Afortunadamente para
los amantes del blues, dentro del resurgimiento y recuperación de los sonidos
que construyeron el rock a finales de los sesentas, se han formado algunas
bandas con la intención de crear nueva música a partir de aquella mágica mezcla
entre el blues, el jazz, el hard rock y la psicodelia. Es así como hemos
escuchado las propuestas de Kamchatka (reseña), All them witches (reseña), Radio Moscow, Electric
Zoo (reseña), Divididos, The Stone Foxes y Blues Pills (reseña), pero ahora les presentaremos una
banda recién salida desde Suiza: Sons of Morpheus.
Esta banda ante del
hard blues nos llega desde Basilea, una de las ciudades más importantes de
Suiza, y que por su cercanía con la frontera de Francia y Alemania, este lugar
recibe la influencia multicultural. Aún así, Sons of Morpheus toman el idioma
inglés para componer sus melodías con la intención de llegar a más lugares con
sus líricas. Bajo el panorama de una hermosa ciudad antigua europea bañada por
las aguas del río Rin, esta banda toma como estandarte el blues electrificado
como forma para compartirnos sus cualidades interpretativas en cada uno de sus
instrumentos.
Con una formación
clásica de power trio, Sons of Morpheus retoman los conceptos musicales de
bandas como Cream, Led Zeppelin y, sobretodo, The Jimi Hendrix Experience.
Tomando como base el blues, podemos escuchar algunas pizcas rítmicas de rock n’
roll, algunos sonidos y figuras psicodélicas y hasta uno que otro efecto y
distorsión del stoner. La clásica guitarra Fender Stratocaster de Hendrix se
fusiona con alguna octavación perdida del stoner que busca alcanzar el espacio
exterior, regresándonos a la memoria bandas tan distantes como Queens of the
Stone Age y The Mars Volta.
El poder del grupo está
en su capacidad interpretativa, la cual nos arrastra sin duda a un maravilloso
mundo de sentimientos que erizan la piel del cual será muy difícil escapar. Los
hijos del viejo dios griego nos llevan a su universo de sueños, magia y rock
que, irónicamente, despierta las emociones hasta el grado de augurar un futuro
promisorio para una banda que le apuesta todo a su hard blues. Por si fuera poco, dentro de su corta carrera han tenido la oportunidad de ser la banda abridora de grupos de la calidad de Kamchatka y Karma to Burn, lo que habla de su calidad y capacidad en los escenarios.
Sons of Morpheus está
integrado por Manuel Bissig en las vocales y la fantástica guitarra eléctrica,
la fuerza y los juegos de notas graves están a cargo del bajo de cinco cuerdas
de Lukas Kurmann, y finalmente, el ritmo y los remates son cortesía de Simon
Gautsch; quien apenas hace unas semanas tomó la decisión de abandonar el grupo,
por lo que ahora Rudy Kink se encuentra encargado de marcar el tiempo en la
banda.
En septiembre de 2014
publicaron por medio de Deepdive Records su álbum debut, el cual fue grabado en
los Waterworks West Recording Studios de Tucson, Arizona bajo la producción de
sonido análogo y mezcla de Jim Waters, reconocido ingeniero de sonido que ha
trabajado con gente tan distinta como The Jon Spencer Blues Explosion hasta
Sonic Youth, pasando por Nortec Collective.
La carta de
presentación de la placa es su primer track, que bajo el título de “Pay for
me”, nos presenta un hard blues de riff entrecortado que permite escuchar la
voz de Bissig en plenitud. Una mezcla de instrumentos de sonido fuerte se
entremezcla con la esencia blusera del grupo. La guitarra eléctrica explota en
un solo fabuloso de guitarra mientras un poderoso y distorsionado bajo le da
soporte a su improvisación. El desbocado ritmo baja a una suave melodía donde
escalas salidas de los instrumentos de cuerda se enfrenta a remates de batería
de innegable origen jazzero. Nuevamente se agita la rola para dar entrada a
otro espectacular solo de guitarra con un bajo que por momentos parece
derretirse en las bocinas. La batería no deja de golpear los platillos hasta
que el eco de la última nota de la guitarra es rasgueado.
Para la promoción de
este sencillo, se realizó un video bajo la producción visual de Sven Probst con
locación en un bar de la ciudad de Lucerna, Suiza. En este promocional podemos
observar a la banda tocando en el local mientras el lugar es deslumbrado por la
entrada de tres hermosas chicas. Mientras observamos cómo se resbalan los dedos
de Bissig y Kurmann sobre las cuerdas de sus instrumentos, podemos ver a varios
jóvenes jugando cartas entre el humo de cigarro y tarros de cerveza, reflejando
algunas de las ideas de la lírica de la rola.
Mientras los
amplificadores explotan con la potencia sonora de la banda, la música nos hace
despegar los pies de la tierra hasta la propia Vía Láctea. Cada instrumento nos
muestra el virtuosismo de sus ejecutantes mientras que juntos construyen una
melodía que nos habla sobre juegos de cartas y mujeres. Energía pura capturada
en tan sólo cuatro minutos de intensidad y potencia blusera salpicada con
algunos granos de arena del desierto.
El conejo blanco, la famosa metáfora nacida del clásico libro Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll que nos remite a la persecución de lo desconocido para llegar a nuevos mundos donde nuestro concepto de la realidad cambiará irremediablemente. La comprensión cambia gracias a que rompemos las cadenas, saltamos la frontera de lo convencional y soltamos las amarras de nuestra percepción. Momento de experimentación donde el mundo onírico, la duda y la imaginación se mezclan tras cruzar la puerta y mirar hacia el otra lado.
