Cuando relacionamos mujeres vampiro, los principios de los años setenta y España, es irremediable que nuestra mente corra sin freno al recuerdo morboso de las viejas películas de Jess Franco, aquellas donde se conjugaban historias de sensuales chupasangre, ritos satánicos y misas negras a través de filmes de bajo presupuesto, sabor kitch y una innegable atmósfera porno. Ver alguna de las obras de la extensa filmografía de épico director, era enfrentarse contra una pantalla llena de desnudos, sangre y fantasías lésbicas de la mano de musas como Soledad Miranda, Rosalba Neri, Diana Lorys y Lina Romay e íconos del cine de serie B como Jack Taylor, Howard Vernon y Christopher Lee. Sin embargo, los tres conceptos entrelazados nos puede arrojar otra opción.
Lewis & the Strage Magics es una banda originaria de Barcelona, España que añade a su rock pop algunos elementos de jazz de los cincuentas y psicodelia clásica para cantar sobre demonios, vampiros y ocultismo, que bajo la tendencia vintage que ha dominado los últimos años en Europa, ha colocado a Cataluña en los mapas del occult rock, el doom y la nueva psicodelia.
El grupo se formó en el verano de 2014 bajo los conceptos de Lewis P., quien buscaba crear una banda que tocara aquel rock pop de las bandas de la invasión británica de mediados de los años sesentas y su proceso de transformación gracias a la acidez de la psicodelia, añadiéndole un poco del viejo jazz de los años cincuentas y el hard rock de principios de los años setentas que finalmente dió origen al doom.
Fue así que al proyecto se sumaron Iván Miguel en la batería y Manuel Gómez en los teclados, quienes terminaron metiéndose a los estudios de Algusano Records de Mataró, España para grabar su disco debut durante los meses de diciembre de 2014 y enero de 2015, el cual se tituló como Velvet skin. Este trabajo cuenta con la producción y mezcla de Filippo Medda y la masterización de Pete Weiss. El disco terminó publicándose en agosto de 2015 bajo el sello de Soulseller Records.
Como primer sencillo, Lewis & The Strange Magics decidieron lanzar "Female vampire", una rola de juegos circenses que combinan guitarras y teclados para crear una movida melodía ideal para que las chicas a go go bailen desenfrenadas en aquellas jaulas que tenían los antiguos programas de variedad que se trasmitían en la televisión. Desde una guitarra de ligero toque fuzz brota un solo que se convierte en una delicia al conjunto del acompañamiento musical. Psicodelia ácida de lírica mórbida que busca hipnotizar, morder y matar sin piedad.
De la nada, el teclado cambia la melodía que se convierte en un remanso contra el aquelarre que el ritmo había generado, un ligero respiro de acordes alargados, dulces y sensuales. Aun así, la sexualidad desbocada sale nuevamente a flote y rompe el letargo para regresar a la orgía musical que nos empapa de figuras y notas que ahogan nuestras almas errantes.
El recuerdo de Jess Franco no ha sido en vano... Lewis & The Strange Magics se inspiró en su película del mismo nombre de 1973, la cual idolatra la espectacular imagen de Lina Romay gracias a su cuerpo desnudo acompañado solamente por una capa negra, botas de vinil hasta las rodillas y un cinturón. La vampiresa nos hipnotiza con su belleza y el magnetismo de su mirada. Todo a su paso termina rendido a sus pies, aunque finalmente ella es quien se postra frente a su víctima para tomar aquel elixir sexual que la llena de placer, pero que arranca la vida de quien ha caído irremediablemente en sus redes.
Irina von Karlstein es una hermosa mujer descendiente de una noble familia de vampiros. Su desbordada sexualidad roza los límites de la ninfomanía. Su mística imagen ronda en los bosques, rompe la neblina y se sumerge en las noches sin estrellas. Su silencio hipnotiza mientras la fuerza de sus ojos atrapa sin remedio a cualquiera que cruce con ellos. La vampiresa llega desde la obscuridad para robar no sólo los líquidos sexuales de sus víctimas, sino la sangre que de ellos emanan. La muerte está tras sus pasos y poco a poco su rastro la comienza a perseguir. Quizá el Dr. Roberts y el Dr. Orloff puedan detener esta hecatombe, pero la bomba sexual ha explotado sobre la extraviada isla de Madeira.
Para completar el lanzamiento del sencillo, se realizó un sencillo video donde podemos ver a la banda tocar entre filtros visuales llenos de colores y efectos psicodélicos mientras se observan imágenes fijas tomadas de distintas películas del tipo B, y obviamente, entre ellas algunas de los filmes clásicos de Jess Franco como "Las vampiras", "Vampyros Lesbos" y la propia "Female vampire". Es así que mientras escuchamos el contagioso ritmo de la canción de Lewis & The Strange Magics nos encontramos con velas, rituales satánicos, mujeres vampiro mostrando el pecho desnudo, aquelarres, colmillos, sangre y demonios. Al final del video, podemos observar la portada del Velvet skin, la cual fue hecha por Jo Riou, artista especializado en el diseño de carteles promocionales de presentaciones de bandas stoners y que alguna ocación habíamos escrito sobre su trabajo cuando presentamos a la banda francesa Out of Space.
Absortos en el ritmo creado por Lewis & The Strange Magics como si hubiéramos caído en las redes de Irina von Karlstein, dejamos fluir nuestro deseo y nuestra vida hacia un goce pleno. Una vez que hemos soltado las amarras, nos lanzamos a la deriva del placer sin control ni freno, perdiendo así el alma en una malévola danza sin fin. Esto es "Female vampire" para ustedes...
La aguja corre los surcos y desde su roce con el acetato se puede escuchar la noche en todo su esplendor. La tranquilidad, la soledad y la naturaleza fluye a través de las bocinas estereofónicas. Sin embargo, al cabo de unos cuantos segundos, el misterio y la densidad toman por asalto gracias a una tétrica introducción de notas mórbidas que se abren paso por la obscuridad de manera aletargada como si de almas perdidas en un bosque maldito se trataran. Una guitarra toma control de la melodía y al cabo de unos cuantos rasgueos sabemos que estamos perdidos.
Un gran búho gira su cabeza y nos observa desde lo alto de su lecho. Aunque sabemos que en pocas horas llegará el amanecer, todavía tenemos muchas cosas que observar en esta lúgubre noche. El temor se roba el aliento hasta que sin remedio estamos perdidos en un mal camino. El manto obscuro lo abarca todo, como si se tratara de una hermosa sombra que baña con su rocío hasta la locura. La muerte ronda por los escondrijos de la misteriosa noche. Ahí es donde nuestro luto se encuentra y cesará cuando nuestras almas alcancen el descanso eterno.
