizado por Vagrant Recordings. La inclusión del bajista Tom Richards y el baterista Dan Amati permitiría a 1968 tomar un rumbo definido en su estilo y crear un disco de gran manufactura por medio de ocho temas concretos bajo una misma atmósfera auditiva.


La banda inglesa había ofrecido por medio de las redes sociales su "Temple of the acid wolf" como primera prueba del Ballads of the Godless, un misterioso track que definitivamente bebe de las pantanosas aguas de Alice in Chains; más allá de sus estridentes guitarras que desgarran los tímpanos sin piedad alguna. Sin embargo, al observar la imponente portada del álbum cuando fue publicado en junio de 2018, cualquier incauto podría esperar encontrar en su interior una colección de temas clavados en el hard psych que ha inundado la escena durante los últimos diez años; pero desde sus primeros acordes el Ballads of the Godless rompe con cualquier prejuicio para ofrecernos un material lleno de rock crudo con la convicción de mostrarnos los horrores ocultos por el peace and love de la filosofía hippie.

El primer álbum completo de los ingleses es multifacético:"Screaming sun" comienza con una figura onírica, pero a los pocos segundos se convierte en una tormenta de arena muy cercana al stoner metal a pesar de sus dulces coros que acompañan cada verso y "Chemtrail blues" es una cósmica melodía que tributa las lisérgicas armonías del hard blues eléctrico pero que al mismo tiempo busca terreno seguro en el stoner más ácido posible, mientras que la cerradora "Mother of God" es un jam instrumental clavado en el stoner más fundamental de inspiración astral. La etérea "McQueen" arranca con un ritmo funky muy digerible hasta que a la menor provocación se transforma en un arranque de rabia, pero su sonido contradictorio recuerda el ambivalente estilo de Stone Temple Pilots ya que los colores vocales de Jimi Coppack nos juegan un engaño al acercarse a los que tuvo alguna vez Scott Weiland; pero al enfrentarnos con "The Haunt", definitivamente encontramos una confesión hecha por 1968 sobre su herencia grunge.


Pero si lo que deseamos es tener en los tímpanos un tema que encapsule el estilo alcanzado por 1968 en su Ballads of the Godless, éste bien podría ser la inaugural "Devilswine". Un eco regresivo de ruido se escapa por la bocinas e inmediatamente un poderoso riff nos degolla de un solo tajo. Mientras sentimos la vibración del fuzz sobre el pecho, la imponente magia del tema nos envuelve hasta absorber las pocas neuronas que resistieron el primer embate. La batería se debate entre un ritmo aletargado y la furia de la figura creada por la guitarra y el bajo, pero al transcurrir los segundos cada instrumento encuentra su espacio hasta crear al unísono un infranqueable muro ruido mientras escuchamos el lamento de quien busca de manera desesperada la forma de salir de un hechizo, del influjo vertido por jeringa a las saturadas venas.


Hace mucho tiempo que las diversas bandas que han jugado con el stoner dentro de todas y cada unas de sus vertientes se habían olvidado de acercarlo con el grunge. 1968 no sólo lo ha hecho en Ballads of the Godless, sino que la banda británica da un paso más allá hasta crear un álbum alucinante que vibra en cada uno de sus acordes. El nombre del grupo quizá sólo sea un pretexto para llamar nuestra atención, misma que ya había sido atrapada previamente con la portada de este álbum, pero cuando sus tracks van explotando uno a uno por los altavoces sabemos que estamos ante una de esas bandas que tienen todo para ser una de las mayores revelaciones de los últimos años... estemos atentos al crecimiento de 1968!!

Página de bandcamp de 1968: https://1968band.bandcamp.com/album/ballads-of-the-godless



lunes, 5 de noviembre de 2018

The Hazytones : atravesando el umbral de la muerte


Tuvieron que pasar dos años desde aquel lisérgico y estridente álbum debut de The Hazytones, aquella banda que tomó como estandarte el poder del fuzz para crear una colección de himnos obscuros alrededor de ritos satánicos al borde del abismo. Hace unas semanas fue publicado Monarchs of oblivion, disco donde claramente el grupo canadiense decide atravesar el umbral de la muerte para divagar por los tétricos y olvidados terrenos del purgatorio.

Los cambios en The Hazytones han sido profundos. El guitarrista y vocalista Mick Martel ha intentando mantener en rumbo a su banda desde su conformación en 2015, pero en el camino han decidido renunciar el resto de los integrantes del trío originario de Montreal. Ahora tenemos como compañeros de fórmula al bajista Adam Gilbert y al baterista Victor Tremblay, elementos que han creado el soporte necesario para que el concepto sonoro de Martel de un paso hacia adelante sin el temor de perder su esencia ni tampoco quedarse estancado en lo logrado hasta el momento.