Este referente conceptual ha servido de inspiración artística en múltiples ocasiones, y con tan sólo recordar películas como Matrix, Lucía y el sexo o Donnie Darko, sabemos lo importante que es la imagen de seguir algo ciegamente para quebrar lo que hasta el día de hoy se tiene, y en muchas ocasiones, sin haberlo deseado conscientemente. Para el mundo de la música, la idea del conejo blanco ha sido incluída en numerosos temas, pero quizá la más famosa e importante sea la compuesta por Jefferson Airplane.
La leyenda nos cuenta que en octubre de 1966, la cantante de Jefferson Airplane, Signe Toly Anderson, anunció que abandonaría el grupo para dedicarse a su hija recién nacida. Al buscar quién la reemplazara, el bajista Jack Casady recomendó a la vocalista de The Great Society, banda que fue abridora de los propios Jefferson Airplane en muchas de sus presentaciones. De esta manera, Grace Slick se integró inmediatamente, gracias a que ella conocía el repertorio y el sonido del grupo, por su capacidad vocal y, por si fuera poco, por la imagen que manejaba tras su paso por el modelaje.
En las sesiones de grabación para lo que sería el Surrealistic pillow, segundo disco de la banda, Slick presentó una canción propia que tenía con su banda anterior y que no habían grabado. La letra impactó fuertemente en los integrantes de Jefferson Airplane, por lo que comenzaron a trabajar sobre la música para dotarle de la identidad que ya tenían, además de sumarle algunas recomendaciones en los arreglos musicales que les hacía un entonces desconocido Jerry García, voy y guitarra de Grateful Dead.
Al quedar terminada la canción cuando fue publicada en febrero de 1967, en ella podemos escuchar una melodía que sube poco a poco inspirada en el crescendo del famosp "Bolero" de Maurice Ravel, aunque la propia Grace Slick comentaría en una entrevista que la estructura musical de "White rabbit" había nacido tras escuchar el Sketches of Spain, un disco de Miles Davis y Gil Evans publicado en 1960. Primeramente escuchamos una sorprendente y mágica figura en el bajo de Jack Casady con obvio sabor español, a la que le sigue un redoble de tarola nacido de las manos de Spencer Dryden. Enseguida entra una hipnótica y suave figura de guitarra hecha por Jorma Kaukonen, la cual serpentea sobre el mástil hasta dotarle un misticismo a la rola. La acidez musical y la intensidad que busca en su estructura, esta canción puede ser considerada en una de las primeras del llamado rock psicodélico, ya que ella trata de reflejar musicalmente el efecto del uso del LSD y el peyote en quien lo consume, un viaje sonoro que sube hasta hacernos perder el control.
Seca, imponente y fría entra la voz de Grace Slick. Sobre un extraño eco empezamos a escuchar un relato que nos remite a la historia de Alicia cuando toma las píldoras que la hacen cambiar de tamaño. Mientras va subiendo la intensidad de la melodía, vamos encontrando más personajes y momentos del mágico cuento de Carroll: la persecución al conejo blanco que motiva el inicio del viaje, la oruga azul que fuma y ofrece la ingesta del hongo, el funesto encuentro con la reina roja y la sentencia del lirón ("Feed your head": alimenta tu mente").
Al hacer una revisión de la letra, el "White rabbit" de Jefferson Airplane nos habla del rompimiento con los padres y sus enseñanzas para encontrar nuevos caminos a través del uso de las drogas, un intento por conocer el mundo desde otra perspectiva. Si se desea entender la realidad con otra mirada, los alucinógenos podrían ser una opción para encontrar cosas que de otra forma no podríamos lograr. El consumo de sustancias lisérgicas como experimentación y descubrimiento, no como escape y evasión.
Con una canción tan influyente, ya sea en su estructura musical así como en su potente lírica, "White rabbit" ha sido interpretada por los más variados artistas, donde podemos encontrar a gente como Patti Smith, Emiliana Torrini o a My Morning Jacket. Del gran abanico de posibilidades, en esta ocasión escogemos la versión hecha por Tracii Gun´s League of Gentlemen.
Tras la formación de diversas bandas, el legendario guitarrista Tracii Guns, fundador de la banda de hard rock L.A. Guns, semilla de los famosos Guns n' Roses, se embarcó en un proyecto donde pudiera interpretar todas aquellas rolas de los años 60 y 70 que le sirvieron de inspiración, y que al final del día, lo llevaron a tomar una guitarra y lo convirtieron en lo que es hoy en día. Fue así que en 2012 conformó a los Tracii Gun´s League of Gentlemen, con Scott Foster Harris en las vocales y Doni Gray en la batería, los cuales en algún momento fueron integrantes de L.A. Guns; a quienes se sumaron el bajista Craig "Patches" McCloskey y el tecladista John Bird.
A través de la disquera Shrapnel Records, Tracii Guns pudo publicar en junio de 2013 el album debut de su banda, una placa llena de covers que buscaban imprimir en sus versiones un sabor más profundo de psicodelia y blues. Tras las buenas críticas a dicho material, en agosto de 2014 se presentó el The second record, con la intención de completar la colección de temas que deseaba el guitarrista compartir.
Una de las canciones que conforman dicho disco es la clásica "White rabbit" de Jefferson Airplane, una rola de obligada referencia a la psicodelia del verano del amor. En esta versión, podemos escuchar la misma estructura de la original del 67, pero aquí escuchamos a un Scott Foster Harris en una forma muy particular de interpretar a Grace Slink, pues en lugar de sus poderosas primeras linea, el cantante de League of Gentlemen busca impregnar a la lírica un sabor más "melódico" dentro de una estética más moderado.