Esto es "School of night" de Mountain Witch, una melodía doom que en sus venas corre densidad, estridencia y potencia analógica. Si nadie nos lo aclarara, fácilmente podríamos suponer que estos alemanes formaron parte de la ola de bandas de los años setentas que tomaron el hard rock como caballo de batalla para hablar de la obscuridad, la muerte y la maldad en el mundo. Siguiendo las enseñanzas de la vieja escuela del occult rock, este grupo nos arrastra a su lúgubre atmósfera para tronarnos los oídos con notas atascadas y ritmos herederos de Black Sabbath y Pentagram (de quienes fueron grupo abridor).
Formados originalmente como un dúo instrumental que mezclaba el hard rock con extensas improvisaciones de marca stoner, Mountain Witch se transformó en un power trío de líricas llenas de misticismo que hablan de muerte y su reptante paso en búsqueda de almas moribundas y olvidadas. La banda es una máquina de hipnotizantes ritmos que orientan los pasos un abismo sonoro de estridencia que nos lleva al recuerdo de bandas como Uncle Acid & the deadbeats o sus compatriotas Kadavar.
"School of night" forma parte del Cold river, segundo disco de Mountain Witch publicado en octubre de 2013 por medio de This Charming Man Records bajo el cuidado de Hauke Albrecht quien realizó la grabación, mezcla y masterización de la placa. Las guitarras amplificadas por medio de un equipo Marshall y bafles Green, el bajo amplificado por medio de un equipo Sunn y bafles Ampeg, la batería directa sin retoques ni efectos de estudio.
René Sitte controla el escenario con la amplitud sonora de sus guitarras, Tobert Knopp acompaña con la exactitud de su bajo eléctrico y René Roggmann golpea su batería llenando los pocos espacios disponibles con sus incesantes platillos. Un muro sónico que arrastra todo a su paso a pesar de su aletargada velocidad, un bloque de ruido que nos ahoga hasta llevarnos al fondo de un mórbido pozo de ansiedad llamado muerte.
Ellos Mountain Witch, banda originaria de Hamburgo que nos maravilló hace algunos años como la arrolladora y aplastante "School of night". Ansiosos nos encontramos por tener en las manos su Burning village, próxima placa de la banda que verá la luz a finales de febrero de 2016 que promete confirmar al grupo como uno de los más importante dentro de la oleada doom que azota desde Europa.
Una guitarra marca un riff fuerte, cortado y directo. Gracias a unas cuantas notas, una banda británica esculpió en oro su nombre y jamás saldría del Olimpo de los dioses del rock. Una vez que se dejó escuchar en las distintas estaciones de radio a finales de 1969, nada fue lo mismo. Tras la publicación de "Whole lotta love" de Led Zeppelin, la revolución sonora habría de comenzar.
Una Gibson Les Paul Standar Sunburst '58 escupiendo sus gemidos gracias a un amplificador Marshall Plexi de 100 watts. El eco de su sonido se escucha del otro lado del estudio y es captado por los micrófonos que fueron colocados para tal efecto. De entre las sombras surge un reptante y profundo bajo para acompañar la figura y completar la penetrante magia que el riff imprime sin duda alguna. Una aguda voz entona versos llenos de sexualidad blusera que son rematados por una batería de figura en destiempos difícil de seguir. Sin más, llega la frase que da título a la melodía mientras una guitarra pasa a toda velocidad como un potente auto de carreras de bocina a bocina sin freno alguno.
Una indescriptible avalancha de sensaciones se dejan caer montaña abajo hasta que caemos hipnotizados en el embrujo de esta oda sexual llena de fuerza, energía y potencia. Atrapados sin remedio en un riff pegajoso, nadie podría esperar que algo nos sacudiera del embeleso, pero toda creencia es destruida cuando los instrumentos se callan para dar paso a un juego de platillos, percusiones y efectos de sonido que simplemente hacer volar la cabeza. Máquinas de guerra, explosiones y gemidos se entremezclan en una ácida ensoñación difícil de comprender. Una guitarra llora y todo se vuelve confuso.
Y de la maraña sonora surge como ave fénix uno de los mejores solos de guitarra de la historia nos regresa a la realidad para estrellarnos contra el mismo cielo y dejarnos tumbados en el suelo por el noqueo. Todo vuelve a silenciarse para darle paso a la potencia vocal, desnudándonos por entero hasta que ya no queda nada por hacer. El hechizo está terminado...
Led Zeppelin había encontrado la caja de Pandora y la abrió sin lugar a dudas. El hard rock y el blues se encontraron en un mismo lugar como si fuera un choque entre dos trenes a toda velocidad. Nadie en su vida había escuchado una cosa como esa, aunque en esencia, todo existía antes y la banda tuvo la magia para unirlo todo y componer ese pedazo de maravilla.
La leyenda cuenta que este himno generacional fue grabado de estudio en estudio durante las extensas giras que tuvo Led Zeppelin en los Estados Unidos a principios de 1969, hasta que fue mezclada en los famosos Olimpic Studios por el propio Jimmy Page y el ingeniero de sonido de Jimi Hendrix, Eddie Kramer. Tras la potencia sonora de la melodía y los gemidos orgásmicos de Robert Plant, podíamos escuchar una claridad interpretativa que contrastaba con la brutalidad y los volúmenes electrificantes del grupo. La famosa "parte media" de Whole lotta love era un reto lanzado contra cualquiera que la escuchara, donde la orgía se enfrentaba a estruendos y explosiones mientras una guitarra eléctrica asomaba esbozos y retazos de notas que se escapan entre las manos gracias a los efectos electrónicos de un theremin.
El mundo no estaba preparado para esta sacudida. El golpe estaba dado y el movimiento de la tierra era demasiado fuerte. La violencia sónica y sexual de Led Zeppelin rompía con todo lo establecido y abría un nuevo camino, donde la música podía llevar a otros caminos más ásperos y rudos sin posibilidad de regreso. Con el tiempo, todos quedaron rendidos ante la magnificencia de una obra maestra como lo fue Whole lotta love: Led Zeppelin desbancó a The Beatles como a mejor banda según la encuesta anual que realizaba la revista inglesa Melody Maker, la revista Rolling Stone bautizó el riff como un "mordaz tartamudeo" cuando calificó el disco que la contiene en el número 79 de todos los tiempos y como "figura primitiva" al proponer a este himno en el número 11 de las canciones más grandes de todos los tiempos de los héroes de la guitarra, la Q Magazine le otorgó el tercer lugar como el mejor riff de guitarra de la historia y la famosa marca de guitarras Gibson la incluyó como uno de los mejores 50 solos de la historia del rock. Pero no siempre fue así...