Si en el álbum debut del grupo tuvimos la oportunidad de escuchar densas historias que hablaban sobre personajes tentando a la maldad, los poderes ocultos y la muerte (reseña-review), hoy The Hazytones decide arrojarse al abismo para relatar lo que hay más allá del final de la vida. El resultado se encuentra completamente definido en Monarchs of oblivion por medio de sus odas crudas muy cercanas al primer doom y sus líricas llenas de referencias a seres espectrales en plena lamentación, almas perdidas en la incertidumbre del purgatorio y espíritus resignados a recibir su justo castigo en los fuegos eternos del infierno. 

Aquellos aquelarres basados en psicotrópicos viajes y ácidos bailes frente a una fogata ritual a la mitad de la noche han quedado atrás, tras el sacrificio dedicado al maligno, las almas inocentes vagan por terribles lugares de condena, perdición y obscuridad. Para recrear esta sombría atmósfera, el espectro sonoro hecho por The Hazytones en esta ocasión se ha tornado mucho más sombrío hasta confeccionar panoramas abismales y mórbidas escenas atascadas de dolor y penitencia.


La densidad sonoro que casi roza la zozobra en Monarchs of oblivion contrasta con la ligereza hipnótica del primer disco de The Hazytones, pero la belleza de este nuevo material se encuentra precisamente en dicho cambio conceptual. Sin dejar a un lado su pasión por la grabación análoga, la banda de Montreal nos ofrece un disco desgarrador que nos remite a los primeros momentos de conformación de metal como género, provocando que por momentos escuchemos obscuras melodías aletargas como "The beast" o temas furiosos de guitarras incisivas que atraviesan al igual que filosos cuchillos que podemos detectar en "The hand that feeds". Los canadienses no han olvidado su gusto por el blues más pantanoso y "The great illusion" lo demuestra, aunque su riff decisivo termina ahogándose en las referentes aguas de Black Sabbath.

Lo que eran dos temas independientes, una vez que se les dotó de lírica se convirtieron en dos caras de la misma moneda. Con el título que le da nombre al álbum, las hermanas siamesas "Monarchs of oblivion" nos permiten escuchar una consternada marcha de almas perdidas en el purgatorio que se encuentran en espera del perdón de sus pecados. La muerte ha abandonado en este lugar a dichos espíritus con su castigo pendiente, así que entre la gloria y la maldición, escuchamos los lamentos de quienes esperan el juicio final.


Aunque "Spit you out" podría servir de manera ideal como el track favorito del Monarchs of oblivion por su riff venenoso clavado en los sonidos obscuros del rock vintage sueco o la mística neblina sonora que han creado a su alrededor bandas como Uncle Acid & the deadbeats o Beastmaker, realmente es "Hell" el tema preciso que sirve para enganchar al primer incauto que ose pisar los terrenos del nuevo álbum. Su melodía es fuerte gracias a la fuerza vocal de Martel, pero sus afiladas guitarras son las que terminan por convencer a los amantes del  clásico heavy metal. Cambios de tiempo y juegos irónicos entre estridencia y reserva nos van sumergiendo poco a poco hasta lo más profundo del infierno, aquel lugar de castigo y tormento eterno donde erige su morada el maldito. Cuando escuchamos el solo de guitarra, el sonido se divide de manera mágica en su estereofonía mientras el bajo repta por el subsuelo y la batería mantiene los tiempos... el mejor momento sonoro del álbum sin lugar a dudas!!


Claramente Monarchs of oblivion es una metamorfosis, una transformación natural dentro de la evolución de The Hazytones. Los nuevos compañeros de fórmula que acompañan en este momento a Mick Martel quizá hayan formado parte de la mutación, pero sin lugar a dudas, el guitarrista fue quien decidió arrojarse al abismo para encontrar nuevas posibilidades estilísticas que enriquecieran a lo alcanzado por su grupo con se debut. Este segundo material es sólido y bastante desgarrador, por lo que se escucha no es sencilla y requerirá más de una vuelta para ir digiriendo su contenido. Tras la publicación del disco a través de la disquera californiana Ripple Music, los canadienses se han dedicado a presentarse por Europa; espacio ideal para afinar los temas en directo mientras esperamos que un día se acerquen a la América Latina...




miércoles, 31 de octubre de 2018

Killer Boogie : el aquelarre electrificado por el poder del fuzz


Killer Boogie es una de esas bandas a las cuales no se les ha dado su justo reconocimiento. Al ser un proyecto alterno de Gabrielle Fiori, el grupo ha sido considerado por unos como el hijo bastardo de Black Rainbows o de plano ha sido ignorado por otros. Lejos de cualquier tendencia, una de las primeras notas escritas por Earthquaker en el ya lejano abril de 2015 fue una reseña completa al Detroit (review), álbum debut de los italianos que logró despertar el gusto por el poderoso fuzz en su intento por recuperar la rabia de aquel sonido crudo creado por las bandas de hard rock directo y sin contemplaciones.

