El día de ayer, 12 de mayo, salió a la venta el nuevo disco del supergrupo de stoner Sun & Sail Club, titulado The great white dope. El guitarrista de Fu Manchu, Bob Balch se juntó con Scott Thomas Reeder, quien ha sido bajista de Kyuss, The Obsessed y Fireball Ministry para hacer una banda que sumara el sonido de los proyectos en los que han participado.
Un poco en broma, un poco en serio, Bob Balch llamó a su compañero en Fu Manchu, el baterista Scott Reeder para que se uniera al grupo. Aprovechando que el baterista y el bajista tienen el mismo nombre, Balch jugó con la confusión sobre Scott Reeder: dos personas distintas en el ambiente stoner de California formando parte de una misma banda.
Luego de grabar Mannequin con la voz de Balch a través de su guitarra conectada a un vocoder, decidieron reclutar a un viejo conocido de la escena punk y hardcore californiana: Tony Cadena, cantante de Adolescents, además de grabar disco en conjunto con Black Flag.
Esta es una placa llena de velocidad, sucios riffs de guitarra acompañados de un bajo atascado de fuzz, además de líricas llenas de alusiones a drogas y elementos cósmicos. Stoner de alto octanaje y voz directa que acusa la herencia directa de Scott Hill y Fu Manchu.
Aquí está el primer sencillo, Desdren Fireball Freakout Flight, el cual llega acompañado de un video promocional donde se observa a Scott Reeder tocando la batería sobre la pista base de la rola. Escuchen y escriban qué opinión les merece...
Una portada llama la
atención sobre las propuestas musicales de los últimos días del 2012. Una
imagen inspirada en la vieja iconografía del art nouveau nos muestra a una
mujer con una antigua túnica sobre su cuerpo colocando un foco sobre una
especie de socket. Sin embargo, este dibujo nos trae a la mente la historia
bíblica de Eva al tomar el fruto del árbol de conocimiento del bien y del mal.
Una serpiente lleva la mano de la mujer a conectar a una toma de corriente
aquel ícono de la era de la electricidad. La iluminación artificial se
convirtió en el parteaguas para que alcanzáramos esta edad moderna, y para la
música no le fue ajena.
Comienzan los primeros
segundos del disco y unos sorprendentes coros a capella llenan el espectro
auditivo, los cuales recuerdan aquellos místicos cánticos negros del sur de los
Estados Unidos o aquel sabor campirano de extremo fervor religioso
norteamericano. Una vez sacudidos, una guitarra stoner crea un hipnótico riff
que choca directamente contra un muro sonoro de sabor árido al estilo Palm
Desert mezclado con un ambiente lúgubre y denso al estilo de los pantanos del
Bayou.
Y eso es All The
Witches, una contradicción sonora que explora diferentes caminos hasta
construir un combo auditivo muy compacto, muy fuerte y de gran calidad. Ellos
se encontraron en Nashville, Tennessee y se nota en su mezcla de blues negro,
stoner de gusto desértico, rock sureño de sabor fuerte, además de ambientes
nacidos de la densidad ácida de la psicodelia y hard rock de finales de los 60.
A este collage lo han nombrado Psychedelta Rock. Pero eso no es todo, ya que
todavía podemos encontrar un sabor a noise y shoegaze gracias a los efectos de
las guitarras como flanger, chorus o reverb. En otras palabras, y como ellos
mismos se califican, “unas adorables bestias que tocan drogados riffs”.
Por si fuera poco, esta
banda es el primer grupo no alemán de publicar en la disquera Elektrohasch, de
la cual es dueño Stefan Kogle, vocalista y guitarrista de Colour Haze. Esto
otorga un grado más de confianza en All Them Witches por lo que realizaron en
el estudio.
¿Pero
quién carajos son estos tipos?
All The Witches es un
collage, una mística mezcla de culturas. Ellos se conformaron como grupo en Nashville,
Tennessee durante el 2012, y en menos de un año publicaron su Our mother electricity. Sin embargo, no
todos los integrantes de la banda son de la llamada “Ciudad de la música”:
La batería está a cargo
de Robby Staebler, un chico que nació en The Shereveport, Louisiana. Músico que
trabaja a partir del jam y de la improvisación donde ha plasmado su
sensibilidad y su calidad como músico. Como baterista, admira la forma de tocar
de John Bonham de Led Zeppelin y la música en conjunto de Pink Floyd.