La mala relación entre el grupo y la presa comenzó bajo los rumores de plagio y falta de originalidad de la banda. Ello llevó a la agrupación a verse envuelto en enfrentamientos legales en las cortes sobre derechos de autor y pagos de regalías. Como banda emergida de blues, Led Zeppelin recomponía temas antiguos de Muddy Watters, Howlin' Wolf y Memphis Minnie para dotarles de potencia eléctrica que el hard rock y la psicodelia traían consigo. Así como lo hacían los viejos bluseros negros de Chicago o del Delta del Mississippi, Robert Plant tomaba frases de aquellos viejos cantos y lamentos para intercalarlos en sus propias composiciones. Esto no fue aceptado por los bluseros de la vieja guardia y comenzaron a interponer demandas contra la banda tras el inusitado éxito de sus versiones.
De entre las tantas reclamaciones por derechos de autor que le llovieron a Led Zeppelin, una se convirtió en caso especial. En 1985, las cortes judiciales decidieron que "Whole lotta love" debería incluir como autor a Willie Dixon, el famoso contrabajista y autor de muchos temas del afamado Muddy Waters. Los abogados habían encontrado que gran parte de la letra que Robert Plant gemía sobre el primer single de Led Zeppelin estaba basado en "You need love", un sencillo publicado en 1962 por Muddy Waters a través de la conocida disquera blusera Chess. Desde entonces, cada re-edición del Led Zeppelin II hecha desde entonces incluye el nombre Dixon junto con los de Page, Plant, Bonham y Jones.
Sin embargo, al desentrañar más en esta negra historia, encontramos que realmente Robert Plant utilizó la versión hecha por la banda británica Small Faces en 1966 a la canción compuesta por Willie Dixon y grabada por Muddy Waters. Publicada en el primer disco de la banda bajo el título de "You need loving", Small Faces había mostrado su vena blusera gracias a esta versión, pero que terminó dejando a un lado para convertirse en una de las bandas más representativas del sonido mood junto con The Who de su primera época. El vocalista Steve Marriott se dió a la tarea de entonar partes de la canción de Dixon de manera libre, sumándola a muchas frases de canciones famosas de la época; pero quizá lo que ayudó a los jueces a culpar a Led Zeppelin fue el uso de Plant de una pausa de entonar la frase "Woman... you need love".
Cabe destacar aquí que la influencia de Steve Marriott sobre Robert Plant no es una casualidad: además de ser una banda muy importante dentro del panorama musical británico con sabor blusero de mediados de los sesentas junto con gente como Van Morrison, John Mayall y Alexis Korner, Jimmy Page había pensado en Marriott como vocalista para Led Zeppelin cuando se encontraba buscando músicos para cumplir con los compromisos contractuales de The Yardbirds. La potencia vocal de Robert Plant es mucho mayor a la de Steve Marriott, pero la semejanza en alguno de sus colores es innegable.
A pesar de la sombra que se postró sobre el éxito de "Whole lotta love", la genialidad de su trabajo de estudio y las incendiarias versiones en vivo que incluían un "medley" con todas las influencias roqueras y blueseras que tuvo el grupo, lograron que la canción se convirtiera en todo un clásico, y es más, en una verdadera influencia para las siguientes generaciones. Los más variados covers no se hicieron esperar, pero para esta ocasión sólo recuperaremos tres de ellos...
1) En 1970, no sólo la versión "original" hecha por Led Zeppelin llegó a las listas de popularidad de Gran Bretaña. "Whole lotta love" entró nuevamente en los charts en una versión instrumental hecha por Collective Consciousness Society, una banda creada por el famoso productor Mickie Most y por el arreglista y tecladista John Cameron bajo el concepto de crear una "big band" que tuviera secciones de metales y bases rockeras potentes, muy en el estilo de Blood, Sweat & Tears. Para conformar el proyecto, la pareja se dió a la tarea de buscar excelentes músicos de sesión inglés y personajes ya reconocidos, logrando integrar a gente del calibre de Peter Thorup y Alexis Korner. Su versión a "Whole lotta love" sirvió como entrada para el famoso programa británico "Top of the tops" de la BBC durante gran parte de los años 70, lo que ayudó a que Led Zeppelin se acercara a un público menos afecto al rock pesado. El arreglo de CCS es una versión instrumental que sustituye la voz de Robert Plant por una flauta transversal que le otorga otra faceta a la melodía, mientras que el solo de guitarra de Page es realizado por un saxofón. Sin embargo, el poder del Zeppelin se mantiene intacto gracias al grupo de rock que dió base a esta versión: Harbie Flowers en el bajo, Barry Morgan en la batería y una impresionante guitarra de Alan Parker.
Si rascamos un poco en los miembros de CCS, descubrimos que Led Zeppelin no estaba tan lejos de este supergrupo. El productor Mickie Most trabajó durante los años sesenta con gente de la talla de The Animals, Herman's Hermit y Donovan, teniendo dentro de su "staff" de músicos de sesión a Jimmy Page en la guitarra eléctrica; y por si fuera poco, se convirtió en productor de cabecera de The Yardbirds en su última época a solicitud de Page.
Otro miembro de CCS íntimamente relacionado con Led Zeppelin fue Alexis Korner, quien es conocido en el mundo de la música como el "padrino del blues británico", pues gracias a su esfuerzo en los años sesenta implantó el gusto por la música negra norteamericana en los jóvenes de Inglaterra. Fue así que con el paso de los años le fue dando espacio en los distintos proyectos que conformó a gente importante en la historia de rock como a Charlie Watts, Brian Jones y Keith Richards de The Rolling Stones, Ginger Baker y Jack Bruce de Cream, Eric Burdon de The Animals o al famoso guitarrista de jazz -fussion John McLaughlin. Alexis Korner coincidió en varias presentaciones en el famoso Marquee Club con John Paul Jones y Jimmy Page, creando una buena relación entre ellos. Cuando Page estaba reclutando gente para formar a los nuevos Yardbirds (semilla original de Led Zeppelin), fue precísamente Alexis Korner el que recomendó a uno de sus chicos para que fuera cantante del nuevo proyecto de Page. Korner tenía dentro de sus protegidos a un joven cantante de gran potencia vocal amante del viejo blues americano: Robert Plant. ¿Acaso alguien más podía tener derecho de hacer una versión de una canción de Led Zeppelin que CCS?
2) En febrero de 2015, la compañía de discos Cleopatra Records de Brian Perera publicó un compilado dedicado a Led Zeppelin con el título "Danzed and confused: a stoned-out salute to Led Zeppelin" bajo una selección de John Lappen, siguiendo una colección de discos de tributo hechos a bandas como The Beatles, Black Sabbath, The Doors y The Rolling Stones, donde el concepto es juntar a bandas de rock stoner y nueva psicodelia para que hagan una versión de las rolas de los grupos en cuestión. Fue así que esta disquera independiente basada en Los Ángeles California se puso en contacto con los suecos de Siena Root, una banda de hard rock vintage de Estocolmo que se encontraba en un proceso de reformación tras la salida de uno de sus miembros fundadores y que además se encontraba en promoción de su último disco, titulado Pioneers.