El tiempo ha pasado y ahora tenemos vibrando en los tímpanos el segundo material discográfico de la agrupación fincada en Roma. Bajo el título de Acid cream y publicado en marzo de 2018 por la disquera Heavy Psych Sounds Records (comandada por el propio Fiori), este nuevo álbum logra fusionar el rasposo sonido del fuzz de Blue Cheer con la acidez de la primera psicodelia y la electrificación del sentimiento blusero creado por Cream; sin dejar a un lado el estilo alcanzado en su debut a través del proto-punk de bandas clásicas como MC5 y The Stooges.


Para esta ocasión, Killer Boogie mantiene su soporte por medio de la unión de Gabrielle Fiori con quien fuera el baterista de Wisdoom Luigi Costanzo; pero ahora el grupo cuenta con la participación de Nicola Cosentino como su nuevo bajista. Una vez afianzado el trío gracias a sus presentaciones en grandes eventos como Desert Fest Berlin y Duna Jam donde comprobó la energía de sus nuevos temas, la banda se metió a los estudios de Point of View Records para grabar con el apoyo de Paolo Pierrelli en octubre de 2017 los once tracks que conforman el álbum.

Al bajar la aguja sobre los surcos del Acid cream escuchamos una explosión instrumental llamada "Superpusher '69" que de manera inmediata e innegable nos recuerda lo que ya escuchamos en Stellar prophecy y en Pandaemonium de Black Rainbows gracias a su tufo cósmico, pero al mismo tiempo encontramos sus diferencias a partir de sus acordes más crudos. Tras la pequeña introducción, Killer Boogie nos receta dos píldoras con la misma receta escuchada en Detroit gracias a sus guitarrazos viscerales, lo que en un primer momento produce una de decepción al escuchar una clonación de lo ya hecho sin mayor propuesta; aunque al prestar atención detenidamente a "Escape from reality" y "Atomic race" ya se pueden detectar algunos trazos innovadores sin escapar de su esencia.


No es hasta que los demoníacos tambores tribales de "Am I deamon" se escapan por las bocinas cuando realmente escuchamos un sonido más fresco dentro de la propuesta sonora de Killer Boogie, ya que su hard psych nos invita a bailar con su hipnótico ritmo mientras una densa neblina narcótica se posa sobre nosotros. Sin embargo, al llegamos a "Let the birds fly" con su lisérgico teclado y su ligera sombra blusera es cuando al fin tenemos un remanso que nos arranca los pies de la tierra y abre un universo de posibilidades al trío romano. A partir de este momento, Acid cream se permite jugar entre ritmos pop ("Dino-sour" y "The day of the melted ice cream") y el blues en todas sus expresiones (el negro sonido delta de "Mississippi" y hard blues eléctrico de "I wanna a woman like you").

Uno de los mejores tracks del Acid cream es la mágica "The black widow", aquelarre electrificado que nos narra la historia de la viuda negra, que envuelta entre sombras y obscuridad, espera que caigamos en sus redes mientras todo se derrumba a su alrededor. La noche toma el control y tan sólo la luna nos sirve de referencia ante la ausencia total de luz. La muerte se aproxima mientras el tiempo termina. Aquel espíritu maldito camina lento hasta caer en cuenta de su enfermedad, una locura que gira y gira en búsqueda de alguna manera de saciar su sed.


Demonios y brujas bailan en torno de la hoguera ritual mientras las guitarras explotan con una furia  incontrolable que nos obliga a entonar un agridulce canto de muerte y pasión. Fiori nos regala en "The black widow" quizá uno de sus mejores solos en muchos años mientras el bajo le sirve de soporte perfecto y la batería juega con su tribal ritmo de tambores y panderetas. Un pequeño coro nos obliga a recordar el "Symphaty for the devil" de los Rolling Stones, pero ubicado dentro de la mística atmósfera atascada de zozobra de su final cambio de melodía, nos provoca la remembranza de aquellas aves nocturnas entonando su tétrico canto a medianoche. Por si fuera poco, Fiori nos regala unas últimas figuras de guitarra sobre un tenue teclado hipnótico, logrando con ellas transportarnos a otras galaxias que jamás habíamos escuchado con Black Rainbows y mucho menos con Killer Boogie.


Acid cream es un disco muy degerible, pero para comprenderlo plenamente requiere de varias escuchas. Así como nos ofrece temas rápidos y directos, también se permite explotar nuevos senderos por medio de canciones más largas con diversos matices. Killer Boogie está buscando nuevas alternativas a su estilo, lo cual se agradece cuando escuchamos temas tan venenosos como "The black widow". La banda italiana le ha dado vuelta a la tuerca para crear un álbum más rico y variado, mismo que nos permite disfrutar de un Fiori más versátil e ingenioso. Es momento de permitir que el hechizo de Killer Boogie caiga sobre nosotros y soltemos el alma hacia sus parajes eléctricos...


lunes, 29 de octubre de 2018

Dunbarrow : el sombrío e introspectivo sonido noruego


La pequeña Haugesund es un referente cultural al sur de Noruega gracias a su festivales de cine y de jazz, sin embargo desde hace unos años ha aparecido en los mapas que sirven de referencia para los buscadores de sonidos obscuros inspirados en las primeras semillas del doom. Un grupo de jóvenes han transformado aquel lugar dedicado a la pesca de arenques y a la industria petrolera en una tierra maldita sobre una fría colina donde el mal anida, ahora ha tronado su nombre a Dunbarrow.