Teniendo como base la guitarra de Jorma Kaukonen, Tracii Guns comienza un viaje más sentido al alargar la canción original por medio del riff inicial y hacer crecer la canción sobre su famoso crescendo. Tracii juega sobre efectos y ecos mágicos que recuerdan un poco lo que hacía Jimmy Page en su "Dazed and confused", quizá la rola más psicodélica de Led Zeppelin. Un teclado se deja escuchar, logrando crear una atmósfera más ácida. Y de la nada, Scott Foster Harris comienza a improvisar líricas distintas a las escritas por Grace Slink, donde nos habla de la introspección que busca el viaje ácido.
A propósito de la referencia a Page, al término de esta versión a "White rabbit", podemos escuchar una pequeñas notas de guitarra en fuzz que traen a la memoria a la época en que el famoso músico formó parte de The Yardbirds; aunque quizá, la idea que realmente buscaba reflejar Tracii Guns es tocar las guitarras que el propio Page interpretó para el "Beck's Bolero", esa preciosa melodía instrumental que hizo Jeff Beck junto con Keith Moon (baterista de The Who), Nicky Hopkins (músico de sesión de The Rolling Stones, The Kinks y John Lennon), y John Paul Jones (músico de sesión de The Rolling Stones y Donovan, además de ser bajista posteriormente de Led Zeppelin). Por si fuera poco, Jeff Beck compuso esta rola inspirado en el "Bolero" de Ravel; razón suficiente para que Tracii la sumara a la rola original de Jefferson Airplane.
Como si no fuera suficientemente clara la referencia al escape ácido, Tracii Guns aprovecha el feedback producido por la última nota de la canción para añadir un efecto sonoro que nos remita a un viaje especial, un despegue de nuestros pies hasta las estrellas, un abandono de esta tierra y la realidad conocida para encontrar nuevos mundos en nuestro propio interior.
Aceptemos la invitación, sigamos al conejo banco y abandonemos todo...
El deseo de todo
fanático es ver a su banda favorita sobre un escenario. Si aquel grupo se ha
desintegrado, el anhelo consiste en verlo reunido nuevamente; pero si no se
tuvo la oportunidad de disfrutarlos en su momento (ya sea por la edad, la falta
de dinero o por otra razón), tener la posibilidad de estar cerca de aquellos
músicos que se admira se convierte en un sueño hecho realidad. Sin embargo, las
aspiraciones pueden venirse abajo cuando los que fueron los integrantes de esa
banda no logran dejar a un lado sus diferencias, dejando a un lado los
proyectos, las presentaciones y, en última instancia (aunque debería ser una de
las primeras) a sus seguidores.
Tras la ruptura de
Kyuss en 1995, una legión de fans esperó por muchos años el retorno a los
escenarios de la banda que se convirtió en la insignia del desert rock y de lo
que muchos llamarían stoner. Por si fuera poco, con la escuela sonora que dejó la
banda, muchos grupos se formaron con la intención de seguir sus pasos hasta
construir una identidad, que para algunos,
hasta se convirtió en un género.
Cuando se anunció el
cartel para el festival Roadburn de 2010, la sorpresa fue grata: el vocalista
de Kyuss, John García, realizaría una presentación exclusivamente con rolas de
la banda que lo dio a conocer en el medio musical. Tras el éxito del concierto,
García decide invitar a los miembros originales del grupo a dar varias
presentaciones, lo que originó varias disputas aunque no la cancelación de los
eventos. Bajo el nombre de Kyuss Lives! el grupo giró por los escenarios hasta
que un anuncio provocó un enfrentamiento legal: la presentación de un disco con
rolas originales.
Con esta circunstancia
y con una sentencia en contra, el proyecto termina cambiando de nombre. Sin
embargo, el objetivo estaba claro y no había sido dañado: la creación de música
a partir de aquel camino frenado con la intención de presentarlo ante un
público ávido de deseos por escucharlos en vivo, ya sea para volverlos a
disfrutar, ya sea para verlos por primera vez. Esta es la historia de Vista
Chino.
¿Pero
quién carajos son estos tipos?
John García, el
legendario vocalista de Kyuss, tras la desintegración de dicha banda durante
1995, se involucró en varios proyectos musicales (Slo Burn, Unida y Hermano)
hasta que en el 2010 decidió realizar una presentación con puras canciones de
Kyuss para el festival de Roadburn. Con la excelente recepción del público,
decidió convocar al resto de los miembros originales del grupo, encontrando eco
a su petición en el baterista Brant Bjork y en el bajista Nick Oliveri. Sin
embargo, el guitarrista Josh Homme rechazó la oferta alegando que estaba con
los tiempos ocupados con la grabación de nuevas canciones para Queens of the
Stone Age, además de presentaciones en vivo con Them Crooked Vultures y Eagles
of Death Metal.
Fue así que para el año
2011 se presentó a Kyuss Lives! durante una larga gira por Europa y los Estados
Unidos, teniendo en sus filas a los arriba mencionados García, Bjork y
Olivieri. Para algunas presentaciones especiales, se uniría Scott Reeder (quien
también fuera bajista de Kyuss a la salida de Nick Olivieri en 1992), pero el
lugar de Homme sería ocupado por un músico poco conocido. John García decide
invitar a este proyecto a Bruno Fevery, un guitarrista belga a quien había
conocido en su participación en la grabación del disco de 2008 Lotuk de la banda electrónica Arsenal,
pero de quien sabía que había creado una banda tributo a Kyuss en su natal
Bélgica. Sin embargo, John García mantenía las puertas abiertas a Josh Homme
para cuando el deseara integrase a la serie de presentaciones y, ¿por qué no?,
encerrase a componer nueva música.