De esta manera fue como a Siena Root le tocó la gran empresa de interpretar la fundamental "Whola lotta love". Lejos de lo que podríamos esperar, la banda dejó a un lado los referentes establecidos de lo que es Led Zeppelin para hacer de esta rola más una versión hecha por Deep Purple que por el dirigible de acero. Jonas "Joe Nash" Ahlen, el recién incorporado vocalista, deja a un lado a Robert Plant para sustituirlo por un Dave Coverdale, donde los colores medios son aprovechados al máximo sin demeritar en nada la potencia original de la rola. La guitarra eléctrica pasa a un segundo plano para dar paso a un ferreo control de un impresionante teclado a cargo de Erik "Errka" Petersson, el cual marca el riff principal a través de un sonido heredero de Jon Lord. Sin embargo, la guitarra de Matte Gustavsson logra dar alcance a los teclado hasta llegar a realizar un enfrentamiento durante el famoso solo de Page. Para cerrar el círculo, la atmósfera potente queda en los hombros del poderoso bajo de Sam Riffer (con arco de violín a la Page incluído sobre las cuatro cuerdas sobre la clásica parte media) y la fuerza de la batería no puede estar más en deuda con Bonham que el genial trabajo de Love Forsberg.
3) Durante los años setentas, el controvertido Alice Cooper creó un especie de "club" para bebedores, donde sus miembros se encontraban puros músicos y artistas reconocidos, entre los que podemos recordar a John Lennon y Ringo Starr de The Beatles, al bajista Klaus Voormann, Marc Bolan de T. Rex, al tecladista Keith Emerson del grupo de rock progresivo Emerson, Lake and Palmer, Keith Moon de The Who, o Joe Walsh, guitarrista de The Eagles. No fue sino hasta el año 2015 que Alice Cooper llevó a los escenarios la idea de un supergrupo, reutiliando el nombre de su viejo "club": The Hollywood Vampires. Gran parte de este proyecto se realizó a través de una extraña mancuerna, el actor Johnny Deep, quien se encargaría de tocar las guitarras acompañamientos y algunos slides. Para septiembre de 2015 se tenía en los aparadores de las tiendas el flagrante disco con la participación de gente de la talla de Joe Perry de Aerosmith, Paul McCartney de The Beatles, Perry Farrell de Jane's Addiction, Robby Kriegger de The Doors, Dave Grohl de Nirvana y Foo Fighters, Matt Sorum, Slash y Duff McKagan de Guns n' Roses, el mítico productor de Kiss Bob Ezrin y el re-encuentro con Neal Smith y Dannis Dunaway, miembros originales de la banda que llevó al estrellato a Alice Cooper en los setentas y que compusieron parte de las melodías clásicas del cantante.
El disco es una colección de covers a rolas míticas de bandas clásicas de los 60's y 70's como The Who, The Jimi Hendrix Experience, The Doors, Small Faces (sí, aquellos de donde sacaron Led Zeppelin las ideas para "Whole lotta love"), John Lennon, Pink Floyd y T. Rex, además del obligado "School's out" del propio Cooper. Dentro de las maravillas que ofrece este disco, nos encontramos con el clásico de Led Zeppelin,donde más allá de la versión lograda, quizá lo sorprendente es la gente que se reúne para este corte del disco: en la bateria Zak Starkey, hijo de Ringo Star que tocara con bandas como The Who y Oasis; en la vocales el propio Alice Cooper acompañado por Brian Johnson, vocalista de AC-DC; en guitarra eléctrica Joe Walsh, único miembro del club de bebedores de los 70's que participa en el proyecto y guitarrista de Eagles (y como dato extra: gran amigo de Jimmy Page desde los años setentas); y como soporte, Kip Winger en el bajo y Tommy Henriksen, miembros de la banda de apoyo de Alice Cooper desde hace muchos años.
La versión de Hollywood Vampires vale por sí sola por la pléyade de estrellas que forman parte de su grabación, sin embargo, existen otras cosas que destacan en ella. La primera es que Alice Cooper le colocó una lenta introducción de cuerdas muy al estilo de Bob Ezrin que incluye el uso de armónica hecha por el propio vocalista, quien además realiza un solo de dicho instrumento como si de un tributo a Robert Plant se tratara. La gastada voz de Brian Johnson busca alcanzar a la original del vocalista de Led Zeppelin, por lo que termina alargando cada estrofa para mantener la potencia necesaria. Finalmente, el solo de guitarra que realiza Joe Walsh brilla con mérito propio gracias a las figuras innovadoras totalmente distintas a las de Jimmy Page, convirtiendo en una maravilla su participación con el proyecto.
Pocas melodías pueden tener el privilegio de ser consideradas realmente bajo el concepto de "clásico". Pocas bandas pueden presumir que dentro de su catálogo se encuentran varios "clásicos". Led Zeppelin es uno de esos grupos, quien gracias a su trabajo e ingenio en los estudios y a sus espectaculares presentaciones en vivo (mismas que duraban más de tres horas por noche), logró convertirse en una leyenda en la historia de la música. "Whola lotta love" fue uno de los primeros escalones para alcanzar la fama, aunque la historia tras su composición empañó parte del mito. Sin embargo, el tiempo le ha dado su justo valor y, como era de esperarse, terminó encumbrando todavía más a aquellos cuatro jóvenes que lograron durante los años setentas enarbolar la bandera del sexo, drogas y rock n' roll hasta lo más alto. Salve oh gran Led Zeppelin!!
El aliento de las tinieblas abren las puertas de fuego mientras una sombra sale del mar para observar el universo. Una vieja voz anunció a través del sueño la llegada de un rey, una antigua serpiente embriagada de sangre que nace con el amanecer. El destino está deshecho y sólo queda cavar en silencio nuestras propias tumbas. La salamandra ha despertado...
Las guitarras marcan el reptar del ser indeseable. Todo se agita a su paso y sólo queda seguir el acelerado ritmo que habla de sangre y desolación. Bajo el sopor de un canto lleno de embeleso, caemos bajo su hechizo. La resignación se apodera de cualquier atisbo de pelea y respuesta. El destino está marcado por los designios del maligno y únicamente nos queda presenciar el sangriento espectáculo.
Enmarcados en la adoración del doom clásico setentero y algunos destellos de NWOBHM, Cauchemar nos habla de seres malditos que salen de sus obscuros escondrijos para postrar sobre la tierra sus perversas intenciones. Líricas como estas nacen directamente de las pesadillas nocturnas de unos canadienses que buscan regresar al metal a sus orígenes más densos y perversos, logrando crear atmósferas perfectas para sus lúgubres historias.
Esta banda originaria de Montreal, Québec encuentra sus raíces en el ya lejano 2007 cuando Annick Giroux y Francois Patry unieron sus talentos para formar un grupo donde pudieran expresar su amor por el doom. Con un arsenal de riffs de guitarra bajo el brazo, Patry comenzó a componer estructuras musicales que poco a poco fueron tomando forma. Annick tenía a su cargo el bajo eléctrico, pero al tomar la responsabilidad de las voces, el dúo se dió a la tarea de reclutar diversos músicos de la escena de su país para completar la banda.