La banda se formó precisamente
a través de la unión de Robby con Ben McLeod, un guitarrista que tiene el gusto
por los sonidos acústicos y por las pesadas distorsiones eléctricas a la vez, además de una excelente capacidad de
emplear el slide sobre el mástil de su guitarra. La semilla de All Them Witches
está en sus sesiones de jamming.
A ellos se les unió un
chico que vivió toda su niñez y adolescencia en Nuevo México: Michaels Parks,
Jr. Él tiene un gusto variado por la música, pero tiene su mayor admiración en
las bandas de blues del delta de Mississippi y en la música de ZZ Top. Además
de completar los sonidos graves que se requerían en la banda con su bajo,
aportó con su fértil imaginación para las líricas de la música que estaban
creado y su voz para interpretarlas; que al conjuntarla con la de Ben, han
dotado de una identidad propia al grupo.
Finalmente, Robby llevó
a los ensayos a su amigo Allan Van Cleave para que hiciera cargo de los
teclados, unos Fender Rhodes. Siendo sólo un
músico invitado, poco a poco se volvió en parte fundamental de la banda
hasta ser ahora un miembro más. Su gusto musical está orientado hacia la música
clásica, al contrario de lo que se pudiera pensar.
El
concepto
Our
mother electricity es el álbum debut de All Them Witches,
una placa busca reflejar sus mezcla musical en el propio concepto de sus
líricas y del arte del disco. El blues hecho en el delta del Mississippi es la
base, pero logra la transformación al vender su alma en un cruce de caminos:
por un lado el stoner al estilo desértico de Palm Desert, California y por el
otro el hard rock y la psicodelia de finales de los 60. El sonido rural,
campirano y acústico del blues negro se encuentra con el sonido urbano,
citadino y eléctrico del hard rock blanco.
Nashville es su
verdadero cruce de caminos: Parks es originario del desierto de New Mexico,
Staebler nació en la delta bluesera de Louisiana. Tennessee es la tierra del country
y límite del rock sureño, sin olvidar que el origen del rock n’ roll está en
este lugar.
All Them Witches es una
banda que juega con los contrastes, encontrando en la brujería un punto de
referencia, además de entender que la música es algo sobrenatural. Todo los
fenómenos inexplicables son atribuidos a la magia, y la música es uno de esos
fenómenos. Y esta idea se refleja en las letras, mismas que versan sobre la
mística y el encuentro entre el bien y el mal, sobre cosas incomprensibles,
sobre amuletos y objetos que permitan atravesar otros planos de la realidad,
otras dimensiones.
Estas líricas no son de
extrañar para una banda que bebe directamente de tantas culturas, ideas que
crecen sobre los ambientes creados sobre los viajes musicales. Voodoo de la
gente negra del Delta y el chamanismo de los indios de los desiertos del Oeste
enfrentados a la visión de progreso, ciencia y conocimiento del hombre blanco.
Claramente escuchamos
el disco dividido en dos partes: una primera con un sonido sucio y pesado donde
los instrumentos eléctricos toman el control, y una segunda sección de sonidos
más pausados y acústicos. La electricidad está entre nosotros, pero no hay que
olvidar que hubo un pasado de obscuridad y de magia.
Canción
por canción
Heavy
like a witch: Una petición que se convierte en una
clemencia. El hombre que busca la sanación, el perdón, la liberación encuentra
en la brujería la posibilidad de solución. Un aquelarre a la luz de las velas…Unas
voces se entonan y se escuchan en un esplendor de eco y densidad, ubicándonos
en un tiempo pasado de misticismo y obscuridad.
La luz se hace y un riff de guitarra blusera y heavy explota para hacer juego
con una sucia batería y un bajo lleno de fuzz. Blues pesado con momentos stoner
y de maravilloso sólo de órgano que hace volar la cabeza.
The
urn:
Lo único que tenemos seguro es la muerte y sobre ella es en lo único que
podemos hacer promesas. Sol, botas y arenas son los elementos que enmarcan el
paisaje donde se puede vender el alma. Las cosas terminarán y sólo quedarán
cenizas dentro de una urna... Árido y pesado blues de tintes sureños y guitarra
slide al estilo Johnny Winter. El final de rola rompe el ritmo con un bajo
atascado de fuzz y guitarras distorsionadas para regresar al riff de la
guitarra con remate ahogado en su feedback.