Tras esta gira, García
anunció que el grupo tenía planes de grabar un disco con material nuevo durante
el verano de 2012, además de presentar un disco en vivo con rolas de Kyuss. Lo
anterior llevó a la molestia de Josh Homme por el uso del nombre con fines comerciales,
por lo que decide interponer una demanda judicial a la cual se une
sorprendentemente el bajista Scott Reeder. Con el caso en las cortes y con las
viejas historias sobre diferencias con Homme, el bajista Nick Olivieri decide
salirse del grupo. Para poder cumplir con los proyectos comprometidos, se
integra con nuevo bajista de la banda Billy Cordell, miembro del grupo de
desert rock Yawing Man.
En agosto de 2012 las
cortes legales deciden que John García y Brant Bjork no podrían utilizar el
nombre de Kyuss para publicar cualquier grabación, por lo que se les
recomendaba el cambio de nombre para evitar alguna pena mayor. Fue así que a
finales de noviembre se anuncia oficialmente que el proyecto se llamaría Vista
Chino.
Con el problema legal
terminado, la banda comenzaría a trabajar en el material propio, aunque las
cortes no les hubieran negado la posibilidad de interpretar en vivo el
repertorio original de Kyuss. De esta manera, y sin rencores, el grupo recibe
nuevamente a Nick Olivieri como bajista definitivo para trabajar con las nuevas
composiciones y la grabación del material, la cual se realizó durante el primer
semestre de 2013 en los estudios Thunder Underground de Palm Springs,
California bajo la producción del propio Brant Bjork. La mezcla correría a
cargo de Trevor Whatever ( quien ha trabajado con Slash y con la banda punk
Dwarves) y la ingeniería de sonido por Harper Hug, miembro del equipo de
producción de Robby Kriegger, guitarrista de The Doors.
Por si fuera poco, el
álbum debut de Vista Chino contó con la participación especial de Chris
Cockrell en una rola, bajista que fuera miembro original de Kyuss desde que la
banda comenzara en 1987 bajo los nombres de Katzenjammer y Sons of Kyuss.
Asimismo, otra participación como músico invitado en otra canción es la de Mike
Dean, bajista de la banda metalera Corrosion of Conformity; sin embargo, por la
personalidad tan inestable e impredecible de Nick Olivieri, él decide tras la publicación del disco
abandonar al grupo, dejando definitivamente a Dean como miembro oficial del
Vista Chino durante la promoción del álbum debut.
El
concepto
Tras la derrota legal,
John García y Brant Bjork se dieron a la tarea de buscarle un nuevo nombre la banda y que dejara atrás la leyenda de Kyuss. Fue
así que bautizaron al grupo como Vista Chino, en honor a una de las principales
calles de Palm Springs, California; la cual cruza la ciudad y llega al Chino
Canyon, al pie de las imponentes montañas de San Jacinto. Por si fuera poco,
Palm Springs es es lugar natal de los músicos y el espacio donde se creó y
desarrolló la escena del desert rock.
Una vez con la
personalidad renovada, la pareja comenzó a componer teniendo como referencia el
sonido que los hiciera conocidos en los noventas, pero con la experiencia que
habían adquirido con el paso de los años y su participación en la larga lista
de proyectos personales (Unida, Hermano, Fu Manchu. Ché, The Desert Sessions y
Slo Burn). La capacidad de crear melodías por parte de Brant (derivado de su
habilidad para tocar varios instrumentos como la guitarra, el bajo y la
batería) y las líricas de John (derivadas por la fértil imaginación que le
provoca el desierto y el uso de algunas drogas) en poco tiempo pudieron tener
una colección de rolas que fueron trabajadas en los ensayos con Bruno Fevery y
Nick Olivieri.
Al tener completada la
placa, la banda buscó entre las distintas firmas discográficas quién pudiera
promocionarla, anunciando finalmente en mayo de 2013 que lo habían hecho con
Napalm Records; y por si fuera poco, subieron a su página de Soundcloud una
maqueta de “Dargona Dragona”. Fue hasta septiembre de dicho año que Vista Chino
que publicó el disco completo bajo el nombre de Peace, un título que hace referencia al estado en que se
encontraban los integrantes del grupo ante la situación legal con sus ex
-compañeros de Kyuss y las constantes salidas de Nick Olivieri del grupo,
además del propio estado de tranquilidad encontrado por John García con su
elemento natural: el desierto.
En la portada de la
placa podemos observar una cobra con una cruz en su cuerpo que envuelve un
cráneo que porta el símbolo del dinero. Algunos buscaron algún obscuro y
misterioso significado a dicha ilustración, aludiendo al conflicto que tuvieron
los integrantes de la banda con Josh Homme y con Scott Reeder, quienes
expresaron en diversas entrevistas que habían interpuesto la demanda por un mal
uso del nombre de Kyuss, ya que con él se estaban generando ganancias
económicas que no serían compartidas con ellos. En respuesta, John García
declararía que lo último que le interesaba era el dinero y que lo que buscaba
era ofrecer nuevamente un grupo que tuviera el sonido y la actitud que alguna
vez tuvo Kyuss.
Por lo anterior, Peace es una colección de temas que toma
las sensaciones despertadas y elevadas por el desierto. La magia, el calor, la
inmensidad del manto nocturno y la soledad escuchan en cada pieza como si se
tratara de una constante lucha entre la vida y la muerte hasta que todo queda
en paz. El disco es un viaje ácido que eleva a quien lo escucha a una
ensoñación sonora que lo arrastra a los paisajes desérticos que forman parte
del Valle de Coachella, dejando a su propia suerte a quien se adentra a sus
notas.