Tras el desfile de músicos, Annick le ofreció al guitarrista de Bastardator para que se uniera al grupo, pero el puesto ofrecido sería el de la batería. Fue de esta manera que Patrick Pageau se integró a Cauchemar y lograron meterse a los estudios para grabar su EP La vierge noire en 2010. Gracias al reconocimiento de diversos medios, la banda obtuvo espacios para mostrar su concepto y cerrar un contrato con Nuclear War Now! Productions.
Si es de llamar la atención el amor del heavy metal clásico al estilo de bandas como Pagar Altar, Witchfinder General, Pentagram y Saint Vitus, Cauchemar nos ofrece un abanico de horrores narrados por medio de su idioma propio: el francés. Así como lo hicienran en su momento bandas legendarias del metal como Vulcain o Blaspheme, la banda canadiense busca su nicho propio a base de líricas hechas en la lengua de Víctor Hugo y Balzac.
Con los reflectores comenzando a iluminarlos, Cauchemar regresó a los estudios en enero de 2013 para grabar lo que sería su primer disco completo bajo el título Tenebrario, el cual sería publicado en junio del mismo año. Si el sonido de la banda en su primer EP era más agitado y fuerte, para esta placa el grupo buscó bajar las revoluciones con la intención de llenar de ambientes obscuros las bocinas gracias a un sabor analógico de amplificadores Orange y una marcada nostalgia por el doom clásico más clavado.
Para el Tenebrario, los golpes de batería asemejan una marcha fúnebre, pasos secos de pies encadenados que no encuentran salvación. La guitarra eléctrica se vuelve prístina con la intención de convertirse en la luz que guíe sobre la eterna noche que logra cada una de las melodías. El bajo creado por Andrés Arango (chico que se volvería integrante formal de la banda) busca acompañar las notas líricas, pero dentro de su gravedad logra envolver al escucha bajo un manto lúgubre ideal para las letras. Quizá podríamos encontrar el punto débil en la monotonía vocal de Annick Giroux, sin embargo ese lamento plano de recuerdo casi gótico es el que precisamente crea la atmósfera de ansiedad y densidad que la banda busca con su obra, un tenue clamor en una eterna noche que no encuentra salida.
Gracias al Tenebrario, Cauchemar logró completar su concepto musical y ganó el reconocimiento de los medios especializados. No contentos con ello, la banda se lanzó a una gira de promoción de la placa por Estados Unidos y parte de Sudamerica, llegando a tocar con gente importante como los propios Pagan Altar, Hawkwind, Kadavar y sus compatriotas Blood Ceremony, con los que tienen una cercanía muy estrecha gracias a la escena musical que comparten (de hecho, la propia Annick participó el diseño de arte de algunos discos de Blood Ceremony, como el homónimo de 2008 y el The Eldritch Dark de 2013).
La canción que recuperamos de esta álbum es "Salamandre", un puente directo entre el NWOBHM del EP debut y la profundidad sonora y aletargada del Tenebrario, con la que podemos darnos una breve y sencilla idea de lo que son capaces estos canadienses en los escenarios. Sus guitarras con sabor oriental lograr hacernos imaginar a algún ser misterioso salido de las aguas pantanosas, el cual avanza sigiloso hasta dominar todo a su alrededor. Una vez que la salamandra se ha postrado, quizá lo mejor es huir del lugar a toda prisa bajo una endemoniada carrera sin control. El ritmo se acelera en un tributo directo a aquellos dioses metaleros de finales de los setentas, aunque un lúgubre puente en la parte media de la canción acusa de recibida la factura doom que es innegable en el sonido de Cauchemar.
Ahora que han pasado ya tres años desde la grabación del Tenebrario, en este momento tendremos la oportunidad de apreciar en vivo a Cauchemar en México, ya que realizarán una rápida gira a finales de enero de 2016 bajo la lógica de presentaciones en un circuito de pequeños lugares, entre los que destacan el "Gato Calavera", ubicado en la colonia Roma de la Ciudad de México. Por si fuera poco, los canadienses vienen acompañados de sus paisanos Metalian (banda de power metal muy al estilo de la vieja escuela de los alemanes Helloween) y los mexicanos Voltax (grupo de heavy metal que se encuentran a la mitad del camino entre Judas Priest y Los Ángeles del Infierno).
Los malos sueños azotan la noche del hombre, la maldad busca alguna grieta perdida para filtrase y llenar de ponzoña la tranquilidad de la vigilia. Esta es la salamandra que al despertar el hombre muestra su careta de horror, sangre y muerte. Esta pesadilla es una de las tantas que están dentro de los bolsillos de Cauchemar, banda que a través de la obscuridad encuentra la forma de dar nueva luz al metal clásico sin dejar a un lado su lengua propia.
Los cambios conllevan riesgo. La transformación no es aceptada con facilidad y causa reserva, recelo y terror. Pero el verdadero artista deja a un lado su personaje para pasar a la siguiente faceta, intercambia la careta y asume con todo el peso y las consecuencias el siguiente paso. Género a género, máscara a máscara y disco a disco... ¿quién podrá igualar a un espiral en constante giro como lo fue David Bowie?
Los titulares de los diferentes medios hoy nos despertaron con un fuerte temblor: el camaleón había muerto. Las lagañas son arrancadas de los ojos con la esperanza en que el sopor del sueño fuera el culpable de un malentedido, pero la realidad nos golpea en el rostro como el frío viento de la mañana. El hombre multifacético que supo mirarse a sí mismo para enfrentar la presión y no irse con la corriente había fallecido tras una batalla con el cáncer.
¿Cómo puede ser digerida una noticia tan fuerte? ¿Acaso existe algún paliativo para sacudirse la idea de la desaparición del hombre que había bajado de las estrellas, vendió el mundo y se convirtió en un héroe? La pequeña maravilla se habría enfrentado al tiempo, pero su muerte lo pone más allá de cualquier cosa. Siempre con un paso adelante, el camaleón tuvo la capacidad de ser un visionario y sortear cualquier tendencia venidera; aunque lo verdaderamente sorprendente, es que Bowie tuvo la capacidad de componer temas imperecederos más allá de las modas.
Es obligatorio repasar su discografía para encontrar nuevamente en su obra el maravilloso poder que tuvo el duque blanco para hablarnos sobre los sentimientos del hombre y su enfrentamiento con la trágica realidad y lo mágico del universo, haciéndonos entender que a pesar de los distintos rostros que se puedan mostrar ante el mundo, el interior termina siendo el mismo. Él fue Major Tom, Ziggy Stardust, Aladine Sane, Poncio Pilatos, el Rey Goblin... Bowie fue todos y uno a la vez, gritándole a la realidad que la imagen puede enfrentase a ella para gritarle a la cara su inconformidad y desazón.