Bloodhounds:
Una
oda a la obscuridad, a la noche, al miedo por lo desconocido. Todo queda
sumergido en el color de la medianoche. Nadie puede vivir en este pueblo sin
luz… El inicio de la rola lo da una batería que no para y juega con su efecto
de grabación lo-fi, que en su ritmo recuerda a The Black Keys. Un cortante riff
de guitarra entra y el recuerdo llega directamente al sonido de Jack White.
Tras energéticas y rítmicas estrofas, el puente hace bajar la rola hacia una
pesada sensación de soledad. El segundo solo de guitarra simplemente es genial,
sentido y explosivo.
Guns:
no
existe otra palabra más que la que expresa la bala. El reto está lanzado y
ahora ambos hombres están sobre la caliente arena del desierto esperando quién
de los dos será el primero en acertar el disparo. La sangre se va, el cuerpo se
va, el alma se va. Esto es un duelo a muerte... Una lenta figura de guitarra se
arrastra como un hombre agonizando que se desangra en la arena. Melodía clavada
en el heavy blues eléctrico pero que guarda un sonido sucio cercano a Black
Rebel Motorcycle Club. La guitarra de McLeod realmente se escapa de sí misma
gracias al sentidísimo solo, pero cerca del final, la rola se convierte en una
explosión stoner que logra dar mayor dramatismo, un balazo que hace explotar lo
que uno tiene guardado.
Elk
blood heart: existen cosas que creemos que tienen
poderes sobrenaturales, objetos mágicos que nos ayudarán a alcanzar nuestros
deseos, a encontrar las respuestas a nuestras dudas, a escapar de los
sufrimientos. Mientras más extraños, más exóticos y más difíciles de conseguir,
mayor será su poder y su efectividad. ¿Y cuál sería el mayor motivo por el que
buscaríamos un elemento mágico como este? El amor no correspondido. Con él,
lograríamos todo; sería tener en las manos las llaves para abrir cualquier
puerta… Esta rola fue escrita por Michael Parks Jr., el bajista de la banda. Un
blues en toda la extensión de la palabra, pero que en él se siente una ligera
bruma psicodélica gracias a la etérea guitarra de acompañamiento. Gracias a la
voz del propio Parks y la propia melodía de la rola, es inminente el recuerdo
de lo que ha hecho por The Black Keys en aquel Big come up del 2002.
Until
it unwinds: El cuerpo se queda flotando en un
letargo, un viaje mental hasta las profundidades del ser, un sueño total como
la muerte. El alma se pierde poco a poco en un arrullo pero algo está mal: el
cuerpo ya no ve, no se puede liberar, ya no puede vivir. Atrapado en una
ensoñación, el ser se ha perdido… Se escuchan sirenas sobre unos tambores
tribales, pero todo queda sepultado en una batería muy Bonham (When the leeve breaks, Led Zeppelin IV) y
un bajo de gran distorsión y densidad profunda que tendrían muy orgulloso a
Robert Levon Been de Black Rebel Motorcycle Club. Melodía obscura que poco se
va desencadenando un jamming explosivo, desenfrenado y orgásmico, digno de ser
la pieza central del disco. La voz pasa del arrullo a gritos de desesperación,
pero en la ensoñación hasta se escuchan
voces al revés. Son de llamar la atención los juegos de slide en la guitarra en
contraposición de los teclados de Van Cleave muy al estilo de Ray Manzarek de
The Doors. Hacia el final los ecos de las guitarras no se dejarán de escuchar,
en un vago recuerdo de los efectos sonoros logrados por Jimmy Page al pasar un
arco de violín sobre su Gibson Les Paul. Quizá sea esta rola la que desarrolle
más el concepto de blues eléctrico derivado por un viaje lisérgico.
Easy:
existen personas que pueden sacudir nuestras vidas, que pueden cambiar lo que
somos o lo que hacemos. Pero es no es lo sorprendente, sino que lo hagan con
suma facilidad. Sin embargo, esta sensación no es compartida, no es mutua y se
convierte en plegaria, en un ruego… Aquí comienza el descenso de la saturación
sonora del disco hacia suaves ritmos
donde un ligero efecto de slide de la guitarra se lleva la canción, dejándonos
un pequeño sabor a balada folk. Una ensoñación que hace olvidar todo.
Family
song for the leaving: bajo la mentalidad del hombre de campo
y de pueblo, la visión religiosa orienta sus acciones y su forma de vida.