Cantado en primera
persona y con el poder de los instrumentos arañando la áspera piel, Peace es un disco totalmente personal
que busca redimir los demonios del pasado para construir un nuevo camino bajo
el calor y sobre la arena. Entendido como una victoria, Peace surge como un áve fénix que logra volar y nos lleva consigo
al sueño de escuchar a aquella mítica banda noventera creado cosas nuevas, que
como esas escasas gotas que caen sobre el desierto, nos traen paz para mitigar
el deseo y el anhelo.
Canción
por canción
Good
morning wasteland: El desierto nos da la bienvenida. Un
enorme espacio baldío comienza a iluminarse con los primeros rayos del sol. La
inmensidad de la naturaleza nos sorprende y apenas comienza a visualizarse… El
eco de unas guitarras se dejan escuchar en todo su esplendor. Misteriosos
efectos de feedback nacidos de las cuerdas de Bruno Fevery nos sirven de
introducción al Peace, una
preparación para lo que escucharemos y deseamos encontrar: música que nace del
desierto.
Dargona
Dragona: Ella sabe quiénes somos y cuáles han sido nuestros
pecados. No podemos olvidarla y mucho menos ignorar a qué viene. El temor nos
invade e irremediablemente dejamos que nos tome la vida… Un juego de palabras
alrededor de la mujer y aquel ser fantástico oriental que termina construyendo
una metáfora mágica sobre la muerte. Una guitarra ahogada en distorsión y delay
se deja oír como si fuera un loop. La batería entra en competencia con la
figura y marca el ritmo, tal y como si quisiera poner en su lugar a todos los
instrumentos. Riffs de guitarra nos llegan por todos los lados como su nos
atacaran sin piedad, trayéndonos a la memoria la nostalgia por el poderoso
sonido de Kyuss. Sin embargo, a la mitad de la rola se pueden escuchar una
agudas notas salidas de las manos de Bruno Fevery, y aunque sabemos que su
estilo es heredero al de Josh Homme, el sabor que queda en la boca es al Queens
of the Stone Age de sus primeros discos. El poder de las percusiones de Brant
Bjork y las notas descendentes de Nick Olivieri en el puente medio de la rola
nos dejan impactados al permitirnos escuchar que ese ruido desértico creado en
Palm Springs, California está de regreso tras largos años de ausencia. No es de
gratis que Vista Chino haya decidido escoger este pedazo de canción como su
carta de presentación antes del lanzamiento completo de la placa. Como detalle
anecdótico, el efecto sonoro en la particular voz de John García se realizó por
recomendación de Robbie Kriegger, guitarrista de The Doors, quien durante la
mezcla del disco aconsejó que utilizaran un micrófono U87 para la rola, el
mismo que utilizaba Jim Morrison para darle profundidad y presencia en varias
rolas de la clásica banda.
Sweet
remain: Debajo de la superficie se puede sentir el
temblor. El frío se siente por la espina dorsal al descubrir quién ha sido el
culpable. Ellos han perdido sus almas gracias a sus acciones y a sus formas. ¿Quién
engañó a quién? Nosotros seguiremos peleando hasta el final, aunque el espíritu
recuerda lo dulce que fue el pasado… Brant Bjork nos sacude con un genial
golpeteo de su batería, el cual da pie a un ritmo desértico de la guitarra de
Bruno Fevery y el penetrante bajo de
Nick Olvieri completa la densidad del sonido. Con un tono fuera del rango
vocal, John García se esfuerza para cantarnos sobre el engaño y la decepción
que vivió el grupo tras la demanda legal que sobre ellos realizaron sus ex –compañeros
en Kyuss. Los arreglos de guitarra terminan con un sonido muy cercano al de
Josh Homme con Queens of the Stone Age, pero al llegar a la parte del solo,
Fevery construye su propia identidad y nos regala un gran momento. Esta pieza
es un golpe directo, una combinación de sentimientos que se encuentran y que
despiertan en quien la escucha una vibra muy especial. Este fue el primer
sencillo oficial del Peace, para el
cual se le realizó un video promocional donde podemos ver a la banda tocando
sobre las animaciones que acompañarían el arte del disco, jugando con imágenes a
blanco y negro contra otras llenas de color. Le metáfora de la lucha entre el
cosmos observado a través del manto nocturno y el calor abrazador del sol nos
lleva directamente al desierto, espacio fundamental de inspiración y vida para
los miembros de la banda.
As
you wish: El ave fénix renace de sus cenizas y nos muestra su
esplendor. Los sueños caen del cielo en búsqueda de futuros que conlleven amor.
Ahora aquí en la tierra, todo se puede observar, sentir y comprender… El bajo
de Mike Dean, miembro fundador de Corrosion of Conformity, se fusiona con la
rebuscada batería en destiempos de Brant Bjork. Una tímida guitarra entona
algunos acordes hasta que se integra en su distorsión con el ritmo anunciado.
Esta fue la primera canción con la cual el dúo Bjork-García comprendió cuáles
eran los pasos que seguirían sonoramente en su reencarnación como Vista Chino.
La hipnótica melódica se sostiene constantemente mientras una guitarra nos
arrastra a su mágico abismo del cual no podremos escapar.