La historia de Dunbarrow comienza con cuatro amigos del colegio quienes deciden armar una banda de hard rock inspirada en Black Sabbath, Pentagram y en el mítíco Norrsken, grupo que dio origen a los dos referentes actuales de la movida vintage sueca: Witchcraft y Graveyard. Los guitarristas Kenneth Lonning y Eirik Ovregard, el baterista Sondre Berge y el bajista/vocalista Richard Chapell comenzaron su proyecto musical desde 2008 hasta que su cambio de residencia a la ciudad de Trondheim en 2011 los llevó a establecer su idea musical bajo el concepto de Dunbarrow. Sin embargo, la salida de Chapell en julio de 2014 conllevó en una transformación radical en el sonido de la banda.


Para ocupar aquel lugar vacío, el amigo de la banda Espen Andersen quien fungía como su ingeniero de sonido, se incorporó a Dunbarrow hasta logar darle una personalidad propia basada en su estilo de "cuenta-cuentos" que narra todas las tétricas líricas que habían sido compuestas originalmente por Chapell. Con la finalidad de darle mayor concentración al vocalista, Sondre Berge se convirtió en el bajista del grupo y llegó a los tambores Kim Henry. Finalmente, y con esta alineación de cinco integrantes, Dunbarrow publicó su álbum debut homónimo en enero de 2016 con un resultado favorable gracias a su misteriosa atmósfera sonora y sus historias llenas de seres obscuros y demonios malditos.

El tiempo ha pasado y en septiembre de 2018 el grupo ha presentado su Dunbarrow II, un álbum que mantiene aquel sonido ya característico del quinteto pero con un cambio muy claro en las temáticas abordadas durante sus nueve tracks. Richard Chapell sigue muy unido a la historia del grupo noruego, ya que nuevamente fue el encargado de escribir las letras de la mayoría de los temas del nuevo álbum bajo la idea del amor y la desesperación del hombre como individuo; aunque en esta ocasión el toque de zozobra lo otorga las ideas inspiradas en Carl Jung sobre el reconocimiento de los lados obscuros propios y el desarrollo de las sombras en algo que se puede controlar.


Dunbarrow II fue grabado durante los últimos días del 2017 bajo la producción técnica de Christer Cederberg, reconocido por trabajo con Anathema y Tristania; sin embargo, fue el propio Espen Andersen quien nuevamente fungió como ingeniero de sonido y mezcló el material obtenido en las sesiones de grabación. El sombrío sonido vintage que escuchamos en su debut alcanza en esta ocasión un clara definición en cada uno de los instrumentos sin perder su obscura magia distintiva, logrando además cambiar aquellos riffs basados en acordes concretos en unos soportados en figuras incisivas como anzuelos que permiten romper la monotonía que por instantes pesaba sobre el primer disco.

Desde el momento que bajamos la aguja y por las bocinas se escucha aquel tétrico sonido insistente con el que comienza la inaugural "On your trail", sabemos que Dunbarrow ha dado un gran paso al frente sin perder su esencia inicial.  Dunbarrow II distingue por ser un álbum muy reflexivo al colocar a la mente humana bajo un análisis propio sobre los monstruos que se resguardan es un interior pero que al mismo tiempo son aceptados y hasta liberados como se escucha en la plegaria "Please let me be". Algunos temas pueden pasar de una dulce melodía en desgarradores lamentos como en "Ode to the moon", aunque la vibra principal del disco gira entorno a una mezcla entre un hard folk obscuro y los primeros momentos del doom como queda de manera demostrada en "The demon within". 


El segundo disco de Dunbarrow es claramente una continuidad de su debut, y bien se puede demostrar en la construcción melódica de "Weary lady" que persigue algunos trazos de uno de sus primos singles "Lucifer's child", aunque "Witches of the woods, pt. II" confiesa de manera obvia el seguimiento que los noruegos hacen de su propio trabajo. Sin embargo, Dunbarrow II no puede ser reducido a una simple continuación de lo ya hecho, pues el álbum se permite realizar algunos deslices acústicos con sabores esotéricos como en "Feberdrom" o bien algunos viajes oníricos por medio de temas mórbidos que te arrastran a sus abismos como en la concluyente "On this night" con todo su macabro vals que termina convirtiéndose en un endemoniado solo de guitarra con la suficiente intensidad para volarte la tapa de los sesos.