Gracias a esta forma de ver la vida, los problemas no son provocados por las
personas, sino son elementos ajenos al hombre que llegan y se postran sobre él.
¿Qué tan alejado es el pensamiento místico y mágico del religioso y cristiano
de Estados Unidos?... Balada acústica que desea recorrer el camino trazado por Going to California de Led Zeppelin y
que termina con un sabor folk muy al estilo de James Jim y su My Morning
Jacket. Los aplausos se los lleva la guitarra con sonido a pedal steel y los
etéreos teclados del final que dotan de mayor atmósfera campirana.
Righ
hand:
¿cómo se puede tener confianza en el otro, si al mirarse uno mismo al espejo se
observa el engaño? Una plegaria para encontrar la fuerza en los demás para
convertirse en un hombre mejor… Acompasado blues sureño de sabor a Lynyrd
Skynyrd que poco a poco sube de intensidad y fuerza en los instrumentos. El
círculo del disco se cierra con unos juegos vocales de estilo góspel y que
tienen la misma melodía de los del inicio de la placa. Gran solo de guitarra
cercano al sonido psicodélico de Hendrix y un feedback final que marca el triunfo
de la electricidad sobre los sonidos acústicos.
Aquí tienen el primer
disco de All Them Witches: Our mother
electricity. 45 minutos y 48 segundos de blues que en su reedición le fue
agregado I can´t even see myself ,
una rolita de guitarras slide muy al estilo de The Black Keys como bonus track.
Viviendo entre sombras, en medio de la obscuridad. El camino es sólo una pendiente hacia abajo. Cierras los ojos y comienzas a reflexionar sobre tu alma. No existe una solución, todo terminará contigo. Este es el negro océano.
Aquí está la madre de Dios, aquí está la que trajo al mundo al hijo del creador. Ella es la puerta hacia este plano de la realidad donde nos encontramos. Ella es el puente entre lo mágico y lo supremo hacia lo vulgar y lo bajo. Aquí es donde se encuentra el hombre. Un lugar de penas, de dolor, de sufrimiento, de pecado, de muerte. No es una pesadilla, es el mundo de la vigilia.
Mother of God es una banda de Suecia que toca una mezcla entre rock stoner y grunge, que al añadir una pizca de imaginación ácida heredada de lo más duro de la psicodelia y unos cuantos miligramos de metal y heavy rock retro, encuentra la amalgama para su sonido y para su concepto: el encuentro del hombre y su dios en un mundo terrenal, un lugar donde la madre naturaleza es la que manda y el ser humano se encuentra desprovisto de soporte y que sólo tiene su imaginación y sus esfuerzos.
La banda está formada por Daniel Nygren en la voz y guitarra de acompañamiento, Carl Lindblad en el bajo, Jimmi Hurtig en la bateria y Johan Kvastegard en la guitarra principal, éste ultimo, ex miembro de la banda de death metal Spasmodic y que tiene como proyecto alterno a Disrupted, otra banda de death metal junto con el baterista Jimmi Hurtig.
Black ocean es un single editado enero de 2014, una rola sacada para mantener a Mother of God en activo tras su genial Anthropos de 2013. Por desgracia, esta canción sólo fue publicada en formato de vinil de tan sólo 350 copias. Afortunadamente, la rola se puede disfrutar a través del video promocional que hicieron rodar en los canales de video por internet.
Se escucha girar el carrete de una cinta de Super 8 y las imágenes difusas se postran sobre la pared. Se abre una puerta y encontramos a la banda tocando sobre un obscuro escenario. Un redoble de bateria da el banderazo de salida y escuchamos a todos los instrumentos juntos en un riff que nos hace llamar nuestra atención. La voz grungera de Daniel Nygren entra bajo una melodía que trae dolor y queja sobre sus hombros. Las guitarras juegan con figuras que mezclan distorsiones stoners y efectos sonoros robados del metal. En su puente musical, el ritmo desciende hacia un stoner más clásico, pero ello sólo sirve para dar empuje a los juegos melódicos y los remates de una batería que no frena.
Aquí tienen el video de Black ocean, en lo que esperamos que estos suecos se animan ha grabar algo nuevo...
La vida nos regala la libertad de hacer lo que queremos y nunca nos preguntamos por qué. Estar en ella equivale a tener problemas y sufrimientos. Pasa muy rápido y no permite arrepentirse de nada. Para salvar nuestras almas sólo nos queda abrir los ojos y levantar la mirada al cielo... pero inmediatamente.