Con un personaje con el que la transformación fue parte de su esencia, las anécdotas nacen como racimos. Cuando han dejado este plano de la realidad, la imaginación corre sin freno para aferrarse a los recuerdos sobre historias que nos cuentan cómo aquel hombre se convirtió en un ser tan especial, no sólo para los seguidores de sus obras, sino para sus amigos y compañeros. Aquí van algunas...
David Robert Jones fue un niño enamorado de la música gracias a los disco de 45 rpm que su padre traía a su casa. En un intento por acercar al introvertido muchacho en el mundo, sus padres le regalaron un saxofón. Fue así que David se acercó al conocido jazzista británico Ronnie Ross para que le enseñara a tocar, diciéndole: "quiero aprender a tocar y quiero que tú me enseñes... quiero ser un rock star". Tras varios años, Bowie invitó a Ross a colaborar en la grabación del Trasformer de Lou Reed. Al término de las sesiones, Ross agradeció la invitación, pero Bowie terminó siendo el agradecido. El saxofonista no había reconocido a aquel chamaquito que había prometido que sería un rock star y lo había logrado.
Existen muchas leyendas sobre la extraña mirada del camaleón, desde las que van a una degeneración congénita hasta un origen extraterrestre. La historia real cuenta que cuando Bowie tenía catorce años se vió envuelto en una pelea con su amigo George Underwood por una discusión sobre mujeres. Un de los golpes cayó directamente en el ojo izquierdo de David, provocándole un daño irreversible en su córnea. Bowie se quedó con la pupila permanentemente dilatada, provocando el efecto de tener cada ojo de color distinto.
Uno podría pensar que tras la pelea, Bowie se separaría de Underwood. Más lejos ello de la realidad, los jóvenes mantuvieron una larga amistad que se trasportaría al plano profesional. Ambos formaron parte de una banda llamada The King Bee, con la cual Bowie grabaría su primer sencillo profesional para la disquera Decca. Asimismo, George Underwood se volvió artista gráfico y participó en la imagen del camaleón para el diseño de los discos Hunky Dory y Zyggy Stardust.
Una serie de éxitos llegaron a las manos de Bowie gracias a su capacidad compositiva y su sensibilidad para tocar las fibras más profundas del ser humano, logrando componer odas sobre las alegrías, los temores y las pesadillas que cualquiera ha vivido. Fue así que a nuestros oídos llegaron himnos como "Space Oddity" (tema que fue utilizado por la BBC para música de fondo para las trasmisiones de la llegada del hombre a la luna durante 1969), "The man who sold the world" (canción que refleja el desencanto ante los ideales sesenteros y la pesadez del sórdido futuro en plena guerra fría, la cual sería recuperada por Nirvana en las últimas presentaciones de Kurt Cobain), "Ziggy Stardust"( hit roquero que recuperaba la esencia espacial para aterrizarla en los horrores de la escena musical de Gran Bretaña y la soledad del artista en contraste con el éxito y la adulación de los fanáticos), "Rebel, rebel" (un monótono golpe de guitarras que enfrentan la supuesta rebeldía contra lo establecido), "Heroes" (una oda a la recuperación de sí mismo ante la fragilidad de los sentimientos humanos, aunque sea por un solo momento), "Under pression" (un clásico instantáneo al unir su calidad musical con el poder interpretativo de Queen en un momento donde el bache artístico era claro gracias a la lógica comercial ochentera), "China girl" (la recuperación de un tema hecho por Iggy Pop en la época berlinesa), "Little wonder" (un regreso a los seres espaciales bajo la lógica artificial de sonidos jungle y electrónicos sobreimpuestos a melodías sencillas) o "New killer star" (un hologramático reflejo sobre la realidad y la visión del nuevo siglo de un artista vanguardista ante una época que lo había alcanzado sin remedio)
Su obra no puede ser reducida sólo a sus discos. Su relación con el mundo de la música pasó más allá de sus propias composiciones, ya que su imaginación y gran oído lo convirtió en un gran colaborador, músico invitado y productor. Aquí es obligatorio recordar los grandes trabajos que realizó con Lou Reed para el Tranformer de 1973 y con Iggy Pop en su época de reclusión y escape de las drogas en Berlín, donde grabaron los discos The Idiot y Lust for life de 1976 y 77, respectivamente.
Obviamente el recuerdo nos obliga a traer a la mente las participaciones del camaleón con gente de la talla de Mick Jagger y los Rolling Stones (¿Alguna vez podremos saber si realmente "Angie" fue compuesta para la esposa de Bowie o para la hija de Keith Richards?), Marc Bolan (era tal la amistad y admiración que ambos artistas tenían entre sí, que en varias ocasiones intentaron grabar juntos y componer, pero todo quedó en "The prettiest star" que Bowie le dedicó al guitarrista de T. Rex, además de la presentación del camaleón en el último programa de televisión de Bolan en vida, antes que falleciera en un terrible accidente automovilístico), Queen (el éxito arrollador de "Under pressure" podría ser cuestionable con la calidad que la banda y el cantante tenían en el momento que publicaron dicho sencillo), Pixies (la admiración del músico inglés por la banda de Boston era tal que lo llevó a realizar un cover a "Cactus" en su disco Reality) o Nine Inch Nails (tras el elaborado sonido del album conceptual 1.Outside creado junto con Brian Eno, Bowie optó por presentarlo en vivo junto con Trent Reznor y su banda en la gira de 1995).
Sin lugar a dudas, cuando hablamos del delgado dique blanco, debemos abrir la caja de los recuerdos para escuchar las guitarras que lo acompañaron durante su carrera. Para ello, nos referiremos a tres leyendas especialemente: 1) Mick Ronson, músico inglés que forjó el sonido glam de Bowie a través de la famosa banda "The Spiders from Mars" que fue creada para el concepto de Ziggy Stardust, donde su guitarra Gibson Les Paul sonaba cruda como un rayo cosmico chocando contra la estratósfera; 2) Robert Fripp, el legendario guitarrista de King Crimson que puso sus mágicos dedos sobre el Heroes de 1977 para dotar de un halo místico y etéreo a las composiciones minimalistas de la época introspectiva de Bowie en Berlín; y 3) Carlos Alomar, guitarrista de origen puertoriqueño que con su toque funky rompió el sonido glam que tenía Bowie a principio de los setentas para crear joyas como "Fame" del Young americans, la trilogía de discos concebidos en Berlín y el menospreciado Scary Monsters de 1980.
El hombre de las estrellas apagó su luz sobre la realidad terrestre, pero su legado ilumina el obscuro firmamento para hacernos recordar que el riesgo debe tomarse para crear y hacer cosas completamente nuevas y hermosas. Él nos espera en el manto estelar, haciéndonos recordar que debemos soltar a nuestro niño interno para que juegue, invente, use y pierda su mente en un canto y baile que lo lleve a expresar todas las posibilidades que tiene en su interior, a olvidarnos del miedo por experimentar y ser todo a la vez, a permitir que los sentimientos ahogados en nuestros adentros aflore sin vergüenza alguna...