Planet
1 & 2: La noche cósmica se encuentra con la
insolación diurna. El desierto nos permite observan el esplendor del universo y
su encuentro con la tierra. Cuando las sombras se convierten en piedras, se
borra el dolor provocado por las traiciones. Es momento de dejar a un lado el
odio, la guerra finalmente ha terminado… Un bloque de guitarras entonan un
mórbido riff muy a la Black Sabbath, pero tras unos segundos se trasforma en un
desbocado ritmo que evoca al hecho con Kyuss en su “Green machine” del Blues for the red sun de 1992. Dos
melodías unidas a través de la improvisación y el aprovechamiento de los feedback
de la guitarra de Fevery. La primera parte en una hipnótica entonación hecha
por Brant Bjork donde podemos escuchar su forma de expresar el dolor provocado
por el rompimiento con Scott Reeder y Josh Homme, a través de la magia en su
voz hecha gracias a los efectos y ecos que la adornan. Para la segunda parte,
el ritmo se hace lento y aletargado mientras John García retoma las vocales.
Con tan sólo ocho líneas y con la intensión de enamorarnos con su simplicidad,
García nos habla del dolor que causa poner los pies en la tierra tras un viaje,
un sueño o un deseo. Los solos de guitarra hechos Fevery envuelven la melodía
logrando que nos trasporte a otros universos. Por su estructura, quizá sea esta
pieza la más cercana a aquel Kyuss de improvisaciones y densos sonidos de sus
primeros discos.
Adara:
aquí está una de las estrellas más brillantes del manto nocturno, la última en
apagarse en el cielo. Su belleza deslumbra, pero ¿quién podría adorarla? ¿quién
le hará volar su mente? Lo único que sabemos es que es difícil continuar,
romper, olvidar y dar un paso adelante... Una suave melodía de notas de
guitarra que resbala sobre sus cuerdas, como si tratara de una misteriosa
tonada surgida en el medio oriente. Las percusiones acompañan sigilosamente
mientras entra la voz de John García de manera reptante sobre la fría arena del
desierto al amanecer. En el cielo todavía se ve una estrella que trae a la
memoria aquello hermoso que se desvanece de nuestras manos, abandonándonos a
nuestra suerte. Tras el salvaje ritmo, la velocidad de la canción baja hacia
una dulce melodía que remite a la añoranza gracias a su tenue guitarra.
Finalmente, unos remates sacuden hasta darle muerte a la rola.
Más
vino: Una melodía instrumental que le sirve de
introducción a “Dark and lovely”, la cual le dio su título gracias a las frases
“wine for two… for three… for five”. Este corte fue tomado directamente de una
grabación en vivo hecha en el estudio a media noche entre Fevery y Bjork
mientras improvisaban sobre la estructura que finalmente se convirtió en “Dark
and lovely”.
Dark
and lovely: El vino corre por las venas. Se puede sentir el
lugar, el día, la noche y la necesidad. Todos tendremos que bajar,
irremediablemente caer y perderse en un viaje muy fuerte y sin regreso… Un
monótono riff de cinco golpes que da rienda suelta a los demonios internos, que
como el alcohol en el cuerpo, nos va ahogando hasta hacernos perder la noción
del tiempo, del lugar y de nosotros mismos. El poder hipnótico del desierto
tiene esa misma cualidad mágica del vino, donde una vez envueltos, es imposible
escapar de él. Vale la pena resaltar los juegos en la guitarra de Bruno Fevery,
los cuales se entrelazan con las figuras de Nick Olivieri en el bajo hacia el
final de la rola.
Barcelonian:
A lo lejos sobre la costa podemos observar su alma con esos ojos del mismo
color que el océano, aquellos ojos que convertirán tu corazón en piedra. La
vieja conspiración, todos los caminos llevan a Roma. Enamorados de los sueños y
de esas voces que sólo nosotros podemos escuchar. Aquellos días donde dormíamos
en el suelo y el desierto era nuestra casa han quedado olvidados. Ahora no sé
qué significas para mí… Otras de las rolas donde John García expone
metafóricamente el problema con sus ex -compañeros de Kyuss, aunque
irónicamente, esta canción sea la más alejada del sonido de la mítica banda. De
ritmo ligero y entrecortado donde la guitarra explora nuevas posibilidades y
abre nuevos caminos. Las percusiones que se escuchan en el puente son hechas
por Tom Brayton, las cuales dotan a la pieza de un misticismo especial.
Embelesados por la venenosa melodía, caemos en las redes del engaño, la imagen
y la creencia. Esta rola se convirtió en el segundo sencillo oficial del Paece, para el cual se realizó un video
que muestra varias imágenes del mar, el desierto y las calles de la pequeña
ciudad de Palm Springs entremezcladas con cortes de algunas presentaciones de la
banda. Bajo una estética psicodélica, podemos ver a una misteriosa mujer, que
como ser ponzoñoso y reptante, nos engaña y nos ofrece la bebida envenenada.
Acidize…The
gambling moose: No todas las palabras han sido
ciertas, sin embargo, ella está regresando ha casa. Aquí estoy, solo en casa y
en espera. La demora ha sido larga. Pasa el tiempo y poco a poco la mente se
pierde en sus deseos, en sus ensoñaciones, en sus viajes. Sólo estando hasta
“arriba” se puede tener esa sensación tan anhelada… La guitarra distorsionada
de Bruno Fevery entona una melodía mística, la cual se convierte en una serie
de acordes que el resto de la banda termina siguiendo. Una suave voz nos habla
de aquella dama deseada, pero el ritmo cambia a un juego de arpegios limpios
totalmente distintos a lo escuchado en todo el disco, los cuales recuerdan el
“Road trippin” de Red Hot Chili Peppers. De la nada surgen las distorsiones y
una guitarra heredera del más puro estilo de Josh Homme para entonar un solo de
notas infinitas, las cuales quedan ahogadas en su feedback. Una batería tribal,
casi india, da entrada un adolorido y pesado blues, un alce que da tumbos
contra lo que encuentra en su camino. Una extraña armónica se deja escuchar en
compañía de la guitarra mientras el ritmo baja todavía más de velocidad. Dos
canciones diferentes unidas gracias al poder de la improvisación de la banda
donde la lírica nos habla en primera persona del propio John García, el cual
busca perdernos en el viaje para darle punto final al disco.