Este el tema del que hablan los daneses de Doublestone en su "Save our souls", rola editada en el Wingmakers de noviembre de 2013. Un redoble en la tarola abre paso a un riff de guitarrra simplemente contagioso. El ritmo cabalga y nos hace correr sobre un viaje mental para liberar el alma de los problemas de la vida real.
Esta banda de Copenhagen es un power trío que nace directamente del sonido "retro" del hard rock de finales de los setentas del que se ha puesto de moda desde hace unos años en los países nórdicos y en la Europa oriental. Por ello, nos es extraño encontrar en sus rolas un sabor a Graveyard, a Horisont y a Kadavar. Y por si fuera poco, estos muchachos tienen en la producción el manto protector de Tony Reed, quien es guitarrista y vocalista de la banda stoner y retro Mos Generator, además de ser el centro creativo de Stone Axe.
Bo Blond en la voz y las guitarras, Kristian Blond en el bajo y Michael Bruun en la batería hacen en conjunto lo que han denominado como "Cult-boogie", rock revival que conjuga algunas distorsiones stoner con imaginación psicodélica.
"Save our souls" abre la segunda placa de Doublestone, y gracias al rápido y pegajoso riff de guitarra, merece tal lugar. Sin embargo, tras su rampante ritmo y exorcismo lírico, la canción baja a un letargo musical heredado del rock stoner, una metáfora sobre el escape del alma que deja su moribundo cuerpo. Gran rola que coloca a Dinamarca en la palestra de países que buscan rescatar sonidos vintage para colorear nuestros días.
El final se acerca, se siente en cada poro de la piel. La vida es un desastre, la mente está llena de odio, la ciudad está está desquebrajada. El dulce aroma de una humeante pistola disparada llena los pulmones hasta su fondo. La muerte se postra sobre el rostro... probablemente ésto es el infierno.
La fuerza del mamut lanudo se posa sobre los petrificados ríos de lava de Melbourne, Australia. Heavy rock con sabor a distorsión stoner, guitarras de ritmo glam, actitud punk, fuerza doom y arreglos psicodélicos. Bajo la producción de Jason Fuller (bajista de la banda de metal Blood Duster), el cuarteto australiano de Mammoth Mammoth publicó su Volume III: Hell's likely en noviembre de 2012 con el amparo de Napalm Records.
Mikey Tucker en la voz, Ben "Cuz" Couzens en las guitarras, Pete Bell en el bajo y Frank "Bones" Trobbiani en la batería han patentado su sonido en lo que ellos denominan "Good-time-murder-fuzz", un rock que puede matar unicornios.
La rola que da título al disco es la abridora de dicha placa. El video nos ubica en algún callejón abandonado de Australia y nos lleva hasta un pintarrajeado baño para discapacitados de un pequeño bar. Playeras negras y chamarras de negro arropan al mamut que se agita en el reducido lugar. El casco de motociclista en la cabeza de "Bones" nos da una idea de la velocidad de los riff de esta rola. Cervezas y gente bailando cierran el círculo vicioso (¿quise decir virtuoso?)
Regálense sólo dos minutos y 41 segundo de energético y desenfrenado rock australiano...
A principios de 2013,
los medios electrónicos especializados en el resurgimiento del heavy rock y
psicodélico al estilo de finales de los 60 y principios de los 70 hicieron
correr la noticia como reguero de pólvora: el sello discográfico Nuclear Blast
publicaría un nuevo disco de Orchid, el segundo en su discografía para la banda
californiana. La imagen de una portada que recordaba la tipografía y los
colores del Master of reality de
Black Sabbath comenzó a impregnar los sitios de internet, pero este The mouths of madness nos regalaba algo
más.
Unas fumadas letras nos
daban el nombre del grupo, aquel que ya había llamado la atención de aquellos
seguidores del rock revival hacía unos pocos años. En medio del espacio que
forma la letra O podíamos asomarnos como lo hace un doctor cuando le solicita a
su paciente que abra la boca y diga “AHHH”. Una calavera desdentada, una mujer
con la cara descompuesta por el miedo, una mujer con el rostro absorto y una
mujer de avanzada edad que sólo nos podría hacer suponer que fuese una bruja.
El concepto visual sólo podía estar ad-hoc con música obscura, enferma y densa.