El primer tema que sirvió como prueba al Dunbarrow II fue "The wolf", un single publicado en julio de 2018 que de manera perfecta logró sus dos cometidos: 1) introducirnos dentro de la nueva atmósfera temática de la banda y 2) despertarnos el deseo por degustar lo más pronto posible el álbum en su totalidad. El feroz riff nos arroja la mordida desde su inicio para acorralarlos poco a poco hasta que de manera tranquila y rapaz lanza el ataque certero y mortífero. La maldad interior es reconocida y se declara la advertencia, pero la contradicción entre la pasión y la crueldad que habitan en el ser provoca la indecisión y el sufrimiento. El juego instrumental de intensidad que utiliza "The wolf" logra sumergirnos en los misteriosos pasillos de la mente humana, provocando al mismo tiempo poder entender los momentos contradictorios de rabia y melancolía por los que puede transitar nuestro personaje,


"Puede que no tenga mucho sentido para tí pero estoy por irme. Encantadora como eres tú, querida, sé que te extrañaré demasiado. Daría el mundo para gastar otro día contigo, pero tengo miedo que ese día que ponga pálida y azul. Tú comenzarás a darte cuenta y será muy pronto. Me escucharás aullar cuando la luna esté llena. Así que es mejor que esté en mi camino, odiaría verte llorar. Y si me quedo otro día, odiaría verte morir. Esta extraña sensación, la vibración de la luna mientra la siento brillar. Mi tiempo se acerca... Ven, acércate conmigo a lo salvaje. Si lo deseas lo podrás observar en lo profundo del bosque encondido entre los árboles. Pero ten cuidado si vayas ahí, ya que ellos sólo van porque deben. Cuando la luna llena brilla sobre sus ojos no podrán controlar su lujuria... Estas son mis lamentaciones. Nuestro tiempo fue tan dulce. Mi corazón se rompe porque mi fuerza de voluntad fue muy débil. Me enamoré de tí y te mentí. Sí, es verdad, pero ¿qué podría hacer cuando la belleza golpea como tú?


Aquí este el regreso de Dunbarrow y lo han hecho conforme a un material introspectivo de gran manufactura e intensidad. El ingreso del baterista de Pal Gunnar Dale ha terminado por establecer su tan buscado sonido, así que hoy tenemos a una alineación precisa tras años de cambios y mutaciones. La bestia salvaje que duerme en el interior del quinteto ha salido dispuesta a devorarnos sin freno ni arrepentimiento. Es momento de dejarla llegar hasta nosotros para permitirle que nos seduzca con su misterio y los sombríos pasajes que de manera sublime recrea con su hermosa música y profundas líricas... La luna llena se ha posado sobre el manto nocturno, es momento de escuchar nuestros lamentos internos!!


jueves, 25 de octubre de 2018

Pushy : cuando el hard rock recuperó el áspero boogie


La atmósfera que rodea a toda la actual generación de rock revival y sonidos vintage es obscura y llena de maldad. La zozobra ha ahogado al sonido de nuestro tiempo, dejando a la vez en olvido que el rock alguna vez fue interpretado para otros fines. Sin embargo, allá a lo lejos de aquella densa y maldita neblina se puede percibir la tenue luz de algunas bandas que se han animado a recuperar el gusto por tocar ese boogie derivado de las salas de bailes que con el tiempo se fue engrasando en los garages olvidados de las grandes ciudades industriales de los Estados Unidos. 

Entre esas escasas bandas de rock crudo lleno energía y ritmo motorizado encontramos a Pushy, grupo originario de la ciudad de Portland, Oregon que desde el año 2014 se han dedicado a fundir el sonido áspero de las guitarras cortantes de Billy Gibbons con su ZZ Top y el sucio sentimiento blusero de cuando Peter Green comandaba a Fleetwood Mac antes de que se convirtiera en el meloso bodrio que todo mundo conoce. Y si aún con este descripción no se anima el lector a dar click sobre el botón de play, quizá la recuperación del sonido clásico de aquellas bandas setenteras de hard rock esencial como Aerosmith, Alice Cooper, UFO o Scorpions se convierta en el empujón necesario para lanzarse al vacío.


A pesar del tiempo que llevan como banda el guitarrista Adam Burke, el bajista Neal Munson, el baterista Travis Clow y el guitarrista Ron Wesley, de manera formal Pushy no había lanzado algún álbum de larga duración. Ya desde hacía algunos años había pasado por el radar de Earthquaker el single "If I cry" que había sido grabado en una cinta de cuatro tracks y publicada en enero de 2015, tema que de manera inmediata enganchaba en los tímpanos gracias a su sonido aceitoso en el que cada instrumento encuentra su espacio necesario para explotar. La agonía por no tener un material completo continuó con el lanzamiento del EP Pushy splits conformado por cuatro temas rugosos herederos del hard blues electrificado de finales de los años 60's y el árido rock sureño de los 70's. 