Los golpes de los tambores se dejan escuchar hasta que su insistencia nos introducen a una danza especial, permitiendo a su vez que un bajo ahogado en distorsión y una guitarra espacial nos tomen de la mano para agitar nuestros cuerpos, para sacudirnos de la realidad y despegar los pies de la tierra. Una vez que la música nos ha hipnotizado, todo se vuelve ácido y lleno de colores hasta que la mente explota en su profundidad. ¿Hasta dónde nos podrá transportar esta densidad? ¿En dónde acabará este fuerte viaje?
Observa el espejo y dile a tu reflejo si éste es el lugar a dónde querías estar. Cierra las persianas y permítete creer en lo que tú quieras, permítete fluir a la deriva de este océano astral. Adiós a nuestro empleo, al jefe y a la casa de nuestros sueños. Todo el día trabajamos, pero ¿para qué? Al final de todo, ¿dónde estamos realmente?
Estas reflexiones son las que realizan Ecstatic Vision, banda originaria de Philadelphia, Estados Unidos con su sencillo "Astral Plane" como parte de la promoción de su disco debut titulado Sonic Praise publicado en junio de 2015 a través de Relapse Records, disquera que tiene en sus filas a grupos como Baroness, Black Tusk, Red Fang, Obituary, Alabama Thunderpussy, entre otros.
Ecstatic Vision es un combo que busca mezclar el space rock, la psicodelia y el stoner, pero si esto fuera poco para hacer un cocktail molotov, la banda utiliza referencias musicales como las improvisaciones del jazz y los juegos de percusiones del afro beat. Si utilizaramos nuestra imaginación, es como si metiéramos en una licuadora a gente como UFO, Hawkwind, Aphrodite's Chil, Amon Düül II, y tras unos cuantos giros, sazonáramos el resultado con una pizca de Fela Kuti, Miles Davis y Sun Ra.
Si ésto fuera poco, los antecedentes directos de la banda nos sorprenderán aún más. Ecstatic Vision nació tras la desintegración en 2013 de A life once lost, un grupo de metal core que tuvo entre los integrantes fundadores al guitarrista Doug Sabolik. Parte de los motivos de la separación de la banda es que precísamente Sabolik buscaba aportar nuevos sonidos para A life once lost, situación que no fue compartida con el vocalista Robert Meadows. Según en una entrevista al guitarrista, él ya tenía la mitad del Sonic Praise compuesta cuando fue presentado el último disco de A life once lost, titulado Esctatic Trance, de donde nació el nombre del nuevo proyecto de Sabolik.
Para terminar con la alineación de la banda, Sabolik invitó al último baterista de A life once lost, Jordan Crouse, con quien se dió a la tarea de buscar más músicos para que se integraran al proyecto. Fue así que llegó Michael Field Connor como bajista y el grupo quedó conformado como un power trio; sin embargo, por la complejidad del concepto musical de Sabolik, algunos músicos invitados han formado parte de Ecstatic Vision para la grabación del Sonic Praise y las presentaciones en vivo del mismo, destacando a Kevin Nickles, saxofonista de The Writhing Squares.
Ecstatic Vision ha bautizado a su concepto musical como "Prima heavy psych", una idea que busca a través de largas improvisaciones y el jam logran fusionar el space rock al estilo del krautrock alemán, el afrobeat y los elementos ácidos de la psicodelia y el stoner. Gracias a su fusión y la energía plasmada en los escenarios, fueron llamados para ser la banda telonera de la gira norteamericana de Uncle Acid & the deadbeats (reseña) junto con Ruby the Hatchet (reseña).
El corte promocional del Sonic Praise fue "Astral plane", una rola de más de 12 minutos épicos que podríamos explicar con palabras a través de cinco momentos claves: 1) Una introducción de percusiones tribales y un mantra hecho de bajo eléctrico que envuelven en un manto mágico a quienes los escuchan; 2) Un rock espacial de toque lisérgico donde la guitarra vuela sobre sí misma para escapar de la atmósfera terrestre; 3) Un bajo de origen stoner fluye a través de un efecto de pedal fuzz mientras las líricas de Sabolik se dejan oír de insistencia hasta la desesperación y su guitarra explota contra las estrellas; 4) Un brusco cambio nos hace escuchar nuevamente percusiones tribales mientras un saxofón se deja escuchar a lo lejos, ahogado en efectos sonoros que recuerdan la clásica parte media de "Whole lotta love" de Led Zeppelin; 5) Doug Sabolik nos pregunta para qué demonios trabajamos hasta que permite que su guitarra vuele hasta el plano astral y la estridencia sature las bocinas en un viaje muy fuerte de sabor ácido.
Para realizar una mejor promoción de la placa, la banda junto con su disquera decidió lanzar un video de "Astral plane", el cual nos muestra un versión en vivo realizada en los estudios de Scrapple TV en Philadelphia por Woodshop Films. En las imágenes podemos ver la calidad musical de la banda más allá de la producción de estudio, mostrándonos la energía que tienen como un verdadero power trío a través de juegos visuales psicodélicos que permiten separar los pies del suelo. Para esta versión, la fuerza nos toma por asalto y las distorsiones de los instrumentos se hacen más densas, logrando que el viaje astral sea más fuerte aún que la rola original contenida en el Sonic Praise. Gracias a este video,Ecstatic Vision nos demuestra que es una aplanadora sonora que sin lugar a dudas lograrán asaltar cualquier escenario donde aparezcan por medio de su poder de improvisación y potencia sónica.
Cierra los ojos y permite que la música te invada el cuerpo. La mente se perderá en los túneles cósmicos que los tambores tribales han abierto con su magia. Las desesperadas líricas imploran resistir el paso del tiempo, sembrando algo significativo en aquellos que han abierto sus puertas al mensaje que traen consigo. La energía eléctrica sacude cada célula hasta que éstas ceden y pierden su conciencia y control. Rendidos ante la música, lo único que queda es soltar las amarras para derivar en el océano astral...
Una vez que el otoño ha dejado nuestros días, el calor se aleja cada vez más de nosotros. Las obscuras noches se posan sobre el ambiente a través de su siniestra niebla. Esta es la tierra del hielo y la nieve donde terribles tormentas caen, donde la gente es fría y yo me siento viejo. Las puertas hacia al sur están cerradas, y aunque tú podrías estar aquí con tu cálida sangre, probablemente me has mandado al demonio. El miedo se alimenta de este frío insoportable. Nada se puede observar allá afuera mas que grandes campos congelados atestados de nieve bajo el manto de una hermosa noche. Los guerreros están listos para dar la batalla, esperando que sus almas no se llenen de escarcha. Sin embargo, el invierno cobra factura dejándome totalmente en soledad...