Theo Mindell, tatuador profesional de la bahía de San Francisco, no era
únicamente el vocalista de la banda, también era el creador del arte visual
para esta placa.
Con los reflectores
encima, Orchid decidió retomar las críticas que recibieron en el Capricorn del 2011 y comenzaron a construir su nueva obra. Algunas revistas y bloggers
habían alabado la recuperación del sonido que logró construir Black Sabbath en
sus primeros disco, elemento que buscaron reforzar y tomar como base para las
nuevas composiciones. Sin embargo, muchos fans de la mítica banda y
especialistas musicales tomaron a la banda como una burda copia que, en un
juicio más agresivo, podrían ser demandados por plagio. A pesar de este pésimo
escenario, la banda no regresó sobre los pasos ya dados, y teniendo en Will
Storkson como ingeniero y productor, hizo uno de los mejores discos de doom y
se convirtió en la banda número uno del revival en Estados Unidos.
¿Pero
quién carajos son estos tipos?
Ubicados en la bahía de
San Francisco, California, un grupo de amigos decidieron hacer una banda que
sonara como Black Sabbath, Pentagram y Trouble. Los acetatos comenzaron a pasar
entre las manos del grupo hasta que fueron conformando un estilo definido:
riffs graves, atmósfera lúgubre y distorsiones pesadas.
Todo había nacido por
la iniciativa de Theo Mindell, quien tomó el rol de frontman con su estilo
distintivo tono medio de sus cuerdas vocales, con su mezcla camisas de manta y
chamarras de cuero, con su pelo lacio que cae sobre su rostro mientras coloca
las manos sobre su micrófono de pedestal. Aunque él no se quedaría del todo
ahí, ya que la imaginería de las líricas corren a su cargo. Efectivamente, sus
líneas melódicas surgen directamente de las ideas de Ozzy Osbourne, pero el
color de su voz le dota de una personalidad propia. Aun así, es necesario
resaltar la influencia que sobre él ejercen vocalistas tan distintos como Bobby Leibling (Pentagram), Ronnie Van Zant (Lynyrd Skynyrd), Paul Rodgers (Free, Bad Company) y Colin Blunstone (The Zombies).
Las guitarras están a
cargo de Mark Thomas Baker. Un combo de amplificadores Orange y Marshall propulsan una SG
con su fundamental vibrato Bigsby al más puro estilo de Toni Iommy. Sin
embargo, su forma de tocar no queda subordinado al miembro fundador de Black Sabbath y
sus guitarras siamesas. Sus efectos y distorsiones se acercan a los utilizados
por gente como Hendrix, Page o Beck.
Los tonos graves son
fundamentales en el sonido de rock a la forma doom. El encargado de crear la
naturaleza obscura es un el bajo Fender Precison amplificado con equipos Ampeg
y Laney a cargo de Keith Nickel, un rubio rollizo que si uno encontrara en la
calle, sólo pensaríamos que gusta vestir al estilo hippie.
El soporte sonoro es
hecho por Carter Kennedy, basterista que no sólo cita como sus influencias a
Bill Ward, sino a gente como John Bonham de Led Zeppelin (de hecho, su
favorito), Mitch Mitchells de The Jimi Hendrix Experience, John Desmore de The
Doors y Neil Peart de Rush. Interesantes juegos de platillos y percusiones
obscuras y graves que acompañan los riffs de guitarra y bajo son su sello
distintivo.
Sin embargo, no todo
queda ahí, como verdadero quinto Orchid, Will Storkson, quien funge como
productor e ingeniero de sonido, también toca los sintetizados y teclados que,
muy tenues sobre la mezcla final del audio, logran crear la atmósfera obscura
que la banda busca plasmar.
El
concepto
Siguiendo la
orientación marcada por la brújula de Black Sabbath construida hace 40 años,
Orchid compuso una serie de canciones que tuvieran ese sabor denso, obscuro y
pesado; aunque todo no quedó en un simple remake. Gracias a una imaginación
fértil, el sonido sabbath fungió como base para crear extrañas líricas sobre
atmósferas misteriosas.
Estas son las bocas de
la maldad. Voces que piden piedad, que confiesan su enfermedad, que expulsan su
dolor y que finalmente aceptan su condición y su cruel destino. Enfermos
mentales, brujos, psicóticos, poseídos, vagabundos y condenados tienen la
oportunidad de expresar sus sentimientos, aquellos que causan repulsión,
rechazo y remordimiento.