No fue sino hasta julio de 2018 que el cuarteto norteamericano se decidió publicar su primer álbum completo bajo el nombre de Hard wish a través de la disquera Who Can You Trust? Records, un disco basado en la amplia baraja de sonidos del rock tosco y sin pulir que distinguió a las bandas de los años setentas en oposición a los grandes exponentes del rock de estadio como Led Zeppelin, Kiss o Queen y en contra del rebuscado estilo progresivo de Pink Floyd o King Crimson.  


Hard wish es uno de esos discos que te invitan a disfrutar simplemente del buen rock n' roll mientras te tomas una buena cerveza, pero lejos de lo que podríamos esperar, Pushy nos ofrece un álbum equilibrado que jamás cae en la monotonía y mucho menos en la simpleza. Desde los primeros acordes de "Fannys" se escapan por las bocinas, de manera inmediata sabes que estás a punto de entrar a vivir un buen material como de aquellos que ya no se hacen. Con un sonido infeccioso que por momentos nos recuerda los álbumes debut de La Chinga y Svvamp o lo que ha grabado Hot Lunch, Bionic Caveman y Amplified Heart desde hace años, el debut del cuarteto de Portland se incrusta en las neuronas para desgarrarlas sin piedad alguna.

Los tribales cánticos de "Nasty bag" bien nos podrían recordar a un grupo de motociclistas borrachos entonando su agria melodía frente a una fogata a la mitad de la noche, pero una vez que se escuchan los eléctricos lamentos de las guitarras, sabemos que la rabia puede ser expulsada en una rítmica catarsis como ya lo han hecho anteriormente Admiral Sir Cloudesley Shovell o Cherry Choke. Y si por si fuera poco esta exhibición, Pushy puede dar un paso más allá para regalarnos otra irascible muestra de su capacidad y energía con "Lonesome entry" con su extraña mezcla entre el primer Aerosmith y hasta el AC/DC de Bon Scott.


Aun con lo que hemos escrito hasta este momento sobre el Hard wish, todavía quedamos cortos con todas las sorpresas que nos aguarda en su interior. El ácido funky de "El hongo" nos muestra la cadencia que puede crear el cuarteto de manera sensual hasta llegar a lo tóxico, aunque el punto máximo de dicho estado se puede escuchar en el caníbal inicio de "Lay of the land" con su atmósfera heredera de aquel Santana del festival Woodstock; aunque dentro de sus diez minutos y medio de duración tiene el suficiente espacio para transformarse en un monstruo bicéfalo que nos devora sin piedad o hasta bajar la velocidad para mutar en una dulce bestia decidida a seducirnos.


Quizá el mejor ejemplo de lo que podemos escuchar en el debut formal de Pushy se concentra en "Blacktop", tema que arranca con una misteriosa figura de bajo que permite sumar a las guitarras con tenues acordes muy al estilo de los primeros materiales de UFO o Scorpions. Una vez rendidos ante su tersa propuesta, la melodía se transforma en un caballo que corre desbocado en campo abierto por medio de sus rasgueos electrizantes hasta que de manera imprevista el track se convierte en una  ruidosa tormenta basada en la magia del jam. Existen pocas bandas que le otorgan un espacio propio para el bajo, pero en "Blacktop" podemos escuchar un buen solo que permite presumir la capacidad interpretativa e imaginación de Neal Munson. Cambios de tiempo, figuras interesantes y un adictivo fraseo que sirve de anzuelo perfecto para el distraído escucha ocasional.

Sin lugar a dudas, Pushy está llamada ha ser uno de los grupos más frescos (de manera irónica) dentro del gran cúmulo de bandas basadas en el sonido vintage. El trabajo realizado por Will "Iceman" Klintberg consigue rescatar aquel ambiente directo y sin mediación de los viejos viniles creados a partir de grabaciones hechas de manera análoga con la agrupación tocando junta en un mismo espacio y en un mismo momento. Pero más allá de lo alcanzado al calor de la sala control técnico, Hard wish es el resultado de un esfuerzo tras años de ensayos, presentaciones y vivencias relaizadas por cuatro personas que han creído en su proyecto hasta convertirlo en una de las mejores propuestas de retro-rock norteamericano...


martes, 23 de octubre de 2018

Burning Saviours : la transformación de los hijos del Norte


A lo lejos podemos escuchar unas tenues campanillas, metálico sonido que entona una misteriosa melodía que poco a poco nos eriza la piel. El viento sopla mientras la zozobra incrementa hasta abrirle paso a las hirientes guitarras con sus figuras directas y tenebrosas. Indagamos sobre sus responsables y encontramos a los hijos del Norte, aquellos que en el pasado dedicaron sus odas a  Lucifer y relataron los contenidos del libro de la maldición. El día de hoy dirigen sus cánticos a la muerte y el silencio, pero encontramos una mutación dentro de su terrible cofradía...