Ubicada en Escandinavia, Dinamarca es un pequeño país que vive el invierno de la manera más decorosa que el resto de sus vecinos nórdicos. Sin embargo, esta estación de año representa las dificultades que debe enfrentar el ser humano contra las fuerzas de la naturaleza gracias a lo extremo de sus temperaturas y lo hostil que se transforma su paisaje. Desde su capital y ciudad más poblada, Copenhagen, surge una excelente banda que recoge el sonido más clásico del doom para hablarnos de cómo influye la naturaleza que los rodea en su forma de pensar y de actuar: Demon Head.
El grupo nació en la capital danesa en 2012 con la intención de crear una banda que tocara doom y llevara en sus venas un sabor a obscuridad, ocultismo y fantasía tomadas de la mano de la naturaleza y sus extrañas fuerzas. Con este pretexto bajo el brazo, cinco chicos se unieron para crear a Demon Head: Jepe Wittus en la batería, Mikkel Fuglsang en el bajo, Thor Gjerluff Nielsen en la guitarra líder, Birk Gjerlufsen Nielsen en la segunda guitarra y teclados, y finalmente Marcus Ferreira Larsen en las vocales.
Poco a poco fueron trabajando con su sonido hasta lograr un poderoso combo donde la densidad del hard rock setentero se sintiera completamente en sus venas. Dejando a un lado las posibilidades digitales que nos presenta la actualidad, Demon Head encontró la posibilidad de meterse en una cápsula para viajar al pasado para construir nueva música por medio de los equipos analógicos. Gracias a ello, la banda se metió a los estudios de The Chaos Island en diciembre de 2013 para grabar en una pequeña mezcladora de 16 tracks su primer single que contendría dos rolas: "Demon head" y "Winterland".
Por medio de Calgari Records y Levitation Records, la placa fue presentada en mayo de 2014 por medio de una edición limitada de algunos cassettes y 500 viniles de 7" bajo una reproducción de 33 rpm. Este formato logró explotar la grabación analógica de las dos melodías hechas por el productor Frëde y por la propia banda, llevándonos de regreso a los principios de los años setentas. En el transcurso del mismo 2014, Demon Head decidió encerrarse en una pequeña cabaña conocida como Heather Hills para regrabar las dos melodías del single junto con otras contenidas en un demo, conformando así lo que sería su disco debut bajo el título de Ride the wilderness, el cual sería publicado hasta mayo de 2015 a través de This Charming Man Records en formato de vinil y de Wolf Biker Records en disco compacto.
El sonido de Demon Head se puede resumir en canciones basadas en los conceptos melódicos de Pentagram, las ideas líricas bajo la lógica del rock pesado nacido de la profundidad del blues electrificado según los primeros discos de Black Sabbath y una estética sonora inspirada en la densidad del "I want you (She's so heavy)" del Abbey Road de The Beatles. Bajo esta lógica vintage, la banda podría convertirse fácilmente en un hijo bastado de la mítica banda sueca Norrsken, aquella que dió origen a los ya consagrados Graveyard (reseña) y Witchcraft. En su búsqueda por recuperar aquel hard rock que llevó a construir lo que hoy conocemos como doom, Demon Head logra realmente transportarnos a los setentas cuando las grabaciones eran hechas por todos los integrantes de las bandas en un mismo momento en diferentes tomas que después eran mezcladas, lo que generaba una sensación de "escuchar a los grupos en directo".
Las guitarras de los Nielsen se escuchan amplificadas por equipos totalmente analógicos, como si los bulbos hubieran sido desempolvados y los micrófonos fueran colocados directamente a su lado, casi sin distorsión y agresivos gracias al volumen con que fueron grabados. La batería se escucha directa, sin filtros y opacada naturalmente por el golpe de los platillos. El bajo se pierde bajo la mezcla del resto de los instrumentos y la obsesión de buscar un sonido retro lejos de la lógica del "subwoofer", es decir, la amplificación digital de los tonos graves. La voz se escucha por medio de la clásica grabación del doble track como se hacía con Ozzy Osbourne en Black Sabbath, pero el color que tiene Marcus nos lleva al recuerdo del viejo Bobby Liebling del Pentagram de los sus demos setenteros en una extraña mezcla con Glenn Danzig cuando lideraba a los Misfits (acusando de recibo los orígenes punk y metalero de Ferreira cuando formó parte de las bandas Alucarda y Scavenger Brats).
"Winterland" puede servir como excelente resumen de lo es Demon Head. En su profundidad sonora podemos escuchar un riff pentatónico que enmarca una melodía pegajosa que mezcla el doom setentero y los juegos rítmicos de guitarras gemelas que llevaron a crear la nueva ola del heavy metal en la Gran Bretaña de la mano de bandas como Thin Lizzy y los muy tempraneros Judas Priest. La lírica nos recrea el reto de enfrentase a las inclemencias de la naturaleza, personificando a las tierras congeladas por el invierno como Black Sabbath lo hacia con diferentes entidades naturales, logrando que el frío se respire en cada nota y cale nuestros huesos hasta la desesperación.
En la versión del single del vinil de 7" podemos escuchar la melodía acelerada donde el grupo logra definir cada instrumento con suficiente claridad. El sabor a los primeros discos solistas de Danzig son innegables, donde el juego del doble track en la voz en muy claro y el solo de guitarra de Thor juega con los feedbacks que le regala su amplificador, mientras un segundo solo le hace competencia en un claro tributo a Tony Iommi.
Para el album debut de Demon Head, Ride the wilderness, el grupo decidió volver a grabar la canción, en donde podemos escuchar algunos ligeros cambios. Primeramente, en los remates que le sirven de introducción podemos escuchar un muy ligero teclado que logra darle un toque de profundidad que no tenía su primera versión. En su mezcla, el doble track de la voz se escucha más "empatado" y no como si fuera un enfrentamiento que hacía que la lírica se perdiera. En la búsqueda de llevarnos al pasado, la grabación obscurece los instrumentos hasta al grado de escucharse como un muro sonoro que le quita distinción y claridad a éstos; sonido que fue logrado gracias a la masterización del material, trabajo realizado por el baterista de Kadavar, Chistoph "Tiger" Bartelt. Finalmente, el solo de guitarra deja a un lado el feedback con la intención de llevarnos a los setentas y no dejar ni un solo cabo suelto de actualidad.
El invierno ha sido muy duro y ha congelado todo a su alrededor. Como si las nieves no hubieran encontrado un solo rayo de sol desde la década de los setentas, Demon Head entona su melodía bajo la estética vintage más clavada que podríamos escuchar en toda la Escandinavia. El frío es inevitable en cada nota, el sonido gélido sopla un sabor analógico encantador y las voces sueltan un vaho hipnótico que serán difíciles de soltar.