Este es el Peace de Vista Chino, un disco donde se respira la búsqueda de paz interna tras una pugna y una traición que contrajo dolor. El desierto sirve de metáfora para las líricas mientras el recuerdo sonoro de Kyuss nos invade, que más que dejarnos una añoranza, abre un nuevo camino para aquella música que nació en Palm Springs, California.
Bajo la escuela más clásica del heavy metal y la fuerza lírica de sus melodías, Castle se coloca como una de las bandas referente de aquel movimiento musical que poco a poco toma mayor espacio en el panorama actual. Este trío basado en San Francisco a logrado encontrar su lugar en el nicho del doom, pero más allá de los géneros y tendencias, Castle hace música con la suficiente fuerza y obscuridad que puede satisfacer los oídos ávidos de escuchar historias bien estructuradas sobre la muerte y la maldad por medio de grandes riffs y una tétrica voz femenina.
La banda está conformada por los canadienses Mat Davis (guitarra) y Al McCartney (batería), quienes dejaron su natal Toronto para trasladarse en 2009 a Estados Unidos, donde encontraron en Liz Blackwell la mezcla perfecta entre la gravedad de su bajo Kramer y la profundidad en su voz que encaja excelente para narrar relatos mórbidos donde la obscuridad y lo maligno toman el control. La densidad de la guitarra eléctrica construye las líneas melódicas de la perdición, una marcha fúnebre que paso a paso se acerca al fondo del abismo.
Fue hasta mayo de 2011 que lograron publicar su primer álbum bajo el título de In witch order por medio de Ván Records y con la producción del propio Mat Davis. Esta placa es una colección de temas pesados que por su sonido nos traen a la memoria a bandas como Candlemass, The Oath o Witchfinder General aderezado con algunos riffs con estilos tan distantes como Trouble, Mercyful Fate o Cathedral. La obscuridad la encontramos bajo la voz de Liz Blackwell, que tal y como una bruja, lanza sus conjuros bajo los cuales quedamos hechizados sin remedio.
Aletargadas melodías se combinan con salvajes guitarras entrecortadas que cabalgan sobre mórbidas líricas. La fuerza malignas se van apoderando de cada uno de las rolas hasta que la obscuridad se convierte en un fin, tal y como si fuera un destino. La batería golpea como si desde la ultratumba nos estuvieran llamando. El bajo se pierde en su densidad como si en lugar de dar base a las melodías se convirtiera en una atmósfera de la cual es difícil de escapar.
Como primer sencillo del disco se escogió la abridora, que bajo el título de "Descent of man" sentimos el peso sobre nuestros hombros. Unas desbocadas guitarras entran sin piedad ni control para sólo darle la palabra a una hechizada Liz Blackwell, que bajo su voz llena de ecos y misterios nos relata sobre un espectro que ronda al hombre en todo momento como si se tratara de una bestia salvaje. Sus pasos acompañan todo el tiempo, que como pálida sombra, acecha a cada instante. La puerta ha sido abierta, aunque sus ojos mortales no la puede ver, y lo único que queda es seguir caminando para atravesarla sin remedio. Aquí está la muerte y no hay retorno, ha llegado el momento de abandonarlo todo.
La guitarra de Matt Davis serpentea con unos misteriosos arpegios que contrasta con la fuerza de los demás instrumentos. Los juegos de ritmo se convierten en un reto para la batería de Al McCartney hasta que de la nada surge un solo de guitarra que rompe con la melodía hasta terminarla sin piedad. La ansiedad recorre por todo el cuerpo mientras es sacudido por un temor irremediable. El ritmo nos va hipnotizando hasta que llegamos a un callejón sin salida... éste es el fin de nuestras vidas. Irónicamente, una vez en este abismo de dolor y muerte, sabemos que apenas comienza el camino que recorreremos donde Castle será nuestro guía.
Bajo la dirección de Jaan Silmberg, Castle publicó el video promocional de "Descent of man", en el cual podemos observar un misterioso hombre renacentista mezclado con imágenes de los integrantes de la banda bajo una estética psicodélica de colores intensos. Libros de extraños íconos se hojean ante nuestros ojos, que como viejos arcanos, tratamos de descifrar para descubrir su obscuro significado. Todo comienza ha ser más claro hasta que las profecías se revelan. El horror, la enfermedad, la guerra y la muerte se han anunciado y sólo queda registrarlo para compartir el funesto mensaje.
Un grupo de amigos de la ciudad de Guadalajara, México se
reunieron en aquel 2012 para hacer la música que a ellos les gustaba. El tiempo
fue pasando hasta que dejó a cinco chicos con un concepto claro de lo que
querían hacer y decir con su banda. Dos EP’s de aprendizaje que los llevó a la
reconstrucción de sus rolas, a la construcción de una plataforma que les
sirviera de difusión y la transformación de su sonido. A casi dos meses de la
publicación de su álbum debut, hoy hacemos un pequeño recuento de un grupo que
comienza su camino en el difícil andar del rock mexicano: Los Bluejays.
Al paso de los años, y tal como ocurre en muchas bandas,
gente llegó y gente se fue hasta que las aguas fueron bajando y poco a poco el
camino era más claro. Fue de esta manera que Sergio Florean en la guitarra
principal, “Richy” Rosales en la segunda guitarra, “Gus” Andrade en la voz,
César “Ciego” Niembro en el bajo y Gustavo “Bubu” Jiménez en la batería
lograron sentar las bases para que este grupo del occidente mexicano se metiera
en los estudios de grabación con la finalidad de darle un soporte profesional a
lo que en lo largo de los años han podido construir.