Tras varias sesiones de
improvisación que tuvo la banda, poco a poco fueron llegando los riffs que
dieron base a las melodías. Gracias a la obscuridad nocturna, Theo Mindell fue
escribiendo las letras hasta encontrar el hilo conductor de la obra: la
interiorización del sufrimiento ajeno que permitiera la posibilidad de la
redención de los dolorosos. Proceso catártico que hace comprender al otro y que
permite ver las cosas desde el otro lado.
Canción
por canción
Mouths
of madness: sin señal de aviso, de pronto nos encontramos ante
un muro sonoro como poderosa bienvenida al mundo de la locura y la enfermedad.
El ritmo baja para encontrar un riff de guitarra llena de fuzz y cry baby que
nos ubica en un sitio siniestro. Las voces se hacen más desesperadas hasta que
encuentran desahogo en un coro que implora respuestas. Enfermedad y tristeza
ante una realidad que sólo provoca desilusión. Como si fuera poco, el puente
musical se llena de voces y ecos que remiten a frías imágenes nacidas de la
mente retorcida que ha perdido el control… Gran solo de guitarra al más puro
estilo Iommi. El juego melódico del coro recuerda mucho al de 10,000 light years from home de sus
satánicas majestades The Rolling Stones. El video hace parodia de las primeras
presentaciones en televisión de Black Sabbath durante la época de la
psicodelia.
Marching
dogs of war: pasos militares, sirenas y bombas
cayendo sobre las trincheras inundadas. El anuncio está hecho, la guerra está
aquí. Todo huele a sangre, a muerte. Pero todo ha quedado en la ilusión del
soldado, una aturdida realidad que los horrores bélicos construyeron sobre una
mente atormentada… Una rola sabbath hecha bajo la estructura melódica de Faires wear boots (del Paranoid), una
harmónica en efecto sonoro que recuerda The
Wizard (del Black Sabbath) y un solo de guitarra sobre un círculo de notas
descendentes muy semejante a la coda de Black
Sabbath (rola del primer disco que nombra a la banda como a la placa).
Silent
one:
las sombras se postran sobre el tiempo y el espacio. Unas alas negras
sobrevuelan a través del final de un día negro. La mirada está absorta sobre el
abismo de obscuridad y se escuchan voces y ecos sobre el mar. Estamos
presenciando el nacimiento del hijo del futuro, el hijo de Satán, el elegido
silencioso… Tema ahogado en un aroma
doom que no puede negar su origen sabbath clavado en el Into the void (del Master of reality) con un puente tétrico que
sólo puede agradecer su sonido a los teclados atmosféricos y las campanas
funerarias obra del productor del disco, Will Storkson.
Nomad:
una oda al vagabundo que viaja sobre la realidad, sobre el tiempo y sobre sí
mismo. Un eterno extranjero que nunca pisará tierra propia. El nómada que tiene
en el horizonte su único e inalcanzable destino. Sólo siguiendo la andanza se
puede sacudir las sombras de la maldad de la mente, pero jamás se encontrará la
paz... Una melodía que se encontraba en las manos de Orchid desde sus primeros
días, pero no fue hasta pasados los años que maduró hasta convertirse en el
nómada. Quizá esta sea la canción del Mouth
of madness más alejado del sonido sabbath, aunque los efectos sonoros de la
guitarra psicodélica estén cercanos a Am
I going insane (del Sabotage).
Mountains
of steel: un viaje lisérgico que nos arrastra a paisajes
ilusorios y cósmicos, a lugares donde se arrastra el alma hasta la pérdida de
la conciencia. Aunque se intenta tomar el control nuevamente, no existe marcha
atrás… la mente se ha perdido absorta en montañas de acero, aquel lugar donde
choca la imaginación encuentra freno y pierde la oportunidad de salida… Una
rola sabbath que es una versión estridente y más rápida de A national acrobat y que suma un arreglo de piano en su puente muy
cerca al de Sabbra Cadabra (ambas
rolas del Sabbath Bloody Sabbath, unos de los discos favoritos del vocalista de
la banda).
Leaving
it all behind: con una mente perturbada por la maldad
del mundo, la búsqueda de respuestas es insaciable. Pero las voces del interior
no son claras y el apoyo de la gente de alrededor en casi nulo. Al final del
día sólo queda agradecer y dejar todo atrás. No es perdón, es abandono y
descanso, una liberación de la pesadez del alma… Juego de guitarras en tono
grave y agudo con distorsiones sabbath que recuerdan After forever (del Master of reality).