En el correr del año 2017, los rumores relataban que un gran cambio al interior de la banda sueca Burning Saviours se estaba gestando. Poco a poco las cosas se fueron confirmando hasta la confesión: el guitarrista y vocalista Mikael Monks se había queda abandonado con el proyecto y ahora era momento de rescatarlo de las cenizas como el ave fénix. Ya con todo el control en sus manos, Monks reformó a la banda en compañía del guitarrista Erik Svedberg (con quien grabó el sombrío álbum Unholy tales from the north) con la intención de recuperar la esencia doom con la que la banda había iniciado su andar en el año 2003 en la mística ciudad de Örebro.


Para completar la alineación de Burning Saviours, Monks dejó la guitarra para dedicarse a las voces y los teclados ocasionales, además de sumar al bajista Erik Collin, al baterista Stefan Rågelid y al guitarrista principal Fredrik Löthfors. Una vez con los elementos necesarios, la banda se encerró en los estudios Mothervan Records y MTS para grabar un nuevo álbum bajo el control técnico de Tobhias Ljung, mismo que vería la luz hasta marzo de 2018 por medio de la disquera Transubstans Records bajo el nombre de Death.

Conformado por ocho temas, el último disco de Burning Saviours regresa a sus orígenes como banda enclavada en el doom de finales de los años setentas y principios de los ochentas, logrando retomar aquel sonido fuerte de melodías aletargas pero sin perder aquella esencia obscura de líricas mórbidas que los ha distinguido con el paso de los años. Desde que escuchamos las densas atmósferas de "Draug" con las que comienza el álbum, sabemos que nos encontramos ante un material lúgubre más allá de su título; pero cuando nos encontramos con una re-grabación de la poderosa "Crusade of evil" (originalmente estaba registrada en un demo de 2004), entendemos que Monks busca retornar a lo que fue la base sonora del grupo.


Death se debate entre temas abismales surgidos de alguna cripta olvidada como "Nothing after" y riffs de guitarra venenosos que delatan su herencia de aquellos primeros momentos de conformación del metal como en "Lamentations" con su suave tufo al primer Judas Priest que ya habíamos escuchado en "I am Lucifer" contenida en el Boken on Förbannelsen (reseña-review). La contradicción sonora del álbum es notoria al trascurrir sus temas, pues bien podemos enamorarnos de la adictiva melodía de "Häxnatten" como nos puede hipnotizar con la monotonía de un ritmo que no ofrece el más mínimo cambio como en el track que le da nombre al disco, aunque finalmente Death se permite sondear nuevos senderos como en la agridulce balada "Finally free" que sirve de cierre un tanto incierto.

Quizá el tema más enriquecedor dentro del nuevo panorama de Burning Saviours es sin lugar a dudas "Silence", track que previamente había sido lanzado como adelanto al Death. Su inicial ambiente sombrío nos muestra a una banda sin temor a correr algunos riesgos más allá de su estilo más que definido, mismo que se hace escuchar con todo su esplendor tras unos cuantos segundos de zozobra. Su riff es crudo y directo, pero una vez que llega a su estribillo es cuando realmente clava su aguijón en las neuronas para dejar su veneno que crece sin cesar hasta convertirse en un bucle que no permitirá un sólo segundo entonar su tétrica melodía. Desgarradores acordes de guitarra que tan sólo son seguidos por la apaciguada batería y un tenue bajo, pero al llegar el momento en que la guitarra eléctrica toma el control, todo se torna mórbido hasta que el escalofrío nos eriza la piel. Apagamos las luces como lo solicita la plegaría y el dulce silencio hace su aparición para cubrir con su obscuro manto todo a nuestro alrededor


Si lo que buscas es una banda que recupere el viejo doom, quizá sea Burning Saviours el grupo que mejor lo ha logrado. Sin embargo, dentro de dicho retorno a los orígenes del género, los suecos se han brindado la oportunidad de experimentar con algunos elementos ajenos con la intención de enriquecer su estilo.  Lejos de haber terminado la metamorfosis de la banda de Mikael Monks, el día de hoy continúan los cambios en la alineación. Al poco tiempo de la publicación de este nuevo disco, la agrupación sufrió la salida del guitarrista Fredrik Löthfors, obligando a Burning Saviours regresar a su conformación de cuatro elementos. A pesar de la pérdida, bien podemos calificar el Death como un material de transición para la banda, y al comprenderlo de esta manera, nos obliga a escuchar de manera detenida cada uno de sus detalles para seguir descubriendo todo lo que tiene escondido en su interior...


viernes, 19 de octubre de 2018

Demonauta : entre el fuzz, seres infinitos y pueblos desaparecidos


Al elaborar el antropólogo francés Marc Augé su dura crítica al área de conocimiento donde desarrolló su trabajo de investigación a finales del siglo pasado, logró definir el lugar como aquel espacio cargado de sentido para quien se encuentra en él y para quien se aventura a estudiarlo. De esta manera, el sitio de nacimiento es constitutivo de "lo propio" en contra de aquellos espacios del anonimato que ha creado la modernidad por medio de la tecnología y la aglomeración. Más allá de los límites de un concepto concreto como éste, los pocos pueblos nómadas que aún habitaron el siglo XX encontraron dentro de ciertas áreas de nuestro planeta su "lugar propio". Aquí tenemos una breve parte de la historia de uno de ellos: los selknam.