Al escuchar sus distintas producciones escuchamos el giro que
su sonido tuvo. Sus EP’s Descontrol de
mayo de 2013 y BLVJÄYS de junio de
2014 son un conjunto de rolas clavadas en el punk rock noventero de voz clara
con melodía definida. Sin embargo, aunque en algunos momentos observábamos
algunos atisbos de poder y agresividad, su última producción es una granada en
las manos que explota por completo y sin control, un hard core que busca acercarse al sludge o al death.
Cempohualxochitl fue presentado hace dos meses por
medio de Malviaje Discos. Grabado en los Drumstick Records durante la primavera
de 2015 con una producción y mezcla hecha por la propia banda, la placa nos sacude
de principio a fin sin darnos tregua ni respiro. La agresividad, la densidad y
la potencia del disco fácilmente nos pueden hacer pensar que estamos hablando
de dos bandas diferentes. Si la trasformación es radical, el trabajo del sueco
Pelle Hericsson en la masterización termina por clavar el último clavo en el
ataúd.
El concepto gira alrededor del tema de la muerte como
elemento irrefutable e innegable del ser humano en cualquiera de sus facetas.
Desde los desastres naturales que pueden provocar el término de la humanidad
(lo que conocemos como el “fin del mundo”) hasta la capacidad del propio hombre
de manejar la muerte, ya sea ejecutándola con los otros así como llevándola a
su cumplimiento a sí mismo. Sin embargo, Cempohualxochitl
no se queda ahí, el tema de la muerte en las líricas del disco en su mayoría lo
podemos palpar en la idea que “eliminar” a las personas de nuestra vida, es
decir, la posibilidad de terminar al otro tras un rompimiento o separación
irreconciliable por medio del poder de la mente. Ausencia, negación,
eliminación, olvido.
Observamos la portada del disco y nos encontramos con una corona de flores como las que se colocan en los velorios y entierros. El listón que pende del arreglo nos dice el título: Cempohualxochitl, el nombre en náhuatl de aquella flor mexicana que se utiliza para adornar los altares que recuerdan a los muertos los días 1° y 2 de noviembre. La flor de muertos acompaña al funeral de lo que fue Los Bluejays y nos presenta la nueva propuesta sonora de la banda, una colección de canciones que tendrán en la muerte el pretexto para encontrar olvido y transformación. Una flor de color intenso y olor penetrante que es imposible que pase desapercibida como concepto para describir la música directa y sin freno que hace al disco.
El primer sencillo que se desprende de este disco es su tercer track llamado "Muerto", una agresiva pista de riffs intensos de guitarra que van encontrando varias estructuras mientras la voz de Gus nos habla desde la ultratumba. Una canción vieja que se encontraba en el repertorio de la banda desde hacía mucho tiempo atrás, la cual fue cambiando su estructura con el paso de los meses. La banda la considera una de sus canciones más "colectivas" debido a que los diferentes riffs que la conforman fueron realizados por los distintos guitarristas que han formado parte del grupo. Hacia la parte media de la rola, los instrumentos se pierden en un eco distorsionado en forma de loop, como si el alma esperara en el purgatorio su juicio final.
Según lo que los propios Bluejays han comentado en diferentes entrevistas, "Muerto" no es una rola que estrictamente hable de la muerte de una persona, sino la desaparición de la misma en su percepción cuando existe una separación, ya sea por rompimiento amoroso, amistad o relación social. El alejamiento conlleva una muerte "imaginaria" del otro, una eliminación de los recuerdos, un "borrón y cuenta nueva".
Para la promoción del disco, Saurio Films elaboró un video de la rola donde se pudiera ver reflejada la potencia de la melodía sin que se perdiera el tema de la misma. La eliminación y olvido del otro quedó bien representado con las imágenes del bailable regional de los "tastoanes", el cual representa la lucha de la conquista y el sometimiento de los pueblos autóctonos en el occidente de México. Esta tradición se realiza en el poblado de Tonalá, Jalisco a finales del mes de julio, la cual consta de un grupo de personas con máscaras zoomorfas muy vistosas que representan a los indígenas heridos por las llagas del sometimiento y deformes por la viruela y las enfermedades traídas por los españoles. Asimismo, se suma al baile a otros danzantes vestidos con sombreros y capas rojas que representan a Santo Santiago, es decir, la imagen de Santiago Apóstol, santo católico que fue utilizado como patrono en el proceso de colonización realizado por el conquistador Nuño Beltrán de Guzmán.
El video muestra la violencia que contiene el baile, ya que éste consiste en la representación de diversas batallas por medio de golpes, gritos y latigazos que terminan con la victoria triunfal de Santo Santiago en su caballo, la imposición de la cruz y la muerte de los tastoanes, quedando sus cuerpos regados por la plaza del pueblo.
Con tan solo tres minutos de rola, Los Bluejays destruyen todo a su alrededor para dejarnos tendidos en el suelo a sabiendo de lo vendrá en la totalidad de la placa: guitarras fuertes, efectos sonoros, distorsiones y gritos. La energía recorre todo el cuerpo hasta que el alma la abandona. La lírica es muy clara y lo único que nos queda es hacer referencia a ella: " Este es mi testamento... ahora que he muerto ya no camino, no respiro, no respondo, ya no existo. El que era antes, no seré más. Se ha ido y no regresará jamás. Mátame, aniquílame y de tu recuerdo bórrame".