Loving
hand of God: el mundo habla de la bondad del Dios,
pero al confrontar lo ocurrido en la realidad, la duda surge. ¿Será culpa del
Dios, de sus designios o del libre albedrío que regaló a los seres humanos? La
familia que nos fue otorgada no ayuda mucho en la situación. El individuo
formará una nueva familia y terminará repitiendo lo que sus padres… Una rola
lenta de sabor a los primeras obras de la discografía sabbath, recordando mucho
la rola de The warning (del Black
Sabbath) donde se utilizaba el denso blues del delta del Mississippi al estilo
obscuro de Lightning Hopkins como inspiración. La interpretación vocal logra
poner la piel de gallina. El solo de guitarra utiliza el clásico recurso de
Iommi que utiliza un riff interpretado por dos guitarras en cada canal del
stereo para que tras algunos segundos cada guitarra haga figuras
independientes: las guitarras siamesas. El remate para terminar el solo y
regresar a la lenta melodía es un tributo directo a Electric funeral (del Paranoid).
Wizard
of war: el debate entre la vida y la muerte encuentra su
metáfora en la guerra. El ser humano pende de un hilo que es controlado por el
mago, por el dios, por el demonio, por la muerte. Las leyes de la naturaleza se
quiebran bajo su decisión, el control está en sus manos y no hay forma de
escapar… Los riffs de esta rola fueron masticados por muchos años en la mente
del guitarrista Mark Thomas Baker, al grado de que se puede sentir un
“auto-fusil” con su primer sencillo Into
the sun. Cuenta Theo Mindell que tras noches y noches de ensayos las
líricas no encajaban con el desenfrenado ritmo de la rola, hasta que un día en
su casa escribió el puente y el coro; se presentó en la siguiente práctica y
¡bum! Wizard of war nació.
See
you on the other side: para entender las enfermedades, los
sufrimientos y la maldad, es necesario vivirlos en carne propia, se requiere
observarlos desde el otro lado. Pero todo tiene un riesgo: ante la confusión
mental, el alma queda atrapada en un eterno infierno donde los pecados serán
castigados. Todo cae por su propio peso hacia un pozo de lamentos sin final. El
demonio está dentro del propio ser humano y en él mismo radica la maldad… Riff
de gran energía que termina jugando con guitarras en distinto tono y el
acompañamiento del bajo. Notas que resbalan hasta caer sobre los acordes de la
estrofa. En la parte media de la canción baja el ritmo hacia un suave ritmo de
guitarra acústica de sabor melancólico y sin posibilidad de remedio. Finalmente
la lira vuelve a tronar sobre un espectacular solo hasta llegar a una coda que
pudiera ser el preludio a una nueva canción.
El rock stoner nunca ha tenido unos límites muy definidos: a veces puede ser árido como el desert rock, a veces puede ser áspero como el metal, a veces puede ser lleno de efectos de sonido como el space rock, a veces puede ser profundo y denso como el doom, pero... ¿puede ser bailable?
Hay una banda alemana que ha logrado esta idea: Black Space Riders. En su disco D:REI de enero de 2014 logró fusionar géneros tan distintos como el stoner, el metal alternativo, la música tecno industrial y la psicodelia para una colección de 13 temas. De ellos hemos escogido el sencillo "Give gravity to the people", rola que mezcla stoner con industrial bajo una atmósfera que respira elementos del space rock.
Dos guitarras en densos sonidos overdrive, un bajo de ligero toque fuzz, una rítmica batería y una monótona y robótica voz nos toman de la mano para comenzar un viaje astral a través de una plegaria sónica: gravedad cero para todos. Misteriosas guitarras y percusiones de sabor oriental se filtran a través de la pared de sonido. Una lírica atascada de ciencia ficción que juega con imágenes cósmicas.
Un acetato gira y nos llena las pupilas de colores sepia y naranja. Poco a poco vemos imágenes de la banda tocando en vivo en algún lugar perdido de la Europa oriental. La pantalla se llena de cuerpos en caída libre, estrellas en implosión, enormes robots postrados sobre paisajes de planetas desconocidos y "agujeros de gusano" que nos dejan flotando sobre un universo infinito. Soltemos el cuerpo a un estado sin gravedad y permitamos que el ritmo nos invada sin remedio.