Con un digno trabajo de recuperación sobre la forma de ver su realidad, el poderoso trío de stoner y hard psych Demonauta ha creado una continuación a su Tierra del Fuego de 2016 (reseña-review) para hacernos entender un poco de los selknam, aquel pueblo nómada del extremo sur de América donde hoy se unen Chile y Argentina que sufrió un exterminio hasta tener en Ángela Loij, su última nativa. Es así que tenemos bajo el nombre de Temaukel: the spirit before time el más reciente material discográfico de la banda originaria de Santiago de Chile, mismo que será editado por la reconocida disquera independiente alemana Kozmik Artifactz.


A través de la idea de Temaukel, el ser eterno que según los selknam creó la cúpula celeste y la tierra primitiva, Demonauta nos plantea aquellos mitos que sirvieron a dicho pueblo para establecer su cosmovisión. El viaje astral que hace el trío chileno por medio de su onírico sonido eléctrico nos obliga a levantar la mirada al cielo para intentar comprenderlo desde el punto de vista de los primeros habitantes de la Tierra de Fuego.

Como una continuación del álbum de 2016, Temaukel: the spirit before time podría correr el riesgo de ser un disco aburrido al repetir la fórmula anterior, pero lejos de dicha posibilidad, el nuevo material que fue grabado y mezclado directamente en el estudio Planetario Fuzz Recs nos ofrece un paso más allá de lo alcanzado por Demonauta, logrando así ampliar sus propios horizontes sonoros y hasta sus líneas compositivas. Durante los más de cuarenta minutos que duran los siete tracks del Temaukel nos permite conocer nuevas facetas de la banda sin que éstas difuminen su estilo ya configurado.


Sumado al stoner desértico y onírico logrado en Tierra del Fuego, Demonauta logra introducir la magia del heavy psych y el sentimiento profundo del hard blues sin abandonar la aspereza del fuzz. Si bien podemos escuchar la fuerza derivada de una tormenta de arena a través de la inicial "Sons of black sun", los chilenos tienen la capacidad de virar al otro extremo del ritmo para sumergirnos en un pantano viscoso por medio de la lisérgica y aletargada "Summer hell". Sin olvidar los paisajes instrumentales como en la ambivalente "Pscilobeat", Demonauta le otorga mayor peso a las líricas para hablarnos del final de un pueblo como en "Planeta muerto" cantada en español o para referirse a la muerte como en "Death as an advisor"; ambos himnos crudos de desgarradoras guitarras y abismales bajeos.


Para ejemplificar el avance estilístico de Demonauta, tomamos como referencia su "Blues para Angela Loij", una eléctrica oda de gran fuerza en las guitarras de David Véliz que de manera inesperada se tornan cósmicas por medio del hechizo de un pedal wah. Blues desgarrador de batería exacta en las manos de Alejandro Sanhueza y ritmo profundo soportado por el bajo de Miguel Quezada que nos habla sobre la última mujer selknam que aún vivió dentro de las viejas costumbres de caza y recolección hasta que fue confinada en una especie de reserva tras el exterminio emprendido por los ganaderos y buscadores de metales preciosos de la Isla Grande de la Tierra del Fuego. Aquellos terrenos que sirvieron alguna vez de lugar propio para un pueblo, hoy se han convertido en territorios dominados por la ambición y la modernidad. Los relatos se desmoronan con el paso del tiempo, pero las entidades que resguardan las montañas, la luna y el sol permanecerán en aquel espacio mágico que se une con el universo para unirse en un abrazo con el mar, la sangre y  el viento.


Temaukel: the spirit before time es un álbum perturbador porque así como nos arranca la visión moderna de explotación de nuestro medio, nos muestra el respeto y adoración del mundo que alguna vez tuvo un pueblo hoy exterminado. Su sonido onírico busca reflejar pensamiento mágico que explicaba el mundo según los selknam, pero al mismo tiempo es una protesta contra la negación de los otros, contra el olvido de quienes piensan diferente y contra os que se atreven a mirar el cielo. Su crudo sonido nos sacude el alma, pero sus ácidos paseos nos hacen pasear por nuestras neuronas hasta que su semejanza con las estrellas nos pueden dejar extraviados. Sin embargo, Demonauta define su mensaje al recuperar el pensamiento de un pueblo desaparecido como un intento por defender lo natural, lo auténtico y lo mágico...